Capítulo 6 –Colorado Springs

Las luces en el cielo de la noche nos confirmaron lo que pensábamos: Ethan se bajó del camión antes que todos cuando nos detuvimos a un lado del camino notando que desde ese punto era imposible seguir en los camiones, pues finalmente habíamos llegado a Colorado Springs, nuestro principal destino, en donde encontraríamos al resto de los Luciérnagas. Habíamos pensado que llegaríamos en la mañana siguiente, pero aparentemente nos habíamos considerado más lentos de lo que éramos, por lo cual estábamos frente a los altos muros con puestos de guardia que nos separaban de nuestros compañeros.

Unos cuantos pensaron en esperar hasta el día para moverse, pero nadie tardó mucho en darse cuenta que la noche era la mejor opción, ocultándonos entre las sombras si queríamos contactarlos, la cual era nuestra primera prioridad.

-¿Procederemos como habíamos dicho? –le pregunté a Ethan, mientras se posicionaban a una distancia prudente de las luces de guardia

-Es la opción más directa y de cualquier modo nos servirá como una primera aproximación

Usaríamos walkie talkies que nos habían dejado en caso de que alguna vez, por algún motivo, nos volviéramos a encontrar, y con el alcance suficiente para llegar a una parte considerable de la ciudad si teníamos suerte podríamos tener un primer contacto y dejar el mensaje: Hank y los suyos debían salir cuanto antes de esa ciudad para partir rumbo a la planta de Tommy.

Finalmente iba a pasar: nuestro verdadero desafío iba a comenzar, siendo todo lo ocurrido hasta ahora un breve prólogo.

Los doce estuvimos en torno a Ethan, escogido como quien iba a comunicarse, impacientes y nerviosos como nunca antes, mientras veíamos atentos a qué pasaba, en medio de las sombras producidas por unos árboles.

-Atento, atento –dijo primeramente –me copian, cambio

Silencio. Y éste siguió por varios segundos, mientras todos nosotros de a poco empezábamos a sudar, agitando nuestra respiración esperando alguna respuesta.

-Afirmativo –escuchamos claramente todos: era la voz de Hank –copio, identifíquese, cambio

-Me llamo Ethan Lawson; me uní a los Luciérnagas de Salt Lake City y vinimos a reunirnos nuevamente, cambio

Y fue en ese momento que todos notamos que no hubo respuesta por varios segundos, notando en aquél silencio la incredulidad de Hank.

-Hablas con Hank; pásame a George –dijo Hank, terminando en seco

Era obvio que necesitaba una prueba de que realmente éramos los luciérnagas, y también serviría para saber que Ethan era un aliado en vez de, por ejemplo, tenernos como rehenes. Ethan entendió el mensaje claramente y le pasó el comunicador a George.

-Aquí George –le dijo, como quien le hablaba a un viejo amigo con una leve sonrisa –me oyes, ¿patriota?

-Sabes que he odiado ese apodo durante décadas –respondió Hank, con un tono mucho más casual que el previo

-Te pasaré a Ethan para que te explique cómo están las cosas; es quien tomó el mando de los que decidimos quedarnos en la base… después hablamos de eso

-Entiendo, pásame a Ethan

-Hank, necesito que me escuches claramente: tienen que interrumpir sus planes actuales y salir de la ciudad lo más pronto posible, ¿escuchaste?

-¿A qué te refieres? ¿Acaso nos tendieron una trampa? –la primera reacción al escuchar algo como lo que Ethan le había dicho era creer eso, así que esa pregunta no fue una sorpresa para nadie: era simplemente Hank siendo precavido

-No, no sabemos nada sobre los movimientos de los militares o la FEDRA: se trata de Ellie; sabemos dónde está

Nuevamente hubo un silencio, no obstante esta vez éste fue mucho más largo, contando casi diez segundos desde que el mensaje había sido enviado hasta la respuesta de Hank, lo cual también era totalmente entendible.

-Tenemos que hablar esto personalmente, Ethan: pásame a Ray y le diré las indicaciones de la entrada que tenemos

-¿De qué hablas? Tenemos la ubicación en donde se encuentra: sólo necesitamos que salgan para partir, cambio

-Ethan, tengo a todos mis hombres en sus puestos listos: si vamos a abortar nuestros planes tenemos que tener por seguro lo que nos dicen: necesitamos que entren para conversar esto

Pude notar que tanto Ethan como Hank estaban tensos, como era el ambiente en general, todo eso con lo que conllevaba nuestra reunión: sabíamos que probablemente había algunos que no nos recibirían con los brazos abiertos luego de haberlos "traicionado", y este nuevo escenario sólo complicaba las cosas.

-¿Es la ruta que le darás a Ray segura? Llegamos todos acá y quiero que eso se mantenga así –dijo finalmente Ethan: probablemente en su mente había tenido una pequeña pelea pero finalmente había decidido algo: al menos entre los que estábamos ahí no noté que nadie estuviera en desacuerdo, mucho menos alguno se levantaría para hablar por los demás sin previo aviso

-Sirve tanto para entrar como para salir, pero deben proceder esta noche: de día no será tan fácil

Si todo salía bien entraríamos, les convenceríamos, y a lo más en dos días estaríamos saliendo. Agradecí que Ethan mantuviera su temperamento, aunque eso implicara complicar el plan, dado que estaríamos entrando directamente en zona militar: Colorado Springs no estaba tan blindada como Boston u otras zonas de cuarentena, pero seguía estando bajo expreso control de los militares. Y en parte entiendo a Hank: aún sin conocerlo tanto como George puedo comprender que si llegamos de la nada diciendo que tenemos el paradero de Ellie y ellos ya tienen planes hechos y probablemente puestos en marcha no puede simplemente tirar todo a la basura sin antes tener total certeza.

Pasaríamos la noche escabulléndonos en las faldas de la FEDRA y si todo salía bien antes del amanecer estaríamos con los nuestros nuevamente, y los Luciérnagas post incidente de Salt Lake City estarían completos otra vez.

Noté que George escribía en una pequeña libreta, que guardaba, las instrucciones que Hank le daba a través del comunicador, sabiendo que después de tener la vía clara nos pondríamos en marcha; también teníamos que dejar los camiones lo suficientemente lejos de las vías como para que en mucho tiempo no los encontraran; incluso aunque limpiáramos todo rastro de que alguna vez esos camiones habían sido de los luciérnagas, vehículos en tan buen estado cerca de una zona de cuarentena levantarían sospechas: desconocíamos el estado de alerta de la ciudad respecto a Hank y los suyos pero lo que debíamos hacer era asegurarnos que fuera cual fuera no levantáramos alarma alguna. Ethan estaba a su lado atento escuchando también lo que George oía, mientras todos los demás estábamos en torno a ellos en silencio, probablemente con la mente llena de pensamientos: no habíamos hablado directamente del tema, pero reencontrarnos con ellos sería bueno, pero con ciertos detalles. Tan sólo esperaba que no nos enfrentaran por haberlos abandonado.

Pasaron largos minutos, entre instrucciones y preguntas, hasta que Ethan y Hank dieron por terminada la conversación: todos los detalles sobre Ellie serían dichos una vez estuviésemos allá; Hank también nos pondría al tanto de las actividades en que estaban, tal y como había acordado con Ethan.

Estábamos nerviosos, aunque noté a Ethan un tanto sereno al compararlo con el resto, pero sabíamos que era hora de partir: llenamos nuestras mochilas con todo lo que pudimos llevar, borramos las marcas de Luciérnagas de los camiones y partimos siguiendo las indicaciones de George, quien conocía el lugar de años anteriores, lo cual sumado a las instrucciones de Hank le convertían en nuestro guía.

Era extraño y emocionante a la vez: nuevamente estábamos moviéndonos entre las sombras, escabulléndonos entre las tierras mismas de los militares sin que ellos nos pudieran notar, tal y como en el pasado, aunque claramente eso se complicó cuando reforzaron Boston con más unidades de otros lugares: en parte ahora gracias a eso zonas como ésta estaban mucho menos vigiladas; lo suficiente para defenderse de cazadores y grupos pequeños, pero no para enfrentarse al grupo que durante tanto tiempo había sido su total contrario.

Cuando por fin estuvimos dentro pudimos ver las calles vacías: todos los que estaban ahí o estaban en sus lugares, o escondidos lejos de las avenidas, por las cuales sólo pasaban vehículos militares cada cierto tiempo con sus luces: aun así, cuando la ciudad no era ni por lejos tan repleta como Boston y más rural, se podía ver el deterioro del lugar pasados los años.

Teníamos que llegar al centro de la ciudad para encontrar la guarida de Hank, pero claramente no podíamos ir por el camino principal, así que tuvimos que tomar vías alternativas lejos de las luces que nos pudieran descubrir: afortunadamente no nos encontramos con ningún problema; era casi demasiado calmado el ambiente de la ciudad, aunque era claro que de día la ciudad sería mucho más movida, y que esa calma era en parte debida a que aquellos que se movían en la noche por la ciudad sabían cómo hacerlo, tal y como nosotros.

Podíamos ver torres de vigilancia en ciertos puntos, con puertas gigantescas que bloqueaban los caminos: tanto tiempo viajando a Salt Lake City me habían hecho olvidar en parte cómo eran las zonas de cuarentena.

De verdad era volver al pasado, más aún cuando me viera entre los miembros de antes.

Y finalmente luego de caminar harto, con dos ocasiones en que casi nos atrapan con las luces vigías, logramos llegar al punto de encuentro: era un edificio grande, que para los militares era un punto de reunión de vagabundos, lo cual era verdad: aquellos sin lugares a los que llamaran hogares habían decidido hacer un edificio abandonado su hogar, protegiéndolo de intrusos y colaborando con los militares: colaborando en todo lo que no fuera que albergaban Luciérnagas. Aparentemente los mismos Luciérnagas hace mucho tiempo habían pasado por esa ciudad y muchos los recordaban con cariño, aunque estamos hablando de hace tanto tiempo que yo aún no me unía a ellos.

Cuando llegamos pudimos ver al entrar que había unos cuantos en torno a un barril encendido que les daba el calor para la noche, y la señal fue mostrar nuestros colgantes, aunque ciertamente con nuestros uniformes era suficiente para reconocernos, pese a que el deterioro del traje de cada uno contaba una historia distinta en cada caso.

-Sigan derecho –le dijo uno a Ethan –muevan unas tablas verdes en la pared y luego quiten el mueble que estás detrás y verán la entrada: nosotros pondremos todo de vuelta en su lugar

Sabían a qué veníamos tanto como nosotros: empezamos a caminar en la estructura de concreto y no tardamos en ver las tablas a las que se refería: había llegado la hora; movimos el mueble y vimos unas escaleras que daban a un subterráneo en el edificio.

Empezamos a bajar, notando que los vagabundos habían tocado una campana mientras habíamos estado moviendo las tablas: probablemente era la señal de que habíamos llegado, para que no pensaran que estaban siendo descubiertos.

Parecía un estacionamiento lo que había abajo, pero el desgaste por el tiempo podía hacer parecer cualquier lugar algo así, por lo cual no estuvimos muy seguros, pero eventualmente vimos unas luces en el interior, a la vez que vimos unas sombras proyectadas desde éstas.

Entonces los vimos, y vimos a Hank aproximarse a nosotros inmediatamente; pude ver detrás sentados a Ron, Nadia, Roger y los demás: los Luciérnagas modelo. Me sentí hasta una tanta pequeña al lado de ellos. Hank seguía igual: entre sus rasgos duros y mirada que hacía a uno temblar o al menos estar alerta se veía como el típico militar duro; en tanto Nadia tenía una bufanda roja que no usaba antes pero que reconocía de algún lugar, sin poder recordarlo; sin conocerla bien me agradaba porque era una mujer fuerte e independiente, incluso en los Luciérnagas que en estructura suelen ser bastante enfocados a lo militar, campo que por lo general dominan los hombres, y me agradaba más al saber que por muy dura que sea tiene su lado humano, y ese es su relación con Roger, quien es como su padre.

-Buenas noches –dijo Hank, a modo de presentación, con una cortesía que no se complementaba con su aspecto –soy Henry Cohen, aunque todos me llaman Hank, y somos los demás Luciérnagas: de parte de ellos les doy la bienvenida de vuelta

Noté que algunos de los que estaban sentados nos miraron de reojo; era obvio que no todos nos recibirían con los brazos abiertos, y en ese aspecto me preguntaba si el saludo de Hank era por cortesía o era lo que realmente sentía.

-Buenas noches, Hank, soy Ethan Lawson y me uní a los Luciérnagas de Salt Lake City tiempo tomando el mando de ellos

En ese momento no se generó tensión, pero sabíamos que tarde o temprano algo se hablaría entre ellos sobre liderazgo, y honestamente no sé por quién apostaría.

-Entonces supongo que tenemos harto de lo que hablar –dijo Hank, dejando de lado aquella tensión, como si nunca hubiera estado ahí

No obstante los demás Luciérnagas no se levantaron en interés o mostraron signo de sorpresa: simplemente quedaron a la espera de qué hacía Hank; con ellos se notaba realmente que seguía la estructura que teníamos con Marlene.

-Seré claro –comenzó Ethan, yendo directamente al grano –sabemos dónde están Ellie y Joel

-¿Están seguros?

-Joel está en una planta hidroeléctrica en Jackson County junto a su hermano Tommy, quien antes era un Luciérnaga

-¿Puedes darme una descripción de cómo es este Tommy?

-Pelo castaño, sobre cuarenta años

-¿Te suena, Ron? –dijo, volteando para verlo

-Tom Miller –respondió su mano derecha, con su rostro despreocupado –Luciérnaga relativamente viejo, aunque se retiró hace mucho, era el mejor amigo de John King… tenía un hermano mayor, pero no solía hablar mucho de él

-Ése es Joel, lo encontré cuando viajaba a Salt Lake City… de hecho viajé con John cuando nos topamos… con mi grupo íbamos a ir con ustedes y sabíamos que Joel iba con Ellie a su base

-¿Sabes con certeza que están allá?

-¿Dónde más van a estar? No tienen dónde ir, y los problemas que hayan tenido Tommy y Joel ya estaban superados para cuando lo encontré: él lo había guiado erróneamente a Boulder y nos pidió personalmente que fuéramos a encontrarlo para decirle que ya no estaban ahí

-¿Ustedes le dijeron que fuera a Salt Lake City? –pude escuchar que uno de los Luciérnagas de atrás se levantó de inmediato reaccionando violentamente, pero bastó que Hank levantara la mano en señal de parar para que se volviera a sentar

-No –respondió Ethan –cuando llegamos él ya se había ido: supusimos con John que había encontrado algo en la universidad que lo había guiado a la nueva zona del grupo, lo cual fue el caso; nos desviamos a Boulder para nada

-¿Qué pasó con la investigación de nuestros científicos?

-Trajimos todos los documentos con nosotros: lo único que nos faltan son nuevos doctores capaces de replicar lo que antes casi logran

Hank no respondió: simplemente se sentó en una silla cercana junto a una mesa, y se llevó la mano derecha a la boca, pensando en lo que le acabábamos de decir; se notaba que por dentro aún tenía dudas y era entendible, pero a la vez.

-¿Jefe? –Pudimos oír que dijo uno, cuando el silencio se volvió incómodo -¿qué haremos?

-Silencio, Marty –le dijo Ron, agitando su mano desde arriba hacia abajo al callarlo

-Al parecer la vida realmente nos quiere dar una última oportunidad –dijo finalmente, dejando ir un suspiro –quizá es una señal: después de la muerte de Marlene sólo pudimos detestar todo lo que tuviera que ver con ese día, pero justamente hace poco encontramos personas capaces de retomar la investigación de los Luciérnagas que perdimos

-¿Iban a volver a Salt Lake City? –le preguntó Ethan; una pregunta que todos teníamos debido a que efectivamente habían decidido dejar los documentos con nosotros, olvidados

-No es tan simple… es hora de que les contemos qué hemos estado haciendo: Nos reunimos con la resistencia de Colorado, un pequeño grupo que se ha mantenido en esta ciudad con el fin de expulsar a los militares con el cual Marlene en el pasado colaboró un par de veces: en ese entonces Marlene sirvió apoyando pero no intervino directamente, pues si llegaban a liberar esta ciudad realmente la FEDRA habría enviado todo lo que tuviese para detenernos, y el caso sigue siendo el mismo ahora, por lo cual normalmente no habría aceptado trabajar con Leo, el líder de la resistencia, pero ha accedido a pasarnos a su equipo de científicos para continuar el trabajo por la cura y sí, tuvimos que decirle el propósito pero ellos son los únicos que saben de Ellie y la muerte de Marlene, y jamás nos traicionarían, si es que les ayudábamos

-¿Estás seguro de que no nos delatarán? No sólo les dijiste de Ellie sino de la muerte de Marlene, y según tenía entendido habían acordado no divulgar ese evento por miedo a las acciones que pudiese tomar la FEDRA

-Ethan: Marlene y Leo se conocían desde hacía muchísimo y eran amigos sumamente cercanos; no confiar en él como ella lo hacía sería un insulto

-Supongo que lo que quieren hacer ahora es lo que siempre han querido

-En efecto, pero hay un motivo adicional por el cual estamos metidos en esto, y como te uniste hace poco quizá no lo entiendas: hasta hace poco quien estaba al mano de los militares en esta ciudad era un viejo soldado que simplemente se preocupaba de mantener la ciudad bajo control… pero hace poco fue asesinado y pusieron a un agente de la FEDRA llamado Gregory Reynolds…

Nosotros no notamos nada al oír ese nombre, y Ethan tampoco mostró cambio alguno, pero sí pude notar que George, Ray y Walter reconocieron ese nombre de inmediato, y fuera quien fuera era alguien realmente importante, puesto que dos de ellos abrieron los ojos inmediatamente, y Walter, quien miraba el suelo levantó la mirada.

-Gregory Reynolds –continuó –es el nombre del agente que estuvo al mando del equipo que asesinó a Roy

Fue entonces que todos ahí nos dimos cuenta de la realidad de los Luciérnagas en esa ciudad: no sólo íbamos a obtener un equipo médico capaz de continuar el trabajo que teníamos inconcluso, sino que estábamos ahí para vengar a Roy.

-Tenía entendido que jamás supieron quién había sido el culpable de su muerte –dijo entonces Ethan –conocí al ex Luciérnaga Jason, quien me dijo eso

-Gregory estaba al mando de la unidad de ataque de la FEDRA; estaba ahí mismo disparando, pero no sabemos quién era el que había maquinado todo… aun así con más razón tenemos una causa para ajustar cuentas con él

-Si lo que dices ocurre, de verdad la FEDRA se ensañará con nosotros: ¿vamos a actuar como la resistencia o como los Luciérnagas?

-Si vamos a asesinar a Gregory, tenemos que hacerlo como nosotros mismos, para dejarle un mensaje a O'Connor

-¿O'Connor? Según tengo entendido él es sólo un miembro, quien comenzó la ofensa hacia la costa oeste

-Las cosas han cambiado: su plan sigue en marcha, pero ya no es un miembro cualquiera: hace poco se convirtió en el nuevo director de la FEDRA, después de que el director anterior muriese

-¿De verdad crees que sea coincidencia la muerte del militar al mano de esta ciudad y del director de esa agencia? Se podría decir que el director es la persona más protegida del mundo ahora mismo, como para que algo así ocurra

-Es obvio que algo traman; es un secreto a voces que por lo general cuando algo así ocurre es porque alguien más lo trama, pero esos agentes están tan hundidos en su burocracia e hipocresía que son capaces de hacerle vista gorda a lo que sea con tal de mantener sus puestos: si Gregory y O'Connor están relacionados de algún modo entonces tenemos incluso otra razón para capturarlo antes de matarlo

En mi mente sabía que estábamos volviendo a la acción de antes, pero nunca en esa noche habría pensado que de sólo viajar, nos veríamos con la misión de capturar y luego asesinar a un agente de la FEDRA al mando de toda una ciudad. Pude ver que Jonathan y Daisy estaban también nerviosos al saber de todo esto, y cómo no culparlos: si haber viajado hacia Salt Lake City ya había sido tremendamente letal, esto estaría en otro nivel.

-Creo que ya tienen la idea general clara –dijo entonces Hank –mañana en la mañana Leo vendrá y sabrán los detalles: por ahora creo que es mejor que descansen; tuvieron una noche movida

El subterráneo era una pequeña aldea con todas las camas y lámparas improvisadas que tenían; los vagabundos las habían usado antes pues era un refugio para todo aquél que no tenía hogar, no obstante en el último tiempo muchos sin hogar habían empezado a desaparecer: era obvio que eran los militares haciendo lo que ellos llamaban "limpiezas", así que eventualmente el edificio se halló con más camas que refugiados, lo cual sirvió para darle un espacio de comodidad a los Luciérnagas una vez llegaron: en tanto ellos dormían en el primer piso, en donde también tenían colchones y velas. Al final habían tenido que hacer del lugar su hogar de tiempo completo, pues si estaban fuera y solos por mucho tiempo era posible que un camión de los militares los vieran y nunca más volvieran.

-¿Estás nerviosa? –me dijo Daisy, mientras intentaba conciliar el sueño sin resultado

-Sí… mañana

-¿Quieres salir a tomar un poco de aire? No creo que nos durmamos luego de cualquier modo

Apartamos el mueble que tapaba la entrada y salimos: los vagabundos seguían en torno al barril, notando que uno tocaba una tonada en su guitarra.

-¿Podemos unirnos? –le dije a uno

-Todos son bienvenidos –me respondió uno con una barba bien grande –eso es lo que solíamos decir antes

-Sí… Jonathan me contó de qué había pasado aquí

-Yo no sé qué están tramando –me dijo el de la guitarra, tras dejar de tocar –pero les deseo éxito: mándenle mis saludos a Marlene cuando la vean

Hank no les había dicho qué había pasado con Joel: era cierto que solamente Leo sabía.

-¿Recuerdas cuando escapamos de Boston? –me dijo Daisy, después de unos momentos de silencio que nos dimos, mientras de fondo sonaba la tonada que tocaba el vagabundo –recuerdo que hubo bastantes momentos en los que creí que moriría: cuando nos persiguieron durante media hora a nosotras dos, mientras no sabíamos si Jonathan había conseguido huir con Marlene

-Ni que lo digas… ver a Jonathan a salvo luego de eso fue lo que me trajo de vuelta al mundo… siento que con lo de Salt Lake City parece que calmamos nuestras vidas… demasiado… pensar que antes nuestra vida era así

-El escape de Miami; la liberación de Pittsburgh… la que no sirvió de nada… de verdad hemos tenido vidas llenas de acción

-Pero es la vida que escogimos, y aunque los nervios a veces tomen lo mejor de mí siento que es la vida que tenemos que vivir con alegría… jamás te habría conocido… ni a ti ni a Jonathan

-¿Ni a Ethan? –me preguntó, riéndose

-Sí… tampoco a Ethan, aunque ha estado un tanto esquivo, o al menos así lo siento

-Tiene su historia también: no puedes esperar que se abra así como así

-Aun así sinceramente me agrada; es un estilo de liderazgo distinto al de Marlene o de Hank… los dos se preocupaban por nosotros, pero siento que Ethan va más allá

-¿Estás pensando en qué pasará con el liderazgo con ellos dos? Técnicamente nuestra líder sigue siendo Marlene para el mundo, pero me pregunto qué pasará entre esos dos

-¿Crees que se peleen o discutan?

-Ethan se veía bastante decidido en su rol, y Hank es como el sucesor más directo de Marlene… aunque es cierto que Hank tiene detrás a las figuras centrales del grupo

-A todo eso, ¿reconoces la bufanda roja que llevaba Nadia?

-Oh, esa… era de una miembro llamada Rose… era una buena amiga de Nadia; al parecer ya no está con nosotros y lleva su bufanda como un recuerdo

-El peligro de esta vida nunca se va: siempre está ahí…

-Por eso hay que estar atentas, ¿o quieres que de nuevo tenga que llevarte en mi espalda por caerte y lastimarte el pie mientras huíamos?

-¿Tienes que sacarme en cara eso cada cierto tiempo?

-No cumpliría mi rol de molestarte si no lo hiciera

Nos reíamos las dos, sabiendo que al día siguiente todo cambiaría; era como si quisiéramos no dormir pensando en que cada segundo que estábamos despiertas era un segundo más que teníamos en nuestra vida calmada, viendo el fuego del barril mientras un señor mayor tocaba su guitarra.

Pero incluso esos vagabundos habían tenido una historia movida: estaban obligados a estar en ese edificio y defenderlo de lo que viniera, sin certeza de que algún día los militares se aburrieran de ellos y atacaran directamente su hogar. En el fondo todos sabíamos que tarde o temprano nuestro sueño acabaría y estaríamos de nuevo en el frente.

El mismo Ethan quizá cuánto tiempo llevaba sin descanso: de un viaje pasó a otro y ahora estaba también en esto; Hank y los demás también. Recordé lo que pensé cuando decidí unirme al grupo: mi vida previa en las zonas de cuarentena sin una familia a mi lado era difícil, pero ir a un grupo como los Luciérnagas era una vida en otro nivel: sí, había sobrevivido a muchas cosas que no pensé que podía hacer y vivir, pero estar de nuevo frente a ese cambio no había perdido su impacto.

-Veo que mis dos damiselas no pueden dormir –era Jonathan, quien había visto que habíamos salido

-Vuelve a llamarnos así y te devolveré hasta San Francisco a patadas –le dijo Daisy inmediatamente

-Relájense –se rio –hasta Jackie logró dormirse

-De verdad lo has entrenado bien –le dije, sorprendida

-Sabes que siempre fui el mejor con ellos… con como personas; tan sólo tienen otro lenguaje

-Me pregunto cómo se estará tomando todo esto

-Créeme… ellos sienten todo, así que probablemente ya tuvo su batalla interior y ahora descansa

-Sabes harto de esto

-Siempre habrá más por aprender –me respondió, para luego hablarle al de la guitarra –Hey, ¿por casualidad no tendrás una guitarra adicional? Soy bueno punteando más que con acordes

Una noche con dos personas tocando guitarra en conjunto, junto a Daisy y un grupo de vagabundos en torno a un barril que nos daba calor, en medio de la noche silenciosa, sabiendo que al despertar comenzaría nuestra verdadera vida como Luciérnagas.