*CAP.16: "TODO ACABA"*
PEPA
Pasaron unos minutos y nada había cambiado. Entonces, pensé que esa mala sensación, quizá sería cosa mía. Revoloteé por la habitación sin hacer nada en especial… aquella tarde estaba especialmente aburrida. Todo iba como siempre, hasta que oí un grito que provenía del piso de abajo.
Alberto- PEPA! BAJA INMEDIATAMENTE!
Pepa- Joder… ( murmuré )
Odiaba esa manía suya de tratarme como si fuera un perro. Estaba claro que siempre lo hacía, pero que me llamara a gritos era algo que me sacaba de quicio. Antes de bajar, miré por la ventana. El cielo estaba negro… iba a llover. Me puse una sudadera antes de bajar.
Cuando llegué abajo vi a Alberto ,medio escondido tras las cortinas, mirando por la ventana. Siempre estaba enfadado, o serio… pero esa vez parecía asustado por algo.
Pepa- Qué pasa? ( Extrañada )
Alberto- La policía!
Pepa- Qué?
Me puse a su lado para comprobar que lo que decía, era cierto. Un coche de policía acababa de estacionar frente a nuestra casa, y el ambiente en la calle era… extraño. Demasiada tranquilidad, demasiado vacío.
Pepa- Qué está pasando?
Alberto- Dímelo tú! Te has metido en algún lío? ( Nervioso )
Pepa- Yo? No!... joder, y si … y si nos han … pillado?
Alberto- Cállate! No digas eso!
Berta apareció detrás de nosotros, igual de alterada.
Berta- Qué quieren? A qué han venido?
Alberto- No lo sé! No me pongáis más nervioso…
Entonces, el timbre de nuestra casa sonó, borrando la posibilidad de que fueran a alguna otra casa que no fuera la nuestra. El nerviosismo aumentó.
Alberto- Tú! ( Señalando a Berta ) Vete a la cocina y no salgas.
Ella, asustada, le hizo caso y desapareció. Entonces me miró a mí.
Alberto- Abre la puerta, y más te vale actuar con normalidad, no quiero ni una tontería, estamos?
Asentí. Caminé hacia la puerta, dudosa… por mucho que costara creer, yo tampoco quería que sucediera nada malo, que nuestra tapadera fuese descubierta… al fin y al cabo, estaba viviendo de aquello aunque la calidad de vida no fuese la mejor… pero no tenía otra cosa, no quería volver a acabar en la calle… o en un centro de menores.
Sentí un escalofrío por mi columna al pensar en aquella posibilidad. Me acerqué a la puerta, y tras respirar hondo, la abrí. Un par de policías que no conocía, esperaban al otro lado.
Policía1- María José Miranda Ramos?
Asentí, y dejé pasar lo rara que me hacía sentir que alguien pronunciara mi nombre completo. Está bien… estaba acojonada, en ese momento pensé lo peor. Pensé que Verónica habría contado lo que estuvo a punto de pasar aquella noche, y que vendrían a por mí.
Policía1- Está aquí tu tutor legal?
Tragué saliva. Era aún peor de lo que pensaba, no venían a por mí… venían a por él.
Pepa- N..no, ha… ha salido. ( Nerviosa )
Los policías se miraron entre ellos, para luego volverse a dirigir a mí, bajando mucho la voz.
Policía2- Estás bajo algún tipo de coacción?
Pepa- Qué..? No, no ( Nerviosa )
Policía1- Está bien… tenemos que hablar con el dueño de esta casa. Vas a tener que dejarnos pasar.
Miré hacia todos lados… el ambiente seguía siendo extraño. Algo raro estaba pasando… no venían a hablar con él, querían llevárselo. Sabían algo. Intenté usar mi último recurso.
Pepa- Tienen una orden?
Policía1- Sí, la tenemos
Fue a sacarla para enseñármela, pero no hubo tiempo. Si mis sospechas ya estaban más que aclaradas en ese punto, las de Alberto lo estaban aún más. En un visto y no visto, me tenía cogida del cuello con una pistola apoyada en mi sien. Los policías fueron a sacar sus reglamentarias, pero…
Alberto- ALTO! NI UN PUTO MOVIMIENTO O LE VUELO LA CABEZA! ATRÁS!
Cerré los ojos con fuerza… sabía que era perfectamente capaz de llevar a cabo su amenaza. Por instinto, me agarré al brazo que rodeaba mi cuello con fuerza. Los policías se echaron unos pasos atrás, y pusieron sus manos a la vista.
Policía1- Suéltala, no tienes escapatoria
Alberto- Eso ya lo veremos
Entonces, el ambiente soltó de golpe toda esa rareza de la cual estaba cargado. Empezaron a aparecer coches de policía que bloquearon la entrada de la casa. En pocos segundos, estaba todo lleno de agentes que apuntaban a mi agresor… y por consiguiente a mí, su escudo. Quise intentar soltarme,… pero aquella no era la idea más inteligente, en cualquier momento podía vaciarme el cargador en la cabeza.
Alberto estaba impactado… no se había esperado eso, ni mucho menos todo aquel despliegue policial.
Alberto- QUÉ COÑO ESTÁ PASANDO AQUÍ? ( Apretando el cañón contra mi sien )
Policía2- Lo sabe perfectamente… está usted acusado de muchas lindezas, entre ellas tráfico de estupefacientes y homicidio.
Agradecí que al nombrar los cargos, el de maltrato no saliera entre ellos. Sólo faltaba alentar un poco más a aquel desgraciado a que me volara la cabeza.
Alberto- Eso no es cierto! No tienen pruebas!
Policía1- Las tenemos… muchas más de las que nos gustaría
Aquel policía me miró… y yo no entendí por qué.
Policía2- Pruebas, testigos, desapariciones… lo tiene todo en su contra, baje la pistola!
El nerviosismo de Alberto iba en aumento. Si estaban tratando de disuadirle… no lo estaban consiguiendo, y yo cada vez estaba un paso más cerca de la muerte. Cerré los ojos, rezando porque sucediera un milagro… y algo así sucedió.
Un tercer hombre se acercó algo a nosotros, y ante los gritos de Alberto lo hizo con las manos en la cabeza. Los dos policías que habían estado intentando convencer a Alberto, se retiraron… dejándonos solos a los 3. A Alberto, a mí… y a Paco. Cerré los ojos… no es que no me fiara de él… pero su fama de torpe le precedía. Estaba acabada…
Paco- Baje la pistola, por favor… ( Calmado )
Alberto- Y por qué iba a hacerlo? Lo tengo todo en contra, no es así? Qué más me da llevarme a quien pueda por delante ( Rió macabramente )
Paco- No lo tiene todo en su contra… piense, que si la suelta ahora y se entrega… la condena será mucho más leve… de verdad le vale la pena acabar con la vida de una cría? ( Afectado ) Para qué..? No va a conseguir salir de aquí, hay media comisaría, usted lo sabe… No le ha hecho ya suficiente daño? ( Señalándome )
Alberto- Has sido tú… ( Susurró ) Te lo advertí
De qué estaba hablando? No era así, no había sido yo!. Algo distrajo nuestra atención,… un par de agentes salía por el jardín escoltando a Berta. La habían sacado por la puerta de atrás, que daba a la cocina. Sonreí, al menos ella estaba a salvo… ese había sido siempre mi único objetivo. Alberto apretó el cañón contra mí.
Alberto- HIJOS DE PUTA! ME HABÉIS ENGAÑADO!
Los agentes que estaban detrás de Paco levantaron sus armas, pero este se giró y les dio la orden de bajarlas. Después de eso, nadie más que Alberto permanecía con el arma en mano.
Paco- BAJE EL ARMA! AHORA TAMBIÉN TENEMOS LA DECLARACIÓN DE SU MUJER, NO TIENE NADA QUE HACER!
Alberto- Tiene razón…
Pareció entrar en razón por unos segundos… pero no lo hizo. Noté que me miraba.
Alberto- Despídete…
Cerré los ojos. Un gran estruendo… el arma detonó.
SILVIA
Estaba siendo el momento más angustioso de mi vida, pese a que pensaba que ese puesto nunca sería desbancado tras la tarde en la que pensé que Pepa había muerto. Estaba metida en uno de los coches policías… viéndolo todo, o casi todo.
Habían muchos policías, que iban para un lado y para otro sin parar, tapándome la visión. Una mano apretaba la mía a mi lado, igual de angustiada que yo.
Duna- Tranquila…
Silvia- Cómo voy a estar tranquila? MIRA!
Estaba al borde de un ataque de nervios. Todo se había salido de madre, sin saber como aquel desgraciado tenía a Pepa agarrada, encañonándola… tenía la horrible sensación de que en cualquier momento lo haría, dispararía… y que mi vida se iría con ella si eso pasaba. Tenía la horrible sensación de que aquella escena estaba controlada por un reloj de arena…
Duna apretó mi mano, me susurró palabras tranquilizadoras, que todo iba a salir bien… hasta que sonó un disparo. Horrorizada, miré por la ventanilla… justo a tiempo para ver que la arena se había agotado… justo a tiempo para ver como Pepa caía al suelo.
Silvia- N..no…no! NO! ( Golpeé el cristal )
Intenté salir de aquel coche, pero Duna me rodeó con sus brazos impidiéndomelo… y pese a la fuerza que utilizó para frenarme, hundida en el mismo llanto que yo.
PEPA
Caí al suelo. La sangre corría… disparos, sirenas, gritos… Por un momento no fui consciente de lo que acababa de pasar.
Con la cara pegada al asfalto… sonreí…. Cuando Alberto dijo despídete, supe que el tiempo se había acabado… hasta que un grito rompió aquel tenso silencio en el que nos encontrábamos.
No supe de quien era, ni entendí bien qué dijo… algo así como… " MIRA" ? Fuese lo que fuese, fue lo suficiente como asustar a un alterado Alberto, que apuntó hacia el lugar del que provenía el grito sin saber lo que hacía… y entonces me dejé llevar por mis instintos. Tras mirar a Paco, y llevar a cabo un silencioso acuerdo, eché mi cabeza para atrás bruscamente… golpeando la nariz de Alberto. Debido al inesperado golpe, se arqueó hacia atrás, disparando al cielo.
Según le asesté el cabezazo, me dejé caer al suelo… momento que aprovechó Paco para disparar contra Alberto en un hombro… fue apresado en pocos segundos, cuando todos los agentes se abalanzaron hacia nosotros.
Me levanté del suelo desorientada… vagando entre toda aquella gente, sin saber a donde iba… bloqueada. Miraba hacia todos los lados, avanzando con pasos cortos… hasta que ya no pude avanzar más. Miré hacia un lado, y vi como Berta en un estado total de nervios, subía a uno de los coches patrulla para desaparecer de allí.
Cuando volví mi vista al frente… la vi. Era ella, pálida, llorosa… asustada. Me miraba de arriba abajo, aun llorando, sin poder creer que yo estuviera frente a ella… durante unos segundos, no dijimos nada. Sólo nos miramos. Ella, totalmente incrédula, extendió una de sus manos hacia mí para tocarme, para convencerse de que era yo, de que estaba bien… pero a mitad de camino, su mano se detuvo.
Pepa- Estoy bien…
Silvia- Creí… creí que estabas… que él te había…
Pepa- Y yo…
Ella asintió sin articular palabra, con los ojos muy abiertos de los cuales escapaban aún algunas lágrimas. Miré hacia los lados mientras gente y más gente corría a mi alrededor… pero nosotras estábamos quietas. Era como si el tiempo se hubiese detenido para mí.
En ese momento pensé en todo lo que no había reparado hasta ahora. Miré la casa… en ella estaba entrando la policía para registrarla. Una ambulancia había llegado para subir a Alberto en ella, y después arrancar seguida por un par de coches patrulla. Entonces me di cuenta, el final había llegado… lo había perdido todo. Estaba otra vez como al principio. Miré a Silvia.
Pepa- Silvia… qué ha pasado? Qué haces tú aquí…? No entiendo nada…
Silvia- Yo… pensé que… que…
Pepa- Todo esto… has sido tú?
Pregunté nerviosa. No sabía si quería saber la respuesta. Ella simplemente asintió, presa del nerviosismo, era incapaz de hablar en ese momento. Me tapé la cara con las manos, no pudiéndome creer lo que estaba pasando. Después la miré.
Pepa- Silvia… qué has hecho…? Por qué has hecho esto? Te pedí que no hicieras nada… ( Desesperada ) No te das cuenta que… que ahora estoy en la calle? Me llevarán a un centro de menores o… ( Exhalé aire ) Estoy sola.
Silvia negó con la cabeza, aunque yo no entendí qué era lo que me quería decir. En ese punto, fue cuando mi vida cambió totalmente… empezando por una voz a mi espalda.
Paco- No estás sola…hermana.
