*La mayoría de los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Mizuki e Igarashi, TOEI Animation, Co., 1976. Tokyo.*
*Esta historia está escrita exclusivamente por mí, y solo por entretenimiento, sin remuneración económica para la autora*
*Contenido de alto voltaje. Solo para mayores de edad*
*Os recuerdo que el último fic que escribiré será Picture this (espero finalizar la redacción en diciembre). Mientras tanto subiré capítulos de The van man esta semana.
Capítulo 1: Un lugar en el que sentirse libre es posible
Necesitaba salir de la ciudad en la que vivía porque a pesar de estar rodeada de árboles, de sus calles amplias y del viento inesperado... yo me sentía encerrada, enjaulada. Quería viajar, quería sentirme libre y quería olvidar. Así que elegí un lugar aislado que pensé estaría desierto, tenía un bosque, un lago y solo una cabaña.
Cogí el primer vuelo que encontré, le pedí a Tom que me recogiera, me llevará a mi destino y que regresara por mí el jueves. Me dejó cerca, no podía avanzar más puesto que la última tormenta había estropeado el camino, así que cogí mi maleta retro y bajé... solo tardé 5 minutos en llegar. La llave estaba debajo del felpudo tal y como me habían dicho.
El lugar era precioso, la decoración de los años 20, y las estancias amplias y acogedoras. Escogí la habitación principal, porque las vistas eran impresionantes, y bueno también porque la cama era enorme y yo planeaba esparcirme a mi antojo, dar mil vueltas, y dormir en mil posturas…
Acomodé mis cosas en el armario y el baño, y me vestí para la ocasión: un bikini, una camiseta negra y ajustada, unas bermudas, unos botines de campo; y preparé una mochila con una toalla y una botella de agua. No necesitaba más.
Hace tiempo que no me sentía relajada, trepar árboles, perderme por ellos, seguir el camino de piedras llegar a una cascada... seguir el curso del río y luego el lago. Gritar: ¡QUE OS DEN A TODOS! Reír sin parar y luego esa sensación de por fin respirar... Respirar, sentir el oxígeno llenar mis pulmones hasta el último alveolo, esto era el paraíso: sola con mi soledad.
Me metí al lago, el agua fría no me importó en absoluto. Al contrario fue una sensación de casi placer. El agua cristalina reflejaba el azul del cielo, estuve un poco más haciendo el tonto hasta que mi barriga empezó a gruñir, no había desayunado y se me había olvidado por completo traer alimentos para estos días. Así que salí de prisa en dirección a la cabaña, rebuscaría en la cocina alguna lata de comida, algo envasado tenía que haber, sino tendría que llamar a Tom de nuevo y seguro que se reiría de mí. Así que cruzando los dedos entré en la estancia y en una de las gavetas había comida enlatada, tetrabriks, botellas. ¡Estaba salvada!
Hice algo ligero para comer y salí a dar una vuelta por las afueras, el cobertizo de la derecha era un garaje de 3 plazas: pero solo estaban ocupadas dos: por una van y un 4x4, en los laterales habían herramientas y combustible e imagino que las demás cajas eran cosas para reparar coches; el cobertizo de la izquierda era una caballeriza, había sitio para dos caballos y comida para alimentarlos. Pero de los animales ni rastro. Me sentí un poco decepcionada porque yo quería montar a caballo, pero era mucho mejor que no hubiera ningún animal en un lugar tan apartado sin nadie que los pudiera atender.
Por un momento pensé en abrir los vehículos o incluso conducir uno de ellos, pero no me atreví, además las llaves no estaban a la vista, y tampoco quería causar mucho alboroto. Así que mejor dejar las cosas como estaban y salir a las zonas que tenía autorizadas: la cabaña, el bosque y el lago; ya estaba atardeciendo y pensé que sería una buena idea ver el atardecer en la cascada. Así que fui y me quedé hasta que aparecieron las estrellas mostrando toda su majestuosidad.
No llevaba reloj, pero tenía la sensación de que ya debería estar durmiendo, y no pensaba dormir sobre rocas teniendo una cama enorme esperándome. Así que volví a la cabaña lo más rápido que pude, teniendo en cuenta que solo llevaba una pequeña linterna, bueno casi me pierdo, pero esa es otra historia. Llegué creo a los 30 minutos, cuando ir me costó solo 10. En fin, opté por ducharme para quitarme las ramitas, hojitas que se me pegaron en el trayecto y también para limpiar algún raspón de alguna caída.
Me puse solo una braguita, y me arropé con una manta, caí completamente dormida. Cuando me desperté estaba hecha un ovillo, y me recriminé mentalmente por haber dormido en posición casi fetal cuando podría estar estirándome por toda la inmensa cama. Así que giro hacia la izquierda y estiro mis brazos y mis piernas, automáticamente oigo un quejido. Lo primero que mi boca emite es un grito y luego mis ojos ven lo que ven y el silencio se apodera de mi boca. Un momento de lucidez llega a mi cerebro y recuerdo que estoy casi desnuda, tiro de la manta para cubrirme y después me arrepiento de haberlo hecho… Él... él estaba desnudo.
Susurré un lo siento (mientras él se tapaba con la manta), para luego enfadarme y decirle que quién se creía que era, que se fuera inmediatamente, que este lugar era privado y que él no tenía que hacer nada aquí. Pero su contestación me dejó paralizada: soy el dueño de esta propiedad y esta habitación es la mía. Su mirada acusadora, me dejó enmudecida, ¿y yo que haría ahora? Estaba roja de la vergüenza...
- Eres ¿William?
- Albert, prefiero solo Albert.
- Siento mucho el malentendido, Stear me dijo que la cabaña estaría libre esta semana y por eso vine. Solo déjame hacer una llamada y me iré de inmediato.
- No te preocupes, puedes quedarte, hay otros dormitorios.
- Gracias por el ofrecimiento Albert, pero yo vine porque necesitaba estar sola.
Ahora si tenía un dilema: él estaba desnudo, yo tenía solo una diminuta braguita, y los dos nos cubríamos con la misma manta, ¿cómo salir de esta habitación sin que nadie vea más de lo que debe? De nuevo él interrumpe mis pensamientos.
- La manta es mía y se queda, pero ten, ponte esta camiseta, te la presto.
Por un momento me pareció el hombre más odioso sobre la faz de la tierra, pero luego me reí. En cierto punto él tenía razón yo era la intrusa en sus dominios. Y por otro lado, ponerme la camiseta fue lo más extraño que me había pasado, mis fosas nasales olían la maravillosa loción que usaba y que me dejaba aturdida, mis pezones se erigieron al contacto con la suave tela. Y sino emití gemido alguno fue por el autocontrol que tengo.
La camiseta de Albert me quedaba como si fuera un vestido, me cubría a la perfección, así que salí de la habitación con dignidad, cerrando la puerta tras de mí. Y me fui a la habitación más alejada, no quería contacto alguno con ese hombre, pero así como me fui tuve que volver, de nuevo roja hasta la punta de los pies. Toqué la puerta esperando que él estuviera todavía en la cama completamente cubierto por aquella manta y que me diera el pase, pero mis peticiones no fueron escuchadas.
La puerta se abrió lentamente pero quedó entreabierta y él apareció con nada más que un bóxer puesto, era altísimo, su enorme pecho estaba a la altura de mis ojos, y su fuerte brazo se apoyaba sobre el marco de la puerta, mi boca fue incapaz de emitir sonido alguno.
- Se te ofrece algo… Uhmmm no me has dicho tu nombre, por cierto.
- Candice… Candy… Eh, bueno es que mis cosas están aquí, en tú habitación, si me permites un momento entrar, las sacaré y te prometo no volverte a molestar.
No sé si lo dije muy rápido o si lo dije muy bajito, la cuestión es que él se acercó a mí, es decir, su cuerpo, su cabeza descendió hacia la mía y casi susurrándome encima de mis labios me pidió que repitiera la última frase. Y creo que mi cara debió hacer mil gestos. Porque lo primero que hizo fue reírse.
- Era broma, te entendí, entra
- Gra… Gracias.
- De verdad Candy, no me molesta tu presencia, solo es que Stear no me dijo nada, si lo hubiera hecho te juro que no habría venido, y tú podrías seguir disfrutando de tu soledad. Yo también suelo venir aquí cuando necesito desconectar del mundo, y también me gusta estar solo.
- Pero… yo…
- Nada de peros, disfruta del bosque Candy, yo seré tu guía, conozco varios sitios fascinantes que estoy seguro no podrías descubrir tu sola, bueno, no en los pocos días que tiene una semana. Este bosque guarda hermosos secretos y pretendo compartirlos contigo, si me dejas. Quédate Candy, piensa que si te vas, Stear pensará que es por mi culpa y se enfadará conmigo y realizará extraños experimentos que terminarán mojándome, golpeándome o
- … haciéndote volar.
- ¿A ti también?
- Sí, siempre dice que como soy pequeña sus experimentos funcionaran mejor conmigo…
Reímos sin parar, y me quedé maravillada, su sonrisa es mágica, es capaz de detener el mundo y a la vez de hacerlo girar. Me encanta cuando ríe porque la tonalidad de sus ojos cambia, sus ojos brillan y yo me he quedado callada ante aquel descubrimiento. Él me observa y me pregunta si está todo bien, mi barriga gruñe, me pongo de nuevo roja de la vergüenza. Y él vuelve a reír sin parar.
- ¿Sabes Candy? Normalmente no suelo cocinar para dos o más, solo para mí, pero esta vez quiero hacer una excepción, quiero que pruebes cada uno de mis platos estrella y me des tu opinión. Por ahora, ¿aceptarías si te invito a desayunar?
