-¡SHIZURU! NO TE VAYAS.

Pareció ser que la chica aludida en ese momento se percató de la presencia de la otra, y volvió la vista a ella. Se quedó petrificada unos segundos y luego dio un paso atrás, dejando vía libre para los demás pasajeros y calmadamente se disculpó con el guarda de seguridad y le pidió unos segundos. Después se dirigió a Natsuki.

¿Qué planeas?

¿Qué que planeo? Ven. Tenemos una conversación pendiente.

No puedo. Me voy Natsuki. Estoy… cansada.

¿Te vas a ir sin devolverme mi propio cuerpo?

La gente las miraba discutir y a veces gesticulaban muecas extrañas por esa rara conversación, debido a esto Shizuru y Natsuki fueron a discutir a un sitio más apartado.

Mira, yo sé que es difícil, pero no te vayas, le daremos solución a esto.

Natsuki ¿Por qué no nos rendimos ya? No puedo más. Ya se pasará esta maldición, lo mismo alejándonos se deshace… Pero déjame ir.

No puedo dejarte ir. Eres… Tú… Yo…

Apretó los puños y su cara se tornó roja. Se quedó sin palabras, no sabía que decirle.

Dame una sola razón para que no me vaya.

Por qué sé lo que pasa. Creo saberlo. Sé porque tenemos esta jodida y maldita maldición.

Explica pues.

No puedo explicarte aquí, mira, ve a recepción y descambia el billete por mañana, sino te convence mi teoría, mañana te dejaré ir.

… Creo en tu palabra…

Shizuru fue a cambiar el billete de fecha y volvieron al apartamento de Shizuru en bus, ya que los policías le habían puesto un tope a una de las ruedas de su moto, que tendría que quedarse allí aparcada hasta que Natsuki pagase la multa. Por el camino Natsuki quería decirle que no se fuese, pero ya le había dado su palabra en un desesperado intento de hacer que Shizuru se quedase un poco más. Tenía una teoría, creía que era eso, pero… Estaba loca si estaba en lo cierto.

Al volver al apartamento Shizuru y Natsuki estuvieron hablando largo y tendido, estaban de acuerdo en que había que reafirmar un vínculo entre las dos, un vínculo maldito que a la vez era su carta de triunfo ante aquella pesadilla de cambios de cuerpo. Mientras hablaban Natsuki notaba el cambio de comportamiento de la Ex – Presidenta del Consejo. Desde que volvieron de la estación la peliocre no actuaba como siempre. Algo había cambiado ¿Pero qué?

Por la mente de Natsuki pasaron uno a uno los momentos que había vivido después de que la maldición las afectase. Había reconocido que sintió una gran presión en su pecho cuando descubrió que Shizuru la había abandonado que había decidido olvidarse de ella, dejarla atrás. Sabía que Shizuru la amaba, sabía que su comportamiento le hacía daño "¿Por qué no dejo que se vaya y sea feliz? ¿Por qué soy tan destructiva?".

Shizuru.

Dime Natsuki.

¿Me permites?

¿El qué?

Tengo que ir un momento a casa de Mai.

Natsuki… -murmuró bastante molesta.- Has hecho que vuelva hasta aquí diciéndome que tenias una teoría, una explicación certera para arreglar esta situación y ahora me dices que te vas, antes de explicarme la verdadera solución de este entuerto.- decía poco a poco alzando la voz cada vez más.

Te lo explicaré también. Te lo prometo.

Natsuki… -dijo con resignación, lo cual la otra lo entendió como un tono permisivo para irse corriendo a casa de su amiga.

En serio, todo tiene su explicación, no tardaré. –salió por la puerta a toda velocidad rumbo a casa de su mejor amiga, necesitaba uno de los libros que se había dejado en su casa, donde en él se encontraba la semi-respuesta a la teoría que Natsuki andaba buscando. Aunque realmente en el fondo lo que Natsuki pretendía era ganar tiempo, muy en el fondo llevaba tiempo sabiendo la respuesta y solución a esa maldición.

Estoy cansada, Natsuki. No puedo más –murmuró. Esperó a que Natsuki se fuese y aunque ya era tarde salió por la puerta, no pensaba quedarse esa noche allí, iría a la sala del Consejo Estudiantil y pasaría la noche allí. No tenía sueño. Esperaría a mañana, y escucharía a Natsuki y lo que tenía que decirle, pero no pensaba esperarla allí como siempre había hecho.

¡MAI! ¡MAI¡ ¡MAI, JODER ABRE LA PUÑETERA PUERTA!

Se escuchó alboroto en el apartamento de la pelinaranja y poco después esta salió a recibir a quien le había llamado tan tarde a la puerta de una forma tan brusca. Estaba tan adormilada que ni siquiera recordó que esa raelmente no era Shizuru, sino Natsuki encerrada en el cuerpo equivocado.

¿Qué pasa, Presidenta?

No soy la Presidenta, déjate de bromas. ¿Dónde está el libro?

¿Qué libro? –preguntó Mai despertando de su ensimismamiento.

El libro de la leyenda, de la maldición, el que hablaba sobre las Himes y todo ese rollo.

Ah… El libro, lo devolvimos a la biblioteca justo al irte…

Yo me… Yo te mato Mai. He venido a buscarlo, tenía unas notas al final de este, con mi teoría sobre la solución.

Déjate de tanta teoría, tú no necesitas una teoría, necesitas abrir los ojos. No necesitas esas notas, necesitas decirle a Shizuru lo que sientes.

Mira, da igual. Ayúdame a explicárselo, corre. – Natsuki tiró del brazo de la pelinaranja, la cual aún estaba en pijama y salió casi arrastrada hasta el apartamento de Shizuru.

Te voy a matar por exhibirme en pijama por toda Fuuka..

Anda, a estas horas está casi todo el mundo dormido, no te quejes y corre.

Hago lo que pueeeedo –hablaba la pelinaranja casi sin respiración.

Llegaron al apartamento, Natsuki abrió la puerta y entró a toda velocidad con Mai justo detrás suyo.

Shizuru, mira, he traído a Mai, ella sabe que…

Otra vez se había ido.

¿Shizuru? …

Salió corriendo al piso de arriba, no había nada, Shizuru había cogido la maleta de viaje con la que la sorprendió en la estación, era lo único que esta había cogido, eso y su bolso, no había ni rastro. No dejó ninguna nota, ninguna señal.

¿Se ha ido? – preguntó Mai.

Natsuki asintió. Su amiga la abrazó fuerte.

Natsuki, no debiste haberte entretenido tanto… Debiste haberle dicho lo que sentías, lo que sentiste cuando viste que se fue, no deberías de haberte andado por las ramas con teorías extrañas ni mucho menos venir a buscarme, esto es algo entre tú y ella. – Sintió que la motorista sollozaba en su hombro, intentaba contener las lágrimas, y no era de lágrima fácil precisamente, pero esta vez le estaba resultando casi imposible.

Mai… Soy… una idiota… Una idiota. Siempre cometo el mismo error, siempre… destruyo todo cuanto tengo, siempre…

Su amiga guardó silencio durante unos minutos y luego terminó diciendo mientras sostenía el abrazo.

Por eso no debemos dejar escapar las oportunidades, si dejamos escapar una y otra y otra, al final nos quedamos sin nada. Natsuki ¿Por qué eres tan obstinada? ¿Tan orgullosa? ¿Tanto te cuesta reconocer tus sentimientos? ¿Quién te va a juzgar? Dime.

Pero yo… Yo… No quiero…

¿No quieres ser feliz? ¿No quieres hacer feliz a Shizuru?

Algo se revolvió en el estómago de Natsuki. Estaba renunciando a su felicidad, y con ello estaba privando a Shizuru de la suya.

No quiero ser una rarita.

Natsuki. Ya somos lo suficientemente raritas. Hemos sido Hime's. Hemos salvado el planeta de su destrucción, hemos dado órdenes a Childs, luchado contra Orphans, contra Androides, has estado a punto de morir en numerosas ocasiones, tu madre pertenecía a una compañía que estudiaba a las Hime's, y tú eres una motorista antisocial impertinente. ¿Qué más da encontrar tu felicidad al lado de una mujer cuando todas las demás la encuentran con un hombre? ¿Qué hay de malo en eso?

La gente lo mira mal.

¿Y? ¿Crees que Shizuru tiene menos que perder que tú? ¿Te recuerdo que Shizuru es una Fujino y que aun así le hace frente a todo lo que haga falta por ti?

Pero… yo… no soy tan fuerte, ni tan valiente.

Por eso mismo, para eso está ella, para hacerte fuerte. Siempre que estás con ella sonríes. Y si tenéis esta maldición, la maldición de los amantes, es porque os correspondéis y una de ellas es tan obstinada como para no reconocer sus propios sentimientos.

Natsuki guardó silencio y la miró con un ápice de nerviosismo y miedo.

¿Tú qué harías?

Yo aunque me diese la más grande de las vergüenzas, iría a buscarla y le diría todo lo que siento.

Pero no sé dónde está…

Búscala.

Eso haré… Pero no esperes que le diré todo lo que siento. Y con lo de antisocial impertinente te has pasado. Que sepas que un día de estos me tomaré la justicia por mi mano.

Anda, como odias que te digan verdades –bromeó con una risita.

Maldita tetona.

Vuelve a decir eso y Shizuru será viuda antes de que os caséis.

Cállate. ¿Quién te ha dicho que…

Eso es mi venganza por venir a estas horas a despertarme. Cualquiera te habría matado y yo no lo he hecho, ya puedes adorarme.

Ni lo sueñeees –bromeó Natsuki.

Salieron del apartamento de la Ex – Presidenta, Natsuki iba a acompañar a Mai de nuevo a su casa y luego iría a buscar a Shizuru, dio una vuelta por Fuuka, no podría andar muy lejos ya que había tardado nada y menos en ir a buscar a Mai. Se secó las lágrimas que le quedaban en la cara para que nadie las notase y se acercó al edificio de la escuela, desde allí vio como desde el patio se podía ver una pequeña luz muy débil que alumbraba la Sala del Consejo Estudiantil. Natsuki miró de nuevo, aquel ambiente daba miedo, de hecho la motorista se estremeció.

"Espero encontrar a Shizuru y no… nada extraño" – pensó. Tragó saliva y fue hacia la Sala del Consejo poco a poco, encendiendo y apagando luces de los pasillos tal y como iba pasando, había vivido aventuras más tenebrosas que esa, pero esa escuela de noche le ponía los pelos de punta, y más sin saber si en la Sala se encontraría a Shizuru o a un espectro maligno que la atacase.

Sólo le faltaba por cruzar una esquina, recorrer unos metros más y estaría en la meta. Respiró hondo y salió corriendo, al abrir la puerta de la Sala, enseguida llevó la luz al interruptor que se encontraba justo al lado, el cual sabía dónde se encontraba perfectamente, ya que había visitado ese lugar numerosas veces y al mirar allí, la vio.

Shizuru se encontraba de espaldas, se había sobresaltado así que había girado un poco su cintura para mirar hacia atrás, ya que en la situación en la que se encontraba no le permitía girarse de cuerpo entero si no quería que el sujetador el cual se estaba cambiando cayese al suelo y la dejase completamente destapada.

Nat…su…ki… -susurró perpleja.

Natsuki la miró de arriba abajo. Shizuru estaba en ropa interior y se estaba cambiando para ponerse uno de esos conjuntos que usaba para dormir, allí, en medio de la Sala, sin dignarse a ir al cuarto de baño a cambiarse.