Ran: ¡Hola de nuevo! Si estás aquí, muchas gracias por seguir leyendo mi historia.

Advertencia: debería haber advertido antes sobre el cambio en la historia de Inazuma Eleven. No es un cambio drástico, es solo parcial, por lo que para que se ajuste al drama y la tensión de la trama, la historia se tornará algo más violenta, o sangrienta, pero no demasiado. Sin embargo, aconsejo a aquellos que sean más sensibles, que si creen que podrían traumarse, que no la lean :) igualmente, si la leéis, muchas gracias!

Otra cosa, los personajes principales, más algunos más que aparecerán a lo largo de la historia, son OCs, original characters, basados en mis amigas y en mí misma.

Espero que os gusten tanto la historia como estos personajes, a los que tengo tantísimo cariño :3

2. Un nuevo mundo:

Ran saltó con fuerza, precipitándose a la caída cerró fuertemente los ojos y adelantó sus brazos para protegerse el rostro. Rebotó contra el duro piso y rodó hasta que finalmente consiguió parar.

-Ah... eso ha dolido -se quejó haciendo el esfuerzo de enderezarse un poco- mis gafas... aquí están -recogió sus lentes de pasta negra y examinando que estuvieran intactas se las puso soltando un suspiro de alivio- chicas, nos hemos librado de una buena...

Esperó unos segundos, y le extrañó el hecho de que no recibía respuesta alguna. Conociéndolas, deberían estar farfullando para ellas mismas, insultando al tipo de allá arriba que tanto parecía odiarles, quejándose que se habían hecho más daño del que en realidad tenían. Con una horrible sensación en la boca del estómago volteó para comprobar que no les había pasado nada malo.

Ahogó un grito de horror y desconcierto. Allí no había nadie. Ni siquiera había algo que le hiciera pensar que estaba en el mismo lugar que antes...ni rastro de la carretera, ni los árboles, ni el auto que corría desbocado...Todo había desaparecido como por arte de magia.

Arena. Solo veía arena. Como para cerciorarse que no era un sueño cogió un montoncito con sus manos y dejó que los granos de arena se escaparan entre sus dedos.

-¿Qué significa esto?

Se levantó casi sin creerse lo que le estaba pasando, se acomodó su mochila en la espalda y pasó la mano por la empuñadura de su katana. No sabía qué estaba ocurriendo, pero lo iba a averiguar. Claro, si lograba encontrar algo además que arena.

...

Una extraña pero agradable sensación embargaba su interior. Tenía miedo, no lo negaría, pero el enfrentarse a una situación de riesgo como aquella la llenaba de adrenalina, como de unas ganas irremediables de arriesgarse. Saltó sujetándose fuertemente del peluche que tenía entre sus brazos, enterrando su cara en él.

Estuvo a punto de golpearse de cabeza contra el suelo, si no hubiera sido por el material sintético y acolchonado bajo ella seguramente le hubiera provocado una herida muy grave. Estiró los brazos tocando el suelo y realizó una rápida voltereta para inmediatamente aterrizar de cuclillas junto a su inseparable compañero.

Abrió los brazos para equilibrarse y no caer y en cuanto estuvo bien fijada echó un vistazo al peluche. Solo tenía un pequeña agujero del tamaño de una cereza en la nuca. Nada grave.

-Me salvaste Hiro-chan -susurró ocultando como pudo la abertura que había sufrido- bueno... ¡ha sido emocionante! ¿Alguien repite conmigo?

Se giró para reír de la ridícula y poco honorable posición en que las otras estarían al caer, pero lo que vio la dejó sin palabras, por primera vez en su vida.

Estaba sola -o solo con su peluche- no sabía qué demonios les había pasado a las otras y no sabía donde estaba... Porque estaba segura que se encontraban en una carretera, ¡pero no en medio de un denso y oscuro bosque!

Pensó un momento, echó un vistazo al pelirrojo falso, y tras mirarlo unos minutos volvió a recuperar esa sonrisa que la caracterizaba. Ahora mismo iría a averiguar qué estaba pasando y dónde estaba, no podía ser tan difícil.

...

Cayó de rodillas en algo realmente frío. Supuso que sentía el suelo así porque estaba muerta de miedo cuando iba a saltar. Al parecer no había sido tan grave como creía. O tal vez era solo que se había concentrado en sus ganas de ir hacia la mayor y darle la paliza de su vida. ¿Qué clase de imbécil le daría el carnet de conducir? Sin duda lo averiguaría y este se lo pensaría mil veces antes que conceder el permiso de circulación a cualquiera.

Abrió sus ojos rasgados, pero solo vio blanco.

-¿Qué mierdas pasa aquí? -se restregó los ojos, debía estar alucinando.

Segundos más tarde, pudo distinguir árboles, rocas, todos bajo una espesa capa de nieve.

-¿N-nieve? Esto no me gusta... ¿qué clase de broma pesada es esta? -inquieta miró a su alrededor- ¿Ryuusei? ¿Ran? -las llamó en vano, su voz se perdió entre la espesura apagándose gradualmente- Estoy... sola... -se dijo a sí misma haciéndose a la idea, pero a pesar de eso, había algo que le importaba mucho más- me estoy congelando, joder...

Tiritando, tiró de sus medias hacia arriba hasta que no pudo más y se arrebujó como pudo en su chaqueta. No le daba buena espina ese bosque, no sabía cuánto se podía extender o si podía caer una ventisca se repente. Miró al cielo entre las copas de los árboles. Tenía un tono azul grisáceo y el sol se podía adivinar algo más al oeste, por lo que supuso que serían sobre las tres o cuatro de la tarde. Debía buscar a alguien rápido, o esta noche podía morir de frío o hambre.

-O... -pensó en voz alta- algo podría atacarme... -pasó el brazo por una de las asas de su mochila, llevándola hacia delante y sacando de ella un objeto envuelto en cuero- mejor la tendré a mano- guardó la funda de piel y sostuvo entre sus manos una hermosa daga.

La empuñadura era bañada en plata oscura con pequeños relieves de monstruos y seres deformes y su hoja ondulada brillaba aún más gracias al resplandor de la blanca nieve a su alrededor.

-Voy a descubrir qué rayos pasa -se dijo decidida- y cuando os encuentre... ¡os vais a enterar idiotas! No haberme abandonado cual perro -y así desapareció entre la maleza nevada con arma en mano.