Ran: Aquí tenéis el cuarto cap! Por experiencia, estoy segurísima que os encantará Ryuusei. En otros fics donde ha aparecido, parecía gustar bastante entre los lectores. :)
Gracias de antelación a los que lean este capítulo!
A disfrutar la lectura!
4.¿Existen los aliens?
-Ah... Hiro-chan, estoy tan hambrienta y aburrida -se quejó la castaña inflando los mofletes- hay tantos árboles y arbustos... es imposible ver algo entre tanta espesura... -miró hacia las alturas, entre las hojas de los árboles se podía ver el cielo azulado. Sonrió con astucia- a menos que... bien... tendrás que ayudarme con esto -dijo al muñeco.
Miró a su alrededor y se acercó a un árbol que parecía ser más grueso y alto que el resto. Pasó el peluche alrededor del tronco y agarró las manos sintéticas. Puso un pie en una rugosidad que salía de la corteza.
-¿Listo? -hizo una breve pausa- ¡Ya! -dijo cogiendo impulso para agarrarse con las piernas. Luego subió el muñeco y haciendo fuerza con los brazos empezó a escalar de esta forma.
Tras unos minutos sofocantes para la chica, al fin consiguió llegar a la copa del árbol. Miró a su alrededor, le impresionó la extensión del bosque, allá donde miraba no dejaba de ver más y más árboles, tantos que parecía un mar verde. Unos pájaros volaron sobre ella, rodeándola para luego perderse en el cielo.
-Wow... es... es... -se interrumpió a sí misma abriendo mucho los ojos- ¿Qué es eso?
Parecía ser que se encontraba en un monte o algún tipo de elevación, pues pudo ver la inclinación de los árboles a lo lejos. Precisamente más arriba en el monte alcanzó a ver algo que no pintaba para nada con el paisaje a su alrededor. Al principio solo le pareció una extraña mancha gris, pero después fijó más la vista en ella.
-¿Un... ovni? -se preguntó incrédula- Es... ¡alucinante! -gritó y se agitó entusiasmada- ¡Vamos a investigar, Hiro-chan! -concluyó empezando la bajada.
Cuando el cielo ya estaba adquiriendo su tono anaranjado dio con la cumbre del monte, donde se encontraba la misteriosa nave.
-¡Es enormeee! Veamos… -examinó a su alrededor- ¿Qué es eso? - una pequeña pantalla brillando en color verde, con una cámara sobre ella y a su izquierda un cartel que rezaba "Situarse enfrente para identificarse"- Así que tengo que mirar a la pantalla y me dejarán entrar… ¡Parece fácil! Por intentarlo...
/ACCESO DENEGADO/
-Bu... no funcionó... Pero quiero entrar... -se encogió triste en el suelo, abrazada al enorme muñeco, repentinamente lo miró- mmm... Hiro-chan, ¡probaremos contigo! Espero que funcione... y si no, pues trataré de entrar de un modo más violento...
La castaña situó al pelirrojo sintético delante de la pantallita, la cámara detectó el objeto y lo analizó de arriba abajo repetidas veces emitiendo una luz verdosa. Cuando lo hubo examinado con precisión, la cámara se apagó y dio paso a la respuesta …
/ACCESO PERMITIDO. DISFRUTE DE LA INVASIÓN Y TENGA UN BUEN DÍA./
Inmediatamente después se abrió una puerta grande y pesada unos pasos más allá de la máquina de identificación.
-¡Al fin! Pensé que no me dejarían entrar... Qué suerte, ¿no? -dirigiéndose al objeto inerte en sus brazos- Bueno... es una pena que Ran y Yukiko no vayan a ver esto... o... ¿crees que los aliens las habrán abducido? -se preguntó entre asustada y emocionada- Si es así, hay que salvarles el pellejo... así luego me deberán una -se justificó para luego pasar el umbral de la entrada y adentrarse en el interior.
La puerta se cerró tras ella con un gran estrépito.
El interior estaba escasamente iluminado, pero se distinguía perfectamente todo a su alrededor. Se encontraba en un ancho pasillo, pintado uniformemente de un color plateado, surcada toda su superficie de líneas azules, rojas y verdes, brillantes, como si fueran cables pegados al suelo. No había decoración alguna, ni tampoco parecía que sus dueños prestaran mucha atención en ponerla.
-Waa... esto es mejor de lo que esperaba... -juzgó examinando su alrededor- que tengan tantos cables solo puede significar que... están muy desarrollados... y nos encanta la tecnología, ¿verdad, Hiro-chan? -dijo con una sonrisa cada vez más amplia- je, investiguemos todo esto, puede que encontremos algo interesante -concluyó empezando a caminar sin rumbo.
A pesar de su entusiasmo inicial, pronto se aburrió, pues cada uno de los pasillos parecía igual que el anterior, y además no había forma de abrir las puertas metálicas que encontraba. Se detuvo un momento a reflexionar.
-Tenemos un problema, Hiro-chan -confesó seria- yo... me perdí -tenía la sensación de que el muñeco la regañaba por aventurarse a entrar en ese lugar- jo... ¿qué puedo hacer ahora?
De repente unas voces le llegaron de otro pasillo. Estas parecían estar cada vez más cerca de su posición. Le brillaron los ojos.
-Los aliens me ayudarán a encontrar la salida -apenas dio un paso adelante cuando paró en seco- o... tal vez no... tal vez solo me diseccionen... o tal vez me usen de conejillo de indias y me conviertan en híbrido humano gigante para exterminar la raza humana... -se le ocurrió entre emocionada y asustada.
No sabía qué pensar, así que solo decidió buscarse un escondite por el momento.
Buscó alrededor, pero desgraciadamente no tenía lugar dónde esconderse, pues se encontraba en una esquina de un pasillo que llevaba a otro, ambos sin mueble alguno tras el que poder ocultarse.
-Y eso fue lo que me pasó ayer, ¿te puedes creer?
-Ese chico no es de fiar, mm mm yo siempre lo supe.
-Callaos ya, siempre estais parloteando... ah... me dais dolor de cabeza.
Se paralizó, algo aturdida. ¿Acaso acababan de hablar en japonés? ¿Los aliens hablaban japonés? Se movió nerviosa en el sitio, haciendo sonar las suelas de sus deportivas en el suelo metálico. Abrió los ojos de golpe y rezó que no lo hubieran oído.
-Esperad... ¿escuché algo... o fue mi imaginación?
-¿Quién puede ser? En esta zona no duerme nadie.
-Y somos los únicos haciendo guardia... echemos un vistazo.
-¡Voy yo! ¡Puede que sea un conejito!
Se maldijo a sí misma y a los zapatos antes de poner su mente a trabajar el máximo. Debía haber una manera de pasar desapercibida. Miró a su peluche. Eso no iba a funcionar. ¿O si?
-Oh... solo es un... ¿peluche?
Los otros se acercaron al escuchar a su compañero.
-¿No se parece a...?
-¡Es muy lindo! ¿Me lo puedo llevar?
-Sois idiotas... aquí hay una chica -dijo fríamente señalando al muñeco- se te ve el pelo, muestrate o te saco yo a rastras.
Tragó saliva. Ya no podía hacer nada más. Se levantó despacio de detrás de su peluche y sin mirar atrás contestó con aire interesante.
-Me habeis encontrado... ¿qué quereis de mí?
-Mejor responde qué haces tú aquí, imbécil.
-Ohh... era verdad que había alguien...
-Es que mi chico tiene el sentido de la vista muy agudo -aclamó orgulloso.
-Contesta -se le dirigió otra vez la voz gélida.
-Yo... encontré harto interesante vuestra nave y... solo entré...
-No te creo.
-Yo... ya me iba... no tienen por qué preocuparse por mí -empezó cogiendo lentamente su peluche y girándose para en cualquier momento empezar a correr por su vida.
Pero el de la voz fría la detuvo. Cruzó sus manos en la espalda y la puso contra la pared.
-Te llevaremos frente a nuestro jefe -le dijo en un tono mortífero- tendrás que dar respuesta a varias cosas...
-¿Ves, Mido? Por eso es por lo que me gusta tanto -escuchó a sus espaldas.
-Espera... ¿Mido? No puede ser...
Por primera vez se sintió capaz de mirar atrás, torció la cabeza lo que pudo y, a la vez estupefacta y confusa, vio que sus conjeturas eran ciertas.
Allí había tres chicos: uno tenía el cabello rojo con forma de tulipán y los ojos dorados, otro tenía los ojos negros y el pelo verde recogido en una coleta, y el último es el que aún la tenía agarrada, un albino con los ojos azules.
Sus labios se alargaron en una sonrisa tonta.
-¿Qué cuchicheas?
Empezó a reír, amortiguando las voces de los demás, atrayendo su atención. Parecía que no iba a ser tan malo ser "abducida" por esos alienígenas.
-Bien... me rindo... llevadme con vuestro jefe...
Dándole una mirada de confusión por el repentino cambio de humor de la chica, se encaminaron a la sala principal, donde el líder les estaría esperando.
...
Sentado cómodamente en su trono, el pelirrojo estaba centrado en crear un plan para hacer ganar poder a la academia. Un balón reposaba ante él en el suelo. Con un leve movimiento de muñeca, lo elevó hasta la altura de su rostro. Luego hacia la derecha, hacia la izquierda, haciendo que este bailara en el aire. Lejos de distraerlo, eso le ayudaba a concentrarse.
-Gran -le llamó alguien, desconcentrándolo y haciendo que la pelota cayera.
-¿Qué ocurre, Suzuno?
-Alguien entró a la academia... aquí la tenemos.
Con expresión aburrida se volvió hacia su subordinado, seguro sería otro polizón estúpido para conseguir información.
Pero echó un vistazo a la chica e inmediatamente desechó esa idea. Lo miraba directamente a los ojos, y de una forma en la que nadie lo había hecho antes. Sus ojos, rojos como el fuego, destellaban fuerza y vida, diversión y pasión. Sus labios formaban una bonita sonrisa, parecía rebosante de felicidad, como si se encontrara frente a un amigo.
Le dio la sensación de que no era como las demás.
-Cuéntame qué ha pasado -ordenó al albino.
-La encontramos en un pasillo en la zona a, junto a esta cosa, e inmediatamente la trajimos aquí -explicó tirando al suelo el muñeco.
-Ese... peluche... -empezó confuso- ¿no se... parece a...?
-A ti -terminó la desconocida con tono de obviedad- eres tú, Hiroto -dijo mirándole a los ojos.
-Parece que burló los sistemas de seguridad usándolo.
-¿Qué significa esto? -inquirió a la extraña.
-Es solo un peluche -dijo divertida- lo compré legalmente... se llama Hiro-chan...
Parecía que la chica se estaba divirtiendo, pero eso le ponía los pelos de punta. ¿Qué rayos estaba pasando? Se pasó una mano por el cabello y empezó por el principio.
-¿Quién eres y de dónde vienes?
-Me llamo Ryuusei Fujioka y vengo de… de… no sé cómo llegué aquí…
-¿Que… no sabes?
-Solo recuerdo viajar en el coche con mi hermana y mi amiga, casi tener un accidente y de pronto me encontré en medio del bosque... encontré este lugar y pensé que... quizá me encontraría con alguien...
-No parece muy creíble...
-¡Pero es la verdad! -dijo inflando los mofletes- o puede que me haya dado en la cabeza y esté inconsciente... y esto sea un sueño...
-Esto no es un sueño, pequeña Ryuusei.
La charla se vio interrumpida por una nueva voz.
Todos miraron alrededor, buscando el origen de esta, y se les fue apareciendo ante sus ojos la figura de una mujer. Tenía el pelo largo y moreno recogido en una coleta alta, los ojos de color violeta y un extraño punto rojo en la frente. Parecía que vistiera como en la antigua Grecia, con una túnica blanca larga, sujeta únicamente por una banda dorada en su cintura y en su cuello. Su vestimenta dejaba ver sus piernas y demasiado escote, con lo cual dejaba poco a la imaginación. Llevaba un colgante plateado con forma de sol y sonreía con una expresión que detonaba diversión a la vez que superioridad.
-¡Saludos a todos! -exclamó elevando un brazo a la vez que dejaba caer su otra mano en la cadera.
Los chicos presentes solo la miraron extrañados, mientras la castaña se llevaba el dedo índice a la boca, pensando donde podría haber visto antesa esa mujer.
-¡Tú eres... Bosatsu! -adivinó señalándola con el mismo índice. La aludida asintió sorprendida.
-¿Ella ha entrado contigo? -inquirió el pelirrojo, confuso, probablemente tendrían que instalar más sistemas de seguridad.
-No querido, no he venido con ella -respondió la grave voz de la mujer- pero de alguna manera la he traído aquí -siguió ante la mirada atónita de los demás- Dejadme que me presente. Soy Kanzeon Bosatsu, diosa del perdón y la misericordia, he sido enviada por Buhda para informaros de lo que está pasando -se acercó a Ryuusei, el albino la soltó y se alejó molesto- Es menester de los dioses solucionar los problemas de los mundos, y esta chica que veis aquí ha sido elegida para salvar este -puso una mano en su hombro, clavando sus profundos ojos violeta en los de ella- Es la única que puede hacerlo...
-Pero... -empezó la ojirroja confusa- ¿a qué problema me tendré que enfrentar? ¿Y por qué sabía ya de este lugar? Es decir, no debería... existir... ¿no? -preguntó mirando de reojo al chico del trono.
-Estás aquí para aprender... ya descubrirás por ti misma lo que debes hacer -le dijo con naturalidad- El hecho de que conozcas este lugar es simple... Recrear imágenes de los mundos con problemas nos ayudaba a encontrar a los elegidos. Tanto tú como Ran y Yukiko internamente respondisteis a nuestros estímulos, mostrándonos que erais las indicadas.
-Ellas también... -susurró sorprendida, ahora entendía el por qué del accidente- ¿Por qué nos elejiste? ¿Por qué a nosotras? De entre todos...
-¿Crees en la reencarnación? -preguntó con una sonrisa tranquila- Vosotras vivisteis una vez en estos mundos, de eso hace ya muchos años... y todas tuvisteis finales trágicos... Al morir, vuestras almas fueron enviadas a un mundo donde estuvieran seguras, y de este modo aguardaran hasta encontrar un nuevo cuerpo... Así nacieron las elegidas, vosotras, aquellas que gracias a esas vidas pasadas, pueden devolver la paz a los mundos y volverlos a conectar.
-¿Viví... aquí? Pero... ¡no sé hacer supertécnicas! ¿Cómo les voy a ayudar si ni siquiera puedo hacer eso?
-Sí que puedes... -le contradijo la diosa acariciando el pelo a la chica- solo tienes que hacer que el poder en ti... salga... explote... y podrás hacer cualquier cosa.
-Oh...
-¡Eso es todo! Ya debo despedirme... -se interrumpió posando los dedos en la frente de la ojirroja- Aunque no sin antes... -unas chispas blancas aparecieron de las yemas de sus dedos, y estas permanecieron por un momento sobre la piel de la castaña, para luego desaparecer.
Sin decir más, echando un primer y último vistazo a Hiroto, se desvaneció, yéndose tan rápidamente como había venido.
Todo estaba en silencio.
Y no era para menos. ¿Qué rayos acababan de presenciar? ¿Una aparición divina?
Y eso no era todo.
Esa chica... podía ser la clave de su éxito... podía ser justamente lo que estaba buscando.
Una sonrisa oscura atravesó su pálido rostro. Se levantó, se acercó a ella y ante la mirada atónita de sus súbditos le estrechó la mano. Vio como sus mejillas adquirían un tono rosado.
-Eres bienvenida a la Academia Alius... Ryuusei, la elegida -dijo sacudiendo su mano- Gran, para servirte. Estoy seguro... -miró directo a sus brillantes orbes carmesí- que nos llevaremos muy bien.
