6. Recuerdos
Llegaron a un pequeño pueblo. Era humilde y tradicional, sus casas de madera y ladrillo se mostraban a sendos lados del camino. Los ciudadanos los miraban sorprendidos, si no todos los días podían ver viajantes en la villa, aún era menos común que llegaran en coche.
Los más pequeños corrieron tras ellos, riendo y señalándoles, hasta que se quedaron atrás.
-Wow… -exclamó emocionada, intentando contenerse- No sabéis cuántas veces os vi llegar a pueblos como este…
-No es gran cosa -susurró el pelirrojo quitándole importancia- Es un pueblo como otro cualquiera.
-A mí me encanta -dijo con sus ojos dorados brillando bajo la luz del sol. Luego cogió aire, reteniéndolo lo más que pudo con una sonrisa en sus labios- el aire aquí es tan puro…
Hakkai paró el coche junto a un edificio algo más grande que los demás. Sobre sus puertas dobles colgaba un letrero desgastado que rezaba: INN.
Recogieron sus enseres y al momento que todos hubieron bajado del auto, este emitió un brillo peculiar y en su lugar se materializó un pequeño dragón blanco, que revoloteó hasta el hombro del moreno.
-Hakkuryu, te presento a Ran. Ran, este es Hakkuryu -el susodicho emitió un pequeño gorjeo mientras miraba en dirección a la rubia.
Ella se acercó y lo acarició con delicadeza, disfrutando del suave tacto de su pelaje.
-¡Es hermoso! Hakkuryu, encantad-
-¡Eh, Sanzo! ¿Dónde vas?
A este grito, todos voltearon. El monje se dirigía rápidamente hacia la posada, sacando de entre sus hábitos su tarjeta de crédito.
-No os soporto más, ahí os quedáis.
-¡Pero Sanzo~! -el castaño le siguió, perdiéndose de vista junto al rubio.
Los demás se miraron entre sí y, encogiéndose de hombros, entraron tras la pareja.
-Lo sentimos, solo nos quedan habitaciones para dos personas -escucharon decir a la recepcionista a medida que se acercaban.
-Que sean dos.
-Tres… Sanzo… -fue interrumpido por Ran.
-…Tres -repitió entregando su tarjeta.
La chica canjeó la cantidad respectiva en el cajero y luego volteó para buscar las llaves.
…
-Ah… al fin… -suspiró dejándose caer en una de las dos camas.
No le había sentado muy bien el viaje, aunque sabía que los habría muchísimo más largos. Puede que fuera a causa del anterior, y largo viaje en auto con las chicas.
Los demás habían ido a comer. Habían intentado convencerla pero ella insistió en quedarse en el motel, pidiéndoles que a cambio le trajeran algo de comida.
Tras unos minutos de descanso, se levantó. Dejó su mochila y su espada en la cama vacía, su chaqueta la colgó del respaldo de una vieja silla al otro lado de la estancia.
Cogió la llave y salió de la habitación, cerrándola tras ella.
El pasillo era estrecho, con habitaciones a ambos lados del mismo. Recorrió el lugar hasta que al fin dio con lo que buscaba: una puerta con el kanji de "mujer" grabado en la madera.
Nada mejor que una buena ducha para despejarse. Entró y, asegurando la puerta, empezó a desvestirse.
El agua cristalina le resbalaba por todo el cuerpo, moldeándose a cada curva hasta llegar al azulejo níveo a sus pies. El baño comenzó a verse envuelto en una capa densa de vapor, a causa del calor.
Enrolló una toalla seca en su cuerpo y, limpiando el espejo, se miró en él.
Pero no se vio a sí misma.
Por un momento le dio la impresión de que estaba alucinando, pero vio el cabello negro y rizado de esa mujer que parecía mirarle desde el otro lado. Distinguió sus ojos morados, y por último un pequeño punto rojo en su frente.
-Bosatsu… -susurró más para sí misma.
-Lamento molestarte ahora, cariño -se disculpó ladeando la cabeza- Veo que estás ocupada -añadió señalando la toalla. La ojidorada se recogió esta más firmemente. Luego preguntó, extrañada:
-¿Por qué estás aquí? Sanzo me lo explicó todo…
-No estoy aquí para aclarar nada, es más, voy a llevarme algo conmigo.
-¿Qué?
-Tus recuerdos… todo lo que sabes, lo que pasó y lo que pasará a partir de ahora…
-Pero entonces y… no podré-
-¿No podrás ayudarlos? No me hagas reír. Puedes ayudar a esos chicos incluso sin contar con esa ventaja.
-Probablemente… pero ¿y si les parezco una molestia? -preguntó con una sonrisa triste.
-Pues intenta no serlo, pequeña -el reflejo llevó una mano al cristal, traspasándola ante la mirada atónita de la joven- Tú misma sabrás lo que hacer… cuando se dé el momento -le aseguró acariciándole la mejilla- Sé fuerte, Ran Fujioka.
Cuando parpadeó, su reflejo había vuelto. No había ni rastro de la diosa.
Ni de sus recuerdos.
Volvió a su habitación, desenredándose el largo cabello enmarañado, mientras andaba perdida en sus pensamientos. Con un gruñido de desesperación, se echó de espaldas en la cama.
En ese momento llamaron a su puerta.
-Fujioka-san… ¿podemos pasar? -preguntó la dulce voz del de ojos esmeralda.
Recuperando su postura sentada, contestó:
-Entrad. Está abierta.
-¿Te encuentras mejor?
-Eh… sí…
-¿Y por qué esa cara larga? -Gojyo se sentó en la silla, con una expresión confusa.
-Es… solo… no pasa nada…
-Vamos… puedes contárnoslo si te sientes mejor… -le animó el de ojos verdes sentándose a su lado- ¿Es por tu hermana?
-Ahora somos compañeros de viaje… puedes confiar en nosotros, Ran.
-Es… esa diosa… vino a visitarme…
-¿Bosatsu? ¿Qué quería? –inquirió el más pequeño, intrigado.
-Borrarme la memoria. Yo… sabía demasiado sobre lo que podría pasar en el futuro... Ya sabéis, ella hizo alguna clase de experimento con nosotras… Una serie de imágenes que mostraban lo que pasaría a partir de ahora…
-Así te involucrarás más en el viaje –opinó el moreno colocándose el monóculo de forma correcta.
-Tiene sentido… pero sin duda nos habrían servido de ayuda… -añadió el hanyou.
-Pero, entonces ¿ya no me recuerdas, Ran? –preguntó Goku.
-Sí te recuerda, mono idiota. No has entendido nada…
-Goku, solo olvidé el futuro… y vuestros… -se calló como queriendo tragarse sus palabras, sabía que de algún modo incomodaría a los demás.
-¿Nuestros? –insistieron.
-Vuestros… pasados…
…..
Permanecieron unos días en la posada, recuperando las fuerzas para continuar.
Aprovecharon ese tiempo para aclarar cualquier duda a la nueva integrante. Le contaron el objetivo del viaje a grandes rasgos, aunque sabían que al principio sería difícil para ella.
-Y dime, ¿qué necesitas saber? -preguntó el moreno mientras se recolocaba el pequeño monóculo.
-Todo... quiero decir... ¿por qué estoy aquí? ¿Cuál es la amenaza que nos acecha? ¿A qué o quién nos tendremos que enfrentar?
Desde su lugar en la mesa, el monje suspiró, dio una calada a su cigarrillo y empezó:
-Hace años, Togenkyo era un lugar pacífico en el cual convivían humanos y youkais sin problema alguno. Pero entonces Gyokumenkoshu, amante de Gyoumaoh, un poderoso youkai sellado hace 500 años por el dios de la guerra, apareció con la clave para revivirlo.
-Para ello necesitan del poder en conjunción de todos los sutras, es decir, de todos los manuscritos sagrados, como el de Sanzo -continuó el ojiverde.
-Y por otra parte con ayuda de algún imbécil ha creado una onda negativa de energía que influye directamente en el comportamiento de los youkais, que acaban perdiendo el control sobre sí mismos -prosiguió Gojyo.
-A nosotros no nos afecta, porque no somos youkais completos -dijo el más bajo- Por eso debemos ser nosotros los que vayan al oeste a pararles los pies.
-Pero ¿cómo puedo ayudaros yo? Siento que no voy a poder hacer nada contra youkais...
-Shh... Nadie nace sabiendo -recitó el pelirrojo mientras pasaba un brazo por sus hombros- Te apoyaremos y te acabarás acostumbrando, ya lo verás -le aseguró guiñándole un ojo.
-Ya... espero que sea así... -murmuró no muy convencida, agachando la cabeza levemente.
-Sabes luchar, ¿verdad? Llevas una espada contigo... -preguntó Hakkai.
-Sí... en cierto modo... Pero nunca he usado una de verdad... siempre he practicado con espadas de kendo -aclaró la rubia.
-Bien, entonces lo que haremos será llevarte a algún lugar fuera del pueblo para que puedas practicar a tus anchas... Aquí sería demasiado peligroso...
Sanzo se levantó en su lugar, llevando con él su paquete de cigarrillos.
-Saldremos a primera hora -sentenció mientras se marchaba- No quiero perder más tiempo aquí.
….
Era ya la última noche que pasarían en el hostal. Sanzo no soportaba permanecer más tiempo allí, y se había encabezonado en salir lo más temprano posible el siguiente día.
El de cabellos escarlata cerró la puerta rápidamente, justo antes de recibir el impacto de una almohada.
-¡Ja ja, mono tonto, fallaste! –gritó a través de la madera.
-¡Cerraré la puerta con llave para que no entres, kappa! –se le escuchó decir, enfadado.
Se rio para sí:
-Y no podría estar más agradecido –murmuró pensando en la nueva integrante del grupo.
Desde que ella se les unió, había intentado acercársele una y otra vez, tocándole levemente el brazo, la mano, la mejilla,... insinuándosele de distintas formas, siempre provocando un sonrojo o un desvío de su mirada dorada. Digamos que la tenía a su entera disposición, de ello estaba seguro. Y ese mono le había dado la excusa perfecta para dar el paso definitivo. Una mueca de diversión se dibujó en su rostro unos segundos, imaginando el apasionado viaje que tendría a partir de ahora.
-Bueno, Ran... -ya frente a la puerta de la chica, posó sus nudillos sobre la madera, tocando suavemente un par de veces- Ya es hora de algo de acción...
Escuchó cómo se abría la cerradura y segundos más tarde la misma puerta, dejando ver a una cansada ojidorada. Se fijó en su cuerpo, tenía un pijama de tirantas y con pantalón corto, dejando al descubierto gran parte de su piel. A pesar de ser holgado, se dejaban ver sus prominentes curvas. Se relamió los labios.
-¿Gojyo? ¿Por qué estás aquí? -preguntó restregándose los ojos levemente.
-Goku me ha dejado fuera, y me preguntaba si podría pasar la noche aquí.
-Ningún problema, ya sabes que hay otra cama, claro que puedes dormir aquí...
-No pensaba precisamente en dormir, Ran...
Vio con satisfacción cómo su expresión se tornaba nerviosa, cómo sus mejillas se sonrojaban a la vez que se acercaba más a ella.
-Tienes que irte… esto no está bien, Gojyo… -replicó dando unos pasos atrás para apartarse de él.
-¿Lo dices por los demás? No me importa lo que piensen.
-Lo digo por mí, y por ti... esto no estaría bien de ninguna manera...
-¿Por qué?
-Ya sabes que...no recuerdo nada pero...estos días te he estado observando y...tengo la sensación de que te comportas como si nos debieras algo, y ahora vienes a mí por lo mismo. Y lo siento, pero no te voy a dar el gusto… puedes marcharte…
-¿Acaso vas a negar que sientas atracción? Ambos sabemos que la hay –susurró
-No estoy negando nada… pero tú… no pareces cómodo con todo esto…
-¿Y quién lo dice?
-Tu mirada, Gojyo... Tus ojos parecen tristes... En ellos... veo que no eres feliz con esto.
Le miró profundamente a los ojos, esos ojos que no parecían pertenecer a una humana, y, por primera vez en muchos años, se sintió vulnerable. Lo que había dicho, definitivamente, le había removido por dentro cual tormenta.
-Ran...
-Pero al fin y al cabo no te conozco… Haz lo que quieras si crees que es lo correcto, pero deja estar… lo nuestro -apartó su mirada, llena de decepción, a la vez que retrocedía unos pasos más hacia su habitación- Estoy agotada... voy a descansar... Buenas noches -fueron sus últimas palabras antes de cerrar la puerta tras ella.
-¿Qué cojones… ha sido eso?
Se dirigió afuera del local. Sacó el paquete de tabaco de su bolsillo trasero, sacó un cigarrillo con sus labios y buscó fuego sin éxito.
-Ahh joder debí dejarlo en la habitación…
Mientras miraba el cielo nocturno no podía dejar de pensar… Le acababan de rechazar… ¿por qué no estaba enfadado? Más bien estaba avergonzado.
Eso era extraño en él, o eso es lo que pensó por un momento. ¿Era verdad lo que había dicho ella?
"En tus ojos… veo que no eres feliz con esto."
Apretó los dientes, la había cagado pero bien.
-Mierda... soy un imbécil…
Se paró delante de su puerta, con los nudillos rozando la madera. Quería disculparse, pero no se atrevía a llamar. Ella debía estar enfadada. Se quedó ahí dejado caer en la pared hasta que se irguió para marcharse.
No dio ni tres pasos cuando escuchó la puerta abrirse.
-Ran… -murmuró sorprendido- lo siento… no quería molestar más… yo solo-
-Tonto… ¿Dónde vas a dormir? ¿En la calle? –le preguntó con ironía.
-¿No estás… enfadada?
-… -desvió la mirada unos segundos sin contestar- Goku no te dejará entrar, ¿a qué esperas? ¡Vamos! –exclamó impaciente, haciéndose a un lado para dejar paso al pelirrojo.
-Gracias… y lo siento… -dijo en un susurro, entrando a la habitación, aún incómodo.
-Has estado en la puerta mucho tiempo… sabía que querías decirme eso… así que… -levantó la mano derecha a la altura del pecho del otro- ya está todo olvidado. Empecemos de nuevo.
El hanyou vio cómo había vuelto a aparecer esa tímida sonrisa en el rostro de la chica, y en parte se sintió mal que se la dirigiera a él después de lo que pasó horas atrás. Suspiró aliviado y estrechó su mano con la de ella unos segundos. Aunque deseó que ese suave contacto durase algo más.
