Julio 2, 792

"Anoche tuve un extraño sueño, parecía ser un baile de esos de antaño, en el que los hombres vestían trajes con cola, guantes, sombreros y las mujeres largos y pomposos vestidos.

Trunks y yo bailábamos justo en medio del gran salón, sus hermosos ojos brillaban tal cual zafiros y ambos sonreíamos al tiempo que danzábamos alrededor. Al mirar al resto de los invitados me percaté que todos usaban lindas máscaras. Yo también tenía una en mi mano, era blanca con hermosa pedrería plateada, me la coloqué y le mostré a Trunks esperando que fuera de su agrado y que pronto él se pusiera la suya pero, en su lugar su sonrisa se desvaneció y me miró con decepción.

—¿Por qué me haces esto Ren?— me preguntó entristecido.

Soltando su máscara de color azul en el suelo, él era el único que no la portaba; no lo entendía, traté de quitarme la mía pero por alguna razón me fue imposible.
Él negó con la cabeza y me dejó en medio del salón, estaba enfadado, traté de alcanzarlo pero la multitud me lo impedía, al poco rato desperté con un gran sentimiento de culpa.

Culpa que quizá aun tengo por el secreto que retengo en mis labios cada vez que me pregunta si estoy bien. Y quizá es por ello que tuve ese sueño, por que yo también uso una máscara delante de él.

Sé que no está bien guardarle secretos a él, no a él que es mi mejor amigo, mi compañero de vida, mi amado esposo, no a él que es tan transparente y tan bueno conmigo. Más mi secreto lo guardo más por delicadeza que por engaño ".

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CAPÍTULO III

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Caminó hacia la oficina decidida a hablar con Trunks, pero un pensamiento la detuvo de repente: «¿Qué tal si los rumores eran ciertos y en realidad sucedió algo por lo cual su esposa se enamoro de otro?», agitó ligeramente su cabeza e hizo una mueca que reflejaba una gran confusión en su faz y tras ordenar su mente por unos segundos, continuó con el trayecto. Sin lugar a dudas Ren era una mujer muy apasionada, sin embargo en Mai no estaba el querer prejuzgar, pues ciertamente no sabía con certeza nada de lo sucedido.

Trunks le miró justo cuando se situaba bajo el marco de la puerta. De hecho no esperaba que rondará por la fundación y más cuando todo estaba más que perdido.

—¿Mai…?—le habló el muchacho con suave voz.

—S-Señor Brief, yo…—Mai le dirigió la mirada, estaba nerviosa.

Los orbes de Trunks, tan azules como el cielo estaban cristalinos. Si su intención era realmente el fingir su dolor, sus ojos por desgracia lo delataban.

El joven estaba totalmente afligido.

Era obvio.

Mai al mirarle se quebró por un momento, no negaría que era terrible verle en esas circunstancias. «Pobre, Señor Brief» E incluso olvidó todo lo que pretendía decirle pues la preocupación le llegó en ese instante y solo deseaba reconfortarlo.

—Adelante, pasa…—Trunks le ordenó con un leve movimiento de cabeza.

La muchacha entró a la oficina y cerró la puerta tras petición del muchacho.

—Seguramente ya escuchaste que Liam Raven…— pronunció el nombre del sujeto con un sentido coraje —Tomará las riendas de la fundación, por lo que me apena mucho tener que hacer esto pero, no podré ayudarte en el proyecto de «Una familia para todos», espero me comprendas.
No es que no quiera si no que sería sumamente incomodo para mi—suspiró finalmente.

—Entiendo, Señor Brief— contestó Mai —Entonces, ¿Dejará la fundación?

—Quizás sea solo por un tiempo en lo que logró clarificar todo este desastre.

Continuaba empacando las pertenencias de su esposa en cajas para luego encapsularlas, en tanto la mujer le seguía observando.

—¿Podrías hacerme el favor de sostenerlas un segundo?—preguntó Trunks refiriéndose a las cajas.

—C-Claro…—la de gabardina verde recibió una de ellas además de un par de cápsulas que tomó con la mano desocupada.

—Gracias, aún no las enumero y no quiero revolverlas.

—Descuide, no se preocupe.

Mai entre parpadeos continuaba mirándole; se pudo dar cuenta fácilmente que el joven intentaba aparentar que estaba bien pero, por lo agitado de sus movimientos y el rechinado de sus dientes demostraban que estaba un tanto perturbado por la situación.

Sin estar segura de que fuese prudente, pensó que tenía que cuestionarle cómo andaba de ánimos. Sabía bien que no podía hacer mucho por él, además llevaban relativamente poco tiempo de conocerse. Entretanto intentó romper el hielo y mostrar un poco de caridad a su afligida situación.

Por educación, preguntó:

—¿Se encuentra usted bien, Señor Brief?— al escucharse así misma la pregunta se le hizo absurda. Aunque ya era demasiado tarde para lamentarse pues las palabras ya habían salido de su boca.

El joven alzó la mirada hacía la mujer que tenía enfrente. Increíblemente hasta ahora era la única persona que se había atrevido a preguntarle tal cosa. Al verle a los ojos sentía que en verdad era sincera con él, pues era obvio que no había ni un grano de morbosidad en lo dicho sino más bien preocupación. Trunks respiró hondo y trató de relajarse. Por inercia jaló su silla y al sentarse colocó los antebrazos en sus rodillas. Asintió un par de veces ideando exactamente qué contestar.

—No lo sé— fue lo primero que su mente le exigió decir.

De forma espontánea recargó la cabeza en el respaldo de la silla y dirigió su mirada al techo mientras sus dedos bailoteaban en sus piernas con cierto ritmo que incitaban a la incertidumbre.

—Todo…Todo esta sucediendo tan rápido— su voz se quebró. Sin embargo no tuvo la fortaleza de mirar a la mujer, prefirió seguir observado el techo.

Mai al presenciar la escena de inmediato se le hizo un nudo en la garganta.

El muchacho suspiró sentidamente y sin tener más alternativas regresó su mirada en la mujer; no quería verse grosero ni mucho menos.

Sus ojos en ese instante proyectaban una serena resignación.

—Lo siento, Mai. En verdad agradezco todas tus atenciones es sólo que…—hizo un silencio y continuó—Aún no he podido digerir nada de lo que esta pasando.

La mujer se quedó sin habla, exactamente no sabía que decirle pues de forma natural brotó en ella un sentido de urgencia por tratar de hacerle sentir mejor, e incluso decir cualquier cosa que lo animara.

—Señor Brief yo…

—¿Sucede algo, Mai…?

Pero inesperadamente interrumpieron su charla al escuchar que azotaron la puerta de la oficina de par en par.

—¡Trunks, tienes que ver esto! ¡Están hablando de Ren en las noticias!.

—¿Eh?

Ambos adultos observaron que Risa entró inadvertida con control en mano y a prisas encendió el televisor que estaba incrustado en la pared.

Trunks le observó desde la silla pues en verdad no comprendía el porqué de su actitud. Mai entretanto aún se mantenía con la caja en sus manos.

Risa para captar completamente su atención subió de manera brusca el volumen del aparato.

—¡Escuchen esto…!—expresó alterada.


»Sentimos pena por la perdida de la familia Brief. Pero como medio informativo nos sentimos con la obligación de desenmascarar la verdad. Muchos se han preguntado cuál fue la misteriosa razón que orilló a Ren Brief a ceder todos los derechos de la fundación más importante de la Capital del Oeste al conocido empresario de Global Enterprises Liam Raven, en lugar de hacerlo a su fundadora original Bulma Brief o a su esposo Trunks Brief.

En un inicio se había dicho que se debía al hecho de que el Sr. Raven era uno de los principales donadores de dicha fundación. Pero otras fuentes afirman que fue por la fuerte amistad que había entre los dos; entre bocas se ha llegado a sostener que ambos eran protagonistas de un amorío»

Los ojos azules se estrecharon enmarcados por un ceño fruncido cargado de cólera.
El reportaje continuaba:


«Pero para tener veracidad de los hechos, nuestros investigadores se dieron a la tarea de descubrir la verdad que encierra este particular caso. Por medio de información recopilada de distintas fuentes y tras varias entrevistas a varios conocidos que por ética no diremos sus nombres. Finalmente tras un vídeo enviado a nuestras oficinas de manera anónima, llegamos a la conclusión de que en efecto la Señora Ren Brief y Liam Reaven eran amantes…»


»¡N-No puede ser!—pensó Mai para sí misma entre parpadeos. Estaba impactada.

Ni siquiera podía imaginarse como se sentiría el joven ante tremendo chisme de televisión. Por ello se limitó a mirar a Risa que no dejaba de observar la expresión de Trunks.

El viudo solo agachó el rostro y una sombra fúnebre se pintó en su frente, sus manos apretaban la tela del pantalón por la rabia que sintió tras haber escuchado la noticia.

Sin embargo, a Mai algo no le cuadraba de todo, pues de alguna forma sentía que Risa había hecho esto con un oscuro propósito. Era ilógico que alguien como «Ella» sabiendo por el duelo que pasaba el Señor Brief, incrementara de manera inoportuna su dolor.

»¿Por qué rayos haces esto, Risa?—se preguntó Mai tras fruncir el ceño.

Y más preguntas surgieron al respecto.

»¿Qué pretendía la Señorita Ren con hacerle algo así al pobre muchacho?

Al instante la pantalla se llenó de fotografías de la supuesta pareja que posaban juntos en los diferentes eventos de caridad. Éstas hacían notar la forma tan confianzuda en la que el rubio colocaba la mano en su cintura, en su espalda, e incluso se observaba el cómo de manera natural le hablaba al oído.

Los encabezados de la noticia hacían énfasis en las cortinillas que salían en la parte superior de la pantalla:

«¡ESCONDÍAN UN SECRETO!»

«¡ESTABAN SUMAMENTE ENAMORADOS!»

La reportera afirmaba que testigos los habían visto dedicarse caricias y besos en los últimos eventos e inclusive se mostraron fotografías en donde la pelirroja bajaba de la limosina de Liam Raven justo frente a las puertas de Global Enterprises, acompañada por el mismo empresario.

Todo parecía indicar que lo que decían los medios era verídico. Pero el punto más importante del reportaje se dio cuando finalmente sacaron a relucir el vídeo que habían obtenido por fuentes anónimas.

Cuando el vídeo corrió, se observaba a ambos sujetos en espera del servicio de elevador. La escena fue filmada en el famoso y prestigiado hotel de la Capital del Oeste «Paradise». Recientemente en la edificación se había realizado un gran evento de altruismo días atrás.
En el video primeramente se veía a Liam Raven de buen vestir atender una llamada telefónica desde su dispositivo móvil. El popular empresario de Global Enterprises terminó su llamada y en seguida se le veía sonreír coqueto hacia enfrente. De esa manera extendió su mano e invitó a bordar a la mujer de cabellos rojos y abrigo blanco segundos antes de que las puertas del elevador se cerraran. El rubio se apresuró a presionar el botón de urgencias para que éstas se sellaran por completo. Y justo cuando ascendieron al piso número 39 del «Paradise»; comenzaron a besarse de manera desesperada.

La televisora se encargó de convencer a su público de que no tenían dudas que la mujer de cabellos rojos y abrigo blanco era la Sra. Brief e hicieron hincapié sobre el abrigo y el peinado que había utilizado el día del evento.


»Como pueden observar, Ren Brief lucía un elegante vestido rojo…—continuaba la reportera con su nota.
Trunks en tanto examinaba a detalle la escena. La mujer traía el cabello recogido en un chongo alto; peinado que su mujer generalmente usaba en eventos de esa índole. De inmediato conoció muy bien el abrigo largo que en el video Raven había dejado caer mostrando el elegante vestido.


El joven estrechó la mirada y la televisora dejó de reproducir el video por «Respeto a la finada y al empresario».

Pero siendo muy particular de los medios de comunicación, ya habían hecho el mal con su reportaje amarillista. Al fin y al cabo habían obtenido sus respectivas regalías por la exclusiva.

Mai se encontraba furiosa, ¿Cómo era posible que hicieran algo tan cruel? no sabía que decir o hacer para que el Sr. Brief dejara de ver el programa que desde su punto de vista parecía simplemente querer ganar audiencia, ¿Pero por qué de esta forma? Que no pensaban en lo que el Sr. Brief sentiría al ver tan inapropiadas evidencias.

—Lamento mucho que te enteraras de esta forma, Brief— una varonil voz se dejó escuchar en el marco de la puerta.

—S-Señor Liam Raven— Risa cubrió su boca en señal de sorpresa.

El apuesto hombre se presentaba vestido elegantemente de luto; la frescura en su rostro le hacía saber a Mai que no era una persona que había pasado noches sin sueño. En su semblante no se denotaba ni la más mínima pizca de tristeza. Sin comprender el porqué, dedujo por simple apariencia que el tono de su voz desprendía cierta burla.

»Que tipo tan más nefasto—pensó la de gabardina verde.

Trunks en tanto se levantó súbitamente de su asiento.

—Por favor, déjenos solos— solicitó de forma seria.

Las dos mujeres se encaminaron hacia la puerta a paso apresurado; Raven alzó el tono de su voz para dejarse escuchar fuera de la oficina en donde la gente comenzaba a agruparse.

—No es necesario… Creo que ha llegado el momento de que te retires de mi oficina.

Mai frunció la mirada. Corroboró entonces que ese hombre era un verdadero cretino, ahora no le cabía duda que su visita había sido con afán de molestar y burlarse del víudo.
Tratando de contener el coraje el de ojos azules frunció el entrecejo, metió en el bolsillo del pantalón la última cápsula que le faltaba por guardar y reteniendo todas las palabras que quería decirle a Raven lo pasó de largo y se dirigió hacia la puerta. Sin embargo, el rubio extendió su mano bloqueando su camino.

—Esas cápsulas no te pertenecen—le dijo con exquisita soberbia.

—¿De qué demonios estas hablando? ¡Son las pertenencias de mi mujer, maldito!— el joven explotó empuñando el cuello de la camisa de su contrincante.

Varias cámaras presentes que habían pasado inadvertidas hicieron acto de presencia con sus concurridos flashes.

Mai apretó con fuerza entre sus dedos las dos cápsulas que Trunks le había dado al momento de entregarle las cajas. Viendo las circunstancias le pareció prudente guárdalas en el bolsillo de su gabardina para luego entregárselas.

Al instante dos uniformados separaron a los hombres que poco les faltó para agarrase a golpes. Los policías entre el barullo de la gente y la luz incandescente de los flashazos, pusieron las manos de los hombres detrás de sus espaldas advirtiéndoles que si no se calmaban esposarían sus manos y los llevarían presos a ambos.

Un hombre de forma espontánea se presentó como el abogado de Liam Raven explicando que todo lo que se encontraba en el edificio le pertenecía ahora al dueño de Global Enterprises así como los cargos que podrían presentar en su contra en dado caso de no acatar lo declarado por la ley y por atentar contra la integridad del Sr. Liam Raven.

El joven viudo se soltó de los hombres bruscamente y con despreció arrojó las cápsulas que tenía en sus manos, cayendo ambas en el fondo de la pecera que adornaba ahora su ex oficina pues bien sabía que las cápsulas eran vulnerables a descomponerse al tener contacto con el agua. Fue así que después de haber hecho tal acción continuó con su camino, pero antes de que saliera por la puerta, Liam no pudo dejar pasar la oportunidad de humillarlo una vez mas.

—Que te quede bien claro que nada en esta oficina te pertenece, Brief—de forma burlona encogió sus hombros junto con el abrir de la palmas de sus manos y terminó su frase con:—Ni siquiera tu mujer.

Todos los presentes abrieron sus ojos de par en par por tan atrevida y sugerente afirmación a expectativas de que Trunks perdiera la cordura. Pero al muchacho le tomó toda milésima de sensatez para no cometer una imprudencia; empuñando sus manos y rechinando sus dientes salió de lo que había sido la fundación de su madre y su esposa.

La mayoría se quedó anonadado, esperando una explicación por parte del nuevo administrador.

—Señores—carraspeó el rubio tomando la palabra—De ahora en adelante las cosas se van a hacer a mi manera, el que quiera quedarse puede hacerlo y el que no, las puertas están abiertas— señaló y se encerró en su nueva oficina.

Eva negó con la cabeza siendo la primera en salir de la fundación seguida de unos cuantos. A Mai le tomó un par de segundos reaccionar, todo había sucedido tan rápido.

—Dios…

Sintió pena por el Señor Brief y se percató que aun tenia las cápsulas en su bolsillo.

—Las cápsulas…—murmuró

Sin querer llamar la atención de los presentes salió de la oficina de prisa para darle alcance al joven viudo.

Sin saber en donde encontrarlo, dudó sobre qué rumbo tomar, si ir a la izquierda o hacia la derecha. La muchacha se encontraba justo en la acera de la banqueta volteando inquieta para ambos lados.

—¿Le estas buscando?— preguntó Eva que parecía esperar su medio de transporte en la esquina de la calle.

Mai sorprendida asintió con la cabeza.

—Tengo algo que le pertenece— le mostró las cápsulas en sus manos —Quizá prefiera usted entregárselas, Eva.

La mujer negó con la cabeza mostrándose un brillo en sus ojos, de ahí una lágrima rodó en su mejilla y contestó.

—No Mai, las dejaron en tus manos. Tú debes entregárselas— se limpió las lágrimas —Me duele tanto lo que esta pasando con la fundación. Me duele lo que le han hecho a mi niña—se refería a Ren— lo que le hacen a mi querido Señor Brief, ¡No se lo merecen!—se quejó con sentimiento—No hay mucho que yo pueda hacer por ahora, por ello te pido que por favor cuides del Señor Brief, tengo miedo que vaya a hacer una locura.

»¿U-Una locura?

Mai se apenó por lo que Eva le proponía: cuidar del Señor Brief.

¿Cómo podría hacer tal cosa si apenas y lo conocía?

—Todos las noches a las 8pm va al cementerio a visitar a mi niña, le deja un ramo flores y se está ahí durante un rato. Esa hora era muy especial para ambos, pues cuando eran novios se reencontraban en sus citas justo a la misma hora—de manera imprevista sacó de su bolsa de mano lápiz, pluma y anotó unos números—Este es el lugar, ahí podrás encontrarlo— le entregó a Mai una nota con la dirección del lugar.—Anteriormente pensaba que era mejor dejarlo solo pero, ahora siento que realmente necesita de una buena compañía, de una buena amistad que no lo deje perderse en toda esta miseria.

Mai no comprendía del todo lo que Eva le proponía y en lo que trataba de cabilar la información la mujer mayor la reprendió.

—¡Anda, date prisa niña, no lo pienses tanto!. Ayuda al Señor Brief en lo que necesite. Vete, vete—hacia un singular movimiento de mano—Ya falta un cuarto para las 8pm, si te apresuras llegaras puntual.

Mai asintió.

—S-Sí.

Con muchas dudas al respecto se dirigió corriendo hacia la dirección indicada.

Aún no se oscurecía del todo. El cielo se encontraba partido en dos tonalidades distintas: rojizas y azules. Éstas de manera natural se intensificaban en el firmamento. La mujer caminaba debajo de esta bella imagen que regalaba la bóveda celeste mientras con sus botas pisaba las crujientes hojas otoñales que sin vida aún decoraban los andares.


Finalmente llegó a su destino. En tanto un escalofrío le recorrió el cuerpo al observar lo grande y solitario del lugar; el aire resoplaba y jugaba al elevar su largo cabello negro con el resto de algunas de las hojas secas. Sin duda los cementerios no eran sus lugares preferidos. Abrió la enorme reja que soltó un espeluznante rechinido y caminó sin rumbo fijo.
Abrazándose así misma y frotándose los brazos para apaciguar el frío, continúo buscando con la mirada al joven de aura azul. Le tomó un par de minutos pero finalmente lo divisó a unos cuantos metros.

»Trunks…—susurró su nombre.

Mai dudó en hacer acto de presencia y mientras tanto se mantuvo detrás del tronco de un árbol; en él se recargó para presenciar la imagen.

El muchacho de cabellos azules estaba parado justo frente a la lapida de su mujer; ante tanta pesadumbre y oscuridad él destacaba. Su imagen era imponente pese a la tristeza y el dolor de cargaba en su faz.

El apuesto viudo vestía de negro, portaba aún su vestimenta formal de oficina: pantalones de lana y una camisa a medio planchar que usaba con los puños enrollados a los codos. En su espalda cargaba lo que parecía ser una espada guardada dentro de una funda roja. Mai abrió los ojos de par en par al percatarse del arma, y observó con detenimiento cada uno de sus movimientos.

El muchacho parecía estar envuelto en sus propios pensamientos, en su mundo. Mai lo apreciaba con tal atención que, logró advertir un movimiento en sus labios, era casi imperceptible pero parecía que él hablaba con «lápida» en suaves susurros. Mientras tanto el viento acariciaba su sedoso cabello azul, revolviéndolo de un lado a otro como si el mismo viento estuviese tratando de proporcionarle consuelo.

Regalándole una caricia.

Trunks alzó el rostro hacia el cielo. El reflejo de la luz lunar permitió apreciar el brillo de sus lágrimas que formaban un trayecto en sus mejillas.

—¿Qué voy a hacer Ren?

Mai juró poder leer sus palabras a distancia.

—Lo que dicen de ti me duele… me duele mucho Ren….¿Por qué no me dijiste nada al respecto? Pensé que….

El joven se hincó en el suelo bruscamente, sus manos se sostenían contra el suelo húmedo; apretaba los dientes reprimiendo su llanto que le exigía salir.

—Sin ti me siento perdido…—dijo entre sollozos— No le encuentro ningún sentido a nada, Ren—negaba con la cabeza

Al secar sus lágrimas se reincorporó manteniéndose nuevamente sobre sus rodillas. Cerró sus ojos tratando de calmarse mientras respiraba hondo, «Inhalaba, exhalaba» Al mirar por eternos segundos la lápida, extendió sus brazos con la espada en sus manos de manera horizontal, seguro de lo que iba hacer.

—Perdóname…—murmuró.

Y finalmente con el ceño fruncido en su faz, desenfundó la arma de un jalón; la hoja provocaba un distintivo sonido debido al filo.

»¡¿Q-Qué hará, Señor Brief?!

La de gabardina militar abrió los ojos de par en par asombrada por la escena que estaba por presenciar.

—¡No lo haga!— gritó saliendo de su escondite. De inmediato se abalanzó sobre él para quitarle el arma.

Trunks quedó perplejo al escuchar que la mujer le repetía una y otra vez que no lo hiciera.

»¡Deténgase, no lo haga!

»¡No lo haga!

Entre forcejeo ella trataba de explicarle que todo debía de tener una explicación, que para todo existía una solución a los problemas. Trunks al percatarse de que no se trataba de un extraño oponente recibió un golpe por parte de la mujer en la quijada. Eso ocasionó que el muchacho soltara el arma y Mai terminó en el suelo abrazando la espada hacia su pecho.

—¡No lo haga, Señor Brief!—insistió con cierto dolor.

La aguerrida mujer tenía su rostro cubierto de lágrimas y el joven la miraba vacilante.

—¿Mai…? ¿P-Pero…?

—¡Por favor, no lo haga!.

—¿De qué estas hablando, Mai?

—Por favor no se quite la vida, yo sé que esta pasando por una etapa muy difícil pero ¡Eso no solucionará nada!—le gritó.

El muchacho se sobaba la quijada comprendiendo lo que Mai pensó que estaba a punto de hacer en ese instante. Más por su heroica reacción sintió la necesidad de darle una explicación al respecto. Se levantó del suelo, se sacudió el polvo del pantalón y le tendió una mano a la mujer para ayudarle a levantarse.

—Te equivocas, Mai—echó un suspiro—Mi intención no era suicidarme ni mucho menos— el joven torció los labios con tristeza.—¿Qué haces aquí, Mai?

La muchacha parpadeó un par de veces desconcertada.

—Ah… ¿no?…— preguntó al limpiarse las lágrimas.

El muchacho negó con la cabeza anticipándole su posible respuesta. De momento extendió su mano y exigió que le entregara su legendaria arma.

—L-Lo siento, señor Brief. Creo…creo que cometí un grave error—se disculpó por malinterpretar la escena mientras le entregaba su espada.—Yo…yo solo vine porque pensé que necesitaba estar en compañía.

—Descuida… de todas formas te agradezco por preocuparte por mí—clavó su mirada en ella.

—¿Sabes Mai..?

—¿S-Sí?

—Lo que en realidad intentaba hacer era dejarle mi espada a Ren.

—¿P-Por qué, Señor Brief?—preguntó la mujer sin realmente comprender.

—Porque no soy digno de portarla más.

—No, no diga eso. Usted es una persona muy valiente, de buen corazón.

—Es que…con mi espada prometí proteger a los débiles, a mis seres queridos pero…—cerró los ojos y esbozó—Ni siquiera pude proteger a la persona que más amé en mi vida.

A Mai no le pareció suficiente la explicación pues en verdad la escena daba para pensar mucho más «¿Será que en verdad no pretendía suicidarse?» Al seguir observando al muchacho reconoció la tensión en sus manos mientras guardaba la espada en una cápsula.

—¿Me darías unos minutos, por favor?

La mujer asintió, se alejó un poco para darle un momento a solas. Se sentía realmente avergonzada por lo que acababa de suceder. Solo esperaba que el Señor Brief no se sintiera ofendido por sus prejuicios.

»Que tonta fuiste, Mai.

Trunks frente a la lápida, parecía hablar mentalmente con Ren. Sus labios susurraban como si estuviese orando.

»¿Sabes Ren?...Nunca podré olvidar cosas tan sencillas como el día de tu cumpleaños o cuando nos conocimos o...cuando te casaste conmigo; todas las cosas que hiciste por mi, Ren, son y serán por siempre especiales. Te habrás ido de mi vida pero…nunca de mi corazón, jamás.

Al pasar unos instantes juntó sus labios a la cápsula que comprimía su espada y después de tal acción, la colocó junto a la lapida de su mujer.

»Ya no la necesito más…

Se dio la media vuelta y se acercó a Mai.

—En verdad lo lamento, Señor Brief—expresó sus condolencias cuando tuvo al muchacho de frente.

—Tranquila, Mai…Estoy bien.

—Señor Brief …

—¿Qué sucede?

— Por la impresión de todo este malentendido olvidé que quería entregarle las cápsulas que le pertenecen.

—Oh…ya veo. Gracias— dijo un tanto cortante, recordando el mal trago que había acabado de pasar por dichas cápsulas.

—No, no es nada— dijo un tanto tímida.

—Paso a retirarme, Mai. Agradezco mucho toda tu ayuda. Suerte — con el semblante entristecido, le ofreció una mal trazada sonrisa en señal de lo que parecía ser una despedida.

—I-igualmente para usted— hizo una leve reverencia y el joven se dirigió hacia la salida.

Mai decidió quedarse un rato para orar un poco, quería mostrar respeto a la finada. Se paró frente a la lapida y leyó lo que en ésta decía.

«En tus manos siempre existirá la esencia que impregné en ti»

Suspiró largo al ritmo que una lágrima brotó por su mejilla.

—Ren, ¿Qué fue lo que pasó realmente?—le cuestionó a la tumba—¿Sabes? Me siento realmente ridícula por estar llorando…— se limpió las lágrimas —Después de todo y a pesar del poco tiempo de haberte conocido me removiste demasiado y en verdad espero que… a pesar de todo… descanses en paz…— hizo una reverencia y en seguida buscó el camino hacia la salida.
Una vez estando en la puerta miró al azul conducir su motocicleta sin casco alguno. Él había llegado al semáforo rojo y esperaba la señal de la luz verde para continuar en su trayecto.

—Qué ocurrente manejar sin casco.

Mai negó con la cabeza en desaprobación pero de momento un auto negro llamó particularmente su atención. Pues un dejavú y un escalofrío le recordó que el auto se parecía bastante al de esa terrible noche.

—Ren…—susurró el nombre de la mujer al estar segura que era el mismo coche del accidente.
Asombrada y al mismo tiempo con la idea de que quizá su mente le estaba haciendo una mala jugada, desencapsuló su motoneta a línea de calle. Cuando el humo se disipó montó el vehículo y de forma inmediata se colocó el casco de seguridad; decidió seguirles para corroborar sus sospechas.

—Esto no pinta para nada bien—aceleró.

Trunks en tanto conducía a una velocidad moderada pues se encontraban dentro de la ciudad, dio vuelta a la derecha y después a la izquierda.

Mientras tanto el auto negro iba detrás del viudo a una breve distancia con luces de neón. Mai conducía varios autos atrás de éste. Pero después de varios minutos y varias vueltas, el joven estacionó la motocicleta justo enfrente de una vinatería.

Bajó de la motocicleta y entró al establecimiento.

El auto negro se detuvo; Mai también hizo lo pertinente, encapsuló la motoneta y trató de acercarse con discreción con la finalidad de reconocer al hombre que conducía.

Se acercó lo suficiente para poder ver quién era el hombre que hablaba por un teléfono celular, sin embargo grandes gafas cubrían su rostro.

—Maldición…—mostró sus dientes tras el fallo.

Pero la situación se compuso a su favor después de breves segundos. Pues el viudo salió del local con un par de bolsas de papel, las guardó en una cápsula y subió a su moto; continuó su camino.

El hombre sospechoso emprendió marcha. Ahora no tenía duda alguna de lo que en verdad estaba pasando.

—¡Lo sabía, lo están siguiendo!—dijo con preocupación; aceleró sin importar el exceso velocidad..
De momento se escuchó la campanilla de una bicicleta a su paso. Ésta intervino distraída en el carril de la mujer pero en el sentido contrario.

A Mai le fue inevitable frenar; así que ambos conductores se vieron a los rostros y gritaron mientras controlaban sus manubrios.

»¡NO, NO,NO!

»¡AAAAHHHH!

Todo pasó tan rápido pero Mai por fortuna pudo esquivar a la bicicleta, en tanto ésta salió barrida contra el suelo.

—¡LO LAMENTOOOOO!—gritó la mujer al voltear un poco hacia atrás mientras seguía con la persecución.

—¡Oye, fíjate por donde pasas!—externó el dueño de la bicicleta con ambas manos arriba en pos de reclamo—¡Vueeelveeee!

La de gabardina sintió un vuelco en el corazón por el accidente pero por suerte no había pasado a mayores.

Al pasar por una estación de gasolina el hombre del auto negro bajó la ventanilla para solicitar el servicio de llenado; retiró sus gafas.

—Tanque lleno—le dijo al trabajador—¡Y rápido que llevo prisa!.—el sujeto sacó su teléfono celular e hizo una llamada, tal parecía que daba cierta información. Éste irresponsablemente mientras charlaba mantenía un cigarrillo en mano.

Y justo bajo esa escena fue que Mai a cierta distancia vio el rostro del hombre.

—No…No puede ser...—sus ojos se abrieron de par en par.

Pues descubrió que ese hombre rudo era el mismo que había tratado de secuestrar a Ren días antes del accidente.

Al percatarse que tanto ella como el sujeto habían perdido la pista del Señor. Brief, Mai decidió encaminarse a su departamento.


Una vez en casa la mujer tomó una ducha caliente, había sido un día por de más estresante.

—Dios…—esbozó de cansancio al aplicar crema humectante en su piernas frente al espejo mientras lucía ropa interior en colores negros.

De ahí se vistió cómodamente con solo una camiseta blanca. Fue hacia la cocina y se preparó un Sandwich que acompañó con vaso de té de flores.

Al terminar de cenar se fue a la comodidad de su cama; encendió el televisor. Mientras en las noticias de noche aún permanecía la nota del escándalo que protagonizó Liam Reaven, su mente divagó con los sucesos del día, pues ciertamente no podía dejar de pensar en el Señor Brief.

—Trunks…

Estaba preocupada.

Sin más dirigió la mirada hacia el buró. Y justo observó que ahí permanecía el diario de la mujer que la había envuelto en todo este embrollo.

—Ren...—susurró su nombre.

»Cuídalo mucho, Mai.
Recordó la imagen de la muchachita que entre lágrimas y una débil sonrisa le hacía una encomienda.

»Cuídalo mucho, Mai…cuídalo…

Sin poder soportar la tentación tomó el diario y lo trajo consigo; recargó la espalda en la cabecera de la cama. Abrió el libro y comenzó a leer, pues pensó que entre líneas existirían algunas respuestas para todas sus dudas.

Escaneó rápidamente algunas páginas en donde Ren hablaba de algunos proyectos que tenía; de gente que conocía, de sucesos en su vida que eran muy significativos para ella. Ciertamente no había ni una sola página en la que no hablara de Trunks.

Se notaba que lo amaba demasiado.

Sin embargo, un párrafo específicamente llamó su atención. Quizá se debía por el contenido y la explicación de lo que parecía ser la manera en la consolaba a su adorado esposo para animarle.

Y leyó.


Hoy ha sido un día muy difícil para Trunks, puedo notarlo inmediatamente en el tono de su voz. Él intenta pretender que no es así pero, lo conozco lo suficiente como para saberlo a pesar de la distancia. Sé que está triste.

Desde hace tres días que esta en un viaje en la Capital del Norte con la finalidad de volver a constituir la Corporación Cápsula pero, por una u otra razón las autoridades pertinentes lo han hecho demasiado complicado. Papeleo, permisos, cuotas, es como si no quisieran permitir la re-inaguración de la Corporación.

Para él significa demasiado, lo sé. Es el legado de su familia, de su abuelo, quien tengo entendido trabajó mucho para lograr que fuese la más importante Corporación dedicada al desarrollo de tecnología e investigación.

Y Trunks siempre me ha dicho:

—«La misión de la Corporación Cápsula es crear tecnología que ayudé a los seres humanos; encontrar soluciones factibles a los problemas del mundo. Hacer de este mundo un mundo mejor…»

El brillo en sus ojos al hablar de este tema es el reflejo de la pasión que siente por ayudar a los demás y el hecho de que no se lo permitan sé que le hacen sentir frustrado.

Y él no se merece sentirse así.

Trunks es muy noble y se ha sacrificado tanto por la gente de este planeta.

Estoy segura que si supieran la verdad, le permitirían cumplir al menos ese pequeño deseo. Sin embargo nunca ha querido ser reconocido como el héroe que es, al contrario prefiere esconderse tras la faceta de un hombre común y corriente. ¡Y no lo es! Él no entiende que a pesar de lo que aparenta nunca podrá dejar de deslumbrar.

Algunas veces se exige demasiado como si nunca fuera suficiente tanta perfección que le compone, tanta nobleza y valentía.

Me preocupa bastante, quisiera que él se viera como yo lo veo: el mejor hombre del mundo, que se dé cuenta de lo especial que es.

Quisiera poder estar a su lado en estos momentos, poder consentirlo, apapacharlo, hacerle sentir mejor; poder prepararle «el té chai perfecto» como él le llama, con un chorrito de vainilla, un ligero toque de crema y una cucharada de azúcar para endulzar el paladar.

Quisiera sentarlo en el sillón y abrazarlo por detrás para darle calidez, acariciar su pecho, darle un masaje en el cuello, en sus hombros, esperando a que ladeé su cabeza de un lugar a otro en señal de que es de su agrado.

Quisiera reconfortarlo entre mis brazos con un fuerte abrazo, recargar mi rostro en su cuello y susurrarle al oído que todo estará bien, que el lograra superar todo lo que se interponga en su camino.

Quisiera poder darle el amor y el ánimo que sé que necesita en estos momentos, ayudarle a relajarse, a sentirse seguro, enrollar mis dedos entre sus cabellos lacios y acariciarle suavemente con un ritmo pausado hasta que se quede dormido en mis brazos y entonces disfrutar de su imagen de inocente niño aunque en realidad es un fuerte guerrero.

Pero hasta el más fuerte guerrero necesita del amor de su compañera, alguien que no lo deje perderse en la lucha entre el bien y el mal, alguien que lo cuide, que lo anime a seguir adelante, que no lo deje dudar.

Quisiera en este momento estar a su lado y ayudarle a sentirse mejor, pues estoy segura que, a pesar de las adversidades encontrará la manera de lograrlo, él encontrará la forma de traer a la Corporación Cápusla de vuelta. Le pese a quien le pese."


Mai cerró el diario recordando lo enorme que era la Corporación Cápsula durante sus años de esplendor antes de la llegada de los androides. Entonces comprendió cómo pudo haberse sentido el muchacho ante todas las negativas.

Después de dar un largo bostezo se arropó en su cama y dejó el diario en su mesita de noche, apagó la luz de la lámpara y se dispuso a dormir.

El día duró lo que dura un suspiro; nada. ¿Qué hace que había despertado? Durante su día hizo sinfín de quehaceres en su departamento desde lavar ropa, limpiar baños, pisos, cocina y mucho más. Ahora justamente se encontraba sobre la banqueta con un puñado de bolsas en las manos, pues tuvo que salir hacer unas compras para abastecer su despensa. Solo deseaba llegar a su hogar para prepararse una rica cena y de paso quizás ver una película en la televisión.

La mujer caminaba a prisa. Obstinada por querer ir hacer el «mandado» sin su motoneta, no fue cuando empezó a sentir el peso de las bolsas cuando se arrepintió de hacer salido sin su vehículo.

—Rayos…—continuó con su andar.

El mini súper al que acudió hacer su despensa quedaba ciertamente no muy lejos de la fundación. Y por la cercanía de la zona le fue inevitable no recordar al Señor Brief.

»¿Cómo andará de ánimos, Trunks?—se preguntó a sí misma.

Conforme más avanzada las calles estaban más oscuras e incluso más vacías que lo acostumbrado. Por ello le dio el visto a su reloj de mano pensando que quizás ya era muy tarde.

—Son las 8pm—le dijo a la nada y continuó.

El ambiente estaba cubierto de neblina. El cielo era levemente iluminado por la oscura Luna Roja «Mal augurio» pensó la mujer de gabardina azul al sentir una fría brisa en sus mejillas. Ésta se detuvo un momento para agarrar fuerza en sus sus brazos y continuó con su camino, solo que más a prisa pues ciertamente comenzó a sentir un poco de miedo.

Escuchaba sus propios pasos al caminar sobre las banquetas, por lo que fue evidente escuchar otros pasos al frente suyo.

—¿Eh..?—elevó la mirada.

La persona caminaba despacio, ésta lucía aparentemente un porte cabizbajo. Por su complexión y estatura dedujo que se trataba de un hombre joven. Finalmente después de unos cuantos pasos el sujeto recargó su espalda sobre el muro de un edificio abandonado; mantenía la cabeza baja y una de sus manos se postró en su frente a tal grado que no se apreciaba el perfil de su rostro. El joven parecía un tanto desorientado, quizá perdido.

Mai trataba de reconocerle con la intención de percibir si era alguien de quien tenía que tener cuidado o alguien que realmente necesitase ayuda.

Conforme se iba acercando se percató del color de su cabello pues poco distinguió que de su cabellera brotaban mechones azules.

»¿S-Señor Brief…?—pensó para sí misma con cierta sorpresa pues le reconoció una vez que bajó su mano y permitió ver el brillo en sus ojos producto de sus lágrimas.

La mujer tuvo un momento de duda mientras se mantenía a distancia; no sabía si acercarse demasiado o no.

De manera infraganti un auto negro pasó a su lado dirigiéndose al aturdido joven; el vehículo hizo acto de presencia con el rechinido de sus llantas. Las luces altas alumbraron al instante la figura del muchacho. Trunks al sentirse encandilado se cubrió el rostro y frunció su mirada tratando de reconocer al conductor pero éste amenazante hacía rugir el motor pisando a fondo el acelerador.

»¿Qué está pasando?—pensó la mujer al presenciar las escenas.

Un presentimiento de alguna forma le alertó e hizo que lo que su corazonada le dictó en ese instante. En escasos tres segundos gritó:

—¡Señor Brief, corra!

El muchacho corrió de prisa tratando de perder a su agresor. Mai soltó las bolsas del mandado y los articulos rodaron por los suelos; ella corrió tan rápido para alcanzar al muchacho y todo con la finalidad de ser de ayuda. Sin embargo al dar vuelta al final de la calle los perdió de vista.

—¡¿Q-Qué es todo esto?!—a como puso se sostuvo de una barda e inclinaba el cuerpo hacia enfrente.

Jadeaba.

»Aaah…

»Aaah…

Con la mirada buscó para todos los lados; la neblina simplemente no ayudaba pues cada vez era más espesa.

—¿Dónde está Señor Brief?

Perdida sin saber qué rumbo tomar escuchó pasos detrás suyo. Mai dirigió su vista enseguida y divisó la sombra de un hombre que se acercaba siniestramente hacia ella.

—¿Q-Qué…?

Entre penumbras se escuchaba al sujeto reír macabramente. Fue entonces que la mujer se sintió en un gran peligro.

Sin pensarlo mucho corrió de prisa tratando de escapar. Intentó dar vuelta en una esquina pero al instante se percató que alguien más le esperaba, parecía un sujeto que tenía una escopeta en manos. El distintivo sonido al cargarla para disparar le provocó un escalofrío.

—Esto no puede ser…—negó nerviosa mientras sus pupilas se dilataban.

Repentinamente le deslumbraron los faros del auto negro, que se encontraba detrás suyo. Y así, ella quedó en medio de tres sujetos que desconocía. Sentía que sus intenciones estaban lejos de ser buenas, miró hacia todos lados tratando de encontrar una escapatoria y entonces reconoció que la calle estaba cerca de la fundación.

Antes de idear un plan para escapar, frunció el ceño y les encaró con cierta ira.

»¡¿QUIÉNES SON USTEDES?!

»¡¿QUÉ QUIEREN HACERLE AL SEÑOR BRIEF?!

»¡RESPONDAN!

Sus cuestionamientos sin lugar a dudas fueron ignorados por completo.

Entonces la mujer divisó la enorme puerta de cristal de la fundación justo en frente. Contó diez segundos para agarrar valor.

»1,2,3…

Los sujetos seguían apuntándole con las armas de fuego.

»4,5,6…

Mai estudiaba su entorno.

»7,8,9….10

—¡Aquí vamoooos!

Arriesgándolo todo corrió hacia la entrada en compañía de un valeroso grito—¡Aaaahhh!

Disparos se escucharon sin control y debido a su pólvora ocasionaron una estela de humo, eso le ayudó a escapar con mayor facilidad.

Golpeó los cristales con desesperación esperando que alguien le abriera antes de ser una víctima de esos villanos. Repentinamente la puerta se abrió y Mai entró asegurando la puerta tras de sí. Se abrazó así misma siendo un manojo de nervios. Mientras frotaba sus los brazos entre sollozos se preguntó:

—¿Qué rayos estaba pasando?

Las luces de la fundación se encendieron, el lugar estaba vacío. Entretanto se escuchó una dulce melodía proveniente de la oficina principal. La mujer abrió los ojos de par en par al reconocer a quien le pertenecía ese gusto musical.

»¿Acaso…?

Se acercó a pasos lentos y abrió la puerta lentamente.

Y por más increíble que pareciera, la vio.

Era una locura pero era «ELLA».

—¿R-REN…?—con lágrimas en su rostro la reconoció.

»E-Esto no puede ser…—estaba confundida.

La supuesta difunta lucía un largo vestido blanco que parecía brillar de manera natural como si en la tela estuvieran adheridos diamantes genuinos. La longitud de su cabello rojo descendía por sus hombros hasta llegar a su cintura, mientras su aniñado rostro no tenía marca alguna del siniestro. No tenía ni un hueso roto ¡Estaba viva! No lo podía creer ¡VIVA!

La muchacha giró ante su llamado y le dedicó una cálida sonrisa.

—Te estaba esperando, Mai. Debo partir dentro de poco— dijo con un dulce tono de voz.
Mai sintió un poco de furia por la tranquilidad con la que hablaba a pesar de los peligros que les acechaban. Con enojo azotó sus manos sobre la mesa al darse cuenta que la oficina estaba vacía.

El golpe a ser tan brusco levantó una estela de polvo.

—¡¿Qué me estabas esperando?! ¡¿Qué esta pasando, Ren?! ¡¿A dónde carajos vas?! ¡Tienes que buscar a tu esposo!—le señaló con el dedo índice—El pobre hombre está inconsolable y tengo el presentimiento que está en un inminente peligro—dijo exaltada.

El semblante de la pelirroja cambió, se le notaba entristecida, preocupada.

—Perdóname Mai, no puedo explicarte demasiado, me queda poco tiempo pero, sé que puedo confiar en ti. Sé que puedo dejar «En tus Manos» lo más importante para mí.

—¿P-Poco tiempo? ¿A qué te refieres, Ren?

—Sé que tienes mi diario. Así que por favor te pido que lo leas, te será de gran ayuda y resolverá muchas de tus dudas.

La mujer no entendía por qué Ren actuaba de esa forma tan apresurada y por qué era tan cruel con su esposo.

—Tu esposo no te importa…— susurró mientras una nueva lágrima se escurría por su mejilla—¡¿Acaso es eso?!

—Me importa mucho Mai, como no tienes una bendita idea, pero... no hay nada que pueda hacer. Ya no está «En mis Manos». Por eso te pido que por favor no le dejes solo, no permitas que caiga en las manos equivocadas— le imploraba a la de gabardina —Por favor Mai, prométeme que lo protegerás de cualquier enemigo, ¡Prométemelo!

—Ren…—ésta se acercó a la pelirroja pues estaba más que confundida.

Y fue justo ahí, que de chispazo brincó a su mente la idea de que la mujer de Brief no hacía referencia a su diario. Sino que en sus palabras se ocultaba un significado más profundo.

Al estar frente a frente la muchacha de cabellos negros encerró sus manos con las suyas, sin embargo no logró percibir el tacto de sus manos, ni siquiera frialdad o calidez. Mai al observarla más de cerca se percató de la extrema blancura de su piel y del resplandor tornasol que emanaba de todo su cuerpo.

Confundida, tratando de cabilar lo que sucedía accedió a la petición.

—Te… Te lo prometo…

Finalmente la muchachita volvió a sonreír.

—Gracias, Mai— le abrazó espontáneamente tal cual solía hacerlo.

La de gabardina correspondió el abrazo y trató de estrecharla lo más fuerte que le permitieran sus brazos, pues estaba segura que sería la última vez que se verían.

En tanto, el teléfono de la oficina comenzó a sonar.

»¡Rin…Rin!

Y la pelirroja volvió a encerrar sus manos con las suyas. Ambas se miraban a los ojos en un trance celestial.

—Debo irme—asintió lenta—La llamada es para ti, es muy importante que respondas. Haz lo que te pidan, por favor.

—P-Pero, Ren…

—Gracias por todo, Mai— le sonrió con calidez por última vez.

El sonido del teléfono cada vez era más insistente; Mai volteó a ver el artefacto y cuando regresó su mirada hacia la pelirroja, ésta ya no estaba.

—¿Ren…?

Solo se percibía una aura con brillos tornasoles y en medio de ella una mariposa de colores nítidos volaba hacia el teléfono indicándole nuevamente a la mujer que debía de recibir la llamada.

—Te lo prometo, Ren…

Fue hacia el teléfono en busca de centrarse a lo que en verdad era real. Y la mariposa salió por el vidrio roto de una ventana hasta que poco a poco se disipó.

El sonido del teléfono cada vez era más insistente y la imagen de la oficina se hacía cada vez mas borrosa, se confundía entre parpadeos con una imagen que se volvía cada vez más nítida, la del techo de su habitación.

Al realizarse en el familiar lugar en el que se encontraba se incorporó de golpe y luego rascandose su cabeza confundida se preguntó.

»¿Había sido todo un sueño?

Sin embargo, lo que estaba soñando era el sonido de su celular que no paraba de timbrar

La azabache colocó el artefacto en su oreja y atendió.

—Diga— contestó con la garganta seca.

—Disculpe me gustaría hablar con Mai— la voz de una mujer se escuchó al otro lado.

—E-Ella habla…

—Excelente, un gusto Mai. Mi nombre es Bulma, Bulma Brief...

La mujer abrió sus ojos de par en par…

CONTINUARÁ.

Notas del autor.

Holaaaa aquí Cerecita reportandose, estoy muy emocionada por retomar este fanfic y quiero agradecerles por los animos para que siga escribiendo a los pms que ya respondí y a los lectores silenciosos que siguen leyendo y a las personas que han puesto esta hitoria en favoritos, en verdad gracias, gracias por animarme a continuar con esta historia.

También quiero agradecer a mi BETA READER: Kuraudea. Linda gemela, te agradezco infinitamente por tu paciencia al leerme y corregirme, y por el cariño y dedicación que le pones a esta historia, en verdad no tengo forma de agradecerte tantas atenciones y es evidentemente que tu firma esta aquí y se nota. :)

A las personas que me han dejado review mil gracias por tomarse el tiempo, significa mucho para mí, aunque no lo crean los reviews motivan mucho a seguir publicando.

Marytw29: mariiii no se si seguiras leyendo esta historia pero espero que sí, y espero que apesar de todo sea de tu agrado. Te mando un abrazo.

Aconito: Gracias por seguir leyendo y si tenía que pasar eso con Ren, ¿Aún sigues creyendo en su inocencia? me da curiosidad y mil disculpas por haber tardado tanto en actualizar.

LEBEM: Espero que esta historia te siga gustando, me interesa saber tu opinión. Gracias por leer.

Gracias a todos por llegar hasta aquí nos leemos en la próxima.