Aquí está el segundo capítulo de esta historia bien pendeja~

Gracias por agregar a comentarios y a favoritos *inserte corazón gay*

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Sorachi-sensei


Si no Puedes Cuidar de Ti Mismo, Mucho Menos Podrás Tener Una Mascota

El primer día había sido marcado como el día en que ambos habían conocido a su rival por el resto del año escolar. No podían verse ni en pintura porque comenzaban a insultarse. Claro que algunas veces tenían sus momentos de calma, y era únicamente cuando él dormía y ella comía. Esos dos terminaron siendo la pesadilla de los profesores ─siendo Gintoki el único capaz de calmar la situación por lo menos unos minutos─ y siendo la atracción del salón. Ya era extraño no ver sus peleas diarias y al final era algo ciertamente divertido; además de que nadie podía detenerlos cuando peleaban.

Kagura terminó siendo reconocida rápidamente ya que era la primera persona en enfrentar tan descaradamente a Sougo sin traumarse en el proceso, después de todo la actitud del chico era conflictiva, la mayoría pensaba que se trataba de una persona tranquila a simple vista. Jamás el dicho «las apariencias engañan» había sido tan acertado para esta ocasión.

—Sí que eres idiota, China —comentó Sougo mirando por encima el examen perdido de la chica.

—¡No seas tan metido! —rápidamente arrugó el papel—. Simplemente no estaba en mis 5 sentidos en el examen, tenía mucho sueño.

—Entonces siempre debes tener sueño siempre —comentó sarcástico—. En serio, la idiotez ya es parte de ti. Además que esas gafas ni te sirven para fingir un poco de inteligencia. Acéptalo.

—Dices eso pero de seguro igualmente perdiste el examen —sonrió con malicia mirándolo fijamente, pero su sonrisa al instante se borró al ver el número que había en el examen.

—¿Decías? —ahora era el turno de Sougo para sonreír.

—Sólo tuviste suerte, maldito imbécil —bufó por lo bajo apartando la vista enfadada. Sólo le daba pereza estudiar, sí, sólo eso.

Por lo menos en el club de Judo no se encontraba con el maldito príncipe sádico, ya que este ya pertenecía al club de Kendo y para su suerte, ambos clubes no tenían nada que ver el uno con el otro. Era su único momento de tranquilidad en el día, ya que así podía planear más maneras de matar a aquel demonio que se sentaba a su lado.

Muchos cometieron el error de subestimar a Kagura cuando ingresó, después de todo ¿cómo alguien que medía menos de 1.60 podía ocasionar daño alguno? Grave error. Terminó venciendo a la mayoría el primer día. Algo similar había pasado con Sougo, él desde su primer año, había demostrado un gran manejo en el arte de la espada y por eso lo consideraban un prodigio, aunque tal vez por eso también terminaba saltándose varias veces las prácticas para irse a dormir a algún lado.

Aunque ni siquiera practicar un poco de Judo la ayudó a calmar su enojo, había perdido un examen, de seguro Gin se enojaría y Sougo se burlaría de ella un largo tiempo ─aunque siempre lo hacía a decir verdad─. Este no había sido su día.

Ya estaba atardeciendo, se sentía cansada y lo único que quería era llegar a dormir, de seguro una buena noche de sueño sería suficiente para animarla.

Mientras caminaba a casa, comenzó a tararear una canción, pero paró unos momentos al escuchar algo extraño. Inmediatamente se puso alerta. Unos segundos después, de nuevo ese extraño sonido apareció.

—Eso era ¿un ladrido? —algo curiosa se acercó de dónde provenía ese sonido, y lo que vio la causo algo de dulzura mezclada con lástima.

Ahí, con una caja como único refugio, se encontraba un perro que parecía ya ser adulto. Su pelaje era totalmente blanco y poseía unos grandes ojos que la observaban curioso. A ella desde siempre le habían gustado los animales, pero era muy mala para cuidarlos. ¿Por qué el destino era tan cruel como para mostrarle a ese pobre perrito? Deseaba llevárselo a casa, pero tampoco quería que muriera bajo su cuidado.

—Gin-chan me matará por esto —murmuró para sí misma mientras acariciaba al perro.

Unos minutos ya se encontraba en casa y con un perro en sus brazos.

—Bienvenida Kagu- ¡¿qué carajos es lo que llevas en tus manos?! —exclamó un sorprendido Gintoki.

—Pues simplemente encontré este perro, y reprobé el examen —una vez había leído que para confesar algo importante y que no te prestaran mucha atención, debías decir algo mucho más importante que lo anterior.

—Espera ¿qué?

—Sí, es increíble cómo la gente abandona a los animales de esta forma.

—No, no me-

—Así que pensé que lo mejor era traerlo aquí.

—Ese no es el problema, ¿qué fue lo-?

—Gin-chan, por favor déjame tenerlo —suplicó la chica lanzándole la mirada de cachorro abandonado, el perro de igual manera se unió a la causa.

—Pero Kagura, yo trabajo casi todo el día y también estudias, ¿crees que podamos dejarlo solo en la casa? —el albino pasó una manos en su cabello. Ya se había rendido con hacerles preguntas respecto al examen.

—Entonces lo llevaré a la escuela.

—Eses es el problema, no puedes llevar mascotas a la escuela.

Hubo unos segundos de silencio.

—Te prometo que lo cuidaré bien, además mira lo lindo que es —alzó un poco a su nueva mascota como si quisiera restregársela en la cara.

—¡Kya! ¡Me acaba de morder la cara esa cosa! —exclamó el albino alejándose rápidamente de ese animal—. Ni creas que dejaré a ese demonio en esta casa.

—¿Sabes Gin-chan? Yo nunca he sido muy buena con los animales…

—Por favor no comiences con tu triste historia de tu anterior perrito que se murió para que cambie de opinión. No funcionará conmigo. Gin-chan ya no es sensible a ese tipo de historias.

—Pero hace unos años tuve un lindo conejo al cual quería mucho.

—Kagura, en serio, no sigas.

—Él acostumbraba a dormir en su jaula, pero una noche me lo llevé a dormir conmigo, sin embargo…

—Sí, ya sé que mataste a tu conejo. Ya te lo dije, es inútil.

—Escapó al día siguiente —bajó al perro para limpiarse una pequeña lágrima.

—¡¿Eh?! ¿No lo habías matado mientras dormías? Y ¿cómo escapa un conejo de una casa? ¿Segura que no lo mataste?

—Así que pensé que el destino me había dado una segunda oportunidad al mostrarme a Sadaharu.

—¡¿Incluso le pusiste nombre?!

—Gin-chan, te lo pido, déjalo quedarse, por lo menos hasta que encuentre a otra persona que pueda adoptarlo.

Él meditó la situación por unos momentos, realmente no se llevaba muy bien con los animales, sí, parecía una mala opción mantener a su cosa.

—De acuerdo —soltó un suspiro algo resignado—. Pero, tú te encargas de él —advirtió antes de que comenzara a celebrar.

—¡Gracias Gin-chan! —lo abrazó con fuerza antes de irse a jugar con su nueva mascota.

Esa noche recibió varios regaños por parte de su tutor ya que Sadaharu comenzó a hacer varios desastres en la casa, y la chica simplemente se excusaba diciendo que «había que dejar que los hijos cometieran sus propios errores», él error había sido de él al dejar a esa bestia estar en su casa.

Al día siguiente, el rostro de Kagura se veía adornado con una gran sonrisa. Tener a Sadaharu era lo mejor que le había pasado en toda esta semana.

—¿Acaso te volviste loca? China —esa molesta voz apareció de nuevo, pero no permitió que le amargara el día.

—No, simplemente ayer me encontré con algo que me hizo muy feliz.

—¿En serio? Supongo que es comida, es lo único que tu pequeño cerebro puede detectar bien o mejor dicho, lo único que puede detectar —un puño se dirigió a su cara, pero él lo evitó por poco.

—Cállate maldito, por lo menos mi mente no está podrida.

—Por lo menos esta mente «podrida» puede pasar los exámenes.

—No sabes lo mucho que te odio.

—Te podría enseñar, pero claro, tendrías que arrodillarte y decirme: «por favor, Okita-sama, brinde sus sabios conocimientos a una cerda como yo» —imitó esto último con una voz «femenina» haciendo enojar más a Kagura.

—¡Como si pudiera hacer eso! Prefiero morir de hambre antes que pedirte un favor.

Y así fue como comenzó la confrontación física, la cual sólo fue detenida cuando el profesor ingresó al aula.

Durante la hora del almuerzo, Gintoki la mandó a llamar. Mierda, se había enterado totalmente de su anterior examen. A veces olvidaba que cualquier profesor podía darle cualquier noticia sobre ella.

—Kagura, no puedo permitir que bajes tus notas.

—Pero Gin-chan, sólo ha sido este examen.

—Los otros profesores me han dicho que lo único que haces en clases es molestar con Souichiro-kun, comer sukonbu a escondidas y dormir —la chica maldijo por lo bajo, esta era una de las desventajas de tener a tu tutor como profesor—. Con esto, estoy más que seguro que irás bajando gradualmente, y si no quiero que me den más sermones sobre «cómo ser un mejor tutor» o regaños como «¿por qué adoptas críos de la calle si ni siquiera sabes de crianza?», más te vale mejorar. Piensa que también me perjudicas a mí, ¿acaso nunca has visto a la vieja bruja enojada?

La chica simplemente hizo un puchero. ¡Odiaba estudiar! Si fuera posible destruiría la escuela. Se supone que el último año era para divertirse, no para estudiar.

—Así que, debes encontrar a alguien que te explique o yo personalmente encontraré a alguien.

—¿Y por qué no puedes enseñarme tú?

—¿Crees que desperdiciaré mi tiempo libre enseñándote? Ya tengo que soportar a unos idiotas todo el día, y no quiero tener que sacarte de la casa cuando acabes con mi paciencia —al terminar su frase, recibió un golpe en la cabeza.

—No digas esa clase de cosas, das un mal ejemplo —lo regañó Tsukuyo.

—¡Tsukki! Tú si puedes enseñarme ¿cierto?

—Lo siento Kagura, pero a diferencia de otros —haciendo un claro énfasis en Gintoki—. Yo si cumplo con mi trabajo, así que no tendría mucho tiempo. Lo siento.

—Simplemente di «no quiero desperdiciar mi tiempo contigo» y ya —de nuevo recibió otro golpe.

Kagura suspiró con frustración, se dirigió a la cafetería para comprar lo mismo de siempre, pero esta vez una menor proporción ya que no le habían dado tanto dinero esta vez.

—Pachi, ¿puedes ayudarme a estudiar? —preguntó, definitivamente no dejaría que su tutor contratara a cualquiera.

—Lo siento, pero a mí tampoco me va muy bien, sólo lo normal —contestó algo avergonzado. A pesar de su apariencia, muchas veces se distraía en clases por estar escuchando a su amada Otsuu-chan, así que sólo tenía un promedio regular.

—Eres lo más inútil de este planeta. Entonces ¿por qué usas eso? —intentó quitarle los lentes para sorpresa de él.

—¡Un momento! Usar gafas no te hace más inteligente, además los necesito para ver —ambos comenzaron a forcejear hasta que finalmente los lentes se rompieron—. ¡Además tú también usas gafas!

Dramáticamente cayó al suelo y los lentes se partieron en miles de pedazos.

—¡Malditos! ¡Mataron a Shinpachi!

—¡Yo sigo vivo! ¡Estoy aquí! ¡¿Acaso no me ves?! —exclamó el chico totalmente sorprendido—. Además, ¡tú fuiste quién destruyó mis lentes!

—Incluso sigo escuchando tus gritos molestos desde el más allá… —tomó entre sus manos el marco destruido con una sonrisa de tristeza.

—En serio, ya me estás haciendo enfadar.


—China, si estás tan desesperada por ayuda, ya sabes qué debes decir —comentó Sougo luego de ver un ambiente deprimente rodear a la chica. Se había pasado toda la mañana intentando encontrar a alguien que le explicara, pero lamentablemente, todavía no conocía muchas personas en la escuela. Y las pocas que conocía estaban bastante mal de la cabeza; como cierta acosadora de cabello morado que le rogó que le dejara enseñarle para así ver el cuarto de Ginpachi-sensei.

—Prefiero morir.

Kagura pasó su vista de nuevo para el salón intentando encontrar a alguien normal que le enseñara, lastimosamente había pocas personas que se vieran normales y tuvieran cierto grado de inteligencia para no asistir a los cursos de veranos. Pensó que toda esperanza estaba perdida, hasta que vio a un ángel.

No se había percatado mucho de su presencia ya que no era muy habladora, pero eso era más que suficiente. Así que sin esperar ni un momento más, se acercó a su ángel salvador.

—Tama, por favor ayúdame —pidió casi desesperada. La chica de cabello verde y de rostro inexpresivo se le quedó viendo.

—¿Qué tipo de favor necesitas? —preguntó en un tono muy cordial.

—Necesito ayuda para estudiar.

—¿Solamente eso? —Kagura asintió rogando que no la rechazara o revelara su verdadera identidad como un el sádico que conocía—. De acuerdo.

—¿En serio está bien? —cuestionó esperanzada.

—Sí, después de todo me gusta ayudar a los demás —esbozó una leve sonrisa y Kagura estaba más que segura que había encontrado a su ángel guardián. O eso había pensado…

Se quedaron en el salón después de clases, Sougo se despidió de ella de la manera más bonita posible:

—Espero que no se te quemen las neuronas, imbécil.

Las lecciones comenzaron bien, ella presentía que de seguro le iría mucho mejor en sus estudios y se lo restregaría a Gin-chan y a ese sádico en la cara. Sin embargo, sus expectativas y esperanzas disminuyeron al ver el método de explicación de la chica.

¿Acaso era posible que alguien explicara de una forma más complicada que un profesor? Ya se podía considerar más que jodida. Si una dulce persona como Tama explicaba de esa manera, ya podía darse por perdida.

Después de una hora, Kagura se había rendido. Le agradeció de nuevo por la ayuda y ambas se fueron a casa juntas, al final había sido alguien muy agradable, pero en serio, esperaba que ella no deseara volverse una profesora.

Llegó a casa totalmente decaída, pero por suerte ahí estaba Sadaharu para animarla. Por suerte, Gintoki no había llegado a casa, de seguro ese maldito borracho se encontraba perdiendo el dinero por ahí. Mejor para ella, así no se daría cuenta de su estado de ánimo.

Una semana pasó rápidamente y ella no había encontrado a nadie que la pudiera ayudar con su estudio. Se encontraba tan desesperada que incluso por unos momentos pensó en pedirle un favor a Sougo, sí, a ese mismo sádico que ella maldecía cada mañana.

—¡Jamás en la vida! —exclamó con enojo.

Al saber esto, Gintoki decidió buscarle un tutor que iría a su casa esa misma tarde para que empezaran a conocerse. De seguro sería uno de esos bichos raros del salón, sólo le pedía al sagrado dios de la comida que tuviera la paciencia para no ahuyentar a su tutor.

Se quedó en el sofá viendo televisión junto a Sadaharu ─¿era su imaginación o había crecido un poco más?─ en sus fachas típicas de estar en casa, le daba igual recibir a la persona que le salvaría el año en ese estado.

Sonó el timbre de la puerta y ella con algo de pereza se levantó y abrió para luego cerrarla al instante. Lo que había visto sólo era su imaginación ¿cierto? Era imposible que un demonio estuviera frente a su apartamento. Pensando que había sido una alucinación producto del estrés, volvió a abrir.

—Eso fue muy grosero, vengo con las mejores intenciones del mundo ¿y me pagas con esto? —sí, esa era su inconfundible voz y el tono sarcástico que tanto odiaba. De nuevo cerró la puerta con fuerza, pero no la pudo cerrar totalmente ya que el chico apoyó su mano en la fuerza.

—¡Vete de aquí! No sé que carajos haces aquí, pero no quiero que invadas mi privacidad —exclamó intentando hacer más fuerza.

—Deberías mostrar más respeto idiota. No he venido todo el camino hasta aquí para que me cierres la puerta en la cara —usó un poco más de fuerza ganando algo de territorio.

—¿Para qué viniste en primer lugar?

—El jefe me lo «pidió» —mejor dicho, lo había amenazado con rebajarle la nota cada vez que lo viera dormido y eso definitivamente afectaría sus notas—. Yo tampoco quiero compartir más tiempo del necesario contigo, así que deja tu terquedad y hagamos esto más fácil para los dos.

—Lo mejor sería que te murieras.

Sougo dejó de forcejear y Kagura suspiró de alivio pensando que había decidido irse. Grave error. Apenas se descuidó patearon la puerta con tal fuerza que ella terminó en el suelo.

—¡¿Qué te pasa imbécil?! ¿Acaso piensas pagar tú mismo la puerta? —se reincorporó rápidamente con un puño en alto.

—Claro que no, es tu culpa después de todo por no dejarme entrar.

—¡Sí serás! —estaba dispuesta a golpearlo pero la esquivó.

—De acuerdo, si no te portas bien el día de hoy, tendré que castigarte —le lanzó una de sus típicas expresiones sádicas mientras sacaba unas esposas de su maletín. ¿Cómo un mocoso cómo él tenía algo como eso? Sería mejor no preguntar.

—¿Acaso piensas aprovecharte de una doncella como yo? Sí que has caído muy bajo.

—Realmente no hay nada que aprovechar de una tabla como tú, sólo disfrutaré tus gritos de dolor —se encogió de hombros mientras tomaba asiento en la mesa.

—Para tu información, todavía me falta crecer. Ya veremos en unos años como estarás babeando por mí, maldito pervertido.

—No creo que pasé pronto, ya conozco tu horrible personalidad, cerda.

—Lo mismo digo, sádico. Por eso morirás solo.

—Por lo menos he salido con más personas que tú en toda tu vida.

—¿Cómo alguien saldría con alguien tan detestable como tú?

—Todos tienen un lado masoquista en su interior, yo sólo lo saco a flote.

—Sí que eres despreciable —masculló ella mirándolo con odio.

—Ellas son las que me piden salir conmigo y son tan zorras que aceptan cualquier cosa con tal de seguir con su popularidad —dijo con simpleza empezando a sacar sus libros.

—¿Qué tipo de popularidad ganarían contigo? Ni siquiera eres guapo, tienes una maldita cara de niña.

—Soy bastante popular, china. A diferencia de otras.

—Sólo porqué soy nueva en la escuela —se cruzó de brazos.

—Ya han pasado dos meses y te sigo viendo hablar solo con el tipo de gafas, la mujer gorila, y el jefe.

—¿Crees que aceptaré a cualquiera fácilmente en mi grupo de amigos? Estás muy equivocado, imbécil. Soy como una reina después de todo, la servidumbre no debe acercarse tan fácilmente a mí —dijo con aires superiores.

—Serás la reina de la basura.

Antes de poder seguir con su discusión verbal, Sadaharu ladró llamando la atención de Sougo.

—Ya vuelvo, traeré mis cosas para estudiar —dijo rendida. Necesitaba aprobar de cualquier manera.

Fue hasta su cuarto, sacó unos cuadernos y se puso de nuevo sus gafas para estudiar. Volvió hasta la sala viendo como su adorada mascota iba a ser acariciada por un sádico como ese.

—¡No Sadaharu! Te infectará —gritó ella dramáticamente acercándose rápidamente a la mesa, pero no hubo necesidad de intervenir, ya que Sadaharu mordió la mano de Sougo.

—Más bien parece que él me infectará a mí —comentó como si no sintiera la mordida—. Este pulgoso se parece bastante a su dueña.

—Por lo menos él sabe quien es la peste aquí —dijo con una sonrisa sentándose en la mesa.

—Mejor comencemos, no quiero quedarme hasta tarde en tu casa —soltó un leve suspiro.

—Lo mismo digo.

Por primera vez en dos meses, ambos se quedaron algo tranquilos al lado del otro, claro que a veces se insultaban e intentaban formar una pelea cada vez que Sougo la corregía en algo de manera poco amable, pero Kagura intentó no dejarse llevar mucho por sus insultos, eso era lo que de verdad quería él y no le daría el gusto de perder sus vacaciones de verano solo por estar peleando con un desgraciado como él.

Cuando terminaron con el tema, Kagura suspiró cansada y Sougo se acostó sobre la mesa.

—Tanta estupidez junta es cansadora —murmuró ganándose un golpe en la cabeza.

—Cállate, estoy peor yo que tengo que soportar a un sádico como tú.

—Por lo menos no tuve que usar esto —mencionó sacando un látigo de su maleta.

—¿Por qué tienes eso ahí? ¡Lo sabía! Venías con malas intenciones ¿no? Gin-chan es un idiota al dejarme con un pervertido.

—Sólo era para «domesticarte» si te ponías muy terca.

—Te hubiera matado si lo hubieras usado conmigo.

Ambos tuvieron una pequeña guerra de miradas antes de que Kagura se levantara de ahí.

—¿Acaso piensas dejar a tu visita sola? Sí que te faltan modales.

—Sólo voy a preparar comida, deberías irte de una vez, ya sólo estorbas.

—¿Así que harás la cena? Entonces me quedo.

—¡No te prepararé nada! —gritó desde la cocina. Aun así, Sougo se quedó ahí.

Cuando la chica se fue, formó una de sus típicas sonrisas sádicas. Estaba en el territorio de la china, era su oportunidad de encontrar cosas vergonzosas de ella para luego chantajearla. Ya la veía rogándole y arrodillarse frente a él. Lo mejor del mundo era ver como alguien orgullosa terminaba perdiendo toda su dignidad.

Caminó por los pasillos viendo de reojo todas las habitaciones, encontró la del jefe pero decidió no entrar ahí todavía, ahora sólo tenía un objetivo. Cuando encontró la que parecía ser la habitación de Kagura, se sorprendió al ver que no estaba tan personalizada. Usualmente uno solía poner varios posters o decoraciones de cosas que le gustaban, pero ella sólo tenía pocas ropas y empaques de comida tirados por ahí. Parecía que recién se había mudado ahí, eso explica por qué era nueva en la escuela a pesar de vivir con el jefe. Así no obtendría nada interesante, algo decepcionado salió de ahí y decidió jugar un poco con el perro de la idiota.

—¿En serio esa es la mejor comida qué puedes hacer? —cuestionó al ver su plato de arroz con huevo.

—¿Para qué hacer algo complicado si esto es delicioso y me llena? —preguntó llevándose una cucharada a la boca mientras se sentaba en el sofá—. Por cierto ¿por qué sigues aquí imbécil?

—Esperaba que me alimentaras, es tu deber como mujer, por supuesto —Kagura le tiró el control remoto a la cara.

—Eres un maldito machista —masculló intentando ignorarlo—. Si tanto quieres comer, sírvete tú.

—¿Así que al final si pensaste en mí? Buena chica —intentó acariciar su cabeza en forma de burla, pero ella tomó su muñeca y comenzó a retorcerla.

—Mira maldito sádico, no creas que pensé en ti cuando preparé esa comida, si fuera así, te habría entregado directamente un plato envenenado —lo miró con fiereza, Sougo intentaba no demostrar su dolor ante ese retorcijón, pero mierda, esa chica parecía que le iba a partir la muñeca.

Para su buena suerte, ella terminó soltándolo dirigiendo su vista al televisor.

Sougo simplemente fue a la cocina, sabía que entre más estuviera ahí, más la molestaría. Cuando se sirvió su comida, se sentó en el mismo sofá que ella.

—Parece que tienes buen gusto por lo menos —comentó él al ver una película de acción.

—¿Sigues aquí? ¿Ahora piensas invadir mi privacidad también? —se fue corriendo hasta quedar en la otra punta del sofá.

—Claro que sí, te dije que me quedaría a cenar, china. Este debería ser mi pago por enseñarte, ¿acaso crees que es fácil enseñarle a idiotas como tú?

—Sólo hasta que termines —dijo entre dientes intentando ignorarlo lo máximo posible.

Aunque ambos chicos hubieran terminado de comer, estaban tan concentrados en la película que ni siquiera se insultaron. Al parecer la única manera de que no pelearan era que ignoraran totalmente la presencia del otro.

Al final de la película, Kagura había quedado profundamente dormida. Sougo notó esto y se acercó a ella viéndola fijamente. Sus gafas se deslizaron un poco por el puente de la nariz mostrando sus largas pestañas y su cabello color bermellón caía suavemente por sus hombros ya que está vez no llevaba los típicos adornos por los cuales había comenzando a llamarla China.

Cualquier hombre pensaría que se veía realmente hermosa así, pero para alguien como Sougo tenía planes más oscuros en su mente y eso quedó demostrado cuando sacó un marcador permanente y comenzó a dibujar varias cosas en su cara.

—Veamos si se da cuenta esa imbécil —murmuró para sí mismo.

Satisfecho con su pequeña broma, tomó sus cosas y finalmente salió de ahí con una sonrisa triunfante.

—Oh, bienvenido jefe —justo en ese momento Gintoki había llegado.

—¿Todavía sigues por aquí? —parecía algo extrañado y más ya que no había escuchado ningún tipo de ruido y el lugar no parecía tan desorganizado.

—Cuesta demasiado enseñarle a esa chica —soltó un suspiro—. Hasta luego, jefe —se despidió haciendo un ademán de despedida. Gintoki lo imitó y cerró la puerta tras de sí.

El televisor seguía prendido y cuando se acercó para apagarlo, se dio cuenta de como Kagura dormía tranquilamente en el sofá junto a Sadaharu en su regazo. Hubiera sonreído enternecido, pero al ver los garabatos que tenía su «protegida» casi lo hacen soltar una carcajada.

—«Con razón estaba tan calmado ese tipo» —pensó mientras traía una cobija y la tapaba con ella.

Al día siguiente, un golpe de Kagura lo despertó.

—¡¿Por qué tuviste que traer a ese hijo de perra a esta casa?! —exclamó ella tomándolo del cuello de la camisa.

Por lo menos no respondió que lo había escogido a él porqué le parecía que se habían vuelto más cercanos. Sí hubiera dicho eso, de seguro habría perdido más que sus pelotas ese día.


¿Y qué les pareció el capítulo de hoy? Dejen sus comentarios, dudas, sugerencias, aportes, etc~

Espero no demorarme para subir el próximo capítulo, aunque mi inspiración funciona mejor cuando hay más reviews (?)

Aun así, si llegaste hasta aquí, te agradezco haber leído.

Haruka-sama se despide~

Pd: no olviden mi página (?)