CAPITULO IV

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Ahora más que nunca comprendí que tenía que protegerlo, porque hasta las personas más fuertes lo necesitan; cuando le falten fuerzas, ahí estaré para ser su pilar.

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—¿D-Diga…?

—Un gusto, soy Bulma Brief.

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Sin que le proporcionara muchos detalles durante su corta conversación, la Señora Brief le prometió a la mujer aclarar todas sus dudas el día de su encuentro.

—¿D-Dice qué quiere verme?

—Así es, jovencita.

Había pasado una semana después del llamado que había recibido y la motoneta para su mala suerte se encontraba descompuesta.

»¡Demonios, lo que me faltaba!—se quejó la de casco al querer hacer arrancar la motoneta justo cuando iba salir a realizar unas compras al súper mercado.

Tomando en cuenta la cita que tendría con la madre de Trunks, había llevado el vehículo previamente a reparar al taller pero, el mecánico afirmó que tomaría un par de semanas pues la pieza que necesitaba llegaría a la tienda en el lapso de dos semanas. Por ello, se vio en la necesidad de ese día trasladarse en el autobús urbano.

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Una vez llegando a la parada y bajando del gran vehículo amarillo, el frío viento del invierno golpeó sus mejillas; trató de esconder su rostro entre la bufanda y el gorro que traía en la cabeza mientras que de su bolsillo desenvolvió la nota en donde había escrito la dirección.

Por suerte, la parada no estaba muy lejos de su destino y caminó un par de cuadras con sus manos metidas en sus bolsillos.

Ante la incertidumbre del porqué la Sra. Bulma Brief la había citado en su casa, se encontraba demasiado nerviosa, prueba de ello eran sus manos sudorosas.

¿Pues qué razón tendría para querer cruzar palabra con una completa desconocida?

Recordó la llamada que recibió tratando de percibir en la voz de su interlocutora alguna emoción que le diera una pista. ¿Estaba preocupada? ¿Triste? ¿Sabría acaso que tenía el diario en sus manos?… No, no podría ser eso, de ser así le hubiese pedido que lo llevara consigo. Con estas y más dudas en su mente, prosiguió con su camino.

Sin embargo, aunque la misión no era clara tenía una encomienda, por lo que en cumplimiento a su deber se presentó puntual a las 16:00 horas, ni un minuto más ni uno menos.

—¿Con qué está es la Corporación Cápsula?—visualizó la estructura ovalada a detalle.

La casa era una mansión que, en sus tiempos probablemente habría sido la de mayor esplendor en toda la Capital del Oeste. Justo en ese momento Mai apreciaba que unos hombres le hacían reparaciones y mejoras a los grandes ventanales del tercer piso. De inmediato pensó que quizá los Brief no habían conseguido reposicionarse económicamente del todo, aunque de alguna forma vivían mucho mejor que otras familias. Con las dudas encima e inseguridad en sus manos, dudó un par de veces en llamar a la puerta, hasta que finalmente tocó el timbre.

Durante su espera, Mai escuchó un movimiento que provenía de los arbustos.

—¿Eh…?—volteó hacia ellos.

Curiosa se acercó un poco más a los matorrales y al paso de unos segundos escuchó un maullido que provenía de un felino negro que pronto ronroneó entre sus piernas. Se agachó para saludarlo y le acarició.

—Eres un pequeño travieso, eh—sonreía.

»¡Meoow!—y más se restregaba el gatito en ella.

De un momento a otro la puerta de cristal se abrió con ese particular sonido de aire.

—Ya viene—pensó y tomó postura.

La muchacha poco a poco divisó a la mujer que se acercaba al recibidor. Ésta vestía un par de tenis color blanco, pantalones negros, playera rosa y una bata blanca que le hacía honor a su profesión. Su sonrisa era por de más agradable y sus ojos azules destilaban nobleza, de ahí supo de quién lo había heredado Trunks al igual que el color del cabello; una mujer bella como el hijo.

—Hola, querida ¿eres Mai?— preguntó la mujer con amplia sonrisa.

Y fue el movimiento de sus largos cabellos negros que bailoteaban con el aire y la vestimenta estilo militar de la muchacha que cautivó la atención de la científica.

—Soy Bulma Brief, mucho gusto—llevó ambas manos a su cintura.

—B-Buenas tardes— tartamudeó la azabache y asintió afirmando su identidad. Se presentó haciendo una ligera reverencia—Señora Brief estoy a sus órdenes— la mayor sonrió por la formalidad de la joven.

—Adelante Mai te estaba esperando— efusivamente la estrecho entre sus brazos y la hizo pasar dirigiéndola hacia la cocina —Me da mucho gusto finalmente conocerte, he escuchado mucho sobre ti— trataba de hacerla sentir en confianza.

—¿H-Ha escuchado mucho de mi?— preguntó con un leve sonrojo en sus mejillas.

—Por supuesto, mi nuera y mi hijo me han dado buenas referencias de ti y ¿Sabes? eres más alta de lo que me imaginaba, eres casi tan alta como mi Trunks— le invitó a tomar asiento y enseguida le sirvió una taza de té.

—Me hubiera gustado mucho conocerte antes y en otras circunstancias— dio un sorbo a su taza de té —Espero que no te incomode el hecho de que te haya buscado— la chica negó tímidamente con la cabeza al tiempo que bebía de la sustancia.

—¿Te molesta?— preguntó la mayor sacando una cajetilla de cigarros, colocando después uno de ellos en sus rosados labios.

Mai negó rápidamente con la cabeza y manos, mientras el sonrojo en sus mejillas se hacia mas evidente.

—¿Gustas?— ofreció la de bata haciendo que sus pómulos se notaran más rojizos mientras negaba con mayor rapidez.

Bulma rió por la reacción de la joven, encendió el cigarrillo y dio una bocanada antes de proceder.

—Te agradezco que hayas venido, Mai.

—N-No es nada Sra. Brief, ¿Puedo ayudarla en algo?— se sentía un poco boba por el seguir tartamudeando pero el hecho de no saber ni siquiera lo que estaba haciendo ahí; le hacía sentir inquieta.

—Llámame Bulma, no seas tímida— dijo con amabilidad.

—Esta bien, Bulma—sonrió con gentileza.

—Bien, pues el motivo de mi llamada ha sido porque quisiera incitarte a que continúes con el proyecto «Una familia para todos».

—¿Huh…?— se sorprendió al volver escuchar del tema —Pero Bulma la fundación ya no…

—Eso es lo de menos Mai, no te preocupes por la fundación. No necesitamos de una fundación para seguir llevando a cabo tan noble proyecto. Créeme que aunque ese tal Raven haya logrado arrebatárnosla, no nos arrebatará lo que tenemos aquí — señaló con la punta de su dedo su cabeza. —Ni lo que tenemos aquí— puso su mano en su pecho haciendo sonreír a la joven por el significado.

—Bulma, en verdad le agradezco que haya pensado en mí para continuar con el proyecto pero, yo no tengo los medios suficientes para…

—Si es por el dinero no te preocupes—le interrumpió.

—No, usted no me entiende. No es por eso— agitaba sus manos al tiempo que trataba de explicar —Es que bueno yo, la verdad no tengo ningún tipo de experiencia llevando a cabo ese tipo de preparativos.

Bulma la escuchaba con atención.

—A decir verdad, Ren solo me pidió que leyera el proyecto, le comenté que había algunas cuestiones logísticas que podríamos mejorar pero, es todo. Del resto se encargaría ella y yo… yo no tengo ni la menor idea de por donde comenzar— sin entender la razón la sonrisa de la peliazul se ampliaba.

—Bueno, si Ren dejó que hicieras las mejoras pertinentes es por que confiaba en ti. Créeme este proyecto en especifico era muy importante para ella y muy importante para Trunks. Ella no dejaría algo tan importante en manos equivocadas— trataba de brindarle la confianza que necesitaba.

—¿Importante para Trunks?— se preguntó casi para sí, mientras en su mente surgía un ¿Por qué?

La esposa de Vegeta asintió con la cabeza, llevó hacia sus labios el cigarrillo, saboreó el humo en su garganta y después de analizar las reacciones de la mujer que tenía enfrente prosiguió:

—Así es Mai, de hecho la idea de «Una familia para todos» es de Trunks. Y estoy segura de que aunque no lo expresa es muy importante para él llevarla a cabo. Sin embargo necesita ayuda, una compañía que lo motive a continuar. Él es un poco tímido y a veces se le dificulta pedir las cosas. Yo le ayudaría Mai pero, acabamos de re-inaugurar la Corporación Cápsula y por el momento me demanda mucho tiempo. Además pienso que le vendría bien a Trunks hacer algo diferente, salir de su rutina, conocer gente nueva, sentirse útil— suspiró —dejar la tristeza de un lado y… yo, yo solo quiero que mi hijo vuelva a ser feliz.

Mai logró percibir el nudo que se formaba en la garganta de la mujer quien había girado su rostro hacia la ventana, tratando de evitar que percibiera las lágrimas que comenzaban a formarse.

«Haz lo que te pidan Mai»; recordó el sueño vívidamente y aunque no se sentía del todo segura asintió.

—Entiendo, Bulma, honestamente no se si sea la mejor persona para esta encomienda pero… daré mi mejor esfuerzo.

—Gracias Mai— le devolvió la mirada azul y colocó su mano sobre la suya.

Mai asintió con la cabeza y para reconfortarla colocó su mano sobre la suya, ambas sonrieron.

En seguida, la puerta principal se escuchó abrirse.

—Madre, ya estoy aquí—externó una varonil voz un tanto apagada.

—Cariño, que bueno que llegas, tenemos visita— En seguida Bulma apagó su cigarrillo y tiró a la basura los restos de las cenizas.

La muchacha se levantó de su asiento e instintivamente al cruzar su mirada con los azules hizo una reverencia, inesperadamente sus manos comenzaron a sudar otra vez, de seguro el Sr. Brief pensaría que lo estaba siguiendo o algo así.

—Mai pero qué sorpresa— el joven le dirigió una ligera sonrisa que no bastó para despistar lo pálido de su piel y las acentuadas ojeras en su rostro. Su mirada reflejaba desesperanza.

—No sabía que conocías a mi madre— el pequeño gatito negro se restregaba ahora entre sus piernas y el muchacho lo levantó del suelo.

—Nos conocimos hoy cariño, hijo— le abrazó maternalmente y le dio un beso en la mejilla. —Eva me hizo el favor de pasarme su número telefónico y decidí hacerla participe en el proyecto, espero que no te incomode.

—No, no, en lo absoluto madre pero, no debiste forzar a Mai a retomar el proyecto…— dijo reprendiendo a su progenitora.

—Para nada, descuiden, no me siento forzada, en verdad—intervino Mai y los azules le miraron con seriedad como examinando si lo que decía era cierto.

La de gabardina bajó la mirada al instante pensando en que quizás los estaba incomodando. O tal vez era él el que se sentía forzado.

— Bueno a decir verdad, aún no se si estoy listo y...

—Y nada cariño—intervino Bulma— Creo que es momento de actuar, no puedes seguir así encerrado entre tanta melancolía— le acarició con ternura — Seguro ni te alimentas bien, te estas enfermando muy seguido, casi no sales de tu casa. Me preocupo por ti, Trunks.

El joven se sintió apenado, en seguida carraspeó su garganta pues no quería que la joven presente se enterara de esos íntimos detalles.

Mai comprendió como se sentiría y aunque no sabía exactamente qué decir optó por expresar lo primero que se le vino a la mente.

—Señor Brief, Bulma, disculpen pero, debo irme. Les agradezco el tenerme consideración, me siento halagada por ello, gracias—hizo una ligera reverencia—Cuando el Sr. Brief se sienta listo para reanudar el proyecto por favor háganme saber.

—¿Te gustaría quedarte a cenar?— preguntó Bulma con espontaneidad sorprendiendo a ambos jóvenes.

—Les agradezco su hospitalidad, gracias—sonrío—Pero en verdad debo irme. Disculpen— la muchacha negó rápidamente y se encaminó torpemente hacia la salida.

Los Brief se quedaron anonadados.

»Meow— el silencio se vio interrumpido por el pequeño gatito negro mientras los tres parpadeaban. ¿Habían sido demasiado impertinentes?

Al salir de la mansión la muchacha suspiró, había sido un encuentro un tanto atolondrado, quizá no debió actuar de esa manera y, debió haber aceptado quedarse; seguramente pensaron que era una persona rara.

Al instante recordó que tenía algo muy importante que hacer y comenzó a caminar a paso apresurado mientras miraba su reloj de mano para percatarse de la hora. Sin darse cuenta se había tardado más de la cuenta y si no se daba prisa llegaría tarde a su segunda importante cita del día

—Ojalá que el autobús no tarde demasiado en pasar—dijo a la nada deseando que no demorara el transporte.

Sin embargo, una mano en su hombro la detuvo.

—Mai— reconoció la voz del muchacho e inmediatamente volteó hacia su llamado.

—¿T-Trunks…?

—Quiero pedirte una disculpa.

—P-Pero...

—Espero que mi madre no te haya incomodado—le miró fijamente— No tienes que irte en verdad, a mi no me molesta. Si gustas puedes quedarte a cenar— el muchacho le sonreía con gentileza.

—La verdad es que tengo una cita en media hora, no puedo faltar.

—Oh, entiendo—asintió el joven en comprensión—Bueno, entonces no debes hacer esperar tanto a tu cita.

La azabache se puso nerviosa ante el comentario, seguramente el Señor Brief pensaba que se refería a una cita amorosa por lo que se sonrojó y aunque pensó al principio en aclararlo supuso que estaba de más hacerlo.

—Si estas de acuerdo con ayudarme en el proyecto, me pondré en contacto contigo.

—Por su puesto Señor Brief, estoy dispuesta a ayudarle.

De su billetera sacó una tarjeta de presentación con su número de celular. —Bien, cuando puedas por favor envíame un mensaje de texto para que pueda guardar tu número. Cuídate mucho Mai, agradezco tu ayuda, créeme que necesito gente como tú para esto— largó un suspiro.

—Sí, Señor Brief— hizo una reverencia después de tomar la tarjeta.

—Bien me despido, que tengas buena tarde—marcho el muchacho

—Usted igual, gracias— se ruborizó la mujer.

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Habían pasado algunos días desde su encuentro con los Briefs. Por fortuna acudió a tiempo a la segunda cita que tenía pendiente y con fe esperaba respuestas favorables. Después de haber dado un mundo de vueltas, Mai regresó a su departamento con bolsas en mano. De paso recogió su correo y entusiasmada al abrir la puerta de su hogar se sentó en el sofá para revisar con calma los sobres, con la esperanza de encontrar la carta que esperaba con ansias que finalmente llegó.

—¡Al fin!

Llena de emoción abrió el sobre de prisa con remitente del departamento de las fuerzas aéreas. Los orbes azabaches se movían de un lado a otro mientras leía pero, la tristeza le abordó pues el mensaje recibido no era el que tanto añoraba. Una vez más su sueño se había roto y con ello la posibilidad de hacer lo que más le gustaba.

»Le deseamos suerte para la próxima—esas palabras se acentuaron al final del comunicado.

Con su mano limpió su rostro antes de que las lágrimas cayeran. Se levantó del sofá, tiró la carta en la basura y se recogió el cabello en una alta coleta mientas trataba de evitar sus sollozos.

—Ni hablar...

En seguida abrió la nevera y de ésta sacó un bote de helado de fresas con crema. Tomó una cuchara del cajón y comenzó a cavar en el delicioso mantecado, en momentos así no le venía nada mal el consentirse un poco.

Se dirigió a su habitación, acomodó las almohadas, movió las sábanas y se sentó en su cama.

Pensó en encender la televisión pero, al mirar que debajo del control se encontraba el diario de la pelirroja se sintió tentada a volver a leerlo. Sin darse cuenta había avanzado bastante en su lectura; el diario básicamente se basaba en la relación que tenía la joven con el Señor Brief. A pesar de la poca credibilidad que le tenía había encontrado la lectura fascinante, no le cabía duda que el diario destilaba amor en cada palabra escrita. Ahora conocía los detalles de cómo se habían conocido, de cómo se habían enamorado. Lindos momentos sobre su noviazgo, su hermosa y sencilla boda, así como el viaje de su luna de miel; finalmente comenzaba a leer acerca de su matrimonio.

Sin lugar a dudas Ren era una mujer muy romántica y aunque no le gustaba reconocerlo, ella también lo era, por eso disfrutaba tanto leer lo que había escrito.

Abrió el diario justo en el separador en tonalidades cálidas y comenzó a leer.

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Después de varios meses finalmente me armé de valor para preguntarle a Trunks sobre las recurrentes pesadillas que tenía cada noche. El verlo en ese estado me preocupa, algunas veces tiene que recurrir a una ducha de agua fría para calmarse, y aunque él piensa que no me he dado cuenta y aparento seguir durmiendo, me duele ver lo que le pasa.

Finalmente creo que lo mejor fue hablar al respecto aunque tuve que insistir un poco al tener que decirle que entre esposos no debe haber secretos.

Fue entonces que Trunks me llevó a un lugar que sé que tiene mucho significado para él; aquella playa rocosa en la cual me había hablado de su maestro Gohan con anterioridad. La explicación de lo que le sucede sin lugar a dudas fue completamente inesperada.

Comenzó a recordarme la historia de los terribles androides que casi destruyeron este planeta y a la humanidad. Retomó viejas pláticas que habíamos tenido acerca de su padre, de los amigos de su madre.

Entonces comprendí que lo que le sucedía estaba mas allá de una simple recurrente pesadilla. Lo que esos androides le hicieron a su familia le había afectado demasiado, tontamente me preguntaba si quizá los habría visto hacer sus atrocidades con sus propios ojos hasta que finalmente me preguntó:

—¿Recuerdas al guerrero dorado?.

Y como no recordarlo, el valiente y el honorable guerrero, la leyenda que así como llegó desapareció de la nada y que sus historias y la valentía que representaban solo se transmitían de boca en boca, aquel héroe que se le recordaba con una estatua en el corazón de la capital del Oeste, el lugar en donde se rumora dio fin a esos despreciables seres.

—Ren, yo soy ese guerrero.

Me sorprendió a sobremanera su secreto. Yo sabía sobre su pasión por entrenar artes marciales y la agudeza con la que maneja su espada pero, por mi cabeza jamás pasó que él pudiera ser ese hombre. Por la seriedad en su rostro no dudé que lo que decía era cierto y Trunks jamás bromearía con algo así. Siempre supe que él era diferente, que él es especial. Sé que muchos pretendían acreditarse tal mérito, sin embargo siempre el verdadero guerrero lo mantuvo en secreto, inclusive de mí.

Con una expresión de tristeza demostró por primera vez su lado combatiente y junto con un grito un cálida aura dorada lo cubrió. Sus cabellos lilas se volvieron rubios y sus ojos zafiro se tornaron verdosos, su musculatura se hizo más acentuada.

La persona que tenía enfrente aparentemente era totalmente distinta al hombre que amo, por un lado era temible y por el otro era totalmente fascinante, me es difícil describirlo con palabras, solo puedo decir que parecía no pertenecer a este planeta y tenía razón.

—No tengas miedo— me tomó de la mano, mientras yo temblaba sin control, me abrazó y colocó mi cabeza en su pecho —Soy yo, amor— y tenía razón, era él, aunque el ceño fruncido se había acentuado, en su fría mirada escondía su nobleza, en su tacto sentí su calidez, en el latido de su corazón la esperanza y entonces lo entendí todo.

Ahora más que nunca comprendí que tenía que protegerlo, porque hasta las personas más fuertes necesitan; cuando le falten las fuerzas, ahí estaré siempre para ser su pilar.

Entre lágrimas lo abracé con más intensidad, lo besé con ternura. Le pregunté cómo era esto posible y fue entonces que por primera vez escuché la palabra que se llenó de significado para mi.

—Porque soy un saiyajin.

—¡¿QUÉ?!

La mujer de cabellos negros quedó con la boca abierta tras leer lo último. Tanto así que repasó la hoja completa para corroborar que sus ojos no la engañaban, pues el Señor Brief resultó ser ese «Guerrero Dorado» el héroe que tanto admiraba.

—¿Será verdad?—sus dudas comenzaron.

¿Y si Ren estaba mintiendo o imaginándose cosas? ¿Qué rayos era un saiyajin?

Mai volteó la hoja esperando encontrar alguna respuesta a sus dudas. Sin embargo la pelirroja había dejado el tema inconcluso.

—No puede ser…—se vio desanimada pues creía que debía de haber más explicación sobre el tema. Entonces con desesperación continuó ojeando el diario tratando de encontrar la palabra saiyajin en las siguientes líneas.

Entretanto, su búsqueda se vio interrumpida por el sonido de su celular. Mai se encontraba tan alterada que dio un brinco en la cama y en seguida contestó el teléfono.

—Si, diga...

—Señorita Mai, buenas noches. Disculpe mi atrevimiento habla Trunks.

—Señor Brief…

Al reconocer su voz la sangre se le subió a la cabeza y de sus manos sudorosas se resbalaba su celular como si fuera una barra de jabón. El mismo guerrero dorado que alguna vez la había rescatado le hablaba por teléfono; aquel hombre que siempre quiso encontrar para agradecerle lo que hizo por ella y por todos sus amigos; ese hombre valeroso que justo estaba del otro lado del teléfono.

—Disculpa, ¿Hablo en mal momento?

—No se preocupe, dígame Señor Brief— preguntó con miles de gotitas de sudor en su frente.

—Perdona la tardanza en haberte contactado, tuve algunos asuntos que resolver en la universidad, pero bueno— hizo una pausa —Estoy listo para comenzar el proyecto. Hice una cita para el viernes a las 12 del medio día con la Sra. Matsumoto. ¿Estás disponible?

—S-Sí— contestó ella con nerviosismo.

—Esta bien. Si gustas podemos encontrarnos en el café «La Flor» que se encuentra al centro de la capital y, de ahí podemos caminar hacia la casa de la señora. ¿Te parece bien?

—Esta bien— la chica contenía la respiración.

—De acuerdo Mai, te agradezco de nuevo. Nos vemos hasta entonces, estaré faltando 15 minutos a la hora acordada. Buenas noches.

—Que descanse, Señor— colgaron.

Mai se desplomó en la cama de golpe; largo un suspiro ¿En verdad era él? Estaba tan estremecida que dudaba. Pese a tener dudas pensó en lo diferente que lucía y el timbre de su voz.

»Trunks...

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La joven Mai se había arreglado más de lo normal para la cita con la Sra. Matsumoto, si bien entendía que debía estar presentable, supuso que una camisa blanca, unos formales pantalones en tonalidad verde olivo, botas negras bien pulidas y su gabardina estilo militar bien lavada y planchada eran lo suficientemente formal para la ocasión y para cubrirse del frío. Un poco de maquillaje en su rostro, sus ojos delineados, rímel que levantara sus pestañas y sus labios color carmín era sin lugar a dudas maquillaje que utilizaba rara vez.

Mientras esperaba el autobús pensó seriamente si sería prudente hablar sobre el proyecto abiertamente.

»Es un proyecto muy importante para Trunks—recordó las palabras de la científica al ojear la carpeta roja con la documentación necesaria para su cita.

Sacudió la cabeza. Tal vez lo mejor era quedarse callada y dejar que él hiciera lo pertinente. Finalmente él sabía mejor los detalles generales de éste.

Al llegar a su destino, bajó del autobús y caminó hacia el café en donde se habían citado. En su caminata tuvo que cruzar un parque en el cual estaba la estatua.

«El guerrero dorado» decía un sencillo pedestal.

Irónicamente captó que el monumento se encontraba en el corazón de la capital; curiosa se acercó a observar los detalles del rostro en la estatua.

—Vaya…—parpadeó, pues al hombre al cuál habían tallado era temible. Era lo contrario al ordinario Trunks Brief.

No se parecía en nada. De entrada su musculatura era recalcada, su mirada era imponente. No sabía sobre la certeza de la representación en la estatua. Sin embargo de algo estaba segura, sus cabellos eran puntiagudos y los del Señor Brief eran tan lacios que solo con botes de goma lograría levantarlos de esa manera.

Seguramente era una locura que se le había ocurrido a Ren, quizá idealizaba tanto a su esposo que probablemente hasta era un sueño. Negó con la cabeza y continuó su camino.

A lo lejos divisó al joven.

El Señor Brief le esperaba afuera de la cafetería. Él vestía una camisa mal planchada, unos pantalones de lana y una chamarra del mismo color, negro. Miró su reloj, puso sus manos en los bolsillos del pantalón y luego miró hacia ambos lados de la acera.

La muchacha se preguntó si acaso había llegado tarde, pues miró su reloj de mano y aún faltaba 20 minutos de la hora acordada. De momento se preguntó si esperaba a alguien más.

Finalmente el joven le dirigió la mirada y sin poder evitarlo la muchacha se sonrojó.

—Mai, llegaste— sonrió ligeramente.

—Buenos días, Señor Brief.

—¿Estás lista?— preguntó al tiempo que la encaminaba hacia la dirección.

—Sí, ¿Y usted?

—Eso creo—contestó sin poder ocultar sus nervios.

En seguida el joven comenzó a hablar sobre lo que le diría a la Señora Matsumoto. Pensaba en cómo le plantearía la situación del proyecto. E incluso le pidió su opinión a lo que la joven comentó que su idea le parecía bien.

Entre pasos finalmente llegaron a una enorme mansión.

—Llegamos—afirmó el muchacho.

—¿A-Aquí vive?—pensó Mai al ver el enorme lugar.

Sin lugar a dudas debía ser una mujer elegante y con dinero de sobra. En realidad no veía razón para que le negaran una pequeña donación que solicitarían, pues el Señor Brief no pedía demasiada cantidad de dinero o un gran patrocinio.

Los hicieron pasar a una linda estancia y sin esperárselo ambos duraron hora y media sin ser atendidos. Mai no lo podía creer, estaba molesta ¿Entonces por qué los citaron a un hora fija?

—Que impuntuales—murmuró la mujer.

¿Acaso la Señora Matsumoto era una mujer tan ocupada?

»No me lo creo.

Trunks sin decir muchas palabras admiraba la vista que tenía en los amplios ventanales, el jardín de la mujer parecía un paraíso. Mai entretanto estaba recargada en la pared y jugaba impaciente con una pequeña navaja de bolsillo: la abría, la cerraba y la volvía a abrir apreciando el brillo en su hoja.

En seguida la puerta principal se abrió de golpe. El mayordomo miró a Mai con desaprobación, la chica enseguida guardó la navaja e hizo una reverencia a la dama que entraba al enorme salón.

La mujer de cabello platinado por las canas, vestía una elegante blusa color mostaza y un pantalón negro. Ésta se dirigió inmediatamente al joven de mirada azul.

—Trunks Brief, disculpa la tardanza querido, tuve una inesperada visita— le saludó con un beso en cada mejilla—¿Cómo estas? siento mucho lo que estas pasando.

—Gracias, señora Matsumoto— el joven le dirigió una desdibujada sonrisa pues no quería hablar del asunto. —Estoy bien— la mujer le dio un par de palmadas en su brazo y Trunks prosiguió.

—Le presento a mi asistente la Señorita Mai— la elegante señora recorrió con la mirada a la mencionada, le otorgó una sonrisa junto con su mano extendida para saludarla. Mai estrechó su mano nerviosa y la mujer al sentir sus guantes de piel torció sus labios en desaprobación.

Mai se sintió abochornada, debió haberse quitado el guante.

—Tomen asiento por favor— los dos obedecieron.

—Dime, Trunks ¿En que puedo ayudarte?— preguntó la mujer. Después susurró algo a su mayordomo el cual tronó los dedos y en seguida la servidumbre trajo una tetera con tres tazas de té.

El joven comenzó a explicar su proyecto, la mujer le escuchaba con atención. Pero sin querer Mai dio un ruidoso sorbo a su taza de té que estaba ardiendo e hizo que la mujer le dirigiera una leve mirada de desaprobación.

Sin embargo, después le dirigió una gentil sonrisa y le demostraba como era que debía beber el té. Levantó su dedo meñique al tiempo que le dedicaba un amable gesto . La muchacha avergonzada colocó la taza de té sobre la mesa pero, ante la insistente mirada de la Señora Matsumoto retomó la taza y bebió tal cual lo hacía la elegante dama de sociedad. La mujer de ojos color gris asintió con su cabeza en señal de aprobación, mientras Trunks seguía con su explicación.

—Trajimos una copia para que pueda analizar las cifras—le hicieron entrega de la hoja a la mujer y ésta revisó una por una.

Sin embargo no leía a conciencia lo que decían. Parecía como si ya supiera de que trataba el proyecto o que simplemente estaba desinteresada de él. Solo repetía un constante «Aja, aja, ya veo» al ritmo de la vuelta de las hojas.

Trunks permaneció sereno y se esforzaba por convencer a la dama de su idea al mirarle fijamente.

El mayordomo ofreció mas té y ella negó con la mano, lo cual significaba que el tiempo del encuentro había terminado.

—¿Tiene alguna pregunta sobre el proyecto?— preguntó el Brief incómodo ante el desinterés de la mujer.

—No, no Trunks, todo esta muy claro.

—¿Y le gustaría participar? Si le interesa podría aceptar tan sólo la mitad de lo que solicitamos, 30,000 yenes serían de gran ayuda para comenzar—dijo el azul mientras Mai apretaba su gabardina con las manos sobre las piernas impaciente por su respuesta.

—Trunks, querido, el proyecto es muy noble, lo es— suspiró la mujer —Me da mucha pena pero precisamente hace unos minutos acabo de hacer una donación para otro proyecto; una fundación bien cimentada y con un administrador de experiencia. Por otro lado mi marido tiene algunos negocios pendientes en los que piensa invertir dentro de poco.

—Señora Matsumoto si me diera lo oportunidad yo puedo demostrarle que…— decía el azul con mirada suplicante, mientras la mujer negaba con la cabeza.

—Querido no dudo de tus capacidades, eres el nieto del gran Dr. Brief e hijo de la mujer más inteligente que conozco. Me apena mucho tener que negarte mi ayuda por la amistad que tengo con tu familia, es solo que haz venido en un mal momento y el presupuesto que tenía para este semestre ya lo ocupé como acabo de comentarte.

Mai quedó con la boca abierta, no podía creer lo que sucedía. Dirigió su mirada a Trunks el cual se levantó de su asiento y ella hizo lo mismo, era hora de partir.

—Le agradezco su tiempo Señora Matsumoto— hizo una reverencia.

—Gracias a ti por tenerme en consideración— se despidió de él de la misma forma que lo saludó y le extendió la mano a Mai. Esta vez la muchacha torpemente se quitó el guante y la mujer le sonrió, la muchacha aprendía rápido.

Ambos se encaminaron hacia la salida mientras la Señora Matsumoto se asomaba hacia el ventanal.

—Trunks— lo nombró la de cabellos plateados —¿Verás a otras amistades de tu esposa?.

—Sí, Señora Matsumoto seguiré la lista en la que estaba trabajando.

La mujer suspiró.

—Quizá no soy la mejor persona para decirte esto— le clavó su gris mirada llena de experiencia —Pero ¿Me permites darte algunos consejos?

—A-Adelante.

—No sigas esa lista, trata de interactuar con gente distinta, debes crear diferentes vínculos, unos propios. Los nombres en esa lista le pertenecen a un grupo cerrado de gente que puede llegar a ser muy cruel sobre todo por la situación en la que te encuentras, por lo que te recomiendo ampliamente buscar ayuda en otro lado. Hay mucha gente altruista que no esta en esa lista— le sonrió con dulzura.

—Agradezco sus consejos, señora Matsumoto.

— Sé que en estos momentos es difícil para ti cuidar de tu imagen pero, cambia tu vestimenta. No uses la ropa que traes justo ahora. Las chaquetas son muy informales, debes tener una presentación impecable, preferentemente usa traje con corbata, como un caballero de negocios. Eres un joven muy apuesto, debes hacer gala de tu porte— le dijo irguiendo su espalda y levantando la barbilla al tiempo que lo hacia sonrojar.

De ahí se dirigió a Mai con el mismo porte.

—Y usted jovencita arréglese como una dama, como una asistente, no como un guardaespaldas, ¿por qué no lo es, o si?— la muchacha negó con la cabeza sonrojada como un tomate —Ambos tienen mucho potencial, solo deben saber como explotarlo. Ánimo y mucha suerte en sus próximos encuentros, espero encuentren a la gente indicada para su proyecto.

—Nuevamente gracias por sus consejos, Señora Matsumoto— dijo con timidez el muchacho y ambos salieron de la casa.

La mujer aún seguía asomada en el ventanal siguiendo con la mirada a los jóvenes.

—Cuídate mucho Trunks Brief, mucha suerte— susurró al verlos partir. Después se percató que un auto de color negro se alejaba de su propiedad antes de cerrar la cortina. La mujer lanzó un suspiro un tanto necesitado —Perdóname por mi incumplimiento, Ren— susurró para sí misma agachando la mirada llena de culpabilidad.

Notas de la autora:

Holaaaa, pues primero que nada mil gracias por leer hasta aquí. Quiero confesarles que me emocione mucho escribiendo este capitulo, tanto que escribí muchísimo y tuve que partirlo a la mitad jeje, así que el próximo vendrá pronto.

Espero que les este gustando la historia, es un tema un poco triste pero al mismo tiempo quiero destacar el romanticismo, lo importante que es darse otra oportunidad. Y sobre todo que aunque algunos seres queridos parten, los que nos quedamos tenemos que seguir adelante con nuestras vidas.
En fin, muchas gracias por leer en verdad.

Quisiera hacer una pequeña confesión, no se si de dieron cuenta sobre el nombre de la cafetería en la que se encuentran, "La Flor" ese nombre lo escogí en honor al fanfic de mi quería amiga-beta reader-bigmama de este fanfic jajaja Kuraudea con el hermoso fanfic que esta en proceso llamado Flor artificial. Si lo están leyendo creo que comprenderán que me la paso dando gritos fangirls al leerlo jaja y si no lo han leído (que lo dudo) se están perdiendo de una gran obra. asi que leeanlo :D

Bueno ¿Que les ha parecido?, Que tal les cayó la señora Matsumoto?, ¿Piensan que algo tiene que ver el auto negro con ella?

Me encantaría saber sus opiniones.

Bueno ahora si voy con los agradecimientos especiales a las bellas personas que se han animado a dejarme un comentario.

LEBEM: Me emociona muchísimo saber que sigues leyendo y aquí esta el capitulo. Mil gracias por comentarme en verdad me alegra saber que alguien lo sigue. en verdad, gracias, gracias infinitas.

Maria Enriqueta: Gracias linda por pasar a leer, espero que te sirva un poco de distraccion, te envío abrazos y bendiciones.

Aconito: Sigo vivaaaaa jejeje, no he tenido mucho tiempo para escribir pero estoy muy motivada en terminar este fanfic :) así que no te me vayas aquí sigo. Pronto explicare un poco más sobre lo que pasó con Ren y la relación que tenía con Liam Raven y también acercare mas a Trunks y a Mai, Trunks necesita a su Mai…

Kuraudea: BiG Mamaaa mil gracias pro toda tu paciencia y dedicación, maestra Trumai me quito el sombrero ;)