Y aquí Haruka otra vez reportándose con este fic bien raro (cofcofycacacofcof)~
Realmente me impresiona la capacidad de visitas que tiene este fic, pero los review también se aprecian mucho *inserte corazón homo*
Sin más que decir, disfruten la lectura~
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Sorachi-sensei.
Las Mejores Amistades Comienzan de la Peor Manera
Kagura se sentía sumamente enojada, y no, no se trataba esta vez de Sougo, toda la culpa la tenía Gintoki. En primer lugar ¿cómo se le ocurría mandar a un maldito sádico a su casa? Segundo: no le había dado mucho dinero para el almuerzo, alegando que la comida del perro salía muy costosa; por eso mismo ahora estaba muriendo de hambre. Definitivamente era el peor adulto que había conocido en la vida, era un maldito vago que le apestaban los pies y que de seguro moriría solo. Incluso su padre era más responsable que él y por eso no estaba en casa, pero por lo menos sí tenía algo bueno, no cómo ese idiota con permanente.
—China, ¿por qué tienes tan mala cara? ¿Acaso estás estreñida?
—Hoy no estoy de humor imbécil.
—Pero nunca estás de humor.
—¡Hoy estoy peor! ¿De acuerdo? Así que no molestes.
—Oh ¿acaso es ese día sangriento del mes? —Kagura tomó su cabeza y la estrelló contra su asiento.
—Más te vale callarte o te romperé una pierna de nuevo, maldito sádico —masculló ella volviendo a sentarse.
Claro que el chico no se quedó callado sólo con eso, molestarla se había vuelto su pan de cada día y no pararía de hacerlo sólo porque la chica se sentía sin muchos ánimos, en cambio, este era el mejor momento para molestarla. Si no soportaba sus bromas como siempre, simplemente le demostraría lo débil que era y eso sería sumamente gracioso.
—Ya veo, así que el chico que te gusta te rechazó, ¿eh? —continuó apoyando una mano en su mejilla, Kagura intentó ignorarlo pero necesitaba más que eso para que la dejara en paz—. Tampoco tienes que sentirte tan mal por eso, es tu culpa después de todo por ser tan marimacho.
—Tsk, nadie sería capaz de rechazarme.
—De seguro lo asustarías tanto con tu temperamento que es incapaz de hacerlo —la interrumpió.
—No. Soy como una reina después de todo, si yo quisiera, podría tener a cualquiera bajo mis pies. Pero simplemente nadie me convence en este momento.
—Siempre te autodenominas reina, pero lo máximo que puedes alcanzar es ser la reina de los cerdos.
Kagura lo ignoró otra vez apartando su mirada, pero no porqué él hubiera ganado la pelea. El suspiró que soltó después de eso le dio a entender que simplemente estaba cansada. Vaya que debía estar muy mal como para no seguirle la corriente.
—¿Acaso te peleaste con el jefe? —cuando vio como se había sorprendido, supo que había dado en el clavo—. Cuidar a una niña tan molesta como tú no debe ser fácil, yo también me cansaría eventualmente.
—¡Cállate! ¡Él es el único culpable de todas mis desgracias! Yo soy inocente en todo esto —exclamó de repente.
Como decía el dicho: «entre broma y broma, la verdad se asoma». Aunque él sólo quería saber la verdad para seguir molestándola después.
—¿Ah sí?
—¡Si! ¡Ese maldito adulto irresponsable ni siquiera puede alimentarme adecuadamente!
—Esperaba algo mejor, china.
—Esto es importante para mí. Además, dejó que alguien como tú me enseñara. Eso fue el colmo.
—No me metas en tus peleas familiares. ¿Acaso crees que disfruté de tu presencia?
—Pero sí parece que disfrutaste pintar un montón de idioteces en mi cara —lo tomó del cuello de la camisa con una mirada amenazadora.
Y ahí estaba otra de sus peleas físicas cuando ya se les acababan los insultos. Inmediatamente el resto de la clase se alejó lo máximo posible de ellos para no salir perjudicado en la pelea. El salón quedó hecho un desastre unos minutos después.
Kagura odiaba admitirlo, pero peleas como estas la ayudaban a desahogarse enormemente.
Esa semana se la pasó ignorando a Gintoki, sólo le hablaba cuando era sumamente necesario y sólo eran palabras cortas. El albino nunca pensó que la chica fuera tan rencorosa; vaya que sí se sentía viviendo con una hija adolescente.
Ya era fin de semana, él pensó que ya era hora de que su «adorada» protegida levantara esa ley del hielo. Pero nada. Las cosas seguían totalmente igual. Ni siquiera ella le avisó que saldría.
—¿Por qué las mujeres tienen que ser tan jodidamente complicadas? —soltó un suspiro mientras tomaba su Jump. «Ya se le pasaría» era lo que pensaba.
Mientras tanto, Kagura caminaba por ahí con su sombrilla en mano para protegerse de los rayos del sol. Estaba usando un vestido rojo perfecto para esos días calurosos. Sadaharu se encontraba a su lado, no vio necesidad de comprarle correa ya que la seguía a todos lados, además de que no había dinero.
Fue hasta el parque y se sentó en una banca mientras observaba como Sadaharu comenzaba a jugar con cualquier cosa que estaba en el parque.
—Tal vez no debería enfadarme tanto con Gin-chan —murmuró para sí misma, incluso ella se estaba cansando de ese silencio—. Pero también es su culpa por dejarme a ese sádico como tutor, es un dolor en el trasero tener que verlo una vez a la semana —se comenzó a quejar ella.
Al parecer su peor día de la semana ya tenía fecha oficial, ya que al parecer con una sola clase no era suficiente para no tener que ir a las vacaciones de verano. De verdad tenía que prestar más atención en clase, pero no era su culpa que la voz de los profesores tuvieran el poder de darle hambre, sueño y aburrimiento.
Sin embargo, no pudo seguir pensando detenidamente sobre si perdonar a Gin-chan o no ya que un ruido muy cerca de los columpios la estaba desconcentrando.
—¡Oigan mocosos! ¡Cállense de una jodida vez! —gritó ella levantándose de su banca y acercándose a ese lugar.
—¿Eh? No deberías meterte, bruja —replicó un niño.
Kagura frunció el ceño y estaba dispuesta a golpear a ese mocoso, pero Sadaharu se le adelantó mordiendo el trasero de ese diablillo.
—¡Ah! ¡Quitámelo de encima! —pidió mientras comenzaba a moverse intentando quitarse a esa bestia de encima.
—Sadaharu, no hagas eso, te vas a enfermar —el perro obedeció—. Más les vale perderse mocosos —les lanzó una mirada asesina y ambos chicos salieron despavoridos. Si que eran débiles como para salir corriendo así solo por la mordedura de un perro.
—Ehm, muchas gracias señorita —Kagura apenas se dio cuenta de la extraña chica que se encontraba sentada ahí.
—No tienes que agradecer, lo hice más bien por mí —frunció el ceño al pensar que ellos habían acabado con su tranquilidad—. Te recomiendo que si no sabes tratar a niños así, más te vale no venir por estos lares. Hay más mocosos descarados por aquí cerca —sugirió dando media vuelta.
—Espera un momento por favor —la chica se levantó de ahí—. ¿Qué es eso que tienes ahí? —señaló la caja de sukonbu que Kagura tenía en sus manos.
—Esta es la mejor comida del mundo —contestó la chica con una sonrisa.
Ambas se sentaron en la banca en la cual anteriormente estaba Kagura, quien le pasó uno de sus sagrados sukonbus. La misteriosa chica lo miró con curiosidad antes de darle un bocado.
—Esto está muy agrio —comentó con una cara de total desagrado.
—Eso es lo mejor de todo ¿no te parece?
—Así que esto es lo que comen los de clase media… —murmuró para sí misma con un tono reflexivo.
—Por cierto, no te he preguntado cómo te llamas. Mi nombre es Kagura, un gusto —le dedicó una gran sonrisa.
—Oh, fue descortés de mi parte, lo siento. El mío es Soyo, un placer conocerla —hizo una leve reverencia con su cabeza.
Soyo miró hacia el frente y soltó un pesado suspiro mientras sus ojos se llenaban de tristeza.
—¿Pasó algo? Si quieres puedes contarme. Gin-chan me dijo que cuando alguien se sentía mal, siempre se sentía mejor después de desahogarse.
—Ahora no quiero incomodarte con mis problemas, pero ¿puedo pedirte un favor? —Kagura asintió—. ¿Podrías enseñarme parte de la ciudad?
Kagura no preguntó por las razones y simplemente asintió. Por alguna razón le gustaba ayudar a la gente, tener ese sentimiento de que hiciste una buena acción era realmente agradable. Además, de seguro una salida con su nueva amiga de seguro la animaría y así podría perdonar a Gin-chan.
Ambas chicas comenzaron a recorrer la ciudad como si se trataran de mejores amigas. Fueron a cine primero, luego fueron al centro comercial, donde Kagura le mostró como jugar varias cosas que ahí se encontraban. Era bastante interesante enseñarle a Soyo cada una de las cosas que a ella le parecían tan normales, la hacían sentir como una verdadera adulta. Además, Soyo terminó siendo una chica bastante interesante, aunque ambas tuvieran personalidades distintas, congeniaban realmente bien. Incluso casi se meten en problemas, ya que Kagura en un despiste terminó llevándosela a un barrio algo difícil, pero nada que unos golpes y una huida no solucionaran.
Al final del día, ambas volvieron a ese mismo parque, la castaña se encontraba acariciando a Sadaharu mientras Kagura tomaba un refresco.
—Hoy me divertí bastante, muchas gracias por todo, Kagura-san.
—No tienes que ser tan cordial conmigo, Soyo-chan.
—Lo siento por eso, es costumbre —soltó una pequeña risa pero luego su expresión se volvió una más melancólica—. De verdad no quiero volver a casa…
—¿Por qué no? ¿También peleaste con alguien en tu casa?
—No exactamente, bueno sí, aunque es algo complicado a decir verdad —balbuceó ella sin saber exactamente por donde comenzar—. Huí de casa —confesó soltando un suspiro.
—¿Por qué hiciste eso? —preguntó algo sorprendida.
—Odio estar encerrada todo el tiempo. No me dejan ver nada del exterior y por eso casi no tengo amigos…
—¿Ni siquiera en tu escuela?
—Bueno, hablo con pocas personas, pero no actúo tan natural como cuando estoy contigo —confesó con cierta tristeza.
—¡Ya no tienes que preocuparte por eso! —Kagura soltó su sombrilla y su bebida para tomar ambas manos de la chica—. Yo seré tu amiga a partir de ahora y para siempre.
—¿E-en serio? —su ojos se pusieron algo húmedos. Claro que esas palabras la conmoverían totalmente, ella siempre se había sentido sola y tener a alguien diciéndole aquellas cosas que siempre quiso escuchar parecía ser un sueño.
—Sí —sonrió.
Soyo la abrazó fuertemente agradecida por aquellas palabras.
—Oh, con que aquí estaba, princesa —Kagura se crispó en su lugar al escuchar esa voz. ¿Por qué siempre venía a interrumpir su sagrada tranquilidad?—. ¿Eh? ¿China?
—¡¿Qué haces tú aquí?! —gritó ella señalándolo acusatoriamente luego de haberse separado de Soyo.
—Vine a buscarla —señaló a la chica.
—No permitiré que te la lleves, quién sabe que podría hacerle un tipo tan podrido como tú —abrazó protectoramente a la castaña.
—Es mi trabajo, no hagas las cosas más difíciles, China. Además, si tenemos que buscar un culpable, podría culparte a ti de secuestro.
—¿Secuestro? ¿Qué carajos? —se levantó de su lugar para acercarse a él sin quitar su mirada amenazante. Ambos gruñeron como perros a punto de iniciar una pelea.
—Oh vaya, no sabía que conocías a Okita-san, Kagura-chan.
—¿Conoces a este imbécil? —lo señaló sorprendida.
—Es lo que estaba intentando decirte, imbécil —masculló bajando su mano—. Es mi trabajo protegerla.
—¿Protegerla? ¿Tú? ¿El rey de todos los sádicos? ¿No estás haciendo una jodida broma? —dijo totalmente sorprendida. ¿Seguro que esto no era un sueño?
—No tengo que darte explicaciones, claro, a menos que me ruegues como una zorra —dijo con aires superiores enojando aun más a la chica.
—¡Tú deberías arrodillarte! —le dio un puñetazo de lleno en el estómago provocando que se doblegara un poco.
—Maldita china —masculló furioso comenzando una pequeña pelea con ella ahí mismo.
—Chicos, por favor paren —pidió Soyo algo confundida por su relación.
Aunque al instante se dio cuenta de que era inútil intentar pararlos.
—¿Por qué nos estás siguiendo? —preguntó Sougo con molestia al ver como Kagura caminaba junto a ellos.
—Para asegurarme de que no le hagas nada. No me confío de un sádico como tú.
—Tú serías la más sospechosa aquí.
—Soyo-chan ¿cómo es qué ese sádico tiene el deber de protegerte? —preguntó en un susurro nada disimulado.
—Bueno, es sólo de vez en cuando —soltó una pequeña risa—. Es que él es muy cercano al jefe de la policía, Kondo-san, así que él conoce bastante sobre este mundo, y como es bastante fuerte y es joven, entonces es como un guardaespaldas perfecto para que no me sienta incómoda —finalizó con una sonrisa.
—Así que ¿sólo te acompaña cuándo vas a salir o cosas así?
—Sí, pero como casi no me dejan salir a menos que sea realmente necesario, casi no tiene que trabajar —soltó un leve suspiro—. Por eso, ¿por qué viniste a trabajar hoy? Okita-san —preguntó curiosa mirando al mencionado.
—Kondo-san me llamó totalmente alterado de que habías desaparecido, así que vine a ayudar.
—Soyo-chan ¿qué tan importante eres? —preguntó Kagura. A veces podía ser algo lenta.
—¿La secuestraste toda una tarde y no lo notaste? De verdad que eres idiota —bufó divertido.
—¡Ya te dije que no la secuestré! Además, no la acosé con preguntas —hizo un puchero mirando hacia otro lado.
—Es algo vergonzoso decirlo, pero… —jugó con sus dedos algo nerviosa—… mi hermano es un importante político del país.
—Vaya, eso es bastante asombroso.
—Ya deberías irte a casa China, de seguro el jefe está preocupado.
—¿Ah? ¿Acaso me estás tratando como una niña? Mocoso —replicó ella—. Además, mientras más tarde vuelva a casa mejor.
—Así que sigues peleando con él ¿eh? De verdad eres más inmadura que yo.
—Tú eres el único inmaduro aquí.
Soyo simplemente río ante esta divertida escena y miró de reojo a Sadaharu, quien también estaba bastante pendiente de esos dos. Si que se llevaban bien de alguna forma…
Después de unos minutos, habían llegado a la mansión de la chica, la cual estaba infestada de policías, camiones, incluso había un maldito helicóptero por si se tardaban más en encontrarla. Kagura no pudo evitar preguntarse qué tan importante era el hermano de la chica.
—Muchas gracias por lo de hoy, Kagura-chan —se despidió Soyo con un abrazo—. También a ti, Sadaharu —se agachó para acariciar al perro quien respondió con un ladrido.
—Vendré a visitarte cuando pueda.
—Lo siento, no dejamos entrar intrusas al lugar —arruinó Sougo el momento, justo en ese momento esquivó un golpe de la chica.
Soyo hizo un ademán de despedida mientras entraba a su mansión, siendo seguida por varios guardas.
—¿No vas a ir con ella?
—¿Para qué? Ya mi trabajo aquí está hecho —Sougo se encogió de hombros y comenzó a caminar.
Kagura soltó un chasquido comenzando a caminar de igual manera.
—¿Acaso me estás siguiendo? Es desagradable —masculló ella.
—No es mi culpa que también vaya por esta dirección.
—Entonces no te acerques mucho a mí, sería molesto que las personas pensaran que vamos juntos —intentó alejarlo con su sombrilla.
—Sí que eres molesta. Ni siquiera tenía que ir a tu casa el día de hoy como para tener que compartir más contigo, pero mira, aquí estamos —dijo irónico.
—Yo tampoco estoy feliz con esto.
—Así que ¿ya renunciaste a tus estúpidas gafas de nerd? —notó él. Vaya que los ojos de la chica resaltaban mucho más sin esos molestos lentes, si ella no tuviera una personalidad tan desastrosa, incluso diría que sus ojos era una de las mejores cualidades físicas que tenía.
—No, simplemente no las uso cuando no estoy en la escuela o estudiando.
—Sí que eres rara, china.
—¡Tú no digas nada! Maldito sádico. ¿Quieres qué te mate?
—Aun si quisieras, no lo harías, después de todo soy más fuerte que tú. Idiota —usó un tono bastante molesto al final.
—Ja, aunque seas parte de los roba impuestos, no significa que seas más fuerte que yo —replicó—. Desde pequeña me han enseñado a pelear, así que soy más experimentada que tú. Sádico.
—Sí, sí, lo que digas. De todas formas es muy tarde como para formar una pelea, ahora mismo sólo quiero llegar a mi casa a dormir —puso ambas manos detrás de su nuca a forma de almohada.
—¿Acaso te acobardaste? —formó una sonrisa burlona.
—No, pero es bastante tarde, tienes un vestido y no quiero que después te quejes de que te gané por tu incómoda vestimenta —resaltó él—. Oh, y además traes a ese pulgoso, nada garantiza que no vaya a interferir en nuestra pelea.
Kagura hizo un puchero, odiaba admitirlo pero tenía razón. Ese vestido no era nada favorable para pelear, necesitaría algo mucho más cómodo por sí quería patearle el trasero de verdad a ese imbécil. Aunque claro que eso no evitó que anteriormente se pelearan un poco.
—De verdad pareces un acosador, incluso me seguiste hasta mi casa —masculló ella.
—Es una mera coincidencia que pase por aquí, idiota. No te hagas ilusiones.
—¿Ilusiones de qué?
—De que tuviera interés alguno en ti.
—Sí claro, vomitaría si eso llegara a pasar.
—De seguro te alegrarías —le dio un leve golpe en la cabeza para seguir caminando hasta su hogar.
—¡Jamás en la vida! —exclamó para luego soltar un bufido.
Cuando entró a casa, sintió inmediatamente un ambiente bastante tenso. Ahora que lo pensaba, había estado afuera todo el día, y ya era bastante tarde debido a que la casa de Soyo quedaba algo lejos. Sí, definitivamente Gin-chan estaría furioso.
—Ya llegué —avisó intentando no mostrarse nerviosa.
—Bienvenida, Kagura-chan —y ahí se encontraba Gintoki, con una sonrisa que le aseguraba de que recibiría el sermón de su vida.
—¿Lo siento?
—¡Claro qué debes disculparte idiota! —la golpeó fuertemente en la cabeza—. Desapareciste todo el maldito día.
Y ahí comenzó su discurso de porqué no debía llegar tarde a casa, especialmente cuando usaba un vestido como ese, alegando que podía atraer a cualquier pervertido de la calle y de todos los peligros que habían actualmente, y demás cosas exageradas que dicen los padres para asustar a sus hijos.
—No es como si permitiera que me hicieran algo, además no estaba sola de todas maneras.
—¿Ah sí? ¿Con quién?
—El sádico… —murmuró mirando a otro lado dándole un mensaje distinto a Gintoki.
—¡Kagura! ¡¿Por qué no me dijiste que ya habían avanzado tanto?! —ahora fue el turno de la chica para golpearlo.
—No me refería a eso, jamás saldría con un ser despreciable como él. Sólo me lo encontré de camino.
—Más te vale no hacer que este se convierta en un fanfic de clasificación M o juro que lo mato —amenazó él.
—¡¿De qué carajos estás hablando?!
Ambos comenzaron una discusión ciertamente estúpida, se podría decir que de esta forma ambos hicieron las paces finalmente.
—China, no te distraigas —Sougo tocó su mejilla con su lápiz.
—¿Cómo no distraerme? Eres aburrido.
—Por lo menos gracias a mí ya no te está yendo tan mal en la escuela.
—Eso es porqué he estado prestando más atención a clase.
—No tienes que avergonzarte.
—¡No estoy avergonzada!
Sí, esta se trataba de sus otras sesiones de estudio. Kagura deseaba que ya llegaran las malditas vacaciones de verano para así deshacerse de ese chico, después de que pasaran los exámenes finales, ya no tendría que volver a su casa, nunca más en la vida.
Kagura se levantó unos momentos para ir por unas sodas, mientras tanto, Sougo se dedicó a jugar con Sadaharu un poco, hasta que una lata golpeó su cabeza.
—¿Qué te pasa? Maldita —masculló él mirándola con ojos asesinos.
—Pediste que te trajera una, así que lo hice. No te quejes tanto —dijo mientras se sentaba con algo de pereza y abría la bebida.
Sougo la imitó pero siguió acariciando a la mascota de la chica.
—¿No está más grande que la última vez?
—A mí me parece totalmente normal —se encogió de hombros y se quedó observándolos por unos segundos—. Te gustan mucho los perros ¿no?
—Se puede decir que sí —por unos momentos creyó ver un lado tierno de Sougo—, después de todo son más fáciles de manipular —agregó con una sonrisa siniestra. Definitivamente ese imbécil no poseía ninguna buena cualidad buena.
—Tsk, es como dice Gin-chan: «los amantes de los perros son unos sádicos y de los gatos son unos masoquistas».
—Posiblemente tiene razón esa frase. Así que ¿cuáles prefieres china?
—No tengo ninguna preferencia a decir verdad —contestó haciendo un puchero.
—Y yo esperando que fueras una masoquista por dentro, aunque claro, eso se puede saber por otros métodos —formó una sonrisa socarrona, recibiendo al instante un libro en la cara.
—¡Deberías callarte y ayudarme a estudiar imbécil!
—¿No pues que te daban sueño mis clases? —masculló él volviendo a tomar asiento mientras se sobaba la nariz.
—Un poco, pero es mejor que nada —se encogió de hombros volviendo a abrir su cuaderno.
—Tengo un trato para ti.
—Ni lo pienses, sé que será algo supremamente malévolo. Así que no.
—¿Ni siquiera cuándo se trata de la princesa?
—¡¿Qué tiene que ver Soyo-chan en esto?! —preguntó alterada, nada que tuviera que ver con ese sádico era bueno.
—¿Por qué tanta desconfianza? Mira, si no te distraes en ningún momento te dejaré ver a la princesa.
—¿Sólo eso? Esperaba algo mejor. Ya sabes que puedo ir a verla cuando se me de la gana.
—No estaría tan seguro si fuera tú, después de todo yo soy muy bueno mintiendo y soy parte de su guardia personal —un atisbo de malicia en sus ojos.
—¡No serías capaz de…!
—Sí —la interrumpió—. Así que, si quieres seguir siendo su mejor amiga más te vale prestarme atención. Odio repetir las cosas dos veces, especialmente a idiotas cómo tú que necesitan usar todas sus neuronas en esto.
—De verdad eres un maldito sádico. El príncipe de los sádicos. El sádico más imbécil que he visto en esta vida —comenzó a decir cada insulto que pasaba por su cabeza.
—Gracias por los insultos. Ahora comencemos —indicó ignorando todas las maldiciones que la chica tenía planeado para él.
—Bueno, por lo menos ahora la clasificación de este fanfic sigue a salvo —susurró Gintoki saliendo de la cocina y viendo de reojo a esos dos estudiando.
Kagura mantenía su ceño fruncido pero aun así escuchaba atentamente las indicaciones de Sougo en silencio.
Cuánto odiaba a ese maldito, pero debía admitir sus grandes habilidades para enseñar.
¡¿Qué carajos acababa de pasar por su mente?! Definitivamente estaba mal.
—China, recuerda el trato.
—Cállate, estoy escuchando.
Posiblemente pasar tanto tiempo con él la estaba afectando de alguna forma...
Hasta aquí el capítulo de hoy~
Espero que les haya gustado y gracias por llegar hasta aquí. Ya saben, si encuentran algún error me avisan, después de todo sigo siendo novata uvu
Posiblemente el siguiente lo suba la siguiente semana, pero quién sabe xD
Dejen review si no les gustó, les gustó, los incómodo, piensan que es bien pendejo y no saben porque están leyendo esto, etc.
Haruka-sama se despide~
