CAPÍTULO V
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"No te rindas, que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir los sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo"
(Mario Benedetti)
El joven caminaba de prisa con el rostro cabizbajo, frotaba su frente y detrás del cuello, «la cuna del estrés». ¿Y ahora qué harían? Todo había salido mal. Mai en tanto seguía la sombra de sus pasos, como si ésta fuera el único camino a seguir.
»Cuidalo Mai, lo dejo en tus manos.
»Prométeme que lo cuidarás.
Y Ren aparecía en sus pensamientos.
El encuentro con la Señora Matsumoto no había sido para nada lo que habían esperado.
La frustración acompañada de la decepción trataban de hundir en un abismo a la esperanza.
—Maldición…—Trunks esbozó mientras su mirar se centraba en los cielos.
No tardaron mucho tiempo en llegar al parque situado en medio de la capital. El joven se quitó su chaqueta negra y la colocó al lado suyo en el respaldo de la banca; se sentó. Colocó los antebrazos sobre sus rodillas mientras se frotaba las manos para generar un poco de calor; miraba a la nada tratando de analizar la situación.
—Señor Brief— se acercó Mai. En seguida se sentó a su lado y acarició su espalda tratando de ofrecerle consuelo.
—No lo entiendo, Mai, ¿Qué fue lo que pasó?
—Son cosas que pasan, Señor. No se desanime.—le dirigió la mirada.
—Por lo que Ren me había comentado la Señora Matsumoto estaba muy interesada en el proyecto. Prácticamente ella ya le había vendido la idea ¿Por qué cambiaría de opinión?… No logro entenderlo—agachó la cabeza.
Esta información cambiaba la percepción de Mai acerca de todo el asunto, y ahora más que nunca temía que había algo más detrás de todo esto.
—Vamos, Señor Brief, no se ponga así. No se acaba el mundo. El proyecto es bueno, estoy segura que no somos las únicas personas que pensamos así. ¿Y sabe? Como muchos otros tenemos que caer varias veces para finalmente lograr nuestra meta. Estoy segura que ni a las mejores ideas les dijeron que sí a la primera. Como ha sido el caso del inventor de la televisión, de los focos y hasta el creador de las cápsulas—le lanzó un guiño al saber que su abuelo fue el creador de tan famoso artículo—Estoy segura que intentaron y fallaron mil veces hasta poder crear lo que sus mentes imaginaban.
—Mai…— por primera vez el muchacho le dedicó una mirada llena de empatía. Especialmente la última frase le hizo motivarle lo suficiente para dejar pasar lo que acababa de suceder y seguir adelante. —Tienes razón—asintió—No puedo frustrarme así en nuestro primer intento.
—La próxima vez Señor Brief nos irá mejor. Prometo presentarme a la altura para parecer una digna asistente suya. Incluso beberé el té como la gente de sociedad— la muchacha irguió su espalda, junto sus piernas y posó tal cual la señora Matsumoto, con el meñique extendido pretendiendo beber su taza de té.
El joven soltó una leve risilla.
—Aún no puedo creer que me comparara con su guardaespaldas— decía la chica al fruncir sus cejas resignada al calificativo. Pero ambos se miraron y pronto comenzaron a carcajearse por lo absurdo que había sido el comentario. Y las risas siguieron sin saber exactamente el porqué, quizá era la forma en que dejaban ir a la frustración y rescataban a la esperanza.
—Gracias, Mai— se levantó el joven y le extendió la mano ayudándole a levantarse; la muchacha se avergonzó.
—En verdad te agradezco los ánimos, sigamos con el plan ¿Si?.
—Sí, Señor Brief— la muchacha se puso en firmes y extendió su mano sobre su frente tal cual soldado de la resistencia. El hombre volvió a sonreír y negó con la cabeza.
—Mai, por favor, deja de decirme Señor Brief. Solo llámame Trunks.
—Pero ¿Por qué Señor Brief?—se retractó de inmediato—Quise decir, Trunks.
—No es necesario tanta formalidad conmigo, me haces sentir como si fuera tu general. Trátame normal como a un amigo más ¿Qué dices?.
—Sí, esta bien— afirmó con sus mejillas rosadas más que por el frío por el hecho de pensar que el joven la estimaba como amiga.
Asimismo el joven emprendió camino. Mai estaba por seguirle pero, se detuvo a recoger la chaqueta y la colocó sobre la amplia espalda del muchacho.
—Será mejor que te cubras, con este frío podrías resfriarte otra vez. Toma— le extendió una bufanda extra que traía en su bolso.—Debes cubrirte bien la boca y el pecho— le sonreía con gentileza.
El joven abrió sus ojos de par en par, una calidez conocida le abordó, quizá por lo sensible que se encontraba sintió como si dicho gesto fuese una caricia hacia su alma necesitada. Era evidente que extrañaba el cariño de su mujer e indudablemente la simpatía de Mai se sentía bien, sin embargo le parecía imprudente pensar de esa manera, pues era obvio que la joven lo hacía de buena fé y quizá él, por el vacío que tenía, simplemente estaba pensando por de más.
—Gra-Gracias—tomó la prenda el muchacho y la colocó sobre su cuello.
Y así continuaron su camino, cada quien se dirigió a su casa.
—Nos vemos, Mai. Ve con cuidado.
—Usted igual, Señor…¡Quise decir!—se avergonzó por su torpeza— T-Tú igual, Trunks.
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Durante el fin de semana descansaron y reanudaron su búsqueda al inicio del día Lunes.
Con actitud positiva se encontraron de nueva cuenta en el corazón de la ciudad. Se sonrieron al verse pues sin ponerse de acuerdo los dos habían seguido los consejos de la Señora Matsumoto.
—Llegas tarde—dijo el joven en son de broma. De inmediato la jovencita vio su reloj de mano.
—¡Solo me retarse diez minutos!, discúlpame.—hizo reverencia ante él— Es que mi motoneta aún no está lista y…
—Y nada…
—¿Eh…?—volteó hacia el azul.
El rió.
—Anda, vámonos.
—S-Sí.
Mai vestía una blusa blanca con escarola al frente y una falda negra estilo lápiz. Los tacones bajos color negros hacían juego con el color de sus medias. Finalmente un suéter rojo como sus labios, le cubría del frío, el cuál por suerte no era tan intenso como los días anteriores.
En cuanto a Trunks, independientemente de la mirada triste se le veía mejor que días atrás, aunque extrañaba a su mujer. Últimamente pensaba en lo mucho que había dependido de ella, y eran pequeños detalles como el hecho que le anudaba la corbata que usaba en ocasiones especiales que ahora se sentía un tanto perdido.
Por lo que se vio en la necesidad de pedir ayuda a su madre. Bulma se encargó de recoger un traje negro de la tintorería, plancharle una camisa blanca y finalmente tras varios intentos fallidos por parte del joven, ella misma le anudó la corbata. El joven por iniciativa propia, por primera vez se peinó el cabello hacía atrás con un poco de goma para tratar de lucir impecable y un poco diferente. Al mirarse al espejo lanzó un suspiro necesitado con esa típica sensación de tratar de empezar de nuevo.
Hasta las cuatro de la tarde de ese mismo lunes, todas sus citas se habían negado a colaborar en "Una familia para todos" sin embargo no habían perdido los ánimos.
El rugir del estómago del saiyajin le hizo avergonzarse.
—¿Tienes hambre?—preguntó a su acompañante con una mano tras la cabeza.
Pero fue el rugido del estómago de la chica el que respondió la pregunta, ambos sonrieron.
—Vamos te invito a comer.
—Bueno, a decir verdad preparé un lunch— dijo Mai buscando en su bolso la cápsula que contenía un par de cajas bento, una envuelta en un pañuelo color azul y otra en uno de color verde, le ofreció el azul con timidez—Pero si prefieres comer otra cosa, no me sentiré ofendida, en verdad— colocaba su cabello detrás de su oreja.
—Mai no debiste, es decir muchas gracias— hizo una reverencia al tenerlo en sus manos—Vamos a sentarnos busquemos un lugar donde comer ¿Qué dices? Sirve que tomamos un receso.
La muchacha asintió y lo siguió, se sentaron en uno de los parques de la capital del Oeste, donde el pasto aun se conservaba verde a pesar del invierno, los rayos del sol les brindaban el calor que necesitaban, por lo que se sentían cómodos. Trunks se quitó sus zapatos y estiró sus pies, moviendo las puntas de sus dedos.
—Discúlpame Mai es que ya no aguanto estos zapatos. No sé como le hacen ustedes con esos tacones— señaló su calzado.
La chica sonrió y también se los quitó —No lo sé, son insoportables— la muchacha también movió la punta de sus dedos y se dedicaron un gesto de complicidad. Mai sacó su caja bento, un par de palillos y le ofreció los utensilios a su acompañante.
En seguida el joven abrió la caja e inmediatamente quedó maravillado, al mismo tiempo que sorprendido pues se trataba de un suculento y completo Hanami, su bento favorito. Por ello no pudo evitar observarla con detenimiento, como si la examinara mientras ella disfrutaba de una de las empanadillas de carne, mientras él se preguntaba si quizá sabía que era su bento favorito, o era mera coincidencia, aunque dudaba mucho que fuera así. ¿Acaso Ren se lo había dicho?
Decidió no darle mucha importancia, prosiguió y comió tan rápido que casi un pedazo de bolita rellena de pulpo se le atoraba en la garganta.
Bebió una de las sodas que traían consigo y al finalizar se extendieron con una agradable conversación, sin darse cuenta el muchacho reía, ambos lo hacían de cualquier tontería, y el joven se sentía bien. La convivencia le estaba haciendo bien.
Él le platicó sobre la Universidad en la que estudiaba, la carrera que tenía y lo mucho que le costaba hacer nuevos amigos, se reconocía como una persona tímida, por lo cual todo esto le era un reto absoluto. Sin embargo y a pesar de todo con Mai hacer migas había sido simple, se le facilitaba, pues la chica era sencilla, muy agradable y muy buena conversadora. Compartió con ella sus sueños en los cuáles todos incluían a su ex mujer y por ende le extrañaba, sin embargo no quería entristecerse en estos momentos, sentía que hablar de su pena podría convertirlo en una desagradable compañía, por lo que cambio el tema repentinamente.
—¿Y tu Mai? ¿Cuál es tu sueño?—preguntó el muchacho comiendo un par de frutillas, al tiempo que un avión militar pasaba justo por encima de ellos. La mujer se cubrió el rostro del sol para poder seguir apreciando el fascinante aparato.
—Mi sueño es volar uno de esos.
Trunks se quedó con la boca abierta, impresionado por lo que acababa de escuchar.
—¿Es en serio Mai?
La muchacha asintió al mismo tiempo que se abochorno, pues temía escuchar de Trunks, lo que muchas personas le decían, que era algo ridículo, que era trabajo de hombres, que mejor se dedicara a otra cosa.
— Me parece un sueño genial.
—¿En verdad?.
—Por supuesto es muy original, ahora entiendo por que el uniforme militar. Después de todo la Señora Matsumoto no estaba tan perdida— ambos rieron por el recuerdo.
—¿Estás enlistada?
La mujer bajó la mirada.
—No— largó un suspiro —Apliqué para convertirme en técnica de mantenimiento de aviones en la Fuerza Aérea y con ello poder tener acceso y volar esas bellezas. Sin embargo no me aceptaron— contestó con un sentimiento de derrota.
—Ya veo, seguirás intentándolo ¿No es así? recuerda que hay que fallar varias veces antes de llegar a la meta— imitó la frase que había dicho con anterioridad.
—Sí, seguiré intentándolo. Por cierto, es casi hora de nuestra siguiente cita— se levanto exaltada la mujer.
—Tienes razón, el tiempo pasó tan rápido que ni me di cuenta— puso una mano tras su cabeza —Andando sigamos intentando—
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Así llegaron al día miércoles y aún no habían conseguido ni a un solo donador.
Mai no podía creerlo, algo estaba mal, tenía que estarlo, no era normal que todos dieran casi la misma excusa. Que ya se habían comprometido con otra fundación recientemente, que tenían otros negocios que atender. Por todos los cielos solo eran 60,000 yenes que para la gente pudiente como ellos seguramente era como quitarle un pelo a un gato.
Los ánimos se iban desvaneciendo hasta que la última visita inesperadamente se salió de control.
—Mire Sr. Brief será mejor que no siga— dijo una delgada mujer casi esquelética con un cigarrillo en mano interrumpiendo casi a la mitad de su explicación.
—No me interesa donar mi dinero en las ideas de una ramera— dijo despectivamente.
Mai quedó perpleja y el joven se levantó de su asiento.
—¿Disculpe? No le permito que hable así de mi esposa.
—No puedo creer que después de lo que le hizo le siga defendiendo Sr. Brief— la mujer rió con sorna —Usted es uno de esos ciegos que no quieren ver, una mujer así no vale la pena.
—Vámonos Mai— dijo el joven apretando los dientes, recogió sus papeles, al tiempo que recordaba como esa misma mujer meses atrás se presentaba como una gran amiga de su esposa. El joven salió de la mansión hecho una furia, tras de sí el mayordomo se encargó de azotar la puerta ante su partida.
—Que groseros— dijo Mai indignada y luego siguió al Brief que estaba lleno de cólera.
Sin embargo, por el rabillo de sus ojos, la chica logró divisar dando vuelta en la esquina de la calle un auto negro que se dirigía al lado opuesto de la mansión, pensando inmediatamente en el auto que seguía al joven Trunks, semanas atrás y a la misma Ren.
¿Los estaban siguiendo?
La muchacha negó con la cabeza. No, no podía ser, seguramente se estaba imaginando cosas, había tantos autos negros en el mundo que no podía pensar paranóicamente cada vez que viese uno.
Al observar el andar del muchacho se percató de que empuñaba sus manos con rabia.
—Esto es increíble— decía con una mueca cargada de frustación, al tiempo que pasó ambas manos por su cabeza y exasperado soltó sus brazos en un gesto desesperado.
—Trunks— susurró Mai al sentir su abatimiento.
—Es que no puede ser, no puede ser que esto este pasando Mai.
—No te desanimes…
—No Mai, es que esa persona era la última de la lista —De quince personas no obtuvimos a ninguna, ¿Te das cuenta? No entiendo algo debe estar mal, algo debemos estar haciendo mal… y ella, esa hipócrita— señaló con molestia hacia la mansión que acababan de visitar — se atrevió a hablar mal de Ren— apretaba los dientes tratando de evitar decir más y entonces abrió sus ojos de par en par.
Quizá entonces la verdad era que todos ellos, los que alguna vez habían entablado una "amistad" con su esposa, pensaban de la misma manera; ahora se avergonzaban de ella y por eso le daban la espalda.
En ese mismo instante comenzó a nevar, minúsculos copos de nieve flotaban a su alrededor adhiriéndose en los lilas y los azabaches con suavidad.
—¿Trunks?— le llamó Mai sin saber exactamente que decir al respecto. —Ahora ¿Qué vamos a hacer?
El joven dudo ante la pregunta —Vamos a casa— Suspiró —No tiene caso seguir con esto, será mejor que nos olvidemos—
—¿Vas a renunciar? ¿Vas a renunciar al sueño de Ren?— preguntó un tanto con timidez al tiempo que caminaba detrás de él.
El muchacho hizo una corta pausa en su camino, con el ceño fruncido contestó.—No lo sé.
—Pensé que, pensé que este proyecto era importante para ti también , que también era tu sueño ¿No lo es?—
El gesto del muchacho se relajó un poco ante la pregunta, lo era, era muy importante para él. Pero, aun así estaba tan desilusionado que sentía la necesidad de replantearse todo, no estaba listo para dar más explicaciones y menos ahora que todo parecía caer en un abismo.
—Sí, si lo es pero, ahora no se exactamente si lo mejor sea continuar.
—Entiendo— bajó la cabeza y el muchacho le miró, se veía decepcionada, quizá estaba siendo demasiado determinante sin tomar en cuenta que la joven había dedicado tiempo y energía al proyecto, quizá para ella también era importante. Sintiéndose apenado por su egoísta reacción contestó.
—Discúlpame Mai, solo necesito un poco tiempo para pensar.
Mai negó con la cabeza—No te preocupes, tomate el tiempo necesario.
—Nos vemos— dijo el muchacho juntando y levantando sus dedos índice y anular en señal de despedida. Comenzó a caminar hacia el otro lado con las manos en sus bolsillos, aún se le veía agitado por su mala experiencia.
La chica suspiró y se encaminó en dirección opuesta, hacia la parada del autobús que la llevaría a su casa.
Comprendía perfectamente al azul, y aunque por más que quisiera que no renunciara al proyecto, no podía obligarle a hacer lo que no quería, no tenía ningún derecho, ella solo estaba ahí para serle de apoyo.
Sintió tristeza por todos los obstáculos y humillaciones que él había soportado. Recordó a Liam Raven, a los hombres y mujeres de la lista moviendo sus cabezas negardoles su ayuda, desatenciones, muecas de desagrado y finalmente a la última mujer. Seguramente todo esto le afectaba, le dolía demasiado.
En cuestión de minutos la nevada se intensificaba y no veía demasiado tráfico en las calles, inclusive se percató que ningún autobús circulaba, probablemente los viajes se habían cancelado para evitar accidentes.
¿Y ahora qué haría? se frotaba las manos y se cubrió la cabeza con un gorro para el frío, se sentó en la banca de la parada del autobús a observar como caían los copos de nieve como si danzaran entre ellos un lento vals. Habían pasado 15 minutos esperando por el autobús y aun nada, el autobús no había aparecido en la hora señalada por el horario que se encontraba pegado en el cristal de la parada. Repentinamente una helada ventisca le hizo predecir que la nevada se convertiría en una fuerte tormenta y supo entones que probablemente quedarse ahí no sería la mejor idea, debía caminar y encontrar un refugio o se congelaría. Se amarró su bufanda al cuello y sacó su gabardina militar, a pesar de todo lo que dijera la gente de sociedad, le cubría bastante bien de las bajas temperaturas.
Sacó un cigarrillo, lo encendió y lo puso en su boca, la finalidad como siempre era tener menos frío, introdujo sus manos en sus bolsillos y una vez lista dio un paso hacia el frente, dispuesta a enfrentar la tormenta que venía.
Una mano sobre su hombro le detuvo su andar.
—Mai sigues aquí— Era el joven Brief que se miraba más tranquilo.
—Trunks, regresaste— susurró, dejando caer el cigarrillo de su boca por la sorpresa.
—Sí, discúlpame Mai, soy un tonto, no debí dejarte así en medio de esta tormenta, no estaba pensando con claridad y una vez en el auto recordé que aun no tienes tu motocicleta— su aliento al hablar dejaba una estela blanca por el frío—Déjame llevarte a tu casa.
Mai asintió con timidez y volvió a caminar a su lado, el joven le abrió la puerta del copiloto de un sencillo auto color azul y en seguida comenzó a manejar, siguiendo la ruta que Mai le señalaba.
El muchacho había encendido la calefacción para ayudarle a Mai a recuperar su calor, se sentía apenado por haberla dejado de esa forma a la deriva. Su madre no lo había educado de esa manera, era su deber como caballero, como hombre, asegurarse que llegara a casa sana y salva.
Durante el trayecto prácticamente la habían pasado en silencio, la tormenta se había intensificado tanto que ni siquiera la radio tenía una señal clara, por lo que cansado de buscar estaciones la apagó y miró de reojo a la muchacha que tenía a su lado.
—¿Te sientes mejor Mai?
La muchacha asintió.
—¿Y tú?
El peliazul afirmó con la cabeza.
Estaban esperando el cambio en semáforo rojo al verde para dar vuelta en el puente elevadizo y dirigirse al departamento de Mai. Estaban parados justo enfrente de una intersección en terminación T por lo tanto, se podía apreciar el lago congelado y el espesor de la nieve a su alrededor. El parabrisas que se movía de un lado a otro con rapidez también era un buen indicador de la cantidad de nieve que caía.
La luz cambió y arrancó el auto con suavidad dispuesto a dar vuelta hacia la izquierda.
—Vaya parece que el cielo se esta cayendo con esta tormenta…
Lo que parecía el inicio de una conversación se vio interrumpida por un fuerte impacto que le hizo perder el control del auto, pues comenzó a derrapar sin rumbo por el hielo sobre el pavimento. En un segundo miraron el barandal de contención impactando el cofre e instintivamente el guerrero extendió su brazo tratando de proteger a la mujer del impacto.
Mai abrió sus ojos de par en par sin poder controlar los movimientos involuntarios de su cuerpo y trató de aferrarse al brazo del saiyajin.
En cuestión de segundos cayeron al helado lago rompiendo el delgado hielo que se había formado. Pronto el agua comenzó a inundarles.
—Mai, Mai ¿estas bien?— preguntó el muchacho quitándose el cinturón de seguridad apresurado
—E-e-eso creo Trunks y ¿t-tú?— preguntaba titiritando por el frío que se sentía como pequeños golpes en sus piernas.
—Tenemos que salir de aquí— el joven abrió la puerta del auto.
La joven intentaba desabrocharse el cinturón de seguridad con desesperación pero, se encontraba atascado. Buscó en su bolsillo la navaja que traía pero con los nervios se le resbaló de las manos, perdiéndose en sus pies.
El muchacho salió del auto y nadó hacia el lado del copiloto.
"Trunks, date prisa, por favor" pensaba ansiosa al ver como el agua le llegaba hasta el cuello, tomó aire y entonces el agua le cubrió por completo, repentinamente Trunks desmontó en un movimiento la puerta del automóvil y arrancó el cinturón de seguridad. La tomó de la mano y así nadaron con rapidez buscando una salida hacia la superficie.
Tomaron bocanadas de aire una con más desesperación que el otro y entonces de la nada Mai juro escuchar detonaciones que provenían de un arma de fuego. Al instante buscó la suya que se encontraba en su cinturón, aunque dudaba que el arma ahora funcionara por la cantidad de agua que había recibido.
El peliazul reaccionó sumergiéndola nuevamente en el agua, cubriéndola con su cuerpo, formando un escudo para protegerla de los impactos de bala; Mai abrió sus ojos de par en par, no estaba segura de lo que estaba sucediendo, sin embargo la trayectoria de las balas por debajo del agua que pasaban a sus costados le confirmaban sus sospechas, alguien les estaba disparando y podría jurar que probablemente el joven Trunks estaría mal herido, con estos pensamientos en mente le estrechó fuertemente entre sus brazos temiendo lo peor.
Notas de la autora
Hola a todos los lindos lectores que siguen este fanfic. Me da muchisima emoción que ya vamos en el capítulo V y creo que la historia va avanzando en buen paso. Creo que ya se va armando un poco la relacion Trumai, ¿ustedes que opinan? Ya se van conociendo y conviviendo y (suspiro) se van a ir enamorando poco a poco. En cuanto a lo de como supo Mai acerca del Bento, bueno pues lo leyó en el diario así como muchas otras cosas que conoce de Trunks a través de éste y no es que ella quiera conquistarlo, si no más bien ella quiere digamos reconfortarlo, aunque es obvio que le gusta pero, en este momento no piensa en tener una relación con él... bueno es lo que ella piensa, pero esta cereza hará que pase jeje.
Kuraudea: Como siempre, mil gracias por el apoyo mi estimada gemela benévola, me da mucho gusto saber que este fic es de tu interés y te agradezco infinitamente el tiempo que le dedicas a betearmelo :3 mil mil gracias.
Maria Enriqueta: Gracias por comentarme yo tmbn te estimo mucho y sí, en efecto estoy tratando de actualizar más seguido :).
La verdad me estoy divirtiendo mucho al escribir esta historia y espero que esté siendo de su agrado.
Nos leemos en la próxima.
