Hola de nuevo a todas las personas que se pasan por aquí~
Me demoré un poco más en subir este capítulo por algunas razones, ya verán como dentro de poco tendrán que esperar 3 meses para un nuevo capítulo c:
Muchas gracias a los reviews que me mandan y también a los lectores silenciosos de por aquí *inserte corazón gay*
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Sorachi-sensei.
Las Caras Bonitas Ocultan Oscuras Intenciones
—Creo que Shin-chan ha conseguido novia —comentó Tae por lo bajo mientras comía su almuerzo junto a Kagura.
—¡¿Ese idiota de anteojos por fin pudo conseguirse a alguien?! Con razón esto es un universo alterno —exclamó impresionada la chica.
—Oh vaya, ¿qué se siente saber qué un tipo cómo él consiguió a alguien primero que tú? —aportó ─inútilmente─ Sougo quien escuchó la conversación de casualidad.
—¿No tienes otras cosas qué hacer? ¡Vete de aquí!
—No veo ningún lugar donde esté escrito que no pueda estar aquí.
—De todas formas es una conversación de chicas, no te metas.
—Pero tú no eres una chica —señaló como Kagura comía rápidamente ensuciándose la cara en el proceso.
—¡¿Qué dijiste bastardo?!
—En fin, estoy algo preocupada por él —suspiró la castaña llamando de nuevo la atención de Kagura.
—¿Segura qué es una novia?
—Bueno, los he visto hablando juntos en más de una ocasión, pero en un ambiente algo «coqueto» —susurró por lo bajo—. Además, ella le entregó unos chocolates en San Valentín. ¿Qué tal si Shin-chan decide confesarse?
—¿Qué tiene de malo? Por fin ese virgen conseguirá novia.
—Esa chica no me agrada mucho a decir verdad…
—Ahora que lo pienso ¿quién es?
Ante esa pregunta, Tae pensó que una imagen valdría más que mil palabras, además, con la compañía de Kagura, ella podría investigar mejor a esa chica que osaba manchar el apellido Shimura; además de que no había obtenido nada de información por su cuenta.
Así que por eso mismo ambas estaban usando unas gafas de sol para «no llamar la atención» aunque obviamente lograron lo contrario. Estaban tras una pared observando atentamente al chico de gafas quien hablaba algo avergonzado con una hermosa chica de cabellos cortos.
—Definitivamente es molesta —escupió Kagura al ver la actitud tan tierna de la chica. ¡Literalmente había brillos a su alrededor! ¡Le daban ganas de vomitar!
—¿Lo ves? Por eso no me confío de ella —secundó la castaña sin quitarles la vista de encima.
—¡Jefa! —ambas voltearon ante ese llamado.
Una chica de cabellos de color castaño claro se acercó a ellas. Usaba una falda que llegaba hasta sus tobillos y una chaqueta negra, definitivamente lucía como una delincuente.
—Oryou-chan ¿pudiste conseguir información? —preguntó Tae acercándose a ella.
—Sí, al parecer esa chica se llama Eromes y es bastante popular en su clase. Al parecer no se le ha visto coqueteando con muchas personas en su salón, así que poco se sabe de su vida amorosa —contestó.
—Esa maldita es bastante astuta —maldijo por lo bajo Tae. Sí, aquella chica podía lucir como un ángel, la misma reencarnación de Buda pero era obvio que ocultaba algo; su instinto femenino se lo decía.
El resto del almuerzo, se la pasaron siguiendo a ese par para obtener más respuestas, pero sólo obtuvieron demasiadas escenas melosas de personas que parecían muy inexpertas en el amor aumentando más el ambiente «tierno»; Kagura casi vomita en más de una ocasión. ¿Quién diría que en un ámbito escolar ese tipo obtendría más suerte en el amor?
Al final no obtuvieron nada interesante.
—¿Qué tiene de interesante una zorra que actúa tan tierno? —masculló por lo bajo Kagura, realmente era increíble como los hombres caían rápidamente por una chica linda que actuaba de esa manera.
—Porque es más lindo eso a una chica que actúa como un hombre —respondió innecesariamente Sougo a tu lado.
—Muérete, no te pregunte.
—Entonces no hables en voz alta.
Kagura solo gruñó por lo bajo y decidió ignorarlo.
Era clase de educación física, la favorita de Kagura ya que no tenía que escuchar a los aburridos profesores y podía moverse libremente. Se podía decir que era la mejor de la clase. Sougo solía participar cuando se trataba de alguna competencia con Kagura, como por ejemplo: quien corría más rápido o quien podía saltar más. Ese tipo de cosas que sólo demostraban más su comportamiento infantil.
En una de las clases, mientras ella se estiraba un poco antes de una carrera, visualizó a lo lejos a un chico sentado bajo la sombra de un árbol. Por su expresión podía deducir que estaba aburrido y además estaba algo solitario, pero su pregunta era ¿por qué no estaba haciendo algo como todos ahí? ¿Acaso era otro de esos chicos desinteresados qué se creían mucha cosa para mover un solo dedo? Guiada por su curiosidad, decidió acercarse a él.
—Oye tú ¿acaso no vas a correr? —preguntó de repente Kagura acercándose a ese sujeto.
—¿E-eh? —el chico se sorprendió bastante por su inesperada pregunta—. No puedo —respondió por lo bajo mirando a otro lado.
—¿Por qué no? No veo que estés herido —comentó con cierta inocencia.
—No es que no quiera, simplemente mi cuerpo es demasiado débil, así que hacer deporte normalmente de seguro haría que me desmayara —soltó un leve suspiro ante esto.
—¡Debe haber algo que puedas hacer! —exclamó con optimismo.
—Ya te lo dije, no puedo hacer─ —fue interrumpido por la chica que lo jaló de un brazo para que se levantara.
Kagura le brindó una gran sonrisa.
—Bueno, no creo que te mate hacer un poco de estiramiento ¿cierto?
—No lo creo —respondió algo inseguro.
—Entonces ¡intentemos eso!
Ambos comenzaron con una serie de estiramientos llamando la atención de algunos compañeros que simplemente decidieron ignorarlos.
—Oh vaya, parece que Kagura-chan consiguió otro amigo —comentó Tae con una sonrisa y luego miró de reojo a Sougo quien también tenía la mirada puesta en ellos.
—Parece que abandonó a Okita-kun ¿eh? —comentó Sarutobi algo burlona.
—Tsk, como si me interesara con quien se junta esa china —masculló por lo bajo mientras apartaba la mirada de aquel dúo.
Desde ese día, ella y Hisashi se hicieron amigos casi inmediatamente, claro que ella no se había dado cuenta de su presencia en el salón hasta ese día, ya que, como sabemos, ella solía ser muy despistada.
A diferencia de lo que muchos pensaban, su relación con Sougo no se rompió, o lo dejó de lado como muchos pensaban. En cambio, parecía más bien que Sougo seguía molestándola cada vez más, aumentando por ende las peleas entre ambos.
—«Ese sádico está más molesto cada día» —pensó Kagura mirando de reojo al susodicho, el cual dormía pacíficamente con su antifaz puesto, todavía se preguntaba porque los profesores no lo regañaban cada vez que hacía eso.
Ya al final de las clases, el castaño seguía durmiendo como si nada, eso la molestó profundamente por una razón, bueno, su mera presencia ya le arruinaba el día a decir verdad. Había comenzado a llover pero eso no le preocupaba, llevaba su sombrilla después de todo.
—Sádico —lo llamó tomando el antifaz y alargándolo un poco para luego soltarlo despertando así al chico.
—¡¿Qué rayos te pasa?! —preguntó tomando su muñeca con cierta fuerza.
Kagura simplemente se río al verlo, el antifaz se había desacomodado un poco mostrando solo un ojo.
—¿Así me pagas mi amabilidad? Simplemente te desperté porque las clases acabaron —dijo con un tono pretencioso.
—¿Ah sí? ¿Acaso ya estás comenzando a entender tu papel de mi esclava? Zorra —comentó con una sonrisa socarrona sacándose el antifaz para dormir y agarrando su maletín.
—Jamás sería tu esclava, me suicidaría antes de eso.
Ambos salieron de las instalaciones, Kagura abrió su paraguas y al instante Sougo se puso debajo de este también, aunque claro que tuvo que agacharse un poco por la altura de la chica.
—¡¿Qué crees que haces?! ¡Vete de aquí! —exclamó algo enfadada comenzando a empujarlo.
—No seas egoísta, China. Está lloviendo después de todo —insistió él—. Dame eso, me va a dar dolor de espalda —intentó tomar el mango del objeto pero la chica se negaba a dárselo.
—No te he aceptado en mi territorio, imbécil.
—¿Territorio? Yo sólo veo un sitio donde refugiarme de la lluvia.
Y así estuvieron todo el camino a casa, hubo una ocasión donde Sougo finalmente pudo sostener la sombrilla para alivio de su espalda, pero a los pocos minutos Kagura se la había quitado de nuevo. No era de extrañarse que los hombros de ambos estuvieran algo mojados. Definitivamente no eran como esas parejas románticas y tranquilas compartiendo un paraguas.
—Oye China, dame tu paraguas —pidió Sougo cuando ya habían llegado a la casa de Kagura.
—¿Por qué debería? Muérete —le sacó la lengua y de una patada lo alejó lo suficiente de ella para que pudiera correr hasta su apartamento.
«¿Por qué tuve que compartir mi sombrilla con este imbécil? Se supone que debía ser algo tierno y con la persona que me gustara, no con ese imbécil. Mi vida escolar esta acabada definitivamente con este montón de clichés sin sentido» se lamentó ella mientras corría.
Sougo se quedó ahí ─posiblemente luciendo como un imbécil que acababa de ser dejado─, como ya estaba totalmente empapado ─gracias a cierta chica con tendencias de otro país─, no tenía sentido pedir una sombrilla, así que simplemente se fue hasta su hogar tranquilamente.
Al día siguiente, para gran suerte de nuestra protagonista, el príncipe sádico no había asistido el día de hoy a la escuela. Poco le importaba las razones, si le había pasado algo grave mejor. Incluso ignoró al profesor que estaba dando la razón de porqué había faltado. ¡Se sentía tan feliz sin él a su alrededor! Eran como sus vacaciones soñadas. ¿Qué esperaban? ¿Qué se sintiera preocupada? Eso jamás.
—Se siente tan tranquilo —comentó con una gran sonrisa al ver el asiento vacío a su lado.
—Es raro no escuchar sus peleas en el día —comentó Tae quien se sentaba atrás de ella.
—Por fin tengo un merecido de ese sádico.
—El profesor dijo que sólo tuvo un pequeño resfriado.
—Ya no tengo que gastar mis energías en un engendro como él —continuó hablando ignorando el comentario de la castaña.
—Kagura-san, ¿me puedes acompañar a la cafetería? —preguntó Hisashi acercándose a ambas.
—¡Claro! Además también necesito comprar algo.
Ambos jóvenes se dirigieron hasta el sitio favorito de la chica, hablaron un poco sobre cualquier cosa para pasar el rato.
—Es raro ver que no estés peleando con Okita-san.
—Por favor no lo menciones, ya tengo suficiente con aguantarlo todo el tiempo —puso una mano en su frente como si le doliera la cabeza.
—Pensé que lo extrañarías un poco —comentó algo nervioso.
—¡¿Qué?! —el rubio se sintió cohibido—. Si llego a extrañar a ese tipo de seguro me habré vuelto loca —cruzó ambos brazos y miró para otro lado.
—B-bueno, muchos dicen que ustedes dos tienen una buena relación.
—Jamás en la vida.
—¿En serio? Incluso algunas chicas han dicho que parecen pareja —agregó con una sonrisa.
La cara de Kagura en ese momento fue de sorpresa y asco total.
—¿Acaso la gente está ciega? ¡Yo lo odio totalmente! Antes muerta que tener una relación con alguien tan detestable —exclamó ella—. Maldición, simplemente pensar en eso me quita el hambre —hizo un gesto como si quisiera vomitar.
Hisashi decidió no comentar más sobre el tema para no hacer enojar a la chica, puede que ambos fueran amigos, pero de seguro ella no dudaría ni un segundo en golpearlo si llegaba a hacerla enojar.
Ya al final de la jornada, el gritó de Kagura resonó en los pasillos ya vacíos.
—¡No grites en la escuela! —la golpeó con su libreta.
—¡Pero tú también estás gritando!
—¡Ya dejen de gritar los dos! —gritó Otose quien pasaba por ahí.
—¡Tú también deja de gritar! —replicaron los dos. Por suerte la anciana ya se había ido o habrían tenido muchos problemas.
—Pero no estoy de acuerdo Gin-chan, no quiero ir a la casa del maldito sádico a entregarle los deberes del día. ¿Por qué no vas tú? —se cruzó de brazos algo indignada.
—Porque ahora estoy ocupado, así que ve tú. Mira aquí te dejo la dirección —anotó algo en un pequeño papel y se lo entregó pero ella se negó a recibirlo.
—No lo haré. No le haré ningún favor a ese idiota.
—Kagura —ya comenzaba a irritarse por la actitud de la chica—. No pienses en que le haces un favor a él, hazlo por Gin-chan ¿sí? —ella seguía negándose—. Maldita mocosa impertinente. ¿Qué quieres de mí? Sólo dilo —pidió ya rendido.
Kagura sonrió con cierta malicia y Gintoki supo que posiblemente no podría pagar la renta ese mes.
Unos minutos después, Kagura caminaba dando saltitos llena de felicidad mientras hacía girar su sombrilla dándole un tono más inocente, pero más de uno sabía el demonio que se ocultaba tras esa sonrisa.
Después de pasar por unas cuantas casas, se aseguró que estaba en la dirección correcta, se paró frente a una puerta de una casa bastante normal y tocó varias veces. Ya quería burlarse en la cara de ese idiota por haberse contagiado tan fácil. Sin embargo, su sonrisa maliciosa desapareció al ver a una hermosa mujer abrir la puerta. ¿Acaso era la madre del sádico? No podía creer que aquella mujer tan bella y refinada hubiera traído a la luz a un ser tan despreciable como él.
—Eh, vine a traer esto —le mostró las hojas de deberes que tenía guardadas en su maletín.
—¿Oh? ¿Eres una compañera de Sou-chan? —«más bien rivales» respondió en su mente—. Si quieres pasa, te haré un poco de té —invitó amablemente ella.
Kagura no pudo negarse, después de todo sería muy descortés negarse a la comida ¿cierto?
—Sou-chan está en su cuarto, de seguro estará feliz de verte —comentó ella con una suave sonrisa—. Casi se me olvida, mi nombre es Mitsuba. Un gusto.
—Me llamo Kagura —respondió con una sonrisa. Mitsuba asintió y se retiró hasta la cocina.
La chica de cabello color bermellón sonrió con cierta malicia. Era su hora de joderle la vida.
—¡Sádico-kun! —abrió la puerta de la habitación de Sougo con una sonrisa triunfante.
El castaño, quien se encontraba envuelto en sábanas y jugando videojuegos, se sorprendió bastante al verla ahí. Inmediatamente su cara pasó a ser una de molestia total. Chasqueó la lengua y volvió a la pantalla de su televisor.
—Más te vale agradecerme por traerte esto —le mostró las hojas con los deberes del día de hoy y se sentó en su cama.
—¿Acaso me extrañaste tanto el día de hoy qué quisiste traerme los deberes? Ya vas aprendiendo a ser una buena esclava —bromeó él. Estaba hablando un poco más bajo de lo normal ya que tenía la nariz congestionada, además tenía la cara algo roja debido a la fiebre.
—Gin-chan me obligó —masculló ella mientras le daba un codazo.
—Ya cumpliste tu labor. Vete.
—Eso es muy grosero, debes saber tratar a las damas.
—Lo siento, no veo a ninguna dama aquí.
—Y eso que te hice el favor.
—Prefería que una chica linda me hubiera hecho ese favor.
—De todas formas no me iré, tu madre me invitó a tomar algo de té.
—¿Mi madre? —el castaño la miró confundido por unos segundos—. Te equivocas, ella es mi hermana.
—¿En serio? —se sorprendió un poco ante esto, pero luego le pareció algo lógico, se veía muy joven—. Por lo menos no tiene la misma personalidad retorcida que tú.
—Lo que digas.
—¿Y tus padres?
—Muertos —dijo como si nada, después de todo había sido cuando apenas era un niño y no los había conocido realmente bien.
—Ya veo —asintió la chica.
—Eres la primera persona que no me dice «lo siento».
—Bueno, no te ves tan afectado así que ¿por qué debería decirlo? Además supongo que pasó hace mucho ¿no?
—Algo así.
Un silencio se formó entre ambos y sólo se podían escuchar los sonidos del videojuego. Realmente no era nada incómodo por aquella pequeña revelación, sólo que entre ellos casi nunca había necesidad de palabras, a menos que fueran insultos, claro. Además, Kagura lo entendía, después de todo su madre también había fallecido hace mucho atrás pero sabía que ese dato poco le importaría a ese tipo y tampoco tenía motivos para contarlo.
—Oye ¿qué juegas? —preguntó curiosa mirando la pantalla.
—No te importa.
—No seas tan grosero con tus visitas, maldito —le hizo una llave en el cuello obligándolo a pausar el juego.
—Recuerda que…estoy enfermo —musitó debido a la falta de aire. Intentó alejar los brazos de la chica pero la fuerza le fallaba un poco, aun así, logró alejarse un poco de ella—. ¿Acaso querías matarme?
—No exactamente, pero si lo logro ¿para qué quejarme? —se encogió de hombros.
—Maldita china —masculló él comenzando un pequeño enfrentamiento entre ambos.
—Oh vaya, parece que se llevan muy bien —comentó la castaña entrando al cuarto del chico, llevaba en su mano la bandeja con las bebidas.
—Hermana, deja te ayudo —Sougo rápidamente soltó a Kagura para ir a ayudar a su hermana.
«¿Qué carajos?» se preguntó en su mente al verlo actuar tan amable.
—Recuerda tratar bien a tu invitada.
—Sí hermana —respondió con una pequeña sonrisa, pero no como las que ocultaban alguna intención oscura, era una de verdad inocente.
—Kagura-chan, espero que disfrutes tu estadía aquí. Es algo raro que Sougo traiga a sus amigos a casa.
—No se preocupe.
Mitsuba se retiró y Sougo dejó la bandeja en el piso cogiendo su bebida antes de acomodarse de nuevo en la cama.
—Vaya, no sabía que tenías complejo de hermana.
—Cállate —masculló él dispuesto a ignorarla. Vaya que cuando se trataba de su hermana se ponía más serio de lo usual.
Kagura se quedó entretenida con el videojuego que tenía el chico, así que tranquilamente tomaba su té mirando fijamente la pantalla, dando de vez en cuando algunos comentarios con respecto a las acciones del contrario.
—Si que eres malo en ese juego —se burló ella al ver como aparecía en la pantalla «game over».
—De seguro te iría peor que a mí.
—¿Quieres apostar?
En vez de hacer una confrontación física o verbal, ahora pasaron su pelea a un formato de videojuegos. Kagura tomó el control totalmente decidida, ya había visto casi todos sus movimientos, sólo le faltaba la confirmación de los botones pero de seguro ese maldito sádico no le diría nada para verla perder.
—¡Ja! Te lo dije —sonrió victoriosa al ver que había pasado en la parte que él anteriormente había perdido.
—De seguro sólo presionaste todos los botones, sólo es suerte de principiantes.
—Sólo estás celoso de que pude pasar esa parte.
—Ahora pásame el control.
—¿Por qué debería hacerlo?
—Porqué es mi juego tal vez —comentó en un tono sarcástico.
—Sólo hasta que me maten.
—Si quieres te ayudo a adelantar eso —y sin esperar ni un segundo, usó la misma llave que ella usó en él
—No me refería a eso maldito —musitó ella para luego morder su brazo logrando así que la soltara.
—Sí que eres una maldita salvaje —se quejó.
A pesar de eso, Kagura siguió jugando hasta que perdió en una parte del juego. Ambos jóvenes se la pasaron jugando así. Era bastante raro para Sougo ya que casi no jugaba con nadie, mejor dicho, ni siquiera dejaba entrar a las personas a su cuarto ni solía visitar a otras personas.
Además de eso, era muy raro que soportara una persona por tanto tiempo, especialmente si era tan molesta como Kagura, ¿acaso simplemente lo permitía por qué él de igual manera la molestaba en exceso? Bueno, por lo menos él era capaz de admitir que a veces disfrutaba pasar el tiempo con ella, simplemente no lo hacía porque sería algo muy antinatural y prefería expresarlo por medio de sus peleas. Sí, tenía una personalidad algo retorcida, y por eso de alguna manera extraña pensaba en Kagura como alguien muy cercano a él. Vaya que tenía ideas muy locas en la cabeza, pero a veces no estaban tan alejadas de la realidad. Aunque también podría ser que esos pensamientos fueran producto de la fiebre.
Sin darse cuenta, el tiempo para ambos pasó muy rápido, incluso Sougo por unos momentos olvidó que estaba enfermo. Cuando se dieron cuenta, ya era bastante tarde así que Gintoki tuvo que ir a recogerla; más bien por la insistencia que Mitsuba que por otra cosa.
—Hola Mitsuba, vine a recoger a la mocosa —saludó casualmente Gintoki, quien ya no usaba su vestimenta de profesor.
—Quien diría que pronto te veríamos en la faceta de padre —bromeó ella.
—Criar niños es un dolor en el trasero —se quejó él.
—¿No se quedaran a cenar?
—No gracias, de seguro esta chica acaba con todo lo que tienes.
—¡Gin-chan! —saludó Kagura acercándose rápidamente al albino, quien simplemente acarició su cabeza—. No sabía que te llevabas bien con Mitsuba-chan —comentó ella.
—Oh, eso es porqué él es compañero de copas de Toushiro-san.
—¿Eh? ¿Quién es ese?
—Es un ladrón de impuestos —contestó con simpleza—. Y no nos llevábamos bien, es casualidad que nos encontremos en bares y esas cosas —masculló él.
—Sí, sí —dijo con una sonrisa—. Y todas esas cenas también son pura coincidencia —comentó soltando una pequeña sonrisa.
—Ahora vámonos mocosa —ordenó el mayor algo molesto por su anterior comentario—. Tanto que te quejabas de venir aquí y mira, te quedaste toda la tarde aquí.
—¡Es tu culpa Gin-chan! Si tuviera una consola de videojuegos no habría tenido que quedarme aquí.
—Si quieres puedes venir a jugar con Sou-chan cuando quieras.
—Te recomendaría que no le digas eso a menos que quieras que tu casa se vuelva un desastre.
—Pero hoy se comportaron muy tranquilos.
—Debe ser porque Souichiro-kun estaba enfermo. En fin, ya vámonos —Gintoki soltó un suspiro haciendo un ademán de despedida.
Mientras caminaban por las ya solitarias calles, Gintoki sacó una paleta y comenzó a comerla. Kagura al verla, simplemente le pidió otro dulce, sabía que su tutor tenía más de uno en su bolsillo, Gintoki sacó uno de los tantos dulces que guardaba en el bolsillo y se lo dio sabiendo lo molesta que se volvería ella si le negaba alguno. Además, no es como si le hubiera dado de sus dulces favoritos.
—Por cierto, cuéntame más de ese Toushiro —pidió ella para tener un tema de conversación.
—Simplemente es un ladrón de impuestos, lo conocí un día por accidente, ya que Zura me metió en otra de sus locuras y casi nos arrestan —a los lejos se pudo escuchar un «no es Zura, es Katsura»—. Y luego por alguna razón frecuentábamos los mismos lugares. Varias veces lo vi con Mitsuba, al parecer son novios o algo por el estilo. Oh y cuando ella se presentó como la encargada de Sougo fue cuando la conocí mejor; antes de que llegaras solía invitarme de vez en cuando a cenar allá junto a Hijikata —agregó.
—Oh ya veo. Así que eres el mejor amigo del novio de ella.
—¡No somos amigos! —replicó él molesto—. Simplemente es por la deliciosa comida de Mitsuba que trató con él y nada más, oh y que él a veces paga las bebidas. Ahora que lo pienso... tiempo hace tiempo que no me invita nada —meditó por unos momentos.
—Gin-chan, mami me decía que los hombres borrachos no deberían cuidar de niños —comentó ella.
—No es como si bebiera todos los días.
—Pero eres una molestia los fines de semana.
—¿Qué dijiste mocosa?
—Nada —dijo en un tono infantil mientras le sacaba la lengua y salía a correr.
—Oye ¡vuelve aquí!
Al día siguiente, se podía notar como un Shinpachi lloraba desconsolado, como si Otsuu-chan hubiera decidido renunciar al mundo de la música o por el estilo. Tae y Kagura palmeaban su espalda intentando saber que había pasado.
—Ella…me robó… —musitó entre sollozos.
—¿El corazón? —aportó Tae.
—¿La virginidad? —dijo Kagura.
—¡Ya quisiera que fuera eso! —exclamó devastado.
—¿Entonces? Habla ya virgen, ya comenzará la siguiente clase —comentó con molestia Kagura hurgándose la nariz.
—¡¿Deberías mostrar un poco más de interés?! —gritó—. Ella me robó mi dinero —en ese momento un moco salió volando mientras un ambiente muy silencioso se posó entre ellos.
—¿Tu dinero? —repitió Tae con cierta furia acumulada.
—Así que si era una zorra después de todo ¿eh?
—Y yo que me había ilusionado con ella —musitó él.
—Tranquilo Shin-chan, sólo es una decepción amorosa —Tae palmeó suavemente su espalda.
—Sí, de las muchas que vas a tener hasta que mueras solo.
—Gracias Kagura-chan —dijo con obvio sarcasmo.
Las clases comenzaron y más de un profesor decidió ignorar al estudiante que estaba llorando durante sus clases, mientras no hiciera ruido no había porqué preocuparse.
En un momento del día, Kagura y Tae se miraron cómplices y luego asintieron como si acabaran de pensar en el mismo plan.
Ya era la hora de la salida y ambas chicas habían desaparecido misteriosamente.
—Okita-san ¿has visto a mi hermana?
—Creo que estaba con la china —contestó él restándole importancia.
Shinpachi suspiró, ese no había sido su día definitivamente.
Cuando iba saliendo, notó que su hermana estaba ahí afuera esperándolo con una gran sonrisa.
—¿Dónde estabas? —preguntó él—. ¿Y por qué tienes hojas en tu cabello?
—Oh ¿esto? No es nada —negó algo nerviosa sacudiendo su cabello.
—¿Y Kagura-chan?
—Supongo que ya se fue a casa.
Cuando ambos iban saliendo de las instalaciones, vieron en el árbol que decoraba la entrada con una extraña decoración. Aunque Shinpachi al fijarse más en esta «decoración» se dio cuenta de que parecía más bien un acto de vandalismo: atada en el árbol estaba Eromes que parecía estar llorando y con un cartel en el cuello que decía «soy una gata ladrona. No me adoptes».
Su sentido de personaje serio de la historia le pidió que no se riera e intentara ayudarla, pero su lado inmaduro le pidió que lo hiciera. Obviamente escogió su lado inmaduro.
Varios personajes que pasaban por ahí igual se rieron, especialmente aquellos que cayeron víctima de aquella chica. De seguro con este castigo, aprendería a comportarse mejor la próxima vez...
Un rato después los profesores la ayudaron a salir de ahí pero claro que la vergüenza la perseguiría por días.
—Trabajo completado —dijo Kagura con un tono serio poniendo su sombrilla en su hombro de forma algo ruda mientras comía sukonbu. Llevaba unas gafas de sol dándole un aspecto más rudo.
...O mejor dicho, esa chica debería aprender a no meterse con personas peligrosas ya fuera directa o indirectamente.
¡Y hasta aquí llega el capítulo de hoy! Muchas gracias por llegar hasta aquí, se les agradece infinitamente~
Como vieron, agregué a Hisashi, sin él, las situaciones cliché no serán posibles xD
Ahora mismo no puedo responder sus reviews ya que mi internet me odia, pero gracias a: melgamonster y a hitorikitefa8 por dejar sus reviews en el anterior capítulo~
Haruka-sama se despide~
