¡Hola de nuevo! ¿Acaso creyeron que no continuaría con esto? ¡Pues se equivocan!

En fin, la demora es porque el capítulo ya lo tenía hecho, pero se borraron todos los archivos que tenía en mi pc así que tuve que iniciarlo de nuevo y por eso creo que me faltaron unas cosas, pero tengo memoria de pez así que las olvidé uvu

Espero que les guste~


Algo Busca en tu Casa Quien te Hace Visitas Largas

El calor del verano ya se comenzaba a notar, y eso sólo significaba dos cosas: las vacaciones comenzarían y los últimos exámenes también. Esto último era primordial para obtener lo primero así que por ello Kagura se encontraba tan estresada, aunque más bien era el hecho de tener que ver tanto al rey de los sádicos, sentía que ya había estudiado lo suficiente y que le iría bien, pero ni Gin ni Sougo confiaban en esto, después de todo, ¿cómo confiar en una chica qué mantiene comiendo en clases?

—Ya no quiero escucharte —balbuceó Kagura sintiendo como se derretía de calor.

—Lástima, tienes que hacerlo —la golpeó con su cuaderno esperando que la despertara un poco.

—¡No hagas eso! Ya me está comenzando a doler la cabeza por este estúpido calor.

—No aguantas mucho el calor ¿cierto? —supuso.

—Para nada.

—Y cómo tu piel es tan blanca supongo que estarías peor afuera ¿no?

—Definitivamente.

—Entonces, a menos que quieras que te deje afuera con este sol, más te vale escucharme.

—Ja, no podrías hacerlo.

—¿Quieres retarme? —masculló el castaño, tampoco se encontraba de un excelente humor que digamos.

—¿Ya pueden callarse? No me dejan leer la Jump —gritó Gintoki quien se encontraba en la sala—. Kagura, hazle caso por lo menos hasta que acaben los exámenes.

—Ya cree que tiene derecho a decirme que hacer ese tipo con permanente —masculló por lo bajo.

—¡¿Qué dijiste?! —gritó Gintoki.

—¡Nada!

Por unos momentos, volvieron a estudiar como normalmente lo harían; con una Kagura refunfuñando sobre lo cruel que era su vida y un Sougo que ignoraba las quejas de ella.

—Ya volví —avisó Shinpachi entrando al pequeño apartamento, traía algunas bolsas de compras en su mano—. Aquí están los helados que pidieron —tiró la bolsa encima de la mesa donde estaban ellos dos, quienes comenzaron una pelea porque Sougo tomó uno de los helados que Kagura quería. Se fue a la cocina a dejar las otras bolsas para luego sentarse en el sillón junto a Gintoki.

—A veces me siento como un sirviente en esta casa —masculló él.

—Sólo ayudas a tu profesor a tener una vida más cómoda —comentó el albino sin mirarlo.

—Si no lo hago, me bajas la nota —apuntó Shinpachi con enojo, sin embargo, fue totalmente ignorado.

Así transcurrían normalmente sus días, pero con la única diferencia de que la emoción del verano comenzaba a nacer en ellos, pero tomando en cuenta como eran ellos, sólo significaba que más cosas raras pasarían en su vida.


La semana de exámenes había comenzado y Kagura estaba repasando algunas cosas antes de que el profesor llegara, estaba comiendo sus típicos sukonbus para poder tener una mejor «concentración».

—Kagura-san ¿te ayudo en algo? —preguntó amablemente Hisashi acercándose al asiento de ella.

—Sí, realmente me confundo mucho en esta parte —respondió ella señalando cierta parte en su cuaderno, el chico se inclinó un poco hacia ella para poder ver mejor.

—Siento que me estás engañando, china —comentó Sougo sentándose en su puesto, logrando que Hisashi se sorprendiera un poco y terminara apartándose un poco de Kagura.

—¿Engañando? Ni que estuviéramos juntos.

—Claro que sí, le estás pidiendo a otra persona que te explique cuando me tienes a mí —fingió indignación.

—¡Cómo si me fueras a ayudar gratis en la escuela!

—Oh verdad, había olvidado totalmente que eres una idiota, de seguro por eso necesitas más personas que te expliquen —reflexionó él.

—Maldito, ya te demostraré que ganaré ese examen sin necesidad de estudiar más —masculló Kagura cerrando el cuaderno de un golpe y poniendo sus pies sobre la meta—. Gracias de todas formas —dijo refiriéndose a Hisashi quien simplemente asintió.

Hisashi miró de reojo a Sougo quien tenía un pequeño brillo asesino en su mirada, sabía que de por sí era sádico, pero parecía que lo odiara, ¿acaso no le gustaba qué se acercara tanto a Kagura? Vaya, al final si era cierto que él sentía algo por ella. Aunque era mejor dejar esos pensamientos para después, no quería ser asesinado ahí mismo.

El examen dio inicio y muchos comenzaron a sentir los nervios y la ansiedad de posiblemente perder sus preciadas vacaciones por un estúpido papel con un número, algunos rezaron a sus dioses y otros a sus artistas favoritas, otros comenzaron a buscar cualquier manera de copiar ya que realmente no habían estudiado nada por culpa de estar pendientes de la persona que les gustaba, algunos se ponían a dormir resignándose a que ya habían perdido y otros simplemente esperaban que lo que habían estudiado sirviera de algo. Claro que Kagura lo único en lo que podía pensar era en terminar rápido para poder seguir comiendo su sukonbu.

Esa horrible hora terminó pero para casi todos los estudiantes esa hora les pareció eterna, lo peor de todo es que de seguro tendrían otro examen el día de hoy así que no podrían sentirse a salvo.

—Te dije que ganaría aun sin estudiar —dijo Kagura parándose frente a él con una sonrisa ganadora.

—No cantes victoria todavía, ni siquiera han entregado los resultados.

—Estoy totalmente segura de que lo gané.

—Ya te veré quejándote por ir a los cursos de verano.

—Le podría echar la culpa al estúpido tutor que tengo y así Gin-chan podría obligarte a venir también —amenazó ella manteniendo una guerra de miradas con él.

—Así que la esclava se está revelando ¿eh? —sonrió con burla intentando no dejarse intimidar por ella.

—En serio, la tensión se siente en el aire, deberían besarse de una vez —comentó Sarutobi pasando detrás de Kagura para luego empujarla hacia él con el objetivo de lograr por lo menos un abrazo.

Sougo cayó de su asiento con Kagura encima, poniendo una mano en su espalda por simple reflejo de sostenerse de algo mientras ella en un intento de protegerse a ella misma, terminó poniendo ambas manos en el pecho de él. Cuando ambos abrieron los ojos, sus rostros se encontraban muy cercas.

—¿Por qué tengo que pasar este tipo de situaciones vergonzosas contigo? —masculló ella levemente sonrojada.

—Entonces levántate, pesas demasiado, cerda —masculló él.

Kagura se levantó rápidamente de ahí y se sentó en su puesto mirando hacia otro lado mientras comía como desquiciada los pocos sukonbus que le quedaban. Había pasado la vergüenza de su vida con esa escena, todo mundo la había visto y ahora de seguro más de uno estaría más que seguro que ella tenía algo con el rey de los sádicos. ¿El mejor año de su vida? Eso era una cruel mentira, más bien parecía que este año era el de pasar un montón de situaciones cliché de manga shoujo con el tipo que odiaba, lo cual irónicamente también era un cliché.

Aquel día simplemente parecía empeorar. Cuando estaba yendo a la cafetería a ir a comprar esas típicas comidas que engordarían a cualquiera pero no a ella, estaba bajando las escaleras mientras hablaba con Tae y por un descuido y la falta de conocimiento de su torpeza, terminó tropezando y lo siguiente que pasó parecía ir en cámara lenta: vio el piso cada vez más cerca de su hermoso rostro así que puso sus manos como una forma de evitar ese impacto, cerró los ojos intentando que sus reflejos le ayudaran en algo, pero al no sentir nada frío, abre los ojos y se encuentra con la peor escena posible; el maldito sádico tomándola por la cintura evitando que tocara el suelo.

—¡¿Por qué mierda siempre apareces cuando pasa algo vergonzoso?! ¡¿Acaso me estás acosando?! —reclamó ella comenzando a moverse para evitar estar más cerca de ese imbécil, pero Sougo le pone las cosas más difíciles cuando la toma más fuerte y acercó su rostro un poco más de una forma muy provocativa.

—Vamos china, muchas chicas querrían estar en tu lugar ahora mismo.

Lo siguiente que recordó Okita, fue sentir una de las patadas más fuertes en su entrepierna.


A pesar de estar en la semana de exámenes, Kagura aun tenía sus momentos de pereza extremos los cuales compartía con su tutor, era una forma de relajar ya su tranquila mente y porque realmente ya creía que había estudiado demasiado junto a ese sádico.

—Gin-chan, cambia el canal —pidió la chica haciendo un puchero.

—Hazlo tú, tienes el control más cerca.

—Está cerca físicamente, pero está lejos de mis capacidades —replicó ella—. Además, tú eres más alto, deberías poder alcanzarlo —añadió mirándolo de reojo.

—No, mira, no puedo hacerlo —el albino estiró un poco sus brazos pero sin mover otra parte de su cuerpo.

Ambos se quedaron callados y siguieron viendo lo que estaban pasando en ese momento.

—Pensé que las chicas mágicas ya habían pasado de moda —murmuró Kagura.

—Nunca pasarán de moda, son esas cosas que nunca cambian.

—Pero casi siempre es lo mismo.

—A la gente le gusta ver eso, casi a nadie le gusta cuando las cosas salen de sus expectativas ya que les hacen ver lo idiotas que son —explicó sabiamente.

—Ya veo…

Otro pequeño silencio se formó entre ambos.

—¿Sabes? Me encantaría tener el poder de mover cosas con la mente —comentó ella.

—Oh mejor sería poder cambiar el canal con la mente.

—Sí, eso sería mejor.

—Gin-chan ¿por qué estamos viendo este programa? —preguntó Kagura con sumo aburrimiento.

—Porque ninguno de los dos quiere alcanzar el control.

—Es tú culpa por dejarlo ahí.

—Admite que ahora estaban pasando algo bueno.

—Sí, pero ahora no.

—Entonces alcanza el control.

—No puedo, la fuerza de gravedad no me lo permite.

—Oh vamos.

La «interesante» conversación fue interrumpida por el sonido de alguien tocando la puerta. Ninguno de ellos les dio el mínimo interés.

—¡Así que sí estabas Gintoki! —un hombre pelinegro vestido con traje entró por la ventana como si fuera lo más normal del mundo.

—¡Zura! ¡¿Por qué carajos entras por la ventana?! —exclamó Gintoki totalmente sorprendido por la visita de su viejo amigo.

—Es que nadie me contestó cuando toqué la puerta —contestó con simpleza terminando de entrar. Detrás de él venía alguien que parecía estar disfrazado con un gran disfraz de un pato.

—Ese no es motivo para entrar como así a mi casa —soltó un suspiro lleno de cansancio—. ¡¿Y qué es esa cosa de ahí?! —exclamó sorprendido.

—Oh vamos Gintoki, ¿no puedes ver qué es una lámpara? Al parecer la edad te está afectando —se cruzó de brazos junto a una sonrisa algo burlona.

—¡Me refiero al monstruo que está a tu lado!

—Lo siento, no veo ningún monstruo por aquí —negó con su cabeza. Gintoki golpeó su frente con su propia mano, la estupidez de su amigo seguía intacta—. ¡Oh! Por cierto, esta es Elizabeth, la nueva mascota de la compañía —la presentó con una pequeña sonrisa llena de orgullo.

—¿Por qué una compañía de detectives necesita una mascota?

—Necesitamos popularidad.

—Más bien parece que fueran a secuestrar niños.

Katsura fingió no escuchar nada de eso y decidió sentarse en el comedor, Gintoki soltó un suspiro algo cansado al ver que este le pedía que se sentara a su lado. Kagura siguió viendo la televisión como si nada hubiera pasado, tenía tanta pereza que ni siquiera quería escuchar a escondidas una conversación de «adultos».

—He escuchado ciertas noticias sobre Shinsuke —comenzó a decir el pelinegro con un tono más serio.

—Zura, ya te dije que no ganamos nada con saber lo que hace ese idiota —replicó con enojo.

—No es Zura, es Katsura.

Gintoki simplemente suspiró estresado, estaba rodeado de imbéciles, si uno no era un emo vengador entonces el otro era un total idiota.


Finalmente la infernal semana de exámenes terminó, todos se sintieron levemente aliviados pero a la vez asustados del posible resultado, lo único que les quedaba era rezar en sus dioses y esperar no quedar en las clases de verano. Kagura por su parte se sentía algo orgullosa de no sentirse tan insegura al respecto, pero claro, tampoco esto quería decir que le fuera realmente bien.

—Apuesto a que ya perdiste —comentó innecesariamente Sougo.

—Apuesto a que saco un mejor puntaje que tú —replicó ella.

—¿Oh sí? ¿Quieres apostar en serio? —arqueó una ceja y le dedicó una sonrisa algo maliciosa.

—Cla─ —fue interrumpida por Hisashi quien se acercó a ella.

—Kagura-chan, ¿podrías acompañarme a la cafetería? —preguntó con una pequeña sonrisa.

—Oh claro, yo también necesito comprar algo —respondió con una sonrisa, a los pocos segundos su estómago comenzó a crujir.

—¿En serio no puedes controlar tu estómago? —se burló el castaño soltando una poco disimulada risa burlona.

—¡Cállate! Vámonos rápido —insistió ella empujando a Hisashi para poder largarse rápido del salón y poder evitar a ese maldito sádico.

—Ahora que lo pienso, yo también quiero ir a la cafetería —comentó Okita levantándose de su asiento para seguirlos.

—¡Oye! No vengas con nosotros.

—Vamos al mismo sitio, deja de quejarte —replicó él.

Siguieron discutiendo en el pasillo llamando la atención de algunas personas que no estaban acostumbradas a sus recurrentes peleas, aunque ellos estaban totalmente enfocados en insultarse el uno al otro, Hisashi se estaba preguntando si realmente era necesario comer en esa hora; apreciaba a Kagura como su amiga pero se sentía fuera de lugar con las peleas que tenía con Okita.

—¡Oh! Okita-san —ante este llamado, fue inevitable que los tres se giraran para ver quien era.

—Oh, eras tú —comentó con cierto aburrimiento el chico.

—Eso es cruel, ¿acaso ya me olvidaste? —replicó el pelinegro.

—¿Acaso el sádico tiene amigos? —comentó algo impresionada Kagura.

—Se puede decir que sí ,trabajamos en el mismo lugar —dijo con una pequeña sonrisa Yamazaki.

—¿Qué tiene la policía con contratar gente joven?

—Bueno, él realmente… —el pelinegro rápidamente puso sus manos en su boca evitando que éste hablara.

—¡Información confidencial! —gritó él.

—Bueno, si perdiste algunos años, no te preocupes, pasa todo el tiempo —comentó Kagura con desinterés.

—Sí claro, unos años —el castaño rodó los ojos al ver la mirada del contrario.

Yamazaki se despidió de ellos y se fue de ahí para evitar más comentarios desagradables de Sougo, realmente era un lío tener que lidiar con él, le sorprendía como podía llevarse tan bien con esa chica.


—¡¿Por qué sigues aquí?! —exclamó Kagura al ver a Sougo en su sala.

—¿Por qué no puedo? —cuestionó él.

—Ya no tienes que enseñarme nada, así que ya no es necesario que vengas aquí, peste —contestó con el ceño fruncido.

—Eso rompe mis sentimientos —dijo con obvio sarcasmo.

—No respondes a mi pregunta —farfulló ella.

—Hay muchas preguntas que no puedes responder en la vida —respondió él.

—Maldito, sólo sé que quieres molestarme.

—¿Entonces para qué preguntas? —ella simplemente gruñó.

—¡Gin-chan! Hay un ladrón en la casa —exclamó Kagura.

—¿Qué se va a llevar de todas formas? —contestó desinteresadamente el albino quien se encontraba probando un helado en la sala.

—¡Ahg! Me voy a la casa de Soyo-chan —masculló ella mientras caminaba hasta la puerta.

—¿Quién te dio autorización para hacer eso? Vamos, si quieres verla arrodíllate y di: «Sougo-sama por favor déjeme salir» —dijo él con una sonrisa sádica.

—¡Cómo si fuera a hacer eso! ¡¿Y quién dijo que debía pedirte autorización?! —tomó su sombrilla y salió de casa azotando la puerta en el camino.

—¿No le vas a decir nada? Jefe —preguntó él señalando la puerta con su pulgar.

—No, ella puede cuidarse sola —contestó él soltando un suspiro—. Espero que sepas como lidiar con ella —comentó él.

—Ya poco a poco sé cómo hacer eso —respondió—. Por cierto, jefe, ¿por qué adoptaste a una cría de 16 años? ¿Tenías miedo de morir solo acaso?

—Oye, más cuidado con tus palabras —lo regañó él—. Simplemente fue como adoptar a un perro de la calle —contestó con simpleza—. ¡Kya! Sadaharu, ¡deja de morderme! —gritó él moviendo frenéticamente su pie esperando que aquel perro lo soltara.

Kagura se encontraba caminando por las calurosas calles, por suerte había traído su sombrilla o estaría más que frita, literalmente; aun así, el calor parecía sofocarla. Se dirigió a la mansión de Soyo tal como había dicho, aunque en el camino se fue preguntando ¿por qué no lo había echado de su casa? Él era el invasor ahí después de todo. Aunque ya era muy tarde para devolverse y además la casa de Soyo si tenía aire acondicionado y no un estúpido ventilador que a duras penas funcionaba.

Llegó a la casa de su buena amiga, como ya era conocida, la dejaron entrar sin problemas ─además de que cierto roba impuestos novato no estaba por ahí cerca para joderle más la vida─. Saludó con entusiasmo a su amiga y ambas pasaron a su habitación ya que ahí se encontraba el aire acondicionado.

—Quisiera vivir aquí, en mi casa ni siquiera tenemos un ventilador que funcione bien —dijo ella recostándose en la cama de su amiga.

—Es verdad que casi no soportas el calor —murmuró ella con una pequeña sonrisa—. Aunque ¿sólo por eso viniste? Noté que estabas más tensa de lo normal —preguntó algo preocupada.

—Había una plaga en mi casa…

—¡¿Una plaga?!

—Sí, un roba impuestos invadió mi casa —hizo un puchero algo enojada.

—¿Okita-san estaba en tu casa? —inquirió ella sabiendo que solía llamarlo así—. Vaya, su relación es más cercana de lo que creí… —murmuró con cierta impresión.

—¡Claro que no! Sólo está ahí para molestarme —replicó ella levantándose de su cama.

—Aun así, me parece que Okita-san se siente más cómodo cuando está a tu lado —mencionó ella con una sonrisa.

—A mí sólo me causa estrés —masculló ella volviéndose a acostar.

Soyo soltó otro suspiro, vaya que ella era testaruda cuando se trataba de él. Aun así, le parecía una relación bastante divertida.

Después de una tarde de chicas, Kagura decidió volver a casa, esperaba que Sougo no estuviera en su casa o si no lo golpearía con su sombrilla donde no le daba el sol. Ese chico sólo servía para molestarla, si había hecho algo malo en el pasado de seguro él era el karma que estaba pagando. Ya quería que las vacaciones de verano comenzaran para así no tener que verlo más; a menos claro, que quisiera compartirle su consola de videojuegos.

Lo primero que notó al llegar a casa fue que Mitsuba estaba ahí y le dio la bienvenida con una gran sonrisa, por un momento pensó que había entrado en la casa equivocada, pero Gin se encontraba ahí discutiendo con un extraño sujeto de cabello negro mientras que Sougo jugaba con Sadaharu.

—Lamento no haberte avisado antes, pero pensamos que sería buena idea tener una cena aquí —dijo ella con una pequeña sonrisa—. Oh por cierto, quiero presentarte a alguien —dijo ella acercándose al dúo que estaba discutiendo en ese momento

—Tus gustos siguen siendo tan asquerosos como siempre —dijo Gintoki.

—Mira quien habla imbécil, si sigues así morirás antes que yo. Aunque ahora que lo pienso, eso no sería mala idea.

—¿Qué dijiste maldito?

—Vaya, su relación sigue siendo igual de buena que siempre —comentó ella con una sonrisa.

—¡No somos amigos! —respondieron ambos al mismo tiempo parando la pelea.

—Él es Toushiro Hijikata —presentó ella.

—Oh, así que esta era la niña que «adoptaste» —dijo él mirándolo de reojo—. Sabes que puedo arrestarte por pedofilia ¿no?

—Oh vamos, yo no soy un pervertido —soltó un suspiro lleno de cansancio.

Al cabo de unos minutos, la cena comenzó. A pesar de que la mayoría de ellos peleaban todo el tiempo, esta vez la comida fue suficiente para distraerlos.

—Que bueno que no tenías nada de picante en tu cocina —susurró Hijikata cerca de Gin.

—¿Por qué lo dice? —preguntó Kagura mirando a su tutor.

—Digamos que ella tiene cierta obsesión al tabasco —dijo él recordando esos malos momentos que pasó las primeras veces que ella lo invitó a comer.

—Es casi tan grave como la obsesión de este tipo por los dulces —aportó el pelinegro.

—Tú no digas nada —señaló él, en ese mismo momento Hijikata le estaba poniendo una exagerada porción de mayonesa a su comida. Comenzaron una discusión, y Sougo aprovechó esto para poner algo de picante en la mayonesa de él, la reacción de Toushiro ante esto hizo reír demasiado a Kagura.

—Por eso en casa no tenemos nada de picante y yo siempre voy al supermercado —añadió Sougo como si nada.

La cena transcurrió «normalmente», claro, si normal se refiere a las peleas de Toushiro y Gintoki y a las de Kagura y Sougo. De todas formas, Mitsuba se reía de esos momentos ya que para ella era sinónimo de que se llevaban bien.

—Por cierto, Gin-san, estaba pensando y me parecería buena idea que fueran con nosotros a un viaje a la playa —dijo ella una vez que terminaran de comer.

—¿Por qué tengo que pasar más tiempo con la china? —se lamentó el castaño.

—Pienso que ya veo demasiado a este tipo —comentó en un chasquido mientras prendía un cigarrillo.

—Sí el viaje es gratis, por supuesto que voy —accedió Gintoki con una sonrisa maliciosa en su rostro.

—Nunca he ido a la playa, suena interesante —dijo Kagura mientras seguía comiendo el tercer ─¿o cuarto?─ plato que le habían servido.

Y así es como comenzaron aquellas inolvidables vacaciones de verano.


Sí, es gracioso que comience el verano aquí pero ya estemos en Navidad xD

Como verán, decidí poner momentos más ¿románticos? Aunque en el próximo capítulo esta pareja tendrá más avances c:

¡Gracias por leer!

Haruka-sama se despide