LAMENTO LA DEMORA ;A;

Realmente este mes fue algo complicado ya que estoy participando en otros evento de fics de un grupo así que por ello no he tenido mucho tiempo uvu

Además de que es posible que próximamente entre a la universidad así que tendré menos tiempo para actualizar Dx

Mientras tanto, espero que disfruten del capítulo de hoy~


No Olvides Echarte Protector Solar Cuando Vayas a la Playa

El verano se encontraba en su mejor momento, el sol brillaba con tal intensidad que sentías como lentamente tu piel se iba tostando y como podías hacer un huevo frito en el pavimento. Los molestos mosquitos comenzaban a hacer su aparición y te comenzabas a preguntar cual sería la manera más cruel de acabar con estos molestos seres que sólo servían para quitarte tu sangre. Ni que decir de sentirse deshidratado las 24 horas del día, tanto así que ni siquiera un helado sería suficiente para calmar ese infernal calor. Por esta, y más razones, Kagura odiaba inmensamente el verano.

—Gin-chan ¿es necesario que vaya a la playa? —preguntó ya arrepintiéndose de haber aceptado la invitación de Mitsuba, después de pensarlo las consecuencias eran muchas y obtendría más quejas que buenos recuerdos al ir—. No quiero quemarme mi delicada y hermosa piel y estoy más que segura que ir sólo me pondrá en situaciones más incómodas y cliché con ese maldito sádico.

—Hay que experimentar todo en la vida —contestó sabiamente mientras usaba un abanico que había improvisado con papel—. Además, esos momentos «cliché» son los que mantienen vivos esta historia, así que no te quejes —replicó él.

—Hay muchas cosas que sacrificar cuando eres famosa —soltó un suspiro de cansancio.

—Exacto, ahora ayuda a empacar las maletas —ordenó con un tono autoritario.

—¿Por qué debería hacerlo? —cuestionó ella comenzando así una pequeña riña familiar.


—Odio este clima —masculló Kagura una vez que estaba esperando en la estación junto a Gintoki. Usaba una ropa bastante veraniega y no podía faltar su típica sombrilla que la salvaba de los rayos ultravioleta.

—Deja de quejarte tanto —dijo algo molesto esperando a que quienes los habían invitado llegaran.

A los pocos minutos, se vio a Mitsuba saludándolos desde lo lejos, en los rostros de Hijikata y Sougo se mostraba la total desaprobación por la idea de ella, literalmente estaban invitando a sus rivales; este definitivamente no sería un viaje tranquilo.

—Lamentamos la espera —se disculpó ella.

—Realmente nos hicieron esperar mucho —respondió Gintoki hurgándose la nariz.

—Muestra algo más de respeto, imbécil —lo regañó Hijikata dándole un golpe en las costillas.

—Al parecer mis sueños no se hicieron realidad, tengo que viajar contigo y ni siquiera tendré una buena vista cuando uses vestido de baño —comentó Sougo mirándola de abajo hacia arriba.

—¡¿Qué quieres decir con eso pervertido?! —replicó ella.

—Sólo que todavía te falta desarrollarte en cierta parte —y sin ninguna prudencia, señaló sus pechos ganándose un golpe bastante fuerte en la cara por parte de ella.

Después de que los 4 dejaran de pelear, decidieron subir de una buena vez al tren y comenzar ese viaje infernal. Kagura se había quedado a mitad de camino siendo objeto de bromas por parte de Sougo que no podía dejarla en paz ni un segundo, Gintoki y Hijikata también tenían sus pequeños conflictos pero casi siempre terminaban regañando a esos dos como si fueran unos niños; y no distaba mucho de su verdadera edad mental.

Finalmente, luego de dos horas infernales de viaje donde al parecer la única que estaba feliz con esto era Mitsuba, llegaron a la susodicha playa.

—Whoa, se ve hermoso —comentó con impresión Kagura. El color de la blanca arena contrastaba con aquel fuerte azul del mar dándole un aspecto surrealista, y a pesar de que estaba muriendo de calor, no dejaba de parecerle un agradable lugar; tal vez no había sido tan mala idea venir aquí después de todo.

—¿Acaso no habías venido antes? —preguntó Gintoki.

—No, mi familia y yo no organizábamos muchos viajes a decir verdad —respondió ella sin poder quitar la vista del paisaje.

—Siempre hay una primera vez para todo —dijo Mitsuba con una sonrisa.

Decidieron dejar todo en el pequeño hotel en el cual se hospedarían antes de regresar de nuevo ya totalmente listos para disfrutar de un buen día en la playa. Claro que para Kagura no salió como pensaba.

El sol estaba más fuerte de lo normal y sabía que pasar mucho tiempo bajo esa bola de fuego infernal le quemaría la piel a niveles impresionantes; el bloqueador que había comprado no era tan fuerte, así que decidió refugiarse bajo una sombrilla junto a Sadaharu quien se había quedado dormido casi al instante, y Mitsuba quien de igual manera quería relajarse un poco mientras leía un libro.

—¿No deberías ir con ellos? —preguntó Kagura con una expresión de aburrimiento.

—Esperaré un poco a que baje el sol, además, es relajante estar aquí de todas formas —contestó con una sonrisa.

Nuevamente se quedó mirando con aburrimiento el mar, se veía tan refrescante que le daban ganas de correr y zambullirse en él, incluso si se terminaba quemando. Pero rayos, pasar 3 días en cama por el horrible dolor tampoco sonaba muy agradable que digamos. ¿Por qué carajos su bella piel debía ser tan débil?

Sus pensamientos fueron pausados debido al inmenso dolor que sintió su rostro en ese momento. Efectivamente, alguien ─y sabía muy bien de quien se trataba─ le había lanzado un balón a la cara.

—Oh, no te había visto —comentó con desinterés Sougo acercándose a ella para recoger la pelota.

—¡Es obvio que lo hiciste a propósito! —exclamó ella.

—Es que al ver tu cara de total aburrimiento me dieron ganas de hacerlo —se excusó encogiéndose de hombros—. Pero definitivamente pareces un vampiro —bromeó él.

—No es mi culpa que el sol sea mi mayor enemigo —se cruzó de brazos dispuesto a ignorarlo.

—Idiota, entonces no hubieras venido —ante esto Kagura hizo un puchero y apartó la mirada, en parte Sougo tenía razón ─algo que odiaba aceptarlo─ pero realmente siempre había querido venir a la playa; seguramente es algo que un sádico como él no entendería.

El castaño no agregó nada en ese momento y en cambio decidió ir a molestar a Hijikata y a Gintoki de nuevo. Sadaharu se había despertado por esa pequeña pelea y decidió de igual manera ir a jugar un poco. Soltó un suspiro ante esto, su propio perro la había abandonado para irse con un maldito sádico.

Unas horas después, el día se había puesto levemente más nublado así que ella decidió salir por unos momentos para ir a comprar más bebidas y algunos helados aprovechando que ya todos se encontraban distraídos.

—Este día sería mejor si encontrara a un hombre tortuga que me llevara a Ryuuguujou —murmuró ella comiendo un helado regresando a su «zona segura».

—Kagura-chan, ven, vamos a partir una sandía —dijo alegre Mitsuba una vez que ella regresó. Kagura se encogió de hombros y decidió ir con ellos luego de dejar las bebidas en su lugar, bueno, estar unos minutos ahí tampoco podía quemarla tanto ¿cierto? Además, cualquier sacrificio por comida era aceptable.

—¿Por qué tienes un bate? —preguntó Kagura señalando a Sougo.

—¿Con qué más partiría la sandía? —apuntó él.

—¿En serio es buena idea dejarlo con el bate? —cuestionó Hijikata.

—Bueno, aquí voy —avisó el castaño y rápidamente asestó un golpe a Hijikata—. Oh, fallé —murmuró sin ningún ápice de culpa.

—¡Obviamente eso fue a propósito! —exclamó indignado el pelinegro quien yacía en el suelo debido al golpe.

—Es que no veía muy bien.

—¡Ni siquiera llevabas una venda en los ojos!

—Ahora es mi turno —dijo Gintoki quitándole el bate a Sougo para luego darle otro golpe a Hijikata con el mismo formando una sonrisa bastante sádica en el proceso.

—¡Ya dejen de hacer eso! —los regañó Toushiro para luego arrebatarle el bate e intentó golpear a ambos.

—Yo quería mi sandía… —murmuró Kagura decepcionada.

Luego de muchas persecuciones, finalmente lograron partir la susodicha sandía y todos se encontraban comiendo tranquilamente en su lugar de la playa. Kagura sentía como nuevamente recuperaba un poco sus energías y pensó que sería buena idea intentar nadar después. Aunque se arrepintió al instante al ver como el sol brillaba con más fuerza que antes; ese no era su día.

Tuvo que quedarse viendo como los demás jugaban en el agua. Hijikata casi se ahogaba más de una vez y no exactamente porque no supiera nadar, Gintoki regañaba a Sadaharu cada vez que este mojaba su cara «accidentalmente», Mitsuba reía al verlos a todos ahí y Sougo, bueno, simplemente se dedicaba a intentar a matar a Hijikata cada vez que tenía la oportunidad.

Finalmente, luego de que Mitsuba le insistiera un poco, Kagura decidió entrar al mar. Como ella no sabía nadar debido a que nunca tuvo tiempo para aprender, tuvo que usar un flotador bastante infantil obteniendo varias burlas de Sougo en el proceso, claro que las ignoró totalmente cuando sintió la fría agua tocar su piel; no sabía que el mar pudiera ser tan relajante. Se sentía tan refrescada, que le daba igual si terminaba quemándose la piel.

Claro que relajarse no era algo que se podía hacer cuando se estaba acompañado de cierto demonio llamado Okita Sougo. Éste simplemente se propuso a joderle la tranquilidad; intentó asustarla varias veces bajo el agua y demás bromas que sólo hacían enfurecer a Kagura. Lástima que no podía nadar o de seguro comenzarían con sus típicas peleas físicas.

—Gintoki-san, ¿no cree que sería buena idea enseñarle a Kagura-chan a nadar? —le preguntó Mitsuba.

—No creo ser el apropiado para enseñarle a ella —respondió recordando la razón por la cual nunca le enseñaba nada en casa: ella nunca le prestaba atención.

—Uhm, entonces ¿qué tal si Sou-chan le enseña? —sugirió con una sonrisa.

—Eso sería buena idea si queremos ver en las noticias como dos jóvenes se ahogaron estúpidamente en una pelea —dijo el albino, pero al parecer ella no lo había escuchado ya que se estaba acercando a su hermano para ver si podía hacerle ese favor. Él simplemente soltó un suspiro, a veces no sabía si ignoraba totalmente el hecho de que ellos dos eran como perros y gatos para su propio bien o simplemente era algo idiota en ese sentido; aunque si llegaba a decir eso en voz alta de seguro Hijikata lo mataría.

—¡¿Eh?! No quiero que este sádico me enseñe —replicó Kagura ante la idea de Mitsuba—. Además estoy segura de que me ahogaría en el primer momento...

—Si eso quieres, hermana —murmuró Sougo no muy convencido. A ella todavía le sorprendía un poco ese cambio de personalidad cada vez que estaba con su hermana.

—En serio, me niego a bajarme de este flotador —avisó Kagura.

—Será en la orilla, así que no te quejes. No creo que seas tan idiota como para ahogarte ahí —dijo él encogiéndose de hombros—. Aunque bueno, eres bastante enana —dijo con una sonrisa maliciosa.

—¡Maldito! —masculló Kagura antes de extender sus brazos hacia él como si intentara ahogarlo. Sin embargo, debido a sus movimientos y como estaba muy inclinada terminó por resbalarse del flotador, en un vano intento de sostenerse de algo, terminó firmemente agarrada de los hombros de Sougo.

«¿Cómo es esto posible? Malditos escritores y sus escenas sin lógica»

—Sabía que todas las chicas caían en mis brazos, pero no sabía que podía ser tan literal —esa molesta voz la hizo reaccionar, así que lo primero que hizo fue alejarse rápidamente de él para ir a su flotador, sólo le faltó un único detalle: el flotador no se encontraba al alcance de su mano y todavía se encontraba en la zona profunda.

Resultado: una Kagura intentando inútilmente de no ahogarse.

«Maldito sádico, en vez de verme morir debería ayudarme» se quejó en su mente.

—No, no suena muy apetecible ayudarte —comentó como si hubiera leído sus pensamientos.

Sin embargo, pocos segundos después, Sougo decidió ayudarla. La sostuvo por la cintura y comenzó a llevarla hasta la orilla, aun así, Kagura seguía quejándose de esta incómoda posición y más de una vez se «resbaló accidentalmente» logrando que ella se aferrara fuertemente a él como si fuera un gato que odiara el agua. Esto posiblemente lo usaría en el futuro para molestarla.

—Pensé que me dejarías ahogarme en el mar —masculló ella sentándose en la orilla.

—Hoy no, por lo menos no antes de saber cual de los dos es más fuerte —dijo él sentándose a su lado.

—Te odio —murmuró ella levemente avergonzada, no por sus palabras, si no por el momento tan vergonzoso que había pasado. Jamás se avergonzaría de algo que ese maldito sádico le dijera.

—Deberías agradecerme.

—Jamás.

—Por lo menos admite que tu corazón comenzó a latir más rápido.

—Obviamente va a latir más rápido por el susto, imbécil.

—En fin ¿te enseño a nadar? —preguntó.

—No —respondió tajante. Prefería ahogarse que tener que pasar más momentos vergonzosos con él.


El atardecer comenzó a hacer su aparición, mezclando los colores naranjas y azulados formando un hermoso paisaje. Lentamente cada persona fue tomando sus pertenencias para irse a tomar un descanso de aquel día, darse un merecido baño o simplemente disfrutar de otras actividades nocturnas.

—Creo que tengo arena en el trasero —comentó sin ningún tipo de vergüenza Kagura.

—Yo también —secundó Gintoki.

—A veces creo que esa niña no debería vivir contigo —comentó Hijikata soltando un suspiro.

—Kagura-chan, deberíamos ir a los termales —sugirió Mitsuba con una sonrisa.

—Sí, suena bastante relajante —apoyó ella y ambas chicas se dirigieron al lugar mencionado.

Ambas soltaron un gran suspiro al sumergirse en el agua caliente. Realmente parecía que todos sus músculos se habían relajado, aunque Kagura deseaba que realmente estas aguas tuvieran cierta «magia» curativa o sino estaría sufriendo un gran ardor en su bella piel al día siguiente.

Las dos salieron del lugar portando unas cómodas prendas que eran cortesía del hotel. Caminaron directamente hasta sus habitaciones para tener un merecido descanso. Lo bueno es que el hotel permitía la presencia de mascotas así que no tenían que preocuparse mucho de donde dormiría Sadaharu; aunque si ese no fuera el caso hubiera encontrado una manera de meterlo en su cuarto de todas formas.

—Iré a caminar un poco —dijo Kagura cambiándose a unas ropas más abrigadoras.

—Ten cuidado~ —dijo Mitsuba con una pequeña sonrisa.

Le hizo una seña a Sadaharu para que la siguiera y con un ladrido el perro se puso en marcha junto a ella.

Cuando salieron del hotel, rápidamente la fría brisa movió sus sueltos cabellos, aspiró un poco de aire y luego se encaminó a la solitaria playa decidida a admirar su belleza nocturna, posiblemente podría recoger algunas conchas marinas como recuerdo; de seguro a su madre le gustaría unas de regalo. Inmediatamente se quedó maravillada con el cielo nocturno, varias estrellas adornaba el oscuro cielo y la luz de la luna podía verse reflejada en el mar. De día era hermosa, pero de noche era fantástica.

Sadaharu comenzó a correr de ahí por allá aprovechando que no había tantas personas, mientras Kagura caminaba con cierta tranquilidad por la orilla buscando las populares conchas marinas, no pensó que sería tan difícil encontrar una, aunque tampoco le ayudaba mucho que fuera de noche.

—Y no todo es perfecto en este mundo —bufó ella por lo bajo.

—Al igual que tu rostro —comentó una voz a sus espaldas. Rápidamente se puso en alerta.

—¿Por qué siempre te encuentro en algún momento de reflexión? —se preguntó ella frunciendo levemente el ceño.

—No lo sé, por alguna razón siempre aparezco a tu lado aunque no quiera estarlo —se encogió de hombros soltando un leve suspiro.

—Malditas historias cliché —masculló por lo bajo.

—¿Sabes? Todo esto acabaría más rápido si simplemente confesaras tus sentimientos por mí —sugirió Sougo viendo el cielo con un aire pensativo.

—¡¿Eh?! ¿Acaso te golpeaste la cabeza? —Kagura tomó unos metros de distancia.

—Piénsalo, si esta es otra historia cliché todo acabará cuando estemos juntos ¿no?

—¡Jamás aceptaré salir contigo!

—¿Ves? Acabas de decir otra frase típica de este tipo de historia.

—Muérete.

—Será muy divertido ver como caes por mí.

—Como si eso fuera a pasar —se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.

—Y así es como se fue al carajo tener una charla sentimental que hará que te des cuenta de lo que sientes por mí.

—De todas formas eso nunca pasaría.

—Sabes que acabas de desperdiciar un gran escenario nocturno ¿no?

—Como si me importara. Este era mi momento, no nuestro.

Un largo silencio pasó entre ambos.

—En fin, haremos una fogata, así que será mejor ir —dijo él para luego dar media vuelta.

—¿No pues que habías aparecido mágicamente por aquí?

—Fue una broma —respondió.

Kagura tampoco se quedó mucho tiempo ahí y poco después ya se encontraba caminando a su lado.

—¿Ves? Incluso ahora no te importa caminar a mi lado —bromeó él.

—Simplemente no quiero perderme —dijo con cierto orgullo.

—Por cierto, encontré esto de camino hacia aquí —sacó algo de su bolsillo y se lo entregó bajo la mirada de sospecha de Kagura.

—Si es una maldita broma juro que te tiro al mar —sin embargo se quedó sin palabras ante el pequeño «regalo» de Sougo. Se trataba de una hermosa concha marina que había estado buscando como idiota hace unos minutos atrás.

—De nada —dijo con una sonrisa de superioridad.

—Definitivamente tú eres el que está enamorado de mí como para darme esto —dijo acercándose a él con un tono burlón.

—Ahora parece que tú quieres ser lanzada al mar —amenazó con su típica sonrisa sádica.

Ambos se pasaron el resto del camino riéndose del uno al otro. Aunque su relación fuera bastante conflictiva, no quería decir que no fueran amigos, simplemente su manera de demostrar amistad era muy diferente a la de los demás; aunque ellos mismos negaran esto.

Finalmente llegaron donde se encontraban todos, Toushiro intentaba prender la fogata mientras Gintoki se burlaba de todo lo que hacía como siempre.

—Bienvenidos —los saludó Mitsuba con una sonrisa.

—¿Debería decir algo con respecto a qué acaban de llegar de un lugar solitario y oscuro? —dijo Gintoki arqueando una ceja.

—No gracias, el desinteresado Gin-chan es mejor —respondió Kagura.

—¡Finalmente! —celebró Hijikata al encender la susodicha fogata.

—Creo que deberíamos hacer un sacrificio como celebración —comentó Sougo mirando al pelinegro.

—No —respondió cortante.

Cada uno se sentó alrededor de la fogata para comer algunos malvaviscos y comenzar a contar historias de terror para disgusto de Gintoki y Toushiro. Ya casi al final, Mitsuba sacó unas pequeñas luces para jugar un poco con ellas; claro que en el proceso algunas personas salieron quemadas gracias a cierto sádico de cabello castaño

Ya se estaba haciendo algo tarde y tenían que irse a la tarde siguiente, así que todos recogieron sus cosas para luego volver al hotel.

Una vez en su cómoda cama mientras abrazaba con fuerza a Sadaharu. Kagura observó de nuevo la concha marina que Sougo le había dado. ¿Cómo sabía que quería algo como esto? ¿Acaso realmente la estaba acosando? Lo que más odiaba era que se encontraba realmente feliz por aquel regalo. Si realmente por esta pequeña cosa lograba que ella comenzara a interesarse en él, realmente ya veía a donde iba a llegar esta historia y eso no le gustaba para nada.


Al día siguiente ya todos nuevamente se encontraban esperando el tren para volver a sus días normales. Tal como había imaginado, su piel terminó quemándose un poco, pero el dolor no era tan grave como imaginó, pero si seguía siendo un poco molesto. Claro que Sougo aprovechó para molestarla durante todo el camino, como darle leves golpes en la espalda que en ese momento le parecían insoportables.

—Oye, maldito, deberías agradecer por lo menos —masculló Hijikata al ver como ambos se iban sin decir nada más.

—Oh verdad —murmuró Gintoki—. Muchas gracias por el viaje, Mitsuba-san —dijo haciendo una leve reverencia obligando a Kagura hacer lo mismo.

El pelinegro simplemente chasqueó la lengua, después de todo él había pagado todo el viaje, pero bueno, tomando en cuenta la personalidad de Gintoki, prefería que se fuera lo más rápido posible.

Una vez que llegaron a casa, Kagura simplemente se encerró en su cuarto para tener una larga siesta ─de la cual no despertaría hasta el día siguiente─ los viajes siempre la cansaban de alguna manera; especialmente cuando su piel había sufrido por el maldito sol.

Se puede decir que esa fue la única vez que hicieron una salida de ese estilo en lo que quedaba de vacaciones. Shinpachi no se había presentado ya que consiguió un trabajo de medio tiempo, Kagura no hacía más que quejarse del calor, tener todo el ventilador para ella sola, mirar televisión y comer, y Gintoki, él simplemente hacía lo mismo que siempre: nada importante.

Claro que algunas veces recibieron visitas de Sougo o a veces iban a la casa de los Okita por invitación de Mitsuba; la comida gratis siempre era una buena razón para ir, especialmente cuando un roba impuestos pagaba. También solía ir a visitar a Soyo varias veces, aunque casi no pudo verla ya que de igual manera se había ido de vacaciones pero por más tiempo.

Posiblemente no parecerían las mejores vacaciones del mundo, pero para gente tan perezosa como Gintoki y Kagura eran más que perfectas.


Lamento que haya sido tan corto, pero estoy preparando algo más especial en el siguiente capítulo, sólo tengo algo que decir: celos.

En fin, espero que estén disfrutando de igual manera la nueva temporada del anime, y como no he visto el manga de seguro me llevaré muchas sorpresas (?)

Muchas gracias por llegar hasta aquí *lanza corazones*

PD: Si es posible quemarse la piel aun echándose algo de bloqueador. Mi mejor amiga es bien pálida tipo Kagura y le pasaba eso xD

Haruka-sama se despide~