Capítulo VIII
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"El ser humano puede soportar una semana de sed, dos semanas de hambre, muchos años sin techo, pero no puede soportar la soledad"
—Paulo Coelho
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En medio del vapor de la ducha caliente, Trunks cerró las llaves del agua, enredó una toalla en la parte baja de su cintura y caminó hacia el espejo ovalado del baño, el espeso vapor cubría su reflejo .
El muchacho se recargó en el lavabo sosteniéndolo con sus manos e inclinando su cabeza hacia adelante mientras respiraba pesadamente; perdido en sus pensamientos dejaba que de sus cabellos escurrieran gotas de agua hacia sus brazos y a lo largo de su espalda.
Aún no digería del todo lo que acababa de suceder, de un momento a otro la muerte de su esposa había pasado de ser un suceso accidentado a ser un premeditado asesinato a sangre fría y lo peor de todo era que había tenido al responsable de su pena en sus manos.
Recordando como el hombre le prometía confesarle todo antes de su muerte rechinaba sus dientes y enarcaba sus cejas.
—¡Maldición!— golpeó el lavabo con la palma de su mano, haciendo que se tambaleara de un lado al otro, el muchacho lo sostuvo para evitar que se cayera y se rompiera en pedazos.
Advirtió entonces que aunque se encontraba lleno de frustración, no era el momento ni el lugar para descargarse.
Miró hacia su derecha buscando por su vestimenta pero, encima de la pequeña repisa solo encontró una playera negra y un pants grises.
—Mai— susurró su nombre recordando la valerosa hazaña de la joven y su hospitalidad.
Con el recuerdo en mente sentía que su deber como hombre era proteger a esa joven del peligro innecesario al que la había expuesto.
Se sintió mal por haber estado tan ensimismado que prácticamente había perdido la noción del espacio y tiempo; se vistió apresurado y al salir del baño, Mai lo esperaba sentada junto a la barra de la cocina. Le había preparado un sandwich y un vaso con leche tibia, supuso que sería algo que le ayudaría a dormir después de tan brutal noche.
—Trunks, tu ropa esta en la secadora, estará lista en unos minutos— le dirigió una cálida sonrisa, se había propuesto evitar ponerlo incomodo hablando de lo que acababa de suceder pero, el muchacho agradeció con voz un tanto apagada.
—¿Tienes hambre?— preguntó la azabache pero al darse cuenta que se observaba un tanto desanimado se arrepintió de su idea.
—Discúlpame Trunks no quería ser insensata—agachó la cabeza apenada.
—No digas eso, Mai— se sentó al frente suyo y comenzó mordisquear su sandwich —Quizá te parezca extraño pero, si tengo hambre— tomó su comida con ambas manos —Gracias— sonrió ligeramente y Mai le imitó comiendo su emparedado.
Permanecieron en silencio un par de minutos, tan sólo se escuchaba el ruido de los vasos al ser puestos sobre la mesa y un rítmico sonido provocado por sus dientes al masticar; el silencio era un tanto abrumador y ambos pensaban en distintas formas de romperlo pero cualquier tema parecía un tanto imprudente.
Por la mente de la muchacha rondaba la idea de pedirle que descansara en su casa pero le apenaba en demasía sugerirlo, no quería que él joven Brief mal interpretara las cosas y entonces arruinara la pequeña amistad que comenzaba.
—Lo que hiciste Mai fue un acto lleno de valentía— finalmente fue él, el que quebrantó el silencio, la mirada azul era directa y profunda como si analizará cada movimiento y expresión de su interlocutora.
La muchacha se ruborizó por el comentario.
—Y también demasiado imprudente, Mai. No debiste arriesgarte de esa manera— le reprendió con severidad.
—Es que yo...— levantó la mirada hacia el azul, el cual mantenía su rostro serio —yo solo quería ayudarte— volvió a bajar la mirada y apretó la tela de sus pantalones en sus manos.
—¿Por qué Mai? ¿Por qué quieres ayudarme?— al observar la reacción de la chica suavizó el tono de su voz y la expresión de su rostro.
La muchacha se sorprendió por la pregunta y no sabía con certeza qué contestar sin embargo contestó desde el fondo de su corazón.
—Porque creo que eres un buen hombre y que Ren era una buena mujer simplemente no se merecen tanta injusticia. Creo que lo haría por cualquier persona porque...porque es lo correcto Trunks.
Y con esta breve explicación lo desarmó por completo y su mente le hizo viajar por el tiempo en un momento...
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—¡Es increíble! Trunks— dijo la muchacha con enormes ojos brillantes.
—En cuanto vio a la chica en aprietos sin pensarlos dos veces la defendió, enfrentándose a un tipo del doble de su tamaño. Lo enfrentó sin temor, ni siquiera le tembló la mano al apuntarle con su arma— explicaba con el control del televisor en sus manos imitando a la heroína enfrentar a su adversario.
—Vaya, entonces debe ser una mujer muy fuerte— con velocidad y un par de suaves movimientos la desarmó y la hizo caer a sus brazos inclinándole hacia el suelo, sosteniéndole por la cintura. Ambos inicialmente rieron, sin embargo la sonrisa en la pelirroja se desvaneció en cuanto el muchacho se acercó para dedicarle un beso, desviando ligeramente el rostro lo rechazaba como últimamente en ocasiones lo hacía y los azules se entristecieron.
—¿Sucede algo, Ren?— preguntó enderezando su postura.
La muchacha solo negó con la cabeza y acarició su rostro tratando de aparentar que no pasaba un trago amargo sin embargo, por más que el joven trataba de encontrarse con su mirada, ella la desviaba hacia el suelo.
—¿Sabes Trunks? la admiro demasiado, quisiera poder ser tan fuerte y valiente como ella— susurró casi para si .
—Ya lo eres— trató de animarle levantando su barbilla con suavidad logrando hacer contacto con los celestes que sin comprender la razón los veía vibrar aguantando el llanto.
—No, no todos tenemos lo que los héroes como ustedes poseen— negó con la cabeza, dedicándole una desdibujada sonrisa.
—¿A qué te refieres?
—La resistencia, la sed de justicia, esa generosidad como la tuya que hace que pongas el bienestar de otros por encima del tuyo— finalmente sonrió con sinceridad al hablar de sus cualidades y después de un sentido suspiro continuó — el simple hecho de querer ayudar a los demás por que es lo correcto, todo eso es… es admirable.
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El muchacho negó con la cabeza tratado de dispersar sus pensamientos del pasado y concentrarse en el presente.
Dio un sorbo a su vaso de leche y finalmente se animó a expresar su preocupación.
— Espero que no te moleste lo que quiero proponerte Mai, ni tampoco quisiera causarte ningún inconveniente pero, estoy preocupado por tu bienestar— movía su pie derecho sobre la barra del banquillo con nerviosismo.
— Tengo la certeza que nos han seguido a ambos más de una vez y no me gustaría dejarte sola en una situación así.
— ¿Me permitirías quedarme esta noche?— Preguntó tímido y la muchacha se sonrojó provocando que a él también le ardiera el rostro de vergüenza.
— D-disculpa mi atrevimiento, Mai. En verdad, no- no lo tomes como una falta de respeto o un intento de mi parte para aprovecharme de la situación.
— No, no, a decir verdad me daba mucha pena pedirte lo mismo, no me gustaría que estuvieses solo después de lo qué pasó— se levantó de su asiento y recogió los platos sucios —Prepararé la habitación para que te quedes en ella; yo dormiré en el sofá .
— N-no—negó con la cabeza—Por favor, no es necesario, Mai— se levantó de su asiento y se dirigió al sillón — Yo puedo quedarme en el sofá, en serio no te molestes.
La azabache asintió con la cabeza y entonces se dirigió a su habitación para traer un par de cobijas y una almohada extra; a su vez Trunks se colocaba un cojín detrás de su cabeza y cruzaba sus brazos sobre su pecho dispuesto a tratar de conciliar el sueño.
— Aquí tienes Trunks— la mujer le entregó todo y ambos se sonrieron con amabilidad.
— Que pases buena noche, si algo se te ofrece de la cocina por favor no dudes en tomarlo, siéntete como en tu casa.
— Gracias Mai, que pases buena noche.
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A la mañana siguiente…
La azabache abrió los ojos, aún estaba con una faz adormilada. Pero al recordar lo que había pasado la noche anterior se levantó de golpe.
Recordando que no tenía nada que ofrecerle a Trunks para el desayuno, escogió un par de prendas limpias y se dirigió al baño para darse una ducha con la idea de alistarse para comprar algunos bocadillos.
En el camino percibió que el Brief aun dormía por lo que de puntitas pasó por detrás del sillón y con precaución cerró la puerta del baño. Puso el seguro de la puerta por eso de las dudas y se metió a la ducha.
Al pasar un rato alguien llamaba a la puerta con insistencia provocando que el muchacho se despertara apesadumbrado.
¡Ring! ¡Ring! sonaba el timbre una y otra vez.
El azul se incorporó en el sillón y largó un bostezo al tiempo que frotaba su ojo izquierdo con la mano.
¡Knoc, knock!
— ¡Voy!— dijo el muchacho sin mucho pensar, aún desubicado y adormilado caminó hacia la puerta descalzo.
¡Ring! ¡Ring! volvió a sonar.
El joven con sus cabellos azules alborotados abrió la puerta mientras se tallaba el ojo derecho.
— ¿Sí?— preguntó sin reconocer al chico que los había atendido la noche anterior en la tienda, el cual lo veía con cara de espanto.
— ¿TÚÚÚÚÚ?— le señaló dándose un sentón en el suelo por la sorpresa pero rápidamente se incorporó y se acercó al rostro aún adormilado del azul.
— ¿Qué haces a estas horas en casa de Mai?—preguntó enseñando sus dientes.
— ¿Eh?— el muchacho aun no despertaba por completo.
— No me digas que…. TE QUEDASTE A DORMIR CON ELLA…— lo miró de pies a cabeza y en su mano izquierda percibió la argolla de matrimonio que portaba — ¡Y ERES CASADO! ¡MALDITO!— El joven abrió sus ojos azules de par en par despertando por completo tras el mal entendido mientras el de ojos color miel lo empuñaba de su playera.
—¡Iori! — le reprendió Mai y el muchacho lo soltó de inmediato.
— Yo me encargo, Trunks— indicó Mai quien al escuchar los gritos se había apresurado hacia la entrada, el peliazul asintió con la cabeza y entró al departamento mientras Mai cerraba la puerta tras de si.
— Mai— el muchacho puso ambas manos sobre sus hombros — No sé que ha dicho él para convencerte pero, Mai por favor no le creas nada. Se está aprovechando de tu inocencia— le miró con los ojos desbordando cascadas de lágrimas.
— Mai, si tu me lo permites, yo…— la tomó por ambas manos — Yo no tengo mucho que ofrecerte pero, puedo ofrecerte todo mi amor, mi respeto, siempre serás la única persona en mi vida, no es necesario que te quedes con las sobras de…
— No es lo que piensas— le dio un zape en la cabeza y luego se cruzó de brazos y estrechó su mirada.
— ¿Ah no?
— Noooo es solo un amigo al que estoy ayudando y…— el muchacho asentía con la cabeza al escuchar la explicación de la azabache — No debería darte explicaciones pero, tu sí ¿Qué estas haciendo aquí?—
— Bueno yo… yo quise traerte tus compras de anoche y traerte víveres extra para la tormenta de nieve que viene.
—¿Tormenta dices?… — le entregó una cápsula en sus manos, Mai la guardó en su bolsillo.
— Y también vine a ver cómo te encontrabas, estaba preocupado por ti, Mai, por lo que sucedió anoche, supongo que lo que todo tiene que ver con tu amigo— cerró los ojos con un gesto de sabelotodo
— Eso es algo reservado Iori, y te recomiendo que no te entrometas.
— Pero Mai.
— Pero nada. Estoy bien, gracias por preocuparte, nos vemos luego— entró a su departamento y cerró la puerta tras de sí.
— Mai — dijo el muchacho casi para si, mientras Mai lo miraba alejándose a través de la mirilla.
El muchacho con sus manos en los bolsillos se retiraba del lugar y al caminar pateó un bote de basura en el pasillo.
Mai largó un suspiro recargando su espalda en la puerta.
— ¿Todo bien, Mai?— preguntó el azul quien ya se había cambiado sus ropas y se ponía su chaqueta azul.
— ¿Eh?… S-sí— asintió con la cabeza.
— Discúlpame no quería ocasionarte problemas con tu novio, si prefieres yo puedo hablar con él y explicarle.
— ¡¿M-mi novio?!— la muchacha se enrojeció por el comentario — ¡No, no, no!— movía sus manos de un lado al otro —Él no es mi novio— decía con una gota de sudor en su frente — Es solo un amigo que…
— Ah, entonces un pretendiente— le sonrió con gentileza y a Mai se le enardecieron las mejillas.
— No, bueno no sé, yo nunca le he dado pie a nada, inclusive lo he rechazado un par de veces. Pero aún así él…— miraba hacia el costado frunciendo sus cejas mientras Trunks levantaba la suya tratando de entender lo que la chica decía. —Es una buena persona, por favor disculpa su comportamiento infantil— se dispensaba haciendo una reverencia.
—No te preocupes, Mai. No pasa nada— y al instante el gruñido de su estomago interrumpió la conversación.
Mai cubrió su risa con su mano y sacó la cápsula que traía en su bolsillo.
Entre una más amenizada plática tomaron su desayuno y sin darse cuenta el tiempo pasó de prisa, por la ventana se apreciaba una leve nevada que al paso del tiempo se convirtió en una poderosa tormenta…
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"Cerca de 6,000 vuelos han sido suspendidos en precaución ante la llegada de la tormenta de nieve. Los aeropuertos internacionales más afectados son los de la Capital del Norte y la Capital de Oeste".
Ambos veían las noticias en la televisión tras sentir el drástico cambio de temperatura y al recordar lo que Iori había comentado observaron por la ventana que la nieve caía con mayor intensidad.
"La tormenta conlleva un "riesgo mortal", dijo la oficina del servicio meteorológico próxima a la Capital del Oeste pidiendo a la gente que se ponga a salvo.
Además, el pronóstico prevé hasta 11 pulgadas (30 centímetros) de nieve y vientos de más de 50 millas por hora (80 km/h) por los que solicitamos a todos los ciudadanos evitar salir en las próxima 48 horas si no es necesario…"
—Vaya, la tormenta llegó de la nada — decía el muchacho al tiempo que sus dientes castañeaban por el frío.
—Lo lamento Trunks, mi calefacción tarda un poco en llegar a la temperatura deseada— decía la muchacha subiendo la temperatura en el termostato.
—No te preocupes Mai, no es tan terrible como caer en un río congelado — ambos rieron con complicidad.
Entonces Trunks se esforzó por ayudarle a preparar su departamento en contra de la tormenta, colocaban plásticos para cubrir las ventanas y tratar de evitar que se colara el frío por las hendiduras. Abrían los grifos del agua en un hilo para evitar que estos se congelaran, se aseguraban del buen funcionamiento del calefactor, inclusive prepararon un par de velas, mantas y linternas en caso de perder electricidad…
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—Si madre, me alegra — decía el saiyajin vía telefónica. —Sí, sí te lo prometo. Tu también cuídate, cualquier cosa me llamas. Yo también te amo, adiós — cortó la llamada y suspiró.
—¿Bulma está bien? — preguntó Mai tras haber escuchado al joven hablar por teléfono con la peliazul.
El joven asintió con la cabeza —Sí, todo está en orden en la Corporación Cápsula.
—Me alegra —dijo Mai con una sonrisa.
El muchacho también sonrió tratando de esconder detrás de ese gesto su preocupación. Su madre le preocupaba pero, sinceramente en estos momentos se preocupaba más por Mai. ese gesto de preocupación. La Corporación Cápsula tenía mejores condiciones gracias a su tecnología que el departamento de la chica.
Ciertamente pensó en que quizá lo mejor sería llevar a Mai a casa con su madre pero las condiciones meteorológicas no se lo permitirían, no la expondría nuevamente a congelarse en el frío como hacía varios días; recordó cómo la muchacha casi contraía y temía que las condiciones del hogar de Mai no eran las mejores para soportar una tormenta como la que se aproximaba sin embargo, no hacia tal comentario pues no quería ofenderla.
—Parece ser que no podré ir a casa — dijo el guerrero con timidez —Te agradezco Mai que me permitas alojarme nuevamente en tu casa.
—Para nada Trunks, puedes quedarte el tiempo que sea necesario, me sirves de compañía — Decía la muchacha que abrazaba un cojín al tiempo que dirigía la vista hacia el televisor justo cuando terminaba una de sus novelas favoritas.
El joven sonrió con empatía pues bien al observar a su alrededor podría percatarse de que la heroína de la Capital del Oeste ciertamente era una mujer muy solitaria, vivía con los utensilios básicos en prácticamente todos los aspectos.
El departamento era pequeño, de una sola habitación, un baño, la cocineta con una estufa eléctrica, el fregadero, microondas y el refrigerador; una barra dividía la cocina de la sala de televisión.
La sala consistía en tan solo un sillón azul marino con una pequeña mesa esquinera que soportaba una lámpara, una televisión pequeña de pantalla plana que estaba sobre lo que parecía ser una mesa de centro; las paredes eran de color blanco y los pisos eran de madera.
Había un poco de desorden debido a que la muchacha no pasaba gran tiempo en casa. Ciertamente no parecía tener visitantes, le recordaba a su propio departamento hacia una par de años cuando se independizó por primera vez y era soltero. Sonriendo por el recuerdo se llenó de empatía por ella y no la juzgaba puesto que su propio hogar lucía mucho mas desordenado gracias a su estado anímico.
Al seguir observando el sitio, realizó que habían pocas piezas de arte decorando el lugar, más bien se trataba de algunas fotografías de algunos bellos paisajes pero lo más interesante era que, por ningún lado encontró alguna foto de la familia de Mai. Tan solo había una pequeña fotografía en una de las paredes del pasillo en donde la azabache posaba con un hombrecillo de color azul y un perro.
—¿Quieres ver una película, Trunks?
—S-Sí esta bien — dijo el muchacho saliendo de sus pensamientos.
La chica recomendó una película de acción y preparó un platón de palomitas con mantequilla para ambos. De ahí continuaron con una película de comedia con la que desataron las risas por la trama. Al terminar de ver por último una película de terror finalmente decidieron cambiar de actividad.
De una cápsula el joven Brief sacó su consola de videojuegos y como un par de jóvenes adolescentes jugaban en el sillón al tiempo que el televisor les iluminaba sus sonrientes rostros.
"Mario Kart" era el juego predilecto de Trunks, y lo estaba disfrutando bastante pues los gestos que provocaban en Mai, que al estar concentrada en el juego movía todo su cuerpo como si estuviera en el vehículo, le provocaban una divertida sonrisa.
—Mai, ¿Puedo hacerte una pregunta personal?
—Sí — la muchacha ahora jugaba un videojuego de batallas.
—¿Dónde está tu familia? — preguntó sin rodeos.
Mai continuó su juego moviendo a su personaje dando saltos por todos lados para evitar los ataques del personaje que dirigía Trunks.
—Sinceramente no lo sé — contestó la chica comenzando a atacar al personaje del muchacho al tiempo que apretaba los botones sin la más remota idea de lo que hacía sin embargo, funcionó pues le estaba ganando.
—K.O. — decía la pantalla mientras su personaje brincaba de alegría y ella sonrió con satisfacción pero, al reconocer la mirada de consternación en Trunks suspiró y comprendió que el joven esperaba más información.
—La verdad Trunks es que nunca los conocí, me abandonaron en una casa hogar al poco tiempo que nací. Sin embargo conservo el apellido, "Mizuiro" — sonrió un tanto orgullosa—Descubrí los nombres de mis padres y el apellido de mi familia una tarde que di un vistazo a mi expediente a escondidas de la administradora, quise conservarlo pensando que quizá en algún momento los encontraría o regresaran por mi pero, nunca regresaron ni tampoco los encontré — dijo dejando el control a un lado.
—Mai — susurró el muchacho con aflicción.
—Asi es Trunks, yo era una de esas niñas a las que tu buscas ayudar — le sonrió tratando de mitigar la conversación.—Sé lo que es vivir en esos lugares, por eso es que tu proyecto se ganó mi estima en primera instancia.
—Entiendo — dijo el muchacho comprendiendo ahora la razón por la cual le dedicaba tanto a su causa e imaginándose a una pequeña Mai viviendo en las mismas condiciones que Maki y Haru en aquel horrible orfanato.
—Pero no pongas esa cara Trunks, eso ya fue hace muchos años créeme ya no me afecta — comentó al ver un rostro un tanto afligido —Yo me escape de ese lugar a los 10 años y afortunadamente conocí a una buena mujer que me ofreció techo y comida, su nombre era Ami; ya era una mujer mayor, soltera y sin hijos, por lo que nos hacíamos buena compañía. — suspiró mientras lindas imágenes de esa etapa de su vida se posaban en su memoria —Desafortunadamente a los tres años enfermó y murió pero, antes me dio el mejor regalo del mundo, me ayudó a entrar a una escuela militar para adolescentes — le brillaron los ojos al decirlo —Creo que sin su ayuda no sé que habría sido de mí, le estoy tan agradecida. Al graduarme de la escuela militar me asignaron para trabajar en un enorme palacio ubicado en el desierto del Diablo y fue ahí donde conocí a mis dos mejores amigos Pilaf y Shu.
Trunks supuso que se refería al par de la foto pues la emoción en la voz y el rostro de Mai eran suficiente como para suponerlo —¿Te visitan seguido Mai?
Y la emoción en el rostro de la chica se apagó.
—No, ellos no sobrevivieron a los ataques de los androides — bajó por un momento la mirada.
—Lo lamento — dijo el guerrero con un tono de voz que proyectaba cierta culpa y la heroína lo percibió también en sus ojos; él, el mismísimo guerrero dorado, se echaba la culpa por las personas que no había podido salvar y eso era lo menos que Mai quería… —
—¿Jugamos una vez más? — preguntó un tanto tímida.
—¿Te gustó? — sonrió el muchacho con satisfacción.
Y la chica asintió con la cabeza.
—Esta bien, pero te advierto que esta vez no te dejaré ganar — se miraron por el rabillo de sus ojos y luego rieron en complicidad.
Y así se acompañaban, se conocían y disfrutaban de la velada en medio de una tormenta de nieve que inesperadamente había acercado a un par de corazones desolados.
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Las horas pasaban y la temperatura descendía; los muchachos habían pasado de los videojuegos a un juego de cartas en los que parecía que el azul tenía la mejor de las suertes.
—Flor Imperial — decía el muchacho con un sonrojo en sus mejillas por ser la 5a. vez consecutiva que ganaba.
—¡No te creo! ¿Estás seguro que no tienes algunas cartas bajo la manga? — preguntó Mai revisando con su vista las muñecas del muchacho.
En ese instante la tormenta invernal provocó que las luces tintinearan un par de veces hasta que quedaron en completa oscuridad.
—Iré por las linternas — dijo Mai y Trunks asintió con su cabeza.
—Yo revisaré la caja de electricidad.
Al reencontrarse en medio de la oscuridad la muchacha encendió un par de veladoras para proporcionarse un poco de calor pues ciertamente el calentador eléctrico también había dejado de funcionar.
—Vaya— decía Mai al observar el cielo iluminarse a causa de otro relámpago mientras se sentaba al lado de Trunks el cual se mantenía asombrado por la entereza de la mujer, pues bien se imaginaba que en la misma situación cualquier otra estaría al menos un poco asustada. Pero Mai no, ella parecía imperturbable.
Pasaron un par de horas y a pesar de los gorros, los guantes y las cálidas cobijas, el frío aun les calaba los huesos, sus dientes castañeteaban al tiempo que permanecían prácticamente hechos bolita cada uno en cada extremo del sillón.
—Ma-Mai — le llamaba el muchacho al ver que su fuente de calor se consumía.
—Di-di-me…
El muchacho con un rubor en sus mejillas casi imperceptible por la oscuridad extendió sus brazos invitándola a sentarse a su lado. La muchacha con el mismo rubor que el joven accedió, así Trunks la envolvió entre sus brazos y un par de gastadas cobijas.
Mai se sentía apenada. Sin embargo la verdad era que la calidez del cuerpo de Trunks le hacia sentirse mejor y así como la última vez juraría que volvía a sentir una extraña energía envolverle, una energía que provenía del azul y que le reconfortaba. La chica comenzó a cabecear, el cansancio comenzaba a pesarle. Poco a poco se le cerraban los ojos hasta que el sueño le venció y completamente dormida recargó su cabeza en el pecho del joven.
Por su parte Trunks, de igual manera se sentía reconfortado por el calor que Mai le proporcionaba, al tiempo que reflexionaba sobre la situación en la que la joven vivía, le costaba reconocer que le causaba demasiada curiosidad conocer más acerca de su pasado. También sentía una extraña necesidad de protegerle pues en su mente representaba a una mujer que había tenido que ser fuerte por bastante tiempo.
Con esto en mente se convenció de que quería ofrecerle una sincera amistad en la que ambos escaparan de la fría soledad; pues bien sabía que la soledad era peligrosa, era asfixiante, prácticamente insoportable.
Había encontrado un poco de paz en el hogar de Mai y le agradecía por haber estado a su lado en esos momentos tormentosos.
Con estos pensamientos recargó su cabeza en los azabaches y poco a poco también se dejó vencer por el sueño.
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Era aún de madrugada cuando el muchacho entre sueños comenzaba a quejarse, y apretaba los brazos de Mai un tanto inquieto. Alertada por sus movimientos la muchacha de a poco abrió los ojos y al poner atención en sus sentidos, se percató de que el corazón del saiyajin latía de prisa.
Su cuerpo se le notaba rígido y su playera estaba empapada en sudor, por lo que Mai enderezó su postura y en medio de la oscuridad trataba de descifrar lo que sucedía con Trunks.
El muchacho parecía respirar con dificultad.
—Detente — murmuraba captando la atención de Mai.
"Una pesadilla" pensó Mai de inmediato, recordando entonces el diario, y las anotaciones sobre el PTSD que sufría el guerrero.
—¡No lo hagas! — decía con la quijada rígida y Mai se preguntaba si sería prudente despertarlo pues se le veía mal; por la tensión en su cuerpo y su expresión facial parecía que sufría.
—Trunks — susurró con delicadeza y acarició su rostro.
—No le hagas daño, ¡Déjala en paz! — exigió al enemigo que tenía en sus sueños y la azabache supuso que soñaba con su esposa.
—¡Trunks despierta! — volvió a llamarle ahora con más insistencia. Trató de levantarlo una vez más pero, se percató que el muchacho respiraba aun mas agitado; extrañamente parecía como si centellas doradas se desprendían de algunas partes de su cuerpo.
—¿Qué te sucede, Trunks? — se asustó al ver que parecía que hacía un gran esfuerzo y una cálida ráfaga de aire parecía envolverle.
— ¡NOOO! — gritó finalmente el saiyajin levantándose de golpe al tiempo que sostenía fuertemente los hombros de Mai, ésta se encontraba perpleja y por el brusco movimiento perdieron el equilibrio. Fue así que al jalarle de su playera ambos cayeron al piso.
El saiyajin que aún respiraba agitado parecía tomarle un momento antes de reconocer su realidad. Sin embargo, al encontrarse tan cerca del bello rostro de Mai también halló la calidez que le hacía falta, que tanto añoraba, el volver a sentir. El instinto le suplicaba a su piel el roce de sus labios con los suyos. Entonces poco a poco se acercaron para hacerlos coincidir.
CONTINUARÁ…
Notas de la autora:
Bueno pues los hombres no saben estar solos XD...
Holaaaa, no me tiren jitomtazos por dejarlo ahí jejejejeje, pero bueno espero que lean el siguiente capitulo y que les siga gustando la historia.
Yeiii y finalmente pues mas momentos Trumai y todavía más que están por venir, y yo me siento muy emocionada de escribir sobre esta bellísima pareja, espero que les guste esta loca versión y muchas gracias por darle una oportunidad en verdad mil mil gracias.
Hay un detalle que quisiera comentarles que es acerca del apellido de Mai. Bueno pues el apellido se lo pedí prestado a la escritora mas conocida del Trumai en el fandom por que cuando lo leí en su fanfic Flor artificial me encantó, me fascinó sobre todo por el significado que es "Azul" o ¿Me equivoco kuraudea? pero bueno espero que a ustedes también les guste :).
Quiero mandar especiales saludos a Aconito, Maria Enriqueta, Kuraudea, Lorna Lopez y a Evelyn Cotrina por hacerme saber su opinión sobre este fanfic y por compartir conmigo sus expectativas y como se imaginan a los personajes, en verdad significa mucho para mí el saber que esta historia les hace volar su imaginación tanto como a mi. Mil gracias.
Y bueno me encantaría saber si les ha gustado este capitulo aunque sea un conti please sería muy agradecido jajaja. Los quiero. besos de Cerecita.
Hasta la próxima.
