Hello!
Nuevamente mil disculpas por la demora, pensé que las vacaciones ayudarían pero sólo me hicieron más vaga ;vvvv;
Aquí les traigo un capítulo un poco más largo que el anterior y con un poco más de ¿historia? Sí se puede decir xD
Espero que lo disfruten~
La Sangres es más Espesa que el Agua
Kagura había llegado a casa con una gran sonrisa, un largo fin de semana le esperaba y lo iba a aprovechar durmiendo lo máximo posible. Saludó a Gintoki y a Sadaharu ─quien había crecido bastante, por cierto─ antes de irse a cambiar para tener su cena. Había sido un día cansador y necesitaba recuperar sus energías con comida.
—Kagura, me llegó una carta para ti —avisó su tutor entregándole un sobre.
—Ahora lo leo —dijo sin darle mucha importancia.
—Entre más rápido mejor, creo que es importante.
—¿Acaso estabas husmeando? —lo miró con los ojos entrecerrados.
—«La curiosidad mató al gato».
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Nada, simplemente que soy curioso y eso es todo.
—Entonces ¿por qué tiene que morir el gato?
—¿Acaso es mi culpa que así diga el dicho?
—Es tu culpa por usarlo sin saber que significa.
—Los niños no entienden —soltó un suspiro poniendo una mano en su frente—. En fin, léela mientras te sirvo la cena.
Kagura refunfuñó pero de todas formas se sentó en algún sillón de la sala para luego abrir el sobre.
«Hola mi querida hija.
Han pasado muchas cosas desde la última vez que nos vimos, espero que te esté yendo bien y que ese hombre te esté cuidando bien o si no... cortaré su*****.
Por fin he terminado un trabajo muy importante, así que te escribo desde la India para avisarte que dentro de unos días iré a visitarte para hablarte de algo muy especial.
Con cariño, tu padre»
—Gin-chan, ¿no había nada más interesante para mí? —preguntó Kagura rebuscando en el sobre algo como dinero, mejor dicho, esperaba que le mandara dinero, pero al ver que no había nada, lo tiró por ahí.
—No, era la único —respondió Gintoki dejando los platos en el pequeño comedor.
—Ese calvo —masculló por lo bajo yendo al comedor para iniciar su cena.
—Deberías volver con él.
—No lo haré.
—¿Por qué no? Dijiste que querías reunir a tu familia de nuevo ¿no?
—Sí, pero no sirve de nada volver si voy a estar sola de todas formas —habló con la boca llena.
—Entonces ¿cuál es el plan? Seguramente tu viejo intentará llevarte nuevamente a casa.
—Gin-chan, yo tengo todo bajo control. No te preocupes —dijo con suma confianza. El adulto simplemente suspiró, ya se preocuparía cuando de verdad aparecieran los problemas.
—¡Kagura! —un adulto de aproximadamente 40 años se abalanzó hacía la mencionada abrazándola con fuerza.
—Papá, ya detente —intentó zafarse de su agarre.
—¿Acaso te avergüenza que tu padre te abrace? —preguntó con tristeza.
—No, simplemente es molesto —respondió con sinceridad.
—¿Y si te digo que te gastaré un gran pastel de melón?
—¡Papi! —lo abrazó con fuerza ante la noticia. Realmente era fácil de engañar.
—¿Alguien dijo pastel de melón? —murmuró Gintoki despertándose totalmente.
Así es como Kagura salió con los dos adultos para su mala suerte, hubiera invitado a Shinpachi también, burlarse de él la ayudaba mucho para entretenerse, pero el chico de anteojos se encontraba en un trabajo de medio tiempo. Le daba una semana como máximo antes de que lo despidieran.
—¿La has estado cuidando bien? —comenzó a preguntar el cazarrecompensas.
—Se puede decir —contesto con aburrimiento el hombre de cabello plateado.
—¿Cómo le va en la escuela?
—Supongo que puede graduarse.
—¿Y su vida amorosa?
—¿Tiene vida amorosa?
—¿Tengo vida amorosa? —secundó Kagura.
—Estás en tu último año, es normal que las chicas comiencen a buscar noviazgo ¿no?
—Recordemos que tu hija no es muy normal que digamos...
—Es verdad, ella es una Yato, no es como cualquiera. El hombre que elija debe ser digno y no un cualquiera —asintió con una sonrisa imaginándose a su yerno perfecto.
«Más me vale no hablarle de Souchiro-kun o si no sería capaz de hasta quedarse con nosotros» pensó Gintoki con molestia.
Finalmente los tres llegaron a una repostería, donde Kagura y Gintoki no se contuvieron para pedir sus respectivos postres. Sí, eran unos malditos aprovechados.
—Realmente estaba preocupado, desde ese día que escapaste de casa pensé que me daría un infarto —comenzó a decir el calvo.
—Sólo te diste cuenta que escapé tres días después —comentó ella con la boca llena.
—Estaba en un trabajo —replicó.
—Señorita, otro pastel de fresa, por favor —pidió Gintoki.
—¿Has pensando en regresar a casa? —preguntó Kankou empleando un tono más serio.
—No —respondió tajante.
—Tu padre se siente muy solo en casa —dijo con falsas lágrimas.
—Sigue siendo un «no» —pasaron unos segundos en total silencio—. Además, sería problemático cambiarse ahora de escuela, arruinarías mi último año escolar.
—Entonces ¿cuándo termines la escuela volverás a casa?
—No sé, tendría que pensarlo —murmuró enfocándose en el próximo pastel que venía.
—Realmente no lo hará —murmuró Gintoki.
—¡No lo digas! —exclamó Kankou.
—Sólo digo —se encogió de hombros sin querer agregar nada más.
—Por cierto, sé que es inútil preguntar pero ¿te has encontrado con Kamui? —preguntó nuevamente con un semblante serio.
—Sí —respondió con simpleza.
—¡¿En serio?! He estado buscando a ese mocoso por meses. ¿Cómo lo hiciste?
—Simplemente vino a mi escuela. No sé que por qué lo hizo a decir verdad, cuando le pregunté no me dijo nada. Y luego comenzamos a pelear... —puso un gesto pensativo intentando recordar algo más.
—En parte es bueno, eso significa que seguramente sí quiera regresar a casa —se cruzó de brazos con una sonrisa llena de confianza.
—Oh, y luego tuvo una pelea con un compañero de clases.
—¿De nuevo? —puso una mano en su frente—. Ese niño es peor que yo cuando era joven.
—Cosechas lo que siembras —comentó Gintoki.
—Pero los coseché con amor —contestó el calvo.
—Oh, entonces sólo tienes mala suerte —concluyó como si nada.
Terminaron de comer, así que los tres salieron de ahí. Dos totalmente satisfechos, mientras que el tercero se preguntaba sí no se había quedado pobre.
En el camino, Kankou comenzó a contarle a Kagura sobre las distintas misiones que había realizado en estos últimos meses, desde las más peligrosas, hasta las más simples. Kagura lo escuchaba con atención como si se tratara de una niña pequeña. Cualquiera al verlos así diría que ellos dos realmente eran bastante cercanos y jamás pensarían que ella se escapó de casa hace unos meses atrás.
Llegaron nuevamente a casa, y Kagura se quedó hablando con Tae y Shinpachi quienes había regresado de sus respectivos trabajos. Mientras tanto, los dos adultos se quedaron algo apartados de ahí.
—Entonces ¿es verdad que estás buscando a Kamui? —preguntó de repente a Gintoki.
—Sí, realmente no es tan difícil encontrarlo, el problema es hablar con él —contestó el cazarrecompensas.
—A veces no hay necesidad de palabras, un par de golpes y ese niñato conocerá su lugar.
—¡Ja! Eso suena a como resolvemos los problemas en mi familia —sonrió—. Pero, sé lo terco que ese chico puede ser y aun si lo venzo en una pelea, seguramente se escapara de nuevo. Perder a una madre no es fácil, y él está intentando afrontar a su manera —soltó un pesado suspiro.
—Nunca es fácil, pero es mejor afrontarlo en familia que solos ¿no crees?
—Por eso quiero traerlos a casa de nuevo...
Ambos adultos vieron interrumpida su conversación ante los gritos de Kagura. Gintoki negó con la cabeza al ver la razón de su enfado: Sougo había llegado, y en un muy mal momento a su parecer...
—¿Quién es ese? —preguntó con cierto enojo al ver a su hija siendo molestada.
—Sólo es un compañero de clases —respondió para acto seguido ver como Kagura lo pateaba—. Bueno, tal vez no se lleven muy bien...
Okita ignoró totalmente el golpe de Kagura, prestándole atención a la persona que se encontraba junto a su profesor.
—Oh, jefe, no sabía que estaba en deudas —comentó Okita.
—¿En deudas? —el profesor lo miró algo confundido.
—Sí, o si no ¿por qué estaría ese cobrador? —respondió señalando a Kankou. Muy mala señal y mal momento para comenzar con las bromas.
—¿Cobrador? Disculpe joven, pero no debería juzgar a simple vista —lo regañó el cazarrecompensas, no quería admitir que lo indignaba ser reducido a un simple cobrador.
—Es muy difícil hacer eso cuando está vestido de esa manera —apuntó Sougo. El padre de Kagura estaba con un traje, su típica maleta y esas gafas que usaba no ayudaban para nada. Más que un cazarrecompensas más bien parecía alguien que trabajaba en oficinas.
Kankou simplemente no dijo nada más, pensando seriamente de cambiar de vestuario para cuando viniera de visita.
—Él no es mi cobrador —comenzó a decir Gintoki—. Es el padre de Kagura —aclaró.
Sougo al ser una persona que podía mantener una perfecta «poker face», muchas veces no se sabía que pensaba o planeaba, haciendo realmente dramáticos los momentos cuando pasaba a su personalidad más sádica. Así que, aunque no hubiera mostrado sorpresa y más bien parecía que le daba totalmente igual ese hecho, realmente aquella noticia lo había sorprendido un poco. Si el padre de ella se encontraba en la ciudad ¿por qué estaba viviendo con Gintoki? Era en estos momentos donde se preguntaba cuántos capítulos faltarían antes de que revelaran más el pasado de Kagura.
Antes de poder agregar algo más, Kagura lo golpeó por la espalda alegando que la estaba ignorando, y luego de unas cuantas burlas por parte del castaño, decidieron pelear, con Tae y Shinpachi como testigos.
—Ibas a decirme algo más ¿cierto? —intuyó Gintoki.
—Sí... —el gesto del Yato se ensombreció—. No sólo estoy buscando a Kamui para hablar con él, también es muy posible que lo manden a un reformatorio —confesó.
—¿No sería mejor? Los niños deben aprender su lugar.
—En parte tienes razón, pero a la vez es preocupante, ya que no se mandan a los mocosos a un reformatorio por nada en la mayoría de los casos. Y tomando en cuenta que ahora ese mocoso está algo descontrolado, cabe la posibilidad de que se esté introduciendo en esa clase de mundo que todo padre quiere evitar para sus hijos —soltó un suspiro—. Además, si lo mandan al reformatorio dentro de poco lo mandarían a la cárcel...
—Un momento, ¿cuantos años tiene? —inquirió algo confundido. Una vez que escuchó la respuesta abrió los ojos como platos—. ¡¿Cómo es posible qué un tipo como él siga estudiando?!
—Bueno, es expulsado muy seguido debido a que siempre se mete en problemas... —admitió con cierta incomodidad.
Gintoki soltó un suspiro sin querer agregar nada más, esa familia era demasiado problemática a decir verdad. Sacó un dulce de su bolsillo para comenzar a comerlo mientras observaba como la pelea iba acabando.
—Ese chico no me agrada —masculló Kankou.
—Tu hija le da muchas palizas a él, así que no te preocupes.
—No es por eso, ya de por sí sé que Kagura sería capaz de vencerlo —dijo con cierto orgullo paternal—. Sólo que son demasiado cercanos, ¿acaso me estaba mintiendo sobre qué no tenía a nadie que le interesara?
—Ya sabes que los niños de hoy en día le ocultan muchas cosas a sus padres —se encogió de hombros como si el tema no le importara.
—¿Por qué parece que están teniendo una conversación secreta? —interrumpió Kagura de repente. A este punto, los hermanos Shimura se habían ido para no tener que participar más en su estúpida discusión.
—Tal vez porque así es —contestó el albino.
—No era nada importante, cariño —Kankou le dedicó una sonrisa—. Ya es hora de que me vaya, tengo que organizar algunas cosas del trabajo. Intentaré visitarlos más seguido.
—Deberías acompañar a tu padre hasta la estación —sugirió Gintoki.
—Pero queda bastante lejos —se quejó ella.
—Deja de ser tan perezosa, y actúa como una buena hija.
—Agh, te odio Gin-chan —masculló ella alcanzando a su padre a regañadientes.
—Oh, vaya jefe, no sabía que tu nuevo trabajo era unir familias destruidas —mencionó Okita.
—¿No es hora de qué te vayas a casa?
—Estoy aburrido así que vine a molestar.
—Tu objeto de burla ya se fue —apuntó el adulto.
—Pero volverá —respondió como si nada.
Ambos se quedaron en silencio un momento hasta que Gintoki decidió entrar a su apartamento de una vez por todas, Sougo lo siguió de cerca y saludó a Sadaharu una vez que entró para luego comenzar a jugar con él.
—¿Acaso no me vas a preguntar sobre el padre de Kagura? —preguntó el profesor mientras se sentaba en el sofá.
—¿Por qué tendría que hacerlo?
—No sé, ¿tal vez porque es tu interés amoroso y quieres saber más de ella?
—Sólo me sorprendió un poco al principio, pero luego fue normal, ya se me fue la curiosidad —ambos se quedaron nuevamente en silencio—. A menos que sea realmente necesario hablarme de la historia para que este capítulo tenga mucho más material.
—Si no te cuento nada, esto terminará siendo más corto de lo esperado.
—Bueno, entonces vamos a los flashback de una vez —asintió el sádico.
—Supongo que ya sabes un poco la situación de su familia ¿no? Su madre murió hace unos años, ocasionando que Kamui se distanciara de ellos y el padre de Kagura se refugiara más en el trabajo. Kagura en ese tiempo sólo era una niña (bueno, todavía lo es), así que no estaba muy segura de qué hacer. Todo empeoró cuando Kamui se fugó de casa —se tomó un momento antes de continuar—. Ya sabes lo terca que es Kagura, así que ella en vano intentaba traerlo de vuelta ganándose muchos problemas y metiéndose con personas que no debería —soltó un suspiro ante esto.
—Eso explica porque su lenguaje no es el de una chica normal.
—Exacto. Así que, prosiguiendo con la historia, ella en un momento de ira igualmente decidió huir de casa...
Flashback:
P.O.V Gintoki
La noche había llegado y lo único en lo que podía pensar era en llegar a casa, tomar algo de dinero, y salir a un bar cualquiera para tomarme un buen trago de alcohol. No sé lo que pasó por mi mente al aceptar ser un profesor, sé que mis enseñanzas son la mejor del mundo, pero, tampoco creo que muchos sean capaz de entenderlas. Ah, Gin-chan será incomprendido toda su vida.
Iba en mi motocicleta ya que realmente tenía mucha pereza de caminar. Sé que los adultos de hoy en día tenían que cuidarse para llegar lo más viejo que puedan, pero, realmente me da igual. Sigo luciendo joven y eso es lo que importa; por ahora.
Sin embargo, al parecer mi suerte no era la mejor ese día, porque justo cuando el semáforo se pone en verde, una chica cualquiera pasa al frente mío como si nada, si no hubieran sido por mis grandes reflejos, un gran accidente hubiera pasado. De todas formas, eso no evitó que yo cayera de mi moto.
—¡¿Acaso no sabes cuándo pasar la calle?!
—No estaba prestando atención —contestó con cierta rebeldía. También había caído al suelo, seguramente de la impresión.
—¿Eh? ¿Acaso quieres morir joven? —por suerte, a esta hora la calle era bastante solitaria o seguramente otro conductor se hubiera unido a la discusión.
La chica simplemente no dijo nada y salió corriendo.
—Esta generación de hoy en día —murmuré antes de subirme de nuevo a mi vehículo e irme de ahí. Nada me arruinaría esta noche de viernes.
Al final regresé a casa, me quité el estúpido traje de profesor, el cual la anciana me había obligado a usar ya que «debía dar ejemplo a los niños», si claro, como si a un estudiante de esa escuela le interesara el vestuario que usamos, si hasta uno de los profesores parece ser un maldito yakuza.
Salí de casa caminando, no sabía si llamar al «policía mayonesa» para que me invitara los tragos, pero seguramente estaría ocupado trabajando. Bueno, supongo que tendré que reunirme con los mismos borrachos de siempre.
En mi camino al bar que frecuentaba, vi a esa misma chica en un callejón, pero decidí ignorarla, sus problemas no deberían importarme. Sí, muchos chicos escapaban de casa así que no debería preocuparme, sólo estaba en su faceta rebelde, nada más, seguramente se asustaría al ver al primer hombre malo y saldría corriendo directamente a los brazos de su madre.
—Oye pequeña, no deberías estar en un sitio como este —escuché decir a un extraño chico. Sí, ya pronto se iría asustada.
—¿Por qué no? No veo que sea de la propiedad de alguien —¿qué carajos estaba haciendo esa mocosa? ¿Acaso quiere morir?
—Realmente no eres de por aquí ¿cierto? Cualquiera sabe que esta es mi zona —oh mierda, y justo tenía que toparse con ese tipo de idiotas peligrosos...
—No veo tu nombre por aquí —no sé quien es más idiota, si esa chica o el imbécil que tenía enfrente.
No tengo idea por qué, pero simplemente me interpuse entre ambos como si nada.
—Oh, así que estabas, niña ingrata —comencé a decir ante la mirada de confusión de esos dos.
—¿Quién...? —le tapé la boca antes de que pudiera arruinarme el teatro.
—Disculpe, mi hija es bastante desobediente —volví a decir con una sonrisa fingida.
—No me importa, definitivamente debería enseñarle algo de moda... —no pudo terminar de hablar ya que recibió una patada en la cara. No sé cuando, pero de un momento a otro aquella mocosa había logrado zafarse de mi agarre.
—Oh, lo siento, pensé que era una mosca.
¿Qué carajos era esta mocosa? No todas las chicas podían golpear a una falso intento de gángster como si nada. Ni siquiera necesitaba mi ayuda en primer lugar.
El chico literalmente había quedado fuera de combate.
—Anciano, no sé si quería lucir genial, pero no lo logró, así que ya puede irse —vaya boca que tenía esa chica.
—Listo, nunca más vuelvo a ser buena persona en esta vida —justo cuando dije eso, el estómago de la chica rugió.
...
—Veo que trajiste a alguien interesante —comentó aquel borracho inútil con quien me solía juntar. Si no me equivocaba, creo que era Hasegawa.
—No la traje, ella me obligó a alimentarla —Hace unos 5 minutos atrás casi me parte el cuello porque la iba a dejar «abandonada a su suerte»—. Y ahora me dejará pobre —me sorprendía cuanto podía comer.
—¿Es una estudiante?
—No, una chica que encontré en la calle.
—Oye, no deberías hacer cosas ilegales —me miró de forma extraña como si fuera algún secuestrador.
—¡No estoy haciendo nada ilegal! Literalmente esta chica me estaba amenazando. Ella es la que está haciendo cosas ilegales aquí.
—¿Seguro? La veo bastante inocente.
—No puedes juzgar a un libro por su portada. Por ejemplo, Katsura. Cualquiera piensa que sería alguien serio, pero no, es un idiota más.
La chica siguió pidiendo comida como si todo fuera gratis (bueno, al menos para ella si lo era). Lo peor de todo es que tuve que tomar sake del idiota con gafas de sol al lado mío . Hubiera invitado al amante de la mayonesa, así hubiera ahorrado otro poco.
—Ahora vete a tu casa niñata —dije de una vez. Ya me daba igual si se metía con una pandilla, se notaba que podía defenderse sola.
—Pero no tengo casa...
—No te creo.
—Bueno, tenía una casa —apartó la mirada sin saber que decir.
—Oh vamos, si estás escapando por capricho ve a disculparte a tu mami y ya —ya me estaba cansando de esto, si quería historias dramáticas tenía mi novela de las 3.
—No tengo... —bajó la mirada. Oh genial, ahora una chica que intenta escapar de un pasado trágico, ¿acaso mi noche no podía ser más arruinada?
—¿Padre?
—Está afuera de la ciudad.
—¿Y no crees que él se va a preocupar si no te ve cuándo llegue a casa?
—No creo que le importe —me dio la espalda—. Además, vine a buscar a alguien, así que, no te metas. Anciano —se volteó nuevamente sacando la lengua, y justo cuando se iba a ir corriendo, varias gotas de agua comenzaron a caer del cielo.
Realmente nunca pensé que traería a una chica a su casa, pero esto no era como en mis películas «maduras», había una mocosa que a duras penas soportaba; mejor dicho, ni soportaba.
—Espero que no me vayas a hacer algo. Mami me dijo que no debía seguir extraños —comenzó a decir ella con cierta molestia mientras se secaba con una toalla.
—Este extraño te acaba de pagar la comida.
—¿Ahora me vas a extorsionar? Sabía que debía llamar a la policía —se abrazó a sí misma fingiendo terror.
—¡No te haré nada! —además de no querer ir a la cárcel, realmente no me atraían las mocosas.
—Eso dicen todos antes de hacer algo malo.
—Bueno, si tanto desconfías, sal de mi casa.
—No quiero, está lloviendo.
—¡¿Qué quieres entonces?! —por esta razón nunca quise hijos.
—Sólo quedarme aquí, por lo menos una noche. Ya mañana veré si regreso a mi hogar.
Fin Flashback/ P.O.V Gintoki.
—Y luego un día se volvió una semana, una semana dos, y cuando menos me di cuenta, ya tenía todo su ropa aquí —soltó un suspiro, hasta recordar le traía migraña—. Incluso el padre de ella vino a hablar conmigo, y como ya la había inscrito a la escuela, literalmente me dejó la custodia de ella durante este año; aunque, algunas veces intentó convencerla para que ella volviera a casa, pero sin mucho resultado —su rostro parecía decir que tenía un dolor de cabeza en este momento.
—Bueno, con eso ya tenemos la mitad de la historia —comentó Sougo jugando con Sadaharu—. Y supongo que eso me da una nueva idea de qué tengo que hacer ¿no? Ayudar a la protagonista con sus problemas familiares para que finalmente se enamoré de mí.
—Supongo que sí —dijo algo inseguro—. ¿A donde vas? —inquirió arqueando una ceja al ver como se dirigía al pasillo de las habitaciones.
—Oh, vine a poner unas chinches en la cama de ella. Así, no podrá dormir por mi culpa —dijo esto último como si de una frase de ligue se tratara, aunque la sonrisa sádica que empleaba no ayudaba de nada.
—Mientras no pongas nada en mi cama, no me quejaré —de todas formas revisaría bien su cama antes de irse a dormir.
Unas cuantas horas después, el cielo ya se había oscurecido totalmente dándole espacio al brillo de las estrellas y que la tranquilidad diera lugar en ese vecindario. Claro, todo sería perfecto si no fuera porque el grito de una chica resonó en todo el vecindario arruinando tal ambiente tan calmado.
—¡¿Qué carajos hay en mi cama?!
—¡Cállate! ¡¿No ves que intento dormir?!
—¡Tú duermes todo el día, no te quejes!
—¡¿Ah?! ¡Pero la noche es un lugar sagrado para descansar, no hables de cosas que no sabes jovencita.
—Pero incluso duermes en clase.
—Ese es otro asunto.
—¡Gin-chan!
—¿Qué pasó?
—¡Hay bichos en mi cama!
—¿Y qué?
—¡Agh! Eres el peor tutor del mundo, te odio.
—¡Yo tampoco estoy feliz con el puesto!
—¡Gin-san! ¡Kagura-chan! ¡Están molestando a los vecinos!
—¡Oh! ¡Miren, llegó el tipo de las gafas a poner el orden! —exclamó Kagura con sarcasmo.
—¡¿No ves que estamos teniendo una discusión apropiada?!
—¡Sólo veo que gritan cosas sin sentido!
—¡Tú también estás gritando! —exclamaron ambos.
—Chicos, creo que no están dejando dormir a los vecinos —la «amable» voz de Tae apareció de repente y los tres se quedaron callados al mismo tiempo.
Lo último que se escuchó esa noche fueron unos gritos de terror.
Aunque a nadie le importó ya que las siguientes horas volvieron a ser una calma total.
—China, ¿por qué tú cara está más fea de lo normal? —preguntó Sougo como si nada.
—Cállate, no estoy de humor —murmuró.
—Nunca estás de humor.
—Por lo menos no cuando apareces frente a mí.
—Que bueno ver que soy capaz de causar esos sentimientos en ti.
—¿Es bueno qué te odie?
—Eso significa que piensas muchas veces en mí —le guiñó el ojo, ocasionando que ella sintiera ganas de vomitar.
—¡Agh! Te odio.
—Se supone que somos amigos ¿no?
—Ni siquiera sé por qué dije eso —masculló apartando la mirada.
—Seguramente caíste bajo mis encantos.
—Podría ser que pasar tanto tiempo contigo me está afectado la cabeza.
—Creo que eso se llama «amor» —ante esta palabra, Kagura se giró a verlo totalmente en shock.
—¡No! No, no, no, no... —tapó sus orejas mientras ponía su cara en la mesa. No quería verlo ni oírlo, sólo ocasionaría que se cansara más y no pudiera soportar ni siquiera la primera clase—. Mejor me voy a hablar con Tama...
—Es raro.
—Me parece más raro que hable más contigo que con cualquier otro del salón.
—¿Qué más puedes pedir en una historia de romance?
—¡No es de romance! —luego de decir eso se dirigió hacia su amiga de verdosa cabellera.
—Oh, es una sorpresa verla cerca de mi asiento —comentó Tama al verla.
—No digas eso —contestó Kagura.
—Que yo recuerde, desde el capítulo número 2, no me ha vuelto a dirigir la palabra.
—¿Qué hay de los momentos detrás de escena?
—Eso no ayuda a mi popularidad...
—Pensé que no te importaba eso —dijo algo sorprendida.
—Bueno, hay muchas diferencias cuando se pasa de la serie original a una historia escrita por un fan. Seguramente mi personalidad sufrió un ligero cambio por eso... —analizó con la misma cara indiferente de siempre.
—Supongo que yo también pasé por lo mismo —soltó un suspiro.
Ambas se quedaron hablando un rato, luego, Tae igualmente se les unió al igual que Kyuubei quien simplemente quería estar al lado de la castaña.
—Es raro que no estés con Sougo —comentó Tae.
—No es como si fuera obligación estar con él todo el tiempo —masculló ella. ¿Acaso siempre iban a sacar el tema de Sougo?
—Debo admitir que es un gran espadachín —asintió Kyuubei cruzándose de brazos.
—Además parecen entenderse bien —añadió Tama.
—¿Acaso quieren que salga con ese sádico?
—Sí —respondió Tae.
—Posiblemente —asintió Tama.
—Me da igual —la pelinegra se encogió de hombros.
—¿Por qué siempre están los amigos que sólo sirven para emparejar? —maldijo por lo bajo.
—Porque ese es nuestro objetivo en esta historia —respondió con una sonrisa la castaña.
—Sí, sí, ya lo sé —murmuró con aburrimiento.
—No te preocupes, no haríamos ningún plan estúpido para emparejarlos —mencionó con una sonrisa, nada gentil por cierto.
—Supongo que les creeré —en ese momento, el profesor llegó al salón y todas tuvieron que dirigirse a sus respectivos asientos.
—Claro que haremos un plan para que estén juntos —murmuró la castaña con malicia a sus dos compañeras antes de ir a su asiento.
Las clases transcurrieron con normalidad en la escuela, los profesores como siempre hacían su mayor esfuerzo para no rendirse de seguir dictando las clases y no querer suicidarse en ese instante. Como siempre, Tsukuyo era quien más imponía el orden lanzando cualquier marcador o borrador que tuviera a su alcance a cualquier alumno quien quisiera perturbar el orden.
—Gin-chan, me he dado cuenta que eres un caso perdido —comentó de repente mientras lo molestaba durante la hora del almuerzo.
—¿Y eso por qué? —preguntó con cierto estrés el albino.
—Bueno, aunque tengas una mujer tan responsable como Tsukki, no cambias —respondió con decepción.
—¡N-no estamos juntos! —exclamó totalmente avergonzada la rubia.
—Tienes razón, ¿quién saldría con una mujer que se vuelve una bestia cuando bebe? —dicho esto, recibió un golpe detrás de la cabeza.
—En fin —aclaró un poco su garganta—, yo no saldría con un tipo que no tiene metas en la vida —finalizó ella antes de volver a su trabajo.
Después de obtener el dinero por parte de su tutor ─la única razón por la cual lo había visitado─, decidió ir a la cafetería a conseguir su almuerzo. Por suerte, Hisashi le había guardado un lugar en la fila, así que no tuvo que esperar tanto como había pensado. Hablaron un rato en la fila hasta que finalmente salieron ambos de ahí.
—Entonces, Tae-chan, ¿qué piensas hacer? —preguntó Kyubei totalmente confundida, no entendía porque se ocultaban detrás de una pared como esos acosadores.
—Vamos a intentar poner a esos dos en situaciones románticas, para que así se den cuenta que se aman.
—¿No deberíamos deja que con el tiempo se den cuenta? —inquirió Tama.
—No, eso es aburrido —respondió Tae—. Además, ¿no merecemos algo de protagonismo?
—Merecemos hasta nuestra propia serie —contestó la pelinegra.
—Bueno, supongo que mientras sea por la felicidad de Kagura, podríamos hacerlo —apoyó Tama.
Así las tres chicas decidieron comenzar su misión de cupido ya que se encontraban muy aburridas como para hacer otra cosa útil.
Primero, Tae y Kyuubei comenzaron a seguir a Kagura quien charlaba felizmente con Hisashi, mientras que Tama intentaba buscar a Sougo. La primera idea era que ambos tuvieran un almuerzo juntos, y si Sougo se sentía celoso, aun mejor.
—Okita-san, Kagura lo necesita ahora mismo —avisó Tama como si nada, realmente no se le ocurría nada mejor.
—¿La China? —Tama asintió—. ¿Quién siempre dice que desaparezca de su vida? —volvió a asentir—. ¿La persona qué quiere asesinarme en cada momento? —nuevamente asintió—. ¿Para qué me necesitaría?
—Dijo que era urgente, y creo que tiene que ver con comida —mintió tan rápido como pudo.
Sougo arqueó una ceja, era obvio que esa mentira no lo había convencido. Pero, ¿quién sabe? Tal vez fue un milagro o un acto de bondad ─o lo contrario─ por lo cual decidió ir, aun sin saber donde se encontraba exactamente.
—Oye China —la llamó a lo lejos al verla con Hisashi.
—¿Qué quieres? —rápidamente cambió su expresión.
—Nada, sólo me enteré de que tenías algo de hambre —Kagura arqueó una ceja confundida recibiendo en sus manos una especie de pan—. Míralo como muestra de mi amistad —dijo con una sonrisa antes de irse.
—Vaya, parece que Okita-kun se ha vuelto un poco más amable ¿no lo crees? —comentó el castaño con una sonrisa.
—Puede que sí... —murmuró algo confundida revisando el pan recibido.
Aunque claro, ella fue muy idiota al confiar tan fácilmente en ese idiota, muchas veces tenía que entender que las personas no cambiaban tan fácilmente. ¿Por qué decía esto? Oh, eso se debía a algo que debió esperarse: una broma.
—¡Sensei! —gritó en medio de la clase con la cara totalmente roja.
—¿Ahora qué? —preguntó con aburrimiento Gintoki.
—¡Necesito ir al baño!
—¿No puedes esperar?
—¡No! ¡Me arde la boca! ¡Este tipo me puso una trampa! —señaló a Sougo, al final, el pan que le había regalado tenía un montón de picante por dentro.
—¿Y? Me da igual sus juegos infantiles.
—¡Gin-chan! Deberías apoyarme —reprochó ella—. ¡Agh! No importa —y sin decir más, se fue corriendo hasta el baño a pesar de las replicas de su profesor.
—Souichiro-kun, por favor haz bromas que no interrumpan las clases. Gracias —dicho esto, decidió continuar con su clase como si nada.
Kagura, mientras tanto, se encontraba corriendo como si el mismo diablo la persiguiera. ¡Jamás volvería a aceptar algo de ese maldito sádico! Se notaba que sólo la quería hacer sufrir, pero se aseguraría de vengarse de alguna manera u otra, pero ahora, lo más importante era encontrar algo de agua...
—¡Tú! —Kagura lo señaló cuando terminó la clase.
—¿Qué quieres? —preguntó con aburrimiento el castaño.
—¡Por tu culpa tuve que pasar vergüenza en la clase! Y yo pensando que ya habías cambiado para bien —fingió tristeza al decir esto último.
—¿No te estarás volviendo loca?
—Tú serías el loco aquí —replicó ella cruzándose de brazos.
—Whoa, que miedo, la china está enojada —mencionó con indiferencia mientras recogía sus cosas.
—Ya verás cuando te parta la cara —hizo sonar sus nudillos.
—Ajá —y sin más, comenzó a salir del salón.
—¡No me ignores! —exclamó ella recogiendo con rapidez sus cosas para luego comenzar a seguirlo.
En ese mismo salón, tres chicas miraban la escena con sumo interés.
—Parece que las cosas no fueron tan bien como pensábamos —murmuró Kyuubei.
—Para mí van excelentes —mencionó Tae con una sonrisa.
—¿Segura? Porque mis cálculos dicen que ellos siguen igual que siempre —dijo Tama algo confundida.
—¿Por qué tengo que estar aquí? —se preguntó Shinpachi con aburrimiento.
—Eres amigo de Kagura-chan, debes ser útil en cualquier momento —respondió su hermana.
—O tal vez seguir siendo el típico personaje que nunca resalta —comentó Tama.
—Gracias chicas —masculló el castaño sin muchas ganas de seguir ahí.
—En fin, como decía, es posible que ambos se vayan a casa juntos —prosiguió Tae ignorando las quejas de su hermano.
—¿Entonces...? —preguntó Kyuubei.
—Sólo síganme —se fueron del salón dirigiéndose al club de teatro.
Mientras tanto, en la salida de la escuela, Kagura y Sougo todavía mantenían una discusión verbal que continuó durante muchos minutos logrando que varios estudiantes se alejaran lo más posibles de ellos, sus peleas ya eran conocidas por todo el instituto por ser una de las más destructivas; aunque también entretenidas.
Una vez que salieron totalmente de los límites de la escuela, finalmente se calmaron un poco pero no hablaban mucho que digamos, algo que era muy raro tomando en cuenta que Kagura era alguien a quien no podía faltarle las palabras para cada situación, se veía bastante pensativa y eso era muy raro.
—¿Qué te pasa? —preguntó el castaño todavía mirando al frente.
—Nada...
—De acuerdo —se encogió de hombros con desinterés.
—¿No deberías mostrarte más interesado?
—¿Por qué? Tampoco voy a rogarte para qué me cuentes tus problemas —contestó con cierta indignación.
—Eres el peor —masculló ella.
—Gracias —definitivamente le encantaba sacarla de quicio.
Antes de que ella pudiera responder, 4 personas vestidas como periodistas se acercaron a ellos dos.
—¡Buenas tardes chicos! Hoy venimos a hacer una entrevista... —sin embargo, la periodista fue ignorada por ambos. Y por si no era bastante obvio, la susodicha «periodista» era Tae vestida con una ridícula peluca rubia y ropa de oficina. A su lado se encontraba Shinpachi con un estúpido bigote y un peluquín, Tama era quien sostenía una cámara, y Kyuubei más bien parecía un guardaespaldas o para cualquier fanático de películas, luciría más bien como uno de los «hombres de negro».
—Chicos, es en serio —insistió ella poniendo el micrófono frente a ellos. Literalmente los cuatro hicieron una barrera para que no pudieran pasar.
—Intentamos hacer una entrevista a las parejas de secundaria —explicó Shinpachi usando un tono más profundo.
—No somos pareja —dijeron al unísono.
—En fin, ¿qué es lo que más les gusta de su pareja? —prosiguió Tae ignorando totalmente esa oración.
—Nada —contestaron ambos.
—¡Oh! Incluso están sincronizados —río ella.
—No lo estamos —volvieron a decir al mismo tiempo.
—¡Deja de imitarme! —exclamó Kagura.
—Tú eres quien lo está haciendo, debes ser más original.
—Dicen que las parejas que tienen más peleas tienen una relación más saludable —comentó Shinpachi.
—¡¿Saludable?! —Kagura lo miró con rabia como si fuera a matarlo en un parpadeo—. Jamás había estado tan estresada con la presencia de alguien.
—Siguiente pregunta —interrumpió Tae—. ¿Cuál consideran qué sería una cita perfecta?
—Que me lleve a comer todo lo que yo quiera.
—Que acepté ser mi esclava.
Simultáneamente, ambos se miraron.
—Eres un enfermo —siseó ella mirándolo con asco.
—Y tú una glotona que seguramente morirá joven.
—Por lo menos no le hago daño a nadie.
—A los pobres trabajadores de restaurante, sí.
—Realmente te odio.
—Eso es un «te amo» que no tiene el valor de salir —esta frase fue suficiente para ganarse un golpe en la cara.
—Para terminar —nuevamente la periodista ignoró sus palabras, realmente se estaba conteniendo para no golpearlos, estaban arruinando todo lo romántico, aunque en parte era su culpa por esperar más de ellos—. ¿Podrían darnos una muestra de afecto? —sonreía dulcemente, pero realmente era una sonrisa vacía que sólo podía significar que si las cosas no salían como quería, definitivamente explotaría.
—No, gra─ —sin embargo, fue interrumpida por el repentino agarre en su cintura. El muy maldito la estaba abrazando por la espalda, se sentía demasiado raro, no le gustaba, la hacía sentirse enferma como si tuviera mucha hambre pero como si al mismo tiempo no quisiera comer nada, simplemente una sensación entre disgusto y algo relajante.
—Vaya, eso si es romántico —pensó que toda la tortura había acabado hasta que el castaño le dio un beso en la mejilla.
—¡AH! —gritó ella sintiendo su cara arder de vergüenza, apartándolo rápidamente de un codazo—. ¡Eres un acosador! —lo señaló acusatoriamente antes de salir corriendo.
—Vaya, realmente hicieron un buen trabajo —comentó Sougo.
—Obviamente, somos los mejores periodistas que puedes encontrar —se alabó a sí misma Tae.
—No, me refiero en el hecho de molestar a la china.
—Espera ¿qué? —se preguntó Shinpachi.
—Me encanta el hecho de que la hayan puesto al límite, seguramente sus emociones son un lío en este momento —su sonrisa se iba volviendo cada vez más sádica.
—El punto de esto era hacerlos más unidos...y de paso molestarlos a ambos —admitió ahora quitándose la peluca.
—Sólo una idiota como ella no se daría cuenta de quienes se ocultan tras esos estúpidos disfraces —murmuró él.
—En fin, espero haber aportado algo a la trama —se encogió de hombros.
—Supongo, ahora con esto debe preguntarse más sobre lo que siente por mí.
—Bueno equipo, buen trabajo, espero que hayan disfrutado el poco tiempo en acción que tuvimos en este capítulo —así fue como todos lentamente se iban retirando del lugar.
—Este plan fue inútil —murmuró Shinpachi—. Esto sólo la confundirá más y seguramente estará más esquiva con Okita-san —argumentó el castaño quitándose el peluquín.
—Todo puede pasar —murmuró Tama.
Kagura llegó a casa con la respiración entrecortada por tanto correr, sus mejillas seguían rojas y su corazón latía con mucha rapidez. ¡Su primer beso había sido robado por un imbécil como él! O eso era lo que pensaba, realmente había visto pocas novelas románticas como para saber que sólo contaba que fuera un beso en los labios, pero para su paranoica mente, Sougo le estaba quitando todo el romanticismo a su vida.
Tomó un largo suspiro antes de entrar, lo bueno de que Gintoki fuera tan distraído y poco interesado hacía que fuera más fácil ocultar las cosas. Por eso, cuando entró, murmuró un lento «ya estoy en casa» antes de entrar totalmente la vivienda. Sin embargo, había algo extraño, un tenue olor a té inundó sus fosas nasales, ¿acaso habían recibido visitas? Eso era muy extraño, sólo pocas veces servían té en la casa y era más que todo cuando Shinpachi estaba ahí como su sirviente.
—Gintoki, esto puede ser grave —la voz de Katsura resonó en la habitación.
—¿Y? Ya te dije, no tengo nada que ver con ese tipo —se escuchó la desinteresada voz de su tutor.
Inconscientemente se había mostrado interesada en la conversación.
—Lo digo ya que se está diciendo que está reclutando chicos de secundaria, y como profesor tu deber es defender a los estudiantes.
—Mira, estoy más que seguro al decirte que la mayoría de mis estudiantes se saben proteger solos. Además, ¿crees que puede pasar algo y que la directora no se de cuenta? Y, si no tienen nada que ver con mi lugar de trabajo, entonces no me importa.
—Tal vez tengas razón, pero se dice que esta vez reclutó a un monstruo —soltó un suspiro—. Jamás pensé que Takasugi caería tan bajo como para reclutar menores...
—Ese es su problema, Zura, deberías dejar de meter tus narices en eso.
—No es Zura, es Katsura —aclaró un poco su garganta antes de proseguir—. En fin, aunque ese chico sea menor de edad, se dice que ha derrotado a varias pandillas por su cuenta...
Por alguna razón, esto solo le daba un mal presentimiento a Kagura.
—Realmente no sé si creer esos rumores, pero se dice que fue el peor delincuente de la escuela con peor fama del país.
Esto fue suficiente para Kagura, inmediatamente el rostro de su hermano apareció. ¿Acaso el muy idiota se estaba metiendo en cosas serias? Conociendo lo idiota que era, las probabilidades eran muy altas. Aprovechó para entrar a su habitación silenciosamente, tenía que hacer algo rápido, si su padre se enteraba de esto, no dudaba que haría una estupidez...
Tenía que encontrar a su hermano.
¡Chan, Chan!
Así acaba el capítulo, ¿será Kagura capaz de encontrar a su hermano? ¿Sougo hará algo al respecto? ¿Gin-cha dejará de importarle un carajo todo? ¿Shinpachi tendrá más protagonismo? ¡Todas esas respuestas serán contestadas en el siguiente capítulo!...
O tal vez no.
En fin, muchas gracias por leer hasta aquí y si tienen alguna opinión no olviden dejar un hermoso review que me animará el día (?)
Haruka-sama se despide~
