¡Haruka-sama hace su heroica aparición para luego desaparecer lo que resta del año!
Okno, pero siempre digo "esta vez no me demoraré subiendo capítulos" pero resulta todo lo contrario /3
En fin, razones por las cuales desaparecí: entré a la U y no sabía como desarrollar este capítulo que parece un poco más serio que otros (?)
Espero que sea de su agrado uvu
Todo le Sale Bien al Protagonista...la Mayor Parte del Tiempo...
Gintoki se extrañó mucho al no escuchar la molesta y chillona voz de Kagura en su hogar, ¿acaso todavía no había llegado? Eso era extraño, se suponía que la escuela terminó hace mucho, ¿acaso estaba en la casa de Souichiro? Eso no le extrañaría, así que se quedó tranquilo ante esa posibilidad. Sin embargo, se fue a buscar a su cuarto por curiosidad y para su sorpresa, encontró un sobre de una carta, encima de su cama. La curiosidad pudo más que su prudencia así que sin más la tomó, extrañándose al instante al ver su nombre escrito en el sobre.
—¿Qué carajos...? —abrió el sobre y ahí estaba un papel con la típica letra desorganizada de ella.
«Gin-chan. No me busques, iré a buscar a mi hermano»
Era todo lo que decía, no había absolutamente nada más. El mayor no pudo evitar golpear su frente con su mano, ¿esa idiota nuevamente iba a ponerse en un peligro innecesario de nuevo? Seguramente escuchó la conversación que tuvo con Zura, y eso era un gran problema. ¿Ahora cómo le explicaría a Kankou que su adorada hija había escapado bajo su cuidado sin ser amenazado de muerte?
Y antes de poder lamentarse sobre su vida, tuvo una excelente idea.
—Gin-san, ¿estás seguro de que está forma encontraremos a Kagura-chan? —preguntó Shinpachi con una expresión escéptica, disfrazado de esos sukonbu que ella tanto amaba.
—De alguna manera hay que atraer a nuestra presa —respondió el mayor.
—Todavía no puedo creer que haya escapado —murmuró el castaño con lástima.
—No escapó exactamente, no la tenía encerrada —a veces el Shimura se preguntaba como podía soportar estar con Gintoki tanto tiempo—. De todas formas recibirá un castigo, ¿quién se cree haciéndonos buscar por toda la ciudad? —el albino soltó un suspiro rascándose la nuca.
«También está preocupado» notó el castaño. Ahora mismo su única prioridad era encontrar a su molesta compañera de clase.
Esta mañana había llegado al apartamento de Gintoki con la intención de limpiar un poco, lo hacía más que todo porque sabía que esos vagos no harían nada al respecto y su casa se volvería un chiquero si no fuera por él. Sin embargo, al entrar, el ambiente fue totalmente diferente, se sentía más pesado y no había rastro de Kagura por ninguna parte. Luego de que Gintoki le contara sobre esa carta, Shinpachi tuvo que insistir mucho para que comenzaran una búsqueda, llamó a todos sus conocidos que estuvieran dispuestos a ayudar y luego esa misma mañana emprendieron la búsqueda.
Su hermana junto a Kyuubei buscarían en cierta parte de la ciudad y ellos en otra, igualmente le avisó a Okita pero no estaba totalmente seguro si él ya estaría buscando en este momento. Era un caso bastante complicado pero no quería quedarse con los brazos cruzados.
Siguieron buscando por horas y le preguntaron a varias personas, pero no había ningún rastro de ella, parecía que había desaparecido totalmente...
—Algo me dice que está nuevamente en esos lugares peligroso —Gintoki chasqueó su lengua mientras entraba en el apartamento con aburrimiento.
—Seguramente... —Shinpachi soltó un suspiro.
—No pudimos encontrarla en ningún lado, y cuando pensábamos que teníamos una pista, su rastro se desvaneció —mencionó Tae con un eje de tristeza.
—Tendremos que hablar con los roba-impuestos a este punto —masculló el albino.
—¿No eres amigo de un policía? —preguntó Shinpachi.
—No, jamás —negó al instante.
—Es raro que Okita no se haya aparecido —comentó Tae.
—Seguramente estaba ocupado con otras cosas —respondió el profesor—. Vayan a descansar, no serán de gran ayuda si están cansados mañana.
—Sí, creo que es lo mejor. Vamos Shin-chan —a regañadientes, el hermano menor aceptó.
Los hermanos Shimura abandonaron el apartamento y Gintoki se quedó completamente solo junto a Sadaharu, quien simplemente soltó un ladrido de tristeza acomodándose al lado del humano, como si supiera que ambos necesitaban a alguien junto a su lado en esos momentos.
—¡¿Kagura-chan desapareció?! —exclamó una sorprendida Soyo al recibir la noticia, de nada más y nada menos que Sougo quien había recibido el mensaje de Shinpachi.
—Sí, eso es lo que me dijo uno de sus compañeros, y efectivamente, no la pude encontrar en ningún sitio —declaró el guardaespaldas soltando un suspiro.
—¿Por dónde buscaste? —preguntó preocupada.
—Sitios de comida o lugares que solía frecuentar. El problema es que no sé el motivo de su desaparición así que puede ser difícil buscarla sin pistas. Mañana le iba a preguntar a su tutor.
—¡Deberías hacerlo hoy mismo! ¡Hay que llamar a la policía! Hacer una búsqueda extensiva —ordenó la castaña. ¿Cómo no iba a estar alterada por la desaparición de su mejor amiga?
—Mira, la china es como una cucaracha muy difícil de atrapar, especialmente si la buscas con una linterna ya que saben que la están buscando —comenzó a explicar el castaño—. Así que lo mejor es hacer grupos pequeños de gente experta para encontrarla, tengo una pequeña idea de donde puede estar y no le va a gustar para nada.
Si la historia de Gintoki no había sido exagerada, entonces seguramente esa idiota estaría en los peores barrios intentando conseguir pistas sobre su hermano. Esa chica realmente era problemática.
—¿Para qué me llamaste? —preguntó Hijikata con el ceño fruncido.
—Lo mismo pregunto —secundó Katsura.
—¿Y qué hace él aquí? —señaló a Zura.
—Obviamente necesita ayuda profesional.
—Tú no eres ningún profesional.
—Soy un detective privado.
—Sólo hiciste una empresa que ayuda a las esposas a saber que sus maridos no las engañan.
—¿Celoso de que tengo puesto de detective y tú no?
—¡¿Celoso de qué?! ¡Al menos yo sí ayudo a las personas!
—¿En serio? No sabía que actuar como estatua se consideraba ayudar a las personas —una vena sobresalió de la frente de Toshiro.
—¡Tú...!
—Ya, ya —el albino intentó calmar los ánimos—. Sólo vine a pedirles ayuda a ambos.
—¿Ayuda? ¿Acaso vas a morir? —Hijikata lo miró con seria preocupación.
—Eso explica porque tu cabello se ve tan blanco últimamente —añadió Katsura con un tono sombrío.
—¡No voy a morir! Todavía me quedan muchos años de vida.
—¿Seguro? Con esa mala calidad de vida que llevas... —murmuró el policía.
—No quiero escucharlo de ti, amante de la mayonesa y el cigarrillo —masculló el profesor.
—Ja ja ja —la risa de Katsura detuvo la conversación—. Ustedes dos morirán muy jóvenes, deberían optar métodos de vida más sanos como los míos.
—Es porque no tienes dinero para chucherías —mencionó Gintoki—. En fin, no nos desviemos del tema principal.
Terminó explicándoles todo el problema desde la conversación que tuvo con Zura ese día hasta las inútiles búsquedas que hicieron el día de ayer.
—Es un milagro que acudas a la policía —lo felicitó Hijikata—. Pero no tenías que invitar a éste, ya podríamos hacerlo bien por nuestra cuenta.
—Yo estoy aquí ya que sabe que si cumplo mi trabajo.
—Como digas.
—Sólo quiero evitar que me corten las bolas así que por eso necesito encontrarla lo más rápido posible —suspiró Gintoki—. Además ¿no sabes lo difícil qué es buscar a una cría? Parece que se esfumó de este país.
—¿Y sí realmente se fue a otro país? —dedujo Katsura.
—Ahí sí le diría adiós a mis bolas.
—Bueno, una desaparición si es un asunto de la policía. Puedes dejarlo en mis manos —dijo Hijikata.
—En las mías suena más apropiado, ya sabes que a los policías no les gusta ensuciarse las manos —mencionó Katsura.
—En fin, no me importa quien la encuentre primero, sólo hagan su trabajo.
—¿Me pagarás? —preguntó el detective.
—No. Los años que tuve que soportarte ya son suficientes.
Los tres adultos terminaron su conversación y cada uno salió del restaurante para dirigirse a su respectivo destino.
Gintoki soltó un suspiro cuando salió, se preguntó si realmente había sido buena idea, seguramente a Kagura no le gustaría verse envuelta con los policías pero era mejor contar con ayuda en este tipo de casos. De todas formas seguiría buscando por su cuenta. Lo más molesto de todo esto es que tendría que meterse en los peores lugares si quería encontrarla más fácil.
Era muy posible que el «Demonio Blanco volviera».
—Y-ya te respondí, p-por favor suéltame —pidió el pobre hombre que se encontraba en las manos de un demonio.
—No me diste ninguna respuesta, realmente fuiste inútil.
—¡Piedad! —gimió en dolor al sentir como el agarre se hacía más fuerte en su garganta.
—No vale la pena —el pobre hombre cerró los ojos esperando su final. Los segundos más eternos de su vida pasaron, y ante la incertidumbre de por qué no le había hecho nada, se dio cuenta de que lo había soltado—. Tch, no vale nada hacerte algo. Es molesto tener sangre en mi ropa —se quejó infantilmente la chica de cabello bermellón.
—G-gracias —dijo el hombre arrodillándose ante ella para luego salir corriendo.
—Se supone que este es el bajo mundo, donde uno saca más información, ¿por qué me encuentro solo con gente inútil? —se preguntó Kagura soltando un chasquido de molestia.
Había huido precipitadamente cuando escuchó que Kamui podría estar en serio peligro, pero tampoco podía quedarse a traerle más problemas a Gin-chan, este era un problema de su familia y no debía involucrar a terceros. Seguramente su padre se enfadaría con ella, pero él debía entender que su estúpido hermano seguía siendo de la familia y que no dejaría que lo llevaran a un sitio horrible como lo es la prisión o correccional o como se llame; eso solo empeoraría las cosas.
Desde que había escapado, había sobreviviendo robándole a los criminales y con ese mismo dinero, compraba su comida y se quedaba en moteles de mala muerte. Cuando terminara su misión, se encargaría de desinfectarse totalmente.
Siguió caminando como una «ninja» según ella. No debía llamar mucho la atención o ese era su plan original, pero ya se estaba haciendo su fama como «el monstruo pelirrojo» o cosas estúpidas como esas. Lo peor de todo: no había obtenido ninguna pista concreta de su hermano.
Kamui era alguien igualmente conocido en ese mundo, se decía que había vencido a 20 personas él solo con una sonrisa en el rostro, pero los rumores falsos corrían más que los verdaderos y eso la confundiría si no conociera tan bien a su hermano.
Se escondió en un callejón cuando escuchó muchos pasos moviéndose hacia su dirección. Con el paso de los años había aprendido que podías conocer más cosas a escondidas que preguntando directamente, pero era más divertido golpear a las personas.
—Las cosas se han puesto más aburridas desde que Kamui no está por aquí —comentó uno de los chicos.
—Seguramente decidió dejar de salir con nosotros. Nos llamaba «inútiles» todo el tiempo.
—Escuché que finalmente se había unido a los Yakuzas...
—¿Yakuzas? Pero a él no le gusta seguir órdenes.
—No, pero últimamente lo han visto mucho con Takasugi Shinsuke —hubo un silencio mortal entre los presentes. ¿Acaso ese tal Shinsuke era importante?
—Seguramente al saber lo fuerte que era lo quiso entre sus filas.
—Sí, es así, seguramente su grupo obtendrá más poder...
Las voces fueron desapareciendo dejando a Kagura más confundida. ¿Ahora Kamui se uniría a los Yakuzas? ¿Qué tan tonto podía ser su hermano mayor? Ahora sí tenía que encontrarlo antes de que hiciera más estupideces.
El problema era que si estaba con ese tal Takasugi que parecía de temer, seguramente sería más difícil obtener información...
Después de aquella reunión con Gintoki, el detective y el policía habían comenzado su búsqueda por partes diferentes. Mientras Hijikata planeaba un plan junto a sus hombres, Katsura ya había ingresado a la zona de guerra dispuesto a cumplir su trabajo y demostrar quien era más útil en estas situaciones.
En un intento de parecerse a los jóvenes delincuentes, usó más bien ropas que parecían de un rapero sin futuro en la vida, y en el peor de los casos, una de las presas favoritas en ese mundo criminal.
—¿Qué haces aquí? —un sujeto con perforaciones en el rostro se acercó a él.
—Nada, yo —hizo unas señas bastante raras confundiendo al sujeto.
—Creo que te perdiste niño.
—No soy un niño, es Katsura, da-yo~.
—¿Qué carajos? —en ese momento el desconocido no sabía si darle una paliza, o dejarlo así ya que parecía que su madre ya lo había dejado caer demasiadas veces cuando era un bebé.
Decidió hacer lo segundo, era menos problemático, además no era como si fuese alguien de la policía...
«La infiltración fue un éxito» pensó para sus adentros Katsura.
Mientras deambulaba más en aquel lugar, intentó formar parte de una pequeña pandilla para no llamar la atención, pero fue desechado al instante ya que, literalmente, no era útil de ninguna forma.
Lo único relevante que pudo encontrar durante esos días de investigación había sido información fundamental sobre la organización que había creado en esto últimos años. Esta podría ser la oportunidad de detenerlo, la única entre muchas. A este punto ya hasta había olvidado su misión actual, atrapar a aquel amigo de la infancia que se había ido por mal camino parecía más importante en este momento.
Por eso, no le importó hacer movimientos bastante peligrosos para un detective como él. No pidió ayuda está vez, no quería involucrar a sus pocos empleados ni a Elizabeth en algo que más bien parecía una venganza personal. Pero ¿cómo lograría un solitario detective como él derrocarlo? No lo sabía, pero encontraría la forma en el camino, aun si eso significaba aliarse con esos inútiles policías.
Era bastante tarde en la noche cuando decidió ingresar en uno de los viejos edificios que le pertenecían a Takasugi para obtener más información que parecía ser importante, llevó su arma solo por sí acaso, era muy posible que tuviera que interrogar a algunos miembros de la organización y no sería nada bonito.
Todo estaba mortalmente silencioso y sus instintos no le decían nada bueno, pero decidió ignorarlos, su idiotez era más grande que su sentido común después de todo.
A pesar de haber recorrido ya dos pisos enteros, no se sentía ni una sola alma en el lugar. ¿Acaso la información había sido falsa? Sí era así, estaría en un grave peligro y ahora sí debía salir de ahí, no servía de nada arriesgarse por una bolsa de oro falso después de todo.
—¿Ya te vas? —abrió los ojos como platos al escuchar aquella misteriosa voz. Había caído en su trampa y ahora se encontraba atrapado. Antes de poder sacar su arma, sintió el frío filo de lo que parecía ser una katana.
—Elizabeth lo encontró —dijo Hijikata en la sala de espera del hospital.
—¿Cómo lo hizo? —preguntó Gintoki.
—No le entendí muy bien, pero creo que lo había estado siguiendo en estos días.
—Ese idiota. No sabe cuando detenerse...
—Y seguimos sin encontrar a la china.
—Genial, los problemas solo aumentan.
—Bastante, ahora sí la policía tiene que intervenir de manera oficial —el pelinegro soltó un suspiro—. Nunca debió infiltrarse a un sitio tan peligroso él solo...
—Los idiotas seguirán siendo idiotas, hasta que mueren.
—No pareces tan afectado de que tu amigo esté en el hospital.
—Conozco la peste que es desde que éramos niños, así que sé que algo como esto no lo matará.
—Creo que es lo más amable que te he escuchado decir.
—Ya sabes, tengo mis momentos.
—Lamentablemente.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Lo que escuchaste, imbécil.
—S-señores, por favor manténganse en silencio, éste es un hospital.
Ambos refunfuñaron por lo bajo. Claro que a los pocos minutos fueron echados de ahí ya que casi inician una pelea en el mismo lugar.
—Ahora que lo pienso, no he visto a Souichiro-kun.
—Ha estado trabajando, milagrosamente... —Hijikata por fin pudo encender un cigarrillo.
—Seguro es el poder del amor.
—O tal vez piensa cobrarle muy caro a tu no hija cuando la encuentre.
Ambos adultos suspiraron.
El policía se despidió de él ya que tenía que seguir trabajando, mientras tanto Gintoki se preguntaba que haría, las cosas se habían complicado demasiado y desde que Takasugi ─porque no creía que alguien más que él lo hubiera hecho─ había sido capaz de hacerle eso a Zura... ¿Cuál era el punto de obtener una vida tranquila para qué luego pasaran estas cosas?
Mañana ya era día de escuela y no había podido encontrar a Kagura, ahora solo se ganaría más problemas; simplemente genial.
—Bueno chicos, parece que Souchiro-kun decidió faltar hoy —dijo Gintoki terminando de revisar la lista.
—Ginpachi-sensei —Tama alzó la mano—, también faltó Kagura-san.
Los hermanos Shimura más Kyubei pusieron una mirada algo incómoda ante esto.
—Es raro que el dúo decida faltar tan de repente —comentó uno de los chicos de la clase.
—Bueno, hubo un pequeño problema con Kagura-chan...
—¡¿Fue transferida? —preguntó sorprendida Sarutobi. «Sería una oportunidad perfecta para ser más cercana a Gin-sama» añadió para sus adentros.
—No...
—Seguramente está enferma —comentó Catherin con una sonrisa maliciosa.
—Es algo mucho más delicado...
—¿Es una enfermedad terminal? —exasperó Sarutobi.
—Está desaparecida —respondió el albino cansado de tantas conspiraciones sobre la falta de su compañera.
El salón quedó en total silencio.
—¡¿Y qué estamos haciendo aquí?! —exclamó Tatsumi levantándose de su asiento.
—Sí, nuestra compañera está perdida. Hay que buscarla.
—No volveremos a clase hasta que Kagura-chan vuelva a estar a salvo... —dijo dramáticamente Catherine.
—Pero...tú la odias —murmuró Shinpachi.
—Ya veo sus motivos —formó una pequeña sonrisita nada amable—. ¡Ustedes malditos solo quieren perder clases! ¡Les da totalmente igual su compañera!
—Sensei...eso suena muy cruel —dijo con falsa tristeza una de las chicas.
—No nos importa nada, hay que traer a Kagura de vuelta —Tetsuko se levantó de su asiento como si nada y salió del salón.
Poco a poco, los demás alumnos comenzaron a seguirla.
¿Acaso Gintoki podía estar más jodido?
—¡Primero dejas desaparecer a una estudiante! ¡Bajo tu tutoría! ¡¿Y ahora dejas que una clase entera se vaya de clases?! —si la vena que tenía aquella anciana, se volvía más grande, seguramente explotaría.
—Los jóvenes ya no son tan educados como antes, son unos verdaderos delincuentes.
—¡¿Y esperas qué te crea eso?! —soltó un pesado suspiro—. El consejo de padres vendrá a quejarse, esto me perjudica bastante...
—Fumar también perjudica pero te sigo viendo viva —apuntó innecesariamente el albino.
Y lo último que escuchó Gintoki antes de ser sacado de la institución fue: «¡Y no vuelvas aquí hasta que hayas arreglado este lío!»
La vida realmente le gustaba joderlo...
Sougo se encontraba revisando algunas calles junto a Yamazaki. Como siempre, no había ningún rastro de la china y sus uniformes ya eran suficiente para espantar a los delincuentes promedio. Esto ya se estaba volviendo tedioso, el poder del amor ni siquiera sería capaz de seguir dándole fuerzas para encontrarla si las cosas seguían igual de aburridas.
—Nada por aquí, capitán —avisó el pelinegro.
—Como siempre —pateó un bote de basura—. Deberíamos ir a comer algo.
—Pero, justo empezamos a buscar...
—Bueno, ya vemos que no la encontraremos hoy tampoco —se encogió de hombros restándole importancia.
Como siempre, Yamazaki fue a comprar un Anpan a pesar de las burlas de Sougo. Pero cuando se distrajo, su casi-jefe había desaparecido totalmente.
—¿Eh? ¿Capitán Okita? —miró alrededor totalmente extrañado—. Hijikata-san me matará... —murmuró con un aire depresivo.
Mientras tanto, el protagonista que más bien parece antagonista, se encontraba buscando por su cuenta nuevamente. Yamazaki era muy lento y no aceptaba sus «métodos violentos» así que sería mucho más fácil buscar sin él. Así que sin más, comenzó a amenazar pandilleros para ver si conseguía alguna pista de la china que tantos problemas le estaba causando últimamente.
Y así es como una nueva leyenda se formó en aquellos barrios bajos...
Gintoki se encontraba cansado de toda esta situación, ya quería traer rápidamente a Kagura, posiblemente resolver su problema familiar de por medio, y vivir en su monótona rutina nuevamente. Fin. No quería nada más. ¿Era tanto pedir?
«Jamás pensé que volvería a estos lugares de nuevo...» pensó para sus adentros cruzando las solitarias calles, las cuales ocultaban lobos preparados para atacar a su presa, pero esta vez no era una oveja, se trataba de un demonio sediento de sangre.
Buscar a Kagura era su máxima prioridad, si todo iba bien, seguramente esa misma noche la encontraría. Claro, si no se seguía distrayendo con aquellos estúpidos delincuentes.
Aunque, si encontraba a Kamui primero podría usarlo como carnada para atraer a esa impertinente niña, pero si los rumores eran ciertos y él se encontraba bajo el mando de Takasugi, tendría un desagradable encuentro con su amigo de la infancia y eso no le apetecía mucho que digamos...
Por suerte, encontró una pista que podía llevarlo a un buen camino, un montón de delincuentes simplones se encontraba inconscientes debido a una gran cantidad de golpes. Sólo tenía que seguir el camino y seguramente así encontraría lo que buscaba ¿no?
Aún así, nada lo preparó para lo siguiente.
—¡¿Souchiro-kun?! —comentó sorprendido al ver aquel sádico golpeando como si nada a un tipo cualquiera.
—Oh, sensei, no esperaba verlo aquí —mencionó como si nada.
—¿Qué haces aquí?
—Seguramente lo mismo que usted.
—¿En serio?
—Incluso yo puedo tener sentimientos.
—Eso todavía me parece difícil de creer, pero tomando en cuenta el rumbo que toma la historia, era de esperarse.
—Esa es la magia del cliché. Seguramente saldremos felices al final del capítulo.
—Sería lo mejor, ya me estoy cansando de tanto estrés en un solo capítulo.
—Vamos a buscar a la china, está por aquí, al parecer.
—¿Cómo qué al "parecer"? —lo miró con sospecha.
—No los dejé terminar de hablar.
—A veces me pregunto quien es más idiota...
Siguieron caminando por las vacías calles, con tantos monstruos apareciendo al tiempo, hasta los criminales de poca clase tenían miedo de salir. Claro que de todas formas habían personas siguiéndolo, seguramente eran subordinados de algún jefe de la zona, sí ya estaban en la mira, tener cuidado sería lo mejor si no querían terminar como Zura.
—Entonces, ¿es en estos momentos dónde te doy una charla seria sobre Kagura? —preguntó Gintoki.
—¿Ya no me diste charlas serias sobre eso?
—Sí, pero ya sabes, decirte cosas como: «más te vale protegerla» o «si quieres ser digno de ella más te vale encontrarla a salvo».
—¿Por qué harías eso?
—No sé, lo vi en un programa y pensé «sería cool ser ese padre sobreprotector solo para molestar a los pretendientes de mi hija, y a ella de paso también».
—Yo haría lo mismo, aunque posiblemente pondría retos extremos como: matar a un oso con solo tus manos, escalar el monte Everest o cosas extremas que los hagan salir corriendo.
—Oh, eso también suena muy bien. Creo que si podría aceptarte como mi yerno.
—Aunque la china sigue sin aceptarme.
—Es una tsundere, al final de este fanfic lo descubrirá, y hay puntos extra si tú la encuentras primero.
—¿Entonces por qué estás aquí?
—Mira, mi personaje es muy genial como para desperdiciarlo en un capítulo dramático donde no haga nada. Yo no me veo a mí mismo deprimido en mi apartamento, debo mostrarle a mis fans que Gin-chan es más genial que nunca.
—Digamos que te entiendo, pero yo soy el protagonista.
—Digamos que sí, pero no me importa.
Así la conversación de ambos terminó y continuaron caminando, esperando ver alguna señal de aquella chica que les había traído tantos problemas a lo largo del capítulo.
—Creo que encontramos a los infiltrados —murmuró un hombre observando a ambos hombres desde la sombra.
—Ahora que lo pienso ¿por qué estamos caminando tan tranquilamente en territorio enemigo? —preguntó Sougo. Sus pocos conocimientos de policía le habían enseñado que siempre había que estar alerta en este tipo de lugares ya que el peligro aparecería en cualquier esquina, sin embargo, él se sentía bastante tranquilo como si estuviera caminando en una calle segura. Sí, era una sensación bastante extraña.
—No sé, seguramente es la inmortalidad del protagonista —respondió Gintoki—. Como eres el protagonista de este fanfic, es imposible que mueras, tal vez sí sufras graves daños, pero seguirás con vida —añadió encogiéndose de hombros—; a menos claro, que la autora sea una loca como George***** y Haji*** Isa**** —murmuró por lo bajo.
—Ah, ya veo, entonces seguramente tú morirás en un intento de protegerme si las cosas salen mal.
—Seguramente ya huiría...
—Eso explica porque no eres el protagonista de aquí.
—Sí un sádico como tú puede ser protagonista, ¿por qué yo no?
—Las chicas tienen un lado masoquista por dentro, así que por eso me aman. A ti...realmente no sé que tienes de especial.
—¿Y así intentas ganarte a tu futuro suegro?
—Pero tú no eres el padre de la china.
—Mientras viva bajo mi techo, la trataré como mi hija, aunque no quiera.
—Que bonita manera de pensar... —mencionó con obvio sarcasmo.
—Pero parece que su suerte acabó —un hombre bastante mayor apareció frente a ellos, llevaba unas prendas típicas japonesas. Lo que más resaltaba de él era que sus ojos parecían de pescado muerto.
Ambos varones se miraron confundidos y luego siguieron caminando como si nada.
—Como te decía Souchiro-kun, robar a veces no es el negocio más confiable, deberías irte a los yakuza o algo por el estilo —dijo Gintoki en un vano intento de disimular que no eran del lugar.
—Así que por eso los mafiosos son más geniales —le siguió el juego ignorando totalmente al tipo.
—¡Un momento ustedes! —hizo unas señales y de repente varias personas al más estilo yakuza aparecieron, rodeándolos.
—No te preocupes, la fuerza del protagonista está con nosotros —dijo Gintoki en un vano intento de arreglar la situación.
—Culpo a la china de todo este problema —reprochó Sougo.
—Bueno, sólo queda hacer algo —y sin pensarlo dos veces avanzó un poco con mirada decidida—. ¡Miren! ¡Otros yakuzas están entrando a su territorio! —cuando todos miraron, Gintoki aprovechó para correr junto a Sougo quien no tuvo más opción.
—Takasugi-dono se enojará por esto... —murmuró el hombre que parecía ser el líder de ellos—. Búsquenlos. Takasugi-dono no los perdonará si salen de aquí —y así es como todos ellos se dispersaron y comenzaron a buscar.
Los yakuzas comenzaron a correr intentando buscar a esos dos, mientras aquel hombre con ojos muertos se quedó en el mismo lugar para luego soltar un suspiro.
—Me pregunto por qué Tasakugi-dono quiere verlo —murmuró antes de marcharse.
Gintoki y Sougo salieron de unos basureros que estaban cerca. Una vez que se aseguraron que nadie estaba cerca, pudieron respirar tranquilos.
—¿Acaso se enteraron que trabajas con la policía? —se preguntó Gintoki.
—Seguramente de la misma forma en la cual se enteraron que el idiota detective, era uno —respondió Sougo.
—No «era», todavía no ha muerto.
—¿En serio?
—«Mala hierba nunca muere» —dijo sabiamente—. Ahora lo importante es que salgas de aquí, si te atrapan estás jodido.
—¿No pues que me ayudaría la «protección del protagonista»?
—Eso pensé, pero viendo las cosas, será mejor no arriesgarse. Este fic no puede terminar con una Kagura soltera y depresiva.
—¿Y qué harás tú?
—Seguiré buscando a Kagura, no soy policía así que puede que no me hagan nada —se encogió de hombros—. Además no puedo regresar a menos que sea con Kagura o me quedó sin casa y sin trabajo —suspiró, si, el apartamento que tenía también era propiedad de Otose.
—No soy mucho de huir —respondió.
—Si te matan, no es mi problema —contestó el albino, no se iba a responsabilizar de otro mocoso.
—Puedo cuidarme solo.
Así es como ambos decidieron tomar caminos distintos, además de poder encontrar a Kagura más fácil, les ayudaría para despistar a esos yakuzas de tercera. Claro que no les resultaría difícil vencer a unos cuantos, pero si llegaban a venir en gran cantidad, no garantizaba que saldrían con vida.
«Si fuera una chica amante de la comida, pero sin dinero ¿dónde estaría?» se preguntó Gintoki en un vano intento de saber donde se encontraba su «protegida».
Siguió buscando por las calles, la gente que pasaba mostraba que no era para nada amable. Había visto criminales, personas con tatuajes en todo su cuerpo, delincuentes comunes y hasta alguno que otro yakuza. Las personas que igualmente tenían negocios cercanos, se mostraban recios a ayudar desconocidos, tal vez para evitar más problemas. De vez en cuando visualizaba a alguna persona normal asomarse por la ventana, era mejor vivir en su pequeño mundo que intentar afrontar el mundo en el cual vivían.
Aprovechando que ya era un adulto, Gintoki entró a un bar de mala muerte, si escuchaba conversaciones seguramente encontraría alguna pista de Kagura. Que bueno que había dejado a Souichiro-kun o habría llamado más la atención. Nadie se fijaría en alguien como él.
—Dicen que hay un demonio rondando en las calles últimamente —comenzaron a hablar los de la mesa de al lado.
—Son sólo rumores.
—Es en serio, a Ryo le tocó verla... —un silencio incómodo inundó el lugar—. Estuvo en la clínica por tres días.
—¿Estaba solo?
—No, estaba con el grupo de siempre.
—¿Qué clase de persona acabaría con su grupo? —murmuraron impresionados.
—No lo sé, pero dice que lo último que vio, fue a una «china» de cabello rojizo.
Bueno, fue más fácil de lo que pensó. Tenía que agradecerle a la sagrada coincidencia que aparecían en esta clase de historias.
Luego de quedarse unos minutos más bebiendo un alcohol con muy mala calidad, finalmente obtuvo algo de información: esa chica no sabía hacia donde dirigirse. Así que tenía que seguir buscando. Aunque obtuvo información primordial: atacaba a bandas débiles.
Salió del bar, ya era muy avanzada la noche, esperaba que Souichiro-kun ya estuviera fuera de este lugar, a estas horas, era cuando las actividades criminales se volvían peor. Más personas estaban afuera, tenía que tener cuidado ya que algunos estaban vigilando su territorio, mientras en los callejones pasaba el verdadero negocio.
—Oye, ¿aquella persona no ea la que estaban buscando?
«Mier**» cada vez se ponía más nervioso pero debía disimular.
—Sí, su cabello blanco es inconfundible.
«¡Cuánto odio mi genética en estos momentos!» gritó internamente.
—Oiga, anciano —uno de ellos se dirigió hacia él.
«Que tenga cabello blanco no significa que sea viejo.»
—¿Qué? —Gintoki mostró una de las caras más rudas y ridículas que tenía, cualquiera que lo viera recordaría el anime de JoJ***
—Tienes que venir con nosotros.
—Mi mami me dijo que no fuera con desconocidos.
—¿Crees qué tienes opción? —su compañero se acercó con mirada amenazante.
—Claro que si —segundos después, ya se encontraba corriendo de esos delincuentes.
Claro, podía vencerlos fácilmente, pero prefería ahorrarse cosas innecesarias que simplemente harían que se volviera más buscado de lo que ya era.
Así siguió, por unos ¿minutos? ¿Horas? No sabía, ya se estaba cansando de tanto correr. Gin-chan no era tan viejo como pensaba.
Terminó escondiéndose en un pequeño cruce entre dos caminos principales. Era tan estrecho que le costó un poco entrar ahí. Cuando se aseguró de que nadie más lo seguía, salió de ahí y soltó un suspiro.
Caminó un poco más con pasos tranquilos. Al parecer aquellas calles se acostumbraban tanto a las cosas peligrosas que no era de extrañarse ver como de repente todo se ponía desierto cuando había una persecución.
—Parece que te has descuidado demasiado, demonio blanco —aquella voz lo heló totalmente en su lugar. Estaba preparado para sacar la espada de madera que había llevado como arma, pero Takasugi ya se encontraba apuntándole con un arma.
Esto se puede considerar como un final de temporada (?)
De todas formas, intentaré no demorarme tanto con la próxima actualización pero no garantizo nada ya que soy una desorganizada con mi vida uvu
No olviden revisar mi página de FB, ahí suelo avisar si me demoraré mucho o no.
Haruka-sama se despide~
