Disclaimer: la serie y los personajes no me pertenecen a mí, sino a su autor y legítimos dueños y propietarios
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Hibari llego por fin a su escuela.
En ella había mantenido la paz siempre que había sido necesario y en esos momentos, le habría gustado que la escuela le hubiese devuelto el favor.
Su cabeza era un completo caos y su corazón latía de forma tan irregular que estaba seguro que se le saldría en algún momento no muy lejano.
Nunca lo había pasado tan mal en toda su vida.
Mientras mas buscaba, sala por sala de la escuela sin encontrarle, mas nervioso se ponía.
Y si no había conseguido llegar.
Y si le habían atacado y estaba luchando en esos momentos, el solo.
Y si estaba herido.
Y si se estaba equivocado y el nunca había tenido la intención de ir hacia su antigua escuela.
Y si el era la ultima persona que el castaño quería ver en esos momentos.
Y si para él se había acabado esa natural y constante sonrisa que el castaño regalaba a todos por igual.
Y si ...
Mierda. ¿Donde estas? ¡Sal ya!
Las puertas de las salas parecían abrirse a su paso, una tras otra.
"No esta, no esta, no esta" se repetía mientras abría la siguiente puerta "¡NO ESTA!"
Espera...
La sala. Era su sala. La sala del comité estudiantil.
-Levanta -dijo, lo mas cortante que pudo Hibari – esa es mi mesa.
Tsuna dio medio vuelta aun sentado en la silla giratoria que el pelinegro le estaba reclamando, quedando de perfil hacia Hibari con la luz que entraba por la ventana reflejando el atardecer a su espalda.
- En esta época ya no es tuya – le recordó Tsuna a Hibari en un tono casi nostálgico – la perdiste – dijo mientras volvía a poner la silla en su posición inicial, dándole la espalda a Hibari - ¿Que haces aquí? - pregunto al final Tsuna.
-Recuperar mi asiento – dijo Hibari mientras se acercaba al escritorio.
Hibari se acercaba al escritorio pero con mucha cautela. Algo le pasaba al herbívoro, parecía como si le faltara su alegría natural. Eso le preocupaba.
Que ¿Por que le preocupaba? Pues ... porque sí.
Rozaba el escritorio con la punta de sus dedos mientras caminaba hacia el fondo de la sal, pero cuando fue a tocar la parte superior de la silla para girarla y pedir explicaciones al otro, este se levanto de un salto, tirando la silla en el proceso y salio corriendo de la sala, todo en menos de 10 segundos.
Hibari se quedo mirando la silla tirada en el suelo, comparándola consigo mismo.
Y si Tsuna se había cansado de el, de su mal carácter. Y si no podía volver a tocarle por que el castaño no se lo permitía.
Se acerco a la silla tirada y se agacho para recogerla pero algo se lo impidió.
No podía tocarla. No se atrevía a hacerlo.
Por su forma de ser no era muy popular en ciertos círculos, mi muy aceptado por la gente en general por su apariencia aterradora, pero ser rechazado de esa forma por él herbívoro, que huyese de él, de su poco usual acercamiento.
Aunque, lo que mas le dolía fue que ni siquiera le hubiese mirado ni una vez a la cara desde que había entrado a la sala.
Todo eso le ... ¿Como se decía?... A sí.
LE MOLESTABA, y mucho.
Como se atrevía aquel herbívoro a tratarle así después de todo lo que había pasado para poder encontrarle.
Se las iba a pagar. Si señor. Todas juntas.
Por que a todos los demás de la base se les permitía acercarse a Tsuna sin ningún problema y a él le rechazaba, siendo mil veces mejor que toda esa manada de herbívoros juntos.
Hibari salio de la habitación persiguiendo a Tsuna,furioso y sin mirar ni una vez por la ventana que había tras el escritorio y la silla volcada.
Si lo hubiese hecho, aunque solo hubiese sido durante un mínimo instante, habría visto lo mismo que había visto Tsuna.
Habría visto como los enemigos llegaban uno tras otro con un único objetivo en mente, acabar con ellos para siempre.
