Capítulo 2

Thranduil sacudió la cabeza, expresando su desacuerdo.

"No, no puedo aceptar eso."

Pero la delegación de Lamaris no se rindió.

"Pero mi señor Thranduil, este nuevo trato te daría el derecho a gobernar en las planicies cerca de las Montañas Nubladas y en la mayoría del río Anduin. Es una buena oferta, mi señor. Mis compañeros de Lamaris te darán lo que quieras."

"Y a cambio quieres la mitad de mis bosques" –Thranduil se enfadaba cada vez más, pues los elfos de Lamaris eran muy persistentes.

"Exactamente, mi señor. Solo la mitad de tus bosques."

"¿Solo la mitad? –Thranduil alzó las cejas-. ¿Comprendes que el bosque es nuestro legado y que lo heredamos de nuestros ancestros silvanos? ¿Sabes que es sagrado para nosotros?"

"Lo sabemos, mi señor, pero…"

"¿Y cómo se te ocurre pensar que os daríamos parte de él?"

"Pero mi señor, ¡el bosque es enorme! Aunque nos quedáramos con la mitad, no perderíais mucho…"

"Ahí es donde te equivocas. Lo protegemos para las generaciones futuras. Para mí, el bosque no es nuestro, sino de nuestros hijos. No es algo que pueda entregar libremente."

"Pero daríamos algo a cambio, mi señor. ¡Te ofrecemos las planicies de Galad y compartir nuestra zona del río Anduin!"

"No necesitamos las planicies y ya tenemos nuestro propio puerto de río. Por favor, volved y decid que lo siento, no puedo aceptar este trato."

El líder de la delegación de Lamaris inclinó la cabeza, a sabiendas de que había fallado la misión. Él y sus compañeros llevaban dos días intentando que Thranduil aceptara, pero el rey del Bosque Negro no se dejaba convencer.

"Muy bien, mi señor. Llevaré el mensaje."

Thranduil era un rey firme, pero no era cruel, sobre todo con los otros reinos élficos.

"Comprendo que tengáis problemas con los cultivos este año. Las planicies no son tan fértiles como hace varios cientos de años y quiero ayudar. Podemos daros comida, si nos dais algo a cambio."

"¿Y qué sería eso, mi señor?" –preguntó el líder, aliviado por la nueva sugerencia de Thranduil.

"Lo que te parezca apropiado. Aquí le damos buen uso a las armas y creo que vuestras mujeres son expertas en telas y diseño de ropas" –dijo Thranduil. Los elfos de Lamaris asintieron, halagados.

Justo en ese momento, el príncipe heredero del Bosque Negro entró en la sala del trono. Legolas estaba cubierto de ceniza de la cabeza a los pies, de tal forma que ni siquiera se distinguía el color de su ropa. Thranduil suspiró al ver las expresiones de asombro de los elfos de Lamaris.

"Por el aspecto de mi hijo, creo que necesitamos urgentemente ropa nueva. Os presento a mi hijo Legolas, príncipe heredero del Bosque Negro… creo."

Legolas sonrió. Sus dientes blancos hacían contraste con la ceniza negra de su cara.

"Perdonadme por la intrusión… sobre todo en esta… err… condición" –los elfos de Lamaris seguían observándolo con los ojos como platos. Habían oído que el más joven de los príncipes era muy atractivo, pero ahora mismo parecía más bien un minero.

Thranduil se masajeó la sien.

"¿Qué has estado haciendo, Legolas?" –preguntó, casi temeroso de oír la respuesta.

"La chimenea de la cocina estaba bloqueada. El humo no podía salir, así que tuve que subir y limpiarla" –respondió Legolas, haciendo caso omiso de las miradas de interés que atraía.

"¡¿Que tú qué?!" –a Thranduil iban a salírsele los ojos de las órbitas-. ¡¿Que trepaste por la chimenea?!"

"Err… sí…"

"¿Por qué tú? ¿No podía hacerlo otra persona?"

"Yo era el único que cabía en la chimenea y soy mucho más ágil. Los ayudantes de cocina tenían miedo de los lugares estrechos o eran demasiado grandes. Y, además, ya lo he hecho antes."

Thranduil cerró los ojos y contó hasta diez. ¡Qué cosa más poco principesca! ¡¿Un príncipe heredero de deshollinador?! ¡Parece que todavía tengo que enseñarle algo de decoro!

Cuando abrió los ojos, Thranduil vio que Legolas todavía le sonreía y que los otros elfos seguían mirando a su hijo. El rey no pudo evitar reírse, divertido.

Legolas sonrió aún más. Bien. Al fin le he hecho reírse. Ahora solo necesito que se abra conmigo y me cuente qué lo lleva molestando varios días.

"En realidad, padre, venía a darte esto antes de distraerme en las cocinas" –Legolas se le acercó y le dio las llaves.

Thranduil las cogió y lo miró.

"Has cerrado las mazmorras."

Legolas asintió y luego se puso serio.

"Sí, y como estabas ocupado con los invitados fui a revisar la fuente. Hay algo extraño, el agua no es transparente como siempre lo ha sido. Está amarillenta. La lechuga no crece bien y he recibido informes de elflings enfermos. Pero no te preocupes, padre. Me encargaré de ello. Solo quería que lo supieras antes de ponerme a ello, así que me voy ya."

Cuando su hijo se inclinó y se dio la vuelta, Thranduil dijo:

"¿Legolas?"

El príncipe se detuvo.

"¿Sí?"

"Lávate primero."

Legolas se echó a reír y abandonó la sala. Thranduil carraspeó y sonrió, antes de decir:

"Bueno. Ya habéis conocido a mi hijo. Confiad en mí, es mi hijo."

Sus invitados se rieron suavemente al oír eso.

"Mi señor, ¿también tenéis problemas con los cultivos?" –preguntó uno de ellos.

"No estamos muy seguros de lo que ocurre. Acabamos de descubrirlo, pero tiene algo que ver con nuestro sistema de riego. Como mi hijo ha dicho, arreglará el problema enseguida."

Lo que el rey no sabía era que alguien estaba manipulando la sagrada fuente de agua del Bosque Negro…