Capítulo 7

Cayel y sus guerreros veían quemarse la cabaña desde el claro que tenía delante. El elfo sonreía, satisfecho, al ver que su plan había funcionado. No sentía remordimientos por asesinar a la familia real para conseguir su objetivo.

"¡Mi señor, mira!"

Cayel vio inmediatamente la magnífica águila dorada que volaba sobre ellos, graznando de furia y atacando a los elfos de Redwood con sus garras afiladas. Cayel se enfureció.

"¡Haced algo! ¡Es la maldita mascota del príncipe! ¡Disparadle! ¡La quiero muerta!"

Los elfos prepararon los arcos y empezaron a disparar. Hawkeye graznaba mientras intentaba esquivar las flechas, pero una le rozó el pecho. Otra pasó cerca de su cabeza, así que no le quedó más opción que alejarse.

Los elfos estaban tan concentrados en disparar que no vieron la figura que se acercaba a la cabaña en llamas por detrás.

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Linden se movía tan rápido como podía con sus heridas. El hombro le sangraba abundantemente y todavía tenía la punta de una flecha clavada en el estómago, pues había roto el asta para que no le molestara al moverse. El dolor era casi insoportable, pero se las arregló para seguir. ¡Tengo que rescatar al rey!

El comandante del Bosque Negro se había hecho el muerto tras los disparos y los elfos de Redwood habían dejado atrás a los guerreros caídos, convencidos de que todos estaban muertos. No sabían que Linden era un fuerte guerrero y necesitaban mucho más que eso para matar a alguien tan experimentado.

Cuando los elfos se llevaron a Thranduil, Linden los siguió desde las sombras, y al llegar a la cabaña se ocultó tras ella, descubriendo que había un acantilado a varios pies de distancia de la puerta trasera. Al final del mismo estaba el río en el que supuestamente Legolas había desaparecido.

De repente aumentó su preocupación al acordarse del príncipe. Esperaba que siguiera vivo… en alguna parte. ¡Pero primero tenía que sacar al rey de la cabaña en llamas!

Acababa de llegar a la puerta trasera cuando el fuego ya se había extendido. Como esperaba, la puerta estaba cerrada, pero se balanceó con cuidado en el pequeño espacio que quedaba hasta el acantilado, levantó un pie y le dio una patada. Se abrió tras el tercer intento y entró inmediatamente en busca del rey.

"¡¿Mi señor?! –Linden sintió de golpe el calor de las llamas y el humo. No dejaba de toser, pero tampoco dejó de llamar a Thranduil-. ¿Dónde estás, mi señor?"

Había mucho humo y le nublaba la visión.

"Por aquí" –dijo una voz débil desde el centro de la cabaña.

Linden se acercó con precaución, intentando apartar el humo de su cara con las manos. Iluminado por las llamas, Linden vio al rey atado a una silla y se apresuró hasta allí.

"¡Mi señor!" –Linden intentó desatarlo, pero Thranduil sacudió la cabeza.

"No. Saca a Legolas… primero –el comandante vio que el príncipe estaba en el suelo, inconsciente, a unos pocos pasos-. Llévatelo… -Thranduil tosió-. ¡Rápido! ¡Es una… orden!"

Linden se arrodilló al lado de Legolas inmediatamente, para luego cogerlo en brazos y dirigirse hacia la puerta.

"Volveré a por ti, mi señor. Lo prometo."

Thranduil asintió, observando a su hijo con preocupación. Intentó soltarse de nuevo, pero en vano, pues se sentía cada vez más débil por el humo que inhalaba. Era difícil respirar y empezaban a caer trozos de paja del techo en llamas, quemándole la piel. Una viga ardiente colapsó y cayó muy cerca de su silla, haciendo que se encogiera por el calor. Thranduil rezó para que Linden sacara a Legolas y volviera rápidamente a por él.

Linden, mientras tanto, había salido por la puerta trasera y estuvo a punto de caerse por el acantilado. Legolas seguía inmóvil en sus brazos, haciendo que se preocupara de que hubiera respirado demasiado humo. Tras alejarse varias yardas, Linden dejó al príncipe en el suelo con cuidado, detrás de unos arbustos, para ocultarlo de ojos enemigos. Y después volvió corriendo a la cabaña.

Thranduil empezaba a perder la consciencia gracias al humo y al calor. Estaba a punto de rendirse al olvido cuando una mano firme lo sujetó por el hombro.

"¡Soy yo, mi señor! Te sacaré de aquí" –Linden acababa de sacar una daga de su bota y empezó a cortar las cuerdas. Solo le llevó unos segundos y cuando Thranduil estuvo libre, Linden colocó el brazo del rey sobre sus hombros y lo condujo hacia la puerta.

Pero, para su horror, las llamas les impedían salir y el único camino era la puerta que los llevaría directamente a manos de sus enemigos.

"Tenemos que atravesar el fuego, mi señor. No hay otro camino" –jadeó Linden. El humo ya empezaba a afectarle.

Thranduil asintió.

"Vamos."

Estaban a punto de hacerlo cuando se oyó como si algo se rompiera, y justo después, el techo se derrumbó sobre los dos elfos del Bosque Negro.

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Cayel sonrió cuando la estructura colapsó. Esperó un poco a que las llamas disminuyeran para ordenarles a sus soldados que buscaran los restos de Thranduil y Legolas. Pero, para su extrañeza, solo encontraron un cuerpo en lugar de dos y no sabía si se trataba del rey o del príncipe por lo quemado y desfigurado que estaba.

"No importa –dijo Cayel-. Lleváoslo. Tenemos que decirle a la gente del Bosque Negro que su rey ha muerto, ¡asesinado y quemado por los orcos!"

Entonces alguien lo llamó desde unos arbustos.

"¡Mi señor! ¡Por aquí!"

Rígido, Cayel se acercó. Un guerrero de Redwood lo miraba, confuso.

"¡Estaba a punto de irme cuando lo vi!" –y entonces el elfo señaló un cuerpo que yacía entre los matorrales.

Cayel abrió los ojos como platos.

"¡Pero qué…! –gritó-. ¡¿Cómo ha llegado hasta aquí?!"

El guerrero se estremeció.

"No lo sé, mi señor. La última vez que lo vi estaba dentro de la cabaña en llamas."

Cayel gruñó, furioso. Este cabo suelto era un inconveniente, y lo peor es que el príncipe empezaba a recuperar la consciencia. Cayel entrecerró los ojos mientras se le ocurría otra escalofriante idea. No entendía cómo Legolas había salido de la cabaña, pero eso ya no importaba. Lo más importante ahora era deshacerse del príncipe y divertirse mientras lo hacía.

"¡Rápido! Trae un caballo y una cuerda. Y lleva al chico hasta ese árbol –ordenó Cayel, señalando un gran árbol que estaba a varias yardas-. Vamos a colgarlo."