N/A Les recomiendo la canción de "Dareka Umiwo" de Aimer mientras leen este capítulo. Super recomendable para una lectura más profunda.


(VI)

Atrapando a la flor

Frecuenta ya la florería con la intensión de volverla a ver. Pero parece que Sai no tiene la mejor suerte del mundo. La busca a la misma hora todos los días, esperando encontrar a esa mujer de cabello rubio. Sabe bien que debe matarlos, a todos y cada uno de ellos. Él es el mejor de ANBU-Raíz, nunca ha fallado en ninguna misión. El General Ibiki lo tiene en alta consideración e incluso Sai es el líder de su propio equipo de trabajo. Sin embargo, al terminar el día la sensación de odio y asco hacía sí mismo incrementa. Suele golpearse y desquitarse con la pared. Siempre sus puños se lastiman en el acto. A veces le dan ganas de entrar a la habitación del General Ibiki y tirarle un tiro directo a la cabeza, ver como muere. Sólo así podrá dormir bien. Pero no puede, sus pensamientos sólo se quedan en ideas y nunca las lleva a cabo. ¿Cómo podría hacer eso? Se supone están a favor de la dictadura de Danzo Shimura, él es una más de las máquinas de Danzo. Sai siempre fue y ha sido buen chico, buen hombre y mano de Danzo. Incluso lo ha conocido en persona. Pero al final, siempre desea asesinarlos.

Nada le causaría más placer que verlos morir a sus pies. Por fin su alma descansaría y podría dormir en paz, y tal vez morir tranquilo. De ese modo vengaría a Shin y todo el sufrimiento que les hicieron pasar. Pues aunque él no fue un ser emocional nunca, sí veía como su mejor amigo a quién consideró un hermano, sufría por matar gente. Lo veía en su rostro, en la manera en que tomaba el arma. Shin no era un hombre que hubiera nacido para destruir, él era un hombre nacido para crear, para crear arte y dar alegría. Ese debió haber sido Shin en otra vida, un ser bueno y compasivo, no una máquina de matar que temblaba a cada oportunidad. Lo veía afligirse cuando las personas morían. Shin tenía un corazón noble, y nunca entendió por qué. Él era huérfano también, nunca tuvo el amor de una madre o un padre. No comprendía la manera de ver la vida de Shin e incluso después de muchísimo años tampoco lo entendía. Pero lo que sí anhelaba era darle muerte a aquellos que lo hicieron sufrir, aquellos que destruyeron lo que podía haber sido Shin.

Sai sigue esperando, pero el integrante número siete de ese grupo rebelde no vuelve a aparecer. Para disipar más sus amargos pensamientos, se fuma el noveno cigarrillo. No saben mal, pero tampoco bien. Sólo quiere que su mente deje de pensar cosas.

—¡Hey!—Entonces la ve, de nuevo con ese rostro fruncido y una mueca en los labios—, ¿por qué fuma en mi florería? ¿qué acaso no está claro el letrero que está prohibida la entrada a fumadores?

Sai tira su cigarrillo y lo apaga con la punta del pie.

—Y de nuevo lo mismo, ¿no se cansa? Lo he visto, ha venido con frecuencia aquí. ¿Qué es lo qué quiere?

Ve en ella agresividad, y comprende que ella ya tiene una idea del porqué está ahí. Pero no se atreve a dar el primer paso y matarla. Su mano se dirige a su arma y acaricia el gatillo. Ella no ve el movimiento. Sai quiere terminar con todo, pero esta vez no puede. No puede sacar el arma.

—Para su información, no estoy interesada en los raritos.

—Ino Yamanaka, ¿cierto?

—¿Cómo sabe mi nombre?

—Acompáñeme a tomar un té.

Sai le sonríe amablemente, sabe que las personas nunca pueden decir que no ante una sonrisa. Ino alza sus cejas y parpadea unos instantes.

—No gracias.

—Bien, será en otra ocasión señorita Yamanaka.

Se retira a pasos lentos mientras siente la culpabilidad de no haber terminado con ella. Su misión se ha demorado mucho, ya no es tan rápido como solía serlo.

—Espere.

Sai siente el roce de las manos de aquella mujer.

—¿Ha venido a matarme?

—Así es, señorita Yamanaka.

—¿Sabe todo de mí, verdad?—Ino suspira mientras lo mira con desconfianza. Retira su mano del hombro de Sai y se abraza a sí misma—, ¿qué es lo que sabe?

—Yo lo sé todo Ino, es mejor que ya no se oculte.

—¿Por qué no me ha matado entonces? Lo he visto seguir a mis amigos, esto no es una simple casualidad. Estas cosas no pasan sólo por que sí. Usted lo sabe todo, ¿por qué no ha sacado su arma?

—Señorita Yamanaka, cada persona tiene sus propósitos.

—¿Ah sí? ¿Cuáles son los suyos?

Sai se siente abrumado por la pregunta, sin embargo sabe que esta es la única oportunidad que se le puede presentar en la vida, la única para poder actuar en la obra que quiere.

—Si le doy mis motivos, ¿creería en mí?

—No puedo confiar en un miembro de raíz.

Sai sonríe, ella ya sabe quién es él.

(VII)

Sin motivos

Sai ha merodeado la zona de Konoha. Ha pensado bien su siguiente movimiento y sabe que oportunidades como esas se presentan sólo una vez cada tiempo, puede que cada vida. Ha analizado a Ino, y aunque no comprende sus emociones ni lo que hace, cree que ella puede serle útil para llevar su venganza. Algo en la manera de ser de esa chica le es atrayente, ella es como un imán y no puede evitarlo. No entiende su amabilidad, no comprende cómo es que camina por las calles —cuando no es toque de queda— tan tranquila, con las manos en los bolsillos. Pareciera que la vida en ella no ha dejado estragos de la dictadura de Danzo Shimura. Como si Ino Yamanaka viviera una vida tranquila y normal, la vida ideal que cualquier persona desearía.

Sai fuma otro cigarrillo, y en su libreta dibuja el reflejo de Ino. Sus facciones son delicadas, y sus manos son pequeñas. El cabello agarrado que dejaba varios mechones al descubierto. Ella era bonita, era una flor en medio de un pantano. En medio de una ciudad vacía para soñar.

Él no pretendía una alianza, de hecho no compendia del todo como debería de acercarse a la señorita Yamanaka, en sus adentros pensaba que lo mejor sería soltarle las cosas directamente, sin embargo debía ir con cautela para sus propios propósitos. El fin de Danzo se aproximaba.

Decide entonces entrar a la florería y sorprender a Ino. Pero ella no luce aturdida por el momento, más bien parece que ya esperaba su visita.

—Veo que ahora no fuma, Sai.

Ino ha investigado su nombre, ha movido sus influencias. Ella dice aquél nombre arrastrándolo con cierto desgano y desdén. Sai identifica ese tono de voz, aunque no entiende realmente el motivo.

—Señorita Yamanaka.

—He querido llamar a la policía y decir ¡oh, un miembro de raíz ronda en mi florería! ¡me quiere matar! Sería una burla, ¿no cree, Sai? Así que, ¿por qué no dispara? Soy sólo la séptima, eso ya debe de saberlo. Soy una más de un grupo. Oh… Soy una más dentro de una población que está harta de lo mismo.

—Ino Yamanaka, es usted hábil. Sin embargo estoy aquí porque también quiero libertad, todos anhelamos eso.

—¿Libertad?

—Sólo conozco dos sentimientos, la preocupación y el odio. ¿No cree que lo más sencillo es disparar?—Sai saca su arma y apunta directo a Ino, ella se queda de pie. Traga saliva lentamente, crece la tensión—, podría disparar en este preciso instante, huir como un animal salvaje y poco a poco ir asesinando a todos y cada uno de ustedes.

—¿Por qué no disparar?

Sai baja el arma y la guarda en su bolsillo. Toma una flor y la olfatea.

—Las flores huelen bien, nunca me había puesto a pensar en ello. Ino, yo no entiendo los sentimientos de los demás, no entiendo la expresión que acaba de poner. ¿Es eso que le llaman miedo? ¿Tiene miedo de vivir? ¿Quiere vivir?

—No puedo decir nada, no puedo confiar en usted—Ino frunce su ceño—, ¿a qué viene todo esto?

—Me sincero con usted, quiero asesinar al general Ikari y a Danzo Shimura.

—¿Está diciendo que quiere asesinar al dictador? ¿Un miembro de raíz quiere revelarse?

—Entonces vuelvo a preguntar, si le doy mis motivos ¿creería en mí?

Ino titubea. Juega con su cabello y mira a Sai con suma desconfianza. Su vida siempre peligraba, desde que era niña supo lo que era estar entre la delgada línea entre la vida y la muerte. Siempre perseguida por sus ideas desde que era una adolescente, y ahora aparece frente a ella un miembro de raíz diciendo que quiere asesinar a Danzo Shimura. Ino no quiere dar un paso en falso, ella no quiere traicionar a los suyos.

—No confiaría en usted. Retírese por favor.

Sai sonríe nuevamente con cortesía y deja un billete en la mesa. Toma la flor que ha olfateado y la guarda en su chamarra de piel negra.

—Algún día va a tener que confiar.

(VIII)

Mi mente está perdida

Sai con paso firme camina hacia el cuartel general. Ve rostros conocidos, pero otros están cubiertos por máscaras de animales. Todo mundo trae consigo una pistola. Él se siente extraño pues viste de civil, incluso se ha dejado crecer un poco la barba. Se siente cansado de lo mismo, pero ha pasado ya alrededor de siete meses desde que está espiando al grupo de los siete y no ha cazado a ninguno de los rebeldes. Sabe bien porque lo han mandado llamar, y conoce bien el castigo por su tardanza. No espera misericordia ni perdón del General Ikari y sus compinches, tampoco espera que comprendan su retardo.

El General Ikari está ahí, con sus guantes de tela blanca y sus lentes oscuros. Junto al comandante, están dos hombres con máscara de león y gato respectivamente. Son custodios de Ikari. Sai alguna vez estuvo junto al comandante, escondido detrás de una máscara protegiéndolo. Protegiendo a aquello que desea matar.

—Ha pasado tiempo, Sai. ¿Tan difícil es cazar a siete pequeños ratones?

—No.

—Esperábamos los cuerpos, muerte. No esperamos que tú vinieras con un simple no como respuesta. Esto es ANBU-Raíz y lo sabes. Somos los entes que le damos vida al pueblo. Somos el orden dentro del caos, Sai.

—Lo sé.

—Y si lo sabes, ¿por qué no los has matado?

Sai ve como el General Ikari se acerca a él, ya está preparado para el castigo. Entonces, Ikari le suelta la primera cachetada. Eso apenas es el inicio.

—No te quedes callado, ¡te he hablado!

Otro golpe. Sai deja de hablar, no tiene respuesta. ¿Por qué no los ha matado? Después de todo sólo debía disparar.

Otro más y otro. De repente él ya está en el suelo, puede sentir como su mandíbula está desencajada. Pero eso apenas es nada.

—Oh Sai, detesto cuando no respondes. Eso me parte mi corazón, eso me lastima Sai.

. . .

. . .

Una recámara de cuatro paredes, oscuras y mugrientas. Es la sala de la tortura. La conoce bien, la ha conocido desde hace diez años pero por buena conducta casi no está ahí. Su pecho duele, pero no entiende por qué. Al final no logró que ella creyera en él. Hubiera deseado que ella fuera más accesible desde el inicio. Pero todo está ya planeado, si el muere en la habitación ya tiene un plan de reserva, un plan que los de ANBU-Raíz nunca sabrán.

—¿Cuál es tu propósito?

—Matar.

—¿Por qué no mataste a quién se te encomendó?

—No quise.

—¿Por qué no quisiste?

—Por que no.

—¿Cuál es tu propósito?

—Matar.

—¿Y por qué no mataste?

—No quise.

—¿Por qué no?

—No quise.

—¿Eres capaz de hacerlo, Sai?

—Soy capaz.

—Entonces mátalos.

—No quiero.

—¿Por qué no quieres?

Sai empezaba a asquearse, odiaba esa tortura. Esa sala de tortura donde lo que más dolía era la mente. Los golpes no importaban, pero la mente sí.

(IX)

El papel que esconde un verdadero deseo

Ino se levanta con pesadez. Su estómago está revuelto pues ha tenido un sueño bastante extraño, uno en donde ese hombre de Raíz estaba sufriendo de verdad. Ella creía firmemente en los sueños y desde niña estaba interesada en saber todos los significados, su madre le decía que los sueños estaban relacionados entre las personas y que estos tenían un significado muy peculiar. Ino creyó y creció con ese pensamiento. Pero nunca imaginó soñar a aquel hombre pálido y extraño con quién sólo conversó dos veces.

No recordaba bien su rostro, ya que ni siquiera se atrevió a mirarlo por el miedo. Ella tenía miedo de él y de lo que él pudiera llegar a hacerles. Pero lo soñó, sintió su sufrimiento, vio en ese sueño como lo golpeaban en una celda parecida a la de una cárcel y lo zarandeaban y lo que más le atormentaba es que ya no lo veía merodear por la calle.

Se abrazó a sí misma y miró el clavel —ahora marchito— que un día él compró para ella. Ahora se sentía culpable de no haberlo escuchado. ¿Y si él no mentía? Tal vez debió confiar en él cuando se lo pidió.

En la florería las cosas siguen con tranquilidad. En la televisión pasan los mismos anuncios patrocinados por el gobierno una y otra vez. Le asquean pero debe verlos, por al menos veinte minutos para poder ver las noticias —falsas, por supuesto— y saber que está pasando en el mundo. Aunque bien sabe que esas son meras apariencias para lo que en realidad pasa.

Ino tararea una canción en voz baja, una canción que solía escuchar cuando era niña y aún existían los Hokages. Tiempos donde la gente salía a las calles de noche a bailar y a comer dangos. Noches en las que la gente se reunía en sus casas a comer carne asada y disfrutar de un cielo estrellado. Esos eran los días que ella recuerda, tiempos que en su mente aún siguen vagando como lagunas, pero que sabe bien que un día fueron reales. Los atesora como nada en el mundo.

Las campanas de la florería tintinean, ella cree que es por el inusual viento. Pero no es así. Es Sakura quién sonríe, aparentemente se ve normal, pero entre ellas tienen su código.

Ino, esta situación es complicada. Si algún día alguien está en riesgo o hay información relevante haré sonar las campanas con mis manos, tintinearan y entonces tú sabrás que debes sonreír y guardar la calma. Fingirás que nada pasó, te pediré flores para mi madre, te pagaré y no tendrás cambio, saldré e inmediatamente, harás maletas y tratarás de huir.

—¡Hola!

—Hola Ino, ¿me puedes vender las flores que le gustan a mi madre? Ya sabes, ella está sensible por el aniversario de mi padre.

—Claro, eran…

—Girasoles.

—¡A la orden!

Ino sigue tarareando la canción, sin embargo la atmosfera es densa y lo saben. Los ojos de Sakura no mienten, ojalá pudieran comunicarse de forma telepática y saber qué es lo que sucede realmente. Los ojos de Sakura gritan que hay peligro, la mirada habla de forma muda.

—¿Cuánto será?

—50 yenes, Sakura.

Sakura le entrega un billete de 100 yenes. Pero Ino siente como Sakura también abajo del billete la entrega una hoja de papel finamente doblada.

—No tengo cambio Sakura, eres el primer cliente de hoy.

—¡Hey, no hay problema!—de nuevo esa falsa sonrisa—, para la próxima me das el cambio.

—Seguro.

De ese modo, ve a su amiga alejarse y sostener los girasoles. Aunque nota un ligero temblor en sus manos, Sakura no es tan buena fingiendo.

Ino suelta un respingo, ¿qué está pasando entre el grupo de los siete?

"… Hola señorita Yamanaka. ¿Algún día va a confiar? El clavel debe estar marchito, y entre estas líneas escribo lo que podría ser lo último. Le pido que confíe. Posiblemente cuando reciba esto, es porque estaré igual que ese clavel, pero descuide, es parte de este ciclo. Sugiero que confíe, incluso puede confiar en mí aunque sea ya ese clavel. Me han cazado (o me cazarán) y con ello, no podré cazarlos. No diré que hubiera sido placentero cazar a siete pequeños ratones. Pero cuide sus espaldas, ahora más que nunca. Confíe. ¿Qué necesidad tengo ahora de mentir? Las trampas de ratones están puestas, y no seré yo quien las ponga. Huya".

(X)

Orden. Progreso. Pero en el mundo lo único que hay es desorden y siempre tenderemos a ello.

Sai mira el techo, ya no duele su cuerpo ni su mente. Se siente como en una pequeña burbuja, encerrado en un mundo que no tiene pies ni cabeza. Por más que le hayan metido ideas, y por más tortura, en el fondo algo le dice que debe terminar con el hombre que destruyó a su hermano.

No hay fuerzas para apretar sus puños y desear en voz alta el asesinato de Danzo. Lo desea como nunca ha deseado algo. Lo quiere. Anhela verlo revolcado en el piso. Pero debe ser él quién cumpla esa venganza. Y no sólo Danzo, sino el general Ikari. Ese hombre que hizo que su hermano muriera de forma cruel.

Se escucha ruido por doquier, es la alarma. Sai sabe que esa alarma suena sólo cuando solicitan a todos los escuadrones Raíz. El estaría ahí, pero no puede, y seguramente lo dejarán ahí, olvidado.

Entonces, escucha el sonido de la puerta. De forma silenciosa, un miembro de ANBU-Raíz se acerca, en una de sus manos trae una jeringa. Sai no quiere morir de ese modo, no quiere que le den esa muerte. Le es vergonzoso.

¿Después? Después ya no siente nada.

. . .

. . .

Ino siguió las indicaciones que le dio Naruto Uzumaki y en un futuro seguirá algunas más. Ahora no sabe exactamente si fue lo mejor o no. Ella no confía en las personas, ella no lo hace. ¿Qué la hizo cambiar? ¿Fue acaso esa nota?

Konoha está movilizada, pues ahora son más personas quienes se han unido a un cambio. Paros laborales en toda la ciudad, cierres de autopistas y también de instituciones hospitalarias. Pero la ciudad está teñida de rojo, es un día rojo.

Recuerda las palabras de Naruto, él se enteró primero de la nota de ese agente raíz. Inmediatamente recibió una llamada telefónica, después de que Sakura se marchó del local. Cuando Naruto marcaba a su celular nada bueno significaba.

—¿Ya sabes que hay que hacer, verdad Ino?

—Lo sé, pero…

—Los claveles no se han marchitado Ino, yo lo sé.

—Eso quiere decir que…

—Ve a la estación de trenes del sur. En unas horas habrá pánico en la ciudad, toma el primer vagón. No importa a donde.

—¿Y ustedes?

—Créeme Ino, estamos mejor que tú. Además él habló de confiar… Me encargaré de ver si eso es cierto.

(XI)

El hombre de dos caras

Correr. Correr. Correr.

Correr. Correr. Correr.

Correr. Correr. Correr.

Eso hizo Ino hasta que sus pies se sintieron a estallar. Toma un breve respiro mientras sujeta su estómago e intenta no derrumbarse en medio de la calle, quiere vomitar, desea tirarse y descansar.

Pero eso no sucede. Su sangre se siente helada en cuanto la sujetan de los hombros y le piden su nombre. No… Se lo exigen.

Ella sabe quiénes son, son los perros de Danzo que buscan el orden y que ninguno de los habitantes de la antigua Konoha se vaya por el rumbo torcido.

—Di tu nombre.

—Soy…

Caliente. Arde. Duele.

El primer golpe le cala y le toma por sorpresa, ha girado su rostro y ha cerrado sus ojos momentáneamente. Por inercia sujeta su mejilla y contiene las lágrimas. El oficial de ANBU-Raíz le pide su nombre.

Sin embargo, de la garganta de Ino no sale palabra alguna. No escupe su nombre con desdén, lo retiene en el fondo de su pecho y aprieta su estómago para que no salga. Eventualmente el segundo golpe llega y esta vez no la toma tan desprevenida.

Ellos la levantan del suelo y la arrastran, ella a cómo puede mueve sus torpes pies para dirigirse hacia donde quiera que la vayan a conducir. Mira al piso, no escucha. No hay nada que escuchar.

Todo pasa en un instante, en un momento efímero que parece desvanecerse con el aire. Disparos. Ruido. Caos.

Cae ella de nuevo al piso sin ninguna esperanza de salir viva de ahí. Reza, reza mucho para vivir un poco más. Qué irónico, sus rezos salen de su corazón en los momentos en los que no existe esperanza, es en ese momento en el que sabe que todo está perdido.

Sigue rezando, pide que su muerte —de ser posible— no sea dolorosa. Que no tenga que hablar cosas que no quiere decir. Quiere que sea rápida. Si pudiese pedir un deseo, Ino quiere morir tan rápido que ni se dé cuenta de ello.

Los oficiales de ANBU-Raíz que la escoltaban rumbo hacia lo desconocido caen como pájaros muertos. Levanta la vista y lo observa, es otro miembro de ANBU-Raíz con una máscara de tigre. Él tiende su mano.

Ino no quiere confiar, ¿cómo confiar cuando la vida te ha quitado todo lo que alguna vez tuviste?

Pero él le muestra en la palma de su mano un clavel fresco, no está marchito. Ino entiende de qué se trata todo y rompe a llorar. Llora como una niña pequeña y deja salir de su garganta aquellos lamentos.

Toma su mano, aquella mano que está manchada de sangre. Y aunque esté manchada por el pecado del asesinato, no se siente en peligro. Se siente protegida por primera vez en muchos años.

—Ino Yamanaka—dice él con voz monótona—, después de todo el clavel no se marchitó.

—Gracias…

—Escúcheme bien porque no diré esto dos veces. Actúe como si le estuviera torturando— Ino alza sus ojos y ve a través del hombre de las dos caras, quiere saber más de él—, la llevaré al lugar más seguro de Konoha y de ahí escapará. Lo que haga después de eso, no me interesa.

Ino parpadea con nerviosismo y respira de forma agitada. Ahora el agarre de ese hombre es realmente fuerte, como si quisiera retenerla.

Ese día, llovió sangre en Konoha. Las cabezas rodaron y el caos se desató.

—Pero…

—¿Confiaría en mí esta vez?

Ino asiente.

—¿Qué pasará con usted?

—Tengo asuntos pendientes en Raíz. Aún no puedo eliminar a quién maneja todos los hilos negros.

—¿Por qué hace esto?

—Me recuerda a Miss Ayame—responde él con la mirada pérdida—, la primera persona que me trató como un ser humano.

—Pero… Ellos lo matarán—dice en voz baja—, estás ayudando a una persona que se opone a este gobierno, ellos te dijeron que nos matarás y…

—Estoy aprovechando dos cosas, la primera el caos que se ha desatado en toda la ciudad y la segunda cosa es que estoy aprovechando la vida que se me ha concedido después de mi muerte.

Ino abre sus ojos con miedo. Las pupilas se agrandan, se hacen viscosas. La sangre se vuelve fría.

—¿Cómo se llama en realidad… Sai?

—Soy el hombre que no tiene nombre, Ino.

(XII)

El ciclo sin retorno

—El grupo de los siete sigue haciendo sus movimientos.

Sai escucha atento a lo que el General Ikari le dice. Asiente. No responde.

—Han pasado trece meses desde aquél levantamiento que cobró la vida de muchos miembros de ANBU-Raíz y civiles. Tanta sangre se derramó ese día. Pero ni una gota fue la de esos siete. Debería dudar de ti Sai.

Sai asiente.

—¿Quién te dio un nombre? ¿Quién te dio una identidad? Fuimos nosotros. ¿Cuál es tu propósito? Matar. Asesinar. Y entonces te pregunto, ¿por qué no hacerlo? Esta es tu última oportunidad Sai, queremos que los mates. Pero primero, necesitamos que asesines a la mujer.

Sai asiente.

—Sakura Haruno o Ino Yamanaka. Ambas esconden secretos detrás de su bonita cara, sin embargo Ino Yamanaka sabe mucho más, demasiado. Su padre trabajaba para el antiguo Hokage, cuando aún existía el régimen. Su padre le enseñó tácticas ocultas de espionaje, ella las conoce y ella sabe todos los secretos del antiguo gobierno. Desde el asesinato de Inoichi Yamanaka, Ino intentó tomar su lugar. Así que ya sabes que hacer Sai. Ella es tu primer objetivo.

—¿Cuánto tiempo tengo?

—Un año. En un año conoce sus secretos. Descubre todo lo que nos sirva para Raíz.

—Así será.

Sai se retira. Fuma un cigarrillo a la salida y mira hacia el cielo. De nuevo debe encontrarse con ella, con la mujer que dejó a las orillas de Konoha aquella noche sangrienta. A la mujer a la que le dijo adiós y a la que pensó jamás volver a ver.

Acaricia su pistola, pero no se siente igual. No quiere traicionarla. Debe apresurarse a lograr sus planes antes de que sea demasiado tarde. Nuevamente juega a ser el hombre de las dos caras.

(XIII)

Cuando los claveles renazcan

Ino cuida las flores y las riega cada mañana. Así ha sido desde hace tiempo. No quiere abrir la puerta por miedo a que la asesinen. Realmente le tiene miedo a la muerte cruel. No ha hablado con sus amigos, no sabe si quiera si todos están vivos. Sabe que Sakura Haruno está con vida, pero que no deben de verse seguido. La vida es apenas eso, es esconderse de la cacería. Es respirar entrecortado por miedo a que te escuchen. Eso es vida en tiempos de caos.

Ino arregla las plantas. Cuida que no se marchiten y les da un poco de su amor. Lo poco o nada que queda se los da. Solo ahí puede sentir que la vida puede renacer una y otra vez, sólo en su florería. Vivir después de una muerte anunciada es un milagro que no puede desaprovechar. Cada día lo recuerda, y cada día reza porque él esté bien. Confía en él. Sabe que es buen hombre a pesar de haber asesinado a muchos hombres.

Piensa en aquella noche de hace trece meses, cuando él le dijo un corto adiós y se marchó. Realmente fue la despedida más corta y extraña de su vida. Aquel oficial ANBU-Raíz deseaba venganza, deseaba ver morir a Danzo Shimura e Ino quería ayudarlo.

Cada día pensaba en esa noche y en lo que pudo haber pasado si él no la hubiese ayudado. Cada noche se abraza a sí misma pensando en que él ni siquiera tiene un nombre real. Cada mañana respira el aire fresco pensando en que él ni siquiera puede permitirse aquello. Cada madrugada toma un vaso con agua y mira la luna por momentos, imaginándose que él debe estar pasándosela muy mal, si es que aún vive.

Sai. El hombre cuyo nombre no es real. El hombre sin nombre.

Y él aparece ahí frente a ella. Un cigarro en la boca y en cuanto la ve lo tira al piso y con la punta de su zapato lo apaga. El humo se disipa y ella deja caer una maceta. El ruido aparece y en consecuencia él se agacha para tomar los pedazos de aquella maceta de barro. Le da los pedazos.

Para ella, la aparición de Sai se trata de un milagro. Un milagro que sabe a peligro, un anuncio de una tragedia próxima.

—Buenos días—saluda Sai con una sonrisa—, es un buen día hoy ¿no cree señorita Yamanaka?

Ella asiente, su corazón late de forma dolorosa y sus manos apenas y pueden controlarse.

—Sí… Es un buen día.

—Me da claveles—dice mientras sostiene un billete.

—Claro, ¿envueltos o…?

—Son para usted. ¿Cómo los prefiere?

Alguna vez Ino fue una persona que le agradaba jugar con los hombres y con sus sentimientos. Alguna vez le gustó verlos sonrojarse y ser pícara con ellos. Le gustaba ese juego del ligue, el sentimiento del romance sin formalidades. Pero ahora era diferente. Estaba congelada. No sabía si era de miedo o que sucedía. Apenas y se podía mover. Cuando Sai se aparecía nada bueno traía consigo.

—Sai, ¿sucede algo?

Sai entiende la mirada de terror de Ino y su expresión de dolor. No hace falta decírselo, y espera que sea lo suficientemente inteligente para percatarse de todo.

—Pasa que hoy es un buen día, hoy renacen los claveles.

Sai le extiende el billete y espera que lea el mensaje. Ino lo toma con duda y se queda con los claveles.

—Buen día, señorita Yamanaka.

Ino lo ve alejarse entre el pasillo y también lo ve cerrar la puerta. Las campanitas de la puerta tintinean y ella apenas puede respirar. Ve el billete esperando no encontrar nada, sin embargo ahí está un mensaje. No quiere leerlo. Quiere pensar que las cosas son diferentes, que el mundo es diferente y que lo que le acaba de ocurrir es algo llamado enamoramiento. Pero eso no puede ser, no en tiempos de caos y destrucción.

"Si lee este mensaje hágalo bajo su riesgo. Nos vemos en la puerta Sur mañana a las doce de la madrugada. Absolutamente todo tiene su debida explicación"


N/A ¡Hola! Espero que los personajes no hayan quedado OoC. Y si acaso alguno lo ha quedado, al final se entenderá todo. En el siguiente capítulo será el final y pondré un cartelito con una segunda advertencia ya que la última parte más que angst es un dark fic.

Sin más, me despido. Mañana coloco la siguiente parte, espero les haya gustado.

Si fue así, un review siempre me animaría mucho.

¡Saludos a todos!

Blossom Lu.