Capítulo 10
La luz era tan brillante que Legolas tuvo que protegerse los ojos con una mano. Cuando el brillo disminuyó, una puerta apareció ante él. El príncipe la miró, temeroso.
"¿Qué estás haciendo aquí?" –dijo, de repente, una voz a sus espaldas.
Legolas se dio la vuelta al instante.
"¿Kel? –Legolas se quedó atónito-. ¿Qué estás haciendo aquí?"
Keldarion, su hermano mayor que había navegado a Valinor hacía un año, estaba de pie ante él con los brazos cruzados sobre el pecho.
"Yo te lo pregunté primero."
"Bueno, esta es la entrada a las Salas de Mandos…"
"Ya me he dado cuenta. ¿Pero por qué estás aquí?"
"¿Porque estoy muerto? -Keldarion alzó la mano y le dio un golpe en el centro de la frente-. ¡Ow! ¿Por qué has hecho eso?" –gritó Legolas, frotándose el lugar enrojecido.
"¡No estás muerto, idiota!"
"¿Ah, sí? ¿Entonces cómo llegué hasta aquí?"
"¡Porque te estás rindiendo! Vete, Legolas. Este no es tu lugar."
"¿Y quién lo dice?"
"¡Lo digo yo! ¡Así que regresa ahora mismo! Date la vuelta. ¡Shuuuu!"
"Vamos, Kel. Parece un buen lugar. No hay dolor, ni lágrimas, ni sufrimiento."
"Sí, claro –se mofó Kel-. Todavía estás en la puerta. No has mirado dentro."
"¿Qué hay dentro?"
"No lo sé. Nunca he entrado."
"En serio, Kel. Déjame entrar. No puedo volver a ese lugar miserable."
"¿Así que vas a romper tu promesa?"
"¿De qué hablas?"
"El día en que me fui me prometiste que nunca entrarías aquí, Legolas. Juraste reunirte conmigo en las Tierras Imperecederas. ¿No te acuerdas?"
"Oh. Es verdad."
"Mírate. ¡Solo llevo un año ausente y ya te has metido en otro lío! ¡Pensaba que eras más fuerte que esto!"
"¡Y lo soy! ¡Créeme! ¡Pero no puedo soportarlo más! ¡Es demasiado, Kel!"
"¿Así que te quedarás aquí y me dejarás esperando para siempre?"
Legolas bajó la cabeza y se miró los pies.
"Quiero ir contigo. Te echo mucho de menos, Kel."
"Yo también, pequeño, pero no volveremos a vernos si pasas por esa puerta. Así que vuelve y haz lo que haga falta para seguir con vida. Sé un cabezota y lucha, ¡y nunca te rindas! Ahí no hay lugar para ti. Vuelve a casa, donde te necesitan."
Legolas se lanzó a los brazos de su hermano y lo abrazó con fuerza. Entonces sintió cómo Keldarion le acariciaba el pelo y susurraba:
"Esperaré por ti, Legolas. Esperaré por ti. No me decepciones…"
Keldarion empezó a cantar. Era una vieja canción de cuna de la infancia de Legolas y con ella le hizo sentirse mejor.
Y entonces, dejó de ser la voz de Keldarion lo que oía…
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Legolas abrió los ojos y vio que Elladan lo observaba desde arriba. El elfo mayor cantaba suavemente, mientras que Aragorn y Elrohir estaban sentados a su lado, sosteniendo sus manos para darle apoyo.
"Hey, Legolas. ¿Decidiste volver con nosotros?" –se las arregló para decir Aragorn a pesar del nudo que tenía en la garganta.
Legolas sonrió débilmente, y con eso, los tres hermanos de Rivendel lo abrazaron. Se quedaron así un minuto, contentos de tenerlo de vuelta… por milésima vez.
"¡Casi nos matas de preocupación!" –dijo Elrohir después de separarse.
Legolas se rio suavemente e hizo una mueca. Inmediatamente se llevó una mano al cuello y tocó la mezcla de hierbas que tenía allí. Elladan le apartó la mano.
"No lo toques, déjalo ahí. Ayudará con la hinchazón."
Cuando Legolas abrió la boca para hablar, Aragorn se lo impidió.
"Tampoco hables. Tu garganta está muy hinchada. Déjala sanar."
Pero el príncipe sacudió la cabeza y abrió la boca otra vez.
"C… Ca… yel" –susurró.
Los demás hicieron una mueca al oír lo mal que sonaba su voz. Parecía que estaban rozando dos papeles de lija.
"¿Cayel? ¿Quieres ver a lord Cayel?" –preguntó Elrohir.
Legolas sacudió la cabeza, con los ojos brillando de furia.
"¿Cayel te hizo esto?" –preguntó Elladan, confirmando sus sospechas. Legolas asintió.
"¡Ese gusano bastardo!" –gritó Aragorn, apretando los puños.
"¡Lo sabía! ¡Tiene que estar detrás de todo! –gruñó Elrohir también, furioso-. Se dio mucha prisa en tomar el control ahora que tu padre está fuera. Tampoco creo que fuera verdad que los orcos mataran a Thranduil. Seguro que lo hizo con… sus propias… manos… err… ¿Legolas?"
Legolas acababa de palidecer al oír las últimas frases de Elrohir. El gemelo también perdió todo el color del rostro.
"¡Valar! Me olvidé… de que no… lo sabías… ¿verdad? ¿Que el rey está muerto?"
Legolas sacudió la cabeza en negación, y mirando a sus amigos, suplicante.
"No… -intentó decir, pero su voz sonó más bien como el gemido de un animal herido-. ¡No!"
Se sentó de golpe y retrocedió, intentando huir de las manos de sus amigos.
"Legolas" –lo llamó Aragorn en un intento de evitar que tuviera un ataque de ansiedad.
Legolas acababa de abrazarse a la parte inferior del tronco de un árbol, aferrándose a él en medio de su desesperación. Las lágrimas le caían por las mejillas y sollozaba y gemía, inconsolable.
Era desgarrador. Los hermanos de Rivendel vieron cómo su cuerpo se estremecía con silenciosos sollozos y, por segunda vez esa noche, lloraron al presenciar el tormento de su amigo. Sin querer dejarlo sufrir solo, se acercaron a él y Legolas se encontró siendo abrazado por ellos una vez más.
"No te rindas, Legolas. No te rindas" –susurró Elladan, secándole las mejillas.
"No estás solo. Estamos contigo" –añadió Elrohir, acariciándole la cabeza.
"Cogeremos a la basura que te ha hecho esto –prometió Aragorn, con la mandíbula tensa. Cogió la mano de Legolas con firmeza y se la llevó a los labios-. Pagará. Te vengarás, Legolas. Lo juro."
Sollozando débilmente, Legolas dejó que los hermanos lo consolaran, pues sus fuerzas le habían abandonado de golpe. Poco después de quedó dormido, exhausto, todavía en brazos de sus amigos. Lo tendieron con cuidado en las mantas y lo cubrieron con ellas. Elladan comprobó la mezcla de hierbas que tenía en el cuello y se la cambió.
"¿Qué deberíamos hacer ahora?" –preguntó Elrohir en voz baja.
"Tenemos que dejarle sanar primero, ¡y luego volveremos al Bosque Negro a por ese traidor!" –Aragorn lanzaba miradas asesinas en dirección al palacio.
"Eso no nos toca decidirlo a nosotros –dijo Elladan, mirando al elfo dormido-. Se lo dejaremos al nuevo rey."
