Capítulo 14
"Legolas. No" –Aragorn lo detuvo cuando lo vio hacer el amago de quitar la sábana que cubría el cuerpo que estaba encima del altar.
Legolas lo miró con determinación.
"Debo hacerlo, Estel. Tengo que verlo por última vez."
"Pero no va a ser agradable."
Legolas sonrió débilmente.
"Lo sé. Pero es mi padre" –dijo, justo antes de destapar el cuerpo… y estuvo a punto de desmayarse al verlo.
El cuerpo era irreconocible por lo quemado que estaba, completamente desfigurado. Nunca había visto nada igual y saber que era su padre lo mataba por dentro.
Aragorn y los gemelos tuvieron que apartar la mirada, pero Legolas no lo hizo. En su lugar, alargó una mano y sujetó con cuidado la mano de su padre. Quería decir algo, pero no le salían las palabras.
El tiempo pasó y Legolas seguía sin moverse, sujetando la mano quemada. Estaba en tal trance que no fue consciente de la repentina conmoción en la entrada de la cámara. Ni siquiera se dio cuenta de los suspiros de Aragorn y los gemelos.
"¿M… mi señor? –lo llamó Jaden con timidez-. Mi señor Legolas, hay… err… alguien que quiere verte."
Legolas respiró hondo, cubrió el cuerpo con una sábana y se dio la vuelta lentamente. Al tener la mirada baja, lo primero que vio fue un pequeño individuo que llevaba tiempo sin ver. Helado de sorpresa, murmuró.
"¿Gimli? ¿Qué haces aquí?"
El enano, que se había hecho su amigo hacía cien años, frunció el ceño.
"¿Yo? ¿Que qué hago yo aquí? ¡Elfo loco! ¿No puedes ver la persona que está a mi lado?"
Legolas miró un poco más arriba y vio la alta figura a la derecha de Gimli… e instantáneamente se sintió abrumado por las emociones.
"No puede ser…" –intentó farfullar, pero no emitió sonido alguno. No podía creer lo que veía. ¿Estoy soñando?
Legolas avanzó hacia adelante con los brazos estirados, pero había pasado por muchas cosas recientemente. Y a eso había que sumarle la herida que aún sangraba en su costado y el cansancio de la lucha reciente. Todo eso se sumó y se le desenfocó la visión, a la vez que se sentía más y más ligero… y luego todo se desvaneció.
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La primera persona que vio al volver en sí fue Aragorn, que estaba concentrado en vendar la herida de su costado. El montaraz sonrió.
"Me alegro de verte despierto, Legolas."
Pero Legolas cerró los ojos, murmurando.
"¿Fue solo un sueño? –lágrimas de decepción empezaron a caerle por las mejillas-. ¿Por qué? ¿Por qué tuve que soñar algo así?"
"¿Fue un sueño tan bueno?" –comentó una voz conocida de repente. Legolas abrió los ojos de golpe y giró la cabeza hacia la voz, para ver el querido rostro de su padre sobre él.
"¿Padre…? –Legolas parpadeó varias veces, pensando que se trataba de una alucinación. Pero no, su padre seguía allí, sentado en la cama a su lado y acariciándole la frente recalentada por la fiebre-. ¿De verdad… eres tú?"
Legolas levantó una mano temblorosa y recorrió con los dedos el hermoso rostro del elfo mayor. Thranduil dejó que su hijo le tocara la nariz, las mejillas, los ojos, el pelo…
"Sí, soy yo, pequeño. Soy yo."
"¡Padre! –Legolas se sentó de golpe y se lanzó a los brazos de Thranduil, sollozando descontroladamente-. ¡Pensé que estabas muerto! ¡Valar! Creí que ya estabas muerto…"
"No, no lo estoy, hijo. Estoy aquí. Estoy aquí. Shh… ya todo estará bien…" –Thranduil abrazó a su hijo con fuerza mientras lloraba. Ni siquiera se dieron cuenta de cuándo Aragorn salió de la habitación en silencio para darles privacidad.
"¿C… cómo? ¿El cuerpo…?" –Legolas se separó un poco de su padre y lo miró. Le estaba resultando muy difícil seguir todos los eventos.
"Era Linden –Thranduil le besó la frente y empezó a contarle cómo el comandante los había rescatado a ambos y había muerto en el proceso-. Estábamos ya en la puerta cuando una viga en llamas colapsó. Fue muy valiente. Me empujó hacia la salida en el último segundo… pero no le dio tiempo de ponerse a salvo."
"Oh, Linden… no…" –Legolas empezó a llorar otra vez, pensando en el sacrificio que había hecho por el rey. Thranduil volvió a abrazarlo con fuerza.
"Debido al empujón me caí por el acantilado que había detrás de la cabaña y caí en el río. Al principio estaba desorientado, pero luego nadé hasta la orilla y luego colapsé, inconsciente. No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando desperté me encontré cara a cara con un grupo de enanos."
"¿G… Gimli? –Legolas lo miró, con los ojos como platos por la incredulidad. Así que no me lo imaginé. Antes lo vi-. ¿Conociste a Gimli?"
Thranduil sonrió, divertido, mientras le secaba las mejillas.
"Sí, ya conocí a ese maldito amigo tuyo. ¡Es tremendo, ese enano! ¡No paraba de preguntarme que qué había pasado con mi hijo, el elfo loco!"
Entonces Thranduil le contó cómo los enanos habían tenido una discusión. Gimli quería ayudar a Thranduil a rescatar a Legolas, pero los demás no estaban de acuerdo y opinaban que los elfos debían encargarse de sus propios problemas. Y luego Gimli había estallado de rabia.
"¡Las arañas eran nuestro problema hace cien años, pero los elfos del Bosque Negro nos ayudaron a matarlas! ¡No sé ustedes, pero yo odiaría deberles un favor para siempre! ¡Que nos deban una ellos, para variar!"
Y tras esas palabras, los otros enanos estuvieron de acuerdo. Volvieron a la cabaña, pero no encontraron a nadie, así que siguieron hacia el palacio, solo para enterarse de que Legolas y sus guerreros ya se habían encargado de todo.
"Los enanos estaban tan decepcionados… -se rio Thranduil-. Se morían de ganas de que les debiéramos un favor –el rey le besó la parte superior de la cabeza-. Estoy tan orgulloso de ti, hijo. Me dijeron lo que hiciste para recuperar el palacio. Eres un verdadero rey."
Legolas sacudió la cabeza.
"No quiero ser rey."
"Oh, pero ya lo eres, Legolas. Ya te has convertido en uno –Thranduil le apoyó la cabeza en la almohada y le acarició la frente-. Duerme. Necesitas descansar."
"Pero Linden…"
"Será enterrado con todos los honores, pero cuando puedas asistir. Así que duerme."
"No me dejes…" –susurró Legolas, justo antes de que se le desenfocaran los ojos.
"No lo haré. Nunca volveré a dejarte. Lo prometo" –contestó Thranduil, acariciándole la cabeza con cariño. Entonces miró con tristeza la herida de su cuello. Todavía se moría de ganas de correr a las mazmorras y matar a Cayel por lo que le había hecho a su hijo, pero no se atrevía a dejar el lado de Legolas. No después de todo lo que había pasado.
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Cuando Legolas se despertó al día siguiente, se encontró mirando la cara barbuda de un enano. Un poco sobresaltado, el príncipe se quedó inmóvil y parpadeó, confuso.
"¿Gimli?"
El enano bufó.
"¿Quién va a ser si no?"
Legolas sonrió ligeramente mientras se sentaba. Entonces también se percató de otra presencia, Aragorn. El hombre se acercó con una taza en las manos.
"Ten. Bebe."
Legolas arrugó la nariz, disgustado. Ya sabía lo que había dentro de la taza.
"No lo creo."
"Bien. ¡Llamaré a los gemelos para que me ayuden a agarrarte con Gimli y así tendrás que bebértelo a la fuerza!"
Legolas le lanzó una mirada amenazadora, pero terminó bebiéndose la taza. Se lo tragó todo de una vez y luego hizo una mueca de asco.
"Ya está. ¿Contento?"
Aragorn sacudió la cabeza mientras cogía la taza.
"No es eso, mi amigo. Sé que odias la poción, pero la necesitas para recuperarte antes."
El príncipe desvió la mirada hacia el suelo, arrepentido por desquitarse con el hombre.
"Lo siento. Sé que no lo haces por molestar -Aragorn sonrió en respuesta-. ¿Así que has conocido a Gimli?" –continuó, cambiando de tema.
"¡Claro que me ha conocido, elfo loco! –dijo Gimli-. ¡Si está justo delante de mí!"
"Guau. Hoy estás muy gruñón" –comentó Legolas, divertido.
"¿Yo? ¿Gruñón? ¡Pues deberías ver a Tarang!"
"¿Tarang está aquí?" –Legolas abrió los ojos como platos. Él y Tarang tenían un pasado bastante turbio, pues dicho enano lo había secuestrado y mantenido cautivo durante días.
"Sí. ¡Y está furioso porque no le dejaron elfos de Redwood que matar!" –continuó Gimli. Legolas no pudo evitar reírse al oír eso.
"Gracias, Gimli. Mi padre me contó cómo insististe en ayudarnos."
El enano se avergonzó un poco.
"Bueno, en realidad no hicimos nada. Solo lo acompañamos hasta aquí."
Sonriendo, Legolas le apretó un hombro.
"Aun así estoy en deuda contigo."
"Si tú lo dices, Legolas –dijo Gimli. Entonces se entristeció-. Acabo de enterarme de que tu hermano Keldarion navegó. Lo siento. Sé que eran muy cercanos."
Legolas asintió, agradeciendo su preocupación. Entonces miró a su alrededor y preguntó:
"¿Y mi padre? ¿Dónde está? ¿Está bien?"
"Está bien, Legolas. Solo cansado. El rey pasó la noche entera aquí vigilándote y se negó a salir ni un minuto. Al final, los gemelos lo convencieron para que comiera en el comedor" –respondió Aragorn.
Poco después, la puerta se abrió y Thranduil entró. Enseguida se le alegraron los ojos al ver que Legolas estaba despierto.
"Bien. Estás despierto. ¿Cómo te sientes?"
Gimli se hizo a un lado cuando Thranduil se acercó y se sentó en la cama al lado de su hijo. Legolas le sonrió y le cogió la mano.
"Un poco dolorido, solo eso… gracias a esa maldita poción. No te preocupes, padre. Estaré bien."
"¡Oh! ¡Casi me olvido! –exclamó Aragorn de repente. Fue a la esquina a coger su morral y sacó un paquete. Entonces volvió a la cama y le dio la carta de Narasene al príncipe-. Tu amada te envía esto."
"¿Tu amada? –Gimli alzó las cejas-. ¿Tienes novia, Legolas?"
"¡Calla, Gimli!" –Legolas se sonrojó y el enano se rio mientras se ponía en pie.
"Será mejor que baje y coma algo. ¡Estoy famélico! Dime que hay cosas que no sean pan y lechuga. Ya sabes que no soy vegetariano."
Aragorn se rio a carcajadas.
"¡Yo tampoco lo soy! Veamos qué encontramos en la cocina."
El montaraz y el enano salieron de la habitación. Thranduil observaba a su hijo, expectante y Legolas se inquietó.
"¿Qué?"
"¿No vas a leer su carta de amor?"
"Sí, claro… cuando esté a solas. Y no es una carta de amor."
"Oh. Ya veo. ¿Y entonces qué clase de carta es?"
Legolas puso los ojos en blanco.
"Lo normal. Es solo para decirme cómo está."
"¿No es demasiado gruesa?"
"¡Padre!" –se quejó Legolas.
"Vale, vale. No te molestaré más, pero creo que ya es hora de que tenga la esperada charla con Glorfindel."
"¿A qué te refieres? Padre…"
"Creo que su sobrina es maravillosa. Es perfecta para ti. Narasene será una buena esposa."
"Por favor, padre. Todavía no estoy listo para casarme."
"¿Y entonces cuándo lo estarás?"
"Ya te lo diré."
"Sí, ¿pero cuándo? Creo que ya es hora de que tenga nietos."
Legolas gimió.
"No voy a tener esta conversación justo ahora. Déjalo, padre."
"Bien –Thranduil se puso en pie y se dirigió a la puerta-. Te dejaré con tu carta de amor. Y mientras tanto, le mandaré un mensaje a Glorfindel para reunirnos."
Legolas saltó inmediatamente de la cama y lo persiguió.
"¿Reunión? ¿Qué reunión? ¿Qué vas a hacer?"
"Déjaselo a los mayores, hijo."
"Padre, no se te ocurra planear una boda a mis espaldas. ¿Te acuerdas de cuando organizaste una para Kel? Acabamos…"
"…Prisioneros en nuestras propias mazmorras. Sí, me sé la historia, Legolas. Estaba allí. Cálmate, ¿quieres?"
"¿Cómo? ¡Vas a casarme!"
"¿Quién ha dicho que vaya a casarte? ¿Y por qué es tan terrible?"
"¡Porque no estoy preparado!"
Entonces se hizo el silencio y Legolas se dio cuenta de que había seguido a su padre hasta la sala de recepción y estaban en la parte superior de las escaleras. Y no estaban solos.
Legolas miró a su alrededor lentamente y vio que lo observaban. Las doncellas de Lamaris estaban allí y lo miraban con gran interés. Thranduil se reía.
"Olvidé decirte que estas damas de Lamaris llegaron para enseñarnos sus habilidades de costura. Podrían ayudar con tu ropa de boda… si la hubiera."
"Err… ¿y por qué me miran de esa forma?" –Legolas se quedó inmóvil, intranquilo.
"¿Que por qué? ¡Porque no tienes camisa!"
Legolas miró hacia abajo al instante y se quedó sin aliento. ¡Su padre tenía razón! Llevaba el pecho desnudo. Exceptuando el vendaje, estaba totalmente desnudo de cintura para arriba, exponiendo sus músculos ante todas las miradas. Tras sonrojarse escandalosamente, giró sobre sí mismo y corrió hacia su habitación.
Thranduil se rio.
"Ruego perdón, mis señoras. Mi hijo todavía está recuperándose de una grave herida."
En una esquina de la sala, los gemelos suspiraron, exasperados.
"Qué poco nos duró la gloria. ¡Teníamos la atención de todas esas bellas señoritas y de repente aparece nuestro amigo medio desnudo y se giran para mirar!" –gruñó Elrohir.
"Sí. De repente fuimos ignorados" –coincidió Elladan.
Aragorn y Gimli, que estaban al lado, empezaron a reírse.
"¿Por qué no se quitan las camisas también? ¡Vamos a ver cómo reaccionan a eso las señoritas!"
"¡No creo que sea buena idea! –exclamó Gimli-. ¡Podrían asustar a las damas!"
El montaraz y el enano se rieron como locos por el chiste mientras que los gemelos les lanzaban miradas asesinas. Thranduil sonreía de oreja a oreja mientras atendía a sus invitadas, las cuales le preguntaban por la salud de su hijo. La magnífica belleza de Legolas las había cautivado.
Escaleras arriba, en su habitación, Legolas empezó a leer la carta de Narasene y sonrió. Se notaba que le iba muy bien.
En el exterior, el reino del Bosque Negro había recuperado el orden. Los horribles eventos de los últimos días empezaban a desvanecerse de la mente de la gente, aunque no del todo.
Bajo tierra, en una mazmorra, cierto elfo estaba sentado en una esquina. Tenía los ojos entrecerrados y los puños apretados para contener la ira.
"Hasta la próxima, Thrandulions. Hasta la próxima…"
Próximamente: 'Confianza – La amistad de Legolas y Aragorn está en peligro. ¿Cuál ha sido la causa? ¿Y serán capaces de enmendar la situación antes de que afecte a la misión de destruir El Anillo?'
