FANFIC

FANFIC

NOTA IMPORTANTE 1: Este es un capítulo OTAYURI. Si no te gusta esta pareja, te recomiendo saltear el capítulo.

NOTA IMPORTANTE 2: Antes de leer este fic les recomiendo que primero lean el original. Se llama "Éxtasis" y es de EmilySweet104. La historia se encuentra en wattpad.

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Yurio: Eh. Hola. Mi nombre es Yuri Plisetsky y vengo a hacer el trabajo del viejo –se remueve un poco incómodo, estaba sentado en el suelo, sobre una alfombra y detrás de él se puede ver la chimenea encendida. A su lado estaba su amigo- vamos, ayúdame, preséntate.

Otabek: Soy Otabek Altin.

Yurio: Víctor nos pidió que hiciéramos un vídeo porque él y el katsudon tuvieron que viajar a Japón y dijo que iban a estar ocupados haciendo unos trámites en Tokyo y luego se iban a Hasetsu y no se que más. ¿Tú tienes idea de cómo editar videos?

Otabek: Mmm, supongo que es igual que hacer enganchados de canciones.

Yurio: Bueno, genial, y sino le dejamos todo el trabajo al anciano y que él lo edite –abre su laptop que estaba frente a ellos- nos pidió que leyéramos un fanfic, sé de que van porque vi su vídeo cuando él mismo leía uno y la verdad es que me pone un poco nervioso con lo que me pueda llegar a encontrar. Él mismo eligió uno así que… bueno, no sé que más decir…

Otabek: Podrías decir el nombre de la autora.

Yurio: Ah, sí… a ver… cómo es… -miró la pantalla de su computadora- se llama… ¿Cómo mierda se llama?

Otabek: Aquí, Yura –señaló- ahí está el nombre.

Yurio: EmilySweet104. El nombre de la historia es "Éxtasis".

Otabek: Uf, con ese nombre no sé si quiero leerlo frente a una cámara…

Yurio: Pero lo harás, no vas a dejarme solo en esto, ¿No?

Otabek: … -suspira- de acuerdo, leamos.

Yuri: ¿Quieres relatar?

Otabek: No.

Yuri: Ok, lo haré yo.

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Una identificación falsa. Unos borcegos altos. Maquillaje. Mirada segura y voz escandalosa. Yuri Plisetsky no necesitaba más que eso para conseguir lo que le daba la gana. Ah, y una sonrisa ladina, de esas seductoras que durante tanto tiempo había aprendido a practicar frente al espejo hasta que le salió perfecta. Al igual que sus ojos de cachorrito abandonado en un día de lluvia que le ponía a sus padres para engañarlos. Y es que su apariencia de ángel le hacía la vida tan fácil, sabía que la cara de niño pequeño no le duraría para siempre y pensaba aprovecharla lo máximo posible.

Por eso estaba allí esa noche, en la fila para entrar a uno de los clubes más exclusivos de la ciudad. Normalmente asistía a lugares donde pasaran rock y metal, lo más pegado a su estilo. Pero ese día era el cumpleaños de Sala, la novia de Mila.

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Yurio: ¿Sala? ¿Sala Crispino?

Otabek: Supongo que se refiere a ella. Son amigas.

Yurio: Oh, Mila es lesbiana aquí. Quizás le vaya mejor siendo lesbiana que saliendo con todos esos tipos que no le duran ni un mes.

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La fila era larga y la noche bastante fría. No estaba muy abrigado que digamos, y no estaba dispuesto a perder el tiempo esperando cuando tenía su hermoso encanto a su favor.

Así que se acercó a los guardias de la puerta, un par de palabras con su voz baja y suave, una sonrisa ladina, un par de guiños y ya estaban dentro. Claro que uno de los guardias le apretó el trasero al pasar, pero poco le importó.

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Yurio: ¿Qué? ¡Que asco! Me llega a tocar uno de esos gorilas y los muelo a golpes –escuchó una risita a su lado y se volteó a verlo ofendido- ¿De qué te ríes?

Otabek: Acabo de imaginar la situación de ti y un tipo demasiado grande medio muerto en el suelo.

Yurio: Así es como debe ser.

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Yurio (Mila): ¡Oye, Yuri! ¡Vamos a la barra! ¡No te separes!

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Otabek: Pff… ¿Mila tiene esa voz tan gruesa?

Yurio: No pero no pienso cambiar mi voz para interpretar a la bruja. Además es bastante marimacho, no le queda mal.

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La pelirroja le gritó para que su voz pasara a través del ruido que inundaba sus oídos. Le tomó del brazo y le arrastró con ella. Siempre le decía que se sentía responsable e inclusive un poco culpable por llevar a un menor de edad a un lugar donde tenía prohibida la entrada.

Caminaron rápido entre la horda de gente hasta llegar a la barra. Pudo ver una repisa llena de bebidas detrás y se relamió los labios, impaciente. Su semana en la escuela había sido tediosa, necesitaba un trago urgente.

Giró su cabeza y se topó con un par de ojos miel mirándole como si pudiese devorárselo solo con imaginarlo.

Ah, no.

Corrección, el alcohol no era lo único que le relajaba.

También estaba el sexo.

Y, oh dios, Yuri amaba el sexo.

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Yuri dejó de leer, sus mejillas se tornaron rojizas. Ante el silencio repentino, el kazajo lo miró.

Otabek: ¿Yura?

Yurio: ¡Apenas eh besado! ¿Cómo que me encanta el sexo?

Otabek: Déjame recordarte que estás leyendo una historia inventada por alguien, no es una biografía de tu vida. Si quieren pueden poner que eres un científico loco o un vampiro.

Yurio: Mmm…

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Aprovechaba cada fin de semana posible para conseguir aunque sea tres polvos. Mínimo. Con quien sea. No le importaba la edad ni la contextura. Solo quería follar con desconocidos. Era como una mezcla de nervios y excitación, de un morbo inexplicable.

Le sonrió al desconocido con esa manera suya de ser y en seguida obtuvo tragos gratis. Pidió lo de siempre. Era una bebida roja, tan dulce que lograba estremecerle, era su favorita.

Bebió con parsimonia su bebida mientras miraba fijamente al hombre que le había regalado su primer trago de la noche. Este se le puso a hablar, a coquetearle sutilmente. Él solo le sonreía en respuesta. Pensó que podía ser el primer polvo de su larga estadía, pero detestaba a este tipo de imbéciles. Se le ponían a hablar para entrar en confianza, le contaban de su vida, le decían su nombre.

Eso era inquebrantable para él. Odiaba saber sus nombres. Solo quería algo rápido, un choque de miradas, dos palabras y al segundo estar follando en el baño.

Para no seguir escuchando al idiota que tenía en frente, se concentró un poco en la música. Tenía que decir, quien sea el encargado de esa maravilla, era muy bueno.

Antes de que le mandara a volar de la manera más grosera existente, Mila se cruzó en su campo de visión. Ella misma se disculpó con el hombre y llevó a su amigo con ella a rastras.

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Otabek: Dices que… ¿Víctor eligió esta historia?

Yurio: Seh… no sé en qué estaba pensando. Siempre dice que quiere cuidar mi inocencia y blah, blah, blah, pero me pasa una historia donde soy una zorra que folla con cualquiera en los baños de algún antro de mala muerte.

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Ella le había arrastrado al centro de la pista con los demás. Quería volver a la barra a ver a que otro hombre podía engatusar; pero la música se le coló por los oídos sin descanso y comenzó a sentir esa adrenalina, esa hermosa sensación que solo conseguía con sus polvos rápidos y sus tragos dulces.

Cuando quiso darse cuenta, había cerrado lentamente los ojos, su cuerpo empezó a dejarse llevar un poco. No supo dónde quedó el trago que tenía en la mano, ni si el grupo con el que había ido seguía a su alrededor. Solo quería sentirse así toda la noche de ser posible.

Sus caderas se contoneaban con una sensualidad que desbancaba a cualquier rubia sexy salida de revistas, sus brazos se extendieron hacia arriba y se acariciaban entre sí. Por momentos acariciaba su pelo y no podía dejar de lanzar suspiros. Se dejó recorrer por la música, como si ésta le sedujera. Como si ésta le tocara, como si arremetiera contra él, sin descanso.

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Yurio: ¿Es mi imaginación o pareciera que estoy filmando una película porno en vez de bailar?

Otabek: … -sonrojado- eso parece…

Yurio: ¡No te lo imagines! –le golpeó en el hombro-

Otabek: No… no… yo… no estaba imaginando nada…

Yurio: ¡Mhf!

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Al cabo de unos 15 minutos, sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral. Conocía esa sensación. Alguien le miraba. Abrió los ojos un momento sin dejar el baile pero bajando la intensidad. Buscó la mirada que se clavaba encima por sus alrededores, pero todos parecían estar sumergidos en un éxtasis propio. Por un instante levantó la vista y ahí lo encontró.

Soltó un jadeo involuntario ante esa mirada. Estaba acostumbrado a que le miraran con hambre, con ganas de partirlo al medio. Pero esos ojos… esos ojos jamás los había visto en su vida. Era una mezcla de deseos tan extraña, tan intensa. Como si deseara más de lo que él podía ofrecer. Como si mirara más allá.

El Dj…

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Yurio: Apuesto una docena de piroshkis a que el Dj eres tú.

Otabek: Podría ser.

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El Dj le miraba fijamente a la vez que manejaba la música con sus manos y su cuerpo le acompañaba. No se dejaban de mirar a los ojos. Inconscientemente, Yuri comenzó a bailar al mismo ritmo que ese hombre, como si se movieran juntos desde la distancia. Desde donde le veía, vestía con una chaqueta de cuero y unos guantes del mismo material, sin dedos. Y, mierda, eso le ponía. Le ponía demasiado, toda la situación era jodidamente estimulante.

No supo cuanto tiempo pasó mirándole, dejándose absorber por esa extraña sensación. El chico por momentos desviaba la mirada para concentrarse en la música, para luego, casi inmediatamente, volver a posar la mirada en él, como si temiera que de un momento al otro, desapareciera.

No sabía si Mila estaba ahí, o se habían movido, o si él se había alejado. Solo existían ellos dos en ese momento.

Sin que el rubio se diera cuenta, hora y media había pasado y el Dj tuvo que apartar su mirada cuando un compañero le tocó el hombro y le dijo algo al oído. Le miró una vez más para luego pasarle sus auriculares al desconocido e irse del escenario.

Yuri se sintió desamparado y decepcionado. Se enojó consigo mismo al ver cómo ese Dj había absorbido toda su energía y sus expectativas con solo una mirada.

Sintió una mano acariciarle la cintura y se encontró con un tío alto, pálido y con la mirada un poco ida. Estaba drogado hasta la médula. No entró en pánico y lo apartó. Yuri tenía muchísima fuerza a pesar de su pequeña contextura de bailarina de porcelana.

El tipo pareció enojarse y se le volvió a acercar, apresando su cintura con una fuerza bruta que le hizo cabrear. Estuvo por meterle la patada de su vida, de no ser porque alguien se le adelantó y le empujó, haciéndole caer como un costal de papas.

No pudo evitar un jadeo extasiado y sorprendido al chocar contra esa mirada que le había dado el mejor momento de su vida. Había sentido que nada más importaba mientras esos ojos solo le miraran a él. Tenerlo tan cerca logró inclusive ponerle nervioso, y eso jamás le ocurría.

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Yurio: Salvaste mi culo. Literalmente.

Otabek: Ir salvando tigres se está convirtiendo en mi pasatiempo –ambos rieron.

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Se miraron a los ojos sin decir nada, como lo había sido anteriormente. Le examinó más de cerca y le encontró guapísimo. Ese hombre era un adonis. Tenía la mandíbula recta, un tono de piel moreno, acaramelado. Un corte de cabello que enmarcaba su varonil rostro y una mirada que pondría de rodillas al mismísimo Hitler.

Desde su campera de cuero podía oler un leve olor a cigarro, mezclado con una colonia varonil que le nublaba los sentidos. Mierda, era demasiado sexy. Y estaba ahí, con él.

El moreno se le acercó y posó su mano en su cintura. A comparación de su mirada, su toque era suave, delicado, y eso le hizo temblar por dentro. Su otra mano también tocó su cintura y le acercó a su cuerpo, haciendo que por inercia sus manos tocaran su pecho.

Lo tenía a centímetros de su rostro, podía oler el tabaco y la menta en su aliento, dándole ganas de comerle esa boca a besos.

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Yurio:¿Por qué somos tan jodidamente gays?

Otabek: Aún no sabemos si ese soy yo.

Yurio: ¿No me has estado escuchando mientras leo? La descripción, ropa de cuero, guantes sin dedos, Dj. ¿Quién más podría ser?

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El rubio no aguantaba tenerlo lejos, pero tampoco quiso abalanzarse sobre sus labios. No lo sentía igual que otras veces. No quería arruinar el momento. No quería que nada se moviera, que nada le alterara la paz que había encontrado en ese hombre.

Simplemente se asomó un poco y rozó su mejilla con la del contrario, como una caricia. Sintió la piel rasposa por la barba afeitada y un cosquilleo llegó a su columna vertebral. Sexy.

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Yuri, por inercia, estiró una mano hacia su amigo el cual estaba con la vista fija en la pantalla. Acarició su mandíbula. Eso hizo sonrojar al kazajo.

Otabek: ¿Yu-Yura?

Yurio: No hay barba. Estás suave.

Otabek: Yura… -lo miró a los ojos con sus mejillas rosadas- me afeito todas las mañanas.

Yurio: Oh… -sacó la mano para pasarla a su propia cara- a mí no me crece.

Otabek: En verdad no puedo imaginarte con barba.

Yurio: Pues yo espero que crezca rápido así me quito esta cara de niña.

Otabek: No tienes cara de niña. Te ves bien así.

Yurio: ¿Ah? –se sonroja- ¡Cállate!

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Su olor se intensificó al estar más cerca de su cuello y sentía que todo le daba vueltas. Era demasiado. El moreno rozó sus labios con su oreja y casi no pudo contener un gemido. Todo era perfecto así, como estaba.

Quería hablarle, escuchar su voz. Pero el temor a arruinarlo le obligó a simplemente disfrutar su cercanía.

Las manos del Dj acariciaban su cintura con suavidad y él solo podía arrugar el frente de esa campera con sus manos. Se sentía ansioso, quería más pero no quería moverse. Quería tenerlo en sus manos para siempre.

Un beso lento en su mejilla le hizo estremecer. Con solo eso sintió ponerse duro como una roca. ¿Era así con todo el mundo? Porque no quería dárselo a nadie. Lo quería solo para él esa noche. Casi con timidez, le devolvió el beso en el mismo lugar que él se lo había dado.

Le sintió sonreír contra su mejilla y volvió a darle un beso casto, suspirando en su piel. Esta vez en su mejilla, pero más cerca de sus labios. Él hizo lo mismo.

El siguiente fue al costado de su nariz, justo debajo de su ojo. Un lugar donde en su vida había sido besado, y le había encantado. Repitió la acción, tomándose su tiempo, haciéndolo con una ternura que desconocía tener. Ese hombre, por alguna razón, estaba derrumbándolo.

Su estómago tembló al recibir un beso en la comisura de sus labios. Sus rostros se rozaban. Se habían dejado de mover y el toque en su cintura se había convertido en un abrazo, a la vez que los brazos del rubio se habían enroscado alrededor del cuello de ese extraño.

Le devolvió el beso en el mismo lugar y se sintió ansioso, nervioso.

El chico acarició su naricita sonrojada con la suya, dando caricias tiernas, suspirando cerca de sus labios.

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Yurio: E-esto es muy cursi.

Otabek: ¿Te parece? A mí me gusta. Es algo que yo haría. Disfrutaría el momento.

Yurio: ¡Tú también eres cursi!

Otabek: ¿Por qué? Si tengo a la persona que me gusta entre mis brazos, no voy a ir directamente al grano, voy a disfrutarlo como si fuera la única vez que tenga esa oportunidad. No es necesario vivir de prisa, Yuri.

Yurio: Bah –esquiva su mirada-

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Sintió sus rodillas doblegarse y su pulso desbocarse con fuerza al sentir ese par de labios presionar los suyos. Suspiró con fuerza ante esa sensación tan esperada.

No quería dejar de hacer presión. No quería perder ese calor en sus labios, no quería que se terminara. Nada existía ya.

Sintió como la presión disminuía y los labios se alejaban de él, para rozarle en una caricia y volver a besarle con más fuerza esta vez.

El moreno paseó una mano por su espalda mientras que con la otra, acariciaba la piel de su cintura. La electricidad se expandió por todo su cuerpo y soltó un gemido involuntario. Ese le dio lugar al otro para enrollar su lengua con la suya.

La lengua caliente del contrario junto a la suya le generaba tanto hambre, tanta necesidad que sabía que no podría parar. Movió su boca, explorándole, dejándole explorar la suya a cambio.

En medio del beso, el menor mordió el labio inferior del desconocido, sacándole un gruñido.

El mayor rompió el beso con paciencia y volvió a mirarle a los ojos.

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Hubo un silencio después de leer eso. Yuri miró a su amigo y le dio un codazo.

Yurio: Beka, esto lo tienes que leer tú.

Otabek: Ah, sí, disculpa.

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Otabek: Mi departamento.

Fue lo único que le dijo. Su voz había sido un bálsamo para sus deseos. Asintió y se dejó llevar por su mano. Romper el abrazo le había dolido inclusive.

No se esperaba que el mayor enlazara su mano con la suya, entrelazando sus dedos y acariciándole el dorso con el dedo pulgar.

Se hicieron lugar entre la gente hasta llegar a la salida. Se encaminaron al estacionamiento.

Yuri: Eso… ¿Es tuya?

Una imponente moto se alzaba frente a él. El chico, ya montado en ella asintió y le pasó un casco.

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Yurio: ¿Lo ves? Otra pista más de que eres tú.

Otabek: Ajá.

Yurio: ¿Se te hace tan fácil como en esta historia llevarte a la gente a la cama?

Otabek: No voy a hablar de eso ahora, tigre.

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Luego de un paseo que fue demasiado corto para su gusto, la moto se estacionó y, bufando por dentro, rompió el abrazo. El mayor bajó primero, quitándose el casco.

Le miró a los ojos y sintió como todo desaparecía otra vez. Estaba perdido en él. No supo en que momento le quitó el casco y le ayudó a bajar de la moto. Tampoco en qué momento llegaron al ascensor. Mucho menos cuando ingresó a la habitación. Lo único que logró sacarle de su letargo fue el sonido de la puerta cerrándose.

Sintió de nuevo esa mirada depredadora en su espalda y disfrutó la sensación. Había sido… una experiencia gratificante… pero era su turno de tomar las riendas. Se volteó hacia el adonis y le sonrió con la mejor sonrisa que tenía, una dulce y seductora, una que te tumba al piso.

No fue delicado esta vez. S acercó a pasos rápidos y le quitó la chaqueta con rapidez, extasiando al rubio.

Le tomó de la cintura y le alzó, haciéndole enroscar sus piernas en sus caderas. Pasó las manos por el mejor trasero que había tocado en sus 19 años de vida y le llevó directo a la habitación.

Una vez allí, los besos no se hicieron esperar. Estaban llenos de pasión y deseo. El rubio sintió el colchón golpear su espalda y el cuerpo del moreno sobre el suyo. Como pudo le quitó la chaqueta de cuero que tanto le gustaba y también la camisa.

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Yurio: Beka…

Otabek: ¿Sí?

Yurio: ¿Podrías seguir leyendo tú? –tapó su rostro con una mano por debajo de los ojos, tratando de ocultar su sonrojo- es que esto es… vergonzoso…

Otabek: También lo es para mí.

Yurio: Sólo lee una maldita parte.

Otabek: Bien… -hizo una leve sonrisa al verlo tan avergonzado y continuó él.

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Aprovechó que el Dj se había alejado un poco para quitarse lo que restaba de la prenda y le devoró con la mirada.

Suspiró con placer y le tomó la nuca, acercándole para seguir besándole sin pausa. Tensó sus piernas alrededor de sus caderas y en un rápido movimiento, le hizo girar.

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Yurio: Me gusta que leas, tienes una voz muy relajante –Otabek giró hacia él sorprendido y sonrojado, Yuri pareció darse cuenta de lo que dijo y miró para otro lado- di-digo, podrías leerles cuentos a los niños…

Otabek: Ah, gracias…

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Se acercó a ese cuello que venía volviéndole loco desde que le vio y pasó toda su lengua por esa extensión. Era delicioso, el sabor de la colonia y el tabaco hacían estragos en su paladar.

Besó, chupó y succionó ese cuello casi con una necesidad insaciable y aspiró ese aroma delicioso. El mayor solo suspiraba y se dejaba hacer, mientras acariciaba el cabello de oro que le volvía loco.

Yuri comenzó a bajar. Pasando su lengua por esos pectorales, mordiéndole, besándole. Casi adorándole. Cuando llegó a la hebilla del cinturón, sintió sus manos picar y sin dar preámbulos, el cinturón voló a alguna esquina. Desabrochó el pantalón y se lo quitó con una rapidez inhumana.

Lo tenía allí, agitado, tirado en una cama matrimonial, solo con sus boxers apretados y no pudo hacer más que relamerse.

Bajó apenas el elástico del boxer con los dientes ante la mirada atenta del mayor y su miembro fue liberado. Sintió que se le juntaba saliva en la boca y no dudó en lamer.

Lamió como si de un helado se tratara, degustando. Cuando sintió que no le alcanzaba, metió de sopetón todo ese miembro en su boca.

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Otabek: Lo siento, Yura, no puedo seguir leyendo.

Yurio: Yo tampoco, esto es bochornoso… ¿Y si mejor nos vamos a ver una película? –el moreno asintió- bien, vamos.

Otabek: Oye, espera. ¿No deberías darle un final al vídeo?

Yurio: Sí. Adiós –Otabek soltó una suave risita.

Otabek: Deberías ponerle más ganas.

Yurio: ¿Quieres que bailemos la macarena?

Otabek: No creo que haga falta. ¿Qué opinas de la historia?

Yurio: No lo sé. No me gusta quedar como una zorra.

Otabek: Nadie va a pensar que lo eres. Es solo una historia.

Yurio: ¿A ti te gustó?

Otabek: Fue interesante, no lo voy a negar.

Yurio: ¿No te molesta que te involucren con otro hombre?

Otabek: Opino que hay otras cosas en la vida por las cuales molestarse más que con esto.

Yurio: Bueno… a mí tampoco me molesta… pero… -miró a la cámara- ¡Maldito anciano decrépito! ¿No había una historia menos sexual?

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Yurio: No tengo idea de cómo despedir el vídeo. No voy a hacer cursilerías como Víctor. Repetiré sus palabras: espero que les haya gustado, que lo hayan disfrutado y… no sé, nada más.

Otabek: Tampoco tengo nada más que agregar. Solo decir que sí, me gustó la historia, es atrapante.

Yurio: Ya, Beka, deja de hablar de eso –sonrojado-

Otabek: Lo siento –rió.

Yurio: A la cuenta de tres nos despedimos como lo ensayamos, ¿Sí? –el moreno asintió- uno… dos… tres.

¡Da svidániya!

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NOTAS

PUEDEN PARTICIPAR DEJANDO COMENTARIOS PARA VÍCTOR.

(También para Yuuri, Chris, Yurio, Phichit, Yakov y el consultorio sexual de Chris y Víctor)

Quiero agradecer a EmilySweet104 por dejarme usar su magnífica historia.

La semana pasada no actualicé, pero no voy a poner ninguna excusa de que estuve muy ocupada ni nada, solo diré que me la pasé en wattpad leyendo fanfics como desquiciada, y entre ese desquicie, me encontré con esta hermosa y hot historia, Éxtasis. Corran todos a wattpad a leerlo porque juro por Kubo-san que va a ser un gran tiempo invertido en sus vidas, vale totalmente la pena.

Muchas me pidieron que Yurio y Beka leyeran un fanfic, y me costó encontrar uno que me atrapara. Leí y releí en fanfiction varios Otayuri pero ninguno me parecía el indicado (aunque me fascinan todas las cosas que me encuentro y las disfruto mucho) entonces me fui a wattpad a ver que encontraba, y de ahí salió este.

Tuve un solo comentario un poco arenoso de alguien que preguntó (no me lo preguntó específicamente a mí, sino que pareció que lo hizo en general) de porqué siempre meten Otayuri en los Victuuri. Mi respuesta es "porque puedo". Es que ambas parejas son tan cercanas entre sí, que es inevitable.

¡Da svidániya!