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Elena estaba terminando de prepararlo todo para el programa de esa noche cuando su amiga Caroline se acercó a ella para hablar, como siempre hacía antes de entrar en el aire.

-¿Fuiste a ver a tu chico? –curioseó la rubia, puesto que la joven aún no había soltado prenda al respecto.

-Fui a la dirección que me dijo Bonnie –reconoció Elena-. Pero Damon no estaba allí, al parecer se está instalando en otra parte.

-Aún así, ¿has estado con él recientemente?

-Hablamos con frecuencia, sí.

-¿Solo hablar? –preguntó Caroline con cierta decepción, esperando noticias más interesantes.

-Sí, solo hablar. Ya te lo he dicho, Damon no es mi novio.

-Pero te gustaría que lo fuera. Y apuesto lo que sea a que él también. De modo que, ¿por qué no dejáis de dar vueltas y los enrolláis de una vez por todas?

-No es tan fácil –suspiró Elena con tristeza.

-¿Por su fobia rara de no poder tocar a la gente? Bobadas, lánzate a por él y verás cómo se le pasa la tontería en seguida.

-Deberías ir a prepararte, Caroline –sugirió su amiga cambiando de tema de forma cortante-. El programa comenzará en breve.

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Desde su conversación con la rubia, Elena no podía dejar de pensar en Damon, en lo imposible que era tener una relación con él y en lo poco recomendable, pero a la vez inevitable, que era enamorarse del chico. Había tantas razones para alejarse de él… Pero Elena se había cansado de perder a la gente que le importaba y no podía ni quería perder a Damon por muy difícil que fuera todo.

Elena no había visto a Damon en todo el día porque había estado ocupada con el trabajo y se sentía como una eternidad. Deseando verle, tras darse una ducha y ponerse el pijama lista para irse a dormir, la chica cerró los ojos pensando en Damon:

-Veo que empiezas a cogerle el truco a esto –dijo este divertido, apareciendo sentado en la cama frente a la joven-. ¿Me echabas de menos?

-Esta vez has aparecido más rápido –comentó ella evitando responder a la pregunta porque le daba vergüenza reconocer que sí-, ¿a qué se debe?

-Esto es algo que va en dos sentidos. Tú empujas desde este lado y yo desde el otro, solo así podemos vernos.

-Cuando vi tu lápida, te llamé y no apareciste.

-No quería estar en ese momento. No sabía qué decir para consolarte, ni cómo explicar mi presencia en este mundo.

Damon se tomó un momento antes de volver a hablar:

-Hablé con unos amigos brujos sobre ti. No podía comprender por qué me veías solo a mí y no a los demás del Otro Lado.

-¿Y qué te dijeron?

-Que solo podías ver a quien tú quisieses, cuando pensabas en ellos. Pero eso no tiene sentido, yo morí mucho antes de que tú nacieses incluso, ¿cómo ibas a pensar en mí cuando ni siquiera nos habíamos conocido estando yo vivo?

-La primera vez que te vi –recordó ella-, estaba pensando que ojalá estuviese conmigo en ese momento alguien que compartiese mi dolor. Lo deseé con mucha fuerza. ¿Puede eso haber hecho de conexión?

-Posiblemente. Algo tuvo que hacerlo, sino no estaríamos teniendo esta conversación.

Ninguno de los dos podía explicar el motivo por el cual habían podido entrar en contacto el uno con el otro, pero daban gracias por ello.

-Tal vez deberías acostarte ya –le sugirió el chico a Elena al ver la hora que era-. Es muy tarde y mañana tienes que madrugar.

-No importa, quiero seguir hablando contigo.

-Está bien, ¿de qué quieres hablar?

Como si de algo muy importante se tratara, Elena se pensó muy bien su pregutna antes de realizarla:

-¿Qué hay de tu vida en los años setenta? ¿Había alguien especial?

-Se llamaba Katherine, estábamos prometidos.

-¿Qué pasó?

-Yo morí y la vida siguió.

-Ella pasó página –comprendió la chica, sin poder evitar usar un tono de reproche al referirse a la prometida de Damon.

-Tenía que hacerlo –defendió él a la mujer que amó-. Katherine tenía tu misma edad cuando nos prometimos, no podía estar guardándome luto para siempre. Yo tampoco quería eso para ella.

Al oír sus palabras, Elena cambió su percepción con respecto a la mujer al comprender que Damon tenía razón. La muerte solo era el final para quien se iba, el resto del mundo seguía avanzando quisiese o no.

-¿Qué pasó con Katherine? –preguntó ella esta vez con un tono más amigable.

-Se casó en un buen hombre y formó una hermosa familia. Tenías que haber visto su cara de felicidad cuando sostuvo en brazos por primera vez a su primogénito… No había visto nada tan hermoso jamás. No hasta que te conocí.

Ese halago provocó el rubor en las mejillas de Elena, quien carraspeó levemente para disimular si reacción antes de volver a hablar:

-¿Katherine sigue viva?

-Murió hace cinco años tras una larga enfermedad –le informó él con tristeza en su voz-. Afortunadamente era bruja y su esposo también, por lo que estuvo tomando unas hiervas especiales que hacían que el dolor fuese menor. Murió en paz, rodeada de sus seres queridos.

-¿Tú estuviste presente?

-Siempre he velado por ella y por mi hermano, no me he perdido ni uno de los momentos importantes de sus vidas.

Por la forma en que Damon hablaba de Katherine, Elena podía ver cuánto amaba el chico a esta, algo que le hacía sentirse celosa en cierta medida.

-¿Y qué hay de Stefan? –preguntó ella queriendo borrar esa idea de su cabeza.

-También ha tenido una vida feliz, aunque ahora parece un viejo cascarrabias esperando la hora de su muerte.

-¿A qué se debe eso?

-La muerte de su esposa aún es reciente para él, ya no se ve con fuerzas para continuar.

-¿Por qué no vamos a verle? –propuso ilusionada la chica-. Puedo hacer de intermediaria y decirle lo que tú quieras decirle. Así, tal vez, le demos un motivo para seguir adelante.

-No sé si es buena idea. Stefan cree que he encontrado La Paz, no quiero que se preocupe por mí.

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Pese a la negativa de Damon, Elena fue a visitar a Stefan a la casa de huésped de los Salvatore.

Cuando la chica le contó le que ocurría, el anciano pensó que mentía, pero las cosas que esta conocía sobre su hermano y sobre él no podían explicarse de otro modo que no fuese ese, que Elena estaba diciendo la verdad y que se comunicaba con el fantasma del brujo.

-¿Cómo está Damon?

-No muy vivo, pero casi –bromeó el aludido, algo que solo Elena oyó.

-Lo lleva bastante bien –le dijo la chica a Stefan, lanzándole una mirada de advertencia a Damon para que dejase las bromitas a un lado y se pusiese más serio.

El anciano, al ver el rumbo de la mirada de Elena, comprendió que su hermano estaba presente en la habitación, con ellos.

-¿Está Katherine allí contigo? –preguntó Stefan, esperanzado por que su hermano no estuviese solo en aquel lugar.

-Ella encontró La Paz –contestó el mayor de los Salvatore, algo que Elena retransmitió.

-¿La viste?

-Solo por unos minutos –sonrió ligeramente Damon al recordar su pequeño encuentro en el Otro Lado con la mujer que amaba-. Quiso convencerme de que mi lucha había terminado, que podía encontrar La Paz, pero no quise irme.

-¿Por qué no?

-Siento que mi trabajo aquí no ha terminado. Voy a estar velando por ti, hermanito. Hasta el final. Entonces, ambos encontraremos juntos La Paz.

Stefan no pudo evitar sonreír emocionado al oír que su hermano seguía cuidando de él.

-Creí que me odiabas –confesó el anciano-. Por lo de Katherine, por formar con ella esa familia que tú siempre quisiste tener.

Elena se quedó de piedra al comprender que era Stefan el hombre con el que se casó la prometida de Damon.

-Os hicisteis felices el uno al otro durante años, Steff –dijo el fantasma para nada enfadado con su hermano por "robarle" la chica-. Tuvisteis unos hermosos hijos que se convirtieron en unas magníficas personas. ¿Cómo iba a odiarte por tener aquello que merecías?

-Pero todo eso tenía que haber sido tuyo.

-Morí, Stefan. El mundo no puede detenerse solo porque una persona ya no esté en él. Pude encontrar La Paz, pero no la busqué porque necesitaba asegurarme de que estabais bien sin mí. Todos vosotros.

"He sido testigo de cuánto la querías, y de cuánto te quería ella a ti. Katherine y tú erais mucho mejor pareja de lo que nosotros hubiésemos sido jamás. Soy muy feliz de que mi muerte sirviese para uniros de ese modo.

"No tengo nada que reprocharte, hermano. Todo lo contrario, te lo debo todo. Cuidaste de Katherine como nadie podría haberlo hecho y te estoy muy agradecido por ello.

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Tras la charla familiar, Stefan llevó a Elena al desván para enseñarle algo que sabía que a esta le iba a gustar:

-Los objetos personales de Damon están aquí –indicó el anciano señalando unas cajas apiladas en una esquina-. Si a él le parece bien, puedes echarles una ojeada y llevarte algunos si quieres.

Con esto, Stefan se fue para dejar a la chica a solas.

-¿Por dónde quieres empezar? –le preguntó Damon a esta en una forma de invitarla a "cotillear" sus pertenencias libremente.

Elena sonrió agradecida y se dirigió hacia una de las cajas que parecía haber sido abierta recientemente. En ella había varios álbumes de fotos de la infancia de los hermanos Salvatore.

-¿Este eres tú? –le preguntó la chica al ver una foto de un niño de cabello rizado haciendo trastadas en un parque, a lo que Damon asintió-. Eras muy guapo.

-¿"Era"? ¿Ya no?

-Sabes a qué me refiero.

-No me has respondido a mi pregunta –le picó él deseoso de oírle decir esas palabras en voz alta.

-Eres muy presumido, ¿no sabías?

-Sí que lo sé, sí.

-Y muy guapo, por cierto –acabó reconociendo Elena totalmente ruborizada.

-Lo sé –dijo Damon con orgullo, provocando la risa de la joven.

Pronto retomaron lo que habían dejado antes. Con forme la chica iba pasando las páginas de los álbumes o encontraba algún objeto interesante, Damon le contaba las historias que había detrás, las aventuras que vivió con su hermano y demás recuerdos de su vida. Eran los recuerdos de toda una vida, de la vida de una persona muy importante para Stefan, por eso este aún conservaba esos recuerdos y subía a verlos cada poco tiempo. El anciano amaba con locura a su hermano y le echaba muchísimo de menos.