Perdonad la tardanza en actualizar, pero entre las clases y el trabajo ha resultado casi imposible encontrar un momento de tranquilidad para escribir. Espero no tardar tanto con los próximos capítulos.
PD: la semana que viene posiblemente empiece a publicar un nuevo crossover de Twlight y TVD, donde la historia se centrará en Damon y Rosalie. A ver cómo congenian estas dos clases de vampiros tan parecidas en algunos aspectos y tan diferentes en otros.
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_07_
Una mañana de sábado Elena fue al Mystic Grill a hablar su hermano. Había llegado una extraña carta de la escuela de arte donde el chico Gilbert había estado estudiando y quería preguntarle de qué se trataba todo aquello.
-Hola, Elena –le saludó Matt con una sonrisa coqueta, quien era amigo y camarero del bar de Jeremy-. ¡Qué alegría verte por aquí precisamente hoy!
-¿Qué tiene de especial este día?
-Es la fiesta de los Padres Fundadores, ya sabes, en la mansión Lockwood. Y hay que ir con pareja, así que me preguntaba si tú…
-No creo que vaya, ese tipo de fiestas no es lo mío –le esquivó la joven como pudo sin parecer grosera.
-Bueno, pues podríamos ir a otro sitio. El que quieras.
-¿Me estás proponiendo una cita?
-Eh… Yo… Sí, supongo que sí.
-Lo siento, Matt. Pero tengo novio.
-No, no lo tienes –le dijo Damon apareciendo a su lado en ese preciso momento.
-No lo sabía –murmuró el camarero rubio sintiéndose como un idiota-. Perdona.
-Tranquilo, no pasa nada.
-Elena… -le llamó el fantasma de Damon al ver que esta no le prestaba atención-. Ve con él a la fiesta, diviértete y vive tu vida.
La joven ni siquiera pareció escucharle, le ignoró por completo y se dirigió hacia el almacén del bar donde sabía que estaría su hermano. Como dejó de pensar en Damon, este quedó bloqueado y sin posibilidades de comunicarse con ella.
-Hey, Elena –saludó Jeremy a su hermana-. ¿Ha pasado algo?
-No lo sé, dímelo tú –dijo esta entregándole la carta de la escuela de arte-. ¿Cuándo ibas a decirme que habías vuelto a solicitar tu acceso?
-Cuando supiera si me habían admitido o no –confesó él-. ¿La has leído? ¿Me han aceptado?
-No la he leído, pero serían unos idiotas si no te quieren de vuelta con ellos.
-¿La abrimos juntos?
-Claro.
Muy nervioso por lo que pudiese decir la carta, Jeremy abrió el sobre con mucho cuidado y leyó por encima intentando dar con una palabra clave que diese el veredicto final.
-Enhorabuena, Jer –le felicitó su hermana cuando este suspiró aliviado al leer esa deseada palabra de "admitido"-. Te lo mereces.
-Bonnie se va a poner histérica cuando se lo cuente –sonrió él realmente feliz-. Voy a llamarle ahora mismo.
Tras esa llamada en la que Jeremy puso el manos libres para que Elena también fuera partícipe, la chica Gilebrt salió del bar y, sin darse cuenta, pensó en Damon el tiempo justo para que este se apareciese a su lado.
-¿A qué ha venido eso? -le exigió saber el fantasma.
-¿El qué?
-No finjas que no sabes de lo que hablo. El tipo del bar, ¿por qué no has accedido a tener una cita con él? Parecía agradable.
-No es con él con quien quiero estar.
-Elena... Ya hemos hablado de esto, yo no soy bueno para ti.
-No me apetece hablar de esto ahora. Adiós, Damon.
Elena cerró los ojos y se concentró en otra cosa para dejar de pensar en él y, cuan do abrió de nuevo los ojos, Damon había desaparecido. Ahora solo tenía que mantener su mente ocupada con lo que sea para evitar tener esa discusión que no quería tener con el chico.
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Elena llamó a sus amigas Bonnie y Caroline para salir de fiesta y beber para olvidar la conversación que tuvo con Damon.
Estas preguntaron varias veces por cuáles eran los motivos que le llevaron a salir de fiesta, incluso le preguntaron directamente por Damon, pero ella consiguió desviar el tema sin que este se apareciese. Seguramente él también estaba evitándola o, a lo mejor, quería ponerle más fácil tener ese momento de libertad. Al fin y al cabo, estaba haciendo lo que él le pidió: salir a divertirse.
-Nunca había visto a Elena con tantas ganas de bailar –se alegró Caroline viéndola moverse al son de la música en el centro de la pista de baile.
-¿Crees que habrá discutido con ese tal Damon? –preguntó una preocupada Bonnie.
-Si es así, no nos lo va a decir. Por lo menos no hoy. Así que deja que se desahogue y disfrute de la noche.
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Era bien entrada la madrugada cuando Bonnie y Elena regresaron a casa. La chica Gilbert había bebido más de la cuenta, por lo que su amiga tuvo que acompañarla hasta su cuarto.
-Deberías darte una ducha fría para que se te baja un poco la borrachera –le aconsejó la joven Bennett-. ¿Necesitas que te ayude a llegar al baño?
-No, creo que puedo sola.
-De acuerdo, en ese caso… Buenas noches, Elena.
-Hasta mañana, Bonn.
Tambaleándose de un lado para otro, la chica Gilbert entró en su cuarto de baño, donde se metió en la bañera sin quitarse la ropa siquiera y encendió el grifo de agua fría, quedándose inmóvil hasta que la bañera estaba lo suficientemente llena como para cubrirla completamente cuando se tumbase.
La chica cogió una gran bocanada de aire y se echó hacia atrás para sumergirse en el agua. Esta estaba tan fría que fue realmente útil para despejar su mente y hacerle sentir menos mareada.
Cuando sintió que no podía aguantar la respiración por más tiempo, se volvió a incorporar para quedar sentada y se quitó la ropa para bañarse como era debido.
Era una noche algo calurosa, por lo que Elena se puso uno de sus pijamas cortitos y se metió en la cama lista para dormir. Pero antes de hacerlo, había algo que tenía que hacer, algo que había estado evitando hacer todo el día pero que ahora no podía esperar ni un segundo más para hacerlo: ver a Damon. Solo le llevó un momento, un simple pensamiento, para que este se apareciese tumbado en la cama frente a ella.
-¿Alguien no puede dormir? -preguntó él con voz dulce.
-Quería verte –confesó la joven.
-Pues aquí estoy.
Ninguno de los dos tenía muy claro qué decir o hacer, por lo que se quedaron mirándose en silencio por largo tiempo, simplemente disfrutando de la compañía mutua.
-Lo siento –se disculpó el fantasma rompiendo finalmente el silencio-. No debí reaccionar así esta mañana, pero sabes que esta relación que tenemos tú y yo no está bien.
-Puede que no sea una relación normal, pero me gusta estar contigo.
-Nunca podré estar contigo del modo que quieres. Del modo que yo quiero también.
-¿Sabes? Hay un dicho que me encantaría aplicar a nosotros: Nunca digas nunca.
-¿En serio quieres jugar a esto?
-Jugar es divertido –dijo ella con voz insinuante.
Damon la contempló detenidamente e hizo como que acariciaba su cabello y su brazo, a lo que Elena respondió cerrando los ojos imaginando su toque.
-No sabes lo mucho que me gustaría poder tocarte ahora mismo… -murmuró él.
-Sí que lo sé, porque yo también deseo lo mismo.
Elena abrió los ojos y se quedaron mirándose un buen rato, perdiéndose en la mirada del otro.
-Encontraremos el modo de estar juntos –le prometió la chica-. Ya lo verás.
-Me encanta tu incansable optimismo.
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Cuando Elena despertó al día siguiente, Damon seguía estando allí, tumbado a su lado y contemplándola como si se tratase de lo más hermoso que había visto jamás.
-Buenos días, princesa.
-Hola… -murmuró la joven llevándose la mano a la cabeza.
-¿Resaca? –sonrió Damon divertido-. Deberías tomarte una aspirina y descansar un poco, se te pasará enseguida.
-¿Descansar? O sea que, ¿me puedo quedar en la cama contigo un ratito más?
-Como quieras. Lo bueno de ser un fantasma es que no tengo horarios ni obligaciones, así que estaré donde tú quieras que esté.
-Odio que hagas eso –suspiró con tristeza Elena.
-¿Hacer qué?
-Recordarme a cada momento que estás muerto.
-Porque lo estoy. Es una realidad a la que tenemos que enfrentarnos.
-Lo sé, pero… No me gusta. ¿Estás seguro de que no hay ningún modo de traerte devuelta a este lado?
-No, no la hay –negó Damon desviando la mirada de sus ojos y con un tono que a la joven le dio a pensar que ocultaba algo.
-No importa, eso no quita el hecho de que quiera seguir teniendo estas conversaciones contigo.
-Pero siempre será solo eso, conversaciones. Quiero decir, ni siquiera puedo tocarte…
-Eso está sobrevalorado –intentó bromear ella quitándole importancia.
-Eres de lo que no hay –rió Damon divertido contagiándose poco a poco de su optimismo.
