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Redactando las noticas que iba a dar Caroline en el telediario de la noche, Elena topó con una noticia muy inquietante. Había ocurrido algo, una cabaña en el bosque de Mystic Falls salió ardiendo por causas desconocidas. Pero lo que realmente llamó la atención de la joven humana era el número de víctimas: trece. Si hubiese sido cualquier otra cifra, no le hubiera dado tanto escalofríos como esta. Damon le contó que el vampiro que le mató quería hacer un triángulo de expresión, el cual consistía en tres matanzas cada una de ellas con trece seres de una especie diferente a la otra. Ese vampiro no obtuvo lo que quería de Damon pero, ¿y si ahora había encontrado a un brujo dispuesto a hacerlo?

Inmediatamente, Elena se puso a investigar sobre ello y buscó en los archivos de sucesos que tenían guardados en el ordenador principal de la cadena de televisión. Recientemente no había ocurrido nada donde hubiesen muerto trece personas, pero sí que hubo una matanza con esa cifra pocas semanas después de la muerte de Damon. Curiosamente, el único sospechoso de esto fue hallado muerto con una estaca de madera en el corazón. Otro dato interesante era el nombre de uno de los testigos que estaban presentes cuando se encontró el cuerpo: Sheila Bennett.

Deseosa de compartir esta información con Damon, nada más salir del trabajo –que aquel día terminaba por la tarde-, Elena fue a la mansión Salvatore como le había pedido permiso a Stefan. Desde que fue al sótano por primera vez y vio las pertenencias de Damon, la chica iba con frecuencia allí porque así se sentía más cerca de este.

-¿Crees que ese puede ser el vampiro que te mató? –le preguntó ella a Damon tras ponerle al día de sus descubrimientos.

-Eso espero. ¿Tienes alguna foto de él?

-No, la policía no dejó que le prensa se entrometiera en el caso.

-No me sorprende, siempre han encubierto todo lo relacionado con los vampiros…

-¿Y qué me dices de Sheila? ¿Crees que es una casualidad que estuviera allí ella o sabe algo?

-Pues claro que sabe algo, Sheila era bruja. Y una muy poderosa, por cierto. Era una amiga de la infancia, aprendimos a hacer magia juntos. ¿Sabías que su familia procede de Salem?

-No, ni siquiera sabía que era bruja… ¿Eso quiere decir que Bonnie también lo es?

-¿Quién?

-Bonnie, la novia de mi hermano y mi mejor amiga, es la nieta de Sheila Bennett.

No era la primera vez que Elena le hablaba a Damon de su amiga, por sí que era cierto que nunca antes le había dicho el apellido de esta.

-La magia es hereditaria, casi siempre –le explicó el fantasma-. Pero tal vez Bonnie desconozca su poder.

"Sheila siempre quiso mantener a su hija alejada de la magia y de los vampiros, tal vez hizo lo mismo con Bonnie.

-¿Debería hablar con ella sobre eso? –pidió consejo la chica Gilbert.

-Si le vas a preguntar si es bruja, tendrás que darle explicaciones de cómo lo sabes tú. ¿Le hablarás de mí?

-Formando parte de este extraño mundo, no creo que a Bonnie le sorprenda tanto que esté viéndome con un fantasma.

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Stefan no ponía pegas a las visitas de Elena, pero no le hacía mucha gracia el hecho de que esta se pasase tanto tiempo con el fantasma de Damon, algo que no era muy bueno para ella.

A Damon seguramente le vendría bien la compañía de Elena, pero Stefan veía que la chica se estaba enamorando del brujo fantasma. Por esa razón, quiso advertir a su hermano.

Como era evidente que no podía utilizar a Elena como intermediaria para mantener esa conversación con Damon, Stefan tuvo que ponerse a la búsqueda de otra persona que también tuviese contacto con las almas atrapadas en el Otro Lado. Así fue como dio con Aaron, un chico de 19 años que acababa de despertar de un coma que había durado meses y del que casi no logra salir.

Por suerte para Stefan, el joven estaba al tanto de su habilidad porque ya había hablado con varios fantasmas. Aaron se mostró muy interesado y colaborador a la hora de ayudar a Stefan a ponerse en contacto con Damon, algo que logró hacer tras ver unas fotos de este último y oír una anécdota que Stefan le contó de cuando eran niños.

-¿Qué hago aquí, Stefan? –preguntó extrañado Damon al verse en una sala de hospital.

-Tu hermano ha aparecido –anunció el chico rubio-. Se pregunta por qué está aquí.

-Quería hablarte de Elena y, obviamente, no podía hacerlo a través de ella –se explicó el anciano.

-Pues habla –dijo el fantasma a regañadientes, sabiendo que se iba a llevar una bronca.

Aaron le hizo una señal con la cabeza a Stefan para indicarle que Damon estaba de acuerdo y que quería que prosiguiese.

-Sé que debes sentirte muy solo en el Otro Lado y que te ha hecho mucha ilusión tener alguien con quien hablar –comenzó Stefan con todo el tacto que pudo-, pero esta relación tuya con Elena no le hace ningún bien a la chica.

"Por si no te has dado cuenta, a Elena le gustas. Le gustas demasiado. Ojalá las circunstancias fueran diferentes, pero no lo son, Damon. Ella está viva y tú no. Es una chica joven que ha pasado por momentos muy malos en su vida, no hagas que pase por otro al enamorarse de ti y ver que no puede estar conmigo del modo en que ella quiere. Es momento de dejarla ir, Damon.

-Ese es el problema, hermano. No puedo. Pensé que Katherine era mi verdadero amor, pero resultó ser el tuyo. Y creo que Elena puede ser el mío.

-Eso no es posible, Damon –dijo Stefan cuando Aaron le transmitió las palabras de este-. Pertenecéis a mundos distintos, no podéis estar juntos. Por el amor de Dios, ¡pero si ni siquiera puedes tocarla!

-Encontraré el modo –prometió el mayor de los Salvatore-. Los brujos llevamos tiempo notándolo, se acerca un cambio, algo grande que cambiará las normas por completo. El Otro Lado está debilitándose, puedo sentirlo.

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Desde que Damon le dijo que Bonnie era bruja, Elena no había parado de recrear en su mente diversas posibles conversaciones para hallar la correcta de sacar el tema de la magia con su amiga sin que esta la tomase por loca. Barajó todos los posibles escenarios, pero jamás pensó que la reacción de la chica fuera abrazarle y darle las gracias.

-Hacía tiempo que quería contarlo –le confesó la joven Bennett-, pero me daba miedo cómo reaccionaríais Jer y tú. Tenía miedo que pensarais mal de mí, que creyerais que estaba loca o algo.

-¿Desde cuándo lo sabes?

-Mi abuela me lo contó hace poco. Dijo que me lo había estado ocultando para protegerme, pero que las cosas están cambiando y que ahora necesito saber de mi poder, que solo así podré estar a salvo de los males que se avecinan.

-¿Qué males? ¿A qué se refiere?

-No quiso decírmelo, pero mi abuela está muy preocupada. Me está enseñando a usar mis poderes, ¿quieres verlo?

-Claro.

La joven bruja echó un vistazo a su alrededor antes de finalmente coger una almohada que tenía cerca, la rajó con las manos e hizo que las plumas del interior cayeran a la cama de Elena.

-Vale, has roto mi almohada –murmuró confusa Elena-. Eso lo puede hacer cualquiera.

-Espera…

Bonnie cerró los ojos para concentrarse, colocó las manos sobre las plumas esparcidas por toda la cama y comenzó a susurrar unas palabras ininteligibles según Elena. En cuestión de segundos, las plumas comenzaron a volar tras un ligero movimiento de muñecas de la bruja.

-¡Vaya! -alucinó la chica Gilbert.

-Eso no es todo –le aseguró su amiga haciendo que las plumas volaran aún más alto y se movieran por toda la habitación.

-Eres increíble, Bonnie Bennett.

-¿De verdad? –preguntó esta deteniendo su magia de golpe provocando que las plumas cayeran al suelo-. ¿No te aparezco un bicho raro? ¿Ni te doy miedo?

-Eres mi amiga, jamás tendría miedo de ti. Y sobre lo de bicho raro… Siempre has sido un poco rarita, al menos ahora sabemos por qué.

-¡Oye! –se quejó Bonnie golpeando con la almohada que había sobrevivido a una Elena que no paraba de reír por su reacción-. ¿Cómo sabías tú mi secreto? –paró la bruja de repente al caer en la cuenta de ese detalle.

-Ah, bueno, yo… Hay algo que también llevaba tiempo deseando contarte y no lo hice por miedo a que me tomaras por loca. Curiosamente, ahora parece algo de lo más normal y lógico.

-Suele pasar. Dime, ¿de qué se trata?

-¿Te acuerdas de ese chico del que te hable? ¿Damon Salvatore? Pues resulta que no estaba en Mystic Falls de visita y, ni mucho menos, acababa de volver.

-¿Entonces? –preguntó muy intrigada Bonnie.

Antes de llegar a ese punto de no retorno y de enfrentarse a las posibles críticas de su amiga, Elena tomó un largo suspiro:

-Damon es brujo. Pero no uno cualquiera, procede de uno de los linajes más antiguos y poderosos que existen.

"Él era amigo de la infancia de tu abuela, por eso sé que eres bruja, Damon me lo contó.

-¿De la infancia dices? Espera un momento… ¿Cuántos años tiene?

-Damon tiene 27, pero murió hace 40 años.

-¿Es un fantasma? ¿Cómo puedes ver a los fantasmas del Otro Lado?

-Damon cree que es porque, en el accidente, morí por un momento.

-Tiene sentido, supongo…

Bonnie necesitó pensar un momento, procesar esa nueva información. Tenía cientos de preguntas que hacerle a la chica, pero vi que esta estaba esperando su aprobación y decidió que eso era más importante, que lo demás podía esperar.

-¿Y cómo es salir con un fantasma? –le preguntó a Elena con una sonrisilla burlona, dejándole claro que no iba a juzgarla.

-Damon es… No lo sé, me hace sentir como si todo fuera posible, ¿sabes?

-Así es como se siente uno cuando está enamorado…

-No poder tocarle es un asco –se quejó la chica Bennett-. Le pregunté si había una forma de que regresase a este lado, pero no me quiso responder.

-No te dijo nada porque tan solo existe una muy remota posibilidad de que eso ocurra. Y es complicado. Muy complicado.

-Pero posible –se aferró la joven Gilbert a esa idea.

Elena decidió guardarse para sí que sabía de la existencia de tal posibilidad, puesto que Damon seguramente lo sabría y no se lo había dicho por el motivo que fuera. Por el momento, ella fingiría no saber nada e investigaría por su cuenta antes de hablar con el fantasma.

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Era de noche cuando Elena estaba en su baño, dándose una buena ducha. La joven estaba tan relajada, que cerró los ojos y se dejó llevar por la imaginación al notar la suave esponja rozando su delicada piel. Su mente fantaseaba con las manos de Damon sustituyendo esa esponja, lo cual le llevó a acariciarse el cuerpo desnudo. Comenzó rozándose el cuello, poco a poco descendió a masajear sus senos y, seguidamente, su vientre. La sensación era tan agradable y excitante que poco tardó en descender la esponja aún más hasta llegar a su sexo y frotarlo entre gemidos de placer.

-No sabes cuánto me pone eso, babe –gruñó una voz excitada que la desconcentró.

Elena abrió los ojos rápidamente y se cubrió el cuerpo con las manos avergonzada.

-¡Damon! –le regañó ella ruborizada al darse cuenta de que este le había estado observando todo el rato.

-Ey, no es mi culpa –se excusó él con una sonrisa risueña-. Tú piensas en mí y yo aparezco, ¿recuerdas?

-Qué vergüenza… -murmuró Elena con las mejillas sonrojadas.

-¿Por qué? Eres preciosa. Y me encanta que pienses en mí y más aún si es de este modo...

La mirada de lujuria del chico despertó algo en Elena que ni su propia fantasía había logrado hacer, una excitación que solo Damon le proporcionaba.

-Déjame ver lo hermosa que eres.

Una tímida Elena alzó la cabeza para mirarle a los ojos y la sinceridad de las palabras de este y la devoción con la que le miraba era tal que, la joven, tuvo la confianza suficiente para dejar de ocultar su rostro y mostrarse completamente desnuda ante él.

Damon sonrió agradecido y la contempló por un momento minuciosamente, como si quisiese retener cada detalle del cuerpo de Elena en su mente.

-Voy a probar suerte –murmuró el fantasma justo antes de meterse en la ducha y lanzarse a sus labios.

El efecto de este fue que ambos gruñeron en forma de protesta al no sentirlo pese a que sus labios estaban tocándose. Al menos era un avance, pues en otras circunstancias sus cuerpos ni si hubieran tocado, otro claro ejemplo de que el otro lado se estaba viniendo abajo; pero eso no quitaba el hecho de que la pareja odiase esa situación de estar tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, de no poder sentir su piel rozando la del otro...

-Esto no puede estar pasando de verdad… -protestó Damon decepcionado-. ¿Puedo tocarte pero no sentirte? El universo se está burlando de mí...

-Cierra los ojos –le susurró la joven con voz dulce.

El fantasma hizo lo que Elena le pidió y esta cogió una mano de Damon e hizo que el chico se tocase la cara a sí mismo.

-Piensa que soy yo –le dijo ella con sensualidad-. Que esta es mi mano…

Damon estaba tan concentrado que, por un momento, casi pudo sentir las manos de Elena sobre su piel.

El chico abrió los ojos al rato, posó sus manos sobre el rostro de Elena y, tras compartir una intensa mirada, se rozaron los labios lentamente. Damon cogió la mano de la joven y la llevó a los labios de esta, quien cerró los ojos al notar el roce de sus dedos con sus labios.

Nuevamente, Elena abrió los ojos y su mirada se encontró con la de Damon, quien la miraba con más lujuria que nunca.

Damon alzó su mano hacia el rostro de la chica, pegándolo lo suficiente como para parecer que lo estaba acariciando y Elena imitó el tacto de su mano posando la suya propia en ese lugar.

Las caricias descendieron poco a poco. Elena se masajeó los senos a deseo de Damon y gimió de placer al imaginarse las manos del chico haciéndolo. Finalmente, Elena descendió hasta su intimidad y se dio placer mientras Damon la contemplaba maravillado y le susurraba al oído palabras dulces.

-Estoy cerca, Damon… -gimió ella casi incapaz de hablar en ese momento.

-Déjate ir, babe.

Las palabras del fantasma actuaron como un resorte que provocó que Elena liberase su orgasmo en un sonoro gemido. Ambos, jadeantes, se miraron sonrientes y se besaron por largo rato aunque no pudieron notar al otro.

-Te quiero –jadeó ella contra sus labios.

Damon, fingiendo que no lo había oído, descendió sus besos hacia el cuello de la chica y cerró los ojos para imaginar el calor y el tacto de su piel.