¡Hola, mis chiquis! Bueno, perdón por la tardanza pero no pude antes... En fin, espero que anden bien, yo estoy ahí... Ni muy bien ni muy mal. Subsisto y punto :(

Pero bueno, siempre me enredo hablando de mis problemas cuando ustedes a lo que vienen es a leer, así que vamos a las formalidades y mejor me cayo :P

Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. El fic sí es de mi autoría.

Summary (Del capítulo quince): En ocasiones olvidaba por qué quería escapar de allí. Todo era tan lujoso, la comida era tan abundante y la gente tan buena que la pobre Beth olvidaba que estaba en la boca del lobo y que ella era un simple cordero.

Dedicación: A todos mis lectores hermosos, los adoro, no tengo palabras de agradecimiento para todo lo que, a veces sin saberlo, hacen por mí. Los quiero mucho.

Y un guiño especial a Hotarubi86 que, muy gentilmente, me ayuda con algunas cosas del fic con las que no estaba conforme. Mil gracias, princesa.

Y bueno, vamos al capítulo :) Los adoro a todos y no es un decir.


Querido diario.

By: Belencitah.

~Capítulo quince: Engaños.~

Beth… —susurró un hombre al lado de su cama intentando despertarla de su sueño aunque sin mucho éxito— Beth, cariño, despierta.

La joven abrió lentamente sus ojos. Estaba en una cama dorada y brillante. Era tan luminosa que se abría atrevido a afirmar que estaba hecha de oro masiso. Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la luz que, de pronto y por obra de un no tan extraño, recibían.

Daryl… Déjame dormir… —Susurró la chica parpadeando y dándose vuelta en el colchón para continuar con su letargo hasta que cayó en cuenta de quién se trataba— ¿Daryl? ¡Daryl!

Sus ojos se llenaron lentamente de lágrimas y, de un salto y sin aviso, se levantó y colgó del cuello del cazador, quien correspondía el abrazo levantándola de la cama.

¿Qué pasó? ¿Cómo…? —La pobre chica no entendía nada, aunque estaba tan feliz que apenas podía hablar bien. Sus ojos estaban completamente vidriosos y algunas lágrimas se hacían lugar por sus mejillas.

¿Cómo qué? —preguntó Daryl quien, de pronto, cambió su semblante a uno demacrado. De pronto la sonrisa se había borrado de su rostro, poco a poco su piel se tornaba verdosa y sus facciones cada vez más marcadas por la desnutrición.

Beth se soltó inmediatamente de él y se arrastró de espaldas por la cama para alejarse del caminante en quien Daryl se había convertido.

¿Daryl? ¡No! —gritó la chica a todo pulmón mientras lloraba a mares. Pronto, todo se hizo oscuro.

Beth despertó completamente sobresaltada y agitada. Sentía el rostro pegajoso por las gotas que habían caido de sus ojos poco antes.

Suspiró tranquila y en paz cuando notó que todo había sido un sueño y que ella estaba nuevamente en su cuarto, aquella lujosa habitación que el padre Gabriel le había dado poco después de la visita médica y de comer alguna que otra delicia.

Se sentó lentamente en la cama de roble, que era demasiado grande para ella, y notó que aún era de noche, o eso parecía, puesto que el lugar estaba completamente a oscuras y no se escuchaba sonido alguno más que el de su propia respiración agitada.

Dándose cuenta de que dormir sería inútil ante semejante sueño horroroso, la chica, aún sentada en su cama, colocó sus piernas de lado para ponerse las muy cómodas pantuflas rosadas que el padre le había dado. Ella tenía que admitir que, si bien obviamente quería escaparse de ese lugar y buscar a Daryl, la trataban con tanto lujo que, en ocasiones, se le olvidaba por completo su cometido final. Si aquellas personas no estuvieran locas… Pero lo están, Beth, mantente firme y te irás de aquí, se dijo a sí misma.

Se levantó poco a poco y estiró sus músculos. Había dormido perfectamente de haber sido por aquél perturbador sueño, aunque incluso eso le ayudaba a esas alturas. Cuando llevas demasiado tiempo en las nubes no está del todo mal que un sueño te traiga a la realidad.

—Veamos… —susurró la chica para sí mientras rebuscaba con su mano debajo del colchón de su nueva y provisoria cama—, ¡Aquí estás!

La chica sacó de allí un pequeño pero filoso bisturí que había robado al buen doctor que había conocido el día anterior. Lo había escondido allí cuando escuchó que el pastor venía a –según él- arroparla y temía que lo hubiera encontrado, pero no. Allí estaba y su sonrisa se incrementó. Desearía con todas sus fuerzas no tener que usarlo pero, si el caso llegara, lo utilizaría a su pesar. Salir de allí era prioridad, cómo hacerlo no.

Volvió a dejarlo en su sitio luego de observarlo con el semblante en blanco durante unos momentos y, con suma delicadeza, palpó nuevamente bajo el colchón.

—Y tú también estás, querido amigo —susurró la chica sonriendo al palpar con su mano a su muy querido diario escondido en el mismo lugar.

Se levantó lentamente y recorrió la habitación hasta llegar al gran armario que irrumpía a mitad del gran dormitorio. Era blanco con detalles dorados, dignos de aquél majestuoso lugar. Lo abrió despacio para evitar que las bisagras chirrearan y sacó un pantalón, algo cómodo y que le diera movilidad, y una remera simple y blanca con algún que otro detalle en encaje; era ajustada pero serviría.

Se quitó el camisón de anciana que el cura le había pedido –o rogado- que utilizase para dormir y se cambió. Hoy sería un gran día para ella, pues, según lo que Frank le había dicho, ella debía hacerse la enferma frente a Gabriel para que éste la envíe con él. Ella aún no sabía bien para qué quería el doctor que la viera pero sospechaba que sería para ayudarla a escapar así que no se negó ni preguntó demás.

Y, mientras terminaba de subirse los pantalones, pensaba en el miedo terrible que tenía. No temía el tener que fingir estar enferma, pues desde que llegó al lugar había actuado y le había ido muy bien, nadie sospechaba nada, su temor realmente era lo que su nuevo amigo le diría. ¿Cómo escaparía? ¿Tendría que usar el bisturí? ¿Frank querría hablarle del objeto faltante de su consultorio? Miles de preguntas y ninguna respuesta. Aquél lugar era así, no daba conclusiones sino meras teorías y aquello la fastidiaba por demás.

Unos pequeños rayos de sol comenzaron a entrar por su ventana a través de la reja que impedía su escape y supo que era el momento, pronto Gabriel vendría a buscarla para "unirla a la comunidad" y todo eso en lo que él ciegamente creía y allí comenzaría su plan de escape de la mano de Frank, pues estaba segura de que para eso la quería ver.

Pronto, media hora después del despertar tempestuoso de Beth, la susodicha comenzó a sentir pasos detrás de su puerta y supo al instante que seguía: Un golpeteo a la puerta, un "¿Estás despierta?" y la rutina comenzaría.

—Ya salgo —susurró la chica intentando parecer somnolienta. Sería sospechoso que hubiera despertado antes del alba.

—Aquí te espero, Bethy —le contestó Gabriel desde detrás de la puerta. La chica hizo una mueca de disgusto, otra vez con ese maldito apodo, sonaba sucio de su boca.

Beth se movió por la habitación durante unos minutos para aparentar estar vistiéndose y acomodándose después de una hermosa noche y, pronto, abrió la puerta lentamente para encontrarse con el rostro de su captor, el padre.

—¿Cómo dormiste esta noche? —le preguntó el hombre mientras la inspeccionaba con la mirada.

—Muy… —comenzaba su plan. Beth fingió marearse y se tomó la frente con una mano mientras que con la otra se agarraba del marco de la puerta fingiendo necesitar soporte para mantenerse en pie.

—¿¡Beth!? ¿¡Estás bien!? —gritó alarmado el padre mientras se apresuraba a sujetarla por el brazo y colgársela por la espalda, para ayudarla a caminar.

—Estoy… Estoy muy mareada, ¿podríamos ir con el doctor de la otra vez? —preguntó tentativamente la chica. Rezaba a Dios que el padre no notara nada extraño, incluso fingió no recordar su nombre para no dar indicio alguno.

—Claro, inmediatamente —le dijo exasperado y con leve preocupación mientras la ayudaba a caminar por el reconocido pasillo.

Poco a poco fueron llegando al precario hospital ante la atenta mirada de parte de la población, quienes se tapaban la boca con las manos o negaban con la cabeza, preocupados. Parecían buenas personas, solo que muy, muy engañadas.

El padre tocó la puerta del consultorio de Frank y, sin siquiera esperar respuesta, abrió la puerta de par en par con Beth a sus hombros, sorprendiendo al doctor sentado en su escritorio haciendo papeleo.

El doctor levantó la vista y observó a la muchacha con asombro y rápidamente se levantó del lugar.

—¿Qué sucedió? —gritó el doctor, aunque sabía bien qué pasaba pero, por obvias razones, debía aparentar.

—Está mareada, muy débil… ¿Puedes hacerle una revisión de urgencia? —dijo el padre y sonó a orden, mientras sentaba a una débil Beth en la camilla. Ella pronto miró al suelo, haciéndose la enferma cuando no lo estaba, se sentía perfectamente y mas entusiasmada que nunca al pensar que pronto volvería a ver a Daryl.

—¡Ya mismo! —dijo Frank y se acercó lentamente a Beth. Esperó paciente a que Gabriel se fuera, aunque el susodicho pareció no entender el mensaje— Necesito que salgas, por favor, para la comodidad del paciente.

—Ella está cómoda conmigo —contestó él retándolo con la mirada. Beth se tensó y el médico no supo que decir. Pensó las palabras con lentitud y contestó:

—Tendré que quitarle la remera, por favor, será mejor que salgas… —intentó convencer el médico. Gabriel lo miró fijo, casi con odio. Bufó sonoramente y le dirigió una mirada a la convaleciente Beth.

—Estaré en la iglesia, Frank te traerá luego —le susurró con una sonrisa a la chica. Pronto, desvió su mirada al doctor y le advirtió—: Cuídala bien.

Tan pronto como habían llegado, el padre se había marchado. Beth y Frank suspiraron aliviados y se miraron fijamente.

—Bueno, comencemos… —susurró Frank con una sonrisa cómplice. La rubia le respondió de la misma manera y se acomodó en su camilla esperando la emocionante charla.


Espero de todo corazón que lo hayan disfrutado y nada más que decir, simplemente gracias nuevamente.

Edito: Y aclararles que desde mañana hasta el miércoles voy a estar ausente debido a unas inesperadas vacaciones familiares (Bueno, yo y mi hija... Precaria mi familia...) Y bueno, nada, solo quería avisarles que aunque sé que me van a extrañar porque soy la mejor del mundo mundial, intenten aguantar y no llorar demasiado en mi ausencia (Sarcasmo mode on) AJJAJAJAJA Bueno basta, los adoro, chauchis :3