Hola mi gente bella. Ante todo mil millones de disculpas. Sé que no valen nada pero con mi hija estoy A MIL, llegamos de las vacaciones y encontramos uno de nuestros cobayos muertos, fue un momento horrible y todavía no me recupero de mi duelo. Murió de viejita, no fue nada que se pudiera haber evitado, pero siempre duele que suceda y mucho más cuando no pude estar con ella en ese momento.

Sé que muchos dirán que son excusas y que por un cobayo (conejillo de indias) no puedo ponerme mal, que en realidad no quería subir y punto, pero NO ES ASÍ. Es un cobayo, pero era MI COBAYO, era un ser vivo como todos nosotros, con sus gustos, su personalidad, sus mañas... Era igual a todos nosotros y vale igual. Así que aún estoy muy triste y no tenía ganas de escribir, por eso no subí nada. Al final me decidí por escribir igual porque lo tomo como un deber hacia ustedes pero si fuera por mí...

En fin... Vamos a las formalidades y perdonen las molestias.

Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. El fic sí es de mi autoría.

Summary (Del capítulo dieciséis): Todos necesitamos abrazos, canciones, esperanza. Algunos la obtienen y otros no. Así es la vida.

Dedicación: Muy especial dedicación a mi cobaya hermosa, Giovanna. Te amo con todo mi corazón y NO SOS SÓLO UN COBAYO, eras parte de nuestra familia y te vamos a extrañar con locura.

Otra dedicación a todos los animales: ¿Amas a tu perro, gato, etc, como a un hijo? No estás solo ni loco, son parte de nuestra familia y merecen eso y mucho más. Por ejemplo, mi hija tiene otros ocho hermanos peludos 3 Lo mejor para un niño es crecer rodeado de seres tan puros como ellos.

Listo. Estoy muy triste así que me disculpo por la calidad del capítulo y con todos mis lectores. Mil disculpas.


Querido diario.

By: Bel.

~Capítulo dieciséis: Mío.~

El lugar no era en realidad algo que pudieran llamar hogar, pero al menos serviría para pasar las frías noches que se avecinaban y, en especial, sobrevivir a los vivos que perseguían sus vidas.

Rick daba instrucciones al grupo sobre qué cosa haría cada uno en la mañana y qué provisiones necesitarían con urgencia desde un pequeño balcón que colgaba dentro de la fábrica. Los demás miraban atentos desde abajo a su líder.

—¿Y cuánto tiempo nos quedaremos aquí? —susurró Carl a su padre mirando hacia arriba para persivir una sonrisa en mueca en el rostro de su padre.

Y es que aquella fábrica no estaba tan mal. Tan pronto como sellaron la puerta principal se dieron cuenta de que aquella era la única entrada y que, cerrada ésta, era imposible que alguien entre… O salga.

El lugar estaba sucio y un par de ratas se escabullían entre los pocos escombros que había y entre las miles de máquinas de cocer que alguna vez fueron utilizadas. La enorme fábrica tenía pequeñas habitaciones con camas poco cómodas pero útiles en donde, seguramente, dormían los trabajadores. Era triste, seguramente aquella fábrica fue una llena de explotación laboral, pero ya no importaba. Todos aquellos infelices eran caminantes ya rematados por el grupo al entrar.

—Nos quedaremos unos días, tenemos que ponernos al día todos y ver cuál será el próximo paso a seguir. Por ahora, nos conformaremos con mantenernos con vida —le contestó su padre sonriendo de lado. Carl era poco paciente, como cualquier niño de su edad. Verlo comportarse tan naturalmente lo llenaba de felicidad, quizá no toda el alma de su hijo estaba ennegrecida.

El chico bufó y la mayoría rió ante ese gesto, en especial Michonne, quien sonrió con la mayor ternura de la que disponía.

Daryl, por su parte, no estaba atento a nada. Lo único en lo que pensaba era en salir de aquél maldito lugar lleno de ratas en la mañana y buscar a su Beth.

El hombre abrió los ojos de par en par al comprobar su propio pensamiento y sacudió la cabeza con ferbor, como si nadie lo viera extrañado.

Todos lo miraron un poco intrigados pero, sin mas y habiendo escuchado el discurso de Rick, dieron media vuelta y acomodaron sus pocas pertenencias en sus propios cuartos.

—¿Qué pasa contigo? —preguntó Michonne, quien no pasó desapercibida aquella mueca y sacudida de cabeza de su compañero de grupo.

Las mejillas del cazador se tiñeron de un sutíl tono carmesí que, espero él, nadie notara. Lo cierto es que su pensamiento anterior respecto a la joven chica lo perturbó de sobremanera. Que la quería, bien, eso no se lo negaría, aquella chiquilla era buena manejando corazones ajenos pero… ¿Su Beth? ¿¡Qué demonios!? ¡De Hershel en todo caso, de Maggie tal vez! Volvió a expulsar aquellos pensamientos de su cabeza rápidamente para mirar a la morena que se encontraba frente a él, mirándolo cada vez con más interrogantes en sus ojos.

—Estoy cansado… —le susurró intentando sonar rudo, normal. Dicho aquello, tomó la ballesta que poco antes había apoyado en el suelo y se dispuso a buscar un cuarto, si es que quedaban, para poder descansar y limpiar la sangre asquerosa y podrida de la punta, sangre que había sido derramada hacia solo minutos.

Michonne suspiró, jamás entendería a los hombres. Nunca lo hizo y mucho menos ahora. Acomodó una de sus botas y se dispuso, ella también, a descansar por fin.

Había sido un día agotador lleno de reencuentros y su corazón no aguantaría más emociones.

La morena caminó por un largo y oscuro pasillo pasando de puerta en puerta hasta poder dar con una vacía.

La mujer paró de seco en una de las puertas abiertas y miró a través de ella con una sonrisa. Allí estaba su hermoso Carl jugando con la manito de su hermanita, quien era cargada por un orgulloso Rick.

El líder de su grupo mostraba su lado más dulce y tenue con sus pequeños hijos, le hablaba a Judith con un tono dulce y en un idioma que solo los bebés entenderían. Carl, por su lado, reía y sujetaba con mucha fuerza la pequeña mano de la bebé.

Una lágrima escurridiza cayó por la mejilla de la mujer. Amaba a aquella familia con toda su fuerza, como si fuera propia, pero no podía evitar sentir cierta envidia y eso la quemaba por dentro.

Caminó hasta una cama vacía y alejada y se dejó caer sin pensar en nada más que en lo miserable que se sentía.

Se odiaba por tener envidia de aquella hermosa familia, no debería ser así, ella los amaba y quería verlos felices pero… De vez en cuando ella quisiera experimentar qué hubiese sido de ella y de su pequeño si solo se le hubiera dado la oportunidad al segundo de poder seguir viviendo. Cómo habría crecido, a quién se parecería, quiénes hubieran sido sus amigos, cómo hubiera tomado aquellas situaciones que día a día vivían. En fin, Michonne hubiera dado lo que fuera por tener una familia como la que los Grimes tenían. Aquella familia estaba rota, sí, faltaba parte esencial, pero al menos los que quedaban estaban unidos, y la pequeña Judith había traído nuevas esperanzas. Sin tan solo su hijo…

—¿Michonne? —una voz habló a través de la puerta entreabierta del cuarto. La reconocería a kilómetros. Era su Carl.

—Dime, cariño… —dijo dulcemente, levantándose para acomodarse en la cama mientras limpiaba una o dos lágrimas.

El chico sabía que lloraba pero no hizo ademán de saber por qué. Él simplemente caminó en dirección a la morena y se sentó junto a ella en la cama. Pasó sus brazos alrededor del cuello de la mujer y la abrazó con fuerza bruta.

—Te quiero… —susurró el chico sin decir por qué o a qué se debía aquello. Habló sin pensar, simplemente dejó salir lo que sentía, en aquél mundo no se sabía cuándo sería la última vez que vieras a un ser querido.

Michonne no aguantó y comenzó a sollozar, mojando un poco la chaqueta maltrecha del niño. Él lo notó y enfatizó el abrazo.

—Y yo a ti, Carl… —susurró la morena apenas pudiendo hablar.

Y al otro lado de la fábrica, en otra diminuta habitación con una cama que siquiera tenía sábanas se hallaba Daryl, desparramado en el fino colchón, tan fino como una hoja y tan incómodo como una piedra.

Su ballesta reposaba a unos centímetros de él. Sus ojos estaban concentrados en la punta de una flecha, con la cual sus dedos jugueteaban intentando olvidar nuevamente que dormiría en silencio, sin el cantar de la joven Greene. Y nuevamente se puso a pensar en lo que había bagado por su mente minutos antes… ¿En verdad consideraba a Beth suya? ¿Por qué, con qué derecho? No lo sabía, Daryl desconocía el noventa y nueve por ciento de lo que al amor respectaba pero no era idiota. Sabía que pasaba algo con Beth, lo sentía. Cuando estuvo con ella, lo poco que duró, fue maravilloso, su corazón latía a mil por hora cada segundo y sentía que moriría de una afección al corazón. Y ahora, cuando ella ya no estaba, su corazón latía tan lento que parecía detenerse a cada segundo. No entendía bien qué pasaba, pero sabía quién era la culpable: Beth Greene. Estaba casi seguro de que ese tal "amor" del que muchos hablan era exactamente lo que él sentía. Era eso o una afección cardíaca.

Daryl suspiró. Mañana sería un largo día y, como bien había escuchado a Rick, mañana saldrían a buscar provisiones y él necesitaba estar atento a cualquier inconveniente que pudiera haber. Aún no se habían designado los grupos, quién saldría antes y quién después, pero él estaba seguro de que saldría mañana. Necesitaba buscar a Beth. Tenía que encontrar a Beth Greene.


Yo sé que no es de la mejor calidad pero bueno, no estoy como para escribir y lo hice simplemente porque no podía dejarlos tirados, la realidad es que pocas ganas tengo de escribir ahora.

Quiero que sepan que pienso en ustedes y no me gusta para nada dejarlos tirados. Los quiero mucho, chicuelos. Y espero que todo vaya mejorando.

Bel ~