¡Buen día mis chicuelos!Bueno, sé que no vengo cumpliendo con lo que les dije de subir un capítulo cada dos días y en verdad lo siento pero aprendí de una amiga que escribir no es cuestión de hacerlo por DEBÉR, sino que debo hacerlo cuando en verdad lo desee y me sienta cómoda.

En fin, este capítulo me quedó muy largo así que lo partí a la mitad. Sé que quieren capítulos largos pero no puedo pasar de mil palabras a tres mil así como así, mis amores u.u

En fin, espero que hayan estado bien y vamos a las formalidades:

Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. El fic sí es de mi autoría.

Summary (Del capítulo diecisiete): Era grato saber que en pocas horas escaparía de allí con un buen hombre. Lo malo era saber si en verdad lo lograrían o no.

Dedicatoria: A todos ustedes, agradezco inmensamente todos sus reviews y no puedo creer aún que haya gente que se interese por leer las incoherencias que escribo. Mil gracias, chicos, lo valoro muchísimo.


Querido diario.

By: Belencitah.

~ Capítulo diecisiete: De escapes y amigos. ~

Querido diario: Bueno, por fin este día terminó. No estuvo mal… ¡Nada mal! Pero tuve miedo, mucho miedo, de ser descubierta por Gabriel.

Por fin me hice la enferma, tal y como Frank me había dicho, y el padre me llevó directo a su despacho. Todo iba saliendo bien pero algo dentro mío me dice que Gabriel sospecha algo… Espero que no.

Frank me contó de qué quería hablar y, como yo creí, era sobre un plan de escape. Me emociona saber que alguien está ayudándome, no creo poder yo sola… No soy tan fuerte.

Lo que más me gustó de su plan es el hecho de que él también escapará conmigo. Estoy muy feliz por eso, no podía irme en paz sabiendo que él estaría aquí dentro a merced del imbécil.

En fin… El plan es simple, mañana es domingo (al parecer, lo cierto es que carezco de almanaques pero confío ciegamente en el doctor) lo que significa que hay misa. Frank me explicó, y de hecho también lo hizo Gabriel, que todos asisten a misa, inclusive los vigilantes del fuerte. La misa dura cinco minutos. Frank comentó que es muy corta para no dejar el lugar sin vigilancia por demasiado tiempo, pero para el resto de los fieles puede durar una hora. Lo cierto es que, gracias a estos datos, sé que tengo solo cinco minutos… Bueno, tenemos cinco minutos para escapar Frank y yo sin que nos vean.

La reja mide dos metros y medio, según el médico. Dijo que tenía una escalera pero que sería muy riesgoso intentar transportarla, seríamos vistos inmediatamente, por lo que, según él, la única manera de escapar es intentar trepar la reja y confiar en nuestras aptitudes físicas.

El plan es fácil, no tiene gran cosa. Debemos ir a misa, pues todos deben ir, y luego volver a hacerme la enferma. Frank fingirá llevarme a su despacho pero, en lugar de eso, correremos lo más rápido que podamos hacia la reja. Intentaremos escalarla y, una vez fuera, correremos hasta perder la conciencia. Frank dice que, probablemente, Gabriel nos busque unas horas pero que, si no nos haya, nos dará por muertos y volverá a "sus labores de tortura", palabras textuales.

No es que sea difícil, no tiene demasiada lógica o pensamiento, pero no confío demasiado en mi físico, no sé si llegaré a escalar dos metros y medio pero, como bien dijo mi amigo, no hay otra alternativa. Es vida o muerte y, con todo mi corazón deseo que sea vida.

Beth cerró lentamente su diario y lo miró con una tenue sonrisa. Tapó la pluma que unas horas antes había pedido prestada a Frank y escondió ambas cosas bajo su colchón que, con mucho esfuerzo, levantó. Además, aprovechó para palpar allí abajo y sonrió cuando encontró su bisturí en el mismo lugar en donde lo había escondido la primera vez. Era bueno tener un arma a mano por cualquier cosa, no debía confiarse demasiado.

Desvió la mirada hacia su mesa de luz y notó que eran las dos de la mañana. Debería dormir pero no podía conciliar el sueño. En pocas horas debía escapar de allí, una hazaña de vida o muerte.

Caminó despacio por la habitación hasta llegar a la ventana enrejada. Miró la luna que ya estaba en lo alto del cielo, estaba llena y redonda como nunca antes la había visto.

La rubia suspiró y se acercó hasta apoyar sus codos en el marco de la ventana, con la mano derecha sostuvo su barbilla y se quedó contemplando el cielo completamente embobada.

¿Qué estaría haciendo Daryl? ¿Su hermana? ¿Los demás? ¿La extrañarían? ¿Daryl la extrañaría?

Ella esperaba que sí, y esperaba que esté bien y a salvo. Beth rara vez pensaba en el menor de los Dixon como un cadáver, ella confiaba en las habilidades de él más que en las suyas y, como hacía muchas noches le había dicho, él sería el último hombre en pie.

¿Estaría él buscándola? Probablemente no… Beth pondría sus manos al fuego porque no, lo más probable es que Daryl la hubiera dado por muerta y hubiera seguido su camino, quizá uniéndose a algún grupo errante o quizá, con mayor suerte, encontrando a alguno de sus viejos amigos perdidos.

Una lágrima cayó lentamente de sus transparentes ojos hasta romper en sus labios. Extrañaba tanto a aquél idiota… Claro que extrañaba a todos en verdad, Maggie era su hermana y su mejor amiga, Judith era su pequeña niña y Rick era el mejor líder que podría haber pedido pero nadie nunca le dio lo que Daryl. Porque aunque el hombre siquiera se haya enterado, le había enseñado a Beth cosas elementales de la vida que la joven desconocía.

Ella no era de las personas que confían fácilmente en los demás. La habían defraudado muchas veces y, por más alegre que ella esté, como todos, ella tenía sus problemas y pensamientos oscuros. Por más egoísta que pareciera, la joven siempre pensó que el mundo estaba en su contra, que todo lo malo le sucedía a ella. Era huérfana, su futuro era desolador y se sentía completamente sola en el mundo. Pero luego conoció a Daryl… Bueno, ya lo conocía, pero esa última semana lo había conocido en verdad y se había maldecido una y otra vez por pensar que su vida era la peor. El pobre hombre había tenido una infancia oscura y problemática, siempre siguiendo a su hermano, con un padre idiota, madre ausente… ¿Y ella tenía problemas?

Daryl le había enseñado más en unos días de la vida que su familia en dieciocho años. La había cuidado, había velado por su seguridad… La había seguido en sus más locas ideas y, por sobre todo, le había mostrado un lado de él que no había mostrado a nadie antes, porque detrás de aquél cascarón de rudeza que tenía, era puro amor. Era una persona que buscaba un lugar en el mundo y ya.

Y más lágrimas cayeron de sus ojos. ¿Por qué el mundo era tan cruel con un hombre tan bueno como Dixon? Al fin, después de tantos años, Daryl había logrado dejar atrás los malos años de su vida, había quemado la casa y se había olvidado del dinero… Por primera vez notaba a Daryl sonreír –porque sí, Beth aseguraba haberlo visto sonreír en varias ocasiones pero no le había dicho nada- y, por algún giro inentendible del destino, todo volvía a ser oscuridad y pérdidas para él.

La vida no era justa, para nada justa. El karma no existía, tampoco el "cosechas lo que siembras" y, mucho menos, el "vivieron felices por siempre".

La chica sacudió la cabeza intentado despejarse. Debía concentrarse, mañana sería un día muy importante, por fin sería libre y tendría la oportunidad de buscar a Daryl así le costara años. No se daría por vencida, el hombre estaba vagando por ahí y ella lo encontraría.

Miró el cielo y parpadeó varias veces, sus ojos estaban rojos y le picaban por culpa de las tortuosas lágrimas.

La hermosa luna ya no estaba tan alta como antes y se veía una pequeña aurora naranja al horizonte. Abrió los ojos de par en par y rápidamente corrió hacia el reloj que, gentilmente, Gabriel había hecho colocar en su habitación para que tuviera una buena alarma. Eran las seis de la mañana y, sin notarlo, había pasado la noche en vela con pensamientos superfluos que no la ayudarían a escapar.

—Rayos… —susurró reprendiéndose a sí misma. Frank le había aconsejado dormir bien para estar despierta y alerta. La misa era a las siete de la tarde y no tendría oportunidad de dormir entre horas. Bueno… En la edad adolescente es normal estar en vela pero en ese caso en particular ella hubiera necesitado descansar músculos al menos unas horas.

Suspiró. Lo hecho, hecho estaba, lo único que le quedaba era vestirse y sacarse ese maldito pijama de anciana que Gabriel había elegido "especialmente para ella", según textuales palabras.

Abrió lentamente el ropero enorme y hermoso y eligió, nuevamente, la ropa más cómoda que tuviera. Nada de vestidos hermosos y faldas largas de monja… Un pantalón negro y una camisa blanca. Simple y cómodo, algo normal como para escalar dos metros y medio de reja.

Entró al baño pequeño que tenía la habitación y se arregló un poco el cabello, no tendría tanto lujo cuando saliera de allí… Si es que salía… Así que quería aprovecharlo. Se lavó los dientes con el cepillo rosa que venía con la habitación y se higienizó un poco la cara con jabones perfumados y pequeños que, cómo si no, Gabriel le había regalado amablemente.

—Podrás hacerlo, Beth. Eres fuerte. Daryl te entrenó, no puedes fallar —le decía a su reflejo en el espejo. Necesitaba palabras de aliento y, no habiendo de otra, tendría que dárselas ella misma—. Sé que puedo, sé que puedo, sé qu-

—¡Cariño! —se escuchó detrás de la puerta junto con un incesante golpeteo. Beth suspiró cansada, otra vez aguantarlo y fingir que todo estaba perfecto, pero aguantaría, sabía que era la última vez que lo vería.

—¡Voy, padre! —contestó intentando sonar cordial.

—Aquí te espero…

—Aquí te espero… —susurró Beth con una mueca, burlándose del hombre mientras fingía terminar de arreglarse y, cuidando que no escuche, continuó— Maldito idiota.

Caminó hacia la puerta con cara de asco y, tras ablandar un poco sus rasgos, logró sacar una sonrisa. Conforme con el resultado, abrió lentamente la puerta de algarrobo con esfuerzo, era pesada.

—¡Siempre tan linda, buen día, Beth! —dijo estrepitosamente el hombre que, como todos los días, tenía su túnica en perfecto y pulcro estado.

—Gracias… Buen día, padre —comentó educadamente.

—Bueno… Hoy no te acompañaré yo. Debo planear la misa de la tarde, hoy será especial ya que será tu primera misa y quiero que todo sea perfecto. Ve al comedor junto con los demás… Come bien y pasa el día con ellas —le explicó el hombre señalando la, ya conocida, puerta de salida. A Beth le sonó más a orden que a simple sugerencia pero lo obvió.

La chica simplemente le sonrió, sobraban palabras que dedicarle. El hombre hizo lo mismo y se marchó para el lado contrario.

Greene lo vio irse y caminó hacia la puerta principal. Por unos momentos se sintió libre sin aquél hombre atosigándola constantemente. Incluso, la idea de escapar en ese mismo instante revoloteó por su cabeza unos minutos pero pronto la expulsó. No se iría sin Frank, sin contar el hecho de que no podría hacerlo con los guardias vigilando allí.

Caminó hacia la puerta principal y pronto salió al hermoso jardín lleno de verde y mojado pasto. Suspiró la libertad pura y observó el muro. Sí, los guardias estaban, como había predicho, con armas. Observó para todos lados a la gente caminar tranquila, charlando u observando el cielo. Notó que no había niños y tampoco divisaba ancianos. Frank el había dicho que prescindían de la gente que no les serviría pero… ¿niños?

Beth hizo una mueca de asco y caminó por el pasto hasta llegar a una pequeña choza muy acogedora que se encontraba frente al precario hospital. Observó en donde, se suponía, estaba Frank y sonrió. Por fin sería libre gracias a él.

Siguió caminando y entró a la choza en donde había unas dos o tres personas, todas mujeres, comiendo. La miraron con una sonrisa a modo de saludo, cosa que ella correspondió.

Buscando con la mirada un lugar donde sentarse divisó un rostro conocido en una mesa pequeña y alejada, en una esquina.

—¡Niña! ¿Quieres desayunar algo? —gritó Frank moviendo la mano a modo de saludo. Ella simplemente sonrió. Ese hombre era genial.


Bueeeno, eso es todo por este capítulo aunque quiero que sepan que en breves otro capítulo. Como expliqué, tuve que dividir este en dos, así que nada. Espero que lo hayan disfrutado mis bebotes.

Bel~