Continuo con esto, aunque este capítulo es una completa birria. Sonaba mejor entre las carcajadas.
Esta vez, pidió a Daisuke fastidiando a Takari.
ºProblematics roomsº
Daisuke/ Takeru / Hikari
Cuando abrió la puerta, Natsuko empezaba a creer que no podrían caber más personas en su casa. Aunque la gran mayoría fueran adolescentes. Muchos habían crecido demasiado ese paso del tiempo. Sus dos hijos, por ejemplo. Yamato ya le pasaba de altura y Takeru iba por el mismo camino.
Hacía tiempo que no veía al resto y podía comprobar que el crecimiento era algo que a veces asustaba.
Guió a la que esperaba que fuera la última tanda al dormitorio de su hijo y este, los recibió con una sonrisa. Natsuko salió de la habitación antes de que fuera a peor.
—
.
Daisuke reía a carcajadas. Estaba sentado, — adrede—, entre Takeru y Hikari. Tenía un libro sobre sus piernas. Había asaltado la biblioteca de Takeru, preguntándose por qué demonios un chico de su edad tenía libros tan complicados hasta que dio con ese.
Estaba estratégicamente sentado en ese lugar, desde luego. No podía permitir que Takeru se saliera con la suya y terminara llevándose a la chica. Aunque Hikari, con lo hermosa que era, tenía cierta capacidad para pisotear sus sentimientos en algún que otro momento.
Aún así, —llámenle masoka—, a él le gustaba.
Así como admiraba al hermano mayor, le gustaba la hermana pequeña. Aunque ella y Takeru siempre parecían tener algo especial. Como algo que los encajaba a la perfección.
¡Y qué rabia daba!
Se puso en pie de golpe, rebuscando algo que llamara su atención. Tenía que encontrar los oscuros secretos de Takeru ahora que estaba a tiempo. Algo que provocara que quedara expuesto hacia Hikari y esta no quisiera verlo en su vida.
En su mente podía hacerse una imagen perfecta de la situación. La mirada fría de Hikari sobre un Takeru completamente destrozado y cayendo en sus brazos.
—Se te cae la baba.
—¿Eh?
Volvió en sí frotándose la mejilla. Miyako se había cercado hacia él tanto que casi podía oler a lavanda. Retrocedió del susto, con tan mala pata, que puso la mano sobre la bandeja de bebidas, tirándosela toda encima.
Maldijo entre dientes, levantándose de golpe y salpicando tanto a Hikari como a Takeru. Miyako empezó a reírse y él le tiró el resto de un vaso que quedaba.
Entonces comenzó el caos. Miyako se lanzó sobre él, pellizcándole las mejillas. En algún momento la ropa empezó a estar pegajosa y sobrar de sus cuerpos. Los mayores terminaron enlazados también y muchos quedaron sin camiseta.
Obligó a Takeru a desnudarse de algún modo y el jodido no tenía ni un leve atisbo de grasa de la que burlarse. Hikari terminó también manchada de zumo y alguien gimió para su sorpresa.
Hasta que la puerta no se abrió, todos no cesaron de hacer más ruido del esperado.
—
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Natsuko los miraba con la boca abierta. Incrédula. Era como si un montón de adolescentes se hubieran metido en su casa para hacer una orgía. Todos enlazadas, semidesnudos y arrastrando consigo a las chicas.
Todo era un caos tremendo que para cualquier adulto en su sano juicio, parecería cualquier otra cosa. El grito que dio provocó que todos se detuvieran y la miraran con ojos como platos.
—Todos fuera de mi casa.
El miedo se dibujó en sus rostros. Uno a uno comenzaron a salir. Yamato se detuvo, señalándose.
—¿Yo también?
Natsuko frunció el ceño.
—Tú el primero. Ya hablaré con tu padre de esto.
Yamato agachó la cabeza y salió. Takeru se acercó a su madre, camiseta en mano y tras una mirada de ánimo por parte de Hikari.
—Mamá, no es lo que parece…— comenzó cuando la puerta se hubo cerrado.
A Takeru le costó mucho hacer entender a su madre. Yamato tuvo que informar de todo a su padre que comprendiera. Takeru esa noche tuvo que darle una gran charla a Hikari. Daisuke, por su parte, terminaba sin comprender qué había pasado. En su mente no cesaba de rondar una escena maldita, en que Takeru saltaba sobre Hikari justo antes de que se quitara su camiseta.
Maldito Takeru.
Notas de autora:
Lo dicho... esta vez fue... horrible uxu.
