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Al día siguiente, Bonnie les contó a todos lo que había descubierto en los antiguos grimorios de su familia y trazaran así un plan:
Al parecer existía algo llamado El Ancla, algo que existía tanto en El Otro Lado como en el mundo real. Todo aquel que moría tenía que pasar por él.
-No recuerdo haber visto nada de eso cuando morí –intentó hacer memoria Damon.
-Eso es porque, a modo de seguridad, cuando alguien lo cruza, si olvida de ello –explicó la bruja Bennett.
-Entonces –intervino Elena-, ¿no sabemos cómo es El Ancla?
-Aquí no dice nada de su aspecto –respondió su cuñada y amiga Bonnie-, pero El Ancla existe desde que se creó el Otro Lado, así que tiene que ser muy antiguo, casi ancestral.
"Además, dado que El Otro lado está desestabilizándose, será lo único que esté inmóvil, rodeado de calma.
El plan era "sencillo", la persona que realizó el triángulo de expresión hizo un hechizo para impedir que las almas de sus víctimas pasaran al Otro Lado al momento de su muerte, estaban como congeladas y aún no habían podido pasar por El Ancla. Bonnie solo tenía que romper ese hechizo y provocar así que todos esos seres sobrenaturales cruzasen a la vez. Mientras tanto, Stefan estaría recitando un conjuro para usar esa energía para crear el portal, uniéndose a él Bonnie tras terminar su tarea anterior. Damon solo tenía que encontrar El Ancla, tocarlo y cruzar al lado de los vivos.
Para poder realizar dicha tarea, Damon tenía que dejar de ser corpóreo en el mundo de los vivos y regresar su consciencia al Otro Lado.
-¿Estáis seguros de que funcionará? –preguntó una preocupada Elena, temiendo que jamás volvería al hombre que amaba.
-Todo saldrá bien, babe –le aseguró Damon confiando sobremanera en su hermano y en la bruja Bennett-. La próxima vez que nos veamos, seré completamente de este mundo.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo –asintió él, firmando su promesa con un beso.
-Comencemos –anunció Bonnie indicándole a Damon que se tumbara en el sofá para poder sumergirlo en un profundo sueño que le ayudaría a enviarlo al Otro Lado.
Acto seguido, la chica Bennett y Stefan se cogieron de la mano, cerraron los ojos para concentrarse y comenzaron a recitar un conjuro en una lengua extraña que nadie más entendía.
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Gritos desgarradores y el azote del viento contra su cuerpo hizo despertar a Damon, quien estaba tumbado en el suelo de lo que a simple vista parecía ser el cementerio de Mystic Falls, pero que claramente era su mera representación en El Otro Lado.
Damon tuvo dificultades para ponerse en pie, puesto que el viento le empujaba hacia atrás con mucha fuerza. Haciendo un gran esfuerzo, el fantasma se agarró al árbol más cercano. En ese momento, echó una vista a su alrededor y contempló horrorizado cómo decenas de almas perdidas eran arrastradas por el viento hacia una especie de agujero negro formado en el cielo, agujero que los absorbía para no dejarles escapar jamás. Eso es lo que le ocurriría a él si no mantenía una prudencia extrema. Había recorrido un largo viaje, demasiado largo como para acabar siendo absorbido por algo así.
Entre la desoladora imagen de lo que estaba aconteciendo ante sus ojos y la dificultad para poder debido a la cantidad de tierra y hojas caídas que levantaba el viento, Damon descubre que esa oleada de viento se está generando en un punto concreto del cementerio. Suponiendo que esa zona fuera el núcleo, era de suponer también que era allí donde estaría El Ancla.
A duras penas y siendo cada vez más difícil luchar contra el viento cuando más se acercaba el origen de este, Damon consiguió llegar hasta las inmediaciones del núcleo, de un pequeño páramo exento de tumbas y cuyo único elemento a destacar era un tronco cortado en el centro del lugar.
Junto a ese tronco partido de lo que en su día fue un roble blanco, Damon vio un grupo numeroso de personas apareciendo de la nada, como recién llegadas al Otro Lado. Esto despejó las dudas del brujo de dónde se localizaba El Ancla.
Cuando los recién llegados se alejaron confusos y asustados de allí, corriendo a ponerse a salvo del viento, Damon se acercó todo lo que pudo a aquella zona. El tronco que tanto le llamó la atención al brujo estaba rodeado por un claro círculo marcado con tierra caliza en el suelo. Lo poco que quedaba del tronco permanecía bien anclado al suelo, con raíces muy firmes. Perfectamente cortado este, sobre él descansaba una pequeña daga que se remontaba a una época anterior a la Mesopotamia.
Damon iba a tocarlo pero, al poner un pie dentro del círculo de arena, la magia protectora de este originó un fuerte viento que lo arrastró bien lejos. En la caída, el chico se golpeó la cabeza contra una roca y perdió el conocimiento inmediatamente después.
-Damon… -escuchó él como un susurro provocado por el ulular del viento-. ¡Damon! Es el momento, tienes que cruzar el portal.
Pero no se trataba de una ilusión, era la voz de Stefan. Su hermano le estaba hablando a él directamente y, por la desesperación de su voz, el tiempo se le estaba acabando.
Haciendo un gran esfuerzo, Damon intentó ponerse en pie al mismo tiempo que sentía cómo todo su cuerpo le pesaba y le pedía un respiro. El chico hizo caso omiso a su propio malestar y caminó con decisión de vuelta al tronco de roble blanco, el cual parecía estar más lejos que nunca; pero su fuerza de voluntad no pudo vencer a la realidad, que su cuerpo estaba exhausto y que no podía avanzar más. Cansado de luchar a contracorriente sin éxito, se agarró a un árbol perdiendo las esperanzas de poder salir de allí, de volver a ver a sus seres queridos.
-Damon, por favor, no me dejes -escuchó el brujo esta vez con mucha claridad, pese a ser una voz desgarra por la angustia.
Esa voz era inconfundible, la única que podía devolverle esperanzas al chico, era Elena.
-Me lo prometiste, Damon. Por favor… Vuelve conmigo.
Damon cerró los ojos unos segundos para concentrarse y, cuando los volvió a abrir, su mirada mostraba una gran decisión que no había mostrado jamás. El chico comenzó así a caminar con decisión, sin intención alguna de rendirse mientras aún existiese una mínima posibilidad de reunirse con su familia.
En esta ocasión, cuando estuvo a unos pasos del tronco, estirazó su cuerpo hacia adelante todo lo que pudo sin cruzar el círculo dibujado en el suelo y tocó la daga. En ese preciso instante, vio una gran luz reluciendo en la daga justo antes de que todo se volviera completamente oscuro y silencioso.
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Poco a poco, la oscuridad fue siendo menos intensa, como si alguien hubiera encendido una luz que aumentaba su brillo conforme iba pasando el tiempo. Lo mismo ocurría con el silencio. Unas voces para nada definidas comenzaron a oírse muy lejanas, como si se trataran de un reflejo, un débil eco. Estas voces empezaron a tomar fuerza, hasta el punto de poder reconocer a los hablantes.
-¿Ha funcionado? –preguntó Elena prácticamente aguantando la respiración por la expectación.
-El hechizo ha salido como debía –le informó su amiga Bonnie-. Ahora todo depende de Damon.
El chico quería abrir los ojos, decir algo, moverse… Hacer cualquier cosa para mostrarle a los suyos que estaba bien, que no tenían que preocuparse por él, que habían conseguido traerle de vuelta a casa. Pero su cuerpo no respondía. Estaba tan agotado por el sobre esfuerzo físico y mental por el que había pasado que, por mucho que lo intentase, su mente y su cuerpo no llegaban a trabajar en sintonía. Es más, Damon se encontraba tan cansado mental y físicamente que acabó quedándose dormido casi sin darse cuenta.
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Mientras esperaban a que Damon despertase y con claras intenciones de luchar contra sus nervios, la familia Gilbert y compañía se dispuso a preparar una muy elaborada cena que les mantendrían ocupados por largo tiempo.
-Hmm… Eso huele de maravilla –dijo alguien entrando en la cocina.
-¡Damon! –celebró Stefan, corriendo cual joven que fue antaño para ir a abrazar a su hermano.
Elena estaba muy emocionada con el regreso del chico al que amaba, pero contuvo sus ganas de ir a saludarle para darle la oportunidad a Stefan de recibir a su hermano como era debido. Los Salvatore habían estado separados durante décadas y este momento era muy importante y especial para ellos.
Nada más separarse de su hermano, Damon le dedicó tal mirada y sonrisa de felicidad a Elena que esta se quedó congelada en el sitio. Tomando la iniciativa, el chico corrió hacia ella para agarrarle con fuerza por la cintura y hacerle girar varias veces, atrapando sus labios en un romántico beso al bajarla.
-Te quiero -murmuró el chico de ojos azules apoyando su frente contra la de ella al separar sus labios.
-Has tardado mucho en decirlo -le acusó Elena en tono risueño, incapaz de enfadarse con él en un momento tan feliz como ese.
-Tenía miedo de decirlo antes porque no sabía si podría quedarme aquí contigo -le confesó Damon-. No quería hacerte daño.
-Ya no tienes nada de qué preocuparte, estamos juntos.
Esas palabras y la promesa que conllevaban, hicieron sonreír a Damon como nunca antes había sonreído, con felicidad pura.
-¿Va a ser raro para ti salir con un brujo? –le preguntó a la chica, acariciándole el cabello.
-He estado saliendo con un fantasma hace poco, así que un poco de magia allí o allá no será tan raro.
-Bueno es saberlo –sonrió Damon justo antes de volver a unir sus labios.
FIN
N/A: Quien mató a Damon y quien realizó el triangulo de expresión –y el motivo por el cual lo hicieron- era una especie de mcguffin, el desencadenante de que el velo cayese, pero no son más importantes que eso. No eran más que un recurso, un elemento conductor que ayudaba a los protagonistas de la historia a llegar a donde tenían que ir.
