¡Holi, holi, Mis queridos! ¿Cómo andan? Espero que bien. Yo acá nuevamente con un nuevo capítulo. Quería hacerlo más largo, ¡lo juro!, de hecho sí me quedó largo pero tuve que cortarlo y explico por qué: No puedo venir subiendo capítulos de dos mil palabras y, de pronto, subir uno de cuatromil. Sé que quieren capítulos largos pero, Im sorry, no puedo, chiquis. Espero sepan entender que es cosa estética.

Bueno, acá llueve mucho y mi hija está muy asustada con los truenos. ¡Cosita :3! En fin, a las formalidades:

Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. El fic, sin embargo, sí es de mi autoría.

Summary (del capítulo veinte): Todo estaba listo, el plan marchaba a la perfección, pero la más mínima equivocación y ambos estarían muertos.

Dedicatoria: A mi bebé que tiene mucho miedo & a todos ustedes que son la razón de que siga con este desastroso fic. ¡Los amo!


Querido diario.

By: Belencitah.

~Capítulo veinte: De vida o muerte.~

—Muy bien, ¿entendiste todo? —preguntó Frank sentado en el escritorio de su despacho. La chica, por su parte, se sentaba del lado contrario a él, enfrentándolo.

—Perfectamente.

El hombre la miró con una ceja alzada. Probablemente no le creía, solo habían repasado el plan una vez y temía que la chica olvidara algo que, en ese momento, podría costarles la vida a ambos.

—De acuerdo —suspiró Beth mientras se acomodaba un poco mejor en la silla azul de oficina—. A las seis de la tarde, cuando la misa comience, yo tengo que estar en primera fila. Tú estarás en segunda fila. Apenas el pastor hable yo comenzaré a tambalearme pero fingiré con Gabriel estar bien. Tú insistirás en hacer un chequeo corto y volver rápido. Suponemos que él aceptará. Me ayudas a salir y, una vez fuera, corremos con todas nuestras fuerzas y trepamos la reja.

—Sin mirar… —susurró el doctor esperando que la chica termine de formular la oración.

—Sin mirar en ningún momento atrás —concluyó Beth satisfecha y con una blanca sonrisa en sus labios.

—¡Esa es mi niña! Lo harás bien, no hay que preocuparse —susurró el hombre con un semblante paternal. Beth recordó a su querido padre por unos segundos pero desistió de aquello, no la ayudaba en nada y debía concentrarse; simplemente le sonrió con ternura.

—Son las cuatro, estoy algo nerviosa… —comentó la joven mientras jugaba torpemente con una lapicera que había desparramada en el escritorio.

—Lo sé, no te mentiré, yo también lo estoy, pero lo lograremos, cariño. Si tienes cosas personales que quieras traer, este es el momento. Recuerda no traer trivialidades, solo lo que entre en tu bolsillo.

—No es como si tuviera mucho aquí —bromeó Beth y comenzó a morder el capuchón de la pluma— ¿Qué haremos una vez fuera? No tenemos provisiones y casi no tenemos armas…

—¿Me crees idiota, cariño? ¡Tengo una mochila lista! —bromeó él y se levantó lentamente, a su edad tenía poca movilidad y eso hizo dudar a Beth, pero no comentó nada. El hombre caminó hasta un armario que mantenía bajo llave, en la puerta del mismo se leía: "Medicinas".

Abrió lentamente y sacó un pequeño bolso. Se lo tiró sin aviso a la chica quien, con dificultad, lo atajó.

—Debes tener reflejos, mi niña —aquél hombre no se cansaba de bromear y eso relajaba a Beth. Agradecía a los cielos la buena suerte que tenía con los compañeros de Apocalipsis.

La joven abrió la mochila, la cual era bastante liviana. En ella encontró dos botellas de agua de un litro, un par de latas de conservas, algunas utilidades varias como hojas, lápiz y una brújula y, rodeando todo, una gruesa manta.

—Es perfecto, tenemos para varios días… —comentó tanteando cada objeto y volviendo a cerrar todo perfectamente.

—Lo sé, pero no significa que lo lograremos —por primera vez, la sonrisa del rostro del anciano se borró y comenzó a hablar de manera seria mientras miraba el piso. Mirar a Beth quemaba en ocasiones, él la veía como a su hija y nunca da gusto dar malas noticias—, no hay que ser pesimistas, pero tampoco estar ciegos, cariño. Lo cierto es que escapar es difícil, cualquier cosa puede pasar, cualquier improvisto nos dejaría al descubierto. En el mejor de los casos, pasaremos la fecha y ya, pero en el peor…

—Entiendo, pero no podemos quedarnos aquí sin hacer nada, ¿Esto es vivir? —gritó la chica y pronto cayó. No debía llamar la atención, aquél lugar podía estar siendo vigilado en sus narices y ellos siquiera lo notarían.

—Es por eso que, pese a todo, deseo hacerlo —susurró Frank—, debemos hacerlo. Y una vez fuera, no sé, nos arreglaremos. Lo más peligroso es salir de aquí.

—Una vez fuera quisiera buscar a mis amigos, si no te importa, ¡te encantaría conocerlos! —dijo entusiasmada la chica.

Frank cerró los ojos y entristeció sus facciones. Odiaba ser tan realista frente a la inmensa esperanza que Beth profesaba.

—Bethy… —susurró y, por primera vez, levantó la mirada y la observó a los ojos. La chica sonreía inocente y sus ojos irradiaban esperanza— ¿Tú crees que…

—Sí, lo creo —respondió sin dejarlo terminar. Su semblante no cambió en absoluto y su sonrisa se mantenía—. Y si los conocieras sabrías por qué estoy tan segura, Franky.

—De acuerdo, confío en ti —comentó y pasó su mano por encima del escritorio hasta tocar los dedos de la chica.

Beth hizo lo mismo y entrelazaron sus dedos.

—¿Qué pasó con tus padres? ¿Tienes hermanos, familia? —preguntó con mucho tacto el hombre y apretó el agarre para darle ánimo.

—Tenía papá, y mamá, y dos molestos hermanos… —susurró con tristeza, pero esbozando una sonrisa ante su comentario— Hoy en día solo me queda mi hermana y siquiera sé dónde está.

—La buscaremos y la encontraremos, tranquila. Y cuando te vea estará muy orgullosa de ti, linda —le dijo el hombre y se sintió padre nuevamente.

—Lo sé, y te amará por ayudarme —comentó con una sonrisa y una pequeña carcajada. No era momento de llorar, quizá después, cuando estuviera fuera de aquél maldito lugar.

El doctor sacudió la cabeza para alejar pensamientos y soltó la mano de la chica. Se paró de golpe y asustó un poco a Beth.

—Muy bien, debemos prepararnos, linda. Ve a tu habitación y busca lo que tengas o creas necesario. Recuerda no traer mucho… Y quizá una muda de ropa.

—De acuerdo, Franky —contestó la chica y, levantándose de la silla, caminó hacia la puerta, la cual cerró estruendosamente al son de un "Lo siento".

El hombre quedó solo en lo que alguna vez fue su consultorio, su hogar, su lugar. Sonrió por la acción de la chica y una furtiva lágrima cayó por su mejilla. Los hombres no lloraban pero él había aguantado demasiado.

Se acercó nuevamente a su escritorio y abrió el segundo cajón con una pequeña llave dorada. De allí, lentamente gracias a su artrosis, sacó un revolver pequeño.

—Nunca creí tener que usarte, mi amigo… —susurró mientras observaba el brillante objeto con una sonrisa trágica. Lo guardó bien ajustado en su cinturón y tapó el mismo con su bata de médico tradicional blanca— Aún espero no tener que hacerlo.

Por su lado, Beth sonreía al ver a su hermoso diario, que tantos momentos tristes y felices guardaba en sus hojas. Lo guardó lentamente en su bolsillo trasero y, en su otra mano, sostuvo firmemente el bisturí que hacía días había robado del consultorio de Frank. Debía decirle que lo tenía pero lo había olvidado por completo, se lo diría después. Lo escondió en su cinturón con mucho cuidado de no cortarse con el mismo, el cual estaba afilado.

Caminó hacia el ropero enorme y tomó lo primero que encontró, un pantalón negro cómodo y una de las millones de remeras blancas que había en él. Al parecer allí eran monocromáticos.

La soltó suavemente en la cama y la dobló. La dejó allí y caminó hasta el baño para verse por última vez en el espejo. Era conciente del peligro que se avecinaba pero aún era una jovencita y tenía ciertas vanidades propias de su edad.

—Tu puedes, Beth, puedes hacerlo —se decía una y otra vez mientras se lavaba la cara con agua helada, quería estar despierta pese a no haber dormido nada—. Será sencillo, tu puedes.

Caminó a tomar la vestimenta que había dejado en la cama y, casi corriendo, se encaminó a la puerta de la habitación para llevar la ropa al bolso del doctor tan pronto como sea posible.

La abrió rápidamente y sus ojos se abrieron de par en par. Los bellos de sus brazos se erizaron completamente y un frío recorrió su espina dorsal.

—¡Padre! —gritó al ver a la persona que menos necesitaba ver en ese sospechoso momento.

El hombre la miró de arriba abajo sin su típica sonrisa, las cejas del hombre estaban levantadas incrédulamente, intentando descifrar qué hacía la chica tan agitada y con ropas en sus brazos.

Su mirada paró en seco en las prendas y luego en los ojos de la joven, exigiendo silenciosamente una respuesta.

—Quería llevarle esta ropa a María, quizá pueda darme una mano para estar linda hoy… Para la misa —intentó excusarse la chica. Lo cierto era que había actuado todo ese tiempo, una última actuación no le haría daño.

—Ya veo… —susurró el hombre sin cambiar su horrible expresión. Beth palideció, ella esperaba algo como "Tú siempre estas linda" o cosas así. No que lo necesitara, poco le importaba un halago si venía de parte de aquél hombre, pero así al menos sentiría que lo había convencido. Beth sabía que el hombre pero pocas excusas extra podía poner. Cuantas más intentara ella excusarse, el hombre más notaría su extrañeza— Bueno, solo venía a recordarte la hora… A las seis, Beth, espero verte allí.

—Claro —dijo ella y le sonrió con nerviosismo palpable.

—Estás pálida… ¿Pasa algo? —preguntó Gabriel y dio un paso adelante, acercándose peligrosamente a la chica, quien hizo un desesperado intento por no dar un paso atrás.

—Sí, bueno, estoy emocionada. Será una misa en mi honor, es algo increíble —comentó enfatizando en la palabra increíble.

—No temas, somos una buena comunidad, como tú. Cosechas lo que cultivas, Bethy —por primera vez, una sonrisa se expuso en el rostro del cura y la calidez volvió a reinar en él. Beth suspiró para sus adentros esperando que todo haya resultado bien para ella.

El hombre palmeó el hombro de la chica intentando inculcarle tranquilidad y, al son de un "nos vemos a las seis", se fue tan simplemente como había aparecido allí.


Espero que les haya gustado y recuerden que son bienvenidos a dejarme su opinión a través de un Review.

Los adorow.

Bel~