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ºProblematics roomsº
Kenayakodai
Ken- Miyako- Daisuke
Miyako fue la primera en fruncir la nariz y mirar la habitación con espanto. Bien pareciera que acabara de pasar un huracán por ahí. Mientras que Daisuke les miraba con orgullo, con los brazos en jarras y el pecho inflado.
Los demás miraban atónitos algo que parecía ser un espectáculo de una cámara oculta para comprobar cuán tolerables eran a la… inmundicia.
—No te sientas tan orgulloso —reprendió Miyako dándole un capón—. Todo está asqueroso. ¿Cómo se supone que vendrán los chicos aquí? Suerte que hemos sido nosotros primero. Imagina la cara de asco que pondrá Hikari cuando vea tus… dios. ¿Esos son tus calzoncillos sucios colgando de la lámpara?
Miyako se volvió hacia Ken exasperada mientras alargaba una mano para sostenerse de la pared.
—Y que tu mejor amigo sea todo lo contrario a lo que eres. A mí me da algo.
Ken sonrió preocupado. No había esperado que, cuando Daisuke animó al resto a reunirse en su casa, su habitación estuviera en tremendas condiciones. Pese a que Daisuke se sentía orgulloso de su desorden, no era tan atractivo como créia.
Miyako dio una palmada en el aire para llamar su atención. Ambos chicos clavaron la vista en ella y al instante, empezó a inclinarse para ir recogiendo cosas.
—¿Qué esperáis? Traed bolsas de basura y el cesto de la ropa. Esto no va recogerse solo. También quiero trapos y agua caliente con jabón. Y desde luego, ambientador. Vamos.
Se movió entre las cosas sucias para abrir la ventana y luego les miró con las manos en jarras.
—¡Ya!
En un instante, los chicos estaban en movimiento.
Miyako intentaba ordenar el cajón de la ropa interior cuando Ken se inclinó hacia ella.
—¿Prefieres que lo haga yo?
Miyako levantó los ojos hacia él, sonriéndole con dulzura, le acarició la barbilla para quitar una mota de polvo.
—No, gracias. Puedo soportarlo. Tengo hermanos mayores y en un futuro, tendré que doblárselos a mis hijos. O eso espero.
Ken asintió e iba inclinarse, aprovechando el momento, hasta que sintió otro aliento contra su mejilla. De un respingo, se echó hacia atrás, incrédulo. Daisuke sonreía de oreja a oreja y al instante, Miyako empezó a gritarle por interrumpir y fue a revisar que hubiera recogido todo tal y como pedía.
Ken se frotó el rostro con enfado y clavó la mirada en su compañero de digievolución. Daisuke le miró sin comprender, sintiendo un escalofrío atravesar su espalda.
Probablemente, si Jun no hubiera avisado la llegada de Taichi y Yamato a gritos, especialmente por el rubio, Daisuke sería hombre muerto.
Cuando ambos chicos entraron, soltaron palabrotas de sorpresa y, en un instante, bajo la atónita mirada de los otros tres, Miyako y Yamato se limpiaron hasta el moho de la habitación.
—¡Y no vuelvas a ensuciarla!
Daisuke tragó, acojonado. Aquel parecía ser su día de mala suerte. Totalmente.
Eso sí, su habitación estaba como una patena.
¡Al siguiente! :D
