Ya vamos llegando a lo último :3


ºProblematics roomsº

Koumimato.

Koushiro- Mimi- Yamato


Mimi rio escandalosamente mientras dejaba las bebidas sobre la mesita en el centro de la habitación. Los chicos guiñaban los ojos y mientras Sora, Hikari y Miyako parecían disfrutar de la suavidad de su edredón rosado.

—Mimi —gruñó Yamato acomodándose incómodo sobre un pequeño cojín en forma de pez rosado—. ¿Hay algo en tu habitación que no sea rosado?

Mimi lo pensó. Seriamente. Entonces, soltó sin tapujos:

—Sí. Tú.

Yamato frunció el ceño y se cruzó de brazos mientras que Taichi se reía a carcajadas, hasta que Yamato lanzó algo contra su cara y en ese mismo instante, Mimi gritó enfadada.

Cuando se dio cuenta, Koushiro estaba justo frente a su escritorio y por su cara, había sido él el primero en soltar aquella prenda hacia el Ishida, quien había ignorado el detalle hasta tirársela en la cara a Taichi.

Histérica tiró de las solapas de la camiseta de Koushiro para buscar una explicación, pisado sin querer a Yamato en la pierna y que este, por tal de inclinarse para taparse el dolor, la aferrara de la pierna, moviéndola de una forma extraña y palmeando su trasero, al mismo tiempo que su rostro chocaba contra el del pobre Izumi.

Miyako gritó entusiasmada. Estaba segura de que Hikari hacia fotos y Taichi reía a carcajadas hasta que empezó a atragantarse con una patatilla y Sora tuvo que darle palmaditas para ayudarle a respirar. Takeru miraba atento la escena y por la forma en que Yamato le advirtió con la boca, supo que el menor ya tenía algo con lo que chantajear al mayor.

Pero lo peor llegó cuando su madre apareció anunciando pasteles para los niños y zumos. La bandeja cayó de sus manos mientras las llevaba hasta la cara para gritar escandalizada.

—¡Querido, querido!

Mimi soltó un taco poco femenino cuando su padre entró y vio el estropicio de pasteles y zumo en la moqueta.

—Papá, no es lo que piensas. Solo investigaba. Sí. Tengo que aprender cosas de los chicos en todo momento.

Su madre miró estudiadamente a Koushiro y Yamato, quienes se habían puesto en pie y se miraban preocupados. Los demás se habían hecho un montón en la cama, abrazando cojines y algunos comiendo palomitas.

—¿Y cuál de los dos es tu novio?

Mimi se llevó una mano a los labios, pensativa. Una sonrisa escapó de sus labios y se posicionó entre ambos jóvenes. Los aferró del brazo y poniendo morros, miró a sus padres.

—Papá, mama, os presento a mis chicos.

Taichi escupió todas las patatillas contra su espalda. Se volvió con una mueca de asco hacia él y juró estrangularle en ese mismo instante. Se lanzó contra él con un cojín que, amablemente, le pasó Miyako mientras la animaba.

Sus padres cuchichearon acerca de Taichi siendo su amante, mientras Yamato y Koushiro intercambiaban una mirada interrogativa y los demás intentaban evitar que Taichi obtuviera un color enrojecido en su rostro.

Sí. Definitivamente, no había una habitación más animada en todo Japón.


¡Sigamos!