¡No me odien! No fue mi culpa tardar tanto, lo juro. Mi computadora murió, prende de vez en cuando y se apaga a los minutos, por eso escribir esto me llevó toda la semana... Así no se puede, voy a ver qué hago.
En fin, antes de que se apague, vamos a las formalidades:
Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con esto. El fic, sin embargo, sí es de mi autoría.
Summary (del capítulo veintitrés): Si el príncipe no puede rescatar a la princesa, será ella quien rescate a su príncipe.
Dedicado a: Mi poroto, mi hija, que duerme arriba mío y no puedo moverme siquiera. Y a todos los pocos lectores que me quedan, sé que no está bueno que uno tarde tanto pero juro por dios que no fue mi intensión. La pc no me anda, de hecho me descargué el world al celular para poder escribir de ahí pero tardo muchísimo (tengo un Samsumg Galaxy Pocket, no es el mejor).
Y otra dedicación es a Suki Nomonaga, una chica que me estuvo mandando mensajes diciendo que le caía mal. Le pregunté qué quería que hiciese al respecto y me dijo que me matara, obviamente la mandé a la mierd-, pero de todas formas quería dedicarle este capítulo :) Un beso, linda y no te voy a dar el gusto.
En fin, dicho lo que tenía que decir, vamos a las formalidades y, nuevamente, mil disculpas. No puedo decirles que no volverá a pasar porque sería mentira. No sé cuándo arreglaré la pc pero prometo, de una forma u otra, subir capítulos :) Los adoroooooo.
Querido diario.
By: Belencitah.
~Capítulo veintitrés: De príncipes y princesas.~
—¡Rayos! —susurró Beth con recelo al ver a su posible almuerzo escapando de ella a todo aleteo.
Aquél pequeño ave no era lo mejor, no era lo que ella desearía comer, pero era algo y la joven sabía que no duraría mucho sin alimentos.
Había pasado un día y poco más desde que había logrado escapar de las garras del padre Gabriel.
Había pasado un día y algo desde que la muerte, una vieja conocida, había vuelto a su visita y se había llevado a la última persona que había demostrado genuino amor por ella. Había dado todo, su vida, porque ella salga con vida de allí y aún sentía la culpa.
Quizá si hubiera hecho las cosas diferente, si hubiera sido más inteligente, quizá si hubiera hecho algo más, quizá así Frank seguiría con ella.
Y sonrió trágicamente, intentando borrar esos pensamientos de su mente, las cosas eran como eran y debía hacer lo que podía con lo que tenía.
Su estómago rugió clamando por alimentos. Desde que había logrado escapar de allí se había dedicado a llorar y llorar tan desesperadamente como sus pulmones se lo permitían. En esos momentos de insana locura poco le importaba atraer a los caminantes –que gracias a Dios no habían escuchado nada-. Incluso había jugado con la idea de quedarse allí, tirada en aquél sucio trailer, y dejar de luchar. Simplemente moriría de hambre o sed y dejaría de sufrir.
Gracias a algún milagro, aquellos pensamientos no habían durado mucho, había algo que tenía que hacer antes de morir, aún no podía rendirse: Tenía que encontrar a sus amigos.
Porque a pesar de haber perdido la esperanza, aún le quedaba una mínima pizca. Algo en ella le decía que Daryl, Maggie, Judith y los demás estaban perfectamente y a salvo.
Quizá, con suerte, ellos estarían buscándola tan desesperadamente como ella a ellos y no quería que encontraran su cadáver –animado o no-.
Y, con aquél dulce, infantil y, quizá, iluso pensamiento bastó para que la joven se levantara de su lecho y saliera en busca de agua y alimento.
Con la bebida no había tenido el menor inconveniente. Estaba en un bosque húmedo y había llovido la noche anterior, pequeños charcos de agua hicieron de su búsqueda pan comido. Sin embargo, con la comida no había tenido tanta suerte. Lo único que había hallado era aquél ave que ahora veía volar de rama en rama, huyendo de su muerte.
Volvió a bufar, resignada, tendría que encontrar otra cosa y debía darse prisa si no quería ser atrapada por la noche y volver a pasar un día sin comida.
Caminó lentamente por el bosque sin separarse demasiado de su trailer. Había aprendido a rastrear, gracias a Daryl, pero aún no era muy buena y no tenía intenciones de arriesgarse. Caminando por los alrededores levantó la mirada hacia el cielo y buscó el sol.
—Las tres o cuatro de la tarde… —susurró la chica y sonrió. Daryl le había enseñado a calcular el horario dependiendo de la estación del año y la altura del sol— Debo darme prisa.
Continuó caminando sin mayores inconvenientes, era un bosque solitario y le extrañaba el hecho de que lo hubiera ni un solo caminante pero tampoco tenía ganas de verlos.
Un movimiento de hojas secas en el piso llamó su atención e hizo que levantara la roca afilada que había sido su arma desde que había escapado.
Un cascabel hizo que la chica reconociera al instante al animal que se deslizaba sigilosamente por el fango y hojas: Una serpiente.
Y no pudo evitar suspirar, recordando aquél día en que decidió buscar alcohol como una colegiala idiota y Daryl, aunque no con la mejor de sus sonrisas, la había ayudado. Aquél abrazo…
Desistió de aquello, en esos momentos no servía ponerse sentimental. Debía superar aquello para poder volver a verlo.
—Bien… Daryl tomaba una rama larga —susurró sin perder de vista al reptil y acercándose lentamente a una rama gruesa y larga que había en un árbol cercano. La arrancó con fuerza e intentó volver hacia el animal sin ser detectada. Las hojas secas hacían su tarea difícil—… Y la tomaba del cuello.
Así lo hizo y la serpiente se retorció en el piso intentando zafarse de su agarre: —Luego, en la cabeza —dijo y clavó la roca en el cerebro del animal con una mueca de asco. Jamás se acostumbraría del todo a quitarle la vida a un ser vivo, era algo que no le gustaba siquiera en su granja. Le costó un par de puñaladas más para lograr que la víbora muriera, la roca no era comparable a una navaja.
Con un poco de asco, la cargó y la llevó hasta su precario campamento –que no era más que el trailer viejo y una pequeña fogata extinta- y, como pudo y con ayuda de una rama filosa, comenzó a pelar al difunto animal.
—Bueno… Comida es comida, pero… —susurró mirando con sumo asco la carne pelada y cruda de la víbora mientras la sostenía con sus dedos. La dejó suavemente sobre un diario maltrecho que había hallado en el trailer y comenzó a prender el fuego. Tardó bastante, el lugar era demasiado húmedo, pero luego de varios intentos y varias cambiadas de madera, por fin logró prenderlo y, controlada por el hambre, colocó la serpiente en una rama y la comenzó a cocinar.
—La primera vez estaba más rica... —susurró mientras comía bocado tras bocado del animal, estaba verdaderamente hambrienta— Daryl lo hacía mejor.
Y ante esa mención no pudo evitar sentir una puntada en su pecho. ¿Hasta cuando seguiría con eso? ¿Cuánto tiempo fingiría vivir feliz en ese mugroso campamento? ¿En verdad Daryl podía estar buscándola? Beth quería creer que sí, pero no estaba segura.
Mientras comía lentamente, con el hambre ya apaciguado, pensaba en cómo podría su amigo haber escapado de aquella casa. Ella lo vio, escuchó sus gritos y de pronto el silencio, vio la cantidad enorme de Caminantes que había... ¿Cómo un ser humano común y corriente escaparía de todo aquello? Pero ella pensaba que Daryl no era un ser humano común. Era la persona más fuerte que ella tuvo el honor de conocer y sabía que no se daría por vencido... Bueno, quizá el viejo Dixon sí se daría por vencido, pues no creía en que las buenas personas pudieran vivir allí mucho tiempo, pero... ¿El nuevo Dixon? Aquél que le dijo que había cambiado de opinión no. Justamente, había cambiado de parecer y, aunque la joven aún no entendía por qué, pues Daryl no tuvo oportunidad de contestar, estaba feliz por ello.
Porque Daryl estaba oscurecido. No tenía ganas de vivir y estaba en completa agonía sentimental, pero algo, no sabía qué, lo había cambiado aquellas semanas. Ella quería creer que su presencia había sido pero no podía darse aquél crédito. Sin embargo, sea lo que sea, esperaba que aquella nueva etapa en la vida del cazador prevaleciera ante su oscuro pasado.
De todas formas, ella también había cambiado y mucho. No era la misma niña tonta de antes. No era Maggie, tampoco Michonne, pero era Beth Greene y era una mujer fuerte, y si su caballero no venía a su rescate, sería ella quien rescataría a su caballero.
—De acuerdo —comentó levantándose del fango y dejando los restos no comidos de la serpiente. Miró al cielo y notó que el sol se ponía, había tardado demasiado buscando comida. Suspiró con cansancio—, tengo que trabar la puerta, apagar el fuego y... Mañana será otro maldito día.
Y lamento mucho que sea tan corto pero, repito, con esta pc no puedo escribir cosas largas que luego no se guardan. Lo intenté, era mucho más largo, pero el tiempo de vida de mi compu no me da para tanto. Lo siento y prometo mejorar el próximo capítulo.
Los amo chicos, en serio, gracias por todo.
Bel~
