¡Hola, mis amores! ¿Cómo andan? Espero que muy bien. Yo feliz porque me tomé unas merecidas vacaciones (un fin de semana) con mi hija y me fui lejos, lejos de todo y fue tan relajante que volví con pilas extra.
Bueno, como verán les traigo un nuevo capítulo del fanfic: Querido diario. Espero que lo disfruten y sepan que está muy, muy cerca el final *-* Me da nostalgia... Igual, no es como que queden dos capítulos. Aún faltan cerrar historias y aclarar muchos temas, no se preocupen que me van a tener molestando para rato.
Bueno, antes quería hacer un pequeño descargo, si te importa un comino lo que me pasa (lo cual no juzgaría, es atendible XD) pasa directamente al capítulo, sino:
La cuestión es que hay una divinura de chica que plagió dos drabbles que, originalmente, son míos. La chica, ademas de todo, es multicuentas.
Plagió un fic mío de crepúsculo llamado "Los días con Alice" y lo hizo como suyo. No solo hablo del fic en cuestión sino que también plagió mi vida, mis notas de autor. Todo lo que yo les cuento a ustedes ella lo copió y pegó. La ladrona en cuestión se apoda "Atenea Yagami" y está en el fandom de King of figthers.
Después, la misma autora pero con otra cuenta volvió a plagear un fic mío, también de crepúsculo, llamado: Robbie de contabilidad; lo hizo formar parte de un fic suyo (o posiblemente, otro plagio) llamado: Como perros y gatos. También es del fandom King of figthers.
No puedo dejar Links ni nada por el estilo pero quiero que esten atentos. Si ven publicaciones mias en otros lados, avisen, porque yo no tengo otra cuenta y no doy permiso de subir mis escritos como propios.
Bueno, dejando eso de lado, estoy muy enojada, pero vamos a las formalidades.
Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. El fic, sin embargo, sí es de mi autoría (y al parecer, la chicuela ladrona no entendió eso).
Summary (del capítulo veintiseis): El dolor formaba parte de su vida y temía jamás poder quitarlo de sí.
Dedicación: Kein Sylvan, un chico divino que fue el que me advirtió de ambos plagios. No creo que lo lea y tampoco lo pretendo, pero quiero dedicarselo a él (así le guste o no :P) porque me ayudó muchísimo tanto en la denuncia en inglés que tuve que hacer en fanfiction así como también con mi ira sobrehumana hacia la ladrona en cuestión. Gracias por tomarte el tiempo de ayudarme, te lo super agradezco.
Otra dedicación a mi primo que se bautizó ayer y yo fui madrina.
Otra dedicación a mi tía, la cual es mi segunda mamá y mucho más desde que mi mamá falleció. Me regala muchas cosas lindas a mi y a mi hija, nos pasea, nos aguanta, nos escucha. En fin, un ángel sin alas en la tierra. Te amo infinitamente.
Y, por último, a mi hija, como siempre, que está feliz jugando con un jabón que le regaló mi, ya nombrada, tía.
Bueno, espero no haberla hecho muy larga. Recuerden que no es necesario que lean nada de esto pero lo escribo de todas formas porque el psicólogo está caro (como todo en Argentina, duh...).
¡Al fic!
Querido diario.
By: Belencitah.
~Capítulo veintiséis: Dolor.~
Dolía buscar bajo cada piedra del bosque y no encontrar lo que buscas. Duele mucho más cuando aquello que buscas es una persona muy importante en tu vida. A veces Maggie sentía que, en algún punto, Dixon tenía razón, quizá su hermana simplemente se había ido, quizá simplemente era un ángel que ahora velaba por ellos desde otro lugar, un lugar al que ella no podía llegar fácilmente. Cielo, dimensión, como sea que ese lugar se llamase.
—¿Maggie? —preguntó en un susurró Glenn, quien caminaba a su lado. Palmeó su brazo para llamar la atención de la chica que, al parecer, se había visto sumergida en sus pensamientos mientras caminaba por el poblado bosque.
—¿uhm? —fue su única contestación, realmente no había prestado atención en absoluto a lo que la rodeaba, cosa que estaba mal teniendo en cuenta que habitaba un mundo desecho en el que vivir alerta era una ley de supervivencia.
—¿Qué sucede? ¿Por qué tan distraída? —volvió a preguntar su esposo algo temeroso por la salud de la chica.
—Nada… Solo… quizá Daryl tenía razón, quizá solo perdemos el tiempo —fue lo que pudo decir antes de que su voz se quebrara. Dolía pensar que jamás volvería a ver a su dulce hermanita. Que nunca volvería a oír sus hermosas canciones, que no volvería a celarla o retarla por trivialidades, que no tendría las típicas peleas entre hermanas por ropa o por quién era la favorita. Dolía mucho.
—No —contestó Glenn y sonaba molesto. Paró en seco de caminar y, por primera vez en las cuatro horas que llevaban caminando, bajó su guardia, se posicionó frente a Maggie y tomó el rostro de ella entre sus manos, obligándola a mirarlo fijamente a los ojos— Yo estoy aquí, Maggie, y voy a ayudarte a traer a Beth sana y salva. Lo prometo, ¿de acuerdo?
La chica se secó las lágrimas con el dorso de la camiseta y besó dulce y tiernamente a su esposo. Fue un beso fugáz, casi adolescente, pero lleno de sentimiento. Greene no sabía qué hubiera sido de ella en aquél momento sin el apoyo incondicional de su esposo.
—Gracias… —susurró al romper el beso. El asiático no contestó, simplemente sonrió como un niño frente a la chica que le gusta.
El hombre volvió a su antiguo lugar, junto a la joven, y tomó su mano para seguir caminando en busca de la rubia chica.
El sol ya se estaba poniendo, pronto sería de noche y ellos debían volver. No podían permitirse quedar atrapados allí en completa oscuridad. Tenían una linterna que habían traído por si acaso pero no querían tener que usarla.
Ambos jóvenes se detuvieron al ver que ya no tenía caso seguir. El sol se ocultaba más rápido de lo que ambos querían aceptar y delante de ellos solo podían ver árboles y más árboles, nada que les diera una pista. No olían humo de fogata, no veían ningún tipo de movimiento extraño, nada que les dijera que por ahí pudo o podía estar Beth.
Maggie bajó la cabeza. Glenn no había dicho nada pero no era necesario tampoco, era obvio para ambos que tenían que regresar, nuevamente, con las manos vacías y esa rutina comenzaba a hacer mella en la integridad mental de la mayor de las Greene. Podía aceptar no encontrar a su hermana en la primera o segunda búsqueda, pero cuando llevaba buscándola tanto tiempo las esperanzas comenzaban a apagarse y, de no ser por Glenn, ella ya se habría dado por vencida.
Ambos dieron media vuelta para volver a la fábrica que hacía suerte de hogar. El hombre abrazó a la chica por los hombros para mostrarle que, nuevamente, él estaba y estaría con ella siempre.
La aludida levantó la cabeza solo para observarlo con suma ternura para luego volver a bajar la cabeza.
Y, luego de ese simple acto, frunció el seño y se agachó para levantar lo que, a primera vista, era una pequeña hoja rallada.
La tomó entre sus dedos del verde pasto del lugar y se levantó con ella en las manos.
—¿Una hoja de cuaderno en el medio del bosque? —preguntó confuso Glenn.
La hoja estaba maltrecha y tenía manchas de lodo. Estaba cerrada, o más bien, estaba abollada. Como cuando algo de lo que has escrito no te gusta y arrugas la hoja con rabia para ser tirada más tarde.
Maggie desenvolvió la hoja con delicadeza de no romper el material y sus ojos se iluminaron en esperanza por primera vez en mucho tiempo. De ellos comenzaron a caer gotas saladas y Glenn, al leer lo que el papel decía, abrazó a Maggie.
—Te prometí que la encontraríamos y eso haremos, preciosa —susurró en la oreja de la chica mientras ella lloraba como muy pocas veces lloró. No era tristeza, era emoción.
Pronto aquél dulce momento fue terminado gracias a un sonido proveniente de unos cuantos arbustos que reposaban a varios metros de distancia.
—¿Beth? —gritó Maggie creyendo que quizá aquellos sonidos provenían de su dulce hermanita. La decepción fue grande al ver que solo eran dos caminantes que venían hacia ellos.
La chica entristeció y fue Glenn quien tuvo que tomar cartas en el asunto para acabar con ambos con su arma de fuego. Tres tiros hicieron eco en todo el bosque ya que uno de ellos había errado y se había incrustado en el estómago del difunto.
Maggie reaccionó cuando todo había terminado y los dos caminantes estaban tirados en un pequeño charco de agua y fango que descansaba en el bosque.
—¡Viene otro! —gritó Glenn apuntando con su arma y, cuando estaba a punto de dispararle en la cabeza, Maggie desvió el tiro de su esposo, el cual fue a parar al cielo anaranjado por el ocaso— ¿¡Qué…
—¡No es un caminante! —gritó la chica al ver que la silueta que se veía a lo lejos caminaba como un ser humano común y, además, podía ver que esta persona cargaba un cuchillo en posición de ataque. No podía ver más, era demasiado lejos para sus ojos y la luz del atardecer no ayudaba.
—¿Maggie? —dijo la figura que venía hacia ellos entre los arbustos. Ninguno pudo ver de quién se trataba puesto que el sol se los impedía, pero la aludida no tenía que verla para saber quién era. Aquella voz, aquella dulce voz que creyó jamás escuchar hacía eco en ella.
Y con ese simple llamado, Maggie comenzó a acercarse lentamente. Glenn trató de detenerla tomándola por el brazo y negando con la cabeza, mas la chica lo calmó con una suave sonrisa que hizo que el brazo de su esposo se derritiera hasta dejar de sujetarla.
Siguió su camino lento hacia la figura y, cuando estuvo lo suficientemente cerca, la pudo divisar.
Era Beth, su hermosa y dulce hermana menor. Tenía el pelo enmarañado y claro con la nieve. Su piel rivalizaba con la de un vampiro de novelas que ella solía leer. Su ropa estaba sucia y embarrada al igual que sus manos de las cuales una de ellas sujetaba un cuchillo dispuesto al ataque. Lo que más llamó la atención de Maggie en esos microsegundos que se detuvo a observarla fue su rostro. Aquél no era el rostro que Beth solía tener. Antes dulce, cálido e inocente. Hoy era duro, decidido pero a la vez dolorosamente triste.
Las lágrimas cayeron a cántaros sin poder evitarlo y corrió a abrazarla lo más rápido que pudo.
—¡Oh, Beth! —gritó cuando sus cuerpos hicieron contacto y se fundieron en un abrazo.
La rubia, por su lado, no pudo más que llorar y llorar desconsolada en el hombro de su hermana. Había imaginado esa escena tantas veces, incontables veces y había analizado cómo reaccionaría en su mente. Ninguna de sus reacciones anticipadas fue como aquella. Ella pensó que, al verla luego de tanto, le contaría muchas cosas, preguntaría muchas cosas, mas sin embargo no salían palabras de su boca. Lo único que quería era abrazar a Maggie todo el día, inhalar su aroma a rosas –lo cual la desconcertaba, aunque supuso que había encontrado un lugar seguro para bañarse y se alegraba-, quería sentirla. Necesitaba el contacto humano hacía tanto tiempo que ya siquiera lo recordaba. ¿Cuántos días habían pasado desde que se había separado de Daryl? No lo recordaba y, de pronto, la felicidad se vio empañada por ese detalle. Daryl, ¿dónde estaba Daryl?
Y entonces todo atisbo de felicidad se fue. El dolor, un viejo y conocido amigo, volvió a ella.
Mientras tanto, y con el estallido emocional que había tenido Maggie, olvidó sostener la navaja que la protegía, la cual calló al pasto al lado de ambas. Y su arma fue seguida por una pequeña hoja de papel que también había logrado escapar de las manos de la mayor de las Greene. En ella se podía leer, escrito a lápiz y sin mucho cuidado: "Daryl, tengo fe. Sé que te encontraré, sé que te encontraré. No puedes estar lejos y sé que te volveré a ver".
¿Les gustó? Espero que síiiii, lo hice con tutti il mio cuore para ustedes, chicuelos.
Nada, son geniales, los amo, nunca cambien y esperen muy atentos el próximo capítulo (JAJAJA).
Un beso, chicos, y nos vemos. Recuerden que cualquier comentario, sugerencia, petición, insulto o alabo; REVIEW.
Bel~
