¡Ciao! ¿cómo están? Espero que anden bien. Yo acá, renegando de sobremanera con mi odiosa computadora que, recién después de diez días, encendió. Anda mal, de todas formas, así que sepan disculpar el hecho de que a veces suba dos días seguidos y después me desaparezca como por un mes. Temas técnicos fuera de mi comprención.
En fin, hoy no hay mucha nota de autor, dadas las disculpas correspondientes, vamos al capítulo.
Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. Sin embargo, el fic sí es de mi autoría (No se olviden, ladroncitos...)
Summary: Los psicólogos no eran una especie abundante en aquél devastado mundo, por eso, la joven rubia amaba cada vez más a su pequeño cuaderno y su vieja pluma.
Dedicatoria: A ustedes, linduras. Los adoro con tutti il mio cuore. Son realmente especiales para mí y no sé qué haría si ustedes me faltaran. Amo cada uno de sus reviews y sepan que los leo y releo cada vez que tengo tiempo libre (rara vez, resumiendo). En fin, los adoro.
Shin mash preámbulosh... ¡Al capítulo!
Querido diario.
By: Belencitah.
~Capítulo veintinueve: Líder.~
Querido diario:
Son las once de la mañana, llegué hace sólo un día y ya quiero irme. Amo a mis amigos, amo a mi hermana, los extrañaba tanto… tanto que no te das una idea. Pero falta algo, algo importante.
Daryl aún no vuelve y yo ya no sé que hacer. Puedo escuchar murmullos a lo lejos, mis amigos planean ir a buscarlo en grupo, tal y como Maggie me dijo anoche, además me comentó que falta comida y el agua escasea. Somos menos ahora pero de todas formas necesitamos suministros.
No salí de mi habitación. No tengo el mejor humor del mundo, estoy muy triste, preocupada. No creo poder soportarme a mí misma, no le daré esa carga a mis compañeros. Quiero verlos, hablarles, cantarles, cuidar a Judith. Quiero que todo entre ellos y yo vuelva a ser como antes, como en la prisión. Olvidar todo lo malo y asegurarnos un bonito futuro, pero en este estado se me hace imposible.
Ya no me salen esas sonrisas falsas que dediqué más de una vez para no preocupar a mi entorno. Puedo fingir que todo está bien con cosas triviales como el hecho de no tener ropa, no poder salir tranquila. Puedo aparentar que todo es genial ante esas circunstancias pero tratándose de la seguridad de Daryl es imposible. No puedo disimular, por más que me esfuerce, la preocupación que guardo en mí.
Recuerdo el valor que tuve al actuar frente a Gabriel. Aparentar que todo era genial frente a mi propio secuestrador no fue tarea fácil, pero tampoco fue imposible.
¿Por qué ahora me cuesta tanto cambiar la cara por cinco minutos e ir a hablar con mis amigos? No lo sé. Por ahora no salgo de este cuarto y solo desaparecí por cinco minutos para darme una merecida ducha de agua fría pero cristalina. La necesitaba de verdad, aquél agua parecía rejuvenecedora. Pero fue un paréntesis de tranquilidad en mi vida, y el aquél lapso se cerró junto con la llave del agua. Volví a pensar en Daryl; creí que iba a tener paz. Cuando ví a Maggie y Glenn en aquél bosque creí, estúpidamente, que todos volveríamos a ser felices, tranquilos como antes. ¡Qué tonta!
De todas formas hoy salen a buscarlo. Y yo quiero ir, maldición, debo ir, pero para eso debería discutir con Maggie o escapar sin decirle nada. No quiero eso, acabo de encontrarla, no puedo perderla, pero Daryl… Él me necesita. Arriesga su vida por salvar la mía, ¿cómo se supone que me quede aquí, sin hacer nada? Al menos fue bien armado, eso me tranquiliza, después de todo, es Daryl.
Quizá escape con ellos, después de todo, Maggie está muy ocupada como para notarlo a tiempo y detenerme. Ayer en la madrugada una chica llamada Tara levantó fiebre. Mi hermana me comentó que se debe a una infección en su pierna, debido a una herida filosa cuando intentó salvar a Glenn camino a Términus.
Ella se siente culpable y la cuida constantemente. Siente que le debe la vida, pues ella salvó al amor de su vida, según textuales palabras. Me siento mal por esa chica, a pesar de no conocerme Maggie me dijo que, después de contarle al grupo lo que me sucedió, preguntó por mí y por cómo estaba después de todo lo ocurrido.
Rick le dijo que iban a tener cuidado en la salida de búsqueda para evitar toparse con semejantes locos. De todas formas creo que yo debo ir, no estaré tranquila si no v-
—¿Puedo pasar? —susurró Rick desde el hueco de la habitación en donde, se suponía, debería haber una puerta.
—Claro —respondió Beth y cerró rápidamente su diario. Lo dejó tirado en el colchón, a su lado, y se levantó del mismo con un grácil salto. La pluma que había usado, la misma que Frank le había dado, voló por la cama.
—Sólo quería saber cómo te encontrabas… Ya sabes, después de todo lo que pasó—preguntó Rick con suma delicadeza. No quería herirla ni mucho menos. Maggie les había contado a todos lo que había sucedido con ella el tiempo en el que estuvo ausente. Le había contado de Gabriel, de la comunidad, del sacrificio de Frank y de su inmensa ayuda. Al líder le habría encantado alguien así en su grupo, fue una lástima su pérdida.
—Estoy mejor… —dijo ella mientras jugaba con sus manos frente al hombre, quien ya había ingresado a la habitación pero no se había acomodado. Parecía incómodo, con los brazos a los lados del cuerpo, como si tocar algo de allí fuera pecado.
Y Beth, por su parte, se sintió mentirosa. Sí estaba mejor, haber visto a sus amigos, a su familia… Había sido genial, los necesitaba. Deseaba saber que estaban bien y a salvo. Extrañaba con locura a la hija del hombre, pero algo faltaba. Daryl Dixon, aquél maleante que jamás creyó querer tanto, jamás creyó que, detrás de esa capa de fortaleza, él era un niño. Era dulce, tierno, todo lo que aparentaba no ser. ¡Demonios, sí que lo extrañaba!
Rick la observó. Se daba cuenta que la chica estaba ausente; no lo escuchaba en realidad, ella simplemente pensaba y al hombre le parecía saber en qué pensaba.
—Armé dos grupos de búsqueda, Beth. Necesitamos comida y medicina. Tara está enferma, ella es…
—Lo sé, Maggie me lo comentó —interrumpió la chica algo nerviosa. Intentaba con todas sus fuerzas interesarse en algo que no fuera Daryl pero se le hacía muy difícil y eso hacía mella en su paciencia aunque no quería decirle nada al líder; ella tenía en claro quién era su superior y así lo quería ella. Él los había guiado muy bien—. Lo siento tanto por ella, parece buena chica.
—Lo es —dijo Rick sin más.
Y el silencio pronto se hizo incómodo. El hombre se había quedado allí, parado, sin decir nada. Miraba el piso fijamente.
Rick conocía a Beth, le confiaba la seguridad de su pequeña –que era mucha confianza-, pero en cuanto a las reacciones de la chica… Eso era otro tema. Él era totalmente ajeno a los sentimientos de ella. No sabía bien cómo tomaría ella la intromisión que él se daría el lujo de tomar. Pero debía hacerle caso omiso a ello, él era el líder, esas personas confiaban en él y no podía defraudarlos. Necesitaba a Beth fuerte y a Daryl aún más.
Y nunca creyó que la fortaleza de Daryl dependiera de alguien que no fuera sí mismo hasta que se reencontraron en aquella horrible noche. Todos habían cambiado en ese tiempo alejados. Carol y Tyresee eran una sombra de sí mismos desde el acontecimiento de Lizzie y Mika. Sasha pasaba mucho tiempo con Bob, aunque no era de su incumbencia. Todos eran diferentes pero nadie había cambiado como Daryl.
De hombre fuerte, frío y calculador a un pobre y deprimido hombre que siquiera se levantaba a comer.
Aquél hombre dependía de Beth como si ella fuera la última gota de agua en el desierto. Y, al parecer, la chica también lo necesitaba con esa intensidad.
O estaban juntos o no servían en el grupo, pero eso era lo que menos le interesaba al líder. Los quería a los dos bien, en paz.
—Beth… —rompió el silencio el hombre. Se dio fuerza para aquello, él era el líder. Confiaban en él como un hombre fuerte y, en ese momento, no demostraba serlo.
No era bueno con las relaciones interpersonales, al menos no lo era desde aquél incidente, pero debía intentar. Debía liderar a sus personas. Los necesitaba fuertes y sanos a todos, y eso incluía a Beth.
—¿Pasa algo? —preguntó la rubia alarmada, dando un paso hacia delante. Dando un paso hacia él. Pronto, el nombre de Dixon pasó por su mente— ¿¡Pasó algo con Daryl!? ¿Lo encontraron…?
—No, tranquila. No lo encontramos convertido… Saldremos a buscarlo en media hora, Bob, Sasha y Tyresee irán como un grupo. Yo iré con Michonne —la tranquilizó Rick—… Pero en tu ausencia lo noté quebrado. No era él, siquiera se levantó de la cama. Nunca lo había visto tan derrotado.
—¿En verdad? —dijo Beth sentándose lentamente en el colchón. Su mirada absorta. ¿Acaso ella significaba tanto para ese hombre? Quería llorar pero se contuvo. No lo haría delante de Rick, tan fuerte y decidido. No quería ser más aquella inútil, aquél eslabón débil. Nunca más.
—Sí… —susurró el hombre sentándose con Beth y dejando caer sus brazos apoyados en sus rodillas— No intento saber que pasó entre ustedes en ese tiempo. No es mi tema y no te pondré incómoda, pero me preocupó mucho. Parecía que en cualquier momento él haría una locura.
—Maggie me contó cómo lo encontraron, quizá fue algo que le pasó en su grupo, y-
—No. Puedo asegurarte que era por ti. Saldremos a buscarlo y necesito que aclarer las cosas entre ustedes. Son momentos duros y los necesitamos fuertes a ambos, ¿entiendes?
—Sí —susurró la chica bajando la cabeza y mirando sus botas, ahora, limpias—. Lo estaré cuando él esté aquí sano y salvo.
Rick le sonrió y le palmeó el hombro antes de levantarse y dirigirse hacia la ausente puerta. Él lo sabía. No conocía a la chica pero era obvio para cualquiera el cariño inmenso que le tenía al hombre. ¿O quizás algo más?
—Rick —dijo la chica levantándose del colchón. El aludido paró en seco antes de cruzar el umbral del hueco de la puerta. La miró fijamente y esperó paciente— ¿en media hora salen?
El hombre asintió confuso.
—Iré con ustedes —dijo Beth, distraída buscando por todos lados su diario y su cuchillo, preparándose ya para salir.
El hombre giró su cuerpo y quedó a unos centímetros de la chica.
—Beth, no deb-
—Sí, sí debo. Por favor, prometo no ser una carga —imploró Beth—. Son solo dos, necesitan alguien más.
—No creo que Maggie lo apruebe, Beth —intentó disuadir el hombre. Él era partidario del: "Haz lo que tengas que hacer", pero como líder debía pensar en todos. No quería problemas internos con la hermana de la rubia.
—Lo necesito. Por favor, en verdad necesito ayudar.
El hombre suspiró y miró el piso dudando de su respuesta. Sabía que de él dependía que Beth vaya o no. En verdad estaba en duda; sabía que Beth podía ayudar, en el tiempo de separación notó que ella creció mucho, pero en esos momentos no se encontraba en su mejor forma. Acababa de llegar y, como si fuera poco, la ausencia de Daryl le pesaba demasiado.
Por otro lado, si encontraban a Daryl y, conociendo su terquedad, no querría volver hasta encontrar a la joven y probablemente no creería el hecho de que ella ya estaba sana y salva. Quizá necesitara verla.
—Pues si en verdad quieres ayudar, alístate. En unos momentos salimos —le dijo y, dándose media vuelta, se fue del lugar.
La chica sonrió con fervor y susurró un "gracias" al aire que su líder jamás escucharía. Sentía que tenía un peso menos que cargar, ahora su nueva preocupación era qué demonios haría con su hermana y con qué truco de magia la convencería de dejarla ir.
Espero que lo hayan disfrutado, chicos. Poniéndole el título se me vino a la mente el capítulo de Los Simpsons (propiedad de Matt G.) en el que Homer se une a una secta. *...Yo amo al líder...*
Dejando mis descarríos mentales, los quiero. Nos vemos en otro (si mi hermosha PC me lo permite...)
Bel~
