¡Mis bebés! Ay, cómo los extrañé... Sé que me ausenté mucho y que debería ser más cumplidora pero juro que mi vida es un torbellino constante.

Si te interesan mis extensas notas de autor, lee: Estuve desesperada buscando trabajo, mantener una nena no es fácil y, para empeorar, en octubre cumple años. Osea, más gastos. La cosa es que me llamaron de un trabajo y estuve de acá para allá con entrevistas, papeles, y demás. No es excusa, saben que los amo, pero ustedes pueden sobrevivir sin mí, mi hija no, así que es obvia la elección en la distribución de mi tiempo. No me odien, yo los amo y no los olvido.

Otra cosa, sé que estoy haciendo muy larga la cosa, pero es que necesito tiempo, quiero hacer un bonito reencuentro y no puedo hacerlo en quince minutos (el tiempo que me llevó escribir la primera parte del capítulo 31, más concretamente, lo que leerán a continuación), entonces, nada... Denme tiempo que es lo único que no tengo en este momento (además de dinero, ¿mencioné que soy pobre y que subo las cosas desde un cyber? Lo menciono ahora).

Listo, dadas las excusas... Perdón, aclaraciones, vamos con el capítulo sin antes aclarar (demasiadas aclaraciones, I know...) que es la mitad del capítulo 31, el cual dividí en dos partes por falta de tiempo y presupuesto para el cyber.

Bueh, después de tanta cháchara, vamos a las formalidades:

Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. El fic, sin embargo, sí e sde mi autoría.

Summary (del capítulo treinta y uno): Las etapas no existían. Ya no se era niño, adolescente, adulto o anciano. Se era humano vivo o no, simple y claro.

Dedicatoria: A mi hija. Por ella busco trabajo, por ella respiro y por ella los tengo un poco abandonados. Quejas a mi hija, por favor. (Jajajaja, chiste, chiste). Te amo infinitamente, bebé. Pronto, tu cumple, ¡dejá de crecer! ¡Estás demasiado grande, quiero a mi bebé de un año de vuelta!

Y a ustedes, los que me siguen a pesar de ser una total imbécil que no sube capítulos tanto como debería. Los adoro, mil gracias.


Querido diario.

By: Belencitah.

~Capítulo treinta y uno (parte uno): Etapas.~

La miraba caminar y se preguntaba una y otra vez si había sido buena o mala la idea de llevarla con ellos.

La chica se veía fuerte, decidida. Caminaba adelantada por el bosque mientras sostenía con una gran firmeza su puñal; estaba dispuesta a matar al que amenazara sus vidas. Físicamente se veía igual. Rubia platinada, piel traslúcida y ojos tan claros como el agua, pero algo había cambiado en ella. Ya no parecía una niña o una princesa en apuros. Parecía fuerte y autosuficiente, cada vez se parecía más a Michonne, Carol o Maggie, pero él no podía dejar de lado esa vocecita en su cabeza que repetía una y otra vez que ella era Beth, la dulce y frágil Beth Greene.

Todos habían cambiado mucho desde aquél incidente horrible, aquél Apocalipsis prematuro, pero aquél cambio se reflejaba mucho mejor en los más jóvenes como la chica y Carl.

Antes, niños dulces, juguetones, inocentes. Hoy eran máquinas de matar, tan asesinos como cualquier adulto del grupo. Ya no había infancia, siquiera pudor. Aquél pudor de ver niños empuñando cuchillos o disparando con armas a personas –porque eran caminantes, pero alguna vez fueron seres humanos-, ya no se veía. Nadie gritaría horrorizado al ver a su hijo con armas, nadie se horrorizaría al tener que salir por un bosque muerto con alguien tan joven como Beth.

En algún momento sí. Carl y Beth, en época antaño, nunca participaban de eventos riesgosos tales como buscar provisiones o asesinar nuevamente a los muertos. En ellos recaían tareas más normales tales como cuidar a la bebé o preparar los alimentos. Hoy eso había cambiado y él, Rick, aún no se explicaba por qué.

Quizá por algo de lo que ya no recordaban mucho, la esperanza. Antes tenían la vana esperanza de volver a la normalidad, de que aquello sólo durara unos meses, un año como mucho, y luego todo volvería a ser como antes. Y, justamente por eso, evitaban traumar a los más jóvenes con tareas tales como cazar o asesinar.

O, quizá, había sido porque los adultos aún querían conservar aquello llamado "etapas". La etapa de la niñez y la adolescencia, por ejemplo. Etapas de dulzura, juegos, algo de rebeldía pero, seguramente, nada de sangre y muerte.

Seguramente había sido eso. Querían mantener a los más pequeños aislados en burbujas imaginarias, que creyeran que todo estaba bien cuando en verdad no era así. Porque matar, proveer de alimentos y ver cosas horribles no entraba en la dulce etapa de la niñez, siquiera en la adolescencia. Entonces, torpemente, quisieron mantener aquellas reglas.

Pero un mundo nuevo requería nuevas reglas. Ese no era más el mundo en el que vivieron, ya no, y tampoco volvería en poco tiempo. Además, aquellas burbujas pronto se rompen, no duran para siempre. Carl y Beth eran el ejemplo.

Carl, tan dulce antes, hoy era un asesino como todos allí. Para sobrevivir, claro está, pero asesino al fin. Había escapado de la burbuja la primera vez que rogó para que le enseñaran a utilizar un arma. Su madre, tan hermosa y sabia, no estaba segura de que fuera buena idea, pues era partidaria de respetar las etapas, las reglas, de seguir con la burbuja. Pero, nuevamente, aquella burbuja no dura y pronto Carl aprendió a usar un arma. Y ese fue el principio del fin. Allí las etapas se rompieron y los niños no existieron más. No había niños, adolescentes, ancianos o adultos. Se era humano vivo o no; simple y llanamente.

La burbuja de Beth duró más, la chica, a diferencia de su hijo, no había querido enterarse de todo lo que estaba pasando, en parte gracias a su padre. Ella lo sabía, no era idiota, pero prefería no verlo, seguir en su burbuja, vivir sus etapas, vivir en el viejo mundo que ya no existía. Pero ella se esforzaba en mantenerlo, en continuar con romances adolescentes, en arreglar su cabello y en mantener un diario secreto. Se resistía a crecer antes de lo previsto. Quería respetar su etapa adolescente como si aquél mundo fuera el mismo en el que vivió alguna vez.

Pero el nuevo mundo era cruel y la había sacado por la fuerza de su burbuja de paz, así quisiera ella o no. Y le había quitado a su madre, a su padre, su hogar, sus chicos, su hermano. Y, como última burla, le había quitado a sus amigos. Había perdido a su hermana y al único hombre que la cuidó después del atentado. Lo había perdido todo, y debía sobrevivir por su cuenta. Allí fue cuando algo se activó en su cerebro. Así pasó de ser una dulce e inocente niña a una fuerte mujer madura y autosuficiente.

Pero Rick, mientras caminaba detrás de la chica junto con su amiga Michonne, no podía ignorar el hecho de que, para él, ella y Carl siempre serían niños. Aún eran pequeños y, por más destruido que el mundo estuviese, merecían cumplir sus etapas a gusto.

Que los más jóvenes del grupo sean así de fuertes era una ventaja, garantizarían su supervivencia, pero lo que Rick veía en Beth en ese momento, mientras caminaban por el bosque, no era sólo control, solo supervivencia, era más que eso. La chica caminaba tensa, con el cuchillo elevado y sujeto fuertemente a su mano, tanto, que sus nudillos se volvían blancos. Parecía dispuesta a matar a cualquier cosa que se le cruzase por el camino, vivo o muerto. Bueno o malo. Parecía una máquina de destrucción, parecía haber perdido la calidez que alguna vez la había caracterizado, aquella inocencia propia de ella. Aquél brillo juguetón y algo infantil había desaparecido de sus ojos.

Y seguía indagando en su decisión. ¿Buena, mala? No sabía. Por un lado, quizá Daryl necesitara pruebas para volver a la fábrica, ¿qué mayor prueba que la misma chica? Pero por otro… ¿qué tan saludable era la mente de la rubia? Parecía un cazador buscando su presa. Sus ojos tan abiertos ya no significaban simplemente alerta. Algo andaba mal. El líder temía que la chica se hubiera transformado en un monstruo.

Pronto, Beth paró de caminar y Michonne hizo lo mismo. Rick las miró fijo y notó que las chicas miraban el suelo, con espesa tierra.

—Hay huellas por aquí, ¿no son éstas las botas de Dixon? —preguntó la morena alzando la cabeza hacia Rick. Lo cierto era que no se pasaban el día observando los pies del nombrado.

—¡Lo son! —gritó Beth y una sonrisa irradió en su hermoso rostro. Y su expresión cambió. No parecía sádica, mucho menos un monstruo. Volvía a ser la dulce e inocente Beth que él siempre conoció y a quien le confió la seguridad de su niña.

Beth se volvió y siguió caminando aunque a paso un poco más ligero. Sus compañeros la siguieron. Rick miró a Michonne con una sonrisa y, a su vez, la morena a su lado se la devolvió. ¿Es que Beth notaba esos detalles tan insignificantes en Daryl? Algo pasaba y ambos lo sabían. ¿Es que se habían enamorado? Sonaba raro, eran tan diferentes en todos los aspectos.

Y la morena siguió a la chica mirándola con una rara sonrisa de lado. Y Rick hizo lo mismo, pensando que quizá Beth no había perdido su etapa de adolescente enamorada y dulce. Quizá solo necesitaba a Daryl para volver a esos tiempos. Porque aún se podía volver, pero sólo con amor.


Sean libres de odiarme, yo me odio por subir cosas como ésta. El hecho de que no tenga tiempo ni de respirar no es excusa, no debería haber escrito un longfic si no iba a tener tiempo, pero en aquél entonces mi vida era más ordenada y mi hermano seguía vivo. Lo digo así, simple y crudamente porque es la realidad.

No hay excusas. Los amo.

Bel~