Capítulo corto para terminar de darle forma a lo que realmente será esta historia que simplemente es una excusa barata para poder traerles un poco de lemon. Lindo, lindo e incestuoso lemon.
Notas importantes: este capítulo está protagonizado por el drama. El lemon vendrá un poco más adelante.
Después de cinco largos meses… ¡Aquí está por fin la actualización de "Experimento"! Estoy muy, muy agradecida por todos los reviews y mensajes privados que recibí preguntando sin continuaría esta historia; nunca había recibidos tantos mensajes (obviamente por lo perezosa que fui esta vez). ¡Y claro que la continuaré! Pues realmente estoy muy emocionada por traerla para ustedes.
Dedicación: para todos aquellos a los que hice esperar tanto para un capitulo nuevo (hace reverencia), en verdad, una disculpa.
…
Capítulo 2: Acepta el trato.
Hacía mucho, pero mucho tiempo, que no se sentía tan avergonzado como en estos momentos; cuando despertó se dio cuenta del grave error que había cometido, ¡en contra de uno de sus hermanos menores!
Maldición; si Splinter llegara a enterarse de esto… ¡Definitivamente sería su fin!
Pero eso no era lo más terrible de aquél día, ya que después de dar un brinco fuera de la cama al entrar en pánico y correr directo al baño para volver el estomago, cuando regresó a la habitación se dio cuenta de que Donatello ya no estaba en su cama, lo cual significaba que literalmente había huido de él.
—Estoy en problemas —palmeó su frente un par de veces para que el dolor de cabeza se hiciera más intenso—. ¡Estoy en graves problemas!
Se calmó lo más que podía en aquellos momentos, pues el entrar en un estado de pánico no haría más fáciles las cosas; tenía que encontrar a Donnie antes de que corriera a decirle a Leo, o peor aún, a su preciado padre.
En realidad no sabía lo que haría cuando lo tuviera de frente, pero tenía que tratar de llegar a buenos términos con él o las cosas se saldrían verdaderamente de control. Suficiente era para la familia el que Leo se estuviera enredando entre las piernas de Mikey como para sumarle algo más delicado aún.
Lo malo era que no sabía por dónde comenzar, pues su memoria quedaba completamente inservible un día después de beber de la forma en que lo había hecho, por lo que no recordaba absolutamente nada de lo ocurrido la noche anterior. Tenía que averiguar qué tan rudo había sido con él, pues a final de cuentas se trataba del mayor contra Donatello, y el primero era evidentemente más violento y fuerte que el segundo.
Y entonces, después de algunos minutos de pensar solamente en su bienestar, pudo darse cuenta de las graves consecuencias que esto podría traer, no sólo a él; ¡Había obligado a Donnie a acostarse con él! Descaradamente se había metido en su cama y abusó de su hermanito como si fuera la cosa más común del mundo.
Su estomago se estaba revolviendo de nueva cuenta; no sólo se trataba de su hermano, sino que también estaba el hecho de que…
—¡Tuve sexo con otro hombre!
Después de tapar su boca para poder gritar sin remordimientos esta frase, abrazó de nueva cuenta el inodoro y vació el resto de su contenido estomacal en él.
«No soy gay. No me gustan los hombres, mucho menos mi hermano… ¡No soy un maldito marica!».
Después de lavarse, salió directo a la cocina, pues era hora del desayuno; y aunque no tenía ni un poco de hambre, sabía que los demás estarían ahí, incluyendo Donatello.
Pero no podía dejar de hacerse un millón de preguntas al respecto; ¿Qué tan mal había tratado a Donnie? ¿Lo había disfrutado? ¿Había por lo menos un mínimo de posibilidad de ello?
«¡Maldición!» Detestaba su limitada memoria post-borrachera.
Aspiró profundo, secó sus manos sudorosas, y tomó el valor que necesitaba para entrar a la cocina y acompañar a sus hermanos.
—¡Buenos días bello durmiente! —saludó efusivamente Mikey mientras servía un poco de omelette y lo invitaba a tomar asiento.
—¿Qué sucede con todo mundo el día de hoy? —preguntó Leo, cortante, al notar que Raphael buscaba insistentemente algo dentro de la cocina—. Todos en casa se levantaron tarde aún y cuando ya teníamos planes para el día de hoy. Aunque de ti no me sorprende, Raph.
—No molestes —se sintió con ánimos de discutir un poco al notar enseguida que Donatello se encontraba ausente.
—Leo —se quejó un poco el menor de todos—, ya te dije que si me hubieras despertado cuando saliste de la cama, estaría despierto desde la misma hora que tú.
El joven de bandana azul enrojeció por completo mientras que con gestos reprobatorios le dijo a Mikey que cerrara la boca; pero era demasiado tarde cuando vio al de rojo engullir un gran pedazo de torta de huevo mientras fijaba toda su atención en Mikey.
—¿Pasaste la noche en la habitación de Leo? —preguntó.
—Nop —dijo con orgullo el pequeño—. Leo se coló en mi habitación la noche anterior y después de besarnos durante horas tuvimos sexo dos veces.
—¡MIKEY! —interrumpió el líder, con un rojo más brillante que la bandana de Raphael llenando su rostro, haciéndolo parecer a punto de explotar.
La joven pareja observó al chico rudo abrir la boca despacio, de donde dejó caer el pedazo de omelette directo al plato y escupir el resto de su desayuno a un lado.
—Gracias por espantarme el apetito.
De esa manera intentó salir de la cocina, esperando no volver a ver a la cara a sus hermanos durante un par de semana o más, pero…
—¡Raph! ¡Espera! —intentó detenerlo el de azul.
—¡No quiero detalles! —advirtió, colérico.
—¡No es eso! —enrojeció de nuevo—. Donnie quiere verte en su laboratorio.
Sintió un montón de liquido acido recorrer su esófago en menos de un segundo; justo ahora daba las gracias de que Leo y Mikey lo obligaran, inconscientemente, a escupir su desayuno, pues estaba seguro de que lo habría devuelto en este mismo instante.
Quiso preguntar si sabía el porqué, pero era evidente que su hermano mayor no sabía absolutamente nada de lo que Donatello quisiera hablar con él, pues de estar enterado, habría degollado su cuello en el instante en que entró a la cocina.
…
Tocó la enorme puerta, observando algo de oxido adornándola y provocando que se viera un poco más temible de lo que ya era.
Esperó unos segundos, pero no recibió respuesta.
Volvió a tocar, y el resultado fue el mismo.
Decidió entrar con la esperanza de que en realidad su hermano no estuviera dentro y hubiera terminado por huir de su peligrosa presencia, pero su corazón se aceleró y un hueco se formó en la boca de su estómago al ver aquella mirada rojiza e irritada observar fijamente y con rabia la entrada a su laboratorio, y por consecuente, el momento exacto en que él había entrado.
—¿D-Donnie? —preguntó, nervioso, al ver que aquella penetrante mirada no se echaba para atrás—. Recibí tu mensaje.
El menor se limitó a señalar un pequeño banquillo, similar al que él mismo ocupaba, dándole a entender que tomara asiento; Raphael no tuvo más remedio que obedecer dado a la ausencia de palabras entre ambos.
Si esos bancos eran altos para Donatello, para él lo eran aún más, así que de un pequeño salto tomó asiento y quedó de frente a su más reciente victima; pero el joven genio no dijo media palabra, simplemente se limitó a observarlo en pequeños lapsos, pues no podía sostenerle todo el tiempo aquella mirada clara y poderosa.
—Sé que no sirve de mucho… —fue el mismísimo Raphael quien rompió el silencio—… pero quiero disculparme por obligarte a hacer algo que no querías —suspiró—. Abusé de ti y eso no tiene perdón.
Inmediatamente tras escuchar esto, Donatello cambió sus gestos y enrojeció un poco; según Raphael, acordarse de todo lo sucedido la noche anterior no lo dejaba pensar con claridad y ahora se había quedado sin palabras.
—Sabes lo que eso significa… ¿cierto? —habló por primera vez, el menor.
Raphael levantó la mirada después de agacharla para poner un poco más de drama a su disculpa, pues realmente creyó que la respuesta de Donatello sería violenta y grosera.
—Sé que nuestra relación cambiará y que será difícil superarlo… —habló para no perder el hilo que su hermanito había iniciado—… pero…
—No me refiero a eso —lo interrumpió—. Tienes razón; ya no volveremos a vernos como antes, pero lo que más importa…. Es que te hagas responsable de lo que has hecho.
—¡Wow! ¡Wow! ¡Donnie! —se defendió el joven rudo—. Espera un momento… ¿Quieres que le diga a Leo y a Splinter lo que te he hecho? ¿Tanto me odias como para desear que me destierren? —lo señaló acusadoramente—. Lo que te dije es verdad; lo siento. No tengo una jodida idea de cómo arreglar esto, pero no soy tan estúpido como para decirle a esos dos que he violado a mi propio hermano.
—¡Si guardaras silencio te darías por enterado! —levantó un poco la voz para que su hermano callara y lo dejara continuar—. No quiero que le digas a Leo, y mucho menos a nuestro padre; te mereces un castigo, pero no soy tan cruel como para arrojarte a la jaula de los lobos.
—¿Entonces qué propones? —preguntó, interesado en escuchar cualquier cosa que su hermano le pidiera con tal de ser perdonado por algo que afortunadamente no recordaba—. Haré lo que me pidas.
—Bien —se cruzó de brazos y le arrojó una mirada altanera y petulante—. Lo quiero todo.
—¿Qué? —Raphael no sabía exactamente lo que significaban aquellas palabras.
—Quiero todo el proceso que se necesita para conquistar a una pareja hasta el clímax de la experiencia cuando ambos se convierten en amantes.
Raphael abrió la boca pero nada salió de ella; quería responder como se debía, pero no podía, pues no había comprendido al menos la mitad de lo que aquello significaba.
¿Donatello le estaba pidiendo que volviera a tener sexo con él?
—Oye Donnie… Yo no…
—Tendrás que otorgarme la experiencia completa, Raphael —sentenció—. Quiero que comiences con un pequeño detalle que llame mi atención para después pedirme una cita. Y de igual forma tendrás que convencerme para que nos demos nuestro primero beso. Y al final, como cualquier pareja, volveremos a tener relaciones, pero esta vez procurarás ser tierno y romántico, dejando de lado aquél lado salvaje y egoísta que demostraste la noche anterior.
El de rojo sintió que su quijada quería golpearse contra el suelo del laboratorio; aquella era la petición más estúpida que había escuchado en toda su vida, y venía precisamente de quien en este caso, era la víctima.
—Esto debe ser una maldita broma, ¿cierto? —preguntó intentando reír, pero la seria mirada de Donatello le decía que todo iba muy enserio—. ¡¿Estás loco?! ¿Cómo crees que al final tendré sexo contigo? ¡¿Eres mi hermano?!
—Por la noche no parecías tener problemas con eso —se levantó y comenzó a golpear el plastrón pectoral del mayor con un dedo mientras lo señalaba acusadoramente—. Te dije una, y otra, y otra maldita vez que te detuvieras, y en lugar de eso seguiste tocándome como si fuera de tu propiedad. ¡Me quitaste algo que estaba guardando para la persona con la que compartiera todas esas experiencias que te estoy exigiendo! Chantajeándome con el pretexto de que sólo así comprenderías lo que Leo y Mikey sentían el uno por el otro. ¡Fuiste lo suficientemente caballeroso como para reclamarme! ¡Ahora lo serás más al darme la experiencia de un noviazgo completo!
—¡Pero no soy gay! —trató de excusarse tras ver toda esa ira contenida en el rostro de su hermanito—. Donnie…
Ambos se quedaron callados por un momento, pues Raphael estaba tratando de digerir las palabras de aquél cuya bandana púrpura rodeaba sus ojos.
—Tampoco lo soy —desvió la mirada tras no soportar la sorpresa en el rostro del mayor—. Pero no desaprovecharé la oportunidad que tengo de poder controlarte a mi voluntad.
—¿Y qué ganaré con ello? —no estaba convencido, pero quería escuchar todos los términos.
—¿No te parece suficiente el que no le diga a Leo y Splinter lo que has hecho? —preguntó con un aire de ofensa.
«Maldición, es verdad» pensó.
—Además… —lo sacó de sus pensamientos—… si alguien llegara a enterarse, diré que fue bajo el consentimiento de ambos. Prometo no mencionar bajo ninguna circunstancia lo que ocurrió en realidad.
Donatello levantó la mano en clara señal de guardar una promesa y Raphael palideció; ¿Quién rayos tendría qué enterarse de lo que pasó y de lo que estaría por pasar? Ya podía ver el rechazo inmediato en el rostro de Casey si es que llegaba a enterarse de algo parecido.
De la misma forma en la que cree estar seguro del rechazo que sufrirán Leo y Mikey si llega a saberse el tipo de relación que tienen; a ellos les pasaría lo mismo.
«¿Cómo reaccionará Splinter si alguien le dice que Leo y el enano tuvieron sexo?» pensó antes de reaccionar ante el llamado de Donatello.
—¿Tenemos un trato? —preguntó el menor.
—Prometo tratarte bien y tomarte de la mano; pero ni creas que te besaré y tendré… ya sabes; eso que los maricas tienen todo el tiempo.
Donatello, quien ya le ofrecía la mano para sellar el acuerdo, razonó bien las palabras y se cruzó de brazos, de nuevo, y después de analizar bien el rostro de Raphael, se levantó de su asiento para dirigirse a la puerta y abrirla, mostrándole la salida a su hermano mayor.
—No hay trato —escupió—. Así que será mejor que te marches y me dejes trabajar a solas.
—¡Está bien! ¡Está bien! —se levantó presuroso el de rojo, obligando a Donnie a cerrar la puerta nuevamente con la esperanza de que ninguno de sus otros dos hermanos se hubiera dado cuenta—. ¡Acepto tus condiciones! Pero debes prometer que esto se termina después de un acostón.
—Por supuesto que sí. ¿Con quién crees que estás tratando? —preguntó, nuevamente ofendido.
—Con el mismísimo diablo —respondió el de rojo tras ver una sonrisa de satisfacción en el rostro de su hermano—. Pero si vamos a hacer esto, yo también tengo mis propias condiciones —Donatello borró su sonrisa, poniendo toda su atención en las próximas palabras de su ahora amante—. Seré yo quien se encargue de decidir donde y cuando serán las citas.
Donatello rodó los ojos al pensar inmediatamente que su hermano era un idiota; realmente pensó que llegaría a voltearle la jugada o que por lo menos diría algo más inteligente.
—¡Y también llevaré las riendas de todo! —se apresuró a decir, sabiendo que algo le estaba faltando.
—Como gustes —aceptó el menor, estrechando las manos en señal de mutuo acuerdo a todo lo que habían acordado—. Pero te advierto que si no me parece la forma en la que haces las cosas, podré rechazarte y tendrás que volver a plantearlo hasta que me convenzas del todo. Porque déjame decirte que estuviste pésimo en tu primer intento de "hacerme gozar" como llamabas a esa fallida imitación de sexo salvaje en la que me vi obligado a participar.
Ahora quien parecía ofendido era Raphael; había herido su orgullo de macho adolecente, y eso se le notaba en el verde oscuro que comenzaba a invadir su rostro gracias al enojo.
Balbuceó un par de veces antes de ser interrumpido por la nueva y fatídica actuación del más alto;
—"¿Te gusta duro, Donnie? ¿Te gusta?" —comenzó a dramatizar—. "¡Oh sí! ¡Oh sí! ¡Te haré gritar de placer!". "¡Siente lo grande que soy! ¡Siéntelo!".
Gritó la última palabra justo en el rostro de Raphael, quien ya había retrocedido unos pasos debido a la presión que uno de los dedos de su hermano hacía sobre su clavícula. Sintió unas pequeñas gotas de saliva salpicar su rostro pero eso era lo que menos le importaba en estos momentos; ¿Realmente le había dicho todo eso a su hermano pequeño?
Sintió un enorme vació en su estomago y repentinamente se supo el más grande imbécil sobre la faz de la tierra. Ahora ya sabía la razón por la cual Donatello se mostraba tan indignado por todo esto; no sólo lo había obligado a tener sexo, si no que había sido grosero, ordinario y todo un pervertido con él.
Y quien sabe que tantas cosas más se había visto obligado a hacer y de las cuales jamás se atrevería a hablar. Ni siquiera con él; la persona con la que tuvo dicha intimidad.
—Lo siento —fue lo único que salió de su boca al ver el colérico rostro que seguía detallando lo sucedido—. De verdad.
Tras esto, Donatello se detuvo y observó verdadero arrepentimiento en aquellos ojos verdes que rogaban ya no continuara.
Volvió a su posición y aclaró un poco la garganta, intentando recuperar la cordura que había perdido al intentar hacer que Raphael se sintiera culpable.
Después de todo, al final lo había logrado.
—Bien —intentó mostrarse lo más mesurado posible—. Ahora que ya sabes lo que no tienes que hacer, y dado que ya aceptaste el trato, por favor sal de mi laboratorio; en verdad tengo cosas que hacer.
—De acuerdo, pero… ¿Estarás bien? —preguntó el de rojo, intentando que su hermano notara lo preocupado que estaba al verlo en aquél estado.
—Claro que sí. Sólo necesito estár a solas.
Raphael asintió y bajo la atenta mirada de su hermano, salió del laboratorio, no sin antes echar un último vistazo al interior de este.
Vio por última vez el inexpresivo rostro de su hermano antes de cerrar la puerta y se preguntó; ¿Cómo diantres le haría para complacerlo del todo en este nuevo experimento en que se había metido hasta el cuello?
Repentinamente, una idea cruzó por su cabeza y corrió en busca de la única persona que sería capaz de ayudarlo a solucionar ese gran lío en que se encontraba envuelto.
…
Mientras, dentro del laboratorio, Donatello tomó asiento en uno de los banquillos cerca de la mesa de experimentos y posó su cabeza sobre esta, frotando sus ya enrojecidos ojos que reflejaban a la perfección la marea de sentimientos que lo invadían en este momento.
—¿Qué rayos estoy haciendo?
…continuará.
En el próximo capítulo; más humor y escenas picantes.
…Miss GRavedad.
