¡Hola de nuevo! Por fin vengo con el capítulo 3, que aunque debo decir que está algo lento, es indispensable para el repentino ritmo acelerado que llevará la historia, pues les aseguro que el capítulo 4 traerá de todo un poco.

Dedicación especial: ¡A corlandizze, FhraaN, Ishtar, esa paqueña Guest que fue la primera en comentar y a mis quedísimos TotalDrama181, MisatoKatsuragui, slynaxx y Chonik! ¡Muchas gracias por seguir la historia aún y cuando pasaron meses del primer capítulo!

Nota importante: Al final de este capítulo viene una extensa nota de algo que me gustaría que se tomaran el tiempo de leer, pues estaría muy complacida de que me den a conocer su opinión, pues planeo traer para ustedes algo poco visto pero al mismo tiempo muy, muy difícil de tratar dentro de fanfics de temática Slash o Yaoi, como gusten llamarlo.

Sin más, espero que les guste el capítulo.

Capítulo 3: La primera cita.

Leonardo no sabía a dónde dirigir la mirada; por momentos pensó que esto se trataba de una broma y más de una vez intentó ubicar dentro del comedor una diminuta cámara que estuviera grabando todas sus, seguramente, épicas reacciones.

Y es que simplemente no creyó que sus sabios consejos serían utilizados precisamente de esta manera.

Michelangelo por el contrario, no tenía intenciones de girar su vista hacia otro lado que no fuera la extrañísima escena que tenían frente a sus ojos.

Y ya ni hablar del mismo Donatello, quien observaba fijamente el pequeño caramelo envuelto en papel traslucido que yacía frente a él en aquella amplia mesa. Repentinamente sintió su rostro enrojecer al saberse el dueño de todas las miradas presentes dentro de aquella pequeña cocina bajo las alcantarillas.

Dio gracias más de una vez el que su padre no se encontrara allí en esos momentos o definitivamente arrojaría aquel diminuto dulce macizo en la cabeza de quien se lo había entregado.

—Entonces… ¿Cuál es tu respuesta? —preguntó un más que abochornado Raphael.

El de morado dijo nada; simplemente se limitó a ver a su hermano desde su cómodo sitio.

—¿Qué rayos estás haciendo?

Raphael no sabía cómo tomar la reacción de su hermano, pues esa mirada quería matarlo por haber hecho tal barbaridad, pero su rostro a punto de estallar le decía que lo había tomado realmente por sorpresa.

—¿No escuchaste mi pregunta anterior? —rechinó los dientes al saber que tendría que volver a repetirla—. Te estoy dando un pequeño obsequio para que sepas, que realmente quiero tener una cita contigo. Dado que las primeras dos veces me rechazaste rotundamente, hoy decidí proponértelo frente a nuestros hermanos. Sólo así sabrás el gran compromiso que tengo por hacerte pasar una linda noche.

Leo dejó escapar un abrupto gemido de sorpresa mientras Mikey chilló de felicidad; tal parece que era el único dentro de aquella vieja cocina a quien había logrado convencer.

—¿Entonces sí aceptas? —preguntó por segunda vez.

Donatello no pudo evitarlo, dándose una gran palmada en el rostro tras considerar que todas las formas que su amante secreto tenía para pedir una simple cita eran desesperadamente patéticas.

Un día antes. Raphael salió corriendo a todo lo que sus pies le dieron en cuanto cerró la puerta del laboratorio de Donatello; necesitaba ayuda y de forma urgente.

El primer nombre que llegó a su mente fue el de su mejor amigo Casey, pero le era imposible tan siquiera el mencionarle lo que estaba siendo obligado a hacer, pues eso lo obligaría a mencionar lo que pasó gracias a la tremenda borrachera que ambos se pusieron. Y todo ello lo llevaría a declarar erróneamente que él era…

«¡Maldita sea! ¡No soy gay!» siguió repitiéndose sin parar.

Estaba metido hasta el cuello en problemas, y si no encontraba a alguien que le dijera cómo hacer las cosas, no pasaría mucho tiempo para que terminara por ahogarse.

Y gracias a ello, terminó frente a la puerta del dojo, donde claramente escuchó a su hermano mayor entrenar aún y cuando faltaba tiempo para que la rutina de todos comenzara.

Sabía que Michelangelo ocupaba ese tiempo para limpiar la cocina; lo único que rogaba en ese momento era que su preciado padre no se encontrara meditando ahí dentro y que aún permaneciera en su habitación.

Abrió lentamente la liviana puerta y descansó al saber que efectivamente Leonardo se encontraba totalmente solo; blandiendo sus katanas; convirtiendo en uno con ellas.

¡LEO! gritó el de rojo para hacerse notar.

Soltó una fuerte carcajada después de ver al mayor trastabillar cuando su meditación se vio interrumpida justo un segundo antes de querer dar un gran salto.

Tal como esperaba, la respuesta de su líder no fue amable.

¿Te parece divertido interrumpir mi entrenamiento? preguntó con una creciente vena en su frente.

No, me divierte el hecho de que eres un tonto.

Leonardo rodó los ojos ante la evidente falta de imaginación de su hermano para insultar a la gente cuando estaba bajo presión… Así que repentinamente supo lo que estaba ocurriendo.

¿Qué te ocurre? preguntó tratando de dejar su molestia de lado.

¿A mí? Claro que nada. ¿Qué te hace pensar que he venido hasta a acá sólo para solicitar tu ayuda? ¿Crees que no puedo solucionar mis propios problemas?

Después de esto, y dado que las palabras de su hermano fueron acompañadas por un extraño ritmo al caminar alrededor de él, Leonardo supo que Raphael estaba vacilando.

Un incomodo silencio se formó entre ambos y Leonardo repentinamente notó que su hermano estaba conteniendo la respiración, y eso sólo ocurría cada vez que tenía que decir algo y se resistía a hacerlo.

Sólo dilo Rap…

La noche anterior lo hice con Donnie —soltó sin más.

Leonardo se quedó callado y dilató sus pupilas tratando de verificar si quien se encontraba frente a él era realmente su hermano. Según Raphael, era la mejor cara de idiota que le había visto en años.

Ya veo… dijo finalmente el mayor… esto es una pequeña venganza por lo que Mikey te confesó esta mañana, ¿cierto?

Leo yo…

¡Esto no es divertido Raphael! —extrañamente para el chico rudo, se escuchó molesto. ¡Dijiste que respetarías lo que Mikey y yo estamos teniendo e incluso tratarías de aceptarnos! ¡Lo prometiste! Se perfectamente que tú no eres esa clase de "persona". Eres el ser más homófobo que conozco; ni siquiera dejas que Mikey te de un simple e inocente abrazo…

Y ahora que sé sus gustos, menos lo dejaré interrumpió momentáneamente.

No bromeo se mostró serio intentando que el tema no se desviara. Es de muy mal gusto que vengas y te acerques a mí sólo para burlarte de mis preferencias.

Supéralo intrépido; no todo gira alrededor de ti.

No encuentro otra razón por la cual puedas hacerme ese tipo de confesiones salvo que sea una broma. Una terrible, por cierto.

¡Pero es verdad! Desde hace tiempo que puse los ojos sobre Donatello, pero no me atreví a hacer un movimiento por miedo a que ustedes me rechazaran. Más ayer cuando descubrí que tú y Mikey se habían convertido en pareja, fue que decidí confesárselo. Y la verdad por el resultado creo que no le soy tan indiferente a Donnie, pues terminamos teniendo…

¡Bien! ¡Ya entendí! lo interrumpió antes de que se animara a contar detalles de lo sucedido. Pero es que simplemente no puedo creértelo, Raphael. Desde que éramos unos adolecentes me contabas de lo ansioso que estabas por estar con una mujer; y cuando cumplimos 18 años, Casey y tú desaparecieron por casi dos días, y lo primero que hiciste al regresar fue ir a mi habitación a presumirme que nuestro amigo te había contratado a una prostituta para que pudieras estrenarte. ¡Y lo has hecho más de una vez porque lo noto cada que llegas con resaca y un terrible olor a alcohol y perfume barato!

Raphael se mordió el labio para no decirle a su hermano que había dado en el blanco; recordaba con claridad lo sucedido aquella noche aún y cuando en la fiesta organizada por April, bebió un poco. Casey lo había sacado de ahí casi a rastras para llevarlo a un complejo de casas escondidas en un callejón muy concurrido en la ciudad de New York, donde vivían un grupo de mujeres que ejercían ilegalmente uno de los empleos más antiguos de la humanidad.

Su amigo le había dado una cantidad decente a una de ellas; una mujer que aparentemente le doblaba la edad, pero cuya belleza no quedaba en duda. Ella desconfió a la primera, puesto que ver a un hombre totalmente encapuchado y el cual nunca dejaba ver su rostro jamás da un mínimo de confianza.

Pero al final el acto se había concretado, y hasta entonces, había considerado aquella la mejor noche de su vida.

Te advierto que si estás jugando con Donnie sólo para satisfacer una curiosidad…

¡Créeme! ¡Jamás lo haría! lo interrumpió antes de que prosiguiera.

Y era verdad; Raphael nunca jugaría con algo así sólo para satisfacer una retorcida curiosidad como lo era tener sexo con otro hombre; al final lo había hecho por la calentura que atrae consigo una buena borrachera y no por el deseo de querer explorar el cuerpo de otro macho. Mucho menos de su misma especie. O peor aún, su misma familia.

No quiero que Donnie sienta que fue objeto de una sola noche, así que planeo invitarlo a una cita, pero realmente no se por donde comenzar dijo, cruzando los dedos discretamente ante tal mentira dicha a su hermano.

Se supone que eso debe ser antes, Raphael. Conquistarlo, tratarlo bien y ganarte su confianza para que después se sienta seguro de querer hacerlo contigo.

¡Exacto! se alegró el de rojo al saber que ya habían tocado el punto que realmente le interesaba. Es por eso que necesito saber con qué cuentos lograste seducir a Mikey a tal grado de querer entregarse a ti.

No fueron cuentos se mostró molesto ante la simple idea de que algo así de cruel le ocurriera a su lindo hermanito. Lo que tenemos Mikey y yo sucedió de forma natural; lo trato bien y él me respeta. Y convivir tanto tiempo juntos, me hizo ver lo especial que es para mí. Comencé a interesarme en lo que hace y poco a poco fui diciéndole lo que significaba. De esa forma un día el mismo Mikey me dijo que no podía estar sin mí y le confesé que yo me sentía igual; desde entonces que nos veíamos a escondidas para pasar un tiempo a solas.

¿Cuándo ocurrió eso? repentinamente, Raphael se vio preguntando los detalles de la relación que Leonardo tenía con su hermanito menor; pues el sentimiento con que el mayor relataba la forma en que conquistó al de naranja lo hacía ver fácilmente los fuertes sentimientos que tenía hacia él.

Hace casi un año, la noche en que festejamos nuestro cumpleaños numero dieciocho.

¡Wow! se mostró emocionado, Raphael. ¿Eso significa que tú y Mikey lo hicieron al mismo tiempo que yo?

Nada de eso respondió como si con aquél comentario lo hubiesen ofendido. Esa noche, cuando todos nos resignamos que no volverías si no hasta el día siguiente, April se fue a casa y los demás nos dispusimos a dormir. Yo…. Tenía un obsequio muy especial que quería darle a Mikey hasta que estuviéramos a solas, así que fui a su habitación cuando ya Donnie y Splinter estaban dormidos. Esa noche nos confesamos lo que sentíamos uno por el otro, pero tuvieron que pasar meses para que Mikey se sintiera listo para dar el siguiente paso.

¿Y eso pasó…?

Hace dos meses aproximadamente.

¡¿Tuvieron que pasar diez meses para que Mikey se animara?! ¡Vaya! ¡Si que tienes una resistencia de acero, hermano mío! Mira que soportar tanto.

Leonardo comenzó a desesperarse; esta conversación lo superaba de muchas maneras, pero realmente quería saber lo que estaba ocurriendo con sus hermanos menores.

Dejemos de lado mi vida intima, ¿quieres? suspiró. Y en cuanto a Donatello… Sólo se amable con él. Interésate en sus gustos y… algún detalle no haría daño. Hazle saber que te interesa y créeme que las cosas se darán por si solas.

Vio el rostro de Raphael retorcerse en distintas formas pero que a fin de cuentas dejaban ver un solo resultado; hastío.

¿Estás seguro que es el único camino?

¿Quieres conquistar a Donnie? Leonardo realmente ya no sabía hasta donde quería llegar el otro, pues no estaba demostrando tanto interés como decía.

Bien, seguiré tus consejos refunfuño el más bajito. Pero te advierto que si no funciona…

Raphael fue interrumpido por la repentina presencia de su padre, quien había llegado justo a tiempo para salvar a Leo de una evidente amenaza.

Tras Splinter entraron al dojo Mikey y Donatello, por lo que evidentemente, aquella conversación había terminado.

Raphael apuntó amenazador a Leonardo, y bajo la curiosa mirada del resto de su familia, el entrenamiento comenzó para dejar completamente de lado cualquier tema relacionado con desaventuras amorosas.

Pero Raphael estaba dispuesto a conseguir esa respuesta positiva cuanto antes, pues de ser así, esta farsa de ser la pareja de Donatello terminaría más rápido, y por consecuencia, más rápido pasaría aquella tan indeseable noche en que conscientemente tendría que tirarse a su propio hermano.

De esa forma, cuando el entrenamiento concluyó, supo que lo primero que Donnie tendría intenciones de hacer, sería tomar un baño caliente, así que sin más, cuando supo qué regadera se encontraba usando, decidió esperarlo fuera; simplemente no tenía interés de perder tiempo.

¡Leo! ¿Estás aqu…?

Escuchó a Mikey querer entrar a ese baño y rápidamente cerró la puerta para evitarlo.

¡Está en las otras regaderas! ¡Largo de aquí mariposita! le gritó a su hermano menor para que se alejara lo más rápido posible.

No escuchó replicas.

Suspiró y quiso tomar asiento en uno de los retretes, pero el sonido de la puerta de una de las regaderas abrirse lo hizo saltar de inmediato.

¿Qué estás haciendo aquí? preguntó Donnie, tratando de evidenciar lo menos posible lo mucho que la presencia de su hermano lo incomodaba. Tú nunca tomas un baño después de las prácticas de sensei.

¿Qué no puedo venir y ofrecerte una toalla para demostrarte lo mucho que me interesas? preguntó el mayor con una sonrisa forzada mientras le ofrecía una toalla para que terminara de secar su cuerpo.

Bien le quitó la prenda de las manos. Puedes retirarte.

¿Quieres salir conmigo?

Donatello se quedó sin habla; ahí estaba de nuevo esa horrorosa sonrisa forzada. Era evidente que Raphael quería terminar con eso de la forma más rápida posible.

No era estúpido; lo haría sufrir un poco antes de dar su brazo a torcer.

¿Qué te hace pensar que esto de alguna forma es romántico?

¿Eso es un 'SÍ'? preguntó esperanzado.

No.

¿Entonces es un 'NO'?

Sí.

El joven genio le arrojó la toalla a la cara «Está sucia», dijo por último y salió de ahí, dejando a Raphael con una palpitante vena en su frente.

Por la noche se dispusieron a rodear el televisor; según Mikey, pasarían un maratón de las primeras dos temporadas de 'Héroes espaciales'. Evidentemente a Leo le brillaron los ojos en cuanto se enteró; habían dejado de transmitirla un par de años atrás y eso había sido un golpe a su niñez que cada día transcurrido se quedaba más atrás.

¡Llegó la pizza! Donatello entró a la pequeña salita y Mikey le saltó encima, arrebatándole una de las cajas.

El más joven tomó asiento al lado de Leo, justo frente al televisor mientras que Raphael, con la excusa de querer tomar una rebanada de pizza, atrajo a Donatello para sentarlo a su lado en el sofá grande.

El de morado suspiró con pesadez; creía saber lo que se avecinaba, pero se sorprendió al no tener a su hermano encima como lo predijo.

Raphael simplemente tomó un plato de cartón y sirvió una rebanada de pizza para después entregársela al más listo.

Come le dijo, tratando de que no sonara como una orden.

Donatello lo miró con curiosidad pero al final tomó la porción y comenzó a degustarla.

Soy todo un caballero, ¿cierto? —preguntó, ante la disgustada mirada de su hermano—. ¿Quieres salir c…?

¡No! —lo interrumpió, casi escupiéndole en la cara.

El más joven se levantó, dejando al de rojo con las palabras en la boca para después sentarse junto a sus otros dos hermanos.

Dos veces; lo había rechazado ya en dos ocasiones, así que esta vez lo haría sentirse obligado a responder positivamente; por eso tomó el valor suficiente para hacerle la pregunta frente a los otros dos. Sin olvidar el detalle de que ese dulce que tomó de la habitación de Mikey le daría un toque romántico, como tanto demandaba su melindroso hermano.

—¿Cuál es tu respuesta, Donatello? —preguntó, mirándolo fijamente a los ojos.

—Si Donnie —se hizo notar tiernamente Mikey, recargando sus brazos en la mesa con un porte infantil—, ¿Cuál es tu respuesta? Queremos saber.

—¡Por supuesto que no! —respondió el dueño de todas las miradas presentes—. A eso se le llama chantaje, y no voy a caer en tu trampa. Soy más listo que eso, Raphael.

—¡Oh! ¡Vamos, Donnie! —Comenzó a desesperarse el de rojo—. ¡Tengo mis propios trucos porque también tienes los tuyos! Y sinceramente ya me cansé de ese jueguito tonto de querer rechazarme todo el tiempo por cualquier cosa. ¿Qué quieres que haga? ¿Qué me ponga de rodillas para hacerte la pregunta?

—No eres capaz —lo retó, completamente enrojecido.

—¿Apuestas?

Repentinamente, Donatello vio en su hermano todas las intenciones de poner una de sus rodillas en el suelo y rápidamente se levantó de su silla y lo detuvo. Realmente iba a hacerlo, lo que significa que estaba más que desesperado por superar esa primera etapa.

—¡Está bien! ¡Acepto! —dijo presuroso mientras tomaba a su hermano del brazo para que no llegara al suelo—. Esto es trampa, pero acepto con tal de que te detengas.

—Sabía que caerías —dijo Raphael con una sonrisa triunfante—. Toma, el dulce es tuyo.

Tomó una de las manos de Donatello y colocó en su palma el pequeño caramelo envuelto en papel traslucido para después salir de la cocina.

—¡Después de la cena en mi habitación! —se escuchó la voz de Raphael desde la lejanía—. ¡Iré por ti si no llegas!

El chico listo se quedó observando la golosina sobre su delgada mano mientras Leo y Mikey vieron a Rapha desaparecer por completo.

—¿Qué fue eso? —preguntó el líder.

—A eso se le llama amor, Leo —terminó Mikey, completamente ilusionado por lo que acababa de presenciar.

Donatello guardó el pequeño dulce en su cinturón e hizo su desayuno a un lado para retirarse.

—Nos vemos —se despidió.

Caminó directo a su laboratorio; las piernas le temblaban y había comenzado a sudar, razón suficiente para alejarse lo más rápido posible de sus hermanos, pues no quería que lo vieran en aquél estado.

«Eres un idiota, Raphael» se contuvo, cerrando tras de sí la pesada puerta de su santuario personal; tenía que prepararse para una cita.

Abrió la puerta despreocupadamente y la cerró con tal fuerza que provocó un gran sobresalto en Leonardo, quien se encontraba sentado en el centro de su habitación rodeado de velas aromáticas e incienso.

—¿No ves que estoy tratando de meditar?

—Deberías poner más esfuerzo en tus prácticas; si realmente fueras bueno, no te habrías percatado de que entré a tu habitación.

Rápidamente la tonalidad del verde en la piel de Leo cambió; su hermano sí que sabía sacarlo de sus casillas.

—Dime qué es lo que quieres. De esa forma podrás retirarte lo antes posible.

—Necesito que me digas qué se hace en una primera cita.

Leonardo quedó perplejo; realmente no sabía lo que Donatello había visto en un hermano tan bestia como aquél.

Su encanto debía tener, pero vaya que se empeñaba en ocultarlo.

—De verdad no entiendo cómo fue que conseguiste llamar la atención de nuestro hermano; se nota a simple vista que él es romántico y sensible. Y tú… Bueno, tú eres todo lo contrario.

—¡Blah! ¡Blah! ¡Blah! Eso fue tan revelador. ¿Ahora si podrías decirme las reglas del juego?

—Lo digo con seriedad, Raphael —no podía ocultarlo. Sabía que algo extraño ocurría con sus hermanos y no se trataba de cualquier cosa—. ¿Realmente estás interesado en salir con alguien como Donnie? Es que simplemente no te reconozco.

Repentinamente, una retorcida idea llegó a su mente, recordando claramente las intenciones que las miradas lascivas de Raphael sobre el menor reflejaban la noche que llegó completamente ebrio a casa.

—Raph… —comenzó, con voz autoritaria para hacerle ver al otro que esto no se trataba de un juego—… ¿Le hiciste algo malo a Donatello?

El de rojo palideció; sabía que Leonardo no tenía la mente privilegiada del genio, pero era sorprendente la forma en la que razonaba situaciones tan delicadas como aquella.

Y ahora había sido descubierto tan fácilmente que sabía a Leonardo esperando por una respuesta que lo convenciera.

—¡C-claro que no! —trató de controlar su nerviosismo—. ¿Realmente me crees capaz?

El corazón de Leonardo se estrujó tras escuchar aquella pregunta; de cierta forma, se había sentido mal por pensar tan mal de su hermano. Aquello era algo que no tenía perdón.

—Lo siento, Raph —se relajó. El estresarse tanto lo había hecho pensar cosas que estaban mal—. Es sólo que… Temo por ustedes, y porque esto se salga de sus manos y termine de una forma fatal.

—Descuida —respondió, observando la culpabilidad en el rostro del mayor—. Debes tener tus razones para pensar así. En realidad creo que, si alguien viniera a decirme que esto estaría pasando, le daría una buena paliza. Las mujeres son maravillosas, Leo. Francamente nunca imaginé terminar con Donnie de esta manera, pero sucedió y no puedo dar marcha atrás.

—Hablas como si fuera algo que estás obligado a hacer y no tuvieras forma de librarte —sonrió el mayor, notando enseguida el cambio repentino en las facciones de su hermano—. ¿Raphael? ¿Hay algo que quiera decirme?

El de rojo se mordió los labios para no escupir en la cara de su hermano mayor el montón de cosas que quería sacar de su pecho. Pero no podía; si Leonardo llegaba a enterarse de lo que le había hecho a Donnie, su integridad física estaría en graves problemas.

—Nada importante, Intrépido —golpeó con su puño el pecho del otro, amistosamente—. Ahora dime, ¿qué necesito para darle a Donnie la mejor noche de su vida?

—Trataré de ayudarte, pero tienes que ser…

—¿Crees que con tus consejos pueda llegar a tercera base esta misma noche?

—…paciente —terminó de decir lo que tenía planeado antes de ser interrumpido.

Tras esto, Raphael sonrió esperanzado y él suspiró con pesadez; tenía muchas cosas que enseñarle a su hermano antes de su encuentro con Donatello.

La hora de la cena transcurrió tranquilamente; Splinter había hecho un par de preguntas sobre cómo había estado su día, a lo cual Raphael evitó contestar puesto que su mente estaba muy lejos de ahí y su mirada completamente sobre Donatello, quien en más de una ocasión lo descubrió, desviando la mirada con indiferencia. Aunque internamente sabía a la perfección que se trataba de nerviosismo.

—Raphael —lo sacó de su ensimismamiento el hombre roedor—. ¿Tienes algo que decir al respecto?

—Lo siento, Splinter —respondió sin muchos ánimos de conversar, pues estaba inquieto al imaginar cómo sería su cita con Donnie al terminar la cena—. Hoy no ocurrió algo interesante en mi día. No tengo mucho que decir.

Tanto su padre como sus tres hermanos se le quedaron viendo, extrañados. Se encogió de hombros un tanto molesto por la atención recibida; ¿Qué había dicho esta vez?

Leo, Mikey y Donnie comenzaron a reír; Splinter simplemente suspiró y prosiguió con lo que tenía que decirle.

—Temo que esa conversación quedó atrás hace unos minutos, mi evasivo hijo. Lo que acabo de preguntarte es, si tienes algo que decir al castigo que acabo de otorgarte por brincarte la práctica de hace dos días y marcharte sin permiso a la superficie. Porque aunque no lo presencié con mis propios ojos, sé a la perfección que llegaste en muy mal estado y causando problemas a tus hermanos.

Raphael quería fulminar a sus hermanos con la mirada; realmente esperaba un castigo por marcharse sin avisar, pero el hecho de que su padre se encontrara enterado del estado en el que había llegado le agregaba una peor sentencia a su castigo.

Los otros lo observaron con cara de «Te lo mereces por insoportable».

—¿Cual es el castigo, maestro? —preguntó, soltando los cubiertos al perder inmediatamente el apetito.

—Queda prohibido para ti salir de casa por dos semanas. No podrás visitar a tu amigo y mucho menos participar en los patrullajes nocturnos junto con tus hermanos.

Bufó y se cruzó de brazos; esta vez Splinter había sido mucho más agresivo con él, pues su castigo siempre consistía en sólo una semana sin contacto con la superficie. Supuso que esta vez había sido por haber llegado borracho a casa. Eso era algo en lo que su padre siempre estuvo en desacuerdo y aquella era la razón por la que prefería pasar la noche en el departamento de April y Casey cada vez que junto con este último les daba por beber cerveza hasta quedar inconscientes.

—¿Tienes algo que agregar en tu defensa? —preguntó el sabio padre.

Raphael simplemente negó; no tenia manera de objetar ante las evidentes pruebas.

Y estaba seguro que ninguno de sus hermanos abogaría por él, esta vez.

Caminó a paso veloz rumbo al laboratorio de Donatello; estaba molesto, pues ya había revisado la habitación de este y no se encontraba ahí.

Desde hace al menos una hora que debió haber llegado a su habitación como habían acordado y nada; su exigente hermano había olvidado el trato y ahora parecía querer evadir la tan desesperante cita.

Al llegar, no se tomó la molestia de tocar y abrió la puerta de un golpe, asustando a un concentrado Donatello sobre una de sus mesas de experimentación.

—¡¿Qué rayos crees que haces?! ¿Por qué entras de esa manera a mi laboratorio? ¡Pudiste causar un accidente!

—Ahora la culpa es mía, ¿no? —Raphael estaba molesto y su hermano lo notó enseguida—. ¡Llevo esperándote en mi habitación desde hace una hora y no te has dignado en aparecer! Pero por lo que veo tus estúpidos experimentos son más importantes que mi esfuerzo por merecer tu perdón.

Donatello no sabía qué decir; aquella expresión en el rostro de su hermano nunca la había visto. ¿Realmente le había herido el hecho de dejarlo plantado en su primera cita?

—Raphael lo siento, yo…

No terminó de mencionar su disculpa porque el mayor se acercó presurosamente a él con claras intenciones de ver lo que estaba construyendo, pero Donnie se lo impidió al esconder aquél extraño artefacto tras él; era una pequeña caja de cristal reforzada con un buen trabajo de herrería que tenía un montón de cables de colores por dentro.

—¿Qué rayos es esa basura? —preguntó, tratando de quitar a su hermano de en medio.

—No lo entenderías —fue la única respuesta del más alto.

Parecía asustado, y eso lo reflejaba perfectamente en su rostro.

El de rojo gruñó, evidentemente más molesto que antes. Sabía que ya no tenía nada más que hacer ahí, aparte de seguir siendo llamado "tonto", así que se dispuso a salir con una pesada aura de molestia y coraje sobre él.

—Estaré ahí en cinco minutos —le dijo antes de que se marchara.

—Si no llegas, olvídate del "Raphael amable" para siempre —amenazó antes de desaparecer, cerrando la puerta de golpe.

El chico listo suspiró pesadamente y observó el reloj de pared que yacía en una olvidada área de aquel lugar usualmente repleto de diversos objetos destinados a convertirse en posibles tesoros científicos. Detestaba los relojes porque no deseaba saber que tan tarde se le hacía cada vez que se quedaba encerrado ahí por días cuando tenía algo brillante en manos, y ahora esa terrible costumbre le había hecho una mala jugada.

Había hecho enojar a Raphael justo cuando se estaba comenzando a portar un poco más interesado en su persona; aún y cuando fuera parte del trato que habían establecido para que no abriera la boca.

Se derrumbó en la primera silla que encontró y cubrió su rostro con las manos; si seguía así, corría un grave peligro de arruinar todo lo que aparentemente iba por buen camino.

Empujó la puerta y el rechinido que se dejó escuchar delató su presencia en aquél umbral.

—Estoy aquí —dijo en modo de aviso.

Pero lo que presenció ahí dentro lo dejó sin palabras; la habitación estaba sencillamente iluminada con algunas velas aromáticas que dejaban un ambiente con olor a fresas dulces, y justo frente a la cama, una mesa para dos perfectamente arreglada con flores y una vajilla que aunque no combinaba, su hermano había hecho un gran trabajo al acomodar perfectamente.

Y hablando de este, Raphael permanecía de pie junto a la mesa, sonriente y esperando a que su hermano se acercara para ofrecerle la silla que ya señalaba.

Tuvo que soportar una risa que deseaba salir desesperadamente desde el fondo de su alma, pues su hermano mayor llevaba puesto un ridículo corbatín rojo en forma de moño que tenía intenciones de hacerlo ver elegante. Pero lo único que ocupaba la mente de Donatello era que aquello lo hacía lucir realmente tierno y desesperado.

No sabiendo cómo reaccionar exactamente, Donatello caminó hasta aquella mesa y aceptó la cortesía de su hermano, tomando asiento justo antes de que Raphael se alejara para tomar asiento al otro lado de la mesa.

—¿Pizza? —preguntó Donatello al ver que el menú de la noche era el tan ya regular platillo en aquella guarida—. ¿No encontraste algo más original?

Vio a Raphael endurecer la quijada, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no perder la poca paciencia que le quedaba.

—Sólo come —dijo, con la sonrisa más fingida que había visto en toda su vida.

A Donatello se le erizó la piel y comenzó a sobar su estomago; había comido de más a la hora de la cena, pues la divertida escena que les había otorgado el de rojo lo motivó un poco a tomar más bocados de los que estaba acostumbrado y ahora se encontraba con el problema de que la cita que su hermano había planeado para él consistía en cenar… De nuevo.

Tomó una rebanada de pizza y se encontró con otro problema;

—Está fría —dijo con recelo, saboreando el asco que le causaría el tan sólo degustar aquella simple porción de pizza.

—No lo estaría si hubieras llegado a tiempo —le recordó.

Donatello decidió callar y arriesgarse; después de todo, había sido su culpa que aquella noche casi se arruinara.

—…Mi… Estomago… Duele

Donatello se encontraba abrazado a uno de los retretes más cercanos a la habitación de Raphael; después de degustar la pieza fría de aquella pizza, se vio casi obligado a consumir una segunda ración, pero no pudo terminarla, pues había sufrido una congestión estomacal y llevaba ya un par de minutos descargando todo el contenido de su estomago en aquella sucia letrina vieja.

—¿Porqué no dijiste que te sentías mal? —preguntó el de rojo, observando el pálido rostro de su hermano lloriqueando mientras se aferraba fuertemente a la pieza de porcelana—. Lo habría entendido.

Donatello limpió un poco su boca antes de contestar.

—No quería meter la pata más de lo que ya lo había hecho con mi impuntualidad.

—Pues terminaste de meterla más a fondo, hermanito —dijo, antes de darle la mano para ayudarlo a levantarse.

Donnie se dejó hacer por los cuidados de su hermano, quien había quitado aquella sonrisa tonta de su rostro; aquella que mostraba últimamente cada vez que ambos se encontraban en la misma habitación.

Raphael lo llevó hasta su cama y lo ayudó a recostarse para que descansara un poco; después de todo, ya podía dar por perdida aquella noche.

El más joven sintió que era arropado, y aunque su mente ya se encontraba un poco alejada de ahí, alcanzó a decirle algo importante a su hermano antes de que se marchara.

—Lo siento —dijo en una voz apenas audible para el otro—. De verdad te esforzaste y lo arruiné.

—Ya no te preocupes por eso —dijo, con una voz sorprendentemente calmada—. Creo que ambos pusimos de nuestra parte para que esto saliera mal, pues yo no debí obligarte a comer poco tiempo después de la cena en familia.

Raphael vio a su hermano cerrar los ojos y sonreír débilmente ante aquellas palabras. Estaba comenzando a relajarse, así que lo dejaría a solas para que durmiera un poco y despertara como nuevo al día siguiente.

Pero en cuanto Raphael cerró aquella puerta, Donatello se removió un par de veces en la cama antes de hacerse ovillo sobre esta; la culpabilidad estaba comenzando a consumirlo lenta y angustiosamente.

—Lo siento Raphael —dijo para sí mismo—. Pero no encuentro otra manera de hacer que funcione.

Y después de esto se dejó llevar por el cansancio hasta quedarse dormido.

Mientras tanto, Raphael corrió a la habitación de Leonardo; tenía que darle una buena golpiza por haberlo mal aconsejado y arruinarle su primera cita oficial con Donnie.

«De esta no te salvas Intrépido» decía internamente mientras arrojaba humo por cabeza.

Era tarde, así que su hermano mayor ya debería estar en cama, y dado que ya se le había hecho costumbre entrar sin avisar, se le hizo fácil entrar nuevamente de golpe y asustarlo, pues era seguro que estaría durmiendo como un bebé y su hermano era de sueño ligero; como todo buen ninja debe serlo.

Giró la perilla de la puerta y se encontró con el pequeño problema de que este tenía el candado puesto. Pero él era Raphael Hamato, y una simple puerta no era capaz de interponerse ante su ira, y de una certera patada obligó a ese viejo pedazo de metal a hacerse a un lado.

Pero la vista que aquella apenas iluminada habitación le ofrecería a continuación era una que nunca en toda su vida como ninja, y hermano de tres fastidiosos adolescentes, esperaría ver, pues dado que la cama de Leo estaba justo frente a la entrada de la habitación, lo primero que los ojos de Raphael notaron fue a su hermano sentado sobre su lecho, apenas recargando su caparazón en un montón de almohadas mientras, gracias a todos los cielos, una sábana blanca lo cubría de la cintura para abajo.

Y daba las gracias ya que, debido al enrojecido rostro de su hermano, sabía perfectamente lo que ese gran bulto debajo de la sabana, situado justo entre sus piernas, significaba.

Pese a que la situación le decía que tenía que salir de ahí inmediatamente, no podía despegar su mirada de la igualmente impactada de su hermano, quien había quedado en shock en cuanto aquella puerta voló dentro de su habitación, causando un estrepitoso ruido que seguramente se escuchó hasta la habitación de Donatello.

Se observaron un par de segundos antes de que una pequeña cabecita adornada con dos enormes ojos color cielo se asomara por entre la sabana, escondiéndose nuevamente cuando notó la perturbada presencia de su fiero hermano.

—¿U-ustedes están…? —tartamudeó, sabiendo exactamente lo que había interrumpido.

—¡Largo de aquí Rapha! —explotó Leo, tratando de cubrirse un poco más con la sabana que torpemente manejaba con las manos.

Lo último que vio el de rojo antes de salir corriendo, fue el rostro sudado y enrojecido de su hermano hecho furia, pues claramente debió haberse detenido en cuanto supo que la puerta estaba asegurada.

Estaba seguro que a partir de ahora, tocaría antes de entrar, no importa de quien se tratara.

…Continúa en el capítulo EXTRA.

Les dije que tenía mucho material para ustedes, ¿verdad?

En fin, vamos a lo que realmente importa; esta vez quiero hacer algo diferente (siempre quiero hacer algo diferente, ¿lo han notado?). Me gustaría mucho hacer algo más interactivo. Por si lo han notado, suelo ser un poco egoísta con mis historias, puesto que la mayoría de las veces ya tengo un hilo establecido para mis fics. Y no es que no me importen sus comentarios, ¡Los adoro y me motivan muchísimo para seguir adelante con estos proyectos! Y es por eso que ahora quiero saber su opinión sobre el rumbo que pretende tomar esta historia; la forma en la que pueden ayudar es hacerme saber una sola cosita, y para ello he publicado un nuevo Poll en mi perfil con una simple pregunta; "¿Les gustaría ver Mpreg en Experimento?

Declaro que sólo he escrito un Mpreg en mi vida, y fue un tanto extremo, pues lo hice con intenciones de que no se le pareciera a los que ya había leído y que sinceramente no me convencieron. Pero no fue para este fandom, si no para DGray-Man, hace ¡uff! Como seis años. Ahora creo por fin estar preparada para dar un mejor resultado que antes.

Por favor háganme saber sus opiniones, ya que se trata de un tema muy delicado y difícil de tratar, ya que, aún y cuando me gusta mucho la temática (si, lo admito, me parece interesante), es casi imposible conseguir leer un fic con un Mpreg creíble o bien desarrollado.

Prometo con la mano en el corazón hacer el mejor trabajo posible para traerles una historia que valga la pena leer y los merezca (es que ustedes son los mejores lectores de todos, realmente los amo). No se sientan comprometidos a seguir leyendo esta historia si da la casualidad que ustedes estén en contra de esta temática; en verdad lo entendería.

Estaré esperando sus opiniones, la cuales, aunque no afectarán al 100% el destino de la historia, de verdad me interesa saber lo que ustedes opinan, así que no olviden pasarse por mi perfil y votar, ademar de mandarme un lindo, lindo review, que de eso nos nutrimos las fan-girls-writers (guiño, guiño).

Siempre suya…

Mis GRavedad.

PD: He leído un único fic Mpreg que realmente, realmente vale la pena, pues está bien infundado y hermosamente redactado. Se titula "Apostol de Dios" y pertenece a la grandiosísima Kini-Ainotsuki, también miembro de esta página. El fic pertenece al fandom de "D Gray-Man". Es grandioso y les aseguro que les encantará, sobre todo si son fans del Yullen.

PD2: Si es que llegan a votar por que ocurra un Mpreg en el fic, por favor consideren que será algo bizarro y (la verdad espero que sea así) algo jamás explorado con anterioridad. En pocas palabras, tengo algo muy retorcido en mente, lo cual estoy muy ansiosa por que todos ustedes lean (sonrisita).