Surprise!
Les tengo un ínfimo y diminuto regalo en forma de capítulo extra para despejar un poco las dudas que me han hecho notar, tienen en cuanto al comportamiento de Donnie, además de que ya es indispensable que se revele para que la trama continúe a su debido ritmo. Será algo muy pequeño pero revelador.
Chonik; ¡Linda! Fuiste la única que le atinó, y ya verás porqué lo digo.
Advertencias: escena de sexo poco explicito.
…
EXTRA I: Donatello.
Nunca había considerado que algo así de importante en su vida, o al menos como él lo tenía contemplado, estuviera a punto de desaparecer en manos de unos de sus hermanos mayores; y mucho menos si ese hermano era precisamente Raphael, quien era sabido por todos que tenía cierto desagrado por las parejas del mismo género.
Y la prueba fehaciente de ello había sido el tremendo escándalo que protagonizó cuando ambos encontraron a Leonardo devorando los labios del pequeño Michelangelo.
Todo esto contradecía totalmente las acciones actuales del ninja más rudo que había conocido, pues estaba desviviéndose con cada caricia a la que estaba siendo obligado a recibir.
—¡Raphael ya basta! ¡Deja de tocarme! —ordenó el joven aún con voz baja, evitando un escándalo mayor si Leonardo o Splinter llegaban a verlos justo en aquella posición tan comprometedora—. ¡Rapha me estás asustando!
Aún estaba de espaldas a él, así que sintió la total libertad que el mayor se tomó para acariciar su cuerpo, y cuando decidió que aquello no lo llenaba, lo cogió del caparazón para colocarlo boca arriba en la cama.
Tragó saliva cuando aquellos inestables ojos brillantes recorrieron todo su cuerpo, el cual ya estaba debajo de él en una posición muy ventajosa para el mismo Raphael.
—Quédate quieto, Donnie —dijo, notablemente mareado—. Sólo quiero darte un poco de placer
El que estaba debajo tragó saliva, pues el deseo reflejado en el rostro de su hermano le decía que no se libraría tan fácilmente de él.
Entonces lo vio descender por su cuerpo, calmándose un poco cuando sintió aquellos labios besar tiernamente su cuello, formando un camino hasta su vientre, donde se quedó algunos segundos degustando del olor que las placas de su plastrón emanaba.
¿Qué estaba haciendo? ¿Realmente quería tener sexo con él en estos momentos?
Repentinamente sintió una ardiente lengua jugar un poco con su parte baja y aquello le hizo pensar que tal vez la idea de su hermano no era tan descabellada como llegó a imaginar.
Desde hace tiempo sabía que necesitaba desahogar sus frustraciones, pero la falta de opciones que había entorno a su existencia le hacían pensar que por el resto de su vida, su única aliada sería su mano, y nada más.
—S-somos hermanos, Raph… —dijo, dándose un mínimo de oportunidad para que las cosas frenaran y no llegaran a un punto en el que claramente podrían arrepentirse.
—Leo y Mikey también —mencionó como única excusa.
Donatello dejó de luchar contra su hermano y se mordió los labios en un fallido intento por no exteriorizar lo que estaba sintiendo en estos momentos, pues Raphael había dejado de utilizar su lengua para acariciar con la punta de sus dedos aquella abertura que lo separa de aquél palpitante miembro que ya aclamaba salir para que le pusieran la atención debida.
—Eres exquisito, Donnie —dijo, mientras lamía aquellas largas piernas al mismo tiempo que su mano no dejaba de trabajar en su entrepierna—. No fue hasta que te agachaste por esa tonta cinta que me di cuenta de que tienes un trasero y unas piernas que quisiera devorar ahora mismo.
—Mmh… Raph-ael…
Por fin soltó un gemido, y bajo la insistente mano del mayor, liberó su hombría, escuchando una diminuta risa en aquel que lo ansiaba expectante.
Donatello bajó la mirada, topándose con la tentativa vista de un Raphael abriendo la boca para finalmente envolverlo, sintiendo aquella humedad ardiente sobre la parte más sensible de su cuerpo.
Su boca descendía más y más, hasta que tocó la garganta del mayor, y después de intentar forzarlo un poco más, comenzó con lentos y agonizantes movimientos de vaivén al notar que ya no entraba.
Aquella escena era sorprendentemente sexy, pues el rostro enrojecido de su hermano mientras intentaba no ahogarse para seguir dándole placer era único e irrepetible.
Raphael sintió algunas gotas comenzar a liberarse, así que antes de provocar un accidente adelantado, sacó aquél palpitante miembro de su boca y le dio un beso en la punta antes de incorporarse nuevamente sobre su hermano, observando detalladamente aquellas gotas de sudor que resbalaban por todo el rostro y cuello del menor.
La única solución que encontró para poder calmarlo fue besarlo, uniendo sus labios en un desesperado acto que reflejaba a la perfección la urgencia que se cargaba encima.
Quiso que Donatello se probara sí mismo con ese demandante beso, hundiendo su lengua hasta la garganta del joven genio, para después pasarla por su paladar, envolver su lengua y terminar con un par de mordidas en los labios que intensificaron las sensaciones en el menor.
Donatello sacó la lengua, esperando conseguir una buena cantidad de aire con ello y creando una encantadora vista para el mayor. No había sentido un sabor diferente al que dejaba en su hermano una buena cantidad de alcohol después de interminables litros de cerveza, pero aún y cuando el sabor era amargo, aquellas caricias internas lo estaban llevando cada vez más a la locura.
Y mientras en su cabeza las razones por las cuales debía detenerse se esfumaban rápidamente, Raphael estaba tratando de salir bien librado de un fuerte mareo que vino acompañado de algo bastante entretenido.
—¿Dos Donnies?… —hipó un poco, mientras miles de posibilidades ya pasaban por su cabeza en estos momentos—… Que delicia.
Quiso lanzarse nuevamente sobre los labios de su hermano, pero la mano de este rápidamente lo detuvo.
—Debemos parar, Raph —suplicó Donnie, comprobando la molestia que esto causaría en su hermano tras frenar sus intenciones—. Esto no está bien.
—Claro que no —lo contradijo—. Lo que no está bien es que tu cuerpo esté pidiendo a gritos más y tu se lo niegues.
—Raphael, por favor…
—Hagámoslo, Donnie —buscó a ciegas la hombría de su hermano y comenzó a estimularlo de nuevo. Quería hacerle entender que estaba equivocado—. No tienes una idea de cuánto te necesito en estos momentos.
Donatello comenzó a gemir, pero esta vez sin intentar reprimir los sonidos que salían de su boca, por lo que Raphael lo tomó con una luz verde y no le quedó más remedio que continuar.
Tomó fuertemente a Donnie por un costado de su caparazón y de un solo movimiento, lo giró bruscamente sobre la cama, quedando esta vez el menor boca abajo y abrazando las almohadas.
Sabía exactamente lo que seguía; Raphael intentaría tomarlo en ese preciso momento, y por más que su cerebro le decía que no lo permitiera, su cuerpo se mostraba ansioso por continuar y llegar hasta las últimas consecuencias, pues su erección había quedado atrapada entre él y las blancas sábanas, sintiendo la hinchazón y el dolor que le causaba no tener más atención.
—Lev… levanta el… —se quedó callado un momento, desesperando a Donatello por no saber lo que estaba ocurriendo—… Levanta el trasero —lo escuchó por fin.
Sorprendentemente obedeció, escuchando unas risitas malévolas por parte de su hermano en cuanto tocó nuevamente aquél delgado trasero, buscando desesperadamente el punto donde debería comenzar a prepararlo.
Donatello sintió uno de los dedos del mayor acariciar su entrada y se estremeció.
Se preocupó cuando aquella mano fue retirada rápidamente y sintió la dureza de su hermano justo ahí, en espera de adentrarse a sus entrañas.
—¡Raph! ¡Primero debes…!
—¡Shhh! —lo interrumpió—. Calla. Voy a hacértelo tan duro, que no podrás levantarte en tres días.
—¡No! ¡Raphael! ¡Detente!
Entró en pánico cuando creyó que su hermano se haría paso sin previa preparación, así que agarró fuertemente la sabana bajo sus uñas y mordió instintivamente la almohada, esperando el dolor que seguramente llegaría.
Pero lejos de eso, Raphael comenzó a embestirlo mientras jadeaba sonoramente y observaba hacia el techo de la habitación; lo malo era, que simplemente estaba haciendo eso, empujar sus caderas mientras el miembro erecto del mayor permanecía entre los delgados muslos del más alto, liberando semen que se esparcía lentamente sobre sus piernas y la parte baja del plastrón.
—Raphael… ¿Qué estás haciendo? —preguntó, mientras seguían empujándolo fuertemente sobre la cama—. ¡Raphael, aún estás afuera!
Pero el mayor no reaccionaba; seguía sumido en sus lamentables actos que estaban dejando insatisfecho y con una dolorosa erección al de morado.
Unos segundos después escuchó un gutural sonido salir de la boca del mayor mientras un montón de líquido caliente fue liberado entre sus piernas, salpicando todo irremediablemente.
—Estuviste increíble —fue lo único que dijo antes de derrumbarse justo al lado del sorprendido joven genio.
Donatello se levantó en cuanto escuchó unos fuertes ronquidos resonar en toda la habitación y miró horrorizado a su hermano; Raphael se había quedado dormido.
—¡No! —chilló—. ¡No! ¡No! ¡No! ¡Raphael no me hagas esto!
Desesperado, removió varias veces el cuerpo de su hermano sobre la cama con la esperanza de que despertara y terminara lo que había dejado a medias. Pero era imposible; Rapha parecía totalmente noqueado sobre aquella cama y Donatello supo que el alcohol por fin había hecho de las suyas.
—¡Infeliz! —dijo por último, mientras le daba un golpe en su plastrón pectoral.
Ni siquiera esto logó hacerlo reaccionar.
Invadido por el coraje, Donnie se recostó en su lugar, con un par de lagrimas queriendo salir de sus ojos y un incomodo dolor entre sus piernas.
Raphael era un imbécil; quedarse dormido justo cuando había dado su brazo a torcer lo había dejado con cierto grado de humillación; esta había sido la oportunidad perfecta para él, pues era seguro que con los cerrados pensamientos de su hermano, este último jamás intentaría hacer algo como aquello nuevamente.
Se removió sobre el colchón, hirviendo en coraje.
No sabía hasta donde tendría que llegar, pero obligaría a Raphael a terminar con lo que había comenzado.
…Continúa en el capítulo 4
¡Dudas despejadas! ¡Nos vemos en el siguiente!
…Miss GRavedad.
