¡Hola, mis amores! Scusa... Sé que estuve muy desaparecida pero es que, de verdad, no creerían la cantidad de trabajo que tengo. Me alegro mucho, necesito la plata, pero no deja de ser difícil...
Y bueno, sigo planeando mi viaje a Italia, pero antes, voy a viajar a la costa Argentina para que mi hija conozca el mar. Es increíble... Cinco años y no conoce el océano, teniéndolo tan cerca... Por eso quiero ir, así que estoy ahorrando.
Pero bueno, poco les importa, vamos a lo interesante, las formalidades:
Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con questo. El fic, sin embargo, sí es de mi autoría.
Summary (Del capítulo treita y cuatro): Lo necesitaba más que nada en el mundo. Necesitaba ser suya, y él de ella. Necesitaban ser uno.
Advertencias: Hay escenas un poco fuertes. Bueno, no son nada de otro mundo, pero si sos menor de edad, sería bueno que saltees éste capítulo. No quiero causar traumas... Igual, no es nada de otro mundo, pero advierto por las dudas.
Dedicaciones: A Kaaro, Denisse W.H.D, bloomerflaur, Tania Ibarba y Nat-Marie. Y, obviamente, a todos los que me dejan mensajitos o, simplemente, me leen. Los adoro, por ustedes escribo.
Y a mi bebé, que conozca la playa *-*
En fin, los adoro, y gracias por aguantar mis desvaríos mentales, son geniales, loco, geniales.
Y, a lo que vinieron, al capítulo de hoy *-*
Querido diario.
By: Belencitah.
~Capítulo treinta y cuatro: De ángeles y demonios.~
Y siguieron besándose, sin importarles la falta de aire, no querían parar. No podían hacerlo.
Porque lo necesitaban hacía tiempo, desde que habían quedado solos por primera vez, o quizá antes, y no lo habían podido ver entonces. No podían verse de otra forma que "la colegiala ingenua" y "el tosco fortachón". ¿Cómo habían cambiado tanto las cosas? Ninguno de los dos lo sabía, pero así era y estaba bien para ellos.
Daryl profundizó el beso y deslizó su mano por dentro de la camiseta de la rubia, recorriendo su cintura. Lo hizo con mucha delicadeza, una que jamás utilizó con ninguna otra mujer, porque Beth no era otra simple mujer, ella era especial, tenía algo y él quería cuidarla como si de una muñeca de porcelana se tratara. Pero la necesitaba, realmente necesitaba tocarla, sentirla. La deseaba completa y desesperadamente.
—Daryl… —susurró Beth contra los labios de Daryl, estremeciéndose ante el contacto cálido de la mano de él, contra su piel fría. Su caricia le quemaba en lo más profundo y la hacía perder el control completamente. Siquiera podía pensar, simplemente deseaba que aquello pasase, quería estar con él de la forma más íntima posible, lo necesitaba de todas las formas imaginables.
Pronto, y por más pena que a ellos les causase, necesitaron aire, por lo que se separaron una milésima de segundo y se miraron a los ojos. Beth soltó una risita nerviosa, y Daryl le sonrió en respuesta. Sabía el por qué de su risa… ¿Quién habría pensado que estarían así? Nadie apostaría por ellos, mucho menos considerando lo diferentes que eran, pero por una broma del destino o simplemente adrede, aquello estaba sucediendo.
Con la mirada se dijeron todo, debían seguir o explotarían. Ella lo necesitaba dentro de sí, en lo más profundo de su ser y él quería estar en ella, lo quería más que nada en el mundo.
Volvieron a besarse, de manera más pasional ahora. Parecían animales salvajes, poseídos por el deseo del uno al otro.
Daryl la tomó por las piernas y la alzó, sin dejar un segundo sus labios, pues no podía despegarse de ellos, como si algún magnetismo extraño lo retuviera y estaba bien para él.
Y, cargándola, la llevó hacia el colchón que hacía de cama, no sin antes cerrar la cortina de la habitación, que hacía de puerta, no podían disponer de mayor privacidad. Pronto, la depositó suavemente sobre el plumón, quedando en una posición perfectamente romántica y comprometedora. Él arriba de ella, con su erección rozando la parte más íntima de la joven, observándola con suma ternura y cuidado de no aplastarla. Parecía tan frágil…
—Beth… —comenzó a decir Daryl, intentando preguntarle lo más obvio. ¿Quería lo mismo que él? Y sin poder evitar preguntarse por qué lo querría precisamente a él. Aquello no era correcto… ella era pequeña, dulce, pura. Él era un jodido demonio, enamorado tontamente de un ángel.
—Sí, quiero hacerlo, Daryl —susurró ella, con la voz algo ronca, mientras soltaba su cabello y tiraba la goma por algún lugar. Se notaba en su voz, en su piel… En su mirada se notaba la fuerza sobrehumana que hacía para contenerse, lo quería tanto como él y poco le importaba lo demás.
La voz ronca de la chica, casi clamando por él, lo excitó al punto de la irracionalidad, por lo que más rápido que un rayo, comenzó a besar el cuello de Beth, que arqueó la espalda y cerró los ojos al sentir su tacto húmedo sobre la piel.
Los besos de aquél hombre eran el maldito paraíso y sufría al pensar en lo que se había perdido en tanto tiempo de vagar con él. Aquello era el éxtasis y recién estaban calentando. No podía aguantar ni un minuto más, deseaba sentirlo dentro de ella en ese mismo momento. Jamás había deseado aquello, siquiera lo había permitido, su intimidad permanecía intacta a pesar de sus noviazgos, pero con él… ¡Mierda, con él era diferente! Lo deseaba como jamás deseó a nadie.
Él recorrió su cuello con suma delicadeza, besando cada parte de él, y bajó lentamente hasta sus senos.
Y, en aquél punto, la chica no podía más que jadear por más, jamás había sentido algo así en su vida, era completamente enloquecedor, él era embriagante. Pero justo en el mejor momento, en la calma antes de la tormenta, sintió como aquellos besos del alma pararon y lo sintió levantarse de arriba suyo.
—¿Daryl? —cuestionó la chica, abriendo los ojos y observándolo. Se había sentado en la esquina del colchón, lo más alejado de ella posible. La respiración del hombre estaba entrecortada y jadeaba un poco producto del acto que jamás llegó.
—No puedo… Lo siento —logró decir el hombre. ¿Qué? ¿Cómo que no podía? ¿Acaso él no la deseaba tanto como ella? Beth dejó de mirarlo y observó el techo, sintiendo una gran vergüenza…
Quizá él no la deseaba, siquiera la quería… Quizá ella había forzado la situación y él, con la conmoción de volverla a ver, le había seguido el juego. ¡Maldición, qué idiota se sentía! Debería haberlo imaginado… ¿Por qué Daryl, tan hermoso y fuerte, se fijaría en ella? Sólo era una tonta niña enamorada de un hombre mayor, el mismo cliché de siempre y aquél hombre estaba para algo más, algo más serio, no para tontear con una pobre ilusa.
—Beth… Tú eres… Eres perfecta, eres hermosa, buena y no hay cosa que desee más que a ti —continuó Daryl, observando sus manos en la esquina de la improvisada cama, parecía nervioso y se estaba esforzando muchísimo para no volver a tocarla, para olvidar a su maldita conciencia y hacerla suya en ese instante, pero no podía hacerle eso a ella, a cualquiera menos a ella.
—¿E… Entonces? —comentó Beth en un susurro, sin mirarlo, observando el techo como si fuera lo más interesante del mundo y conteniendo las lágrimas. La vergüenza la consumía.
—Por eso es que no puedo. Eres tan… Perfecta, joven, hermosa. Yo soy mucho mayor y estoy completamente corrompido. No quiero hacerte lo mismo a ti. Tú mereces algo mejor…
No daba crédito a lo que oía… ¿Seguía con lo mismo? ¡No era eso lo que sucedía y ella lo sabía! Simplemente continuaba con ese cántico de: "Soy muy viejo o muy malo para ti" porque no quería lastimarla, decirle que simplemente ella estaba confundida y él no la quería de la misma forma. Ya no pudo contener esa tonta lágrima que cayó por su mejilla, la excitación se había ido por completo y sólo quedaba tristeza en ella.
Daryl notó su pena y se odio por milésima vez en el día. ¿Por qué, siempre que la chica lloraba, era culpa suya? Sus lágrimas eran la prueba que confirmaba sus dichos. Él era malo para ella, la hacía sufrir cuando otro, probablemente, la haría más feliz.
—Beth… Yo te… —comenzó a decir el hombre. Le costaba en demasía expresar sus sentimientos, pues siempre los dejó de lado, pero con ella era necesario, necesitaba decirle cuánto la quería, pero fue interrumpido por la voz de Maggie.
—¡Bethy, te necesitamos abajo! —gritó por detrás de la cortina la mayor de las Greene— ¡Oh, y busca a Daryl antes, los necesitamos a todos!
Beth tardó en contestar, no quería que escuchase su voz extraña y a su hermana se le diera por entrar.
—De acuerdo —gritó Beth en respuesta, sin mucho entusiasmo y esforzándose por no dejar entrever su voz apagada. Dejó de ver el techo y observó a Daryl, quien la miraba con una mueca de tristeza— Ya no importa, vamos, nos necesitan.
Y dicho aquello, la joven se levantó, se arregló un poco la camiseta y levantó la goma de cabello del piso, para hacerse una coleta con el enmarañado cabello, secó sus lágrimas y sonrió falsamente, como si practicara qué cara poner para que nada se notase diferente en ella, para parecer entera cuando no lo estaba. Porque Daryl, sin quererlo ni preverlo, se había llevado parte de ella y, por más que quisiese, jamás la recuperaría.
Como dije antes, no era nada fuerte, pero siempre es necesaria la aclaración. Sé que todas ustedes ven cosas peores en páginas porno, pilluelas, pero siempre hay que aclarar, por si alguna no desea ver nada de índole sexual.
AJAJAJJA, las amo (Y los amo, si hay algún hombre, lo cual dudo)... En fin, gracias por tanto. Y esperemos ansiosas el capítulo de The Walking Dead de hoy.
Bel~
