Dejare esto por aquí aprovechando que estoy sola en la oficina. Desearía haber actualizado antes pero… ¿Ya se dieron cuenta de que ff esta fallando mucho? Lo lamento mucho si les llego aviso doble: tuve que volver a subir el capitulo.
En fin, ¿preparados para más revelaciones importantes?
Ya es el cuarto capítulo del fic. Debo admitir que por un momento pensé que era el capítulo más dramático que había escritor, pero después me di cuenta de que he escrito peores (risitas).
¡Linna! ¡Es bueno verte de nuevo por aquí! Akane Hitomi, ¡Que bárbara! Creo que te leíste todos mis fics en una semana. Muchas gracias por comentar cada uno de ellos. ¡Y muchas gracias a todos por sus comentarios! Realmente me alegra que el tema del M-preg sea muy bien aceptado en la gran mayoría. Espero no decepcionarlos con lo que les tengo preparado. Aquí ya podrán ver una ligera pista de a donde me dirijo en cuanto a este tema.
…
Capítulo 4: Familia.
Simplemente no podía dormir.
Dio cientos de vueltas en la cama antes de decidirse por tomar asiento; ya habían pasado unas cuantas horas y el reloj marcaba sin piedad que era exactamente las doce.
«¡Maldición! No pude pegar los ojos en toda la noche.» se lamentó mentalmente.
Repentinamente se vio hipnotizado por aquella parpadeante luz roja, pues era lo único que sobresalía en la oscuridad de su habitación.
Pero, para su mala suerte, aquel color le recordaba insistentemente el rostro extasiado de su hermano, el cual esa misma noche había sorprendido en plena acción con su pequeño amante.
Exactamente; con su "inocente" hermanito menor.
«¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición!»
Tenía que olvidar aquello a como diera lugar; de otro modo, Leo no dejaría de molestarlo por el resto de su existencia.
—¡Rayos, Leo! ¡Debiste cerrar mejor la puerta de tu habitación!
Se decidió por girar unas cuantas veces más antes de tomar una gran sabana y arroparse con ella. Tenía que apagar su mente por un momento antes de que llegara la hora de levantarse para sus rutinarias mañanas previas a una tarde de videojuegos o televisión basura.
Lo sentía mucho por Donatello, pero por este día no haría el esfuerzo por complacerlo; por ahora su mente se encontraba ocupada con su hermano mayor y en la forma en la que tendría que evitarlo para no…
—¡¿Qué estás haciendo aquí?!
Se levantó inmediatamente, y mirando atreves de la obscuridad, observó el umbral de su habitación; esa era precisamente la voz de Leo, la cual provenía exactamente del otro lado de la puerta.
Al parecer su propósito era entrar, pero algo había frenado sus intenciones de golpe.
Escuchó varios pasos en la estancia, y repentinamente se dejaron de escuchar ruidos.
Al carajo todo; debía salir a ver qué era lo que estaba pasando.
Abrió la puerta tan abruptamente que ambas personas en el centro de la estancia rápidamente voltearon a verlo.
—¡Raph! ¡Viejo! ¡Qué bueno que te veo!
Echó una mirada tan fugaz a Leo que no le dio tiempo de mostrarle la pena que le causaba su presencia ya que enseguida sintió un cuerpo mucho más alto sobre él, abrazándolo como nunca antes, en sus tantos años de amistad lo había hecho.
—¿Case? ¿Qué estás haciendo en la guarida a estas horas de la noche? —preguntó el ninja en cuanto su amigo se separó de él.
—Estoy desesperado, chicos —dijo el humano—. Creo que ahora si me metí en problemas.
—¿Qué hiciste, Jones?
Antes de que Casey respondiera a la pregunta que le hizo Leo, la puerta de la habitación de Donatello se abrió y el joven hizo acto de presencia; se le veía exhausto y descompuesto, por lo que aquél ruido claramente había perturbado su descanso.
—Viejo, luces tan estropeado —se rio por lo bajo, Casey.
Raphael vio la reacción ofendida de su hermano y rápidamente supo que su mejor amigo se estaba desviando del tema principal.
—Déjalo en paz, Case —lo calló, sorprendiendo a Leo y a Donnie al mismo tiempo—. Más vale que digas que es lo que estás haciendo aquí o te echaré por perturbar el sueño de todos.
En ese momento, Donatello reaccionó; la presencia de Casey en la guarida no podía ser buen augurio.
—¿Le ocurrió algo a April? —llegó hasta el más alto en medio segundo, empujando ligeramente a Raphael para poder verlo a la cara—. ¡Responde!
—Tranquilo, Don —lo tomó por lo hombros—. Ella está perfectamente; dentro de lo que cabe.
—Explícate —ordenó el de azul, recordándole a todos que ahí estaba.
Repentinamente, el rostro de Casey decayó; era evidente que ella tenía que ver con su presencia en la guarida.
—April me echó del departamento y necesito donde vivir los próximos días… O meses.
El chico notó un deje especial en la mirada de Donatello, mientras Raphael simplemente se mostró, ¿decepcionado? ¿Preocupado?
—¿Qué hiciste, viejo? —preguntó el chico rudo, preparándose para la respuesta que recibiría.
—Ella está embarazada, y al parecer no le gustó la forma en la que tomé la noticia.
—¿Qué April… qué?
Leonardo caminó rápidamente hasta el pequeño grupo y miró atentamente a Casey; parecía tener emociones encontradas, pues quería mostrarse feliz pero la aparente gravedad de la situación no se lo permitía.
—¡¿Embarazada?!
Casey se mostró preocupado, pero Raphael no pudo evitar que aquella noticia lo obligara a voltear a ver a su hermano el más listo; esta noticia cambiaba muchas cosas. Muchas más que cuando se enteró de que sus amigos humanos se mudarían a vivir juntos, convirtiéndose oficialmente en una pareja.
Se encontraba callado y no tenía intenciones de querer hablar; parecía atónito por la noticia.
Quería saber aquello que en estos momentos pasaba por su mente, pero la atención fijada en Casey y la posible gravedad de aquello lo obligaron a esperar un poco más.
—Llegué a casa y parecía muy feliz. Después de la cena me dio la noticia pero… —calló un momento para elegir las palabras correctas que no lo hicieran parecer un futuro mal padre—… Le dije que era imposible. Habíamos… bueno, en realidad ella había tratado de quedar embarazada desde hace tiempo pero no podíamos. La verdad yo me sentí tranquilo; no estoy listo para ser padre, pero lamentablemente fue exactamente lo que dije y comenzó a llorar. Luego me echó de la casa y me dijo que no volviera.
—Eres un idiota —dijo Raphael—. Debiste haberte mordido la lengua y sonreír lo mejor que pudieras.
—¿No me digas? —preguntó sarcástico. Era obvio que aquello había sido el problema.
Donatello no perdió tiempo y tras la abrupta respuesta de Casey y entró nuevamente a su habitación, saliendo unos cuantos segundos después con su bandana puesta y abrochando su cinturón de cuero falso.
—¡Donnie! —lo siguió Raphael en cuanto lo vio entrar al dojo, seguramente para tomar su bô—. ¿Qué crees que haces?
Leonardo y Casey los siguieron y se quedaron en la puerta del dojo, observando a los otros dos discutir frente a la pequeña repisa donde había varios repuestos de armas.
—¿Piensas salir a esta hora? ¿Estás loco? ¡Se supone que el rebelde soy yo!
—April me necesita.
—¡No! En eso te equivocas; April necesita que el idiota que eligió como novio vaya y se disculpe con ella, no que su mejor amiga la acompañe a comer chocolate y nieve.
—No deja ni que me acerque a la puerta, viejo —interrumpió el chico—. ¿Cómo quieres que me disculpe con ella?
—Cobarde —susurró Leo.
Quería responderle al líder del grupo, pero los fuertes pasos de Donatello dirigiéndose fuera del dojo llamaron la atención de todos.
—No me importa lo que Casey haga o no, ella me necesita y no puedo abandonarla.
—Gracias, Don —dijo el chico humano—. Cuento contigo para que hagas sentir mejor a April.
Donatello se detuvo en la puerta del dojo y giró lentamente su cuerpo para ver a Casey; la ligera sonrisa del muchacho se borró de su rostro cuando vio en el genio unas tremendas ganas de tomar su bô y romperlo en su cabeza.
—¿Qué te hace pensar que lo estoy haciendo por ti? —era evidente la molestia en Donatello, y todos lograron notarlo—. April estaba muy entusiasmada por la simple idea de darte un hijo y tú lo arruinas de esta manera tan egoísta.
—Pero Don, yo…
—Cuando éramos más jóvenes, fuiste muy claro conmigo al decir que lucharías por el amor de April y que estarías conforme con que cualquiera de los dos ganara, pues al final la decisión sería únicamente de ella. Eso fue hace años y evidentemente tú ganaste; no hubo compasión por tu parte al tomarla como tu amante, y tuve que conformarme con ello, pues respeto mucho la vida que April eligió. Eres tú quien la hace feliz, entonces para mí estaba bien —Casey quería volver a interrumpir, pero la grande mano de Donatello en alto se lo impidió—. Justo ahora no sabes la suerte que tienes al poder formar una familia con una mujer como ella… Y lo arruinas de la forma más estúpida que existe.
Leo y Rapha se quedaron con la boca abierta; a Donatello sólo le faltaba darle una patada en la entrepierna a aquél joven arrepentido y contemplarlo retorcerse de dolor en el suelo.
Era como si Donatello realmente hubiera esperado tanto tiempo para decir algo como eso, pues sus ojos reflejaban liberación e ira.
Casey agachó la mirada; no podía decir más. Donnie estaba en todo su derecho de reclamar.
El más inteligente siguió su camino y sus dos hermanos lo siguieron, siendo Leo quien se interpuso en su camino.
—Donnie, estás muy alterado, será mejor que no salgas por ahora.
—Ella me necesita, Leo —lejos molestarse por la oposición del mayor, pareció rogarle que no detuviera sus intenciones—. Tal vez no lo comprendas, pero realmente necesito hacer esto.
A Leo no le quedó más remedio que dejarlo pasar; sabía que esto traería consecuencias, pero no podía detenerlo. Sólo él sabía lo que en estos momentos pasaba por su cabeza al tener intenciones de consolar a su mejor amiga.
No quería pensar que Donatello aprovecharía la situación para ganarse a April; después de todo, parecía ser una pelea de pareja que fácilmente podía arreglarse con unas disculpas y muchas buenas atenciones por parte de Casey.
Donatello había perdido hace mucho, y ahora había un factor más importante de por medio para quedarse a un lado; un bebé.
«No lo arruines, Donnie» pensó Leonardo.
El más joven siguió su camino hasta que Raphael, quien salió corriendo de su habitación con todo su equipo puesto, dijo:
—¡Espera! ¡Voy contigo!
Donatello volteó al escuchar aquello y sólo logró ver cuando Leo detuvo al de rojo tomándolo del brazo.
—¡Por supuesto que no! ¿A caso no recuerdas que Splinter te acaba de asignar un castigo?
Raphael volteó a verlo rápidamente, pero un fuerte rubor no pudo evitar aparecer en ambos al verse fijamente a los ojos por primera vez después del incidente de hace apenas unas horas.
El más bajito no podía evitar que el rostro enrojecido de Leo gracias al placer que Mikey le estaba proporcionando apareciera una y otra vez en su cabeza.
Leo lo notó, pero enseguida sintió cómo su mano era retirada con violencia de aquél duro brazo.
—¿Quién va a decírselo? ¿Tu? —aquella mirada pretendía ser retadora, pero ese color rojo que le cubría la cara no le ponía la seriedad suficiente—. Debo cuidar que el flacucho no se haga daño. Así que con tu permiso o sin él…
Y salió corriendo, dándole una palmada en el caparazón a Donnie cuando pasó a su lado, señal de que tenían que apurarse, pues debían regresar antes de que amaneciera.
Cuando los vio alejarse, a Leo no le pareció tan mala la idea de que Donnie llevara compañía; si era verdad que Rapha estaba haciendo su esfuerzo por ganarse el corazón de su hermano, tal vez podría impedir que hiciera una locura, como tratar de persuadir a la chica pelirroja de que abandonara a Casey.
—¿Qué es todo ese escándalo? —preguntó un adormecido Mikey, quien apenas salía de la habitación de Leonardo para averiguar lo que estaba ocurriendo—. Leo, vuelve a la cama.
Casey se quedó con la boca abierta mientras el líder enrojeció de golpe cuando notó la mirada sorprendida de su amigo sobre él.
Definitivamente su noche estaba empeorando.
…
Vio a su hermano tocar un par de veces la ventana por la cual estaban tan acostumbrados a entrar a aquél departamento e increíblemente esperar con toda la paciencia posible el que April respondiera a su llamado.
Había guardado la distancia suficiente todo este tiempo para dejar que los pensamientos de Donatello se aclararan un poco, pero ahora mismo, mientras lo observaba desde un punto un poco más elevado al tomar asiento en las escaleras de emergencia, pudo notar que ese no era el Donnie que alguna vez llegó a imaginar que se vería tras una situación como aquella.
Prácticamente había creído que su hermano sería el ser más feliz sobre la faz de la tierra al ver por fin su oportunidad servida en bandeja de plata, pero era todo lo contrario; Donatello parecía preocupado. Mucho a decir verdad.
Tal vez en verdad sólo se sentía mal por ella y sabía que era la única persona en el mundo a la que querría ver en un momento así.
Tal vez, por increíble que pareciera, había superado su enamoramiento por April O'neil.
Volteó a ver el edificio contiguo a aquél donde viven sus amigos; sabía los detalles de aquella estructura de memoria, pues tantas veces se había quedado ahí, sentado en aquellas escaleras esperando a su mejor amigo para salir a vigilar las calles de la ciudad desde las alturas.
Sus pensamientos concentrados en la humedad debajo de algunos balcones de los vecinos se esfumaron por completo cuando escuchó la ventana del departamento abrirse de golpe para dejar salir un par de brazos delgados que rápidamente envolvieron el cuerpo de su hermano en un abrazo lleno de sentimientos por parte de la chica, quien inmediatamente ocultó su rostro en el pecho del joven para que no pudiera ver las lagrimas que seguramente derramaba en estos momentos.
Sintió una fuerte punzada en el pecho al ver a su amiga así; definitivamente le rompería un hueso a Casey por esto.
Aunque debía ser comprensivo con su mejor amigo. Una noticia así de importante no se debía tomar a la ligera, y era evidente que el joven estaba muy asustado por la gran responsabilidad que conlleva el ser padre.
Observó a Donatello decirle algunas palabras a la chica en cuanto esta dejó de ocultar el rostro en su pecho y enseguida ella se alejó de la ventana para dejarlo pasar al interior del departamento.
En cuanto no vio más obstáculos, Raphael hizo lo mismo y tomó asiento en el sofá largo después de cerrar la ventana para evitar a los mirones casuales, pero para su mala suerte, aquél lugar le ofrecía una excelente vista de lo que los otros dos hacían; decidieron ir a la cocina y platicar a solas. La chica se mostró alterada mientras movía los labios rápidamente al mismo tiempo en que Donatello ponía la tetera con agua sobre la estufa.
Conforme avanzaba en su relato, ella parecía cada vez más triste, lo que claramente le decía que le estaba contando a Donnie los detalles de lo que había ocurrido entre ella y Casey.
En cuanto su hermano puso ambas tazas de té humeante sobre la mesa, cubrió una de las manos de April con la suya y la chica recibió con tranquilidad aquél toque que al parecer estaba esperando, pues inmediatamente entrelazó sus delgados dedos con aquellos que se ofrecieron a confortarla.
«Haz lo correcto, Donnie» le ordenó mentalmente a su hermano con la esperanza de que no estuviera pensando en cometer un estupidez.
Los minutos pasaron, lamentablemente para Raphael, lentos y despiadados, pues al permanecer ahí sentado y sin hacer mucho más que cambiar una y otra vez los canales del televisor, el sueño y el cansancio comenzaron a apoderarse de él.
Despertó de golpe y enderezó su cuerpo rápidamente en cuanto sintió que su cabeza caía por entre sus hombros; se estaba quedando dormido, pero él creyó que había sido simplemente un parpadeo. No podían ser más que unos segundos… ¿o no?
Salió de su error en cuanto fijó su vista en el relój de pared justo sobre su cabeza y…
—¡¿Las tres de la mañana?! ¡Maldición!
Se levantó a toda prisa en busca de los otros dos, pues cuando recorrió todo con la mirada resulta que habían desaparecido de la cocina
Realmente se había quedado dormido por un par de horas.
Lo malo era que si Donatello y April había huido de él, poco podría hacer por su hermano genio para que no recibiera el mismo castigo al que él se enfrentaba en caso de que decidiera volver tarde a casa.
Pero… ¿qué tal si él y April…?
Se quedó en su lugar antes de siquiera posar una mano en el marco de la ventana con claras intenciones de marcharse, pero el sonido de una puerta abriéndose lo detuvo; después de todo, parecía que los amigos no habían salido de casa y ahora podía ver la delgada figura de Donnie cerrando la puerta de la habitación de April.
—Se quedó dormida —fue lo único que logró pronunciar cuando Raphael le exigió una respuesta con aquellos pesados ojos claros.
—Eso es bueno, ¿cierto? —preguntó el mayor.
Donatello simplemente sonrió y caminó hasta él para acompañar a su hermano fuera del departamento; salió primero cuando este se hizo a un lado para dejarlo pasar.
Corrieron, escalaron y saltaron sobre algunos edificios que los llevaría justo donde tenían que hacer presencia antes de que el sol apareciera; la guarida. Pero al sentir que Donatello iba cada vez más despacio, el joven rudo se detuvo justo cuando pisó un anuncio espectacular con la mayoría de las luces rotas y el más alto no tardó en quedarse quieto justo al otro lado de la delgada plataforma.
Dado que aquel cartel apenas y emanaba luces tenues, Raphael no pudo ver claramente la expresión de su hermano, pero su cabeza gacha le decía que estaba pasando por un momento muy confuso.
No se atrevió a decir alguna palabra, pues no sabía que mecánica continuar para hacer que la noche de su hermano fuera menos pesada que hasta estos momentos.
Simplemente lo observó en la media oscuridad de la noche, pues la ausencia de la luna en el cielo no ayudaba mucho para tratar de leer su rostro.
—Ella… Me pidió que la ayudara —dijo en un volumen suficiente como para que Raphael pudiera escucharlo—. Casey dijo la verdad… Ellos intentaron de todo para quedar embarazados, pero al ver que no podían, recurrieron a un médico el cual no les dio muchas esperanzas; dijo, que el problema residía en ella.
Raphael relajó sus facciones, dándole a entender a su hermano que simplemente escucharía.
—April creyó que con esto había decepcionado a Casey y se sintió desesperada por una sola oportunidad que le permitiera ser madre, así que como última opción, pidió mi ayuda —el mayor sintió un cosquilleo en su estomago en cuanto escuchó que la voz de Donnie se tornaba quebradiza—. ¡¿Tienes una idea de lo que eso significó para mí?! ¡Maldición! ¡No me dejó otra opción que decirle que sí! Tuve que ayudar a la mujer de mis sueños a tener el hijo de otra persona. Y todo por verla feliz.
—Creo que lo tomaste con mucha madurez —extrañamente, aquellas palabras lograron salir de su boca, provocando que Donatello se girara a verlo por pequeños lapsos.
—Claro que sí —se alagó a sí mismo—. Para ese entonces, sabía a la perfección que yo había sido el perdedor al tratar de ganar el corazón de April. Y creo tener una idea de por qué eligió a Casey y no a mí; ella siempre soñó con una familia propia, casarse y tener hijos —Raphael apretó los puños, pues sabía exactamente hacia donde se dirigía esa conversación—. Una mujer normal y bonita como ella no podía quedarse con alguien como yo, el cual posiblemente jamás podría darle una familia como la que tanto desea.
«Ironías de la vida» pensó Raphael con molestia al recordar claramente que la del problema para concebir era April y no Casey.
—Yo le di la oportunidad que tanto buscó durante años —continuó el listo—. Ese embarazo se dio de manera artificial, pero te aseguro Rapha, que ese niño es de Casey. Efectivamente la del problema era ella, y sin mi intervención, ellos nunca…
Aún más irónico era saber que sin Donatello, ese niño que estaba en camino no existiría.
Que sin su hermano, la oportunidad de ser madre jamás se le presentaría en la vida.
—Donnie —lo llamó—, ella también fue una tonta al no ver lo que tenía a su lado tras dejarte ir. Pero tienes que admitir, que ellos se aman de verdad, y tú hiciste lo correcto al ayudarla.
No sabía si arrepentirse por aquellas palabras, pues su hermano contestó nada; se limitó a caminar hasta un sitio seguro sobre aquella vaya para tomar asiento y contemplar el contaminado cielo de la ciudad nocturna.
Raphael hizo lo mismo, arriesgándose a que su hermano lo corriera de su lado por las palabras antes mencionadas.
Pero eso nunca ocurrió.
Donatello simplemente se giró a verlo con una apenas marcada sonrisa en su rostro que no supo interpretar a la perfección.
—¿Sabes Rapha? Cuando éramos unos adolescentes y April me decía sus planes sobre cómo sería su familia perfecta, tontamente me hizo soñar con un futuro donde ella y yo tuviéramos muchos hijos. Sólo hasta la llegada de Casey a nuestras vidas; de alguna manera, en ese momento supe que a quien tanto buscaba April, era él.
—Entonces… ¿porqué te pusiste así cuando Case nos dio la noticia?
—Tú y Leo se hicieron una idea equivocada; mis intenciones jamás fueron convencer a April de que abandonara a nuestro amigo. Reaccioné así exactamente por la razón que les di en el dojo; él es muy afortunado de tener una familia propia, pero parece que aún no se ha dado cuenta. En cambio nosotros…
—Tienes razón —no lo dejó continuar—. Ya somos unos adultos y ni siquiera tenemos unos planes a futuro que contemple compartir nuestra vida con alguien más. Y todo porque sabemos de antemano que no tenemos la mínima oportunidad de procrear.
Donatello pareció tener un dilema interno en cuanto escuchó aquellas palabras; parecía como si algo lo hubiera afectado profundamente y una herida de su pasado se abriera con mucha facilidad.
Extendió sus piernas y volvió la vista al cielo oscurecido, tal vez para no confrontar la reacción de Raphael tras la pregunta que quería salir desde la profundidad de su alma.
—Si tuvieras la oportunidad de ser padre alguna vez en tu vida… ¿la tomarías?
Raphael retorció sus gestos en una clara señal de confusión; ¿a qué venía todo eso? ¿A caso Donnie estaba tratando de confortarse un poco con una pregunta tan poco elocuente con aquella?
—Posiblemente sí.
El chico de la bandana púrpura giró rápidamente su vista hacia quien había respondido afirmativamente; por el brillo de sus ojos, Raphael notó que no esperaba una respuesta como aquella.
Donnie parecía ilusionado; definitivamente Raphael había elegido las palabras correctas para animar un poco su quebradizo corazón.
Era evidente que no se le presentaría una sola oportunidad con aquella en la vida, pero estaba dispuesto a decir una tontería como aquella con tal de ver un poco más relajado a su hermano menor.
Pero para incomodidad de Raphael, Donnie no dejaba de verlo con aquellos enormes ojos oscuros, y al mayor no se le ocurrió otra cosa que poner su enorme mano en todo el rostro del chico genio para empujarlo un poco hacia un lado.
—Quita esa cara de idiota que me perturbas.
Donatello luchó un poco para quitarse la mano del más grande en edad, pero Raphael no pudo evitar soltar una carcajada en cuanto escuchó que el estómago de su hermano comenzó a hacer unos ruidos tan fuertes que logró enrojecer rápidamente todo su rostro.
—¡Deja de burlarte! —reclamó mientras colocaba la mano en su estómago.
—Admítelo, D… —limpió unas diminutas lágrimas, consecuencia de las largas carcajadas que salieron estrepitosamente de él—… es gracioso que mueras de hambre cuando apenas unas horas abrazabas el inodoro por culpa de la comida.
El menor se quedó sentado mientras abrazaba su estómago; era hora de volver a casa y tal vez de tomar un bocadillo. Además, tenía que dejar a Raphael dormir un poco, pues gracias a su castigo, seguramente Splinter tendría mano dura con él durante el entrenamiento.
—Anda —Raphael lo tomó de un brazo y lo ayudó a levantarse—. Sé de un lugar donde preparan platillos fríos y guardan las sobras en neveras que no están muy bien resguardadas. He logrado entrar un par de veces a tomar un bocadillo nocturno.
Tras estas palabras, le guiñó un ojo a un confundido Donatello, quien ya se había hecho a la idea de que su hermano lo obligaría a volver; después de todo, aún tenía que atender a un desconsolado Casey, el cual necesitaba una respuesta a lo que había ocurrido en su propia casa.
Raphael saltó un par de techos más y a Donatello no le quedó más remedio que seguirle el paso; ya descubriría a donde quería llegar el mayor.
…
Masajeó su estómago nuevamente, pero esta vez en una clara señal de encontrarse satisfecho con todo lo que había probado de aquél enorme congelador escondido en una bodega vieja.
—Jamás hubiera imaginado que un montón de platillos congelados fueran tan deliciosos —dijo el de morado, observando unas cuantas migajas de aquella ensalada dulce que había disfrutado hace nada—. ¿Cómo es que no sabía de un lugar así?
—Descubres este tipo de cosas cuando evitas quedarte en casa y tienes que buscar algo para comer a altas horas de la madrugada.
Donnie sonrió; ¿así que eso era lo que hacía cada vez que escapaba por las noches?
—Admito que estas salidas son más interesantes de lo que alguna vez llegué a imaginar.
Raphael lo miró con curiosidad. ¿Qué quiso decir con eso?
—¿Qué rayos creíste, Donnie?
—Bueno… —desvió su mirada un poco, queriendo evitar la de Raphael por un momento—… sé de buena fuente que te gusta… Ya sabes… Buscar chicas que… Con las cuales tu…
Raphael dejó caer el plato de porcelana que tenía entre las manos mientras un fuerte color rojo se apoderaba del resto de su rostro.
—¡¿Q-QUIEN RAYOS TE DIJO ESO?! —parecía furioso, pues sus hermanos menores no tenían porqué saber sobre su vida sexual, la cual era más irregular de lo que deseaba admitir.
—Tú —respondió con obviedad—. Una de esas noches en las que Casey te llevó "de paseo" yo me quedé con April hasta tarde, y cuando llegaron para dormir, estabas ebrio y no parabas de hablar de que se lo habías hecho como cuatro veces a una prostituta. La cual, dejaste muy en claro que no era muy linda, pero que al final de cuentas eso no importaba.
Donatello vio el rostro de su hermano brillar en la oscuridad de aquella bodega, y tras pensar por un momento que ya había sido suficiente tortura para el mayor, decidió no dar su brazo a torcer simplemente para ver que tan furibundo llegaba a ponerse.
—¿Por lo menos utilizas preservativos?
—No hacen fundas tan grandes.
Muy bien; Raphael le había regresado el reto con una gran bofetada, pues lejos de hacerlo enojar más de lo que ya se encontraba, lo único que logró fue que se le subiera la sangre a su propio rostro.
—Pervertido —dijo Raphael, no queriendo imaginar lo que pasaba por la cabeza de su hermano justo al momento en que lo vio fijar aquellos ojos en su entrepierna.
Rápidamente, el menor desvió su mirada a cualquier otra parte que no fuera aquella presencia tan peligrosa como lo era en estos momentos su mismo hermano.
—E-es hora de irnos —dijo por fin, para desviar el tema a cualquier cosa que no llevara como principal mención la palabra "sexo".
Raphael lo vio salir de la bodega y le pareció que su comportamiento era extraño; se suponía que su hermano ya no era casto, gracias a sus acciones tan irresponsables, pero dejaba en evidencia que parecía un adolescente hablando de intimidad con una niñita tonta de la cual estaba enamorado.
Pero él no era una niña de secundaria; al contrario, era aquél que se lo había cogido hace apenas unos días. No tenía porqué ponerse tan nervioso con la simple mención de sus partes privadas.
A final de cuentas lo siguió. Después de todo tenía razón; era hora de volver a casa.
…
La guarida parecía en total calma; después de todo, Leo terminó por ayudarlos y se había encargado de que Splinter no se diera cuenta de su escapada nocturna.
Ambos tenían intenciones de hablar con Casey, pero eso tenía que ser cuando la guarida se encontrara totalmente activa, pues lo primero que vieron al entrar fue al chico humano dormido en el sofá grande y cubierto con una manta que seguramente el mayor de los hermanos le había proporcionado.
Donatello se dirigió rápidamente a su habitación, pero antes de entrar, había algo más que tenía que mencionar antes de despedirse por un par de horas que era lo que le restaba a la noche.
—Gracias por lo de hoy —esto hizo que Raphael diera unos cuantos pasos hacia él cuando sus intenciones eran caminar un poco más hasta su propia habitación—. Por acompañarme. Y también por la comida de media noche y las palabras de consuelo.
—Me porte bien, ¿no crees? Me merezco una recompensa; ¿qué tal si me dejas avanzar al siguiente nivel que tú mismo has puesto como reglamento?
—¿A qué te refieres?
Raphael acortó la distancia de golpe, acercándose al rostro de su hermano con claras intenciones de robarle un beso, pero Donnie interpuso una de sus manos para evitar que ocurriera.
—No habrá besos hasta la segunda cita, Raph.
Con esto logró hacer que su hermano se alejara, quitando la mano que ya había aferrado a uno de sus costados para un mejor acercamiento.
—Pero… Te alegrará saber que lo ocurrido esta noche, lo puedo considerar como una cita, refiriéndome a la charla y la cena.
Esto pareció calmar un poco a Raphael, quien tras golpear con su puño la pared, se retiró de ahí, escondiendo su figura tras la oscuridad de su habitación.
Donatello lo observó hasta que vio aquella puerta cerrarse de un golpe y no pudo evitar que la culpabilidad lo invadiera, pues seguramente si Raphael se enteraba de que en ningún momento lo tomó a la fuerza durante aquella humillante noche, seguramente mandaría todo al carajo… incluyéndolo a él.
…
—¡Ah! ¡Si! P-por favor, no pares… sigue.
No tenían porqué decírselo dos veces, pues si aquellas acciones que cometía con su lengua lo hacían gemir de aquella manera, no le quedaba más remedio que llenar su boca con aquél palpitante miembro que ardía en deseos de ser envuelto con la humedad de su boca.
Sacó la lengua y lamió un par de veces la punta, probando más de una vez aquél liquido viscoso que salía en forma de pequeñas gotas blancuzcas, dejando en evidencia el ferviente deseo escondido tras esas simples, pero eróticas reacciones.
Abrió la boca y hundió aquella masculinidad dentro de ella, alojando la punta de aquél endurecido miembro en su garganta, por lo cual inició un pequeño movimiento de arriba abajo conforme los gemidos del otro aumentaban.
Le estaba gustando, pues podía verlo claramente en aquél rostro a punto de estallar.
—Más… ¡Más! —rogó, moviendo sus caderas en un ligero vaivén para profundizar la felación—. Rapha… voy a venirme… —emitió un suspiro largo y ahogado—… ¡Rapha! ¡Mhh! ¡Raph!
—¡Rapha! ¡Despierta! ¡Debes estar en la mesa en dos minutos para que Splinter no se dé cuenta de lo que ocurrió por la noche!
El aludido se levantó de golpe, sintiendo cómo las gotas de sudor resbalaban por su piel a causa de aquél sueño tan gráfico. La voz y el insistente llamado de Leo desde el otro lado de la puerta, lo había despertado, pero no sólo eso, si no que había provocado en él un sueño tan realista, que justo ahora podía notar fácilmente que tenía un creciente problema entre sus piernas oculto bajo las blancas sabanas.
Se levantó a toda prisa de su hamaca, trastabillando después de tropezar con unas pesas que había olvidado levantar hace unos días.
Finalmente cayó al suelo y ahí se quedó, lamentándose gracias a la mala jugada que el cruel destino le tenía preparada; había tenido un sueño erótico, pero aquello no era lo más lamentable de todo, si no que el gran protagonista de tal aberración había sido:
—Leo —susurró, antes de llevar una mano a su dolorosa erección para terminar el trabajo mientras imaginaba que era precisamente su hermano mayor quien lo ayudaba.
…Continuará.
¡Bom! Espero que les gustara la lectura, pues este capítulo fue especialmente divertido de escribir.
No olviden dejar comentarios acerca del nuevo giro que dio la trama (¿cua giro?). ¡Sus comentarios valen oro!
Hasta la próxima…
…Miss GRavedad
