¡Woo hoo! ¡Llegamos al cinco y a esta historia le faltan varios capítulos para concluir; este es el fic más largo que escribiré para el fandom de TMNT. Saben que no suele gustarme escribir fics de muchos capítulos por temor a que la trama decaiga y termine mal, pero para este será justo y necesario. Así que hay "Experimento" para un ratito más.
¡Misato! ¡Linda! Lo prometido es deuda; esta vez tarde menos en actualizar (risitas). Por favor disfruta este regalo de navidad, que aunque no es el mejor hasta ahora, es el previo a capítulos más interesantes, lo prometo (guiño).
Muchas gracias por sus comentarios anteriores; me tiene muy contenta que se estén involucrando mucho en este fic y tengan sus propias conclusiones sobre el futuro de la historia. Yo quería in fic interactivo y obtengo esto; ¡Infinitas gracias! Definitivamente ustedes son los mejores lectores del mundo, así que por favor disfruten la lectura.
…
Capítulo 5: Dulces tentaciones.
Ambos hermanos mayores permanecían sentados justo en el centro del dojo, frente a un sutilmente paciente Splinter, quien caminaba de un lado a otro frente a ellos tratando de contener su enojo.
Por su parte, Donatello y Michelangelo parecían aterrorizados por lo que pudiera llegar a ocurrirles.
Leo y Rapha habían terminado peleados, molestos, y tratando de ocultarle a su padre que el culpable de todo el escándalo provocado la noche anterior había sido nada más ni nada menos que el hermano más inteligente de los cuatro.
—No me molesta el hecho de que le han dado refugio a su amigo, hijos míos —advirtió el roedor—. Al contrario, estoy contento con que le brinden apoyo en momentos tan confusos en su largo camino por esta vida, pero… Raphael, ¿Cómo te atreviste a desobedecer las órdenes que apenas unas horas antes había dejado muy claras?
—Splinter, yo…
—¡Y tú, Leonardo! —interrumpió. No le interesaban las excusas—. ¡Sabías lo que estaba ocurriendo y no fuiste capaz de detener a tu hermano! Si tanta era la urgencia por salir de casa, cualquiera de ustedes, con excepción de Raphael, habría tenido mi permiso.
—Lo siento, maestro —se disculpó el mayor sin una sola intención de dar explicaciones, pues estaba claro que su padre no las aceptaría—. Aceptaré tomar mi parte del castigo junto con Raphael, aún si eso significa que sean más de dos semanas sin salir, si así lo crees necesario.
—¡Oh! Hijo mío, por supuesto que obtendrás un castigo, pero no será ni de cerca el que ya tiene Raphael por sus acciones rebeldes y descuidadas. Ambos obtendrán el mismo, sin consideración alguna.
Leonardo agachó la mirada y esperó por la decisión de su maestro, mientras Raphael no despegaba la vista de la figura bajita y autoritaria que seguía teniendo su padre a pesar de los años que, cansados, reposaban sobre su encorvada espalda.
Donatello no despegaba la vista de sus hermano mayores, pues evitaba voltear a ver a Mikey imaginando que esto lo pondría más nervioso de lo que ya se encontraba, pues aquella manita con dedos cortos que apresaba la suya no lo dejaba calmarse.
Entonces volteó hacia la puerta del dojo, donde, un tanto alejado de todos, Casey permanecía sentado, sin quitarle la vista a aquél anciano que parecía querer darles una tunda a sus hijos mayores.
Todo por haberlo ayudado la noche anterior.
Obviamente no tenía algo apropiado para decir, pues sabía que cualquier palabra que saliera de su boca podría ser usada en contra de sus dos amigos.
—¡Leonardo y Raphael! —habló repentinamente el maestro, sobresaltando a todos y obligando a que los aludidos se pusieran de pie—. A partir de esta noche, sus hermanos menores quedan relevados de la responsabilidad de la limpieza semanal del dojo. Esta caerá completamente sobre ustedes dos y se hará cada tercer día, no importando qué día de la semana se trate. No podrán turnarse la responsabilidad y la harán juntos, sin ayuda de nadie más —fijó su vista en Leonardo, dándose cuenta del grado de culpabilidad que este cargaba—. Si pueden hacer equipo para ocultar sus desobediencias, lo podrán hacer también para que este lugar quede impecable y listo para sus verdaderas responsabilidades.
—Así será —el mayor hizo una reverencia, intentado calmar la molestia de su padre.
—Una cosa más —continuó—; la limpieza deberá ser estrictamente por la noche, después de que todas las tareas de la casa se hayan cumplido como se debe. No permitiré que evadan responsabilidades por adelantar su tiempo de castigo. ¿Entendido?
—¡Si, sensei! —respondieron ambos hermanos.
—Bien —tomó su bastón y dio un pequeño golpe en el piso de madera—. El entrenamiento terminó; pueden retirarse.
Los cinco jóvenes, incluido Casey, se dispusieron a salir del dojo mientras se despedían con respeto de Splinter, pero este último detuvo a su huésped para decirle unas palabras.
—No se sienta culpable por esto, joven Jones. Mis hijos actuaron irresponsablemente al tratar de ayudarlo, pero ellos sabían a la perfección que había formas distintas de hacerlo. Simplemente eligieron la que no debían y eso atrajo consecuencias para ambos.
—Seguro, maestro —apenas y sonrió—. Pero no puedo evitar pensar que llegué en el momento menos indicado y eso provocó que mis amigos sufrieran las consecuencias.
—Oh, por favor, no lo pienses así. Siempre serás bienvenido a nuestro hogar. Ellos te consideran como un hermano más. Así que nunca lo dudes.
—Gracias —y con una apenas marcada reverencia, se despidió del roedor, cerrando la puerta de papel al salir.
Lo primero que vio, fue cuatro pares de ojos molestos sobre su persona, quienes ya lo esperaban para un evidente e inevitable sermón. Pero lo primero que recibió no fueron palabras fuertes, si no un coscorrón en la cabeza por parte de su mejor amigo.
—¡Ya estarás contento, Case! ¡Ahora aparte de no salir por dos largas semanas, tengo que ser la sirvienta de estos bobos!
—¡Hey! —reclamaron los hermano menores.
—¿Disculpa? —se defendió el único humano presente—. Yo no te pedí que salieras corriendo tras Donatello. De haber sabido que estaba castigado te encadeno a las tuberías para que no evadas tus responsabilidades.
Raphael comenzó a gruñir y su amigo le hizo frente, formando un aura difícil que podía palparse en el aire. En ese momento, Donatello se interpuso, quedando frente a su hermano de bandana roja mientras descansaba sus manos en el pecho de este para evitar que diera un paso más.
—Ya basta chicos. Tenemos suficientes problemas como para que ustedes inicien una pelea sin sentido. No provoquen más al sensei.
—¡Exacto! —se dejó escuchar Mikey—. Tenemos muchos problemas, como por ejemplo que hayan castigado a Leo en lugar de a ti. ¿Porqué no le dijiste a Splinter que quien salió con Raphael fuiste tú y no él?
—Mikey, basta —quiso intervenir Leo.
—¡Sabes perfectamente porqué no lo hice! —le respondió el genio al más joven de todos—. ¡Casi me abofetea cuando intenté admitirlo frente al maestro! ¡Fue él quien no me dejó decírselo!
—¡¿Ah sí?!... Pues… Tu… —Mikey comenzó balbucear, intentando encontrar cualquier cosa para defender a su amado hermano, ya él mismo—… Tú eres un tonto, Donnie.
Los otros cuatro observaron a Mikey con confusión y gimieron molestos; definitivamente esto se estaba convirtiendo en algo absurdo y sin sentido.
Todos agacharon la mirada y parecieron calmarse, por lo que el silencio parecía ser el absoluto ganador de la pelea. Solo hasta que Raphael levantó una mano y golpeó con el puño el brazo derecho de Casey. El joven comenzó a reclamarle al mismo tiempo en que Mikey y Donnie se unieron a la discusión mientras por su parte, Leonardo trataba de calmarlos a todos para evitar que todo se agravara.
La estancia se había convertido en una sala de discusión donde no se comprendía ni una sola palabra de lo que ahí dentro se decía, solo hasta que…
—¡Si vuelvo a escuchar una palabra más que perturbe mi meditación, será doble castigo para todos! —se escuchó Splinter desde el interior del dojo—. ¡Incluido usted, joven Jones!
Esto provocó que todos se aterraran y corrieran hacia la cocina, donde cerraron la puerta para evitar que cualquier palabra se escuchara fuera de aquellas instalaciones.
—Oye viejo, ¿puede hacer eso? —le preguntó a Leo, quien había terminado de asegurar la puerta mientras todos los demás tomaban asiento alrededor de la mesa—. Soy un hombre adulto. No puede castigarme.
—¿Te atreverías a llevarle la contra a Splinter? —mencionó divertido el de azul.
Casey simplemente tragó saliva, y después de murmurar un simple "Claro que no", tomó asiento junto a Raphael tras empujar a Donnie, quien apenas tenía intenciones de sentarse junto a su hermano de bandana roja.
—Ahora así; a partir de hoy, nadie rompe una sola regla interna —sentenció Leo—, al menos hasta dentro de dos semanas que se calmen las cosas. Intentaremos mantener a Splinter calmado para que sí las cosas no se salgan de control. ¡Donnie! —el joven aludido se desbalanceó cuando fue llamado al momento de querer tomar asiento junto a su hermanito menor, pues no dejaba de dedicarle una mirada fulminante a Casey—. Por favor evita mencionar lo que realmente pasó en presencia de Splinter. Los daños ya están hechos y es mejor dejarlos así.
—P-pero Leo —quiso intervenir el de morado.
—Está bien, Donnie. Fue mi decisión no sacar a nuestro padre de la creencia de que fuimos Rapha y yo quienes salimos a buscar a April. Es mejor dejarlo así; pues si se entera de que le dijimos mentiras, el castigo podría ser mucho peor.
El menor agachó la mirada; se sentía culpable por que Leo recibiera el castigo en lugar de él, pero ya no podía hacer nada para solucionarlo. Su hermano tenía razón; si su padre se enteraba de que las cosas no le habían sido informadas con exactitud, le cargaría un pero castigo a sus hermanos mayores.
—Mikey —continuó el hermano mayor—… Sólo… Evita hablar en presencia de Splinter, ¿de acuerdo?
Casey y Rapha comenzaron a reír cuando el más joven se sonrojó y asintió ante la petición del hermano mayor. Todos sabían que el vomito verbal en Mikey ante las situaciones menos prudentes, era característico en el pequeño ninja.
—Y tu, Casey —Leonardo continuó, provocando que la risa del joven se interrumpiera de golpe—. Hermano, lamento mucho que estés pasando por esta situación, y sabes que puedes quedarte aquí el tiempo que sea necesario. Pero debes comportarte y evitar mal influenciar a Rapha mientras ambos concluimos nuestro castigo.
El pelinegro se tranquilizo y le regaló una sonrisa tranquila a al joven líder, evidenciando que haría lo que fuera que él le pidiera.
—Ahora resulta que me tratan como a un bebé —susurró Raphael, evidenciando su molestia.
Obviamente todos lo habían escuchado y se le quedaron viendo sin decir palabra alguna.
Leonardo suspiró; definitivamente había dejado lo peor para el final.
—Ahora… Rapha —lo llamó, pidiéndole con eso que volteara a verlo.
Pero el joven rudo simplemente no obedeció; no por el hecho de querer complicar las cosas, si no porque le era imposible sostenerle la mirada después de que prácticamente aquella mañana se había hecho la paja de su vida mientras pronunciaba su nombre incontables veces.
Leonardo se había vuelto su mayor fantasía en aquellos momentos, y el simple hecho de tener que verlo a los ojos sabía que quebraría todas sus defensas, quedando únicamente un foco rojo en medio de la cocina para evidenciar el tremendo grado de perversión que su bajito cuerpo contenía.
—…Necesito hablar a solas contigo —fue lo único que dijo antes de tomarlo del brazo y sacarlo casi a rastras ante la atenta mirada de todos.
Tras cerrar la puerta y alejarse lo suficiente, Raphael luchó por que su hermano lo soltara; simplemente no podía soportar la idea de que Leonardo lo tomara con esa firmeza y lo obligara a caminar por toda la guarida.
Entonces, cuando supo a donde quería dirigirlo, entró en pánico.
—Entra —ordenó el mayor cuando a duras penas, logró hacer que su hermano llegara hasta donde él quería.
—¿E-en tu habitación? ¡Claro que no! ¿Para qué quieres que entre?
Leonardo lo observó con curiosidad; ¿porqué su hermano estaba actuando de forma tan extraña?
—Sólo entra Rapha. Necesito hablar contigo sin que las paredes escuchen.
Leo volteó hacia la puerta de la cocina, la cual se abrió un mínimo hasta formar una pequeña abertura que dejaba ver varias miradas concentrarse en ellos. Cuando se dieron cuenta de que habían sido descubiertos, la puerta se cerró nuevamente de un solo golpe, acortando la paciencia de Leo al saber que no tenían privacidad en aquel pasillo.
—Cualquier cosa que debas decirme lo puedes hacer justo aquí, sin tener que encerrarnos en tu habitación por quien sabe cuántos minutos.
El mayor se dio cuenta de que su hermano estaba desbordando de nervios y ponía todas sus fuerzas es no aparentarlo; aún y cuando aquello era imposible.
—No podemos hacerlo aquí, Rapha —insistió.
—¡¿H-hacer qué?! —tartamudeó, imaginando un sinfín de cosas que la palabra "hacerlo" podía significar.
—¡Hablar, Raphael! ¡Hablar! Necesito que dejemos en claro cómo nos deja que me hayas visto con Mikey la noche anterior y…
—¡Está bien! ¡Está bien! ¡Ya entendí! —lo interrumpió, pues sólo de imaginarlo…—. Hablemos pero no ahora. Tengo cosas que hacer.
—¡Raph! ¡Espera!
Y tras esto, la bajita tortuga salió corriendo, dejando al hermano mayor con las palabras en la boca y diversas teorías del porqué su hermano repentinamente había tomado ese comportamiento tan extraño; tal vez la cita con Donatello la noche anterior lo había perturbado un poco. O simplemente estaba sintiendo empatía por el mal momento que su mejor amigo estaba viviendo.
Suspiró pesadamente. En definitiva aquella noche tendría una seria charla con su preciado hermano.
…
Abrió la puerta de los baños y se aseguró de que la estancia se encontrara vacía para poder descansar un momento; o por lo menos que Leonardo no se encontrara ahí, completamente sólo y expuesto a una conversación que seguramente saldría mal.
Perfecto; la estancia se encontraba completamente sola, por lo que arrojó los utensilios de limpieza para el baño y se decidió por tomar asiento y encender el televisor. Lo más seguro es que los demás aún no terminaran sus respectivas tareas y podría pasar un tiempo solas con su querida y fiel compañera analógica.
Comenzó a pasar los canales mientras no dejaba de pensar en la suerte que tenía de que aquél día su calendario de organización indicara que le tocaba limpiar los baños, pues aunque solía ser una tarea que no le agradaba en lo más mínimo, había sanitarios un tanto alejados del complejo de habitaciones principales, por lo que podía mantenerse lejos de los demás por un buen tiempo.
Incluso de Casey, a quien le había pedido que ayudara a Mikey en la lavandería para hiciera algo de provecho.
No sabía de qué iba la programación del canal donde se había detenido, pero concentró su vista en las personas a blanco y negro que parecían discutir en aquella película aparentemente de comedia antigua. No le estaba prestando atención, pues en su cabeza no tenía otra cosa presente que no fueran el nombre y la figura de…
—Ah… Leonardo —se relajó sobre el sofá principal, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía con tan sólo recordarlo—. ¿Qué carajos está pasándome? A mí no me gustan los chicos; mucho menos mi insoportable hermano mayor. Donnie es una excepción porque él prácticamente me está obligando, y tarde o temprano tendré que acostarme con él. Pero, Leo…
—¿En qué piensas?
Raphael se sobre saltó y dejó escapar un grito en cuanto Donatello tomó asiento junto a él. Se llevó la mano al pecho y comenzó a respirar agitadamente; en definitiva su hermano lo había tomado por sorpresa.
—¡Demonios, Donnie! ¡No te atrevas a hacer eso de nuevo! ¡Hubiera podido sacarte un ojo con mi Sai!
El menor comenzó a reír mientras se quitaba una pañoleta roja de la cabeza, la cual únicamente usaba cuando era su turno de limpiar la cocina.
Raphael intentó volver a su posición en cuanto vio que la risa de su hermano disminuía de a poco, hasta que sintió un extraño olor proveniente de la presencia junto a él.
—¡Uagh! ¿Qué rayos es esa peste? —preguntó al mismo tiempo en que tapaba su diminuta nariz—. ¿Eres tú, Donnie?
El joven comenzó a olfatearse a sí mismo en cuanto vio cara de asco en su hermano.
—No siento ningún olor extraño —dijo—. Lo más seguro es que mi olfato se vio perjudicado con tantos químicos que mezclé para poder remover la grasa vieja de las paredes. Así que lo siento, Rapha, sólo tú puedes olerlo.
Después de esto, el mayor dejó de darle importancia al asunto del mal olor, por lo que decidió concentrarse en el televisor sin darse cuenta de que Donatello nunca había dejado de mirarlo.
—Oye, Raph —inmediatamente recibió toda la atención del mencionado, por lo que su inquietud crecía—. Quería disculparme, por lo sucedido la noche anterior.
Pero Raphael no respondió y simplemente lo observó, como esperando que continuara hablando para poder enterarse de lo que estaba sucediendo.
—C-cuando regresamos a casa, tú tenías todas la intenciones de besarme, y yo estúpidamente no te dejé porque quería que las cosas salieran tal y como las tengo establecidas. Pero ya me di cuenta de que una relación de pareja no son algoritmos básicos, si no dejarse llevar por el momento, y ayer te portaste tan maravillosamente conmigo que realmente me sentí mal por haberte negado un simple beso.
Raphael tardó un poco en razonar aquella información y enseguida le mostró una media sonrisa que Donatello no pudo descifrar con exactitud, por lo que titubeó un poco en cuanto el mayor colocó uno de sus musculosos brazos alrededor de los hombros en un abrazo furtivo.
—Eso significa que… Si me porto bien el día de hoy y por la noche tengo deseos de metértela, ¿me dejarás hacerlo?
Raphael soltó una carcajada en cuanto vio aquél delgado rostro enrojecer de golpe y desviar su mirada bajo un evidente enfado repentino.
—¡Maldición Raphael! Tengo claras intenciones de tener una charla seria y…
—Lo sé, D. Estoy bromeando —se calmó un poco, esperanzado de que la poca paciencia que regularmente su hermano le tenía no se hubiera esfumado ya—. Sé que un beso no es lo mismo que tener relaciones. Así que no te preocupes, sabré ganarme la oportunidad de poder entrar en tu cama, sin tener que obligarte.
Donatello sonrió débilmente ante estas palabras. Le gustaba ese Raphael comprensivo que había descubierto desde la noche anterior.
—¿Qué te parece si hoy…?
Tenía todas las intenciones de exteriorizar un par de planes que ya pasaban por su cabeza para una segunda cita, pero los fuertes brazos de Casey separándolos para sentarse justo entre ellos lo sorprendieron de golpe.
Definitivamente este día su ritmo cardiaco se vería gravemente afectado.
—¿Interrumpo, tortolos? —se burló, empujando un poco más a Raphael para enseguida darle una bebida de naranja—. Creo que es hora de relajarnos un poco, ¿Qué hay en la televisión?
Cuando Casey se apoderó del mando, inmediatamente Donatello se levantó del sofá con todas las intenciones de marcharse de ahí.
Raphael lo observó de reojo y pareciera que su hermano no tardaría en echar grandes cantidades de humo por sobre su cabeza. Le había molestado la interrupción del chico humano, así que evitó tranquilizarlo y pedirle que se quedara.
—Oye, Don —habló el recién llegado—. Sólo quiero agradecer todo lo que has hecho por April… e indirectamente por mí. Eres un gran amigo y me siento tranquilo de que ella cuente contigo.
El de bandana roja no comprendió absolutamente nada, pero aquellas palabras habían logrado tranquilizar a su hermano, relajando sus facciones segundos antes de marcharse rumbo a su habitación.
—¿Qué fue todo eso? —preguntó Raphael.
—Tu hermano es genial, viejo —dijo el chico mientras cambiaba de canal sin detenerse a ver la programación—. Ese par de minutos en que Leo y tú salieron para hablar a solas me contó lo que pasó por la noche en mi departamento; me dijo que trató de convencer a mi roja de que me diera una oportunidad de hablar con ella para disculparme —suspiró—. Lamentablemente ella dijo que tenía que pensar las cosas y que en dos días le daría una respuesta.
—¿Donnie hizo eso? —se sorprendió la joven tortuga.
—Me siento tan mal, Rapha —continuó—. Mi estúpida mente inmadura me hizo pensar que Donnie pondría a April aún más en mi contra. Y después viene y me dice eso; definitivamente estoy tan endeudado con él que no tengo cara para verlo de frente.
—Él haría cualquier cosa para verla feliz.
—Lo sé —apretó los labios—. Me duele admitir que posiblemente ella eligió mal.
—¿En qué mundo vives, Jones? —se rió el ninja, dándole una palmada en la cabeza a su mejor amigo—. Hace mucho que Donnie superó a tu chica. Créeme; ya no tiene intenciones de luchar por ella.
Casey simplemente sonrió, pues simplemente no sabía que decir ante aquellas palabras que de cierta forma habían calmado sus liosos pensamientos.
—¡Lo siento, D! ¡Juro que ya no vuelvo a entrar a tu laboratorio sin permiso para alimentar a tu tortuga mascota! ¡Pero no me conviertas en rana!
Rapha y Casey pusieron toda su atención en la pequeña figura de Mikey recorrer en medio segundo la estancia para perderse entre los largos pasillos que dirigían la estación de metro abandonada. Enseguida, vieron a Donatello intentar alcanzarlo con una lata presurizada en la mano con intenciones de rociarlo.
—¡Deja que te alcance! ¡Te daré una lección por romper mis pipetas!
—¡Leo! ¡Auxilio! ¡LEOOO!
Y tras esto, los vieron desaparecer en la negrura de los túneles, pues evidentemente Mikey buscaba refugio en los brazos de su hermano mayor, quien seguramente en estos momentos seguía desasiéndose de la basura que los humanos de la superficie arrojaban en las alcantarillas.
—¿Donnie tiene una tortuga mascota? —fue lo único que alcanzó a preguntar antes de voltear a ver a su amigo con incredulidad—. ¿Case? ¿Estás escuchándome?
La mirada de su amigo seguí puesta en el lugar por donde ambos hermanos menores habían desaparecido, pues parecía muy concentrado en sus propios pensamientos.
—Oye, Raph —dijo en voz baja, como intentando que sus palabras no fueran más allá de la pequeña estancia—. ¿A caso Leo… se está comiendo a Mikey?
Raphael se quedó con la boca abierta y los ojos en blanco ante tal pregunta por parte del joven humano; ¿Cómo diablos lo había descubierto?
—¡¿Que mierda está pasando por tu cabeza, Jones?! —intentó disimular su nerviosismo—. ¡¿Cómo es que preguntas algo así?!
—¡Aha! ¡Lo sabía! —lo señaló, confirmando sus dudas antes la colorida expresión de su amigo—. No puedes ponerte así y después negarlo tan abruptamente. De haber sido falso me habrías molido hasta quedar inconsciente.
Raphael no supo que responder; obviamente su amigo tenía toda la razón.
—Viejo, eso es obsceno —dijo, con una cara que denotaba confusión—. Leo es un pervertido; mira que liarse con su hermanito. Sinceramente no le conocía esos gustos.
Raphael estuvo a nada de decirle a Casey que iba a permitir que insultara a sus hermanos y debía respetar lo que ambos tenían. Sólo hasta que se dio cuenta de que aquellas palabras habían sido, de cierta forma, tolerantes.
—¿Estás diciendo que… respetas lo que están haciendo?
—Debes admitir que es extraño —torció un poco su rostro, disgustado—, pero para tener dieciocho años, Leo es el chico más maduro que conozco. Debe estar completamente consciente de lo que hace, así que no tengo porqué juzgarlo. Además —sonrió con malicia—… Mikey es lindo —vio la quijada de su amigo querer llegar hasta el suelo ante aquella última declaración—. Si en estos momentos llega el apocalipsis y quedamos encerrados de por vida aquí en las alcantarillas, sólo ponle una peluca y vestido a Mikey y problema resuelto; frustración sexual inminente, evitada.
—¡Estás enfermo, Jones!
Raphael lo golpeó un par de veces en el brazo hasta que soltó un quejido, seguido de una risa traviesa que evidenciaba que estaba bromeando.
Lejos de sentirse ofendido por aquellos comentarios, hasta cierto punto, el de rojo se había sentido aliviado de que su amigo no rechazara a sus hermanos por mantener relaciones incestuosas, lo que inmediatamente lo hizo pensar que ahí el verdadero ignorante era él; cuando se enteró, lo primero que había hecho era sentir repudio por esos dos, evidenciando una absurda homofobia de la cual se sentía avergonzado.
Y ahora venía Casey e intentaba superar la situación con unas cuantas bromas aún y cuando era evidente que seguía muy confundido.
«Soy un completo idiota», pensó, recordando la cara de dolor que habían puesto sus hermanos al mostrarles su rechazo «Leo».
Finalmente pudo concentrarse en pensar libremente en su hermano cuando Casey siguió bebiendo su jugo de frutas mientras cambiaba insistentemente los canales del televisor, ignorando por completo a su mejor amigo.
Raphael se desconectó del mundo cuando tomó su Tphone y observó la fotografía que tenía como protector; sus tres hermanos posaban felizmente ante la cámara, pero él sólo podía concentrar su mirada en uno solo de ellos.
Chistó un par de veces antes de decidirse por escribir un mensaje que desde hace unos minutos tenía intenciones de enviar.
…
Abrió la puerta de la cocina y se asomó un tanto confundido, encontrándose en un montón de utensilios sobre la mesa de granito que se encontraba en el centro.
Raphael le había enviado un mensaje algunos minutos después de que Casey los interrumpiera, pidiendo verlo específicamente en la cocina un par de horas antes de la cena.
"Me desharé de Case en 20 minutos.
Te espero en la cocina para nuestra segunda cita.
PD: estoy dispuesto a reclamar el beso que me debes".
No pudo evitar que una risita tonta se formara en su rostro inmediatamente después de leer aquél texto. ¿Cómo había hecho Raphael para cautivarlo de aquella manera en tan sólo un día?
Aquello había iniciado con una terrible venganza hacia su hermano más rudo con claras intenciones de que terminara lo que había dejado a medias; y todo gracias a una tremenda borrachera combinada con calentura.
Pero ahora… Ahora simplemente quería pasar tiempo con él y que lo siguiera tratando tan bien como hasta ahora.
—Oh, ahí estás —escuchó a Raphael tras aquél montón de trastos viejos mientras asomaba la mitad de su cabeza por encima de la pequeña torre—. ¿Hoy si tenías un reloj a la mano?
Donatello enrojeció molesto cuando vio las intenciones de aquella mirada clara al tratar de hacerlo enojar. Aunque en realidad lo que había provocado es que se sintiera culpable por llegar tarde a su primera cita.
—Mikey ya preparó la cena —apuntó hacia un par de ollas de aluminio sobre la estufa—, y le dije a todo mundo que tú y yo estaríamos a cargo del postre. Así que manos a la obra.
—¿Esta es tu idea para una segunda cita? ¡Es ridículo! ¡Ni siquiera sabemos cocinar!
—Claro que no —reiteró—. Pero, ¿recuerdas el postre de frutas que probamos la noche anterior? ¿Qué te parece si intentamos recrearlo para servirlo después de la cena? Tú eres experto en químicos y pociones mágicas, además de que tienes una excelente memoria fotográfica; seguramente ya sabes qué es lo que lleva la receta y cómo luce.
Donatello puso a trabajar su mente sin objetar a la propuesta de su hermano; si mal no recordaba, aquél postre al que se refería Rapha era una ensalada cremosa y dulce con distintos tipos de frutas, semillas y frutos secos sobre una base sólida de chocolate que servía como recipiente para el delicioso platillo.
Pensándolo bien; no parecía ser una receta muy complicada. Hasta unos novatos en la cocina como lo eran él y su hermano podían lograr algo tan fácil como aquello.
—Ven —tras ver que Donnie seguía sumido en sus pensamientos, seguramente tratando de replicar la receta, lo tomó de la mano y lo dirigió a la mesa del centro, donde había logrado reunir unos cuantos ingredientes—. Esto fue lo que logré conseguir; es todo lo que hay en casa, así que tendremos que trabajar con esto.
El más alto estudió meticulosamente cada ingrediente que Raphael había reunido; una barra de chocolate a medio comer, diferentes sobres con especias, un sobre con harina de avena, dos botes de crema dulce, fruta en almíbar, algunos dulces congelados, malvaviscos y un par de verduras frescas.
—¿Lechuga? —preguntó el menor—. ¿Qué diablos tiene que hacer una lechuga en un postre dulce?
—Tú eres el genio, ¿por qué no lo averiguas? —respondió.
Donatello rodó los ojos; definitivamente esto no tendría buena pinta.
…
Abrió el horno para sacar el molde de aluminio que se encontraba en llamas mientras Raphael disparaba el extintor para evitar que el humo llenara por completo la pequeña cocina.
Cuando sintió que sus manos se congelaban, Donatello dejó caer el molde, esparciendo por todo el suelo aquella masa café verdosa que había resultado después de una extraña mezcla de todos los ingredientes que tenían disponibles para aquél poste.
—¿Porqué lo arrojas al piso? Arruinaste el postre, Donnie —dijo con fastidio el mayor.
—¿Lo arruiné? —se ofendió—. En primero lugar… ¿Qué te hace pensar que es buena idea poner a hornear un postre que está destinado a ser frío? Realmente no se cómo me convenciste de esto; somos pésimos cocineros.
—Si no me dices, ni lo noto —dijo Raphael, sarcástico, mientras pateaba ligeramente el recipiente de aquél intento fallido de postre—. Qué asco. No comeré eso.
—Nadie en su sano juicio lo haría.
—¿Ahora qué le vamos a decir a los demás? —gruñó, demostrando que los planes no habían salido como esperaba—. Todos esperan un postre para la cena y no tenemos algo preparado. ¡Es tu culpa, Donnie! ¡Se supone que tú eres el listo y no sabes hacer un simple dulce!
Fastidiado, Donatello le dio una manazo al dedo el que Raphael lo señalaba acusadoramente para después dar media vuelta y alejarse de aquél tonto fortachón.
—¿A dónde crees que crees que vas? —preguntó el mayor, viéndolo tomar la perilla de la puerta, dispuesto a marcharse.
—Admítelo, Raphael. Tu asombroso plan para esta cita no funcionó. Será mejor que me marche antes de que terminemos por pelear… De nuevo.
Suspiró pesadamente; no quería irse de ahí sin arreglar las cosas, pero faltaba poco para la cena y seguramente aquello presionaría más a Raphael, tornando su humor a algo imposible de soportar. Así que por su bien, y el del buen camino que comenzaba a tomar su relación, decidió marcharse
SQUISH!
Se giró rápidamente hacia su hermano después de sentir un pequeño proyectil, húmedo y pegajoso, estrellarse en la parte trasera de su cabeza, manchando su bandana cuando comenzó a resbalar hasta caer al suelo.
Observó una risa triunfante en Raphael mientras le mostraba la mano derecha llena una especie de masa de avena con grajeas que resultó ser un intento fallido de postre mucho antes del desastre en el horno.
—¿Qué tienes? ¿Cinco años? —preguntó, acercándose peligrosamente al mayor.
—¿Y tú que eres? ¿Una nena a la que le arruinaron su primer beso? Madura, Donnie; sabes que si quieres estar conmigo te enfrentarás a situaciones pesadas y sabrás lidiar con mis rabietas.
Pero Donatello no cambió su cara de enojo, simplemente estiró un brazo hasta tomar un puño de rodajas de duraznos en miel que jamás utilizaron en las recetas, embarrándolos en el rostro de su hermano de forma nada sutil; había sido más bien una pegajosa bofetada.
—¿Hablas de esto? —se burló, viendo el rostro enfadado del mayor.
Raphael comenzó a gruñir de forma más audible e inmediatamente Donnie dio un paso en reversa; había provocado a la bestia dormida dentro de aquél irascible ninja, así que mientras más alejado se mantuviera, mejor.
—Quieto Raph —siguió retrocediendo en cuando vio aquellos ojos claros parecer llamaradas mientras a su vez, avanza despacio hasta él—. Ya estamos a mano, es mejor dejar las cosas así o…
El de rojo soltó un grito que hizo pensar rápido a su hermano, agachándose en cuanto lo vio lanzarse hacia él en clara señal de querer capturarlo. Corrió lo más rápido que pudo hasta alejarse por completo, rodeando la mesa para que ambos extremos lo separaran y de ninguna forma pudiera ponerle las manos encima.
—¡Deja que te atrape! —sentenció la enfurecida tortuga.
—¡Me niego! —chilló—. Si lo haces, mis huesitos sufrirán las consecuencias.
Con la intención de mantenerlo lejos de él, Donnie tomó un pequeño puerro y lo arrojó justo a la cabeza de su hermano, pero fue esquivado con mucha facilidad; aquello no era el más mínimo problema para un ninja tan raudo como Raphael.
Imitando la estrategia de su hermano, el mayor tomó otro puñado de frutilla en miel y la arrojó con todas sus fuerzas, quedando sorprendido con los reflejos tan lentos del más alto, pues el dulce proyectil dio de lleno entre la nariz y la boca de este con tanta precisión que su hermano cayó de caparazón al suelo en menos de un segundo.
Alarmado por lo que posiblemente le ocasionó, rodeó la mesa a toda prisa hasta arrodillarse junto a él y ayudarlo a levantarse.
—Creo que esa fruta ya caducó —dijo, con una expresión desubicada.
El golpe lo había dejado un poco mareado.
Pero lejos de preocuparse, Raphael comenzó a reír a carcajadas, tapándose la boca cuando vio a su hermano enderezarse con dificultad.
—No te burles —ordenó, aquejado.
—Debiste ver tu rostro justo el momento en que la fruta lo golpeó. Fue lo más gracioso que he visto.
Un tanto molesto, Donnie observó a Raphael sin intenciones de resistirse a esa dulce victoria, pero cuando intento ponerse de pie, apoyó una de sus manos en lo que creía era un extremo del granito, provocando que un montón de ollas de todo tipo de materiales le cayeran encima y quedando completamente recostado en el suelo.
El menor lo observó todo con detalle, hasta que la última vasija cayó, salpicándole el chocolate derretido que contenía antes de siquiera soltar una risita ante el ruidoso espectáculo de su hermano mayor.
Raphael, quien permanecía boca arriba en el suelo y bajo todos esos utensilios de cocina, levantó la cabeza, observando a su hermano, sentado frente a él y cubierto por aquella sustancia oscura y espesa.
Ninguno de los dos pudo soportarlo más, soltando una sonora carcajada mientras observaban el desastre en que se había convertido el otro.
Todo se había salido de control; ellos estaba sucios, y la cocina tenía rastros de comida y carbón por todas partes. El jovencito genio se acercó a la torre de utensilios para quitárselos de encima a su hermano mientras lo escuchaba disminuir su risa de a poco.
—¿Te hiciste da…?
Para sorpresa del menor, en cuanto quitó el último sartén del pecho de su hermano, este último alargó los brazos hasta rodearle el cuello y atraerlo hacia él, besándolo con fuerza mientras con su lengua se hacía paso lentamente hacia su boca.
Donatello se quedó congelado; simplemente no esperaba aquella sorpresa tan agradable en forma de una cálida lengua haciéndose paso hacia su boca.
Lo degustó por dentro durante unos segundos y después se separó, observando con esos ojos claros la confundida expresión de su hermano, quien parecía idiotizado con el corto beso que acababa de recibir.
—Ese fue el beso que me debías desde ayer… —se acercó nuevamente a él, dándose cuenta de que la mirada de Donatello no se despegaba de sus humedecidos labios.
Aquello le decía que quería más, que no estaba conforme con simplemente meter y sacar la lengua un par de segundos.
—…Y este es el de la cita de hoy —y tras esto, volvió a unir sus labios con los de su hermano menor, besando superficialmente, lamiendo en pequeños tiempos el chocolate amargo que tenía esparcido por su rostro.
Donatello sintió su rostro hervir cuando aquella juguetona lengua se desvió hasta una de su mejillas, degustando con lentitud un pequeño trozo de chocolate que ya se había solidificado, por lo que Raphael no dudó en arrancarlo para después unir sus bocas nuevamente, dándole a probar de ese diminuto postre que accidentalmente había quedado estampado en su rostro.
Fue gratificante para ambos luchar con sus lenguas por ese pequeño chocolate que había endulzado aquél acto que se volvía cada vez más desesperado por parte de ambos, pero cuando Donnie sintió que las manos de Raphael se habían desviado de su cuello hasta sus caderas, se descuidó momentáneamente, provocando que Raphael ganara el juego y tragara el chocolate que nuevamente comenzaba a derretirse entre sus bocas.
Se separó de él, pero aquella respiración agitada lo había delatado; aquél beso había sido maravilloso, y por el rostro extasiado de Raphael en conjunto con sus manos aferrándose cada vez más a su cuerpo le decían que también había sido de su completo agrado.
El más joven se abalanzó nuevamente sobre su hermano con intenciones de robarle un beso más, pero el sonido que hizo la puerta al abrirse provocó que de un salto, se separara de aquél cuerpo bajito y adornado con infinidad de músculos.
—Chicos, ¿necesitan ayuda? La cena es en treinta minutos —preguntó Mikey, quien lo único que vio fue a sus dos hermanos levantarse del suelo con mucha prisa.
Molesto, Raphael tomó el primer toper que encontró en su camino y se lo arrojó a Mikey, quien, asustado, salió corriendo tras ver el rostro endemoniado de su hermano mayor.
—Maldición, había olvidado el postre —dijo, volteando a ver a su hermano, quien tocaba delicadamente sus labios mirando a la nada—. ¿Donnie?
—No te preocupes, Rapha —respondió, cerrando los ojos con una tranquilidad impresionante—, tengo un plan de emergencia.
Donatello caminó hacia uno de los tantos gabinetes que adornaban toda una pared de la cocina y sacó de ahí un pequeño sobre transparente con un polvo de tonalidad rojiza que le entregó a su hermano.
—Gelatina —dijo al ver la duda en el rostro del mayor.
Raphael sonrió; definitivamente habría postre esta noche.
…
La cena había transcurrido sin mayores complicaciones a pesar de que a nadie terminó por agradarle el extraño sabor que había resultado tener aquella gelatina de frutos rojos que Donatello y Raphael habían preparado con tanto esfuerzo.
"¿Para esto duraron horas en la cocina?", preguntó el más joven de todos, decepcionado de la sorpresa que los cocineros novatos habían prometido.
Pero a Donatello no parecía importarle las burlas que Leo y Casey le dedicaban a él, a Rapha y a su mediocre postre, pues parecía realmente feliz que nada durante aquella noche perturbaría su buen humor.
Aquello había sido lo menos complicado para Raphael; que todos se burlaran de su mediocre intento por presentar un buen platillo dulce, pues la verdadera guerra que estaba surgiendo en su interior tenía que ver con que cuando todos se fueron a la cama, tanto él como Leo tuvieron que limpiar el dojo; solos, en una habitación lo suficientemente alejada de todos los dormitorios, y con millones de posibilidades cruzando por su mente cada vez que su hermano intentaba acercarse a él.
—Rapha —comenzó el mayor, mientras le sacaba brillo a las paredes de madera—. Tenemos que hablar.
Pero el otro no le había contestado hasta ahora y simplemente pretendía sacudir las enormes carpetas que adornaban el suelo del dojo. Había tenido la solución perfecta al llevarse un par de audífonos y pretender que no lo escuchaba. Pero cada vez que pensaba que su hermano no insistiría más en aquél asunto de tener una charla seria, volvía a llamarlo, aumentando su nerviosismo lo suficientemente controlable como para no salirse de control y huir de aquél lugar.
Raphael se apresuró a limpiar las carpetas, pues era lo único que faltaba para que el dojo quedara impecable; y justo cuando pensó que se salvaría del dichoso sermón por parte de su hermano mayor, sintió como le fueron arrebatados los audífonos, encontrándose con la preocupada mirada de Leonardo sobre él.
—Regrésamelos —ordenó, intentando arrebatárselos cuando lo vio negar con la cabeza.
—De verdad necesitamos hablar —fue la respuesta del mayor.
—¡Por supuesto que no! No necesito que me expliques qué era lo que estabas haciendo con Mikey aquella noche; lo sé perfectamente. Créelo.
—Eso ya lo sé. Lo que quiero aclarar, es que debes ser más cuidadoso con tus acciones. Sabes a la perfección que Mikey yo tenemos una vida sexual activa, y no quiero comenzar a esconderme sólo porque no puedes comprender una simple señal como lo es el que la puerta esté cerrada bajo llave —la mirada de su hermano se volvió dura, previa a una advertencia—. Quiero que respetes mi privacidad, así como yo estoy dispuesto a respetar lo que tú y Donnie hagan cuando estén a solas.
Y tras esto, la mirada de Leo se volvió cansada, regresándole los audífonos a su hermano antes de salir del dojo rumbo a las regaderas de la guarida.
Raphael inspeccionó el lugar con la mirada, y tras ver que su hermano había terminado con su parte del trabajo, acomodó el afelpado material en los pisos antes de seguir los pasos del mayor en cuanto a darse un baño antes de ir a la cama, pues no tenía intenciones de compartir las regaderas con él, optando por buscar la bañera más grande de la guarida y así poder sumergirse unos minutos en agua caliente.
…
Después de dar vueltas en la cama, escuchando los insoportables ronquidos de Casey a sus pies, se levantó, desesperado porque aquella noche se estaba volviendo sencillamente insoportable. Le arrojó una almohada a su amigo, a quien erróneamente había dejado dormir en su hamaca al tratar de darle su apoyo; cosa de la cual en estos momentos se arrepentía.
Estaba teniendo problemas para dormir, principalmente porque él mismo se negaba a ello al temer que sus sueños se volvieran a concentrar en aquella maravillosa escena de él y su hermano manteniendo relaciones.
Vio que aquella almohada había perturbado para nada el profundo sueño de su amigo y se decidió por tomar una sola sabana y marcharse a la sala para poder encontrar el descanso que necesitaba, pues la falta de sueño estaba comenzando a afectarlo.
Pero justo cuando salió de su habitación, no pudo evitar que sus ojos se desviaran a la puerta vieja y parchada que se encontraba a unos cuantos pasos de la suya.
«¿Realmente estará dormido?», pensó, mientras instintivamente había comenzado a dar pasos hacia la habitación de su hermano mayor.
Tomó la manija, encontrándose con la sorpresa de que esta vez se encontraba sin el candado puesto.
Su corazón se aceleró en cuanto se hizo paso lentamente al interior de aquél impecable dormitorio, escuchando miles de voces en su mente para que no continuara con lo que desesperadamente quería hacer.
Pero justo cuando tenía todas las intenciones de cerrar la puerta tras él y asegurarla con candado, pudo distinguir claramente la escena que reposaba sobre el blanco lecho de su hermano mayor; efectivamente se encontraba profundamente dormido, pues aquella tranquilidad en su rostro no lo dejaba a dudas. Pero aquello no fue lo que le decepcionó, si no que, entre sus brazos, dándole la espalda, se encontraba el pequeño cuerpo de su hermanito, disfrutando de un relajante sueño junto a aquél que amaba.
Aquella vista lo tocó por dentro, por lo que no pudo evitar salir inmediatamente de aquella habitación y dejar en paz a esos dos.
«¿Qué rayos estuviste a punto de hacer, Raphael?» se reprendió internamente. «Leo jamás traicionaría a Mikey. Lo quiere demasiado».
Ahí fue cuando su mente se aclaró; el intentar algo con Leonardo lastimaría a Mikey también, y tal vez consideraba al más joven como a un tonto que sólo piensa en dulces y en videojuegos, pero era su hermanito, y por nada del mundo quería verlo sufrir.
Antes de retirarse, observó la puerta del dormitorio de Donatello con claras intenciones de hacer exactamente lo mismo que tenía planeado segundos antes, pero desistió de la idea al imaginar que su hermano no le daría oportunidad de meterse en su cama sólo para saciar una retorcida fantasía, que estaba de más decir, ni siquiera tenía que ver con é.
Molesto por su mala suerte y por no poder conseguir algunas caricias aquella noche, se envolvió en la sabana que sacó a rastras de su habitación y se dirigió a la estancia; tal vez el sofá no sería tan mala idea para pasar la noche.
…Continuará.
Raphael quiere portarse mal pero no puede (risitas).
Este capítulo lo sentí más como un relleno que otra cosa, pero pues era necesario para dejar atrás la segunda cita de Rapha y Donnie, ya que como dicen; la tercera es la vencida.
Si llegaron hasta aquí espero que de verdad les gustara el capítulo, y les mando muchos agradecimientos por todos los mensajes que me han enviado, plasmando sus opiniones sobre esta historia.
Me despido momentáneamente y recuerden dejar comentario para saber si les está gustando el rumbo que está llevando todo esto (guiño).
Los ama:
…Miss GRavedad.
