Y fanfiction lo hizo de nuevo; a más de día y medio de terminar este capítulo, por fin pude publicar. Admitámoslo, ha sido una tortura para todos.
…
¡Sostengo, una y mil veces, que ustedes son los mejores lectores del mundo! Me demostraron lo mucho que les está gustando especular sobre esta historia con sus numerosos y amplios comentarios en el capítulo 5, y eso me llenó de felicidad como ustedes no se imaginan.
¡Infinitas gracias a todos por sus comentarios! Se han portado tan bien conmigo que no me resta más que agradecerles trayendo para ustedes más capítulos e historias que espero sigan siendo de su agrado, bajo el esfuerzo de no tardar tanto en actualizar.
Es por eso que los recompensaré con un capítulo noventainueve por cierto sexoso (risita perversa).
Advertencias: ¡Por fin un Lemon! ¡Completito y descriptivo como les gusta! Aunque tal vez no sea de su total agrado porque la forma en que se dará tal vez no sea lo que ustedes han esperado a lo largo de estos ya 6 capítulos.
Dedicación especial para LucetNovae y Akane Hitomi. Espero que este capítulo en especial les guste. Así que, si después de todas estas advertencias siguen aquí, por favor disfruten el capítulo, que vienen cosas mucho mejores para el 7, se los aseguro.
…
Capítulo 6: Leo.
Necesitaba un beso de Donatello, y rápido.
Dos días; dos días completos habían transcurrido desde que su hermano iba y venía, de casa de April y viceversa. Lograba verlo un par de veces al día pero sólo para cargar con algunas de sus cosas y marcharse nuevamente.
Lo único que realmente parecía interesarle cada vez que llegaba a casa era ir directamente a su laboratorio, encerrarse allí durante algunos minutos y seguir con su rutina de llenar su pequeña mochila de cosas inservibles y marcharse.
Una sola vez había tenido la oportunidad de robarle un beso y eso había sido todo. Lamentablemente para él, no era suficiente.
Por lo menos tenía la triste promesa de que el día siguiente sería totalmente suyo y así podrían avanzar a una tercera cita.
—Mañana tendrás permiso de hacer lo que desees… No pienso poner resistencia.
Recordó aquellas palabras con particular exactitud, pues habían sido susurradas en su barbilla mientras su vigoroso pecho era acariciado con parsimonia.
Inmediatamente después se marchó, despidiéndose con un simple guiño que lo hizo ponerse más ansioso de lo que ya se encontraba. No era su estilo, pero le tomaría la palabra a Donnie y lo obligaría a hacer tantas cosas como su imaginación le permitiera, pues ya no soportaba un día más de abstinencia.
Aquello era lo peor de todo; pues no tenía manera de salir para buscar alguien con quien desahogarse.
Y mucho peor cuando en pocas horas debería quedarse hasta tarde, ayudando a su hermano mayor con la limpieza del dojo para así continuar su castigo. Se había hecho a la idea de que no tendría oportunidad con Leo, pero aquello no evitaba que dejara de soñar con aquellas maravillosas escenas que lo hacían dormir como un bebé por las noches.
A este nivel tan terrible de su inquietud por Leo, podía darle infinitas gracias a Donnie por dejarle su habitación a Casey, pues seguramente si este lo escuchaba por las noches terminaría siendo el objeto de burlas de su mejor amigo.
O tal vez de lastima al saber que Leonardo jamás le correspondería.
Ahora mismo era la hora de la cena, y no podía evitar que le molestaran los infantiles juegos entre Mikey y Casey, quienes parecían muy entretenidos con las pizzas de anchoas y champiñones que habían elegido como menú.
Ahí pudo notar una diminuta sonrisa que se formaba de vez en cuando en Leonardo mientras observaba las pequeñas bromas que este le hacía al mejor amigo de la familia.
No podía equivocarse; su hermano mayor no tenía ojos para nadie más que no fuera Michelangelo.
«Maldita sea, Donnie. ¿Dónde carajos estás?»
Se sentía mal al saber que necesitaba saciarse con su hermano menor, pero de esa forma todos salían ganando; él dejaba salir sus instintos de macho, con otro macho, y Donnie obtendría lo que tanto estaba buscando. Y finalmente, Leo y Mikey jamás tendrían que enterarse de los deseos escondidos que habitaban su perturbada mente.
La cena pasó sin más, y la hora de limpiar el dojo llegó.
Estaba de más el decir que el mismo Splinter se los había recordado a la hora de la cena. Pero lo que el mismo Raphael no sabía, era que todo, absolutamente todo, estaría en su contra durante aquella larga y pesada noche.
…
Por aquella única ocasión, había elegido comenzar con el piso, ayudado por una pequeña aspiradora para levantar todas las migajas de las galletas que Mikey metió al entrenamiento de contrabando sólo para después ser obligado a tirarlas, recibiendo un castigo con tantas flexiones como pudiera soportar.
Eso había sido el momento más cómico que había presenciado en dos días, y fue suficiente para amortiguar su mal humor por algunos minutos.
Ahora debía concentrarse en la limpieza, la cual con un poco de suerte lo dejaría agotado a modo de dormir toda la noche para así amanecer con la buena noticia de que su querido hermano por fin había vuelto a casa.
Aún no tenía planes para una cita, pero ya improvisaría algo lo suficientemente romántico como para hacer que su hermano cayera rendido a sus pies y poder hacer con él todo lo que su imaginación le permitiera.
En ese momento no se había dado cuenta, pero tenía una expresión en el rostro idéntica a una persona que moría de hambre y tenía en mente una variedad de platillos deliciosos para degustar.
Leo inmediatamente noto esto, y ante un gesto burlesco le dio una palmada en el hombro para regresarlo de su ensimismamiento.
—¿No fue suficiente la pizza de la cena? ¿O es que quedaste con otro tipo de hambre?
Raphael lo miró un tanto desorientado mientras le era entregado en la mano un pañuelo con el que debía limpiar todas las comisuras sucias dentro del dojo.
¿Leonardo estaba hablando directamente con él en un tono juguetón y sin ningún tipo de reclamos?
Pero se tranquilizó; seguramente era porque había sacado todo lo que pensaba sobre él y su impetuoso comportamiento hacia su relación con Mikey.
—¿De qué hablas? —por fin le contestó—. Quedé satisfecho. No tengo el estomago interminable de Mikey.
Leo simplemente sonrió; las cosas estaban marchando mejor de lo que esperaba, pues su hermano parecía mucho más calmado que antes; ansioso, pero calmado.
—Sé lo que se siente no poder estar a solas con… Ya sabes; tu pareja —dijo Leo, tratando de obtener la completa atención de su hermano—. Yo no puedo pasar más de dos días sin Mikey. Se ha vuelto una completa necesidad para mi existencia estar con el por las noches.
Raphael le sonrió con picardía, imaginando claramente lo que su hermano trataba de explicarle, pues sabía que se estaba conteniendo en cuanto a la descripción de sus noches románticas junto al pequeño.
—Al parecer el que tiene hambre es otro —sonrió Rapha—. Será mejor que te apresure y le des una sorpresa a Mikey al ir temprano a la cama para "jugar" un poco.
—Creo que no comprendes lo que quiero decir, Rapha. Yo me refiero a que… Estar junto a alguien cada noche se vuelve una necesidad cuando ese alguien significa todo tu mundo. Tal vez en un principio te desvives por hacerlo sentir bien y cómodo para de esa forma tenerlo completamente a tus pies, y que haga todo lo que le pidas; incluso hacerlo sentir obligado a cumplirte en la intimidad. Pero cuando la calentura baja, te das cuenta que sólo quieres estar con él todas las noches, no importa si tienen sexo o no. Siempre existirán momentos en que sólo querrás recibir unos cuantos besos y dormir abrazados toda la noche para hacerte sentir seguro que seguirá ahí por las mañanas… Y que todo es completamente real; que no ha sido un sueño.
Raphael se quedó sin habla.
No podía articular absolutamente nada ante esas palabras tan propias de Leonardo; era increíble lo que su hermano tenía en mente sobre lo que significaba una verdadera relación.
Aunque era de esperarse; Leo era del tipo que dan absolutamente todo de sí mismos en cualquier aspecto de sus vidas. Era obvio que esto incluía su vida personal e intima.
En especial el pequeño Michelangelo.
—Ese enano debe ser excelente en la cama para que estés así de obsesionado con él —dijo repentinamente, observando el semblante crispado del mayor.
Comenzó a reír para calmar el ambiente antes de que Leonardo comenzara a reclamarle el que no entendiera nada de lo que había intentado decirle.
Inmediatamente Leo identificó que aquello había sido una broma típica de Raphael tras no saber cómo actuar bajo una revelación tan personal como aquella.
A fin de cuentas, se trataba de su hermano menos expresivo sentimentalmente.
—Realmente no sé por qué te doy tantas explicaciones —dijo el mayor con media sonrisa en el rostro—. Es obvio que sabes de qué estoy hablando, ¿cierto?
Raphael permaneció callado; sabía muchas cosas de las que Leonardo le había declarado, como persuadir para conseguir sexo, convencer que hicieran para él cosas impensables en la cama y manipular la mente de otros para conseguir lo que quería. Este último caso lo estaba consiguiendo con Donatello, pues aún y cuando estaba siendo obligado a tener una relación de pareja para poder ser perdonado en su totalidad, no podía negar que la forma de hacerlo caer rendido le estaba funcionando de maravilla.
Donatello ya no parecía detestarlo tanto y eso que sólo habían tenido dos citas.
Lo malo era que tanta persuasión de su parte lo estaba envolviendo a él también, llevándolo a un incontrolable deseo por conseguir algo de "cariño" cuanto antes desde que había descubierto lo deseable que su hermano mayor podía verse con tanto placer expresado en su rostro.
Era por eso que no podía darle una respuesta decente a Leonardo, pues no tenía una mínima idea de lo que significaba dormir abrazado de alguien más. Y mucho menos despertar a su lado como pacto de promesa de permanecer juntos para siempre.
Prefirió decir nada y continuar trabajando en la limpieza del dojo. De esa forma estaría lo más lejos posible de Leonardo mientras esperaba la vuelta a casa de Donatello.
…
Se recargó en una de las paredes del dojo y resbaló lentamente hasta quedar sentado en el brillante suelo de madera, aún sin cubrir, completamente exhausto. Era como si hubieran realizado el doble del trabajo que la última vez.
—Te vez cansado —le dijo Leo mientras tomaba las carpetas recién sacudidas—. No es normal en el más fuerte de la casa terminar así de mal. Esto no debería ser la gran cosa para ti. ¿Por qué no vas y tomas un baño para que puedas ir a la cama de una buena vez? Parece que no has dormido en días.
—¿Seguro que tu terminas? —preguntó, queriendo tomarle la palabra y salir corriendo lo más rápido posible de ese lugar.
Lo vio asentir mientras cargaba un montón de alfombras de colores para acomodarlas de a poco; prácticamente habían terminado el trabajo de ese día.
Pero cuando iba de camino a los baño recordó algo importante; él no era el único ansioso por ir a la cama, pues seguramente el más pequeño de los Hamato estaría esperándolo celosamente frente a la puerta de la habitación, pues era evidente que ellos ya no podían dormir separado del otro.
Tomó un baño lo más rápido que pudo, estimando el tiempo que tomaría su hermano para terminar con su trabajo, pasó dos segundos a la cocina y regresó al dojo, fresco como un vegetal verde justo en el momento en que Leonardo terminaba de poner el último cuadro de carpeta sobre el suelo donde solían entrenar a diario.
—Te creí dormido —dijo Leo en cuanto lo vio entrar y cerrar tras él la puerta del dojo—. ¿Qué haces de vuelta?
Raphael sólo se acercó, arrojándole de imprevisto una lata que casi se le caer dado a la distracción. Cuando la supo a salvo, leyó su contenido, dándose cuenta de que era…
—¿Cerveza? —preguntó, totalmente desconcertado—. Por si no lo recuerdas, Casey está durmiendo en la habitación de Donnie. Es a él a quien le gustan las cervezas, no a mí.
—Calma, intrépido —se sentó recargado en una pared mientras lo invitaba a que hiciera lo mismo—. Te estoy ayudando; esto te dará la confianza para ir directo a tu habitación y acabar con Mikey más de una vez; si sabes a lo que me refiero.
Leo enrojeció ferozmente mientras no dejaba de ver la lata entre sus manos y escuchó las burlas de Raphael de fondo, decidiéndose por tomar asiento justo al lado de su hermano para acompañarlo unos momentos mientras bebían aquella refrescante bebida.
Lo vio abrir la suya con destreza y darle un gran y duradero trago que lo obligó a soltar unas cuantas gotas doradas por la comisura de sus labios.
Intentó hacer lo mismo, creyendo que esa era la forma más adecuada de beber una cerveza, o tal vez el secreto de que Raphael las disfrutara tanto.
—Oye, tranquilo, viejo —Leo sintió la mano de Raph obligarlo a apartar la lata de su boca para que dejara de beber—. Si lo haces rápido puede ponerte mal.
—Pero lo acabas de…
—¡Wow! No te quieras comparar conmigo, llevo años haciendo esto. Una sola cerveza no significa nada para mí —advirtió.
Leo se relajó; se sentía tan extraño que su hermano literalmente le estuviera dando lecciones para que aprendiera a beber una sola lata de alcohol barato.
—Ni siquiera tiene buen sabor —dijo el mayor sacando la lengua en señal de desagrado.
—Te acostumbrarás. Se vuelve relajante conforme más la bebes. Ahí es cuando se vuelve adictiva; ayuda a olvidarte de tus problemas con una frivolidad impresionante.
—No necesito de eso —afirmó el mayor—. Estoy consciente de mis responsabilidades y de cómo enfrentarlas.
—Lo sé, intrépido… Eres perfecto en ese aspecto, como en todo lo que haces.
Leonardo se giró a verlo rápidamente, no muy convencido de lo que había escuchado justo unos segundos antes. Mientras Raphael acababa de razonar las palabras que habían salido de su boca cuando Leonardo hizo otra de sus tantas afirmaciones sobre su propia perfección como hijo prodigo.
Pero aquellas no habían sido sus intenciones… ¿Cierto?
—No te emociones, hermanito —quiso aparentar total seriedad cuando por dentro deseaba largarse de ese lugar—. Simplemente lo digo por la propia fascinación que tienes hacia tu persona. Sabes hacer casi cualquier cosa sin necesidad de pedir ayuda y te encanta regodear sobre ello.
Vio a Leonardo tranquilizarse ante aquello y volver a su posición de recargarse junto a él, mirando concentradamente hacia el otro lado de aquella amplia habitación de madera y papel.
Mientras tanto, Raphael necesitaba pensar en otras cosas que no fueran seguir alabando inconscientemente las habilidades de su hermano mayor.
—Me alegra que tu relación con Donnie vaya de maravilla —comenzó el mayor para distraerse un poco.
—¿Cómo sabes eso?
—Pues porque se ve en su rostro últimamente. Hacía meses que se le veía estresado por tantas cosas, que ya no parecía ser él. Y desde que lo invitaste a salir se le ve más relajado y concentrado totalmente en ti. ¿A caso no te habías dado cuenta?
—Claro que sí —respondió, viendo de reojo cómo Leo seguía bebiendo su cerveza—. Creo haber visto su cara de idiota cada vez más seguido.
Sonrió burlesco mientras escuchaba a su hermano mayor resistir una carcajada que se ahogó lo más que pudo en un largo trago a la lata de bebida dorada.
Al saber que aquello le divertía, supo disolver la tensión entre ambos al comenzar a contarle con detalle lo sucedido con Donatello durante sus únicas dos citas. Parecía que todo iba bien, pues Leonardo jamás interrumpió su relato mientras seguía insistiendo en beber de su lata.
Parecía haberse acostumbrado al sabor muy rápido, pues ya no ponía resistencia a ella.
—… Y entonces me dijo que cuando volviera de casa de April tendríamos nuestra tercera cita y al finalizarla podía decidir lo que pasaría y que… No pondría oposición a nada —continuó hablando, pensando que aquello era tan liberador como una tarde de bebidas junto con Casey, pero mucho mejor—. Creo que hemos llegado a la cúspide de lo que puede ser una relación verdadera, pero me es difícil saber lo que piensa alguien tan sentimental como Donnie. Tú que eres todo un experto en las artes amatorias, ¿Qué crees que deba hacer para que no piense que me aproveché de él después de que ambos nos saciemos sexualmente y considere que esta relación no deba continuar? Lo digo porque después de todo, Donatello es mi hermano, además de que es hombre. Jamás lograré ser como tú y Mikey; no creo poder llevar mis sentimientos a ese nivel… ¿Si me entiendes?
Esperó durante unos segundos una respuesta de lo más adecuada por parte de su sabio hermano, además de que había liberado parte de su sentir a través de aquella extensa charla sobre el avance en su relación con Donatello.
Pero nada sucedió. Simplemente escuchó la respiración de Leonardo volverse más pesada mientras se le caía de las manos la lata vacía, rodando por todo el suelo recién pulido del dojo.
—Leo… ¿Te quedaste dormi…?
No terminó aquella frase porque inmediatamente sintió sus piernas siendo inmovilizadas cuando su hermano mayor se arrojó sobre él, sentándose en su regazo mientras rodeaba su cintura con las piernas propias.
Su aliento a cerveza chocó contra el suyo cuando comenzó a respirar agitadamente sobre su boca mientras le mostraba aquél rostro completamente enrojecido. Pero eso no era lo más extraño en el comportamiento de su hermano mayor, si no que sus ojos estaban del todo clavados en los suyos; aquél intenso azul siendo casi ocultado por esos parpados que parecían volverse pesados.
Aquella mirada no mentía; estaba buscando algo que enseguida pareció ser respaldado por aquellas piernas envolverse cada vez más en su cintura mientras acariciaba insistentemente sus fuertes brazos.
—Bésame —ordenó, provocando que el color rojo en el rostro de Raphael no tardara en aparecer, pues la cercanía no ayudaba mucho.
—¿Qué rayos está pasando contigo? —preguntó—. ¿Estás ebrio?
Pero Leo no contestó. Estaba más concentrado en pasar su vista lentamente hasta los delgados labios de su hermano menor, lanzándose hacia ellos tan rápidamente que Raphael simplemente sintió cuando la lengua del mayor comenzó a demandar el hacerse paso dentro de su boca.
Instintivamente Raphael le dio el pase que necesitaba para comenzar a explorar su interior, pues sabía muy en el fondo lo deseaba, aún y cuando Leonardo jamás accedería a tener una fugaz aventura con él; no mientras existiera alguien llamado Michelangelo.
Era por eso que sabía que su comportamiento era extraño, pero aún así no pudo detenerlo; la húmeda lengua de su hermano dentro de su boca se sentía tan bien. Era una sensación tan deliciosa que jamás imaginó experimentar en su vida, y se intensificaba cada vez más cuando aquellas imágenes de sus sueños comenzaron a llegar como afilados dardos a su mente.
Literalmente se estaba mareando con aquellas caricias internas, pues Leonardo no tenía piedad al intensificarlas cada vez más; el beso se estaba volviendo más desesperado. Más demandante. Sólo hasta que tuvieron que separarse por la falta de oxigeno.
—Leo… —intentó hablar con claridad, pues estaba muy agitado gracias al beso y a las caricias que el mayor no dejaba de ejercer contra su cuerpo—… Por favor detente. Si no lo haces yo…
Quería rogar. Suplicar que se detuviera o sería él quien se saldría de control y esto terminaría mal… Realmente mal.
Leo debía pensar en Mikey y el daño que le ocasionaría el engañarlo de aquella manera tan irresponsable.
Y él… Él tenía que pensar en Donatello, y en la promesa que le había hecho al convertirse, temporalmente, en una pareja de verdad. El involucrarse con Leo significaría traición, y su hermano ya no merecía ser humillado de nueva cuenta.
Mucho menos de aquella forma tan cruel y baja.
—¡Ah! …L-Leo… ¿Qué haces?
Sintió una de las manos de su hermano mayor acariciar su plastrón pectoral, pero aquello no era lo malo, si no que descendía poco a poco con claras intenciones de llegar más lejos… de llegar más abajo y pasar a un nivel del cual no podrían volver nunca.
—Mnh… ¡Nh! Leo…
Aquella mano se posó descaradamente sobre su entrepierna, acariciando sin pudor la hinchazón que se había formado desde que el momento en que Leonardo puso sus labios sobre los d él.
No podía negarlo; lo deseaba. Ardía por tumbar a su hermano sobre el suelo y continuar aquello hasta terminar por poseerlo cuantas veces fuera necesario para satisfacer su fantasía.
—Abre las piernas.
Abrió los ojos lo más que pudo y todas aquellas escenas de él haciéndoselo salvajemente a Leo dentro de aquél dojo se desvanecieron en cuanto escuchó aquello. ¿Había escuchado bien?
—¿Q-que? —apenas y pudo articular aquella pregunta, pues la vista de su hermano mientras lamía insistentemente sus propios dedos para dejarlos completamente ensalivados no era muy alentadora.
—Ya me escuchaste —continuó el mayor con la voz más autoritaria que podía lograr—. Recárgate en la pared y abre las piernas. No voy a hacértelo si antes no te preparo bien.
Raphael enrojeció más de la cuenta con este comentario y volvió en si tan violentamente que sintió como si un balde de agua fría le hubiera caído encima.
—¿Qué? ¡Claro que no! —apartó de un manotazo el dedo ensalivado del mayor el cual ya reposaba en su rostro—. ¿Qué te hace pensar que te dejaré cogerme en primer lugar?
—Es una orden —intentó separar una de sus piernas pero Raphael no se lo permitió.
—Leo, será mejor que te calmes… estás desvariando. Este no eres tú; el alcohol es el que habla.
Pero al mayor no pareció importarle, y muy al contrario de comenzar a calmarse, se lanzó sobre el cuello de su hermano, clavando sus dientes en la piel color esmeralda completamente expuesta ante él.
Lejos de ser excitante para Raphael, fue doloroso, por lo que instintivamente trató de apartar el cuerpo de su hermano mayor del suyo, pero este se aferró con todas sus fuerzas.
—¡Maldición, Leo! ¡Esto ya llegó demasiado lejos! ¡Quítate de encima!
Raphael puso sus manos en el pecho de Leo para apartarlo lo más posible, pero su hermano seguía teniendo mucha fuerza a pesar de estar completamente ebrio, y lo demostró al apretarse más contra él, provocando que los fuertes brazos del menor cedieran para poder restregarse contra él. Pero la jugada le salió mal a Leo, pues su cara fue a topar justo con la frente de su hermano, provocándole una fuerte contusión en la nariz que lo hizo echarse hacia atrás y caer de caparazón al suelo.
Raphael se tapó la parte afectada y cerró unos segundos los ojos antes de darse cuenta de que su cuerpo había sido liberado de tanta presión, encontrándose con Leo tendido en el suelo mientras se quejaba débilmente del fuerte dolor en la nariz que él mismo se había provocado.
El menor se puso de pie y observó el lamentable espectáculo desde arriba; era patético que a Leo se le subiera el efecto del alcohol con sólo una cerveza. Aunque tal vez era razonable, puesto que su hermano jamás había bebido antes. Pero definitivamente lo peor había sido su comportamiento, pues seguramente el propósito del mayor había sido el tomarlo a la fuerza con tal de saciar las terribles ganas de tener sexo que había nacido en él en cuanto el alcohol nubló su conciencia.
Prácticamente iba a convertirse en objeto de abuso si aquello hubiera continuado.
Entonces quien sufrió un repentino mareo fue él al sentirse la peor escoria del mundo cuando razonó perfectamente aquella teoría hecha por sí mismo; aquello era exactamente lo que había hecho con Donatello, salvo por la terrible diferencia de que su hermanito no deseaba aquello, mientras descaradamente para él habría sido una perfecta oportunidad el tirarse a Leo mientras se encontraba ebrio. Aún y cuando el "abusado" teóricamente terminaría siendo él.
Se restregó la cabeza un par de veces contra pared antes de tomar la decisión de levantar a Leo, quien extrañamente seguía despierto pero muy débil sobre el suelo del dojo. De esa forma lo obligó a caminar junto a él, llevándolo directamente a las regaderas para meterlo bajo el agua fría, esperando que de aquella manera despertara un poco y le bajara la calentura.
Cuando terminó con él, lo llevó directamente a su habitación para que pudiera descansar lo suficiente como para no quedarse dormido por la mañana y que Splinter se diera cuenta de que había bebido la noche anterior. Pero se encontró con la pequeña sorpresa d que Mikey descansaba plácidamente sobre la cama del mayor, obviamente esperando que este regresara para dormir juntos el resto de la noche.
—¡Leo! ¿Qué ocurrió? ¿Por qué parece zombi?
Las preguntas no se hicieron esperar por parte de Mikey en cuanto vio que su hermano era libremente manejado por Raphael como un muñeco de trapo en cuanto entraron a la habitación. El de rojo fue directo a colocarlo en la cama para después observar despreocupado a su hermanito menor.
—Descuida —intentó calmarlo—. Sólo está un poco pasado de copas. ¿Puedes creer que el muy niña se embriagó con una sola cerveza?
La cara de Mikey se volvió de pánico en cuanto escuchó aquello, corriendo para auxiliar a su hermano casi dormido sobre la cama.
Pero en cuanto llegó, Leonardo alargó los brazos y se aferró al pequeño con todas sus fuerzas para después comenzar a besarlo en diferentes ocasiones en todo el rostro.
Raphael observó el divertido espectáculo desde la puerta y después de mencionar «Diviértanse», se retiró de ahí, aún y cuando se sintiera totalmente culpable por lo que había provocado.
Aún así no se arrepentía de dejar a Mikey sólo con aquél increíblemente recién descubierto Leo, pues estaba seguro que no podía estar en mejores manos.
Fue su turno de tomar un baño frío, pues la sensación de aquellos labios sobre los propios, y las manos de Leo sobre su cuerpo no quería esfumarse de su mente. Necesitaba quitar aquella peligrosa imagen y colocarla lo más lejos posible de sus recuerdos para así poder resignarse a que jamás debía intentar algo con Leo.
Esa noche había sido su prueba de fuego, y aunque la llama en su interior seguía encendida, se había demostrado a sí mismo que aún quedaba algo de decencia dentro de sí al hacer lo correcto y no terminar por enredarse con su hermano mayor, aún y cuando ardía en deseos de hacerlo suyo por una noche.
—Pronto pasará —se dijo en voz baja mientras caminaba por los pasillos de la guarida con una toalla húmeda colgando de sus hombros.
Sintió el despiadado frió de los pasillos envolver su piel, por la que aún resbalaban unas cuantas gotas de agua que había evitado secar de su cuerpo para que este no se calentara con facilidad.
Necesitaba el frío para poder descansar toda la noche en la larga espera del regreso de…
—¿Rapha? ¿Por qué sigues despierto?
Aquella voz lo regresó a la realidad, pues estaba a punto de tomar la manija de la puerta a su habitación cuando al otro lado del oscuro pasillo Donatello hizo notar su presencia con aquellas simples preguntas.
Lo notó caminar hacia él, aún con un par de maletas en mano, pues incluso no había tenido oportunidad de llegar a su habitación cuando se topó con la conocida presencia de su hermano mayor merodeando los pasillos de la guarida parcialmente a oscuras.
Raphael no lo había notado hasta esos momentos, o posiblemente la poca iluminación no ayudaba, pero su hermano parecía más delgado de lo común. Como si repentinamente hubiera dejado de ejercitarse aún y cuando sabía perfectamente no era así.
Alejó ese pensamiento de su mente cuando vio aquellas maletas siendo colocadas en el suelo para después ser tomado por los hombros con una delicadeza digna de su hermano científico y un rostro preocupado tras ser sus preguntas evidentemente ignoradas.
—¿Por qué estás fuera de la cama? ¿Te sientes enfermo? —volvió a preguntar, esperando pacientemente que sus dudas fueran aclaradas.
Raphael lo estaba observando desde un punto un poco más bajo dado a su estatura, pero no pudo evitar perderse en lo que estaba sucediendo; Donnie por fin había vuelto, incluso antes de lo que esperaba.
Lamentablemente para su hermano más joven, había sido en un mal momento.
El de rojo no tardó en unir sus labios contra los de Donatello, quien instintivamente quiso resistirse al beso, pero rápidamente sintió aquella acción desesperada y eufórica; algo estaba sucediendo con su hermano, pues a pesar de que su primer beso oficial como pareja también había sido de sorpresa, pudo notar que esta vez se encontraba en busca de algo más.
Aquella era una simple suposición que pudo confirmar cuando sintió las grandes manos de su hermano tomar fuertemente su trasero, apretando y masajeando un par de segundos antes de separarse de golpe gracias a la sorpresa.
—¡¿Raphael que te ocurre?! —se despegó de él todo lo que sus largos brazos podían ofrecerle—. ¿Por qué me estás tocando de esa manera? ¿Estás jugando conmigo?
—No. Estoy caliente —y tras esto lo tomó de la cintura para restregarlo contra la puerta, colocando ambos brazos a sus costados para que no escapara—. Necesito tomarte ahora mismo.
Donatello abrió mucho los ojos en cuanto escuchó estas palabras en la desesperada y ronca voz de Raphael. Estaba seguro que si hubiera más luz disponible, este se habría dado cuenta del color rojo que en estos momentos invadía su rostro.
—¿D-de qué hablas? Aun falta la tercera cita y después de eso…
—¡Al carajo la estúpida cita! —levantó un poco la voz para callarlo, notando rápidamente que su hermano se había encogido de hombros ante aquel repentino arranque de furia—. Donnie sólo mírame; estoy desesperado por tenerte. Te necesito. Necesito sentir tu cuerpo.
—P-pero Raph… yo —se mostró un poco más tranquilo, aún y cuando no se animaba a ver a su hermano a los ojos y no tenía una sola idea donde colocar sus inquietas manos.
Entonces Raphael puso aquellas manos que lo resguardaban celosamente, en sus mejillas, acariciando con toda la ternura que pudo aquél rostro que lo observaba confundido y con miedo.
—Donnie, te prometo que si aceptas, haré cualquier cosa que me pidas; tendremos cinco, diez… ¡quince citas más si así lo deseas! Pero por favor… pasa conmigo esta noche.
Estaba rogando. Raphael estaba rogándole y eso también le daba miedo, pues no sabía hasta donde había provocado aquél deseo vehemente en su hermano mayor por obtener su cuerpo aquella noche.
Lo miró a los ojos antes de que el mismo Rapha lo obligara a pegar su frente con la propia, sintiendo la arrítmica respiración del mayor y unas cuantas gotas de sudor frio recorrerle el rostro.
Entonces posó sus manos sobre aquellas abultadas mejillas bajo esos ojos claros y noto algo que lo preocupó; su piel estaba ardiendo, y no precisamente porque necesitaba un poco de sexo.
—Santo cielo, Raphael —se separó un poco de él para con una mano tocar su frente—. Estás ardiendo en fiebre. Necesitas antibióticos.
—A la mierda los antibióticos —lo vio reponerse enseguida, como si nada malo estuviera sucediéndole—. Sólo te necesito a ti y a tu flacucho trasero sobre mi entrepierna.
Molesto porque nuevamente se estaba volviendo grosero, Donatello quiso obligarlo a que se arrepintiera, pero fue callado por otro largo y apasionado beso de Raphael y lo obligó a pegarse cada vez más a la puerta, sintiendo una fuerte presión en su caparazón al ser aplastado por el hueco metal frio y el caliente cuerpo de su hermano.
La débil manija no resistió más y cedió, haciendo trastabillar a Donatello en cuanto la puerta se abrió. Se detuvo en la cama de Raphael antes de caer de lleno al suelo, y cuando volteo a verlo para reclamarle lo que había hecho, lo vio poner el candado en la puerta y girarse peligrosamente hacia él.
—N-no me dejarás salir de aquí hasta mañana, ¿cierto? —lo vio asentir mientras quedaba justo frente a él, sin quitarle esa intensa mirada de encima—. Aún así, creo que es lo mejor puesto que Casey está usando mi habitación.
Ni siquiera pudo terminar su tonta risita nerviosa porque Raphael ya lo había tomado del caparazón, arrojándolo a la cama mientras sonreía perversamente al saber que no se movería de ahí hasta que terminara con él.
Aunque claro, después de eso, Donatello ni siquiera tendría posibilidad de levantarse.
—¡Rapha, espera! —repentinamente algo importante llegó a su cabeza, pues se le veía en el rostro cuando intentó levantarse—. ¡Tengo que llevar mis maletas al laboratorio! ¡Te prometo que vuelvo en menos de cinco minutos!
—¡Tu no vas a ninguna parte! —lo regresó a la cama en cuando quiso poner un pie en el piso—. Irás a tu tonto laboratorio después de que te haya cogido mínimo tres veces. De otra forma nunca podrás salir de aquí.
El rostro de Donatello se volvió pálido por el miedo que aquellas palabras le habían provocado e inmediatamente apretó las piernas; su hermano realmente iba enserio en cuanto a tener sexo aquella noche.
Sintió a Raphael colocarse sobre él y separarle las piernas para arrodillarse justo entre ellas, apoyando sus fuertes manos sobre el respaldo mientras lo observaba directamente a los ojos. Quería seducirlo con la mirada; encenderlo por dentro para que se sintiera listo y así poder comenzar.
Pero, ¿Cómo estar listo para algo como aquello?
Raphael tenía el pensamiento que estaría a punto de tener relaciones con alguien que ya no era virgen, y justo aquello era lo único que pasaba por la mente del más alto cuando su hermano comenzó a besarlo con desesperación nuevamente, dirigiendo una mano a su entrepierna para comenzar a masajear fuertemente sobre ella con intenciones de despertarlo.
Donatello tenía miedo; pero no por entregarse a Raphael, pues a fin de cuentas, ese era el propósito de aquél juego tan peligroso. Si no que justamente ahí se diera cuenta de que no tenía ni una sola experiencia en la intimidad.
Mucho menos cuando Raphael cometía aquellos actos tan salvajes como los que le estaba obligando a realizar.
—Tócame —le ordenó en cuanto tomó su mano y la dirigió a la entrepierna propia, notando Donatello aquella dureza que ya se encontraba completamente firme entre sus dedos—. ¿Ya viste lo que provocas, hermanito?
El menor hizo lo que le ordenaron y comenzó a masajear con mucha suavidad el miembro de su hermano, mientras sentía una fuerte mano estimular su propia intimidad con tacto enérgico y sin consideración alguna, pues podía sentir como su longitud crecía velozmente bajo ese salvajismo.
—R-Raphael, por favor… —soltó un fuerte gemido cuando uno de aquellos rasposos dedos apretó la punta de su masculinidad—… sé más gentil.
Escuchó aquella petición y lo soltó, regalándole una sonrisa que Donatello reconoció como cuando un nuevo y malévolo plan pasaba por su mente.
Fue tomado de la mano con brusquedad y forzado a levantarse para dejar a Raphael recostarse sobre la cama. Este último lo tomó de las caderas, obligándolo a sentarse en su entrepierna con su palpitante miembro rozando insistentemente el de Raphael.
—Podrás tener la ventaja pero aún así necesitas de mi irreverencia, ¿cierto Donnie? —bromeó el mayor, envolviendo ambos miembros masculinos con una mano para comenzar a masturbarse—. Sólo mírate; tan inexperto e inmaduro.
Raphael lo vio morder su labio inferior para evitar que sonidos vergonzosos salieran de su boca e intensificó las caricias para que pudiera dejar la pena y la vergüenza muy lejos y fuera de aquella habitación.
Necesitaba escucharlo gemir.
Necesitaba escucharlo rogar por más.
Donatello no lo soportó mucho tiempo más y se recostó sobre su hermano, escondiendo su rostro en el fibroso cuello mientras este seguía masajeando desesperadamente su entrepierna y recientemente su delgada colita.
Se detuvo un par de segundos a pensar, mientras ponía todas sus fuerzas en no soltar un fuerte grito, que aquello era de todo, menos romántico, pues su hermano parecía totalmente ansioso por estar dentro de él no solamente en ese momento, si no desde que lo vio por primera vez en aquél oscuro pasillo.
Pero en esos momentos tampoco le importaba; su cuerpo estaba reaccionando con cada uno de los estímulos que su hermano mayor ejercía sobre él, por lo que si no se apresuraba, terminaría justo en su mano sin pensarlo mucho.
—Sostén tu peso por un momento —le pidió el de rojo, tomándolo de las caderas para que supiera a lo que se refería.
Donatello obedeció y quedó de rodillas, apresando aquellas piernas gruesas y duras que estaban lejos de tener aquél color rojizo que mantenía el rostro de su hermano aún y cuando no llevaba su tradicional bandana puesta.
Agachó su mirada para verlo tomar un poco del líquido seminal que ambos habían comenzado a derramar desde hacer unos minutos, embadurnando sus dedos para continuar con aquél ritual que aceleraba sus pasos de una forma impresionante para ambos.
Los dos necesitaban lo mismo, y eso podía verse en la forma en la que ambos se devoraban con la mirada, pues Donatello, a pesar de que estaba aterrado por ser su primera vez, estaba convencido que quería aquello, mientras Raphael parecía querer enfermar con mucha más velocidad si no obtenía lo que quería lo antes posible.
Fue por eso que se apresuró a introducir uno de sus dedos en la estrecha entrada de su hermano, pero todo pareció retrasarse un poco debido a que las piernas de este se debilitaban conforme aquél insistente dedo se hacía paso en aquella cavidad húmeda y caliente.
—Soporta un poco más, Donnie —pidió el mayor—. Ya viene lo bueno.
El menor asintió, deformando su rostro en uno de dolor conforme su hermano movía aquél grande dedo en su interior. Pero sabía que muy bien que tenía que resistirlo, pues aquello sería nada comparado con el gran miembro de su hermano intentado partirlo por la mitad.
Sonrió lastimero al saber que sería doloroso, pues Raphael no parecía ser alguien que procurara por ser tierno y cauteloso en la intimidad. Mucho menos cuando no tenía experiencias anteriores con otros hombres, por lo que prácticamente aquello era nuevo para ambos, aunque no lo supiera con exactitud.
Suspiró satisfecho cuando Raphael deshizo el abrazo que había iniciado en cuanto el dedo de su hermano lo desvirgó parcialmente al entrar por completo dentro de él, pues al recargarse sobre su cuerpo podía soportar el peso que cargaba en sus rodillas. Este parecía listo para el último paso, mostrándole una sonrisa maliciosa que sólo podía significa una sola cosa.
—¿Raph…?
No terminó la pregunta porque sus caderas fueron obligadas a descender sobre aquella extensión caliente del cuerpo de su hermano mayor, sintiendo como aquel pedazo caliente se hacía paso dolorosamente en su interior.
—¡Ah! ¡RAPHA! —soltó un grito desgarrador mientras sintió un par de lagrimas salir presurosas de sus ojos.
Aquello era lo más doloroso que había experimentado en su vida y lo demostró apretando fuertemente las piernas alrededor del cuerpo de su hermano.
—Calma —pidió el mayor—, sabes a la perfección que el dolor pasará pronto. Sólo relájate.
«Se dice fácil», pensó el otro, sintiendo como si un puñado de brasas al rojo vivo quisieran hacerse paso en su interior; así era como podía describir exactamente la sensación que le provocaba tener dentro de él a su hermano.
Pero debía soportarlo; guardar las apariencias de y hacerle creer que aquella no era su primera vez. Tenía que mostrarse seguro y que sabía lo que estaba haciendo.
Raphael lo empujó hacia arriba con su pelvis, saliendo un poco y volviendo a entrar lentamente mientras sentía a su hermano tensarse cada vez más entre sus brazos.
—¡Espera! ¡Detente! —rogó el menor, terminando de derramar una gruesa lagrima que resbaló hasta sus mejillas.
El de rojo se dio cuenta de esto y se quedó quieto, observando con incredulidad el extraño comportamiento de su hermano.
—Vaya que eres una niña —dijo con burla—. Mira que te siga doliendo tanto como la primera vez.
Estas palabras formaron un hueco en el estomago de Donatello; estaba claro que su hermano no se había dado cuenta de la verdad aún y cuando estaba dando todas las señales de que nunca antes había hecho algo como aquello, pero aún así sintió un poco de miedo al pensar que si se descuidaba un poco más…
—Ya… Muévete, por favor.
A Raphael no tuvieron que repetírselo una vez más, pues no tardó en volver a empujar el trasero de hermano con su pelvis mientras dejaba escapar aquellos guturales sonidos que nacían desde lo más profundo de su garganta.
Donatello se abalanzó sobre el cuerpo de su hermano, envolviéndole el cuello con sus delgados brazos mientras descansaba una de sus mejillas sobre la cabeza calva del mayor, sintiendo aquella piel verde elevar su temperatura conforme los movimientos se hacían cada vez más desesperados y precisos.
El que estaba abajo comenzó a apuntar en varias direcciones hasta poder encontrar el punto indicado donde su hermano pudiera encontrar más placer, pues aquellos quejidos de dolor no paraban de salir de su boca cada vez más seguido.
—R-Raph —sollozó, desesperado por no sentir lo que tanto deseaba—. D-duele… Duele mucho.
Sintió una gruesa lagrima recorrerle desde la cabeza hasta sus propias mejillas; Donatello estaba teniendo problemas para sentir el mismo placer que él estaba experimentando, pero ya no se le ocurría que más hacer para poder dejarlo satisfecho.
Dejó de empujar unos segundos, escuchando los gimoteos lamentosos de su hermano mientras se estremecía al sentir aún aquél grosor alojado en sus entrañas.
Entonces lo tomó fuertemente de las piernas, que a este punto, permanecían débilmente enredadas en su cintura, y lo elevó un poco, manteniéndolo en aquella posición mientras comenzaba un nuevo movimiento que esperaba pudiera otorgarle un poco de lo que él estaba sintiendo con aquella extraña pero placentera sesión.
Cuando empujó por tercera vez, sintió a Donatello estremecerse un poco más de lo normal, mientras inconscientemente abría la boca de forma tan amplia que Raphael sabía que había aparecido en él sin necesidad de verlo a la cara.
El más joven había sentido por fin una descarga eléctrica recorrer todo su cuerpo, sobresaltándose un poco en cuanto aquella sensación lo invadió.
—¡Ah! ¡Ahí! ¡Ahí! —rogo, pidiendo por lo más valioso que tenía el que continuara.
Pero Raphael despiadadamente se detuvo, tomando con ambas mano los costados del caparazón de su hermano y girándolo rápidamente para dejarlo recostado por completo sobre la cama, levantando inmediatamente las piernas de su hermano para hacerse paso de nueva cuenta en su interior tras esa mirada de suplica que formaban aquellos extravagantes ojos oscuros de la tortuga más inteligente de todos.
Aquella sonrisa y esos gemidos virtuosos en la boca de Donatello le estaban diciendo que esa posición era mucho más ventajosa para él, por lo que en esta ocasión no se detuvo a pensar en si le dolería o no el que sus embestidas fueran cada vez más rápidas.
No sabía que tan dolorosa o placentera había sido para Donatello su primera experiencia juntos, pero estaba claro que de unos segundos para acá, esta segunda vez se estaba volviendo única.
—¿Te gusta? —preguntó mientras aumentaba la velocidad de sus embestidas—. ¿Te gusta esto?
—Aún duele —respondió cuando dejó de morder su labio inferior de nueva cuenta para soportar más gemidos—. P-pero en momentos se siente… bien.
En un arranque de desesperación, Raphael tomó fuerte las piernas de su hermano que reposaban sobre sus hombros, las separó un poco más y lo obligó a elevar sus caderas para así poder adentrarse un poco más en él; y al parecer funcionó.
—¡Ah! ¡Raph! ¡Sí! ¡Ahí! ¡Justo ahí!
El más joven sintió aquél pequeño instante invadir su cuerpo y eso provocó que inevitablemente se viniera sobre los vientres de ambos, apretando sus paredes internas y poniendo un poco más de presión sobre la hombría de su hermano, quien tampoco pudo soportar aquella sensación tan deliciosa abrazando aquella parte tan sensible de su cuerpo, por lo que soltó su semilla dentro de su hermano soltando un largo y, a los oídos de Donatello, sensual gemido.
—¡Ah! Raphael… Eso fue tan… —intentó articular palabra el menor de ambos.
—Lo sé —lo calló con un simple beso en los labios—. Estuviste maravilloso… Leo.
No supo lo que se había escapado de sus labios hasta que sintió el cuerpo debajo de él estremecerse y dejar de respirar inmediatamente.
Un tanto mareado, y con su vista a medio nublar por la alta fiebre que estaba experimentando, volteó a ver aquella mirada rojiza con la esperanza de que todo hubiera sido un error y que su mente le hubiera jugado una cruel broma, pero no fue así; Donatello lo observaba con una decepción impresionante en su mirada, mientras sus ojos permanecían dilatados y tan abiertos que dejaban ver un alma completamente destrozada.
Y no era para menos, pues simplemente no podía creer lo que había escuchado.
…continuará en el capítulo EXTRA #2.
¡Explotó la bomba!
Las cosas se ponen intensas y los capítulos se vuelven cada vez más candentes. ¡Genial! ¡Primer limón del fic! Aunque seguramente ni siquiera fue lo que esperaban, pero bueno, como diría un personaje que me hace reí mucho; "Así las cosas deben ser", y creo que me estoy volviendo cada vez un poco más cruel con los personajes.
Pero por favor no se decepcionen, prometo hacer todo mi esfuerzo por darle a esta historia un final digno y que los deje satisfechos.
Les tengo preparado un mega capítulo 7, donde por fin verán eso por lo que tanto me preguntan, así que aguanten, que si se dan cuenta, ya estoy actualizando un poco más seguido.
Por favor no olviden comentar lo que les pareció esta bomba nuclear; sea lo que sea que tengan que opinar, me ayuda a seguir escribiendo para ustedes.
¡Los adora…!
…Miss GRavedad
PD: Ustedes disculparan que esto se esté poniendo peor de dramático que una novela Mexicana, pero si se han dado cuenta, parece que este es mi género.
PD2: ¡Misato y slynaxx! ¡Por favor perdónenme por lo que le hice a Donnie! (risitas nerviosas).
