¡Buon giorno, mi amici! ¿Cómo andan mis pequeños hermosos? Espero que muy bien. Yo estoy triste, hoy sí es, verdaderamente, el capítulo final. No hay más vueltas que darle.

Posteriormente, quizá, haga un pequeño epílogo para que vean su relación más establecida, pero en sí, el fic terminó acá, con el capítulo que están a punto de leer.

Sólo puedo darles las gracias a todos por apoyarme en este pequeño proyecto (porque para mí es un proyecto) y por comentarme cosas tan lindas todos los capítulos.

Sinceramente, no creí llegar a tener tantos seguidores, tantos reviews, tantos favoritos... ¡Es increíble! Empecé ésto pretendiendo durar unos cinco capítulos y, henos aquí, tenemos ya treinta y ocho capítulos *-*

En fin, los amo y les agradezco mucho el que hayan estado ahí para mí. Yo siempre voy a estar para ustedes, amores, y espero no decepcionarlos con el final.

¡Vamos a las formalidades, bitches!

Summary (Del capítulo treinta y ocho): En ese infernal mundo, Beth y Daryl podían encontrar su propio paraíso en el otro.

Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. El fic, sin embargo, es de mi total autoría.

Advertencia: Es MUY importante que sepan que contiene escenas de desnudo y sexo explícito (o, el tan renombrado, lemon). Está recomendado para una edad mayor a 16 años.

Dedicatoria: Primero que nada, a Beth Greene. No voy a decir por qué, no quiero hacerles spoiler, simplemente vean el capítulo de hoy y entenderán por qué.

Y, mucho muy importante, a ustedes. Porque sin ustedes, ésto no sería posible. No hay mucho que pueda decirles desde mi lugar, simplemente gracias. Los voy a extrañar muchísimo.

Y a mi pequeña molesta que me dejó cinco minutos para subir ésto. Te amo por siempre, amor.

Y bueno, vamos al final, chicuelos. Los veo abajo.


Querido diario.

By: Belencitah.

~Capítulo treinta y ocho: Paraíso.~

La besó con una locura bestial, como si fuera lo que su cuerpo necesitaba para, por fin, despertar de la oscuridad y ver la luz. Sus lenguas luchaban con desesperación y Beth no podía hacer otra cosa que gemir su nombre: Daryl.

La mente de la chica bullía en actividad y, a la vez, estaba en blanco, porque no podía pensar, sólo podía sentirlo a él tan cerca de sí, como siempre lo soñó y estaba sucediendo.

Había acallado esas ganas insoportables de saltar a sus brazos simplemente porque Daryl parecía no tener interés en ella. Porque ya había pasado por eso, lo había sentido de una manera íntima que jamás conoció con nadie más. Había besado sus labios como si su vida se fuera en ello y había inalado aquél aroma a menta que, increíblemente, él desprendía y había acariciado sus músculos, tan marcados y tan varoniles.

Se estaba obsesionando poco a poco con él. En otro tiempo ella se habría conformado con un abrazo y un "te quiero", pero en esos momentos aquello le parecía demasiado poco, ahora lo necesitaba a otro nivel y de una forma totalmente nueva para ella. Deseaba, simplemente, hacer el amor con él.

Daryl llevó sus manos a la nuca de la chica y se enrolló la coleta alrededor de su muñeca, tirando con suma delicadeza de ella, dejando su cabello suelto y rubio caerle por los hombros de una manera sensual. Y sólo podía pensar en la irracionalidad de su comportamiento. Estaban en medio de un bosque, cualquier cosa trágica podría sucederles pero, en esos momentos, poco le importaba. Era irracional y quizá poco inteligente, pero no podía resistirse a la tentación, no podía resistirse a ella. La deseaba de una forma descomunal y, en sus largos y movidos años de vida, jamás había sentido algo semejante. Mujeres en su vida hubo muchísimas, incontables teniendo en cuenta la vida que llevó él en su pasado, pero como aquella dulce rubia ninguna.

Porque ninguna otra chica le hacía sentir esa presión en su pecho, como si volviera a su época de secundario y se hubiera enamorado tontamente de la chica más bonita y popular. Esas ganas de poseerla sin importar el lugar o las consecuencias, sin pensar en nada más que conectar sus cuerpos de una vez y ser uno por siempre. Ninguna se había adueñado de su corazón de una forma tan repentina pero, a la vez, cálida. No había otra chica que supiera tanto de sí mismo, cosas que el mismísimo Daryl desconocía. En otras palabras y más simplificado, ninguna otra mujer era Beth.

Daryl la tomó por los muslos con necesidad animal y la alzó. Ella lo rodeó con sus piernas por la cintura y se sujetó fuertemente de la nuca del hombre, sin dejar un momento su boca, jugueteando fieramente con el labio inferior de él. Como pudo, el hombre la llevó hasta el tronco de un árbol y la aprisionó contra éste, evitándole cualquier ruta de escape, para ese entonces ella era completamente suya, de todas formas, la chica tampoco tenía intenciones de huir.

La bajó lentamente y colocó sus brazos apoyados en el árbol a cada lado de la chica, sintiendo la madera caliente, efecto del sol. Sus brazos haciendo de barreras. Con mucha pena, dejó la boca de la chica para comenzar a ocuparse de su cuello, el cual desprendía aquél excitante perfume que tanto adoraba. Su lengua dejaba un trazo de fuego líquido por el cuello de la joven, que llevó su cabeza hacia atrás, contra el tronco del árbol y sólo podía pedir más. Porque ella necesitaba más de eso, más de él.

La chica, sin perturbar la tarea de su hombre, comenzó a quitarle de manera desesperada el chaleco y, posteriormente, la camisa que llevaba debajo –con algo de tardanza, puesto que con el éxtasis del momento, no podía quitarle los botones. Daryl rió ante eso-, hasta dejarle el torso desnudo. El sol lo bañaba por completo, lo que convertía la cobriza piel de Daryl en oro puro. La joven lo observó maravillada, era hermoso a sus ojos, piel dorada, músculos tonificados a causa del esfuerzo físico que representaba vivir en un infierno y gotas de sudor cayendo sensualmente por su pecho y entre sus abdominales. Y aquél despeinado cabello castaño danzaba sensualmente con el viento de la zona. Era perfecto.

Daryl dejó su cuello por un segundo y la miró a los ojos, luego observó el pecho de la chica, que subía y bajaba con sorprendente velocidad. Era su forma de pedir permiso, pues aún con la excitación que tenía, pensaba en ella. Siempre pensaría en ella primero.

La joven asintió con dificultad mientras posaba sus labios en el hombro derecho de él y lo besaba con una sensualidad que, hasta entonces, desconoció en ella. El hombre tomó la camiseta de la joven por debajo y ella levantó los brazos, permitiendo así que él le quitase la ropa de arriba.

Tiró la prenda por alguna parte del bosque, perdiéndose así con la ropa de él, y la observó detenidamente.

La joven era preciosa, e incluso esa palabra se quedaba corta. Era la perfección, con su piel clara, tan clara como la leche, casi traslúcida. Sus pechos eran del tamaño perfecto, ni muy grandes, ni muy pequeños, hechos para las manos de Daryl. Era delgada, pero no esquelética. Era equilibrada, era perfecta.

Y, si bien el sostén rosado de la chica, con detalles en encaje, era muy sensual, lo único que el hombre deseaba hacer con él era quitárselo.

Beth giró la cabeza hacia un costado, algo avergonzada. Nunca nadie la había visto así, y eso apenas comenzaba. La joven sentía la mirada de Daryl escaneándola por completo, aquellos ojos parecían quemarla.

El hombre tomó la barbilla de la chica con suma delicadeza y giró su rostro, obligándola a mirarlo a los ojos de una manera íntima.

—Eres hermosa —le dijo. Palabras simples, no era el primero que se lo decía, tampoco. Pero no fueron las palabras lo que Beth escuchó, más bien fue cómo lo dijo lo que la hizo sonreír. Se lo decía con convicción, como si quisiera meterle aquella idea en la cabeza. Lo dijo con suma seriedad. Aquello no era un piropo más, era, simplemente, ella vista a través de los ojos de Daryl y aquello le causaba suma felicidad.

Con una sonrisa, la chica volvió a acercar su rostro al de su amado, para volver a besarlo. Esta vez el beso fue mucho más tierno e inocente. No era un beso pasional, con aquél beso, que duró menos de un minuto, le estaba abriendo su corazón, le estaba demostrando lo mucho que él significaba para ella y Daryl lo comprendió.

El beso terminó y ellos unieron sus frentes, haciendo un esfuerzo sobrehumano por respirar, por bajar la agitación.

—Te quiero aquí y ahora —susurró Daryl contra la frente de la chica, con los ojos cerrados y disfrutando el momento.

—Pues me tendrás —contestó ella de la forma más sensual que encontró. Era joven y le faltaba mucha experiencia, pero era humana y tenía sus instintos.

La chica bajó más su cabeza para encontrarse, nuevamente, con el hombro de Daryl, el cual besó como si aquello fuera ambrosía. Daryl reaccionó ante esto, reprimiendo un sonoro gemido y, pasando sus brazos por la espalda de la chica y se deshizo velozmente del sostén de la joven, el cual cayó al suelo.

Volvió a alzar a la chica semidesnuda, quien se aferraba a él con toda su fuerza, y la llevó hasta el trailer que alguna vez había hecho de guarida para ella. La recostó con suma delicadeza sobre el colchón, algo finito pero, al fin y al cabo, el grosor del colchón era en lo que menos pensaban en ese momento.

Daryl se colocó arriba de ella y comenzó a recorrer el abdomen de la chica con los dedos, como si tanteara el terreno. La chica arqueaba su espalda totalmente perdida en el calor del tacto de él.

El hombre llegó, lleno de deseo, a la parte baja del abdomen de la chica y, veloz como un rayo, desabrochó el Jean de ella con la misma rapidez.

Daryl continuó bajando el pantalón de la joven mientras iba dejando pequeños besos errantes en las piernas firmes de ella. Pronto, los Jeans se habían ido y, con ellos, las botas de la chica, quien está sonrojada a más no poder, y su excitante ropa interior.

La joven hizo lo propio, desabrochando con dificultad el pantalón del hombre y, más pronto que tarde, se encontraron completamente desnudos, él arriba de ella, simplemente mirándose, como si el tiempo se hubiese detenido unos segundos para dejarlos admirarse mutuamente.

—Bethy… ¿Tú… —tanteó Daryl y la chica no necesitó que él terminara la frase. Sabía perfectamente a qué se refería.

—Nunca, serás el primero —contestó algo avergonzada. Jamás había llegado tan lejos con un hombre aunque, ciertamente, no se arrepentía en lo más mínimo.

El hombre dudó, nuevamente su espíritu noble resurgió y se preguntó una y otra vez si en verdad merecía ser el primero. Beth lo notó, la expresión del hombre había cambiado a una de preocupación.

—Oye… —susurró ella, tomándole el rostro con sus manos— Quiero que seas tú.

Dicho aquello, para evitar otra protesta por parte del hombre, lo besó nuevamente. Un beso lleno de pasión, lo necesitaba dentro de ella, no sabía cuánto tiempo podría resistir.

Mientras se besaban, el hombre bajó su mano lentamente hacia la intimidad de la rubia y comenzó a tocarla lenta y tortuosamente. En reacción, la espalda de Beth se quiebra contra él y araña las sábanas, conteniendo un gemido contra la boca de Daryl. El hombre continuó por varios minutos, en los cuales Beth parecía más y más perdida en su propia excitación.

—Por favor, ahora, lo quiero ahora —imploró la chica, que ya no aguantaba más. Y él, como buen caballero, hizo caso a su petición.

Daryl, aún sobre la chica y con mucho cuidado de no aplastarla, se posicionó en la entrada de Beth.

—¿Es- Estás segura? —logró decir él entre jadeo y jadeo.

—¡Daryl! —pudo decir ella con mucha dificultad. Estaba al borde de implorar que se callara de una vez y la hiciera suya. Ambos lo deseaban, no había caminantes cerca, tampoco personas… ¿Qué los detenía?

El hombre, captando el dicho de la chica, comenzó a entrar en ella con suma delicadeza, con cuidado de no romperla, como si de una muñeca de porcelana se tratara. Y es que, para él, la rubia era eso, una muñeca de porcelana.

Beth jadeó y apretó los ojos al sentir como Daryl entraba con cuidado. Le dolía, realmente dolía, pero, sin saber por qué, aquello le agradaba. Era el dolor más placentero que había sentido en su corta vida.

—¿Estás bien? —susurró Daryl, quien ya estaba dentro, al oído de la chica, mientras le mordisqueaba el lóbulo.

—¡Sí, sí! —gimió ella en respuesta, mientras se sostenía fuertemente del colchón. No le dolía, más bien sentía un ardor, un pellizco, como si algo le quemara, aunque cada vez era menor. El dolor dejaba paso a la excitación— Sigue…

Y él no pudo hacer otra cosa que seguir. Porque lo necesitaba, ya no aguantaba. Retrocedió con suma delicadeza, con cuidado de no herirla, y volvió a entrar, esta vez con más fuerza.

Beth gimió y tiró su cabeza hacia atrás mientras sentía cómo el hombre le masajeaba un seno.

—¿Más? —preguntó él, dudoso.

—¡Por favor! —gritó ella en respuesta. Aquello se sentía como el maldito paraíso. Ya no sentía dolor, quizá sí una pequeña molestia, pero nada en comparación con el placer genuino.

El hombre volvió a moverse, con cuidado, y paró nuevamente dentro, escaneando el rostro de Beth, buscando algún atisbo de dolor que le dijese que pare. Pero esto no sucedía, todo lo que veía en el rostro de la chica era placer y aquello no podía sino excitarlo aún más. Se sentía magnánimo, él y sólo él provocaba esa reacción en ella.

Volvió a moverse, sin volver a detenerse en ningún momento y, a cada envestida, aceleraba sus movimientos. Beth, por su parte, arañaba sin cuidado alguno la tonificada espalda de su amante, mientras gemía sin poder contenerse.

Daryl se acercó un poco más a su chica y aprisionó el labio inferior de ella entre sus dientes, con mucho cuidado, y comenzó a tirar un poco de él. Sus alientos y jadeos se hacían uno, al igual que sus cuerpos. Ya eran uno.

Beth, con mucha avidez, comenzó a contornear sus caderas hacia el miembro de él, haciendo que éste fuera aún más profundo. Dixon gemía, intentando controlarse un poco para evitar invitados inesperados. Nada debía arruinar ese momento, nada podía arruinarlo.

El cuerpo de la chica temblaba y se contorsionaba a medida que sentía algo crecer dentro de ella. La sensación era indescriptible, había imaginado mil y una veces cómo sería su primera vez, pero ninguna de esas ideas se acoplaba, verdaderamente, a lo que sentía. Era el éxtasis, aquello no podía sentirse mejor y no podía evitar preguntarse cómo había aguantado tanto tiempo sin eso.

Pronto, la mente de Beth se encontró en blanco y sentía como si algo estallara dentro de ella. Sentía mucho frío y calor a la vez, algo que jamás sintió. Su corazón latía a mil revoluciones y, en su vientre, mil mariposas volaban. Se sentía como un volcán a punto de hacer erupción y no sabía por qué, sólo sabía que no podría haber sensación mejor en el mundo.

—Hazlo —le dijo él, mientras le embestía con más y más fuerza. Más y más rápido, perdido totalmente en las sensaciones. Había perdido la cordura completamente en el cuerpo de la rubia. Su actitud era completamente animal.

Y ella, obediente y no pudiendo contenerse más, llegó al clímax, sintiendo como su cuerpo explotaba bajo su hombre en mil pedazos. Podía jurar ver estrellas sobre ella, a pesar de estar en un trailer cerrado. Era la sensación más hermosa y placentera que había sentido en su vida.

El hombre la besó con pasión y, tras dar una última envestida, acabó junto con ella. Se quedó unos momentos más dentro de Beth, como si no quisiera deshacer esa mágica unión. Pronto, se dejó caer al lado de la chica, completamente exhausto y con los ojos cerrados, disfrutando del placer que le había provocado.

Beth, algo más repuesta y con una sonrisa relajada, se acercó al hombre y apoyó su cabeza en el pecho de él, disfrutando su calidez y con la respiración irregular, agitada. Podía escuchar el corazón de su amado latir fuerte y eso la relajaba aún más.

Él, por fin, abrió los ojos y cruzó su brazo por la nuca de la chica, para que ella estuviese más cómoda. Llevó su mano libre hacia su propia cabeza, haciendo suerte de almohadón.

—¿Te lastimé? —le preguntó él, observándola con una sonrisa.

—Eso fue… Fue increíble —logró decir ella, mirándolo a los ojos e intentando respirar normal. Pensó un momento, pero luego soltó— Te quiero.

Daryl la observó detenidamente, escaneándola, y, acercándose al rostro de la chica, besó su frente: —También yo.

Y es que él no era de las personas más demostrativas pero, teniendo en cuenta lo que acababa de pasar entre ellos, era lo menos que podía decirle. En verdad la quería y sintió la necesidad de expresárselo.

Y decidieron quedarse allí, recostados, unos minutos más. Eran conscientes de que debían volver, sus gritos podrían haber advertido a los caminantes y aquello era peligroso, simplemente deseaban estar juntos un poco más. Porque aquél era el paraíso de ambos.


Y, con ésto, nuestro largo camino llegó a su fin. Espero, obviamente, que lo hayan disfrutado y que esperen el epílogo, lo cual será cortito, pero muchas me pidieron ver la relación algo más establecida y bueno, como soy su esclava, lo haré. Pero será corto, osea, el fic terminó acá. Ustedes utilicen su imaginación para saber cómo seguirá esta dulce historia de amor.

Y, repito, amo a Daryl y a Beth (pero en éste momento, en especial a Beth). No dejen de ver el capítulo de hoy de la serie... Yo no sé si lo veré :(

¡Los amo, chicos! Espero haber estado a su altura. Gracias por cada review y, recuerden, pueden seguirme en mis redes sociales siempre que quieran.

Bel~