¡Uff! Estoy a unos cuantos días de cumplir un mes sin actualizar, por lo que no puedo hacer otra cosa más que pedir una larga y sincera disculpa.

Aquí les dejo un capítulo más o menos largo, esperando que sea de su agrado aún y cuando no tiene mucha acción que digamos.

Advertencias: dado que ya todos saben de la existencia del huevo, este capítulo está compuesto en su gran mayoría por muchos diálogos, drama, y muchas, pero muchas revelaciones.

Por favor disculpen mi retraso y de verdad espero que disfruten leer lo que Mikey se encontraba impaciente por decirle a Raphael. Como un pequeño dato, me encantó escribir esa escena, así que espero que la puedan desfrutar, leyéndola, tanto como ya lo disfruté, escribiendo.

¡Ahora si vamos al fic!

Capítulo 8: Buena vida.

Escuchó que tocaron la puerta y saltó de la cama inmediatamente; desde que había recibido aquél mensaje, el sueño pasó a segundo plano, pues de sus pensamientos no salía la idea que tal vez su hermanito se había enterado de lo sucedido entre él y Leo la misma noche en que Donnie…

—¿Qué quieres? —disimulando, preguntó en cuanto vio aquellos adorables ojitos aparecer tras su puerta.

Pero enseguida deseó retractarse; el pequeño no se mostraba bien, pues sus manos seguían tan nerviosas como aquél momento previo a su irrupción al laboratorio.

—R-Raph… ¿Puedo pasar? —preguntó, temiendo por la respuesta de su mayor.

Simplemente se dio la vuelta y caminó nuevamente hacia su cama mientras escuchaba a Mikey cerrar la puerta después de entrar.

Raphael tomó asiento en la orilla de su cama, a modo de quedar de espaldas a la puerta, por lo que Mikey no perdió el tiempo y ocupó un pequeño sofá individual que lo hizo quedar de frente a su hermano.

—¿Y bien? —preguntó el mayor—. Mientras más rápido sueltes lo que tengas que decir, podré ir a dormir cuanto antes. No sé si recuerdes que ha sido un día muy pesado para todos.

Mikey, quien tenía la cabeza gacha, elevó su mirada para poder ver a la cara su hermano, quien intentó sostenerle la mirada todo este tiempo.

—Tu… Realmente no amas a Donnie, ¿cierto?

Aquello, más que una pregunta, resultó ser una afirmación que tomó desapercibido al joven más rudo de la familia. Pero no tenía por qué ser así, pues desde un principio él sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo.

Lo que tuvo con Donatello, había sido mero arrepentimiento por la mala actitud que tuvo desde aquella noche que llegó ebrio a casa; así que, dado a que estaba obligado a hacer lo que su hermano le había exigido, tenía planeado divertirse y aprovechar todo lo que pudiera de la situación. Aún estaba castigado sin salir de casa, por lo que había visto la oportunidad de follar a Donnie, una opción no tan mala.

Después de todo, Donatello lograba encenderlo con sus besos.

Si, lo admitía; su hermano era excelente dando ese tipo de cariño.

Pero si de algo estaba seguro, era que no estaba enamorado del joven científico; lo sentía por él si había llegado a ilusionarse, pero era algo que no iba a ocurrir.

No podía… Simplemente no.

—Si ya sabes esa respuesta, ¿Por qué la pregunta? —se defendió.

—Sólo quería estar seguro antes de proceder —dijo—. Es una lástima, porque en verdad parecían llevarse bien; nunca había visto a Donnie mostrarse feliz por algo que no fuera April. Y tú, lucías tan diferente ante esa dedicación por tratar de que nuestro hermano lo pasara bien.

—Sí, pero ya te diste cuenta que todo ocurrió bajo un manojo de mentiras, Mikey —recalcó el mayor—. Donatello jugó muy sucio esta vez… Y eso es algo que jamás le voy a perdonar. Tú no tienes idea de que fue lo que sentí al creer que había obligado a mi hermano a hacer algo que no quería.

—Tal vez no puedo imaginar lo que sentiste con eso, Raph —dijo el más joven—, pero creo saber lo que orilló a nuestro hermano a obligarte a salir con él; necesitaba una pareja para lograr su sueño de ser padre, y esa oportunidad sólo la vio en ti.

—¿Estás defendiéndolo? —preguntó, indignado—. ¡No puedo creerlo, Mikey! ¡Escuchaste claramente lo que Donnie y yo hablamos cuando estábamos a solas en el laboratorio! ¡¿Cómo puedes ponerte de su parte después de eso?! —Raphael aspiró hondo y se relajó antes de que su paciencia se terminara con el menor de sus hermanos—. ¿Sabes? Ni si quiera sé porqué estamos hablando de esto; es obvio que no comprenderías ni aunque tratara de explicártelo.

Esperaba que con aquello la conversación terminara tras aparecer la clásica mirada triste y cabizbaja que salía a relucir en Michelangelo cada vez que era llamado y tratado como a un niñito tonto, pero cuál fue la sorpresa de Raphael a ver que aquellos ojos estaban conteniendo autentico enojo al ser tomado nuevamente como un inmaduro que no comprendía los problemas de los adultos.

—No pretendo excusar a Donnie, Raph —respondió, con cierto tono de recelo en sus palabras—. Simplemente quería dejar en claro que tal vez Donatello no tuvo otra opción; y al parecer es algo de lo que no te has dado cuenta. Tal parece que aquí el verdadero tonto eres tú.

Raphael se quedó con los ojos muy abiertos, tratando de descifrar lo que ocultaban las palabras de su hermanito menor. Sólo una posibilidad pasó por su mente, pero demasiado estúpida como para creérsela.

—Tú sabes algo que no me has dicho —fue lo único que salió de la boca de Raphael cuando se removió en su lugar para quedar un poco más cerca de Mikey—. ¿Qué es? ¿A caso Donatello estaba enamorado de mí y por eso me eligió para fecundar un huevo?

Pero Mikey no respondió. Dejó que una leve risita que intentó contener con una mano sobre su boca le dijera a Raphael que no estaba ni un poco cerca de atinarle.

—Debes tener un enorme ego al imaginar que Donatello te obligó a que salieras con él porque estaba profundamente enamorado de tí.

Finalmente, el más pequeño soltó una carcajada que hizo sonrojar a Raphael, el cual concentró toda su paciencia en no levantarse de la cama para patear ese regordete trasero que su hermanito menor tenía.

—Bien, bien, ya entendí —hizo un puchero para lograr que el menor dejara de burlarse—. Ahora dime la verdadera razón por la que tú crees que Donatello me eligió para este absurdo experimento.

Aquello había sido la solución para que Mikey quedara en completo silencio, y Raphael tragó saliva al considerar que se trataba de algo mucho más grave.

Lo vio remover una pequeña abertura en su cinturón, muy cerca de donde colocaba uno de sus nunchakus, sacando un montón de papeles perfectamente doblados; eran exactamente tres, pero sólo le fueron entregados dos de ellos.

Antes de que lo abriera para leer su contenido, Michelangelo le dio una última advertencia.

—Por favor no le digas a Donnie que ambos lo sabemos; me enteré de esto porque estaba hurgando en sus cosas, y se entera de esto seguramente me odiará.

Esto puso mucho más nervioso a Raphael, quien se apresuró a leer el contenido de ambos papeles que le fueron entregados.

—"Índice de compatibilidad por cromosoma Y" —dijo el mayor en voz alta tras leer el título del papel.

Michelangelo, quien ya tomaba asiento en la cama, justo al lado del otro, asomó su vista para verificar cual de los dos papeles había abierto primero.

—Esa es una prueba de ADN que Donatello hizo para saber que él y yo éramos hermanos de verdad —dijo Mikey.

Raphael observó ambos nombres escritos en la parte alta del papel, y efectivamente estos eran los de Donatello y Michelangelo; pero aquello no fue lo más impresionante de todo, pues tras recorrer la mirada en un montón de números y letras que no tenían sentido para él, su objetivo final fue el porcentaje que se encontraba escrito en la parte más baja de aquella vieja hoja de papel.

"Posibilidad de hermandad = 99.5 porciento."

Increíble; nunca se habían planteado la posibilidad de realizarse unas pruebas de ADN para saber si realmente eran hermanos o no, pues lo consideraban absurdo en su totalidad. Al menos para la mayoría, era algo sin importancia; ellos habían crecido juntos y fueron criados como tales, por lo que aquello era sencillamente irrelevante.

—Al menos ya sabes que tú y Donnie provienen de la misma camada —mencionó el rudo ninja a su hermanito—. No le veo el problema a esto. De cierta forma, ya lo sabíamos.

—Ahora lee el otro —pidió Mikey, quitándole de las manos el papel que comprobaba que él y Donnie realmente nacieron juntos y llevaban la misma sangre recorriendo sus venas.

Raphael obedeció enseguida, imaginando rápidamente a donde quería llegar Mikey.

Lo primero que hizo fue comprobar los nombres escritos sobre ese papel y su corazón se aceleró en cuanto pudo leer el suyo junto al de Donatello.

Tragó saliva antes de animarse a ver el resultado:

"Posibilidad de hermandad = 0.2 porciento."

Se permitió emitir un gemido de asombro tras leer esto; él y Donatello realmente no eran hermanos, pero era algo que desde un principio se negaba a aceptar.

No. Eso era imposible; Donnie era su hermanito; su querido e insoportable hermanito genio.

Primero, no supo porqué era que Mikey le mostraba aquello, pero después, razonando un poco y dado a que no era la mente más privilegiada de la familia, por lo menos podía comprender de qué era lo que había influenciado a Donatello para elegirlo como el padre de su hijo; si ellos no eran hermanos realmente, ese bebé no sería producto del incesto y por lo tanto su desarrollo genético no se vería afectado más de las probabilidades que ya tenía por tener a Donnie como madre, debido a su extraña enfermedad.

Enfermedad que, gracias al mutageno, no logró afectar su vida posterior a cuando era una simple tortuguita mascota.

—No puede ser —susurro en cuanto consideró esto último, siendo apenas audible para Mikey—. S-Splinter dijo que cuando nos compró en esa tienda, fuimos tomados al azar por el empleado que lo atendió…

—…Dentro de un hábitat gigante con docenas de tortugas bebé —finalizó Mikey.

—Significa que… Dentro de ese hábitat había distintas camadas de tortugas. Diferentes padres, diferentes madres.

—No del todo —mencionó el menor, llamando la atención de su hermano en cuanto lo vio arrugar el papel que mantenía doblado en sus manos.

Aquél tercer papel que evitó darle desde un principio y que sabía a la perfección a quién de ellos delataba.

—Leo —dijo Rapha, provocando más la ansiedad del menor.

Mikey arrugó más el papel y sus facciones cambiaron a unas de suma tristeza; había algo dentro de ese resultado que le dolía, y Raphael debía averiguarlo de inmediato.

Lentamente, le quitó aquél resultado de las manos, observando detalladamente como unas pequeñas lágrimas se formaban en sus ojos queriendo salir con descaro.

Raphael desdobló la hoja, y después de verificar que los nombres escritos eran los de sus dos hermanos ausentes, aquél resultado lo tomó realmente por sorpresa.

"Posibilidad de hermandad = 54.9 porciento.

La compatibilidad reside en la herencia genética paterna."

—¿Qué rayos significa esto? ¿Leo es medio hermano de Donnie?

—Sí. Y por lo tanto, mi medio hermano también.

—¿Y eso es lo que te pone triste, Mikey? —intentó animarlo—. Eso déjamelo a mí, ahora resulta que ninguno de ustedes es mi hermano de sangre y no me he puesto a llorar como margarita.

Intentó soltar una risita, pero Michelangelo nunca cambió sus ánimos; seguía decaído y lejos de parecer contento con aquellos resultados.

—Cuando comencé a tener intimidad con Leo —dijo el más joven—, él me convenció diciendo que existían posibilidades de que nosotros no fuéramos realmente hermanos y que no estaríamos haciendo nada malo; además de que nunca sabríamos la respuesta y que gracias a ello podríamos vivir tranquilos nuestra relación.

—Pero no contaba con la astucia de Donatello para encontrar al candidato perfecto para su experimento y que tú encontrarías esos datos.

Raphael vio como los gestos de tristeza se apoderaban de su hermanito y no pudo evitar pensar en lo infeliz que era esa pequeña tortuga macho que había tenido suerte durante la temporada de apareamiento de hace más de dieciocho años al lograr aparearse con la verdadera madre de Donatello y Mikey, y al mismo tiempo con quien resultaba ser la madre de Leo.

A final de cuentas, Leo y Mikey si tenían un parentesco familiar y aquello era lo que estaba matando por dentro a su hermanito. Saber a ciencia cierta que había hecho cosas prohibidas con su hermano de sangre lo estaba matando en vida.

Y peor aún, estaba el hecho de que estaba total y absolutamente enamorado de él.

Entonces cayó en cuenta de algo muy importante; a final de cuentas, él y Donatello no eran hermanos, por lo cual no había tenido relaciones con su propia sangre.

Bueno, estaba el hecho de que se había acostado con otro hombre, pero la carga que conlleva el haberlo hecho con tu propio hermano, se había marchado lejos para no volver.

Aunque aquello era algo que lo tenía sin cuidado; nunca lo había tomado en cuenta. Al menos no tanto como Mikey.

—¿Realmente estás dispuesto a dejar de lado lo que tienes con Leo, sólo por lo que dicen esas pruebas? —preguntó el mayor.

—Eso te gustaría… ¿no, Rapha?

Raphael evitó dejar salir un sonido de impresión en cuanto escuchó esto último, pero lejos de evitar al otro, fue Mikey quien no soportó el seguir viéndolo a los ojos y desvió su mirada, con su rostro completamente sonrojado y… molesto.

—¿Q-qué dices, Mikey? —farfulló.

—No te hagas el desentendido —prosiguió el menor, pero Raphael nunca logró descifrar el tono con el que su hermano estaba hablando—. Sé perfectamente lo que pasó hace tres noches cuando tú y Leo estaban a solas; bueno, no tengo detalles de todo pero sabes de lo que hablo.

Tonteó un poco, desbaratando de a poco los nervios de acero que pertenecía al ninja de las Sais.

Definitivamente, estas… eran demasiadas noticias para un sólo día.

—Pero, no es lo que parece —intentó excusarse.

—Eso ya lo sé Raph. No fue tu culpa… al menos no del todo —respondió, sorprendiendo a su hermano—. Me di cuenta de ello la noche en que me dejaste a solas con Leo mientras permanecía ebrio, y lo comprobé hace unas horas cuando Donnie dijo que tú no estabas interesado en él, si no en nuestro hermano mayor.

—Mikey… —susurró.

—Esa noche fue la primera vez que… ya sabes… Leo me permitió ser quien dominara. Supe que estaba motivado por algo y comencé a sospechar. Entonces fue cuando caíste en cama y tuve que cuidar de ti. Vi la mordida que tenías en el cuello y eso delató a Leo.

—P-pero Mikey, eso no significa nada.

—Claro que sí —se sonrojó un poco—; a Leo le gusta mucho morderme durante el sexo. Sé perfectamente lo que le gusta en la cama.

Raphael vio a su hermanito echar vapor por la cabeza; seguramente era por la difícil situación de tener que revelar cosas tan intimas que sólo incumbían a Leo y a él.

Pero aquello no era lo que lo tenía sorprendido, si no el hecho de que su hermano estaba increíblemente tranquilo ante la situación.

—Mikey, lo siento tanto —fue lo único que pudo salir de su boca en ese momento.

—Raph, no voy a negar que cuando me di cuenta me molestó mucho; pero a decir verdad, era algo para lo que estaba preparado. Siempre existió la posibilidad de que, esto que Leo y yo iniciamos hace tiempo, terminara.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Leo estaba obsesionado contigo, tal y como tú lo estás con él en estos momentos.

Mikey entristeció al decir esto. Claramente le hacía daño.

—¿Obsesionado? ¿Con… migo?

No sabía que pensar sobre eso; Mikey estaba bromeando, ¿cierto?

—Leo me asegura una y otra vez que lo que sentía por ti ha quedado en el olvido, y que me ama. Pero la actitud de ambos me dice que él no te ha olvidado del todo; lo ocurrido hace tres días mientras cumplían su castigo, no fue porque el alcohol hizo que el comportamiento de Leo cambiara, sino que simplemente dejó salir sus deseos reprimidos. Estuvo tanto tiempo detrás de ti… y jamás te diste cuenta.

Raphael comenzó a temblar; aquello era tan revelador, que no sabía cómo es que Mikey podía estar tan tranquilo aún y cuando prácticamente estaba sirviendo a Leonardo en bandeja de plata ante él.

De cierta forma, podía ver que las intenciones de Mikey no era precisamente que se alejara de su hermano; que este ya tenía una pareja estable y el cual, ante los ojos de Raphael, lucía completamente fascinado simplemente por tenerlo a su lado.

Aquellas advertencias defendiendo su intimidad.

Aquellas charlas sobre lo que era enamorarse, no podían ser mentira. Leonardo sabía perfectamente lo que era estar con la persona indicada, y esa no era Raphael, aún y cuando el dueño del corazón del hermano mayor aún no pudiera verlo.

—¿Por qué dices eso, Mikey? —intentó animarlo un poco—. Leo me ha hablado tantas veces de lo maravilloso que es estar contigo. Deberías creerle cuando te asegura estar enamorado… de ti.

—¿Lo dices de verdad?

Raphael suavizó su expresión un poco más; Mikey era tan inocente y predecible. Aún y cuando esa noche aquella ultima regla estaba siendo una excepción.

—¡Por supuesto! —afirmó—. Además, ¿por qué dices que Leo quiere estar conmigo? Él nunca ha hecho algo que me haga pensar que está interesado en mí —la mirada de Mikey lo sacó de su error, pues sabía perfectamente que si existía una ocasión en la que su hermano mayor intentó llevar las cosas más lejos. Mucho más lejos—. B-bueno, si la hay, pero tienes que admitir que parte de la culpa la tiene el alcohol.

—Claro que no —dijo el menor.

—Bien, genio, entonces dime ¿porqué rayos debo creerte que Leo estaba obsesionado conmigo, si justo hace unos días me declaró que ustedes han estado juntos desde la noche de nuestro cumpleaños numero dieciocho? Estamos a nada de que nuestro cumpleaños llegue nuevamente, lo que significa que ustedes ya tienen tiempo saliendo a escondidas de todos.

—¿Eso te dijo?

Raphael notó decepción en Mikey, pues seguramente lo que su hermano mayor le había contando sobre la manera en que su relación floreció, estaba muy lejos de ser la realidad.

—Fue la noche de nuestro último cumpleaños cuando me di cuenta de lo que Leo sentía por ti, pues él había comprado un regalo muy especial que guardó con mucha dedicación por semanas. Cuando te marchaste con Casey por la noche, Leo perdió la oportunidad de hablarte sobre lo que sentía; y lo sé porque se coló en mi habitación argumentando que simplemente quería la compañía de alguien, y esa noche dormimos abrazados, como cuando éramos pequeños y entristecía porque pensaba que no iba a lograr ser el gran maestro ninja que es hoy. Al día siguiente, tú aún no regresabas de tu juerga junto con Casey, cuando encontré un pequeño regalo envuelto, en la basura. Lo recuperé y fue por eso que supe que era un obsequio de Leo para ti. Al principio me dolió, porque desde que éramos pequeños, Leo siempre me gustó, y mucho, y pensar que él estaba más interesado en un idiota como tú…

—Cuidado con lo que dices —advirtió, amenazador.

—Lo siento, pero es la verdad; Leo se dio cuenta de que nunca le harías caso después de que llegaste gritándole a todo mundo que ya te habías estrenado con más de una mujer, y tal vez fue por eso que me permitió acercarme un poco más; necesitaba compañía, y yo estaba dispuesto a ganármelo a como diera lugar —el muchacho suspiró antes de continuar con su relato—. Yo estaba feliz; tenía toda la atención de Leo sólo para mí, pero fui tan tonto que en cuanto nuestro hermano me propuso avanzar en lo que teníamos, quise salir corriendo. Amaba a Leo con todo mi corazón, pero no me dejaba en paz saber que él y yo éramos hermanos. Lo que él me estaba pidiendo estaba mal.

—Hasta que logró convencerte —interrumpió Raphael.

Mikey asintió, despacio. Era razonable que alguien como él tuviera miedo de hacer algo que ante los valores morales con los que fueron educados, estaba mal.

Y ahora sabía perfectamente de qué era de lo que hablaba Leo aquella tarde cuando le mencionó que enamorarse era más que tener sexo e intentar persuadir a la otra persona para que haga cosas de las cuales no está muy segura.

Esa fue la primera vez en que Raphael consideró a Leo un mal hermano al imaginarlo intentar convencer a Mikey de que se convirtieran en una pareja para más tarde persuadirlo para comenzar una vida íntima, juntos.

—Leo es un pervertido —afirmó el mayor.

—No, no lo es —dijo el otro—. Él es romántico y dedicado —después de esto, Mikey sonrió y se sonrojó un poco—. Bueno, tal vez si es un poco pervertido, pero sólo durante el sexo.

Ante esto, Mikey y Raphael se vieron con complicidad y comenzaron a reír a carcajadas; después de todo era contagioso burlarse de las actitudes mundanas que incluso alguien tan recto y admirable como Leo se permitía tener.

Pero Raphael sabía que aquello era lógico; su hermano, después de todo, era un hombre en la plenitud de su vida, y sabía que si había algo que nunca salía de la mente de un macho de su edad, era la necesidad de tener encuentros amorosos con alguien sumamente atractivo. Y para alguien como Leo, cuya orientación sexual parecía estar definida hacia su mismo género, Mikey era un exquisito platillo que podía degustar cada noche con los mismos ánimos y deseos que la primera vez.

Mikey emitió un pesado y largo suspiro después de reír. Parecía que sus ánimos se habían marchado nuevamente.

—Le dije a Leo que quería terminar —dijo tristemente.

—Mikey… No —el mayor se preocupó.

—Primero necesitaba hablar contigo para estar seguro de lo que tú sentías… Pero ahora me he dado cuenta de que incluso yo estaba equivocado. Durante estos tres días he pensado mucho acerca de que mis intenciones de terminar la relación con Leo en cuanto me enteré de que realmente somos hermanos de verdad —la carita de Mikey se deformó gracias a algunas lágrimas que quisieron salir, apelmazándose en sus ojos como cristales redondos y brillantes—. Pero al estar aquí contigo, a punto de dejarte el camino libre, me di cuenta de que no puedo.

Raphael no supo que decir; todo Mikey era un completo dilema. Prácticamente le estaba diciendo que estuvo a punto de permitirle estar con Leo, pero que al final había decidido que no; no estaba dispuesto a dejarle el camino libre para que ellos estuvieran juntos.

Volteó a verlo con determinación y a Raphael se le heló la sangre sólo por tener esa mirada tan pesada sobre él.

—Quiero que te alejes de él, Raph —sentenció, dejando sin habla a su hermano mayor—. Eres mi hermano, y te quiero, pero no voy a permitir que me quites a Leo.

Raphael abrió la boca en una clara señal de haber quedado sorprendido por aquella declaración; en su mente estaba claro que no tenía palabras que pudieran hacerle frente a esa inusual declaración de guerra por parte de su hermano pequeño, hasta que escuchó una fuerte carcajada justo al otro lado de la puerta de su habitación, haciéndole saber que todo este tiempo alguien los estuvo espiando.

Mikey volteó enseguida, evidenciando su confusión al observar la puerta con total duda en su rostro. Pero Raphael en cambio corrió hasta la entrada, imaginando claramente lo estaba ocurriendo.

—¡¿Qué rayos crees que haces, Leo?! ¡¿No te han dicho que escuchar conversaciones privadas es de mala educación?!

Raphael evidenció su enojo cuando realmente comprobó que era Leonardo quien se encontraba del otro lado, y cuyas carcajadas parecían no ceder.

Leo había estado escuchándolos todo este tiempo, y lejos de parecer preocupado por las intenciones iniciales de Mikey, ahora se encontraba limpiando las lágrimas que habían escapado de sus ojos y frotaba con suavidad su adolorido estómago, producto de las interminables carcajadas.

En cuanto el hermano mayor se calmó, lo primero que notó, fue la enrojecida cara de Raphael para después concentrarse en la angustia que reflejaban los enormes ojos color cielo de Michelangelo, quien permanecía de pie al otro lado de la cama de su hermano.

Leonardo caminó hacia él, con los brazos extendidos y la esperanza de que su hermanito aceptara un abrazo; y así pasó. Mikey corrió hacia él y no tardó en rodearle el cuello con los brazos, mientras escondía su rostro en el plastrón pectoral del mayor, completamente avergonzado de que este hubiera escuchado todo lo que únicamente estaba dedicado para Raphael.

—Realmente no puedo creer que hayas puesto en su lugar a Rapha —comentó, divertido—. Pudo haberte molido a golpes, y aún así fuiste muy valiente defendiendo lo tuyo, Mikey.

Pero lejos de reclamar el que le estuviera hablando como a un niño que hace bien su tarea, el más joven de la familia comenzó a llorar sonoramente, aferrándose al pecho de su hermano como nunca antes lo había hecho.

—No quiero perderte, Leo —lo escuchó decir con un volumen de voz inusualmente bajo dado a que su rostro permanecía contra el plastrón del mayor—. Soy un egoísta por querer obligarte a estar conmigo, pero la verdad es que ya no puedo estar sin ti. Me aterra pensar que aún sientes algo por Rapha y que en cualquier momento me harás a un lado.

—Mikey, confieso que antes era molesto tenerte detrás de mí a cada segundo del día. Te me metiste por los ojos sin consideración alguna; pero hoy no puedo imaginar el dormir una sola noche sin ti. No estaría bien reprenderte por amenazar a Rapha para que se quite del camino, porque lo que has dicho es verdad; ahora te pertenezco, así que no tienes porqué disculparte.

Mikey dejó de esconder la mirada y Leo aprovechó para robarle un rápido beso en los labios, lo que hizo sonreír al más joven, mandando la preocupación muy lejos de esa guarida al saberse correspondido por lo que sentía.

—Tampoco me importa que al final de cuentas seamos hermanos de verdad; las cosas ya están hechas y no podemos dar marcha atrás, así que si tú puedes vivir con esa carga y seguir adelante, juntos, no hay nada que nos lo impida.

—¡Agh! ¡Esto es tan asquerosamente dulce! —la sonrisa de Mikey se borró instantáneamente en cuanto escuchó esto por parte de Raphael, quien seguía presente en la escena—. ¿Por qué no dejan sus dramas de novias para cuando estén a solas?

Leonardo rompió su estado armónico en cuanto escuchó la rasposa voz de su hermano quejarse, así que rápidamente le dedicó una mirada que le decía claramente «Largo de aquí, Raphael».

Por mucho que le doliera admitirlo, sabía que tenía que hacer caso, pues esa era una situación únicamente de pareja. Además de que ya había aprendido la lección a la mala y sabía que no debía seguir presente para cuando las cosas dentro de aquella habitación comenzaran a subir de temperatura.

Quiso retirarse lo más rápido posible, pero la tierna vocecita de Mikey se lo impidió.

—¡Raph! ¡Espera! —le pidió, corriendo hacia él en cuanto lo vio salir de su propia habitación—. Quiero preguntarte algo.

—Escúpelo —ordenó el molesto joven—. No tengo intenciones de quedarme más de lo necesario.

—Ahora… tu… ¿puedes comprender por qué Donnie hizo esto? ¿Crees que puedas perdonarlo?

—Mikey —habló Leo en voz apenas audible, esperando que con aquello se detuviera.

Posiblemente no era el lugar ni el momento para pedir algo como aquello.

Raphael únicamente chistó un par de veces antes de dar la vuelta para marcharse definitivamente.

—Son muchas peticiones por esta noche, ¿no crees?

Y después se marchó, dejando a ese par de tortolos para que pudieran resolver sus problemas a solas. Y más le valía a Leo abstenerse de hacerlo con Mikey sobre su cama, o sería tortuga muerta al día siguiente.

Ahora que el sueño y el cansancio lo habían abandonado después de tan intensa charla con Mikey, decidió ir a la cocina por algo para comer antes de darse a la tarea de elegir en que habitación se resignaría a dormir; en la de Leo o la de Mikey.

Pero cuando pasó por la habitación de Donatello, se encontró con que un pequeño hilo de luz se deslizaba por debajo de la puerta, evidenciando que su hermano se encontraba ahí dentro.

«Qué raro» pensó. «Creí que por nada del mundo se despegaría de ese estúpido huevo».

Una extraña sensación llenó su estómago en cuanto le vino a la mente el recuerdo de su hermano admitiendo ante todos que había tomado su ADN para engendrar a ese pequeño bebé que crecía a paso lento dentro de ese huevo de tortuga.

Caminó a toda prisa hacia el laboratorio, aprovechando que este se encontraba totalmente vacío, y frenó frente a esa incubadora que emitía un extraño pero conocido resplandor verde que iluminaban tenuemente el enorme lugar, junto con las pequeñas bombillas a su alrededor que completaban el extraño hábitat que el mismo Donatello había diseñado para la supervivencia del pequeño ser.

Estaba frente a él y aun así no lo podía creer; los últimos malditos dieciocho años creyendo que jamás sería padre, a menos que optara por una vida similar a la de Splinter, adoptando niños desamparados, para que ahora viniera Donnie y de un momento a otro lo metiera en un lio tan grande como lo era la paternidad.

Maldición; ahora comprendía perfectamente lo que Casey había sentido cuando April le dio la noticia de que su familia iba a crecer en menos de nueve meses.

En cambio él tenía unas cuantas semanas para asimilar el hecho de que iba a compartir la existencia con un pequeño ser que llevaba su misma sangre.

—Esto es una tontería —dijo, sin quitarle la vista de encima a ese diminuto y redondo huevo.

A su huevo.

Su hijo.

«Mi hijo» pensó, apretando los labios, resistiéndose a mencionar esas palabras tan llenas de significado.

—¿Rapha?

Escuchó su nombre e inmediatamente dirigió su vista a la entrada del laboratorio, encontrándose con la presencia de Donatello, envuelto en una delgada manta de lana que muchas veces vio cubrir la pequeña cama donde su hermano dormía.

Lo admitía; su hermano lucía terriblemente frágil, como si en cualquier momento pudiera quebrarse, por lo que al recorrerlo con la vista, no pudo evitar ver unas enormes marcas púrpura rodeándole el cuello cuando removió un poco la fina manta a modo que dejara de cubrirle la cabeza.

Esos apenas rasgados ojos rojizos lo observaron con súplica, y al mismo tiempo algo de confusión tras verlo ahí, haciéndole compañía al pequeño huevo de experimento.

Pero Raphael dijo nada; simplemente bufó y con pasos rápidos salió del laboratorio, sin siquiera girar su vista hacia Donatello cuando pasó junto a él para alcanzar la salida.

Se quedó un momento ahí fuera al darse cuenta que el más alto no se movió de su lugar aún y cuando siguió atento todo su trayecto hasta que se marchó. Cuando creyó que se había quedado solo, arrojó un fuerte suspiro antes de iniciar una caminata lenta hasta llegar a la silla que descansaba frente al área de incubación.

Raphael torció un poco la boca al verlo levantar la manta que quedaba suelta sobre sus piernas y tener un poco de problemas al dejarse caer sobre el acolchonado asiento. Enseguida, el muchacho acomodó un poco más la tela de lana a modo de quedar lo suficientemente cubierto para no pasar frío durante la noche, pues parecía decidido a seguir pasando los días completos velando por el bienestar de ese huevo.

«Creo que ya no tengo hambre».

Y tras esto, se adentró nuevamente al pequeño corredor que lo llevaba a las habitaciones, decidiendo inmediatamente que dormiría en la recamara de Leo, pues no quería toparse con una desagradable sorpresa entre las sabanas de Mikey en caso de que su hermanito siguiera teniendo la terrible costumbre de llevar comida y todo tipo de basura a su habitación.

Comprobó que la habitación de Leo estaba reluciente, como casi todo el tiempo, excepto por la cama, que en estos momentos se encontraba desecha. Pero eso era lógico; Leo había fingido dormir justo antes de que Mikey se escabullera por los pasillos para poder tener una tranquila charla en su habitación.

Se metió entre las suaves y pulcras sábanas, esperando conciliar el sueño antes de que otra cosa invadiera su mente, pero justo cuando sintió su cuerpo relajarse, un sonido que pudo reconocer a la perfección lo desconcentró nuevamente.

¡Ah! ¡Leo!

Abrió los ojos como platos al saber que sus hermanos estaban teniendo una noche romántica en su propia habitación.

Se levantó a toda prisa y golpeó un par de veces la pared que dividía ese lugar con su habitación con claras intenciones de interrumpir.

—¡Dejen de hacer sus cochinadas sobre mi cama! ¿Quieren que los mate?

Escuchó un par de golpes como respuesta, seguido de un —¡Cállate, Raph!— por parte de Leo, finalizando con unas cuantas risitas apenas audibles por parte de ambos.

Raphael proliferó unos cuantos insultos más antes de resignarse a volver a la cama, colocando una almohada sobre su cabeza cuando escuchó los suspiros de Mikey multiplicarse.

Aquella sería una larga noche.

Los días transcurrieron dentro de la guarida sin mucha diferencia a esa noche; Leo y Mikey guardaban las apariencias durante el día para después pasar las noches juntos, April iba cada dos o tres días a la guarida simplemente para checar el estado de salud de Donatello, y él seguía sin dirigirle la palabra a este último.

Su orgullo permanecía muy lastimado y realmente le sería difícil dar su brazo a torcer.

De igual forma, evitaba mirara ese huevo cada vez que la casualidad lo hacía pasar frente a la puerta del laboratorio y esta se encontraba abierta.

Había escuchado por parte de Michelangelo cosas como; ¿es normal que el huevo crezca tanto? ¿Qué nombre le pondrás a mi sobrino? Y, ¿Ya falta menos para que nazca?

Incluso una vez escuchó a su hermano mayor preguntar; «¿Raphael no ha venido a ver el huevo?», y tras una respuesta negativa por parte de Donatello, Mikey le había dicho a su hermano se había convertido en una madre soltera.

Algo que si se había salido de lo común era que Donatello ya no formaba parte de los entrenamientos matutinos, pues su repentina ausencia de fuerza, junto con la constante desaparición de su delgada musculatura, había alarmado considerablemente a su mentor, obligándolo a simplemente observar a sus hermanos ejercitarse durante horas para después encarnizar auténticas batallas dentro del dojo.

Pero las cosas no se detenían ahí, sino que, cada vez que tenía la mala suerte de toparse con la presencia de Donatello, era porque este iba en busca de agua para tomar el montón de píldoras y pastillas que April llevaba consigo cada vez que visitaba la guarida.

Incluso llegó a creer que algún día su hermano no aguantaría más y terminaría por colapsar, hasta que una vez escuchó a Splinter, muy preocupado, preguntarle a la chica sobre la salud de su hijo, al cual consideraba cada día más débil.

Ella dijo que con ayuda de los medicamentos, una buena alimentación y muchos cuidados, Donatello sería capaz de recuperarse en unas cuantas semanas más, por lo que dejó esa cuestión de lado, inmediatamente.

—¿Y bien? —preguntó Casey, mientras lo ayudaba a realizar su rutina de pesas con mucho más carga de lo habitual.

—¿Bien qué? —regresó la pregunta, cortante.

—Viejo, me llamas porque dices necesitar compañía; que te estás volviendo loco con el encierro, y que además no soportas a tus hermanos en estos momentos… ¿Y quieres saber a qué me refiero con esa pregunta? ¡Por favor!

—Efectivamente necesito la compañía de alguien cuerdo para no ponerme a discutir por cualquier cosa, Case —respondió, dejando las pesas en la media jaula correspondiente al equipo para tomar asiento y no tener que ver a su amigo desde aquél ángulo tan incómodo—. Te llamé para poder pasar la tarde con alguien cuya presencia disfruto y no traer a mi mente todo lo que está ocurriendo. ¿No es suficiente para ti?

—Raph —empujó a su amigo a un lado para tomar asiento sobre el banquillo viejo recubierto con esponja—, tienes mucha razón en sentir tanta presión ahora que te vas a convertir en padre. Sobre todo si en tu cabeza estaba la idea de que nunca lo serías y lo tuyo era la eterna libertad de poder hacer lo que te plazca sin una sola responsabilidad sobre tus hombros.

Raphael torció la cara en un gesto de fastidio; repentinamente imaginó a Casey siendo reemplazado por Leo en cuanto aquello comenzó a tener una fuerte peste a discurso motivador.

—Y sabes que te lo digo por experiencia —continuó el joven humano—. En realidad aún no me hago a la idea de que voy a tener un hijo, pero April está feliz, así que haré mi mayor esfuerzo para ser el mejor padre para ese niño. Él no tiene la culpa de que yo haya sido un idiota que pudo haber arruinado lo mejor que me ha pasado hasta ahora.

"Él no tiene la culpa".

Aquellas palabras resonaron más de un par de veces dentro de su cabeza, apartándolo de la realidad en una pequeña burbuja que lo dejó cavilando seriamente la situación.

Maldita sea, Casey tenía toda la jodida razón; no tenía motivos para despreciar la existencia de ese niño porque él no había pedido venir a este mundo bajo estas circunstancias, al igual que el futuro hijo de su mejor amigo; pero es que no sabía cómo actuar o qué decir ante lo que Donatello estaba haciendo, o más bien, había hecho sin su permiso.

—Dime, Case —habló finalmente, clavando aquellos ojos claros en el suelo de cemento bajo sus pies—; ¿crees que es normal tener un hijo con tu propio hermano?

—Es extraño, lo admito —prosiguió Casey—. Pero allá arriba es más común de lo que te imaginas.

Una pequeña risita involuntaria y el chico calló al escuchar a Raphael decir que hablaba enserio.

—¡Estoy hablando con seriedad! —declaró, insistiendo en que sus palabras eran verdaderas tras levantar la voz, un poco más—. ¡Ni te imaginas los casos de primos, hermanos, e incluso padres e hijos que se han vuelto pareja y tenido descendencia. Aunque claro, es completamente ilegal en este país. En la mayoría, realmente.

—Eres asqueroso —dijo Raphael con cierto asco en sus facciones.

—No, yo no soy el asqueroso —se defendió—. El mundo lo es; simplemente soy quien te lo está mencionando. Además de permanecer completamente neutral ante ese tipo de temas, creo que existen peores cosas en este mundo, Rapha, como perder a tu familia, por ejemplo. O no tener la dicha de conocer a un hijo que ya llegó a esta vida pero que aún no nace, y tú lo estás tomando como si fuera el fin del mundo —suspiró—. Todos hemos perdonado a Donnie por lo que hizo, incluso Splinter y fuiste testigo de ello. Sólo faltas tú, pero es razonable que este asunto le esté dando tantas vueltas a tu cabeza porque eres el único de todos nosotros que está directamente involucrado.

—No es fácil, Casey —interrumpió.

—Lo sé, amigo —suavizó su voz, intentando sonar comprensivo—. Es por eso que estoy aquí, apoyándote, y asegurándote que si tu aún no estás convencido de estar ahí, al lado de esa tortuguita, nosotros si lo estaremos. Así te daremos el tiempo suficiente para que pienses bien las cosas. Pero debes saber que todo en este mundo tiene su límite, y si te tardas más de lo necesario, puedes quedar fuera del juego sólo para ver desde lejos como ese niño se cría sin la presencia de uno de sus padres.

—Splinter pudo, y con cuatro en lugar de uno —le recordó, haciéndole ver que esas amenazas no funcionaban contra él.

Casey prefirió callar ante esta respuesta tan egoísta por parte de su mejor amigo, sin saber que la mente de Raphael no podía creer lo que había escapado tan abruptamente de sus labios.

Seguramente su amigo estaba comenzando a considerarlo un ser despreciable, pero él seguía sin estar seguro de cómo actuar frente a esta situación; como se lo había demostrado a sí mismo hace unos segundos.

—Tienes razón, Raph. Disculpa —incluso Casey no sabía que decir en esos momentos—. Creo que lo mejor será dejar el tema por la paz. ¿No crees?

Raphael apretó los labios, sintiendo como su sangre hervía en segundos; tenía todas las intenciones de disculparse con su amigo por mostrarle su peor faceta, pero el sonido de unos suaves golpes sobre la puerta de su habitación sacaron a ambos chicos de sus penosos dilemas internos.

El dueño de la habitación se levantó inmediatamente, sintiendo a su amigo hacer lo mismo y caminar tras él rumbo a la entrada, sintiendo molestia cuando quedó de pie a sus espaldas, a modo de barrera cuando vio que quien llamaba era el mismo Donatello.

El pecho de Raphael se alteró un poco al ver el cuerpo enjuto y un tanto encorvado de su hermano frente a él, observando esos ojos cansados y ojerosos que incomodaban a cualquiera.

—Oh, lo siento —se disculpó el menor, respirando pesadamente—. No sabía que tú también habías venido, Casey. Creo que volveré más tarde.

Raphael quiso responderle que mejor lo hiciera nunca, pero la alegre voz de su amigo tras él no lo dejó expresarse como debía.

—Descuida, Don —dijo el joven—. ¡Cielos! ¡Qué mal te ves!

—Vaya, eso dolió menos que lo que dijo April; "¡Santo cielo, Donnie! Luces realmente mal" —sobre actuó, arrancando una ligera risita por parte de del chico humano.

—¿Qué quieres? —preguntó Raphael, aparentemente impaciente porque su hermano se marchara de ahí.

—Quería hablar contigo, pero…

—Yo no —lo interrumpió, cortante.

Casey vio, a través de aquellos ojos, el corazón de Donatello desquebrajarse un poco más ante la no tan sutil manera de su amigo de expresar un evidente "vete al carajo", pero antes de que aquella puerta se cerrara en la cara del menor, la serena voz de Splinter los interrumpió.

—Raphael. Donatello; hijos míos, quiero verlos en el dojo en cinco minutos. Hay algo de lo que necesito hablarles.

—Pero sensei…

—Es una orden, Raphael —dijo el anciano, ante la posible negativa de su hijo, dirigiendo sus palabras al único humano presente tras ver a su hijo resignado—. Y usted, señor Jones, siéntase cómodo de andar libremente por la guarida, después de todo, este ha sido y seguirá siendo su hogar.

—Gracias, maestro. ¿Puede decirme donde están los demás?

—April está con Mikey en la cocina —se apresuró a decir el más joven ahí presente—. Después del chequeo médico dijo que aprendería a cocinar unas galletas que según son tus favoritas.

—Y Leonardo está en el laboratorio —prosiguió Splinter, para complementar la información—. Michelangelo lo obligó a que leyera un poco para mi nieto.

Casey dejó ver una risita nerviosa ante lo radiante que lucía el hombre rata al hablar de ese niño; vaya que se había contagiado de la felicidad que trae consigo el nacimiento de un pequeño ser dentro de la familia.

Agradeció la información antes de marcharse para dejar a la familia a solas.

—Sensei, ¿no podemos hablar tú y yo a solas? —preguntó Rapha, evitando a toda costa mirar a su hermano.

—No —insistió, tomando la mano de Donatello para caminar juntos hasta el dojo—. Ambos deben estar presentes. Además, mañana finaliza tu castigo, y no quiero complicar las cosas, pues sé a la perfección que no te veremos aquí tan seguido por las noches cuando eso ocurra.

Aquella fue la última palabra de su padre antes de darle la espalda, caminando con la paciencia del mundo para estar a la par de Donatello.

—Cinco minutos, Raphael.

Advirtió, antes de que la puerta de la habitación se cerrara con fuerza gracias al enojo contenido dentro del rudo ninja.

Vio a su padre acomodar una acolchada manta en el suelo del dojo y ayudar a Donatello sentarse a su lado, por lo que rodó los ojos con fastidio; Donatello sólo estaba débil, no desahuciado. La misma April lo había dicho.

Se le quedó viendo a su hermano cuando este, movió con delicadeza las manos sobre sus regazos, sacudiendo el polvo, sin darse cuenta de que tenía toda la atención de su hermano sobre él.

Raphael no pudo evitar pasar su vista de ese movimiento tan sutil de sus manos, a esos muslos descoloridos y delgados, cuya piel mantenía algunas manchas púrpura, muy similares a moretones pequeños, apenas visibles cuando le ponías atención.

Aquello era una verdadera lástima; su hermano tenía unas piernas muy llamativas. Comúnmente flacuchas, pero eso no le quitaba que fueran sexis y suaves al tacto, pues recodaba perfectamente las veces que su mano llegaba a colarse hasta ahí abajo cada vez que llegaban a los besos que inevitablemente terminaban volviéndose intensos y apasionados.

Reaccionó cuando, después de unos segundos, notó que Donatello lo miraba, confundido, pues se supo el centro de atención cuando esos ojos no se despegaban de sus delgadas piernas. Estaba ligeramente sonrojado y lo miraba con un poco de esperanza en sus oscuros ojos rojizos.

—¡Ehem! —carraspeó el anciano, recordándole a los otros dos que ahí seguía—. ¿Puedo tener su atención ahora?

Donatello pareció totalmente mareado ante esta extraña escena mientras Raphael simplemente concentró su atención en su padre, quien en estos momentos concentraba su mirada en ambos hijos, por pequeños lapsos.

—Ahora que ya tengo su atención, ¿podrían decirme por qué no están trabajando juntos para sacar adelante a ese huevo que se supone que es hijo de ambos? —preguntó, observando el semblante triste en Donatello y a su hijo mayor evidentemente molesto ante tal cuestionamiento—. Ustedes necesitan trabajar en equipo para sacar adelante a esa pequeña criatura que estará a su cargo por el resto de su existencia. He permitido que los días pasen para que el encuentro que tuvieron ante la familia completa se enfriara un poco, pero ambos deben madurar y enfrentar esto como los adultos que son.

—¿Cómo adultos? —levantó la voz el hermano mayor—. ¿Porqué no se lo dejó un poco más claro a Donatello antes de que tomara mi ADN y se pusiera a hacer experimentos de química con él? ¡Todo se ha vuelto tan demente! ¡Incluso he dejado de comprender cómo es que usted no se encuentra ni un poco molesto con todo esto! ¡Al contrario! ¡Parece celebrar el que a Donatello le diera por jugar al científico loco! Creando bebés a lo tonto.

—¡Raphael! —lo interrumpió el padre, costándole trabajo asimilar lo que salía por la boca de su hijo mayor—. A pesar de que los días han pasado, pareces seguir con la cabeza caliente y tu ira no te deja ver lo que estás haciendo a un lado.

—Por favor no me venga con eso —continuó Raphael, ahora con la voz más calmada que antes—. Acabo de recibir una charla sobre "como ser un buen padre" por parte de Casey y créame, no querrá saber lo que le contesté.

Splinter suspiró pesadamente al mismo tiempo en que Donatello parecía cada vez más atento al suelo del dojo, apretando los labios ante la ignorancia de no saber cómo actuar.

—Entonces… El bebé tiene la culpa, ¿cierto? —preguntó Splinter, provocándolo.

—Por supuesto que no —rectificó—. Pero sí será el más afectado de todos; ¡va a nacer en un ambiente donde toda su familia somos unas tortugas mutantes y un nombre rata que nos enseña ninjutsu! Estas alcantarillas serán el único mundo que conocerá y tendrá el mismo destino que todos nosotros; vivir en soledad, sin un compañero con quien compartir su vida. Y a menos que sea tan inteligente como Donnie, será incapaz de tener su propia familia…

—Ya veo. La razón por la que estás molesto, es porque precisamente será un hijo tuyo quien venga a este mundo a "sufrir" las necesidades por las que tú has pasado, ¿cierto?

—Sensei, ¿realmente crees que algunas veces no quisiera ser como mi amigo Casey? ¿Que no deseo tener un departamento donde vivir con una chica linda? Tener un trabajo; una vida normal.

—Estás buscando la felicidad en donde no siempre podrás encontrarla, hijo —comenzó Splinter, intentando que su hijo entrara en razón por una vez en su vida—. Donatello ha logrado ver más allá de la superficialidad, decidiendo que su razón para vivir se encontraba en una familia propia, y así como sacrificó su propio bienestar físico con tal de llegar a su meta, estoy seguro que también lo dará todo de sí para que ese niño crezca rodeado de felicidad y paz, que es lo único que importa. Y te lo digo yo; viví muchos años allá arriba sólo para darme cuenta de que mi paz interior estaba aquí, con ustedes, adoptando el rol de padre de cuatro niños cuyo único objetivo era jugar y vivir. Vivir uno en compañía de los demás.

Tras esto, Raphael prefirió no continuar con sus reclamos, pues su padre tenía un importante punto a tomar en cuenta, pues aún y cuando su infancia se llevó a cabo dentro de esas horribles alcantarillas, siempre tuvo la compañía de sus hermanos, con quienes jugaba y entrenaba a diario, como lo ha seguido haciendo hasta el día de hoy.

El viejo hombre se levantó, haciendo una clara señal de que no lo imitaran.

—Ahora que el motivo de tu molestia ha quedado claro, lo mejor será dejarlos a solas; soy su padre, y puedo ver claramente que ustedes están molestos el uno con el otro por una razón que aparentemente no desean revelar a nadie más, así que se quedarán aquí hasta que hayan hablado seriamente de lo que ocurrirá en el futuro. Ese bebé los necesita, y si tú no superas tu rabia —mencionó, observando directamente a Raphael para después desviarse con Donatello—, y tú no mejoras tu estado de salud, llegará a este mundo sin una familia solida en la cual apoyarse. Nosotros también seremos parte de su familia, es verdad, pero ustedes serán sus padres, y para un pequeño niño eso es invaluable.

Ambos vieron a Splinter salir por la puerta corrediza del dojo después de despedirse con amabilidad y mucha, pero mucha paciencia.

—Raph —tomó la palabra Donatello, con voz temblorosa que no supo si era por las emociones que guardaba o por su debilitado cuerpo—, por favor perdóname. No debí obligarte a hacer las cosas con engaños, pero te prometo que mis intenciones eran decirte lo que estaba ocurriendo.

Raphael cayó un momento, escuchando la agitada respiración del otro, empeorar conforme el tiempo transcurría.

—¿Y por qué no lo hiciste? ¿Por qué no te detuviste y me hiciste creer hasta el final que quien había iniciado todo era yo? —preguntó.

—Mi único objetivo desde un principio era convencerte de que hicieras este experimento junto conmigo, pero conforme pasaba el tiempo, iba quedando cada vez más cautivado por tu forma de tratarme y conquistarme para que siguiera saliendo contigo.

—¿De qué hablas? Todas las citas fueron un completo desastre, y ni siquiera pudimos esperarnos a llegar a la noche romántica como se suponía, iba a ser. Absolutamente todo salió mal.

—Eso no es verdad —declaró el menor—. Todo fue muy divertido porque al final de cuentas éramos nosotros mismos haciendo las cosas como cada uno de nosotros sabe hacerlas, y es por eso que para mí esos días van a ser inolvidables.

—Yo no sé qué decir ante eso, Donnie. Sigo muy molesto a causa de las mentiras y no creo poder aclarar la mente con una simple plática; esforzarme para hacerte feliz a causa de algo que creí cierto. Aquél inexplicable deseo que repentinamente nació tanto por estar contigo como con nuestro hermano…

Ante estas palabras, la angustia se apoderó de Donatello, quien repentinamente había comenzado a sentirse un poco mal; y con esto quería decir más claramente que se trataba de algo mucho peor a lo que durante los últimos días ya se había acostumbrado.

—¿Sabes? —preguntó el mayor, observando como un ataque de tos se apoderaba de Donatello—. Creo que no estoy listo para hablar de esto y tú no pareces sentirte muy bien, así que le diré a Splinter que la charla se termina por hoy.

—No Raphael, por favor no te vayas. Aún necesito decirte muchas cosas.

—Se acabó por hoy, Donnie.

Escuchó a su hermano insistir en que regresara, que tenían cosas muy importantes de las cuales hablar, pero Raphael decidió no hacerle caso por las dos razones que ya había expuesto anteriormente; Donatello parecía que de verdad necesitaba un descanso con urgencia, y la otra era porque aún no se sentía listo para perdonar.

Tal vez más adelante sería posible; pero por hoy, prefería seguir viviendo con la molestia presente hacia su hermano

—Raph, por favor vuelve —escuchó rogar a Donatello.

—Lo haré en cuanto le diga a Splinter —fue su única respuesta.

Escuchó aquella tos que no parecía querer desaparecer, hasta que se dio cuenta que algo estaba pasando tras poner un poco más de atención a la ultima suplica de su hermano.

—Raph… Ayuda…

Y tras esto, escuchó un golpe hueco que lo hizo girar su mirada hacia el lugar que ocupaba su hermano dentro del dojo, encontrándose con la terrible escena de Donatello tendido sobre el suelo, con la respiración más pesada y arrítmica que había visto en él desde que enfermó.

—¡Donnie! —corrió hacia él, intentando removerlo un poco en su lugar, pero fue inútil.

Donatello no respondía a su llamado.

Vio a Splinter llegar, atraído por el último grito que Raphael dejó escapar, y su rostro fue de asombro al ver que Raphael se encontraba de rodillas en el suelo del dojo, sosteniendo entre sus brazos el cuerpo de su hermano para intentar hacerlo volver en sí.

—¡Sensei! ¡Vaya por April! ¡Rápido!

Splinter obedeció, corriendo hacia la cocina lo más que sus viejos y cansados pies le permitieron.

…continuará.

Este capítulo tiene una revisión rápida, pero como sé que tal vez no sea suficiente, son bienvenidos los mensajes advirtiendo mis errores ortográficos.

¿Qué les pareció lo que Mikey tenía qué decirle a Raph?

Por favor no olviden comentar sobre lo que les ha parecido este nuevo capítulo y por último les agradezco infinitamente su paciencia, por permanecer ahí para esta historia.

Los ama:

Miss GRavedad.