¡Finalmente! (celebrando). Tengo la inmensa felicidad de traer par ustedes uno de mis capítulos favoritos dentro de esta historia; ya se irán dando cuenta de las diversas razones que tengo para decir esto.

Advertencias: este capítulo no tiene contenido sexual fuerte pero si mucho drama y escenas que posiblemente los mareen un poco, por lo que sugiero que lean con la mentalidad de que pueden salir sin uñas de aquí (guiño). Es broma; pero si tiene mucho drama, ya saben, mi firma personal.

Esta vez tengo algunos agradecimientos muy, pero muy específicos gracias a la gran ayuda que recibí de ciertas personitas para que esto fuera posible; ¡Chonik! ¡Mi formidable y maravillosa colega! Toma este capítulo como tuyo gracias a la ayuda que me brindaste y que seguramente todos gozaran en cuanto revele al final del capítulo de qué se trata.

¡Al igual que la bella Akane Hitomi! ¡Mereces los créditos correspondientes que ya explicaré al final!

Como segunda advertencia, aviso que se encontraran con personajes nuevos que espero sean de su total agrado, pues aportarán gran importancia a la trama a partir de ahora.

Sin más, por favor lean este, más o menos, largo capítulo. Y por favor no olviden tomarse el tiempo de leer las notas finales; Chonik y yo les tenemos una linda sorpresa.

Capítulo 9: Ojos verdes.

Leo… ¿sabes de una persona que tenga la misma mente brillante que Donatello, y… que sepa de su existencia?

Escuchó al otro lado de la cortina el incesable sonido que su hermano hacía al toser; pero eso era nada comparado con el ataque que había tenido momentos antes en el dojo.

Cuando vio a su padre salir de la habitación de entrenamiento, sintió que se estaba tardando horas, por lo que decidió no esperar más y llevar en brazos a su hermano hasta la enfermería, que no era más que un pequeño cubículo formado por unas cortinas plásticas dentro del laboratorio de Donatello donde tenía el equipo necesario para curar los raspones y aliviar el dolor de cabeza de la familia; además de unas cuantos accesorios más que en su vida imaginaría cual era su verdadero uso. Realmente no necesitaba saberlo, su hermanito genio era el único responsable de todo eso.

Y ahora, era precisamente él quien necesitaba ese tipo de ayuda, haciéndolo sentir totalmente ignorante e inútil al saberse imposibilitado para aliviar cualquier cosa que lo mantenía en ese estado; desde hace días.

Lo removió un poco para poder levantarlo del suelo de madera, pero palideció ante un pequeño detalle del que apenas se había dado cuenta; Donatello había adquirido un color morado, mientras sus labios parecían secos y poco a poco y nada saludable color blanco los revestía.

Puso una mano sobre su boca y su nariz, dándose cuenta inmediatamente que su hermano no estaba respirando.

Rápidamente lo recostó boca arriba, obstruyó su nariz y con su otra mano le abrió los labios para comenzar a darle respiración de boca a boca.

¡Rayos! —maldijo la situación, pues aquello parecía no estar funcionando.

En un arranque de desesperación recordó que el mismo Donatello les había mostrado una vez un ejercicio para reanimar personas asfixiadas, por lo que comenzó con los masajes en el plastrón pectoral para después presionarlo paulatinamente.

Pero su hermano seguía sin responder.

¡Maldita sea, Donatello! ¡REACCIONA!

Comenzó con un nuevo forcejeo contra su pecho después de intentar unos segundos más el traerlo de vuelta con respiración boca a boca, pero justo en ese momento llegaron los demás.

Estuvo a nada de reclamar "¿Dónde diablos estaban? ¿Bebiendo té y comiendo galletitas?", cuando la chica se arrodilló junto a él para revisar a su amigo.

Raph, ¿qué ocurre? —preguntó ella, viendo al ninja masajear el pecho de Donatello con sus grandes manos.

N-no respira, April. ¡No está respirando!

La chica lo hizo a un lado argumentando que intentaría algo diferente, pidiéndole que echara la cabeza de Donatello hacia atrás mientras ella juntaba sus pequeñas manos y hacía presión sobre el plastrón pectoral con una de sus palmas.

Raphael no se limitó a observar y prosiguió con la respiración artificial para su hermano, escuchando de fondo los gemidos nerviosos de Michelangelo al presenciar lo que estaba ocurriendo.

Repentinamente, Raphael sintió la vida regresar a su alma cuando los brazos de Donatello se movieron, como intentando tomar algo invisible mientras se hacía de una gran bocanada de aire al inmediatamente separase de él.

¡Donnie! —se escuchó decir a la chica, a quien pareció querer ganarle el llanto en cualquier momento.

Inconscientemente, Raphael la hizo a un lado para levantar a su hermano del suelo, tomándolo en sus brazos para aferrarse a él como nunca antes lo había hecho, sintiéndose aliviado de escuchar la tenue y agitada respiración de su hermano en su oído, como tratando de encontrar algo que le dijera lo que estaba ocurriendo.

Raph… Está bien —escuchó decir a Leo, intentando disipar su miedo—. Donnie está fuera de peligro.

Pero no se movió; permaneció ahí, sosteniendo entre sus brazos el debilitado cuerpo de su hermano menor, el cual se encontraba mucho más apacible en estos momentos.

¿R-Raphie? —suspiró, sintiendo el calor calcinador de aquellos fuertes brazos envolverlo—. Tengo frío.

Raphael sonrió, aliviado; escuchar aquella voz lo calmaba momentáneamente.

Se separó de él en cuanto April le pidió a Casey que lo llevara a la enfermería para hacerle un nuevo chequeo médico, por lo que inmediatamente decidió seguirlo, despacio; sus piernas temblaban y su corazón latía muy rápido.

Observó a los demás ir tras Casey y April, especialmente a su padre, a quien lograba ver que acariciaba con cariño una pequeña cabecita que se asomaba por entre los brazos de Casey al verlo caminar de espaldas a la salida del dojo.

En ese momento, la amable mano de Leo sobre sus hombros arrebató toda su atención.

Gracias por ayudarlo.

Su líder parecía satisfecho con lo sucedido mientras ellos no estaban. Como si realmente existiera la posibilidad de que no intentara algo para salvarle la vida.

"Salvarle la vida".

Aquella frase resonó en su mente tantas veces simplemente al saber lo que ocultaba ante la vista de todos; realmente su hermano estuvo a punto de no sobrevivir si no intervenían por él. Su vida corrió peligro y tenía miedo de que aquella no fuera la única vez que se diera dicho acontecimiento.

Volvió a la realidad cuando escuchó que ya no había ruido; la tos de Donatello se había ido y ahora todo yacía en silencio. Tanto él como Leo, quienes permanecían fuera de la enfermería junto con Casey y Mikey, se observaron con preocupación; el silencio era mucho más inquietante que el escandaloso malestar de su hermano.

—Creo que… iré a decirle a Rubí que su mamá está bien. Debe estar preocupada —dijo Mikey, intentando animarse un poco ante la espera.

Los tres chicos restantes se le quedaron viendo; ¿habían escuchado bien?

—¿Rubí? ¿Quién es Rubí? —preguntó Leo, temiendo la respuesta.

—Así le puse al bebé —dijo Mikey, con cierta felicidad en sus palabras—. Como será hijo de Donatello, seguramente sacará sus ojos, los cuales son de ese color. ¿No es perfecto?

—No Mikey —respondió Leo, bajándolo de su nube—. Ese bebé es casi un clon de Donnie, por lo que es seguro en un cien por ciento que será un varón. No le puedes poner un nombre de mujer a un niño.

—¡No le puedes poner nombre a mi bebé! ¡No es un maldito artilugio inventado por Donatello! ¡Es mi hijo! ¿Quién te crees que eres? —explotó Raphael, dándole una fuerte palmada en la frente.

Sus dos hermanos y Casey lo observaron con la boca abierta, anonadados; esta vez se había dado cuenta muy tarde de lo que había salido de su boca ante el apuro de callar a su hermanito menor.

—C-creí que era un huevo tonto —mencionó Leo, realmente no sabiendo que tipo de expresión plasmar en su rostro.

Raphael enrojeció más de la cuenta; esas tres miradas estaban totalmente concentradas en él y en cada una de sus posibles reacciones.

—¡Lo es! —se defendió—. Pero… ¡Tú sabes! No voy a permitir que Mikey le ponga nombre… Eso es sólo derecho de Donnie.

—Y tuyo —recalcó Casey, posando su mano en uno de los hombros de Rapha—. También vas a ser su padre, amigo. Si Don no puede…

Desde que Casey había comenzado sus palabras, Raphael tenía todas las intenciones de callarlo, pero conforme dijo aquello ultimo… Su estomago se contrajo con violencia al pensar seriamente en las palabras de Casey, pues no se alejaba mucho de sus pensamientos momentos antes, cuando Donatello no paraba de toser mientras April seguía con el chequeo medico.

—O-oigan, chicos yo me refiero a que… posiblemente Donnie tenga que descansar mucho y al huevo no le queda tanto tiempo para que eclosione y… —quiso enmendarse, Casey—… Lo siento.

Se había disculpado gracias al rostro de preocupación que apareció en Mikey, mientras Raphael casi arroja el estómago por la garganta ante el pensamiento de que algo peor ocurriera y que incluso Casey pudiera notarlo.

Inmediatamente, Leo se dispuso a distraerlos:

—Casey tiene razón; el huevo ya tiene dos semanas en incubación. Además, Donnie dijo que está creciendo tan rápido, que posiblemente no llegue a los dos meses de edad antes de que eclosione.

—Lo que significa que le quedan máximo seis semanas más —dijo Mikey, ilusionado.

«¡¿Qué?! ¿Tan poco tiempo?», pensó Raphael, temiendo por la repentina libertad que parecía marcharse de su lado sin consideración, pues si Donatello no se reponía de esta crisis…

Justo en el momento en que Mikey tomó tu Tphone y pareció perderse en él, April salió de entre las altas cortinas de plástico y se dirigió rápidamente a los chicos. Lo malo era que por su rostro preocupado, no parecían avecinarse buenas noticias.

—¿Cómo está? —preguntó Leo, quitándole a Raphael todas las intenciones de formularla también.

La chica suspiró, mostrando una débil sonrisa forzada.

—Por ahora el peligro pasó —soltó por fin.

—¿Peligro? ¿De qué peligro hablas? ¿Qué rayos significó eso? —preguntó Raph, intentando no mostrarse desesperado.

—Es evidente que algo le está pasando, chicos —dijo ella, atrayendo la mirada de todos, incluso de Mikey, quien por un momento pareció muy lejos de ahí—. Irónicamente, mientras que el huevo parece fortalecerse con el paso de los días, Donnie tiene mucho menos energía para seguir de pie. Me sorprende que haya podido andar por la casa sin derrumbarse antes.

—Entonces cúralo —soltó Raphael, casi como si se tratara de una orden—. Él te preparó para que te hicieras cargo si la situación con ese experimento se salía de control. Ahora te necesita; medícalo o inyéctalo, pero haz que vuelva a ser el de antes.

—No es tan fácil, Raph —se lamentó ella—. Efectivamente Donnie me preparó para poder enfrentar la situación con el huevo en caso de que fuera necesario, pero… jamás imaginé que su salud se vería afectada de esta manera. Él necesita de alguien que sepa lo que hace y pueda diagnosticar lo que está ocurriéndole.

—Antes de que Splinter llegara… ¿Fue por eso que me preguntaste si conocía a alguien más que tuviera un cerebro similar a Donnie y en quien pudiéramos confiar? —preguntó el hermano mayor.

April asintió; ahora todos parecían saber hacia dónde se dirigían las palabras de la chica pelirroja.

—Necesitamos de alguien que pueda saber con exactitud lo que está ocurriéndole a Donnie. De lo contrario, él jamás se va a recuperar.

Los tres hermanos se observaron mutuamente, como intentando preguntarse entre ellos qué era lo que podían hacer para lograr que alguien tan inteligente como Donnie pudiera ayudarles sin tener que obligarlo a guardar su evidente secreto, pero fue precisamente Leo quien rompió el momento, tomando su Tphone de su cinturón y buscando directamente en su agenda personal.

—Conozco a la persona indicada para esto —dijo el joven líder—. Pero tú y Casey deberán ir por ella y traerla aquí, pues suele estar en lugares muy concurridos.

Los dos humanos dentro de la guarida asintieron; cualquier cosa estaba bien con tal de poder contactar a la persona correcta para ayudar a Donatello.

April había dejado claras instrucciones de que Donnie no dejara la cama por ningún motivo, y aunque aquella orden estuvo a punto de ser quebrantada gracias a la insistencia del joven científico por regresar al lado de su pequeño huevo, Leo, quien lo mantenía estrictamente vigilado, lo obligó a volver a la cama.

—No necesito estar en mi habitación, Leo —suplicó el más joven—. Mi bebé me necesita; debo ir al laboratorio.

Raphael, quien permanecía en una silla junto a la puerta de la habitación de Donatello, escuchó claramente esas palabras, las cuales, incluso parecían hacer daño a su hermano al pronunciarlas de aquella manera.

"Mi bebé me necesita".

«Mi bebé», sonrió Raph con desdén; él había pronunciado exactamente esas palabras al reclamarle a Mikey el haberle puesto nombre a su pequeño huevo, reaccionando mucho peor de lo que realmente deseaba mostrarle a los demás.

—No es necesario estar pegado a esa cosa a cada hora del día; necesitas descansar, así que vuelve a la cama.

Todo se había quedado en silencio en cuanto Raphael pronunció estas palabras, pues la batalla en voz baja y minúsculos empujones que se había formado entre sus hermanos se había detenido abruptamente.

Donatello lo miró desorientado, tal parece que, ante su enfrascada discusión con Leo por salir de su habitación, ni siquiera se había dado cuenta que ahí estaba, por lo que pareció ser una completa sorpresa para él.

—Claro que es mi deber el monitorear constantemente ese huevo; es mi hijo. Mi responsabilidad, en cualquier momento podría…

—Ya calma esa cabecita loca —lo interrumpió, notando que incluso parecía sufrir al no poder escapar del apretón de manos que Leo ejercía sobre él—. Mikey y el sensei están en el laboratorio, vigilándolo. Ellos se encargarán de llamarte en caso de que algo extraño ocurra.

El jovencito sintió las manos de Leonardo apretarse un poco más sobre las propias, observando en la mirada azul de su hermano esa pequeña suplica para que volviera a la cama a tomar el descanso que merecía.

En cuanto subió a esta, el mayor lo arropó, acomodando un montón de almohadas a sus espaldas para su comodidad y cubriendo sus largas piernas para evitar que el frio lo invadiera.

—Gracias, Leo —dijo en voz baja y una pequeña sonrisa que parecía un tanto forzada.

El joven líder sabía que lo único que Donnie tenía en la mente era ese pequeño huevo que permanecía en el laboratorio; y era lógico, no lo culpaba por ello, pero también debería estar consiente que su salud era igual de importante para todos.

—Ya que Leo se está portando tan amable —hablo finalmente Raphael, atrayendo especialmente la atención de Donatello—, ¿por qué no le pides que te prepare algo de comer? Necesitas agarrar fuerzas.

—No tengo hambre —dijo, sin remordimiento.

—Está bien, Donnie —se excusó Leo—; no me molesta. Y de verdad necesitas comer algo. April nos dejó muy claro que debes alimentarte bien para que puedas recuperarte. Así que no tardo.

Y palmeando una última vez la almohada mas esponjada tras Donatello, Leonardo emprendió el paso a la salida de aquella habitación no sin antes echarle un fugaz vistazo a su otro hermano, pues sabía perfectamente que sus intenciones eran quedarse a solas con el más joven.

Así que, lo último que Leo vio antes de marcharse, fue el rostro preocupado de Donnie, pues aparentemente lo inquietaba el hecho de permanecer a solas con Raphael.

Pero estaba bien; presentía que su hermano de rojo no tenía la más mínima intención de continuar reclamando a Donnie por lo que había hecho. Estaba seguro que algo bueno resultaría al final.

Desde su cama, Donatello observó hasta el último segundo de la salida de su hermano mayor, hasta que la puerta se cerró definitivamente y no supo a dónde dirigir la mirada; estaba nervioso. Hasta hace unas horas lo que más deseaba era hablar a solas con Raphael y que este se enterara de todo lo que pasaba por su mente. Pero ahora sólo deseaba estar al lado de su bebé y aprovechar todo el tiempo posible a su lado, pues sinceramente no creía poder soportar un nuevo rechazo por parte de su rudo hermano y hasta hace poco, amante.

Escuchó los pasos de Raphael acercarse de a poco, por lo que su primera reacción fue agachar la mirada mientras observaba sus propias manos moverse con nerviosismo; no quería enfrentarlo. No quería ver nuevamente su mirada de desprecio por lo que había hecho.

Siguió pensando en eso hasta que sintió una mano cálida descansar en su cabeza, invitándolo a observar hacia arriba para encontrarse con aquella mirada verde que inconscientemente le estaba pidiendo tantas explicaciones, y al mismo tiempo sólo deseaba contemplarlo; comprobar una y otra vez que seguía ahí, y que ese terrible episodio de aquella tarde había quedado en el olvido.

Entonces permaneció así, observando esos ojos brillantes y vivos que tanto adoraba, intentando transmitirle a través de su color escarlata todo lo que guardaba dentro.

Pero no debía; no cuando sabía perfectamente aquello que Raphael NO sentía por él.

—Lo siento —Raphael rompió el silencio, escuchando un ligero gimoteo de impresión por parte del menor—. April dijo que tuviste un ataque respiratorio, y que una de las causas seguras había sido una noticia muy fuerte, así que… creo que al final todo esto fue mi culpa.

Pero Donatello no pudo responder, pues sabía perfectamente que todo era verdad; había sido muy impactante para él que Raphael le dijera así de directo el deseo que aparentemente aún tenía hacia Leonardo, y dado que desde hace unos días este ultimo y Mikey parecían actuar un poco extraños uno con el otro, lo primero que se le vino a la mente fue que estos dos estaban próximos a disolver su relación, lo cual daba paso a que sus dos hermanos mayores pudieran estar juntos finalmente.

Nunca había tenido las cosas tan claras en su cabeza hasta esa tarde; y claro que tuvo miedo. Un miedo claramente injustificado puesto que Raphael nunca le pertenecería tal y como en estos momentos, aún y cuando este no parecía darse cuenta, él le pertenecía a Rapha.

—Realmente no estoy seguro si lo que te afectó fue que no quise darte oportunidad de explicarte o mi tonto deseo de no poder perdonarte —prosiguió Raphael—. Pero necesito… más bien necesitamos que te olvides de eso por ahora. Así que, hablemos de una vez qué es lo que te preocupa, y así de esa forma podrá quedar en el pasado de una vez por todas.

Donatello vio a su hermano tomar una silla, acomodándola a un lado de la cama para estar más a gusto; era como si se estuviera preparando para una larga charla. Tenían todo el tiempo del mundo, así que tenía el derecho de pensar aquello.

—¿De qué querías hablar, Donnie? ¿Qué era aquello que tan desesperadamente querías decirme que no podía esperar?

Pero no pudo responder; no cuando la respuesta era obvia para él, pero aparentemente complicada de deducir por parte de Raphael.

—Dilo —lo animó—. Prometo intentar comprender lo que está pasando por tu cabeza. Pero no puedo si no lo dices.

—Creo que a este nivel ya no es necesario —finalmente respondió—. He logrado ver con un poco más de claridad todo lo que está ocurriendo, y dado que todas esas hormonas que he metido a mi sistema están afectando no solo mi cuerpo, si no también mi mente, podría ser posible que en cuanto me recupere por completo deje de pensar en que posiblemente tu yo podemos llegar a ser una linda pareja de marido y mujer, disfrutando la vida con un niño pequeño que los haga formar una verdadera familia.

Raphael lo miró con un poco de terror reflejado en su rostro en cuanto escuchó estas palabras; ¿qué rayos había dicho?

—Espera Donnie… ¿qué? —restregó una mano contra su rostro; quería tenerle paciencia… pero aquello era sencillamente ridículo.

—Pero no te preocupes, Raph —se apresuró a decir antes de que este se molestara—. Después de esa fatídica noche me he dado cuenta que no estamos hechos el uno para el otro; fue una experiencia que no deseo recordar tanto porque nunca estuviste interesado en mi como por el hecho de que aparentemente ninguno de los dos lo disfrutó.

Esta vez Raphael no pudo reprimir un gemido de impresión al escuchar aquellas palabras tan reveladoras; Donatello le estaba declarando que aquella experiencia que vivieron juntos significaba nada para él, cuando con mucho trabajo, Rapha había terminado por aceptar que disfrutó cada segundo que pasó acariciando y besando la piel de su hermano; sintiendo su cuerpo todo aquello que evidentemente deseaba descubrir a su lado.

Pero al final no pudo; aparentemente jamás habían sincronizado sus caricias hasta llegar al punto en que para Raphael había sido la mejor experiencia sexual de su vida, mientras que para Donatello, evidentemente había sido un experimento fracasado.

—También quiero pedirte disculpas, Raph —dijo por fin, sacando al mayor de su nueva tormenta interna—. Jamás pregunté lo que tú querías y evidentemente me hice de una idea errónea; ahora estás atado de por vida a un niño que nunca esperaste. Mucho menos con alguien como yo; tu propio hermano.

Raphael apretó los labios; aquella cabecita torpe se había dado cuenta un poco tarde de lo que había hecho, pero eso era algo que estaba intentando superar lentamente.

—Splinter tiene razón —continuó el mayor—; aunque fue totalmente inesperado para mí, ese niño ya existe y no le queda mucho tiempo para nacer y hacer su vida fuera del cascarón. No pienso rechazarlo porque lleva mi sangre, pero… creo que sólo necesito un poco de tiempo para hacerme a la idea.

—No te preocupes, Raph; lo entiendo a la perfección. Realmente no es tu obligación el hacerte cargo de él. Desde un principio tenía el presentimiento que estaría sólo en esto así que…

—Claro que no —lo interrumpió—. Desde un principio todos parecieron apoyar que ese bebé nazca; están contentos por tener un nuevo Hamato en el clan y es evidente que nacerá con una familia que ya lo espera. Además… la mitad de mi está en sus genes; algo interesante saldrá de ese futuro mini-guerrero, ¿no crees?

—En realidad sólo tiene un ocho por ciento de tu ADN, lo demás corresponde a mi…. —Donatello calló cuando vio la cara de disgusto que le mostró Raphael; definitivamente había arruinado el momento—… Lo siento.

Raphael respiró hondo; era evidente que su hermano seguía siendo tan torpe como siempre.

—¿Sabías que… Mikey lo llamó Rubí? —preguntó el menor, intentando disipar el extraño ambiente que él mismo había provocado.

—¡Agh! ¡Ni siquiera lo menciones! —respondió el otro, entre gestos—. Casi le doy una paliza.

Increíblemente para Raphael, Donatello soltó una risita que evidenciaba lo divertido que le había parecido el que defendiera de aquella manera a su pequeño huevo, protegiéndolo de un nombre que evidentemente no le iba ni un poco.

Entonces se tranquilizó; era satisfactorio saber que su hermano se estaba permitiendo despejar su mente un poco y que le parecían graciosas las cosas que Mikey hacía a sus espaldas. Aún y cuando evidentemente no era su derecho el ponerle nombre al bebé.

—Te traeré algo para que puedas leer —dijo Raphael, levantándose de la silla para retirarse momentáneamente.

—¿Puedes traerme algo de la estantería del laboratorio? Es que… Me gustaría que de paso te aseguraras de que él está bien.

Miró verdadera suplica en esa mirada rojiza, y definitivamente no pudo negarse; ese huevo era lo único que habitaba la mente de Donatello, y era evidente que ni el separarlo de él sería un impedimento para cuidarlo a la distancia.

—Seguro —dijo antes de abrir la puerta—. Antes pasaré con Leo para que se apure con la comida.

—¡Espera, Raph! —pidió, antes de verlo desaparecer tras aquella puerta vieja—. Sólo quería decirte que… —pausó un poco, viendo esa mirada paciente pero al mismo tiempo curiosa que su hermano mayor le dedicó—… yo…

Raphael comenzó a inquietarse; al parecer comenzaba a pensar que aquello era algo muy revelador o fuerte como para alargarlo tanto.

—Sólo quería darte las gracias; por perdonarme —para alivio de Raphael, terminó cambiando su declaración.

Rapha asintió, retirándose finalmente de aquella habitación.

Pero sabía que algo lo había alarmado considerablemente; temía que su hermano estuvo a punto de decirle algo que no deseaba escuchar, pues el rostro de decepción que vio en él antes de marcharse lo delataba.

Entonces suspiro de alivio; Donatello había acertado en no revelarle aquello que sentía por temor a un rechazo. Y por su estabilidad emocional, más le valía callar y olvidarse de esas ideas tan absurdas, pues si de algo estaba seguro, era de lo que sentía, y de aquello que no podía ofrecerle.

Casey se alarmó en cuanto el olor del tabaco calcinado llegó hasta sus narices; lo primero que le vino a la mente es que se trataba de un ambiente poco saludable para April y el bebé. Pero eso se fue rápidamente de su pensamiento cuando notó que todo dentro de aquél bar era bastante tranquilo.

En su mayoría se trataba de gente mayor, quienes evidentemente estaban en ese lugar para relajarse y olvidarse de las preocupaciones al finalizar el día; familia, trabajo, valores morales quebrantados, etcétera.

El lugar no era muy grande, así que April rápidamente pudo encontrar con la mirada a la persona que buscaba, sentada en uno de los banquillos altos frente a la barra que atendía un presuroso cantinero. Su cabello rizado y un poco alborotado la delataba por sobre los demás presentes, pues ya había visto que por lo menos dos veces lo había revuelto con sus finos dedos.

Parecía haber tenido un mal día.

—¿Puedo sentarme? —preguntó la chica, moviendo uno de los banquillos que estaban al lado de la mujer.

Ella era la única que permanecía sentada frente a la barra; no parecía importarle el estar sola mientras tuviera una bebida en la mano. Lo extraño es que eso parecía ser una simple bebida de cola bastante fría.

—April O'neil, ¿cierto? —se aseguró la mujer, que visiblemente tenía ya el doble de edad que la joven pelirroja—. Leonardo tenía razón; a pesar de que tengo un vago recuerdo tuyo, eres fácil de identificar por el color de tu cabello.

Sonriente, la chica se sentó mientras acariciaba suavemente su barriga, lo que no pasó desapercibido por la perspicaz mujer.

Casey, resguardando a su pareja, tomó asiento en la otra cara de la barra, pudiendo observar perfectamente, mientras pedía una cerveza al cantinero, los rasgos faciales de aquella desconocida; sus anteojos desviaban fácilmente la atención, mientras el fuerte color rojo que mantenía en los labios podía incluso compararse con el llamativo cabello de April.

—Es un placer —dijo amablemente la chica, atrayendo nuevamente la atención de la desconocida aliada de las tortugas—. Me gustaría hacerle muchas más preguntas para conocerla mejor, pero creo que tengo suficiente con el hecho de que Leonardo confía en usted. Esa es suficiente prueba para mí. Así que creo, debería ir al grano y pedirle que nos acompañe. He de suponer que ya le fue explicada la situación.

—Efectivamente, linda. Tu amigo me pidió ayuda para uno de sus hermanos; no quiso decirme de quien se trata, pero es fácil adivinar que hablaba de Donatello; él puede resolver casi cualquier cosa sin ayuda externa.

April sonrió, esperanzada; evidentemente estaban frente a la persona indicada para ayudar a su mejor amigo.

—Será mejor que nos marchemos —comentó la mujer, apartando la bebida de sus manos para tomar una pequeña cartera y sacar algunas monedas para pagar la cuenta.

—Antes que nada —con una sonrisa tranquila, mencionó la joven antes de dejar su banquillo—, ¿puedo saber con quién estamos tratando? Creo que la única vez que nos vimos no pude saber su nombre.

La mujer no dejó su porte serio de lado, pero pareció tener un poco más de confianza con los muchachos que parecían desesperados por un poco de ayuda.

—Soy la doctora Ángela Bennet, cariño.

A petición de la doctora, Casey y Leo llevaron a Donatello al laboratorio, donde seguramente ella obtendría lo necesario para poder realizar un chequeo mucho más profundo que el de la chica pelirroja; pero en aquellos momentos, Donnie no podía sentirse más incomodo que en cualquier otro chequeo realizado por April.

La joven pelirroja creía que las intenciones de la doctora era permanecer sin una gota de alcohol en el cuerpo para poder rendir al cien por ciento durante las pruebas que realizara en su amigo, pero en cuanto la mujer llegó a la guarida y se despojó de su largo abrigo, notó que en uno de los bolsillos de la bata medica, portaba un pequeño contenedor de whiskey, al cual le dio un largo trago antes de peinar su cabello en una sencilla cola, y un segundo trago un poco más corto antes de sentarse frente a Donatello con intenciones no muy claras para los demás.

—¿Saben, jóvenes? —habló finalmente la mujer sin especificar a quien. Después de todo, la atención de los presentes dentro del laboratorio estaba justo en ella—. Es difícil hacer un chequeo médico ante alguien tan obstinado como Donatello… Mientras tanta gente observa.

—Le ofrezco una disculpa, doctora —se apresuró a decir Splinter, quien permanecía justo a un costado de su hijo enfermo—. Usted tiene razón; será mejor que nos retiremos para que pueda trabajar con toda libertad.

El hombre rata se apartó de su lado, provocando que Ángela soltara un apenas suspiro de alivio; sabía que se trataba de una persona amable y paciente, pero eso no quitaba el hecho de que luciera como un roedor de casi dos metros de altura resguardando a su cría.

Observo a los demás jóvenes comenzar a retirarse bajo las ordenes del maestro, por lo que pidió que únicamente permaneciera April, quien ya tenía un poco de conocimientos previos sobre el estado de salud de Donatello.

—Realmente no es necesario que hagan tanto drama para esto —se excusó el joven—. Doctora, le pido una disculpa por el inconveniente que mis hermanos le han causado, pero estoy bien. Sólo necesito descansar y es todo.

—Deja de engañarte con eso e intentar convencer de eso a tus hermanos, Donnie —protestó la chica pelirroja—. Ellos están preocupados por ti y saben que si tu y yo no hemos podido resolver la situación, significa que esto es de cuidado. Ya no puedes seguir fingiendo.

Donatello agachó la mirada, culpable; nadie más que él sabía lo que estaba ocurriendo, pero callaba para no complicar las cosas. Su familia no merecía más sorpresas que la que ya habían recibido a lo largo de estas dos semanas.

—Entonces comencemos —interrumpió Ángela, dándose cuenta inmediatamente de todos los problemas presentes ante la peculiar familia—. Según este historial médico hecho por April, tus síntomas son fatiga extrema, pérdida de peso, inapetencia, dolor abdominal, un poco de fiebre y más recientemente tuviste un paro respiratorio. ¿Es cierto todo eso?

Nervioso, porque sabía hacia donde iba, Donatello asintió, observando la estricta mirada de la mujer mientras sostenía una delgada carpeta con análisis médicos dentro de ella.

—Cariño —trató de escucharse lo menos disgustada posible—. No soy experta en este tipo de padecimientos porque mi rama es la neurología y las terapias del sueño… pero creo que tanto tú como yo sabemos a simple vista lo que esto significa. ¿Cierto?

Donatello apretó los labios con un poco de molestia; aquello era algo en lo que simplemente no quería pensar, pero vaya que su familia había encontrado a la persona indicada para descubrir uno de sus tantos secretos por el momento. Y entonces vio la alarmada expresión de April, como reclamando que le fuera informado inmediatamente lo que estaba ocurriendo.

Aquello que la doctora Bennet había descubierto en cuestión de minutos y sin mover un solo dedo, mientras que ella, a pesar de tantas lagrimas y aún con el rechazo de Donatello ante tantas pruebas, ni siquiera se había podido acercar a un diagnostico apropiado.

—¿Pueden por favor explicarme lo que está ocurriendo? —suplicó la joven, finalmente.

—Claro que sí, April —dijo la doctora—. En cuanto haga un solo examen de sangre podré comprobar mi teoría.

Un tanto molesta porque nunca logró comprender las miradas cómplices entre Ángela y Donatello, la joven salió del laboratorio para dejar trabajar a la doctora, lo cual le dio falsas esperanzas a los demás en cuanto la vieron salir, sin algo nuevo para contar.

Nada, salvo que los dos geniecillos dentro del laboratorio sabían a la perfección lo que estaba ocurriendo.

Ángela no pudo evitar despojarse de sus anteojos, peinar nuevamente su cabello y dar un pequeño trago a su botella de whisky en cuanto tuvo a toda la familia frente a ella y un cansado Donatello, quien permanecía sentado para evitar más complicaciones.

—¿Puede ir al grano y decirnos por favor qué tiene mi hermano?

Un angustiado Leonardo habló en medio del grupo quien esperaba impaciente una respuesta, tomando una de las manitas cortas de quien parecía ser el hermano más pequeño; aparentemente tratando de calmarlo ante aquellos temblores que ocupaban su bajito cuerpo repleto de lunares.

—Donatello estará bien —soltó ella para evitar más presiones.

Un suspiro masivo llenó la estancia; aquello era justo lo que todos necesitaban.

—Entonces, ¿Cuál será el tratamiento que llevará a cabo mi hijo? ¿De qué exactamente tiene que recuperarse? —preguntó el padre, impaciente.

—Es complicado explicarlo —dijo ella—. El tratamiento hormonal que Donatello introdujo en su cuerpo está causando un caos en sus órganos internos; pues prácticamente ante tantos tratamientos para cambiar parte de su estructura genética de masculino a femenino, le está ordenando a sus células que deben prepararse para… un cambio de género.

—¡¿Qué dijo?! —preguntaron los dos hermanos mayores.

—¿Donnie se está volviendo chica? —preguntó el menor de todos.

Ante esto, Donatello enrojeció y pareció alterarse un poco, pero la doctora lo obligó a permanecer sentado ante sus intenciones de acercarse a su hermanito.

—No, cariño —interrumpió la mujer—. Eso es imposible; tus órganos reproductores no pueden desaparecer y ser reemplazados por los del genero contrario de la nada, sólo interviniendo quirúrgicamente. Lo que está ocurriendo con tu hermano, es que se está aferrando al cambio gracias a la gran cantidad de mutágeno que corre por sus venas. Es una sustancia inestable y difícil de predecir, por lo que posiblemente es lo que esté creando el mayor conflicto con todos sus sistemas. Sabemos que es lo único que puede realizar cambios físicos a los seres vivos, pero cuando estos gozan de un estado prolijo y cien por ciento normal; según April y las propias palabras de Donatello, él nació con una inestabilidad en su ADN que posteriormente fue reemplazada con mutágeno y lo cual logró salvarle la vida. Ese ADN incompleto es lo que se está negando un segundo cambio debido a que Donnie ya llegó a su madurez sexual; es imposible que ocurra un cambio cuando sus células están completamente maduras y su cerebro sabe que está dentro de un cuerpo masculino.

—¿Y eso es todo el problema? —la interrumpió Raphael, hablando finalmente desde que la apenas conocida mujer había llegado a la guarida—. ¿Donatello simplemente se está resistiendo a un cambio de género y ya?

—No todo termina ahí, Raph —hablo Donatello, pidiéndole que callara para que Ángela continuara hablando.

La doctora suspiró, como tratando de agarrar nuevamente el hilo de sus palabras.

—En efecto, mi inquieto amigo. Dado que el mutágeno es una sustancia que aparentemente actúa por sí misma, quiere salirse con la suya a como dé lugar, pero el cuerpo de Donatello se resiste, por lo que está multiplicando cada vez más seguido el estrógeno que se está generando en todo su cuerpo. Pero dado a que no ocurrirá ningún cambio físico, lo único que debemos hacer es comenzar un tratamiento basado en testosterona para regularizar todo y sacar de su cuerpo los restos de masa neoplásica que se están formando gracias a las hormonas que deberían ser desechadas pero que no están saliendo de su cuerpo gracias al mutágeno.

—¿Masa… qué? —Intervino nuevamente Raphael—. ¿Puede explicarnos mejor qué significa eso?

—Tumores —dijo secamente, April.

Todos los restantes gimieron, nerviosos; la doctora había dicho que Donnie estaría bien, pero aquella era una palabra clave que no los dejaría tranquilos por mucho tiempo.

—¿Eso no es malo? —preguntó nerviosamente el hermano menor—. Digo, hasta donde yo sé, esas cosas suelen matar a las personas.

—No todos los tumores son malos, pequeño —dijo Ángela—. Algunos se concentra en pequeñas cantidades de tejido inservible que puede ser removido con facilidad incluso con medicamento. Y dado que su anatomía no es muy diferente a la de un ser humano, para tratarse de tortugas antropomorfas gigantes, sólo es cuestión de hacer una pequeña biopsia para saber exactamente con lo que estamos tratando. No ha pasado mucho tiempo como para decir que los tumores han desarrollado algún tipo de cáncer, pero es necesario estudiarlos para saber cómo proceder.

—¿Entonces, va a operar a mi hermano? —preguntó Leo, como leyendo lo que Splinter estaría a punto de preguntar.

—No por ahora. Sólo realizaré la biopsia debido a que Donatello no está en condiciones de entrar a una cirugía, por lo que sólo aplicaré un poco de anestesia local para hacerme de una muestra y estudiar más a fondo su condición. Por ahora sólo recibirá el tratamiento a base de testosterona que prepararé para él, algunas vitaminas, una dieta muy estricta que debe seguir y tal vez dentro de algún par de semanas o poco más, podré intervenirlo como se debe.

—Significa que, ¿mi hijo está bien? —se escuchó finalmente la suave voz del padre.

—Si Donatello y ustedes ponen de su parte y siguen todas mis indicaciones, no tienen de qué preocuparse.

Leo puso su mano en el hombro del preocupado adulto, pues realmente pareció quitarse un peso de encima ante las palabras de la inteligente mujer; y ya ni hablar de Raphael, quien discretamente cerró los ojos, seguramente para descansar de tanta presión que sentía al no saber por lo que estaba pasando su hermanito.

Mikey, soltándose del fuerte agarre que mantenía con Leo, se acercó rápidamente a la doctora y no pudo evitar darle un abrazo, evidenciando su agradecimiento por salvarle la vida a su querido hermano.

El pequeño soltó una lagrima que tenía reprimiendo desde hace tiempo, a lo cual, todos pudieron notar como el nerviosismo de la doctora ante repentino ataque de agradecimiento, cambiaba a uno de ternura y tranquilidad.

Era de esperarse, pues ese era el efecto que comúnmente Michelangelo provocaba en todo aquél que tenía la fortuna de conocerlo.

En cuanto el más pequeño la dejó en libertad, la mujer pareció mucho más animada que antes, pues la pregunta que realizó a continuación les decía que tenía claras intenciones de indagar un poco más en lo que estaba ocurriendo dentro de aquella guarida secreta.

—¿Y bien? ¿Alguien podría llevarme a donde está esa preciosura que aún no nace?

Satisfecha, desde el momento en que esa mujer le mencionó que su amigo estaría bien a partir de un tratamiento sencillo, April la condujo hasta el laboratorio para mostrarle el lugar donde descansaba el huevo; no podían negarle aquel pequeño privilegio después de la inmensa ayuda que recibirían de su parte.

De igual forma, Michelangelo no se despejó de Ángela, quien parecía radiante ante la presencia de la joven y animada tortuga de piel más clara a sus hermanos.

—Eres toda una belleza, Mikey —mencionó ella, apretando un par de veces aquellas mejillas pecosas—. Me recuerdas a mis sobrinos; llenos de energía como sólo los niños pueden ser. Es una lástima que a ti no te haya tratado tanto como a tus hermanos, anteriormente.

La bajita y vivaracha tortuga se dejó mimar por la doctora, mientras junto con April, desaparecían de la vista de los demás presentes.

Fue entonces que Raphael carraspeó para luego decir algo que terminaría por impresionar a todos.

—Qué bueno que estés fuera de peligro, hermano.

Y tras una mirada de sorpresa por parte de Casey y Splinter, el de rojo se apresuró a salir de la estancia, dirigiendo sus firmes pasos hasta el laboratorio con claras intenciones de saber qué era lo que los demás estaban haciendo.

Y Donatello se quedó allí; sentado sobre esa incomoda silla observando cómo ese inestable y testarudo ninja desaparecía ante sus ojos para después recibir la completa atención de los tres restantes cuando Splinter acarició su cabeza con el cariño que sólo él podía ofrecerle.

—No hay mejor dicha en esta vida que saber que tus hijos están a salvo y que vivirán por mucho más tiempo —sonrió su mentor, secundado por Leo y Casey—. Ahora tendrás que poner todo de tu parte para que puedas recuperarte rápidamente, ¡y no quiero excusas, Donatello! —se apresuró a decir cuando vio que su hijo deseaba interrumpir—. Debes recuperarte para que ese niño llegue con unos padres sanos y salvos que puedan recibirlo. A Raphael le queda un largo camino para aceptar su condición y dar el apoyo que estoy seguro, saldrá de él en cuanto se dé cuenta de lo que está ganando en esta vida. Así que ese bebé te necesita; fuerte y sano para cuidar de él.

—Escucha lo que dice, Don —interrumpió Casey, animado—. Él ya crió a cuatro bebés, y completamente sólo.

Donatello y Leonardo rieron un poco ante esto. El joven humano tenía razón; si había alguien en toda la guarida que tenía experiencia acerca de bebés mutantes y sus cuidados, ese era precisamente Splinter.

Por su parte, dentro del laboratorio, Ángela no podía contener aquella sensación de adrenalina que causaba en ella ese poco común huevo que permanecía dentro de una incubadora perfectamente construida por la mente maestra de Donatello; sabía que la joven tortuga tenía una mente privilegiada y la iniciativa para algo como lo que había hecho, pero el tenerlo ahí, frente a sus ojos y con el triple de tamaño que un huevo de tortuga común, no pudo hacer más que soltar un montón de suspiros y un chillido de emoción que divirtió un poco a Michelangelo y April.

Raphael permanecía recargado en una de las paredes no muy alejadas de la mesa de incubación, por lo que podía presenciar perfectamente cada una de las reacciones de la mujer.

—Esto es lo más hermoso que he visto en mucho tiempo —comenzó a desmenuzar todo con su mente analítica, sin darse la oportunidad de siquiera parpadear—. El aparente grueso del cascaron dice que se está fortaleciendo para que pueda crecer un poco más sin tener oportunidad de alguna fisura. ¡Y ese volumen! ¡Por todos los cielos! Es impresionante; el que tenga tres veces el tamaño de un huevo de tortuga normal nos dice que probablemente no tardará mucho en nacer.

—No se equivoca, doctora —se escuchó repentinamente a Donatello, quien iba de la mano de su padre y siendo ayudado por Leo para que no se esforzara tanto en caminar—. El mutágeno es un agente clave en el crecimiento. Cuando este afecta a un ser vivo en sus primeros meses de vida, como lo fue el caso de mis hermanos y mío, y ahora de ese huevo, acelera su crecimiento hasta tomar el tamaño indicado para poder sobrevivir. Lo que significa que está provocando que el embrión crezca hasta tomar el tamaño de un bebé humano para poder nacer lo antes posible y posteriormente desarrollarse normalmente.

—Fantástico —murmuró ella para después girarse a ver el pequeño monitor al que estaba conectado—. Y gracias a este medidor de células vivas, puedo darme cuenta que ya a la mitad de su gestación.

Donatello sonrió; finalmente alguien sabía de lo que estaba hablando al expresarse de todo aquello que rodeaba ese pequeño huevo.

—Creí que se trataba de un monitor de latidos —evidenció su duda, April—. Eso emite signos vitales.

—No querida —expresó la doctora—. Es imposible medir los signos vitales de un embrión durante sus primeros días de desarrollo. Donatello fue extremadamente listo al monitorear la actividad y reproducción de las células en lugar de los latidos, pues así puede darle continuidad a la vida del feto desde el momento en que fue fecundado. Las células están vivas desde el momento en que existe el embrión; mientras que el corazón se forma y comienza a latir tiempo después. De esta forma te aseguras que un bebé dentro de un huevo sigue con vida y continúa desarrollándose como es debido.

Todos quedaron sorprendidos ante la clara explicación de la doctora, por lo que no fue necesario que Donatello continuara, aún y cuando todos creían que el joven científico sería el único que entendería lo que estaba sucediendo dentro de aquella pequeña incubadora.

Por su parte, y dado que todos parecían maravillados ante esta explicación, Raphael permaneció en su lugar, observando detalladamente el huevo que seguía creciendo con el paso de los días, y el cual amenazaba con conocer el mundo más rápido de lo que deseaba.

Pero tampoco pudo evitar el mirar con un poco más de tranquilidad a Donatello; estaba feliz, y aunque evidentemente aún le faltaba tiempo para recuperarse por completo, su felicidad parecía estar basada en su próxima paternidad.

Y Raphael… Raphael simplemente no podía estar más agradecido al saber que su hermano permanecería por mucho más tiempo con ellos, y que ese experimento fallido que había realizado en su propio cuerpo, no tendría más consecuencias gracias a la intervención de la doctora Bennet.

Los días transcurrieron, y como le había prometido, Ángela visitaba la guarida cada dos días para seguir con el tratamiento de Donatello; pero esa no era la única excusa que la doctora tenía para seguir visitando a los jóvenes mutantes, si no que había prometido al jovencito genio el ayudarle a monitorear el huevo para que hubiera inconvenientes a la hora de que decidiera nacer.

Aunque en realidad, esa era una tarea para la que no encontraba pretextos; realmente deseaba seguir los pasos de ese pequeño ser al que ella le predecía sólo una semana más para que naciera.

—¿Sólo una semana más? —preguntó un animado Michelangelo, el cual mantenía en sus manos una pequeña bolsa de papel con algunos chocolates que Ángela le había regalado en aquella visita—. ¡No puedo esperar!

El jovencito se aferró un poco más al brazo de Leo, del cual se mantenía a ferrado desde que la doctora comenzó a hablar.

—¿Y cómo ve a Donatello, Ángela? —preguntó Leo, tratando de quitarse a su hermano de encima.

—Tal y como tú lo vez, querido —se apresuró a explicar al ver la cara de duda ante esa respuesta aparentemente de burla—. ¡Oh! ¡Por favor no me mal interpretes! Lo que quiero decir es que Donatello está progresando tal y como lo puedes ver en su apariencia física; ha recuperado algo de color y parece que ya recuperó un poco el apetito, lo que te puede indicar que tu hermano se recupera satisfactoriamente; dentro de lo que cabe.

—Por favor explíquese —pidió el joven líder.

—Me refiero a que Donatello está recuperando energía y sólo eso. Cosa que necesito para poder intervenirlo; ahí es cuando definitivamente podrás observar un cambio. Tu hermano no podrá volver a la normalidad si no extirpo ese tumor del cuerpo, ya que eso es lo que provoca que él permanezca muy delgado y con mucha fatiga. Pero no te preocupes —le guiño un ojo para calmarlo—; vamos por buen camino.

La mirada azul del líder se calmó en cuanto escuchó estas últimas palabras; esa mujer sabía lo que estaba haciendo, y no le quedaba más remedio que confiar en ella y esperar pacientemente la recuperación de su hermano, aún y cuando esta parecía lenta y desesperante para Donatello.

Él quería estar todo el tiempo al lado de su bebé, pero las órdenes de la doctora lo obligaban a tener que confiar en su familia para hacer las grandes rondas de vigilancia en caso de que algo se saliera de control.

Y vaya que las cosas se estaban cumpliendo al pie de la letra, pues Raphael había resultado ser una enfermera celosa y protectora que no dejaba que Donatello permaneciera fuera de la cama mucho más tiempo del necesario.

—¿Dónde está Raph? —preguntó Casey, notando apenas que su mejor amigo no se encontraba con ellos.

—Está con Donnie —le respondió Mikey de inmediato.

—Pero ya debería estar aquí —continuó Jones—. Nunca se queda a escuchar en la misma habitación cuando están solamente Donnie y April.

—Por favor, Casey —dijo Leo con evidente burla—. ¿En qué mundo vives? Raphael no permite a Donatello quedarse a solas con absolutamente nadie. Ni siquiera lo deja a solas para tomar una ducha, ¿qué te hace pensar que se hará a un lado para que pueda tener una charla de amigas con April?

Jones quiso soltar una risita al imaginar a su amigo atendiendo todas las necesidades que este podía tener al no dejarlo a solas en ningún momento; pero después cayó en cuenta de algo que posiblemente estuviera ocurriendo realmente; Raphael se sentía culpable.

Desde el momento en que Donatello empeoró y tuvo ese ataque respiratorio por su culpa, según Raphael, no le había quitado los ojos de encima y ahora se cercioraba de que nada similar volviera a ocurrirle.

Lo había visto hacer de todo para la comodidad de Donatello; desde preparar bocadillos que estuvieran a su alcance, obligándolo a comer aún y cuando este afirmaba encontrarse satisfecho. Lo ayudaba a tomar duchas, a transportarse de un lado a otro sin que tuviera que hacer mayor esfuerzo, incluyendo las cortas visitas que le permitía hacerle a su propio huevo. Incluso le descubrió un pequeño organizador en su Tphone que le permitía alarmarlo cuando era hora de tomar un medicamento.

Todo, absolutamente todo estaba controlado por Raphael. Incluyendo las visitas.

No tardaron en darse cuenta que aquello mosqueaba de vez en cuando al mismo Donatello, pero debían admitir algo verdaderamente importante en todo esto; estaba funcionando. Las estrictas reglas impuestas por Raph estaban haciendo que la recuperación de Donatello fuera evidente ante los ojos de toda la familia, pues aunque aún podía vérsele débil y muy delgado, había agarrado las fuerzas necesarias para poder soportar una cirugía tan delicada como la que estaba en los planes de la doctora Bennet.

Todo gracias a Raphael y a su indiscutible cabeza necia.

—Oigan, chicos —habló después de un profundo análisis a toda la situación—, tengo una idea que seguramente alegrará a Donatello, y que posiblemente le sacará una sonrisa a más de uno.

—¿Qué planeas, Jones? —preguntó Leo.

Casey sonrió, impaciente, y después se concentró en mirar fijamente a la doctora; definitivamente necesitarían la opinión femenina en esta nueva misión que había surgido repentinamente dentro de su impredecible cabeza.

April se había sentido un tanto aliviada desde que recibió un mensaje misterioso en su Tphone, por lo que repentinamente tuvo que retirarse; lo cual no pareció incomodarla dado que esa mirada verde y pesada sobre ella comenzó a incomodarla desde unos minutos después de haber entrado a la habitación de Donatello para una visita rápida.

«Surgió algo importante» había comentado ella antes de marcharse, sin decir, al encuentro con los miembros restantes de aquella familia. Y aunque Donatello se había quedado con la duda, estaba segura de que Raphael no le permitiría dejar la habitación sólo para descubrir lo que estaba ocurriendo.

—Come —ordenó el de rojo al ver a su hermano totalmente concentrado en la puerta de su habitación—. No has tocado la fruta que Mikey te trajo desde hace diez minutos.

—Pero no tengo hambre —dijo el menor, excusándose—. Hace media hora me bebí todo el chocolate caliente que me preparaste; en verdad no tengo apetito.

—Necesitas comer; en un momento más será hora de la siguiente píldora y…

—Está bien, Raph —soltó una risita el menor—. No moriré de inanición por esperar unos minutos más en comer mi fruta.

Raphael torció la boca; al parecer estaba siendo un poco exagerado en cuanto a los bocadillos entre comidas. Pero tenía que asegurarse de que no retrocediera en su recuperación o nunca podrían intervenir para mejorarlo.

Tomó la pequeña silla que anteriormente había usado April y la que venía ocupando desde hace semanas mientras cuidaba de su hermano. Estaban volviendo a la rutina cuando Donatello tomó el libro que estaba leyendo momentos antes de la visita de la chica y Raphael encendió el pequeño televisor a blanco y negro que tomó de la habitación de Mikey, por lo que puso toda su atención en el aparato.

Raphael no se había dado cuenta, pero Donatello tenía días leyendo ese mismo libro, el cual no pasaba desapercibido por ser bastante grueso. Aquello era lógico para su hermano mayor, pues se trataba de una lectura bastante aburrida al tratarse de tantas páginas repletas de letras muy pequeñas. Pero lo que no lograba atar era el que Donatello era muy rápido leyendo y consumiendo libros como aquél, cosa de la que los demás parecían haberse dado cuenta.

Y la razón por la que llevaba tanto tiempo con aquél libro en mano era porque la mayoría de las veces ni siquiera tenía intenciones de hojearlo, pues toda su atención se concentraba en Raphael, quien nunca se había despegado de su lado durante los últimos días.

Y eso, precisamente eso, era lo que lo mantenía aferrado a esos sentimientos que jamás iban a ser correspondidos, y lo cuales lo atormentaban cada día más tras el comportamiento tan atento de su hermano.

Ahora mismo no se había dado cuenta, pero una mirada soñadora y aparentemente tonta se había formado en su rostro, por lo que al momento en que Raphael se giró para decirle que estaban pasando por televisión "la estúpida serie que le gustaba sólo a los niños como Mikey", no pudo evitar sentirse un tanto incomodo con aquél par de ojos rojizos que estaban totalmente concentrados en él.

—¿Donnie? —preguntó, sacando a su hermano de sus pensamientos profundos y muy personales—. ¿En qué rayos piensas?

Inmediatamente, y tras verse descubierto, Donatello enrojeció totalmente, ganándose una carcajada por parte de Raphael, quien intentó desviar la evidente situación con una pequeña broma.

—Vamos Donnie, no seas tímido —dijo, levantándose de la silla para ocupar el espacio vacío en la cama y rodearlo con un brazo para sacudirlo un poco—. Si no te gustaba ese libro me hubieras pedido otro. Se nota que ese es extremadamente aburrido.

Donatello sonrió cabizbajo; Raphael haría lo que fuera con tal de no tocar el tema.

—Me atrapaste —mintió—. Es que no quería molestarte; parecías muy entretenido.

—No se hable más; ahora mismo cambiaré esta píldora para dormir por algo un poco más entretenido para ti.

Le arrebató el pesado libro de las manos y no le fue quitada de encima aquella mirada rojiza cuando tenía todas las intenciones de dirigirse a la biblioteca personalizada de Donatello, pero algo que simplemente no se esperaba lo detuvo, dejándolo congelado y con la mano sobre la manija que ya había cedido para abrir la pesada puerta de metal que resguardaba la habitación de Donatello.

—Te amo —soltó el menor de ambos, sin mas restricciones que una apenas y audible voz que luchaba por no confesar aquello, pero que ya no había soportado ni un minuto más conteniéndolo.

Raphael, quien permanecía de espaldas y por lo que no podía ver a la cara a Donatello, comenzó a sudar frío; claramente aquello era un acto desesperado de su hermano por hacerle saber lo que sentía, recurriendo a él cuando Raphael ya no le había dejado más opciones para que pudiera enterarse finalmente de los sentimientos de los cuales era protagonista dentro del corazón del joven científico.

Se giró lentamente, encontrándose con la escena de su hermano cabizbajo, viendo sus puños aferrarse fuertemente a aquella sábana blanca que lo cubría parcialmente.

—No tienes que decir nada, Raph —dijo el más joven, aún sin animarse a ver el rostro de su hermano mayor—. Simplemente ya no soportaba la idea de guardar esto que siento por ti; te amo y estoy seguro que tú lo sabes muy bien.

—Donnie, yo…

—Está bien, no pretendo ser correspondido. Sólo necesitaba que tú sepas que yo lo sé —finalmente, el menor de ambos pudo voltear y sostenerle la mirada—. Quiero que dejes de tratarme como si fuera la cosa más delicada del mundo y que te enteres que algún día lo superaré. Estoy bien; estaré bien. Sé lidiar con un rechazo. Pero no será fácil tratar contigo si no dejas de verme todo el tiempo como si yo fuera una criatura herida porque no lo estoy. Somos hermanos —suspiró—, pasaremos gran parte de nuestra vida juntos y no quiero que nuestra relación se complique sólo porque no deseas lidiar y enfrentar mis sentimientos y el hecho de que un día en el pasado tuvimos una acostón del que no resultó nada bueno.

—Eso es algo que no puedo olvidar tan fácil, Donnie —se excusó el mayor, totalmente calmado mientras apretaba las pastas del libro con sus fuertes manos para controlarse todo lo posible.

—Claro que lo sé —rió el otro, con ironía—. Por lo menos para mí será imposible olvidar que tuve mi primera experiencia con uno de mis hermanos. Pero para ti si debería ser fácil; tienes una vida ahí afuera y a la cual adoras; te gusta a salir buscar mujeres para pasar un buen rato y lo has dejado por cuidar de mi todo este tiempo. No quiero que dejes de lado tu vida sólo para no lastimarme.

—Estoy aquí contigo porque así lo deseo, Donnie. Para mí es más importante la salud de mi hermano que pasar un buen rato junto a una desconocida; que no te quede la mínima duda de eso.

El jovencito le agradeció con la mirada, contagiando al mayor con una tenue sonrisa que duró poco.

—Por favor dímelo —pidió Donatello—. Necesito que me digas lo que sientes exactamente; así podré… más bien podremos seguir con nuestras vidas.

—Yo… —mordió un poco sus labios antes de soltar la única respuesta posible para él—… te adoro Donnie. De la misma manera en que lo he hecho toda mi vida y de la misma manera en que quiero a Mikey y a Leo; y eso es algo que nunca va a cambiar.

Donatello suspiró y cerró lentamente los ojos; era una respuesta dolorosa, pero la única que esperaba después de todo.

—Lo siento —se disculpo el mayor.

—No Raph —se obligó a recuperar los ánimos en cuanto vio la culpabilidad en todo el rostro de su hermano—. Deberías estar tranquilo de que las cosas entre nosotros volverán a la normalidad.

—Claro que las cosas jamás volverán a la normalidad, genio —sonrió con sorna—. Vamos a ser padres, ¿no lo recuerdas?

Esto logró sacarle una verdadera sonrisa a Donatello después de mucho tiempo; su hermano finalmente estaba aceptando su futura condición e incluso había bromeado ante ella.

La conversación habría continuado y Donatello hubiera agradecido el que dejara de lado su molestia por haber utilizado su ADN para engendrar a un niño que estaba próximo a nacer, pero…

¡Donnie! ¡Raaaph! ¡Vengan a ver esto!

Esa era la voz de Mikey, la cual hizo que el de rojo se sobresaltara un poco y soltara el libro que tenía en las manos, lo cual provocó más risas en Donatello.

Raphael ayudó a su hermano a llegar a la estancia aún y cuando este le pidió más de una vez que lo dejara andar por su cuenta; a lo cual el mayor se negó rotundamente. Aquello había terminado por ser la mejor opción cuando, teatralmente, Mikey recibió a los futuros padres señalando un delicado mueble de madera que permanecía en el centro de la estancia, junto a los demás miembros de su familia.

Era una pequeña cuna en forma de cesta, vestida con una suave tela acolchonada en color azul cielo, muy parecido a los ojos de Mikey, y la cual contenía varios artículos para bebé en su interior; pañales, biberones, algunos chupetes, sonajas e inclusive un pequeño oso de felpa en color blanco que rápidamente Mikey tomó y se lo entregó en las manos a Donatello, quien seguía congelado en su lugar.

—¡Este lo elegí yo! —dijo, orgulloso—. Estoy seguro de que a Rubí le encantará.

—¡Deja de llamarlo de esa manera! —ordenó Raphael, dándole un coscorrón a su hermanito debido a su terquedad.

—Ya deja eso de lado, Mikey —pidió Leo, observando divertido la cara de Donatello al quedarse totalmente concentrado en el peluche en sus manos—. ¿Qué dicen? ¿Les gusta?

Raphael se abstuvo a decir su opinión, pero rápidamente Donnie se acercó a la cuna, llevando casi a rastras al de rojo con tal de llegar lo antes posible al hermoso mueble frente a ellos.

—Es perfecta —murmuró el joven científico, mientras acariciaba maravillado el afelpado estampado blanco y celeste de la cuna—. Gracias, chicos.

—En realidad la idea fue de Casey —dijo April—. Y el modelo de la cuna lo eligió Ángela.

Donatello le sonrió a ambos, agradecido.

—Gracias; a los dos.

—Ni lo menciones, viejo —jugueteó el joven—. La del buen gusto resultó ser la doctora.

—Soy buena con los niños —argumentó ella.

Donatello continuó descubriendo más cosas dentro del bello mueble cuando April le siguió mostrando todos los accesorios que le servirían cuando la pequeña tortuguita naciera, por lo que la tención del joven científico se concentró sus nuevas adquisiciones.

Raphael aprovechó la distracción para ir junto a su amigo, quien también observaba desde un punto un poco retirado la extraña escena que todos los demás protagonizaban al mostrarle a Donnie todo lo que habían comprado para él y su bebé.

—Te luciste esta vez, Jones —dijo Raphael, golpeando levemente uno de los hombros de su mejor amigo.

El joven sonrió sin despegar un segundo la mirada de aquella peculiar vista.

—Era lo menos que podía hacer para agradecerle a Don lo que hizo; April me contó que gracias a él vamos a ser padres, así que nunca terminaré de pagar todo lo que tu hermano ha hecho por salvar mi relación. Se portó maravillosamente cuando persuadió a mi pelirroja para que hablara conmigo cuando estábamos enojados, así que…

—Maldición… —se quejó Raphael—… la paternidad te volvió cursi, Case.

El pelinegro se rió un poco, empujando ligeramente a su amigo para unirse a los demás antes de tener que volver a casa.

Raphael no tardó en hacer lo mismo, limitándose a sólo escuchar todas las tonterías que su romántico hermano pequeño no podía reprimir y las cuales hacían reír a los demás.

Esa misma noche, cuando ya todos sus amigos se habían marchado, todos habían decidido pasar unos minutos en el laboratorio, acompañando a Donatello el poco tiempo que su celador personal le tenía permitido, por lo que rápidamente una poco común charla salió a la luz, provocando los nervios de Raphael al escuchar tantas estupideces dichas por Mikey y las cuales parecían divertir a Donnie, Leo e incluso Splinter.

—Ya, Don —rogó el hermanito menor—. Dime; ¿qué nombre le vas a poner a tu bebé? Ya que no te gustó el que elegí, por lo menos dinos alguno que tengas planeado.

—Ya te lo dije, Mikey —intentó calmarlo Donatello, recibiendo en ese momento una taza de chocolate caliente de manos de Raphael—; realmente no he pensado en un nombre. Aún queda un par de semanas más para que nazca, por lo que tenemos tiempo suficiente para ponernos de acuerdo en elegir un nombre apropiado.

—¿Tenemos? —preguntó el pequeño de ojos color cielo, emocionado—. ¿Significa que si puedo darte opciones?

—Se refiere a él y Rapha, Mikey —respondió Leo, acariciando la cabeza de su hermanito cuando lo vio entristecer un poco.

Splinter se unió su hijo mayor para tratar de convencer a Mikey de que no era apropiado que él eligiera el nombre del bebé dado que sus padres eran Donnie y Rapha, pero que eso no importaba, si no que Michelangelo sería el compañero de juegos perfecto para el niño cuando este naciera, lo que inmediatamente elevó los ánimos del más joven.

Raphael necesitaba alejarse un poco de los pucheros y las bromas tontas de Mikey, por lo que después de asegurarse de que Donnie bebiera su chocolate caliente y tomara las dos pastillas restantes por el resto del día, se encaminó hasta quedar frente a la mesa donde permanecía la incubadora, mirando detalladamente ese huevo que insistía en incrementar su tamaño con el paso de los días.

—Es hermoso, ¿no crees? —preguntó Leo, quien ahora le hacía compañía al darse cuenta de que su atención estaba totalmente puesta en el pequeño ovoide.

Raphael se quedó ahí, con su mirada seria concentrada sobre ese huevo mientras escuchaba de fondo la absurda conversación entre sus dos hermanos menores y su padre, quien simplemente les seguía el hilo sin sentido.

—Es extraño, Leo —admitió finalmente—. Creo que jamás estaré listo para esto; no se absolutamente nada sobre niños y nunca he convivido con uno desde que todos lo éramos. Pero eso es algo muy diferente; en ese entonces yo también lo era.

—Y sobrevivimos —bromeó Leonardo, recordando perfectamente el fuerte humor que el temperamental ninja se cargaba desde entonces—. Lo harás bien, hermano —intentó apoyarlo—. Sólo imagina que todo el tiempo estás tratando con Mikey y todo te será relativamente fácil.

Raphael puso sus manos en todo el rostro de Leo y lo estrujó varias veces para responder a la broma en la que había caído y el mayor comenzó a reír después d que se libró, por lo que después de golpearse en distintas ocasiones con el puño cerrado, decidieron volver a unirse a los demás.

—Ya fue suficiente, Donnie —elevó un poco la voz para llamar la atención de su hermano—. Es hora de ir a la cama.

—No, Raph, espera un poco más —pidió el jovencito, decepcionado de tener que volver a su habitación y saber que no saldría de ahí hasta el día siguiente.

Pero justo cuando Raphael y Leonardo dieron media vuelta para retirarse de la mesa de incubación, un diminuto y apenas audible sonido se había escuchado, alertando a ambos hermanos mayores quienes volvieron a fijar su vista en el pequeño huevo dentro de aquella caja de cristal, repleta de cables de colores y algunas bombillas suaves.

CRACK!

Escucharon nuevamente, notando enseguida una pequeña fisura que se había dibujado repentinamente sobre el huevo, el cual, Raphael podría jurar que incluso se había movido.

Pero el joven no atinó a hacer algo en especial, simplemente se quedó ahí, congelado mientras escuchaba de fondo que Leonardo llamaba presurosamente a Donatello para se acercara hasta la mesa y presenciara el espectáculo por él mismo.

No podía moverse, no cuando un par de grietas más comenzaron a aparecer sobre el pequeño huevo y lo había visto moverse una vez más; esta vez un poco más.

Sintió que su corazón se aceleró en cuestión de segundos y sólo una cosa se hizo presente en su cabeza; ¿ya iba a nacer? ¿Estaba contemplando en primera fila el nacimiento de su hijo?

¡¿Qué no se suponía que aún faltaban días para que esto ocurriera?!

Movió los labios pero nada salió de ellos. Mucho menos cuando presenció como en cámara lenta el momento exacto en que Donatello llegó corriendo a su lado, desconectando rápidamente la energía de las bombillas y sacando el huevo de la incubadora junto con la pequeña colchoneta que parecía ser el extraño monitor de celulas vivas que tanto había alabado esa extraña doctora Bennet, pues el pequeño sonido intermitente que emitía la pantalla a su lado no paró en ningún momento.

No podía leer la expresión que Donatello tenía en estos momentos, pero estaba seguro que más feliz no podía estar; estaba asistiendo el nacimiento de su propio hijo y él mismo se aseguraría de que todo marchara a la perfección, pero no todo parecía ser emoción en el rostro del joven científico.

—¿Se adelanto? ¿Por qué pasó? ¿Qué significa esto? —se preguntó infinidad de veces Donatello, poniendo nerviosos a los demás presentes.

¿Aquello significaba que algo estaba mal?

Entonces toda preocupación se borró de su mente cuando un trozo del cascarón terminó por caer, y después de ver un extraño líquido blancuzco escurrir hasta manchar la diminuta colchoneta plástica que desde antes les había dicho que existía vida dentro de ese pequeño huevo.

La extraña visión de ese horroroso liquido espeso se fue lejos cuando notó inmediatamente un pedazo de piel verde asomarse por el diminuto agujero agrietado; pero aquello no era lo más sorprendente de todo, si no que esa piel verdosa era tan oscura como la suya, evidenciando un precioso color esmeralda que rápidamente tomó la forma de una minúscula y regordeta mano cuyos dedos comenzaron a moverse fuera del cascarón, como intentando poner un poco más de fuerza para terminar de romper todo a su alrededor.

Raphael no podía creerlo; esa era la mano más pequeña y frágil que había visto en toda su vida, y la cual lentamente dejó de moverse ante las miradas emocionadas del resto de su familia.

Los minutos pasaron, y ese pequeño huevo seguía sin moverse.

—¿Qué ocurre, Donnie? —Preguntó, impaciente—. ¿Por qué no continúa saliendo del cascarón?

—N-no lo sé —el jovencito observó el monitor; aparentemente todo estaba bien—. Las crías de tortuga suelen tardar mucho en salir del cascarón, pero se mantienen con constante movimiento para asegurar de esa forma que el cascarón siga agrietándose. Realmente no comprendo que…

Donatello calló cuando un espeluznante sonido inundó el laboratorio. Sonido que provenía del monitor y cuyo pitido constante decía claramente que ya no detectaba absolutamente nada dentro de aquél grueso cascarón que se resistía a partirse.

La sangre de todos los presentes se congeló, y el miedo aumento cuando el rostro de Donatello se volvió de pánico.

—No. No, no, no… ¡No! —repitió hasta el cansancio, tomando entre sus largos dedos el pequeño huevo que se resistía nacer—. ¡Esto no puede estar pasando! ¡No puede morir! ¡Todo estaba hecho con una precisión que no daba lugar a errores!

Envolvió el huevo en sus manos y lo abrazó, comenzando a temblar gracias al terror que en estos momentos se apoderaba de su ser completo.

Tras verlo quebrarse de aquella manera, Raphael se apresuró a levantarlo mientras Leonardo, reaccionando un poco tarde ante la terrible sorpresa, arrebató el huevo de las manos de Donatello, a quien tuvo que poner un poco de fuerza en sus muñecas para que lograra soltarlo.

—¡No! ¡Puedo salvarlo! ¡Puedo salvarlo! ¡REGRESAMELO!

Mikey se aferró a las ropas de su padre cuando vio la expresión desesperada de Donatello mientras luchaba hasta el cansancio por librarse del fuerte agarre de su hermano.

—¡Donatello calma! ¡No puedes hacer nada! —siguió conteniéndolo Raphael, intentando que en ningún momento su voz se quebrara, pues el repentino llanto de Mikey escuchándose de fondo no ayudaba mucho a que su hermano pudiera recobrar la razón—. ¡Se fue! ¡Era demasiado para él y no sobrevivió! Necesitas calmarte o tendrás una recaída.

—¡Suéltame Raphael! —arañó su cuello, desesperándose aún más cuando ni siquiera eso había logrado que su hermano lo liberara—. ¡Necesito verlo! ¡Sacarlo del cascarón para darle primeros auxilios!

—¡Ya basta, Donatello! —intervino esta vez su padre, ocultando entre sus ropas el rostro inundado en lagrimas de Michelangelo—. ¡Estás asustando a tus hermanos! ¡Sabes a la perfección que si el huevo no nace por sí mismo entonces es causa perdida! ¡Hazte de tu control nuevamente y enfrenta la situación como el hombre de ciencia que eres!

Pero nada funcionó; Donatello pareció agarrar más fuerzas conforme Raphael ponía más presión en su agarre. Su hermano estaba decidido a ir al lado de su huevo y nada se lo iba a impedir.

—¡Leo! ¡Los calmantes! ¡Rápido! —ordenó el de rojo, sacando de su tormenta momentánea a su hermano mayor, quien había puesto el huevo nuevamente sobre la colchoneta y seguía sin despegar la vista del monitor, esperanzado—. ¡Leonardo!

El joven líder reaccionó, sacando de una de las gavetas de emergencia una jeringa pequeña que tenía apenas unas gotas de un líquido traslucido que rápidamente se encaminó para inyectar en el brazo de su hermano, quien seguía resistiéndose a recobrar la compostura, por lo que cuando Leo lo tomó del brazo, lo alejó con una fuerte patada, lo que hizo que el mayor cayera de costado y un par de metros alejado de ahí.

Poniendo todo su esfuerzo en que Donatello no se hiciera daño, Raphael lo encaminó rápidamente hasta la pared más cercana, acorralándolo con sus brazos mientras el más alto seguía retorciéndose entre su cuerpo y la fría pared del laboratorio.

—Suéltame, Raph —rogó, en agonía—. Porfavor… porfavor dejame ir a su lado…

Y su límite se había visto cerca cuando gruesas lágrimas comenzaron a salir de esos ojos color escarlata, los cuales combinaban con el rostro enrojecido y lleno de pequeñas gotas de sudor que habían aparecido gracias al esfuerzo excesivo por quitárselo de encima.

Entonces, cuando vio que su hermano mayor se dirigía nuevamente hacia ellos para un segundo intento de aplicar el calmante, lo tomó rápidamente de la cabeza y lo besó, imaginando que aquello sería una efectiva distracción para que Donatello no se diera cuenta de que Leonardo estaba próximo a inyectar algo en su cuerpo.

Pero aquello no funcionó como esperaba, pues Donatello seguía resistiéndose al beso y aplicaba la misma fuerza para quitárselo de encima, hasta que unos segundos después sintió como aquellos brazos comenzaron a debilitarse rápidamente, hasta que incluso los labios del jovencito dejaron de resistirse al furtivo beso del cual era protagonista.

—Eres un tramposo… cruel —dijo casi en un susurro, dejando caer sus brazos a sus costados cuando Raphael se separó de él para liberarlo—. Embustero… sin sentimientos… tú no querías que existiera… tú no… te o-dio…

Aquella mirada rojiza permaneció sobre él, debilitada pero eso no le quitaba la fuerte carga de sentimientos que le estaba dedicando en aquellos momentos.

Raphael se quedó ahí, arrodillado frente al cuerpo casi inmóvil y drogado de su hermano, escuchando los gemidos de Mikey de fondo mientras observaba fugazmente a Leo, quien también permanecía arrodillado junto a ellos tras inyectar el calmante en una de las piernas de su hermano.

Leonardo lo notó; había culpabilidad en el rostro de Raphael y estaba soportando las lagrimas tal y como el mismo lo hacía en estos momentos.

Y Donatello permanecía despierto, observando con dolor en sus ojos la gama de sentimientos que el de rojo no dejaba salir para no empeorar las cosas. Así que se levantó, tomando en sus brazos el debilitado cuerpo de Donatello para llevarlo lejos de ahí, donde no pudiera respirar ese ambiente corrosivo que lo ponía cada vez peor.

Pero antes de salir, se topó con la poderosa mirada de su padre, quien había presenciado absolutamente todo lo que había hecho para controlar a su hermano.

—Splinter, yo… —quiso explicarse.

—Está bien Raphael —lo interrumpió su padre—. Hiciste lo necesario para distraerlo. Lo comprendo.

Y tras asentir un par de veces, salió de ahí, apresurando sus pasos para llegar hasta la habitación del joven científico para recostarlo en la cama y obligarlo a descansar hasta quedarse dormido.

Pero eso no fue todo, si no que, en cuanto vio que Donatello se resistía a cerrar los ojos, también entro en la cama, rodeando con sus brazos el cuerpo de su hermano para que pudiera ocultar su rostro bañado en lagrimas en su pecho y pudiera desahogarse como debía.

Escuchó aquél interminable llanto durante largos y agonizantes minutos, hasta que el cansancio hizo de las suyas y lentamente su hermano cerró los ojos, entregándose al sueño como tanto lo necesitaba.

Por su parte, en cuanto escuchó que su respiración se volvía tranquila al escuchar a Donatello entregarse a los brazos de Morfeo, fue su turno de exteriorizar algunas lagrimas, las cuales se perdieron tras ser absorbidas por la almohada, eliminando todo rastro de aquél sentimiento tan desgarrador que en esos momentos lo llenaba.

No sólo a él, sino a toda su familia.

Hace unos minutos estaban discutiendo cual sería el nombre que llevaría esa pequeña tortuga.

Y ahora; simplemente debía hacerse a la idea de que la vida le quitó la oportunidad de ser padre.

Pero no podía; no cuando aquella imagen de esa manita hinchada y muy, pero muy pequeña, se había quedado grabada en su mente como tinta sobre la piel.

Eran las tres de la mañana y no podía dormir.

Cuando Raphael se llevó a Donatello del laboratorio, pudo notar que su padre no parecía estar en muy buenas condiciones, y no sabía qué era aquello que lo había afectado tanto; la muerte de su nieto no nacido o el haber presenciado ese fugaz beso entre sus hermanos menores, aún y cuando se trataba de una audaz truco de Raphael para distraer a Donatello.

Así que decidió quitarle a Mikey de encima y llevarlo a su habitación para que pudiera descansar un poco, ordenándole a su pequeño amante que también se retirara y fuera dormir, prometiéndole que más adelante lo alcanzaría.

Pero no había podido regresar, pues decidió quedarse a supervisar el estado de su padre cuando lo notó un tanto intranquilo.

Y aquella era la razón por la que Leo había perdido el sueño, hasta que comprobó que Splinter había logrado dormir y ahora parecía mucho más tranquilo, por lo que decidió retirarse e ir al lado de Mikey para saber cómo se encontraba.

«Seguramente no ha parado de llorar», se respondió mentalmente, comprobando la hora cuando encendió su Tphone.

¿Debería avisarles a April y Casey lo que estaba ocurriendo?

Tal vez no; su amiga estaba pasando por los meses más inestables del embarazo, por lo que despertarla a esta hora para una noticia tan fuerte seguramente le atraería algunos problemas innecesarios.

Decidió que lo mejor era meterse a la cama con Mikey e intentar dormir un poco, pero detuvo sus planes cuando pasó frente a la puerta del laboratorio y observó una tenue luz que salía de él.

Y entonces, con media sonrisa melancólica, vio a Mikey dormido, apoyado sobre la mesa que contenía la incubadora para descansar su cabeza sobre esta.

Pero aquella no había sido lo más impresionante de esa inusual vista.

Leo sabía perfectamente que su hermanito se había quedado a cuidar de su sobrinito aún y cuando se trataba de un caso perdido. Pero tal vez su inocencia e infinita esperanza porque las cosas ocurrieran al más puro estilo de un milagro, al parecer el más joven había colocado nuevamente el huevo roto sobre la colchoneta en la incubadora, lo que ahora provocaba que una irrepetible imagen llenara los ojos de Leonardo;

Había restos de cascarón esparcidos por toda la incubadora y manchas de un líquido blancuzco y membranoso que formaban un camino apenas visible hasta conectarse a una de las manos de Mikey, quien tenía los brazos sobre la mesa para poder recargar su cabeza sobre ellos.

Fue entonces, que notó cuando una de las manos de Mikey se movía; pero no era este quien lo hacía, si no aquella diminuta tortuga que perezosamente se acomodaba entre los dedos de este para conseguir un poco de calor y librarse del frio que aparentemente lo invadía, pues aquellos ligeros temblores de los que eran protagonistas su regordete cuerpecito no lo dejaba dormir a gusto.

Leo sintió un pequeño mareo invadirlo mientras la sangre se le helaba hasta los pies con sólo ver aquella pequeña presencia removerse con mucha dificultad debajo de una de las manos de Mikey mientras con la otra intentaba utilizarla como almohada.

Estaba viva; la tortuguita que hasta hace unos momentos toda su familia creyó no había sobrevivido estaba ahí, intentando robar el calor y la atención del cuerpo de Mikey mientras abría y cerraba su diminuta boca en una clara señal de que tenía sed… o tal vez hambre.

Su piel, aparentemente frágil e hinchada, era de un color tan fuerte como la de Raphael, pero estaba inundada con pequeños lunares que revestían todo su pequeño cuerpecito.

En ese momento, y tal vez porque sintió una pesada mirada azul sobre él, estudiando todos y cada uno de sus movimientos, abrió los ojos, dejando ver unos grandes y llamativos ojos verdes, igual de llamativos a los de su hermano dueño de la bandana roja.

No pudo soportar una evidente sonrisa que en aquellos momentos se dibujaba, y con justa razón, en su rostro, corriendo rápidamente hasta la habitación de los padres de aquella criatura recién nacida.

…continua en el capitulo EXTRA #3.

¡Tada! ¿Les ha gustado? Lo sé, lo sé; fue mucho drama, pero si han llegado hasta aquí creo que es porque logran soportarlo (guiño).

Las cosas cambiarán mucho en la familia Hamato a partir de ahora, y creo que me voy a divertir muchísimo escribiendo sobre ello.

Ahora sí, las aclaraciones para este capítulo: si ustedes son seguidores del maravilloso fic que aún está en publicación y que pertenece a mi colega Chonik (The Dreams Machine), podrán darse cuenta que el personaje de Ángela Bennet es de su autoría, un excelente personaje que tuve la fortuna de poder utilizar ya en dos fics publicados en esta cuenta.

Y el segundo personaje nuevo… pues bueno, ya saben de quien se trata.

Para esto último debo dar mis infinitas gracias a Akane Hitomi por ayudarme con el diseño del bebé y darme las grandes ideas que le terminó por darle forma a este nuevo personaje. ¡Muchas gracias, linda!

¡Siempre tomo en cuenta las opiniones de quienes se toman la molestia de enviar un mensaje y desean ayudar!

¡Pero ahí no termina! Mi maravillosa colega Chonik y yo trabajamos en equipo para traerles un par de dibujos que hacen referencia a este capítulo y que pueden ver publicados en su cuenta de DA (vaya a su perfil aquí en ff para conseguir la dirección), en su cuenta de Tumblr, y por mi parte yo la publicaré en la página del conejito (mi nombre de usuario está en mi perfil).

Vayan y contemplen en todo su esplendor el maravilloso trabajo que mi compañera hizo con un dibujo que yo hice del bebé, además de su diseño original de la doctora Bennet, la cual abarca también a la historia de The Dreams Machine, de donde es originirario el personaje. Déjenle muchos mensajes bonitos que por todos los cielos que se los merece, ¡ella realiza verdaderas obras de arte!

¡Hacemos un gran equipo, amiga! *choca esos cinco*.

Por favor no olviden dejar un comentario dando su opinión sobre el capítulo; ustedes saben que me alimento de ellos y me animan a escribir mucho más (sonrisa radiante).

¡Nos vemos en el EXTRA!

Miss GRavedad.